Disclaimer: Los personajes de Rurouni Kenshin les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.


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Prólogo: Vestido de escarcha

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Una pequeña niña de 8 años se encontraba a escondidas esperando en un callejón. Era el punto de encuentro.

—Pssst… —escuchó en la oscuridad. Ella lo reconoció de inmediato.

—¡Enishi-kun! —susurró emocionada. Se acercó hacia la fuente del llamado y se encontró allí, en las penumbras, con un niño de 10 años de cabello y mirada oscuros.

—Kaoru-chan… - murmuró él contento de verla. Había pasado un tiempo desde la última vez que había visto a su pequeña prometida.

Las familias Kamiya y Yukishiro, de Kyoto, se habían llevado bien desde siempre, y aunque los segundos eran de una clase samurái baja, aquello no era impedimento para que Koshijiro Kamiya, quien sí era de buen linaje y maestro de espadas, soñara con casar a su única hija con el hijo de su amigo algún día. Por lo tanto, el compromiso quedó sellado desde el nacimiento de Kaoru, y los dos niños crecieron juntos siendo conscientes de que estaban destinados a desposarse, aunque en esos tiempos no tenían ni idea de lo que eso implicaba. Ellos solamente eran dos pequeños amigos que vivirían juntos por siempre.

La cadena de desgracias para la familia Yukishiro comenzó con la depresión del padre por la muerte de su esposa, y el hecho de que tuvieran muchos aprietos económicos no ayudaba. Su espada no era requerida en esos tiempos de guerra debido a su edad y condiciones penosas, haciendo que la familia de tres, que incluía a su hija Tomoe, tomara caminos separados.

Con la desaparición de la familia Yukishiro, el compromiso entre Kaoru y Enishi quedó en el aire, y la niña sufría más por no ver a su amiguito que por ver su futura boda deshecha, hasta que una nota llegó a su residencia de manera que sólo ella pudiera encontrarla y leerla. Era Enishi pidiendo encontrarse con ella.

—¿Dónde estuviste todo este tiempo? ¿Y tu familia? —Kaoru empezaba a bombardearlo con preguntas.

—No puedo decirte nada ahora, Kaoru-chan, pero te prometo que pronto volveré a tu lado —le explicó el niño—. Debo ir a buscar a Nee-san y cumplir una misión importante. Cuando volvamos, te buscaremos y viviremos los tres juntos —agregó ilusionado.

La pequeña Kaoru no podía estar más feliz con la idea.

—Entonces te esperaré, Enishi-kun —le prometió—. Rezaré todos los días para que Tomoe-san y tú vuelvan pronto.

Ambos niños, ruborizados, se dieron un inocente piquito, sellando su promesa de reencuentro y despedida momentánea.

Pero las cosas no salieron según lo planeado para Enishi.

Tomoe se mostró renuente a vengar la muerte de su prometido Akira Kiyosato, enamorándose del hombre que destruyó su felicidad, y eso para Enishi fue una herida a traición. Aun así, se mantuvo junto a la nueva pareja, a la vez que ella le revelaba a Kenshin Himura, conocido como Battousai y ahora amor suyo, los planes del Yaminobu y haciendo que Enishi también confesara su parte. El pequeño azabache simplemente lo odiaba, pero por Tomoe, y sólo por Tomoe, se mantendría dócil y callado. Ya vería la oportunidad de sacarlo del camino y así poder volver con Kaoru y cumplir su promesa de vivir juntos los tres para siempre. No había lugar para una cuarta persona.

Tomoe había cambiado la vida de Kenshin para bien. Lo había salvado de la oscuridad en la que estaba física y emocionalmente. Eso era algo de lo que el pelirrojo estaría agradecido de por vida, mientras también experimentaba por primera vez el amor. Prometieron vivir con plenitud en la nueva era.

Al final, el Yaminobu fue derrotado y Kenshin y Tomoe pudieron vivir felices y tranquilos en lo que quedaba de la guerra, esta vez casándose mediante el ritual tradicional con unos pocos conocidos de invitados. Kogoro Katsura le había cedido una casa más amplia para que vivieran los tres más cerca de Kyoto y Enishi masticaba su ira, manteniéndose ocupado buscando a Kaoru sin resultados.

Y es que Koshijiro Kamiya, aunque también peleando de parte del Ishin Shishi, había regresado a su natal Edo (donde más tarde participaría en el asedio al Castillo de Edo), llevándose a Kaoru sin dejar rastro, por seguridad. Katsura se negó a darle por el momento esa información a Kenshin, haciendo que Enishi tuviera una razón más para seguir recriminándole esa vida no planeada que llevaba con él. Su Nee-san era su único cable a tierra entre tanta frustración.

Hasta que ella murió.

Tres años después del matrimonio y luego de una enfermedad acaecida un año antes, Tomoe falleció en brazos de su desconsolado esposo. Ni la doctora que había traído desde Yokohama en una misión la había podido ayudar durante el tiempo que vivió con ellos. Todo lo contrario. La enfermedad empeoraba cada vez más hasta que un día, Tomoe llamó a Enishi y a Kenshin para despedirse. Le pidió a su hermano ser un buen hombre en el futuro y a Kenshin que fuera feliz y no llorara por ella. Les sonrió hasta que dio su último aliento.

Al contrario de lo que ella deseaba, se desencadenó una terrible disputa entre los hombres de su vida. Un Enishi con el cabello blanco de la cólera le echaba enteramente la culpa al pelirrojo por descuidar a su hermana, acusándolo de su muerte. Kenshin le rebatía como podía, ya que fue algo totalmente fuera de su control y que lo mejor sería que el muchachito cumpliera su promesa de ser alguien mejor en la nueva era por la que luchaba. Furioso, Enishi se largó del hogar que para él nunca fue como tal, y en donde no tenía caso quedarse tras la muerte de Tomoe. El niño de 13 años desapareció sin dejar rastro. Mientras que Kenshin, de nuevo sumido en la oscuridad, proseguía con su faena de asesino en pos de un nuevo comienzo para Japón.

Diez años más tarde, el destino haría que sus caminos volvieran a juntarse.

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Nota: ¡Hola a todos! Esta vez no les traigo ni una traducción ni una adaptación, esta sí es mía (por fin!) y la vengo planeando desde hace mucho tiempo. Este primer capítulo es el prólogo, que dará un paneo rápido de la situación y los antecedentes de la historia en cuestión. Espero que les guste, y nada, disfruten y cualquier cosa me escriben. ¡Saludos!