Cautiva como soñé (One-Shot).

Porque toda mujer sueña encontrar un gran amor como el de los libros.

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Cautiva como soñé (One-Shot).

Sinopsis.

Serena vivía soñando con tener un amor tan maravilloso, como los que solía leer en las historias de aquellos libros atesorados en su biblioteca. Mas nunca imaginó que su esperado pretendiente se presentara en su balcón a altas horas de la noche, y que resultara ser la persona con quien se cruzaba casualmente por las calles. Darien. ¿Qué pasará ahora que la noche atestiguaba el descubrimiento de un sinfín de sentimientos nunca antes vividos?

P.N: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen, más bien, son propiedad de Naoko Takeuchi, su creadora. Solamente los he añadido para protagonizar esta historia que es de mi entera invención.

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Cautiva como soñé (One-Shot).

Porque toda mujer sueña con encontrar un gran amor como el de los libros.

La noche cubrió con su manto la ciudad, desplegándola con sus tenues luces de estrellas en el cielo. Este acontecimiento, brindaba sensación de calma que invitaba a los seres vivos diurnos a sumergirse en un descanso tras una larga jornada de actividad, entregándose al plácido letargo.

Sin embargo, en el dormitorio de una humilde residencia, una bella señorita, observaba desde el barandal de su balcón el hermoso firmamento estrellado, soñando, quizás, con un encuentro especial. El silencio era perfecto para perderse lejanamente en sus pensamientos. Había leído un sinnúmero de libros con fantásticas y maravillosas historias que contenían todo género de romance, mismas que la invitaban a anhelar un destino similar.

—Amor... —murmuró con voz soñadora.

Sus dorados cabellos se sacudieron con la suave brisa nocturna, del mismo modo que su vestido blanco, mientras ella seguía con la mirada azul perdida en la inmensidad del cielo. La luna se veía espectacular, y, a pesar de que estuviera en un porcentaje bajo de crecimiento, iluminaba débil, aunque bellamente la densa oscuridad de la noche. Soltó un suspiro, pensando en las protagonistas de esas bonitas historias de amor que leyó en algún momento. ¡Cómo deseaba encontrar a alguien que la apreciara de la misma manera!

No obstante, sus meditaciones fueron interrumpidas al oír el suave revoloteo de una tela, no muy lejos de ella. Desvió su mirada hacia su lado izquierdo, hallando a un individuo desconocido, de pie sobre el barandal del balcón, a unos pasos de ella. Se sorprendió muchísimo al darse cuenta que el ondeo de tela en realidad provenía de la capa del visitante, oscura como la noche.

Se fijó bien en el recién llegado, manteniéndose alerta en todo momento. Su asombro fue mayor al percatarse de que se trataba de una figura masculina, ataviado en un esmoquin negro como la noche, con un sombrero de copa a juego. No distinguía muy bien su rostro, pero pudo apreciar el contorno sublime de sus facciones juveniles, las cuales le parecieron atractivas.

—Buenas noches —saludó el intruso, haciendo una leve reverencia muy al estilo de un caballero inglés; y por alguna razón inexplicable, no pudo desviar la mirada de él, mucho menos, retroceder —Siento haberla asustado, señorita

—Yo... más bien, me sorprendió —respondió ella, luchando internamente consigo misma entre la fascinación y el desconcierto que sentía

—He estado observándola desde hace algunas noches —confesó el invasor, sin moverse de su lugar —parece esperar a alguien aquí, y me causó curiosidad

—Sólo contemplaba el cielo —explicó —mientras meditaba lejanamente

—Oh, lo entiendo —el visitante desvió la mirada hacia el firmamento —La noche es preciosa —añadió.

Hechizada.

El visitante la dejó hechizada. Ella bien sabía que el hecho de que un hombre apareciera en su balcón tarde en la noche, podría ser un evidente peligro para su vida, pero este individuo, no le causaba miedo alguno, más bien, le atraía. Tal vez fuese su imponente figura masculina lo que causaba un sinfín de sensaciones en su cuerpo, lo que impedía que se alejara, o el simple hecho de que le gustaba arriesgarse. La adrenalina que sentía cada vez que algo emocionante llegaba a su vida era tanta que se negaba a retroceder.

Dio unos pasos hacia el visitante, para observarlo mejor, quedando más cautivada que antes al fijarse en sus facciones tan bellas, y descubrir que unos hermosos ojos azules como el mar, se revelaban bajo el blanco antifaz. Podría tratarse de un asesino cruel y despiadado, pero no se arrepentiría de nada si este hombre le dirigiera la mirada. Sin duda quedó mucho más que cautivada.

El hombre desconocido volvió la mirada hacia ella, y entonces cayó en la cuenta de que realmente estaba hechizada por su encanto, y no vaciló para acercarse lo suficiente hasta quedar a centímetros de él. Por su parte, el visitante aún no bajó del barandal, sólo contemplaba a la joven con un anhelo oculto en sus ojos. Llevaba mucho tiempo buscándola, y al hallarla, se mantuvo otro periodo, observándola, para hoy, finalmente, acercarse. Tenía tantas cosas para decirle, pero no se atrevía a causarle perturbación alguna, aún cuando él mismo no podía continuar su vida sin tenerla a ella.

—Debo irme —anunció el desconocido, sobresaltándola con esas palabras.

¿Debía irse? ¿Por qué? Si acababa de llegar. La idea le causó un malestar completamente inexplicable dentro del alma.

—Fue un verdadero honor, saludarla.

Se inclinó galantemente como un perfecto caballero de la misma forma que antes, para despedirse con sumo respeto de la dama que atormentaba cada fibra de su ser, dispuesto a marcharse. La muchacha se desesperó en cuanto lo vio darse vuelta, y con una rapidez impresionante, sujetó la manga de su saco, intentando por ese medio, detener su huida. Justo cuando una de sus ilusiones se hacía realidad, empezaba a desvanecerse. No podía permitirlo, por lo que usando toda su fuerza, asió de aquel hombre, sin advertir que ese acto los llevaría a ambos a caer en el piso del balcón.

En cuanto lo percibió, el visitante hizo todo lo posible por sujetarla lo mejor que podía, y así evitar que se lesionara contra el piso. Ella tardó segundos enteros en comprender lo que había sucedido.

—¿Te encuentras bien, Serena? —preguntó el hombre estrechándola en sus brazos, temiendo soltarla y que por algún descuido, le sucediera algo malo.

La joven no respondió, más bien intentaba asimilar la situación. Su mente tardó mucho en procesar todo lo ocurrido, y no fue sino hasta pasados varios minutos, que pudo percatarse de que aquel hombre la llamó por su nombre. Se apartó un poco, y quedó, literalmente sin aliento al reconocer a esa persona. El antifaz había salido volando con el aire tras la caída, dejando al descubierto su rostro.

Se trataba de su vecino, unos años mayor a ella, actualmente, estudiante universitario, mismo que se había mudado unos pocos años atrás, al vecindario. Básicamente, no se hablaban, y cuando lo hacían, sólo terminaban inmersos en una discusión con ella enfadada. Jamás se imaginó que se aparecería esa noche en su balcón, ni mucho menos que la estuviera observando desde la distancia.

—Serena

—Da... Darien... —tartamudeó —¿Por qué...?

Sus palabras quedaron en el aire, resultándole imposible continuar hablando debido a que cierto muchacho se lo impidió al colocar sus labios contra los suyos. Se había contenido y se resistió con todo su ser, por eso trató de retirarse antes, pero esa fuerza de voluntad decayó en cuanto la atrapó en sus brazos. Ya no podía seguir negándose a sí mismo, ni mucho menos ocultárselo a ella.

Se había enamorado. Pudo haber sido el primer día que se encontraron en la calle, donde por un comentario burlón que había hecho, consiguió enfadarla, o quizá desde que escuchó detalles de su domicilio, y decidió observarla a la distancia. No lo sabía con certeza, mas de lo único que sí estaba seguro, es de que ella se convirtió en la dueña de su corazón.

La joven estaba sorprendida. No esperó ser besada por el muchacho que siempre le hacía comentarios burlones, con quien siempre terminaba discutiendo cada que se encontraban en la calle. Mas la estupefacción y el desconcierto se esfumaron al prestar especial atención a los cálidos labios que comenzaron a moverse sobre los suyos, y sin pensarlo realmente, se dejó envolver por la sensación tan maravillosa que le provocaba ese contacto.

Cerró los ojos, entregándose por completo a la dulce calidez que descubrió en los labios del visitante. La euforia y la felicidad llenaron su corazón, al experimentar por vez primera lo que sólo había leído en las historias de sus tantos libros. Nunca imaginó que aquello fuera tan emocionante, y no creía en la posibilidad de que algo superara lo que en esos momentos, sentía.

Hubiese continuado absorta en el placer que causó aquel beso, de no ser por la necesidad fisiológica de aire, que obligó, no sólo a ella, sino también al muchacho a apartarse unos centímetros para respirar. Abrió sus hermosos ojos azules, encontrándose con unos irises tan parecidos a los suyos, y entonces lo comprendió: desde que lo vio, le gustó ese mar infinito, y aunque todavía no entendía la razón, esperaba ese sentimiento fuese eterno.

—Serena —susurró él con voz agitada —yo... necesito confesarte algo que he guardado todo este tiempo

—¿Confesar? ¿Qué? —preguntó, un poco ausente

—Desde que te vi, me has gustado, y conforme nos encontrábamos, usaba cualquier excusa para conseguir tu atención; yo... —se aclaró la garganta —en verdad, ahora mismo, te amo.

La sorpresa se reflejó en todo su rostro, sobre todo, en sus ojos que se abrieron un poco más de lo natural.

Esa declaración fue totalmente inesperada para ella. Acababa de escuchar algo que solamente leyó en sus libros y anhelaba desde el fondo de su corazón. Ciertamente, quería escuchar de alguien esas mismas palabras, mas nunca imaginó que provinieran del muchacho con quien siempre discutía en la calle cada que se encontraban.

Como aún estaba estupefacta, no dijo nada, a lo que Darien suspiró pesadamente, creyendo que era rechazado. Apesadumbrado, se incorporó juntamente con la joven en sus brazos, pues habían permanecido en el piso desde su caída. Cuando finalmente lo hizo, se dispuso marcharse. No tenía nada más que hacer allí. Si ella no le correspondía, no iba a obligarla en absoluto. No le atraería desdicha con su egoísmo, ni aún sabiendo quién era él mismo y lo que representaba haberla conocido. Sin embargo, en un movimiento completamente inesperado de parte de ella, fue detenido, siendo abrazado por la espalda.

—No te vayas —dijo en un tono de súplica que le heló el alma —Mi sueño acaba de cumplirse, y si te marchas, se quebrará en miles de pedacitos

—Serena...

—No te hagas ideas equivocadas —continuó, asumiendo que tal vez él malinterpretó su silencio como un rechazo —No lo veía venir, así que me quedé completamente asombrada al oír tu declaración, pero no significa que me niegue a aceptar tus sentimientos —expresó para su mayor sorpresa —Siempre discutimos cuando nos cruzamos en la calle, y hasta llego a enfadarme, mas no me disgusta; todo lo contrario, parece que tomé el gusto por discutir contigo, Darien y es por eso que... que yo disfruté compartir junto a ti este momento que sólo leía en mis libros —el muchacho se dio vuelta para mirarla, hallándola con el rostro inclinado y bastante sonrojado —por eso te pido, no te vayas...

Elevó la vista hacia él, dirigiéndole una mirada completamente distinta a la que usualmente le daba. Esto lo dejó prácticamente sin aliento. Sus ojos reflejaban un sentimiento que, si bien podría ser sólo su imaginación, resultaba ser amor.

¡Qué tonto fue al creer que el poder le ayudaría a conseguir lo que deseaba! Ahora mismo, sin ningún tipo de magia o fuerza sobrenatural, acabó de obtener lo que había esperado durante todo ese tiempo conociéndola: su amor.

Se inclinó un poco hasta dejar sus rostros lo suficientemente cerca. Ella instantáneamente cerró los ojos, mientras él simplemente observó a detalle sus delicadas facciones. Sin duda, era la más hermosa entre todas las mujeres, y estaba feliz de que ahora, correspondiese a sus sentimientos.

—¿No te arrepentirás? —preguntó antes de acortar por completo la distancia que restaba.

Sus alientos ya se mezclaban. Serena abrió los ojos para mirarlo y descubrir lo que intentaba decirle.

—¿No te arrepentirás al aceptarme?

—No lo haré —aseguró en respuesta

—¿Segura? —insistió —Porque hay algo más de mí que debes saber antes de darme tu completa aprobación

—¿Qué es?

—No soy humano —contestó, para su gran asombro —Soy un vampiro que vino a esta ciudad a buscar una mujer con la cual pasar la eternidad

—¿Eh?

—Cuando te vi por primera vez, supe que eras tú, pero... —desvió la mirada —Dudé en acercarme a ti porque no quería arrastrarte a un mundo como el mío, sólo por mi egoísmo —dijo con voz entristecida —Así que... eres libre de rechazarme, si lo prefieres.

Serena sintió como si su corazón se quebraba al oír aquellas palabras, más aún, por el tono tan dolido con el que lo escuchó hablar. Una fuerte punzada en su pecho, le oprimía, mientras en su mente meditaba la respuesta que debía darle. No quería rechazarlo, no importaba que fuera o no un humano. Ella se estaba enamorando del Darien que incluso había considerado su opinión antes de forzarla a aceptar un destino al que ya estaba marcada.

Cerró los ojos y respiró profundo, antes de volver a abrirlos y dar su respuesta. Si en verdad quería ser amada y vivir el amor, no podía ser cobarde. Ella nunca retrocedía, tampoco ignoraba la adrenalina que sentía al tener cerca a un ser sobrenatural. Iba a protagonizar su propia historia de amor sin importar lo que le deparaba el futuro.

Lo miró fijamente con una determinación inquebrantable.

—Si nací para ser tu esposa, lo acepto —afirmó, para sorpresa del muchacho —Si me negara a vivir contigo esa historia que sólo leí en las páginas de mis libros, estoy segura de que me arrepentiría mucho más

—Serena... —al oír su nombre, ella le sonrió y sostuvo su rostro

—Esta es mi decisión, y no hay nada más que discutir al respecto.

Con estas últimas palabras, Serena terminó por cortar la distancia entre ambos, con un beso. Ya no había marcha atrás ante su elección y los dos lo sabían.

Darien no tardó mucho en reaccionar para después cerrar los ojos y estrecharla entre sus brazos. Si ella lo había decidido ya, no tenía porqué dudar más. Esta era la manera en que ambos sellaban su destino.

Más no era el final, sino el inicio de una nueva y emocionante historia de amor que los dos se encargarían de escribir y vivir de ahora en adelante.

~FIN~

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¡Hola! :)

¿Cómo están, mis estimados lectores?

En verdad que estuve muy, pero muy ausente todo este tiempo, mas ahora me digné en aparecer, y con algo nuevo, para variar.

Como soy multi anime, pues hoy decidí traer un One-Shot de la pareja más querida de la franquicia «Sailor Moon». Un regalito para los mooniefans por el cumpleaños de nuestra hermosa heroína, Serena (Usagi) Tsukino, aunque lo traje un poco tarde. :)

Espero les guste. _

A los que esperaban actualizaciones de mis otras historias, hontou gomennasai (en verdad lo siento mucho). Están en proceso y avanzan a paso de tortuga, por así decirlo.

Les informo que las publicaré, no lo duden, aunque eso sí, tardará un poco. La verdad, no quiero abandonarlas, pero me cuesta redactar porque a veces no encuentro maneras de unir escenas y me pierdo en el proceso.

En fin.

Deseo que disfruten de este fic, y nos leeremos pronto, a lo mejor con otro corto de esta pareja. Me dicen si quieren la continuación, ¿eh? ;)

Como siempre, sus comentarios y/o sugerencias, son bien recibidas. :)

Atte.

Lady Sigh.