Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra está escrita sin fines de lucro. AU para participar en la dinámica #RanKaneWeek de la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma.
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Una joven mujer llenaba el formulario de empleo con demasiada cautela. Mordió la punta de la tapa de su lapicero con nerviosismo. Hacía unos meses que no se enfrentaba a la búsqueda de empleo, y el estrés del asunto la estaba dominando. Revisó el apartado de experiencia laboral. Ciertamente solo había trabajado en un solo lugar, y por lo menos, en aquella ocasión no salió en buenos términos con el dueño. Un cerdo machista, que lo único que sabía hacer era replicarle por la forma en la que ella daba clases de Judo. Cuando le liquidó su último sueldo, ella estaba más que feliz de ya no verle su asqueroso rostro, y el imbécil, para poco, le había insinuado un par de ocasiones que se acostaran. ¡Bastardo!
—Mamá...— Una vocecita aguda, seguida de unas manitas pequeñas la sacaron de su ensimismamiento. Había vuelto a divagar. Entonces, giró el rostro, descubriendo a la adorable criatura que le llamaba con un libro en las manos.
Sonrió, abriendo sus brazos para permitir que su hija se sentara en su regazo. Y en cuanto la tuvo cerca de ella, le dio un pequeño beso en la frente, mientras tomaba en sus manos el libro de cuentos infantil. —¿Qué sucede, Naoko?
La pequeña se frotó los ojos suavemente. —Es hora de los cuentos.
Es entonces que aquella joven mujer cargó a su hija hasta su habitación. La recostó en la cama, la arropó cuidadosamente y abrió el libro de cuentos infantiles. —Bien, ¿Cuál deseas que te lea hoy?
—El del astronauta y el alíen.
—Bien.— Carraspeó antes de hablar. —Érase una vez un astronauta que estaba vagando en un planeta desconocido. Su nave se averió, así que tuvo que quedarse por un tiempo para repararla. Un día, mientras caminaba en un solitario jardín lleno de flores azules, se encontró con un alíen. Esa criatura era diferente al astronauta, pero a la vez eran iguales...
—¿Cómo pueden ser iguales si son diferentes?— Preguntó la pequeña con la inocencia característica de una niña de su edad.
Su mamá rió. —Puede ser que en apariencia sean iguales, pero en esencia son totalmente diferentes. Es como cuando conoces niños como tú. Son pequeños y tienen la misma edad, pero sus formas de ser son diferentes.
—¡Ohhhhhh!— Exclamó la pequeña emocionada.
—Bueno, seguiré leyendo.— Se acomodó de mejor forma. —El astronauta se sentía solo en una tierra desconocida para él. Así que le propuso al alíen ser amigos. El alíen aceptó, y juntos vagaron por todo el planeta. Un día, la nave del astronauta volvió a funcionar, por lo que era hora de irse. El alíen se puso muy triste, pues ya no vería nunca más a su amigo. El astronauta le sugirió viajar cada vez que pudiera para visitarlo. El alíen, muy feliz, aceptó el trato. Despidió a su amigo, con la promesa de volver a verse. Y fue así como la pequeña aventura del astronauta terminó.
Miró a su pequeña, quien ya tenía los ojos completamente cerrados. Le dio un beso cálido en la frente, apagó la luz de la lamparita de noche y cerró la puerta del cuarto de su hija. Tomó la solicitud de empleo y la terminó de llenar.
—Voy a luchar por ti, Naoko. Es una promesa. Y los Tendo siempre cumplimos nuestras promesas.
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El astronauta y el alien.
Parte 1.- El astronauta solitario y el alien feo.
Día 1, Tema: A primera vista.
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Corría apresurada con su pequeña en brazos. Esquivaba a las personas con una agilidad que era digna de admirar, gracias a los años de entrenamiento que habían impulsado su resistencia física. Su niña reía divertida, mientras que ella terminaba contagiándose de la misma energía. El sol estaba saliendo, iluminando las calles de Nerima como si se tratase de una pintura clásica de Monet. Saludó al viejo Kawashima, su vecino, y al doctor Tofú, el doctor de cabecera de su pequeña. Sus zapatos bajos eran tan cómodos, y aunque el traje sastre que vestía podía parecer un estorbo, ciertamente le era fácil trasladarse a esa velocidad con la que corría. Y es que, al lado de su pequeña Naoko era muy feliz. Ella era su motor en la vida, lo único bueno que le dejó su relación anterior.
Llegaron a una escuela primaria ubicada en ese mismo lugar, una primaria adornada con flores bastante llamativas y una barda de colores con diseños divertidos. En cuanto pisaron la entrada, la maestra de su hija aguardaba por ella.
—Gracias por esperar, Akari.
Akari Hibiki, la esposa del mejor amigo de Akane, Ryoga, era maestra de primaria en aquella escuela de Nerima. Una muy linda mujer, de aspecto tímido, pero con una personalidad tan agradable y vivaz, como una ola refrescante en un desierto. Naoko solía decirle la "Maestra sol" debido a que le parecía tan brillante como ese astro. —No te preocupes, Akane. ¿Irás a otra entrevista de trabajo?
—Si. Espero que me contraten en ese gimnasio. Necesito el dinero urgentemente.
—Ya lo creo. Bueno, vete tranquila. Naoko se queda conmigo, y en caso de que no puedas llegar para la salida me la llevo a nuestra casa y después pasas por ella.
—Muchas gracias. Eres tan linda, Akari. Te prometo que te pagaré con lo que sea por todo este esfuerzo.
—No agradezcas. Adoro a Naoko, además, eres nuestra amiga. Siempre te vamos a ayudar.
Akane se agachó a la altura de su hija, quien sostenía la mano de su maestra. Le acarició la mejilla dulcemente, como una madre podía hacer con su niño. —Pórtate bien. Come todo tu bento y diviértete mucho.
—¡Si, mamá!— La niña abrazó tiernamente a Akane. Se separó de ella y junto a Akari se dirigió a su salón de clases.
Akane la observó alejarse, sonriendo. Ella era su luz en la oscuridad, gracias a su compañía no se sentía tan extraña a pesar de ser madre soltera en un país que no solía ver con buenos ojos a mujeres como ella. Recordó la historia que le leía una y otra vez a su pequeña, y por un momento se preguntó si acaso el astronauta sentía lo mismo que ella.
"Debo luchar por ti, mi cielo." Pensó, para luego volver a emprender su camino.
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—Bueno, el gimnasio necesita un instructor de Judo, así que por eso sugería entrevistas de trabajo. Recuerda que la vez pasada el instructor que tuvimos nos causó un problema enorme. Además, quien mejor para manejar estos asuntos que yo.— Ryoga Hibiki era un hombre que sabía sobre administración de negocios. No por nada era la mano derecha del dueño de ese gimnasio de renombre.
—Ya lo sé. Pero yo estaba esperando la confirmación de Moto-san. Él me prometió que seria instructor aquí.
—Moto es un vejestorio ya. Escucha, los instructores que has contratado son leyendas, y entiendo que lo haces para preservar un prestigio que precede a tu fama. Pero te seré sincero. Necesitas carne joven, alguien que te dé mejores resultados y no se esté lastimando a cada rato o peor, no perjudique la salud de los alumnos.— Se sirvió otra taza de café. Le dio un buen trago, sintiendo el liquido caliente pasar por su garganta. —Por favor, déjame esto a mí. Te prometo que encontraré a la persona indicada, Ranma.
El joven de cabello pelinegro, ojos zafiro y porte elegante observó a su amigo. Estaba preocupado. Un viejo colega, Masashi Moto, se había lesionado, imposibilitando su ingreso al equipo de entrenamiento del gimnasio. El entrenador anterior cometió un error grave. Al sobrexigir una rutina, uno de sus alumnos terminó lesionado gravemente. Tuvieron suerte de que la familia de aquel muchacho no demandara al gimnasio, sin embargo, estaba en una crisis. Pero si Ryoga le contestaba así de confiado, entonces lo respaldaría. Después de todo, era su manager también. —De acuerdo. Confío en ti para ello.
Ryoga sonrió. —A propósito, Akari quiere presentarte a alguien, claro, si es que sigues soltero.
Ranma se sobó el puente de la nariz, y luego bufó. —¿Otra vez sigue empeñada en que salga con alguien?
—Ya la conoces, dice que te sentaría bastante tener una pareja.
—Por si no lo recuerdas, mis padres quieren que me comprometa con Ukyo. Y además, eso de comprometerme... no es lo que quiero.
—Oh, es verdad.— El pelinegro tomó asiento frente a su mejor amigo. Se acomodó y tomó otro sorbo de su bebida. —¿Cómo te fue en la comida de ayer?
—Horrible. Mis padres no dejaban de soltar comentarios a diestra y siniestra sobre que ella es mi mejor opción. El padre de ella dijo exactamente lo mismo, pero es que a mi no me atrae. No dudo que sea una chica muy linda, pero la veo como una buena amiga.
—Bueno, te propongo algo. Acepta la propuesta de Akari. Ten esa cita con la desconocida y si se da algo entonces ya tienes argumentos más que suficientes para que dejen de molestar.
Ranma alzó una ceja. Dudaba que el plan fuera el mas brillante, pero si era lo único que le quedaba, entonces así sería. —De acuerdo. Dile a Akari que me dé el día y el lugar de la cita.
Ryoga sonrió, y le dio una palmada en el hombro a su amigo. —Me alegra que lo hagas. No te vas a arrepentir, créeme.
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Después de unas dos entrevistas de trabajo llegó a aquel imponente edificio. Los tonos eran fríos, grisáceos, tal como las actuales construcciones japonesas. Sin embargo, el exterior conservaba un jardín de estilo tradicional, con un espejo de agua que servía de estanque de peces koi. Se asombró ligeramente, porque, a decir verdad, ella había vivido unos años rodeada de lujos muy parecidos.
Pasó por la puerta principal con algo de nervios. Las entrevistas de ese día no habían salido nada bien. En una se cruzó con un colega de su ex esposo. La entrevista fue incomoda, siendo bombardeada con preguntas intimas de su ruptura. Incluso, el imbécil le sugirió que arreglara las cosas con su ex marido. ¡Cuanta basura! No necesitaba a ese idiota. Y la segunda entrevista... bueno, se resumía a ser asediada con un montó de proposiciones de índole sexual. Ese tipejo viejo solo estaba interesado en ella de esa forma. Tan era así, que cuando ella le extendió en curriculum, el vejestorio lo depositó en el bote de basura. Pues bien, se perdía de una gran instructora.
Saludó a la recepcionista, preguntando por su horario de la entrevista. Al recibir la confirmación, le indicó hacia donde debía dirigirse. Akane agradeció con una sonrisa, recibiendo un elogio de aquella mujer. Luego, esperó el ascensor con paciencia. Y en cuanto llegó, subió al quinto piso. Salió del ascensor y caminó por el pasillo. Miró una maquina expendedora, tenía las golosinas favoritas de Naoko, Se acercó a ella y sacó dos paquetes, uno para si misma y el otro para su pequeña. Escuchó pasos de alguien caminando por detrás de ella, pero no le dio importancia. Luego de eso, se dirigió a recursos humanos.
La sala se veía sola, sin embargo, la secretaria tecleaba considerablemente en su ordenador. Con algo de pena por interrumpirla, se acercó. —Buen día, disculpe la interrupción. Vengo a una entrevista de trabajo.
Esa amable mujer levantó la mirada. Y cuando la vio, sonrió genuinamente. —Claro, debe ser la señorita Tendo, ¿No es así?
—Sí, así es...
—¿Dónde está Ranma?
La voz de otra mujer se hizo presente. No sonaba nada simpática, y eso a Akane no le agradó. Observó de quien se trataba, y descubrió a la portadora de dicho ruido. Una mujer, de apariencia bastante bien formada, con voluptuosidad y un rostro de ensueño. A juzgar por el ligero acento, podía suponer que era extranjera. Y, por lo visto, esa persona trabajaba ahí. Miró como la pobre secretaria colocó en su rostro un gesto casino.
—Señorita Xian Pu. El señor salió y tardará en regresar. Si gusta esperar...
—Ese idiota. Lo buscaré después. —Se dio la vuelta, sin embargo, antes de irse definitivamente, giró la cabeza para ver a la secretaria. —Y por cierto, ese tinte de pelo se te ve horrendo.
En cuanto salió de la vista de ambas, Akane no pudo evitar gruñir, enfurecida. —Tremenda bruja que es. ¡No le hagas caso! En realidad, ese color de pelo se te ve bastante bien. ¡Ella es la que necesita clases de estilo! Ese uniforme ni siquiera era el adecuado para entrenar.
La secretaria observó a la mujer con gesto curioso. Pero, después empezó a sonreír. Le había agradado aquella chica, parecía ser una persona valiente y justa. —No se preocupe, señorita. Esa mujer en realidad es así. Fue novia del jefe, sin embargo, creo que las cosas no funcionaron entre ambos.
—Vaya, cuénteme más.— Pidió, posando sus codos en el recibidor y sus mejillas en sus manos. Era una persona de naturaleza curiosa, y no podía evitar cotillear sobre lo que había pasado. Aún si no conocía a aquella persona.
—Bien, verá, ella es de China y fue reclutada por el señor para entrenar al equipo femenil. Supe que ellos estuvieron a nada de casarse, y además...
Un carraspeo varonil las sacó de su plática. La recepcionista, apenada, regresó a su puesto de trabajo haciendo como si no hubiese pasado nada. —Lo lamento, señor Hibiki.
Akane se sorprendió de ver a su amigo ahí. —¡Ryoga!
—¡Akane!— El de pelo negro se acercó a ella, un poco consternado por su presencia. —¿Qué haces aquí?
—Vine a la entrevista.
—¿Eh?— La miró confundido. —Pero... ¿Para que...?
—Necesito el dinero. Te lo explicaré, pero por favor, hazme la entrevista.
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¡Que dicha la suya! Ryoga le había aceptado que trabajara en ese gimnasio, y además, le dio una semana para acomodar sus horarios Ese día se planteó celebrarlo con su hija, porque el logro era para ambas. Llegó a la primaria alrededor de las cuatro de la tarde. Miró como los niños salían y se dirigían a sus casas. No le gustaba mucho esa costumbre japonesa de dejarlos solos, es por ello que prefería llevar y recoger a Naoko ella misma. Su cariño hacia ella era tan grande, que no podía permitir dejarla tanto tiempo sola. Era una niña muy consentida, pero es que era tan parecida a su madre fallecida que le transmitía tanta paz y unas ganas enormes de protegerla. Cuando Naoko salió, la abrazó y cargó en sus brazos. Agradeció a Akari por todo y llevó a su pequeña a comer una apetitosa hamburguesa.
Caminaban hacia el restaurante, paseando por una calle inundada de cerezos. Akane subió a su niña en los hombros, y Naoko intentaba tocar los cerezos con sus pequeñas manitas. La gente que las observaba encontraba demasiado tierna la escena. Un matrimonio, en especifico una mujer con kimono y un hombre con un turbante en la cabeza sonrieron emocionados por aquella visión tan hermosa. Desearon que su hijo viviera algo así.
Madre e hija comieron su hamburguesa mientras Naoko le platicaba una y otra vez lo que había leído en uno de sus libros escolares. A la niña le fascinaba la astronomía. Siempre miraba el cielo de noche, y en su habitación un hermoso móvil de planetas colgaba, acompañándola en sus sueños. Era el último regalo que recibió del que era su padre. Ese hombre no se había dignado en verla desde hacía dos años, y Akane intentó compensar su ausencia, convirtiéndose en su papá también. Fueron tiempos complicados, la pobre niña terminó yendo a terapia, pero después de aquello, sus vidas prosperaron.
Luego de una deliciosa comida, regresaron a casa. Estando ahí, Naoko realizaba un dibujo con sus crayones favoritos. Ella nunca los prestaba, porque eran solo de ella nada más. Lo mismo pasaba con su mamá. Ella no quería compartirla, solamente la maestra sol y el señor Hibiki podían hablarle. Y, claro, su abuelo y tías que vivían lejos.
Akane había estado haciendo un poco de limpieza en el departamento, y cuando terminó se acercó a su hija. —¿Qué haces, Naoko?
La niña se rio alegremente. —Un dibujo.
—¿Puedo verlo?
—Mira.
Akane tomó la hoja de papel en sus manos. Era un astronauta parado en la luna. A lo lejos, una nave espacial mostraba a un alienígena observándole desde la distancia, saludando. —Son los de tu cuento.
—Si.— La niña asintió con la cabeza. —Tú eres el astronauta.
—Ohhhh, y, ¿Tu eres el alíen?
—¡No!— Protestó la niña. —Los alíen son un poco feos, y yo no soy fea. Yo soy la luna.
Akane sonrió tiernamente. Tomo a su niña y empezó a hacerle cosquillas. —Eres mi luna.—
El celular de Akane sonó, provocando que dejara de juguetear con su pequeña. La dejó dibujando, y se acercó a contestar el celular. —¿Diga?
—Hola, Akane. Soy Akari.
—¡Oh! Akari!, ¿Sucede algo?
La niña, al escuchar el nombre de la maestra, gritó con voz fuerte. —¡Maestra sol! ¡Hola, maestra sol!
Akane sonrió. —Naoko te dice hola.
—Salúdala de mi parte. En fin, quería proponerte algo.
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Akari estaba demente, pero ella aún más, ¿Cómo carajos había aceptado aquello? De no ser por que dijo que sí, ahora mismo estaría en su departamento tomando un rico té con su hija, comiendo fideos del restaurante Nekohantten y mirando una película. Pero no, estaba caminando hacia ese restaurante algo elegante de mariscos, enfundada en un vestido romántico de color negro, unas zapatillas del mismo color y su mejor perfume y maquillaje. Su pelo corto tenía la ventaja de ser fácilmente manipulable, así que no necesitó más que un broche simple. De hecho, la última vez que usó ese vestido fue el día de su divorcio. En occidente pudiera significar que le dolía la situación, pero en Japón, era como si usara el vestido de la venganza de Lady Di. Un claro mensaje al idiota de su ex de que estaba más que feliz de cortar ese vínculo.
Llegó al destino indicado, abriendo la boca por el ambiente que se respiraba ahí. Era un lugar sumamente caro, y ella no pensaba que pudiese pagar su consumo. Se dio la vuelta, sin embargo, rememoró lo que Akari le comentó.
"—Es un hombre guapo, atento y adinerado. Está soltero, así que aprovecha muy bien la cita. Te aseguro que él te consentirá."
Bueno, Akari prácticamente le dijo que aprovechara. Así que con ese ánimo renovado preguntó en la recepción por la reservación que le correspondía. Cuando encontraron su nombre en la lista le pidieron que pasara.
Akane apretó fuertemente su bolso de mano barato, y nerviosa caminó, siguiendo a la señorita de recepción. Las mesas estaban finamente decoradas, y las personas parecían ser de alta sociedad. Juró haber visto un par de celebridades ahí. Y cuando subieron hasta la zona de terrazas privadas, la pobre mujer volvió a sentir los nervios aferrándose a ella. No había aceptado citas después de lo de su divorcio, porque para empezar, todo el tiempo su centro de atención era su hija. Y ahora estaba ahí, a nada de comenzar una cita a ciegas con un perfecto desconocido. Esperaba que no fuese un rabo verde, de lo contrario Akari estaba en problemas.
—Espere aquí. Enseguida viene el señor.— Anunció la hostess.
Akane asintió, y observó como la mujer salía de aquella terraza. Echó un vistazo al lugar, curioseando. Desde aquella posición había una vista al Monte Fuji preciosa. La luz de la luna era contrastada por la iluminación cálida del entorno. Había dos copas de vino en la mesa, y la botella estaba en una cubeta elegante con hielos. Tomó una copa y se dirigió al barandal. Dio un suave trago, sintiendo el alcohol pasando por su garganta. Era el mejor vino que había probado, ni siquiera los que le compraba el imbécil de su ex eran igual de especiales. Posó su mano en el barandal, y observó el entorno. Pasó unos dos minutos así, tratando de disipar sus nervios.
—Perdón por la tardanza.
Una voz aterciopelada llamó la atención de sus oídos. Lentamente volteó su tronco, y descubrió a un hombre elegante, guapo, trajeado y de ojos inquietantes parado, observándola desde lo lejos. Y, por todos los dioses de la mitología japonesa, ¡Era apuesto! No, más que apuesto, ¡Caliente!. No pudo evitar recorrer con sus ojos a aquél espécimen masculino de arriba a abajo. Tenía complexión atlética, seguramente era deportista. Ese traje le ajustaba demasiado bien. Sus ojos, azules como el cielo profundo, eran enigmáticos e hipnóticos. Por primera vez sintió que le flechaban tan profundamente, era como si, a primera vista quisiera intentar algo en serio con él sin siquiera conocerlo.
La mente de aquél hombre no estaba en las mejores condiciones. Cuando entró a la terraza reservada la primera visión que obtuvo fue la de una mujer sensual. Ese vestido negro le sentaba a la perfección, conocía a pocas mujeres que robaran el aliento como aquella esbelta chica. Sus manos sostenían la copa de vino con una elegancia marcada. Su cuello fino estaba expuesto, adornado con un simple collar plateado. Aquel cabello corto enmarcaba su rostro con total perfección, y ese maquillaje resaltaba sus ojos y labios, dándole un toque seductor. Nunca, ni siquiera en sus noches más alocadas de borrachera y diversión había quedado prendado de una mujer tan rápido como en aquél momento. Era un flechazo a primera vista.
—¿Usted es el señor Saotome?
La voz de la mujer frente a él le pareció hermosa. Tan suave como la brisa primaveral y tan clara como el agua pura. Si pudiera, haría que le llamara por su nombre de pila, con un tono más dulce. —Así es. Ranma Saotome. Un gusto.— Se presentó como buen japonés, manteniendo la distancia, tan caballeroso.
—El gusto es mío. Akane Tendo.— Secundó ella.
Se quedaron absortos, mirándose intensamente. Akane trató de mantener la postura, pero le estaba costando no sonrojarse ante aquellos ojos intimidantes. Ranma, por otra parte, sintió como la respiración se le aceleraba un poco, como si hubiese trotado. Si ella quisiera, ambos podrían pasar una noche interesante bajo sus sábanas. Esperaba que así fuera.
—Bien, señorita Tendo, tome asiento, por favor.— Ranma se acercó a la mesa y empujó la silla hacia atrás, permitiendo que ella se sentara.
—Muchas gracias, señor Saotome.— Agradeció tomando lugar en la silla. Además de guapo, muy caballeroso. Ahora no se arrepentía de aceptar esa cita a ciegas.
Ranma rodeó la mesa y se acomodó frente a ella. —¿Ha venido usted a este restaurante?
Negó. —No. Lo cierto es que no frecuento este tipo de lugares hace d...— Se interrumpió. Era muy pronto para revelar su estado civil y su condición de madre. —Hace un buen tiempo. Ni siquiera recuerdo cuando fue la ultima vez que estuve en un restaurante lujoso.
—Bueno, hoy está de suerte. El menú está exquisito. Pida lo que quiera.
—Muchas gracias. Debo decir que el vino es de muy buena calidad.— Tomó su copa y nuevamente dio un trago.
A Ranma se le hizo agua la boca al ver como aquella mujer tomaba el líquido carmesí. Como deseaba besarla. —Ese vino es el mejor. El color que posee es hipnótico. El color rojo, él cuál es mi favorito, es el de la pasión, y permítame decirlo, pero yo soy muy apasionado cuando veo algo que me gusta.— Coqueteó descaradamente. Él no solía ser así, normalmente las mujeres le coqueteaban primero a él, pero había querido tomar las riendas. La primera vez que lo quería hacer, definitivamente fue un flechazo a primera vista.
A Akane casi se le sube la sangre a las mejillas. Un poco más y casi se atraganta con el vino. Tragó el liquido y dejó la copa en la mesa. Luego tomó la servilleta de tela y limpió cuidadosamente sus labios. Bendito labial indeleble que compró. —Cielos. Puedo notarlo, señor Saotome. Me gustaría saber exactamente que es lo que más le gusta para apasionarlo tanto.
—Bueno, tenemos tiempo para eso.
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La pequeña Naoko estaba coloreando unos dibujos de planetas. Sus crayones favoritos la acompañaban fielmente en la casa de la "Maestra Sol." Miró hacia el enorme ventanal de ese lujoso departamento. Podía observar la luna brillando como un gran foco, y no pudo evitar hacer un puchero. Akari llegaba a la sala donde no solo estaba la niña, sino que también su esposo, Ryoga, estaba recostado viendo en la televisión el noticiero.
—Naoko, te he traído unos onigiri hechos por mi.— Extendió la bandeja en la mesita del comedor, mientras acariciaba su cabeza.
—¿Por qué mamá tarda tanto?
—Bueno, ella ha salido a divertirse un rato.
—¿Y por qué no me llevó?
Ryoga miró a su esposa y ella a él. Akari, sonriendo, le acomodó el pelo detrás de la oreja. —A veces los papás necesitan más tiempo a solas. Pero eso no quiere decir que no te quiera, cielo.
Naoko volvió a hacer un puchero. —Pero no me gusta.
Ryoga no era un as tratando con niños como su esposa, pero le pareció divertida la respuesta que la pequeña dio. —¿Por qué no? Tu mamá merece salir un rato y conocer a personas.
—Porque mamá es sólo mía. Y de ustedes, y de mi abuelo y mis tías.— Contestó tomando un onigiri y mordiéndolo, esparciendo granos de arroz por toda su boca.
Ryoga empezó a reír ante esa respuesta tan honesta de la pequeña, sin embargo, para Akari no era algo que se pudiese tomar a la ligera. Esperaba equivocarse, pero en caso de que Akane iniciara una relación con alguien más sería un camino muy difícil. Trataría de hablar con ella respecto a la niña.
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—Es usted muy elocuente, señor Saotome.— Respondió Akane terminando de engullir su delicioso postre.
La velada le estaba resultando demasiado interesante, en poco tiempo ambos habían experimentado una química asombrosa. Compartían muchos gustos, en específico, las artes marciales, y el noventa y nueve por ciento de la plática había sido sobre su infancia y las artes marciales. Ese hombre resultó ser un artista marcial muy conocido, incluso el más grande de Japón. Con pena admitió que se había alejado un poco de la farándula deportiva por algunas razones de índole personal. El único problema es que no le había contado aún de Naoko, aunque su confianza iba en aumento. Tal vez en la segunda cita le sea sincera, después de todo, resultaba ser un caballero y alguien amable.
—Y usted resulta ser una mujer muy interesante.— Se la estaba pasando de lo mejor. La labia que ella tenía para expresarse le atraía como las flores a las abejas. No solo resultaba ser una artista marcial como él, si no que también una mujer inteligente. Salió con honores de su universidad, y hablaba con precisión sobre los estilos de combate. Sin mencionar que, además, la gracia con la que contaba las cosas era muy contagiosa, poniéndolo de buen humor.
—Bueno, ciertamente estamos en las mismas condiciones. Tal vez en una próxima cita le devele más enigmas que me he guardado en esta ocasión.— Este comentario lo soltó a riesgo de ser rechazada directamente.
Eso emocionó al ojiazul. No esperaba esa proposición tan directa, pero... ¡Joder! Él estaba más que encantado de tener una segunda cita con aquella mujer. —Me encantaría conocerlos.— Observó la copa vacía de su acompañante. —¿Me permite su copa, señorita?
—Con gusto.
En cuanto se rozaron las manos debido al movimiento, ambos sonrieron seductoramente. Ranma rompió el tenue contacto, retirando la copa de la mano de Akane. Luego, procedió a servir el liquido en el recipiente de cristal fino.
Akane estaba emocionada. Tanto que empezó a hablar. —Y, dígame, ¿Por qué un hombre tan educado como usted está soltero?
—Bueno, lo cierto es que he disfrutado de mi soltería. Supongo que me es más fácil estar así, después de todo los solteros tenemos más beneficios que los que están en compromisos.— Ranma decía esto por dos motivos principales: El primero, era porque con Ukyo no quería una relación ni un compromiso que lo atara a ella. El segundo, era precisamente porque resultaba ser cierto. Más beneficios obtenías al estar soltero, como ascensos o contratos mejores de negocios.
Para Akane, eso era una mala señal. —Osea que no está interesado en empezar una relación seria en este momento. ¿Me equivoco?
Ranma le entregó la copa llena a Akane. Ella la aceptó de vuelta, tratando de mantener la calma. Ahora si estaba nerviosa de revelarle que estaba criando a una niña de cinco años.
—Si hay interés, si.
Akane tomó rápidamente un sorbito de vino. De repente tenía muchas ganas de salir corriendo de ese lugar. Aún así, debía intentar saber si le convenía ese hombre. Carraspeó un poco antes de hablar. —Supongo que ha oído en las noticias sobre los reportes de la disminución de la natalidad en el país. Dígame, ¿Qué opina de eso?
Ranma río un poco. Parecía que no sólo él se interesó a primera vista, porque esa pregunta era un tanto comprometedora y doble sentido. —Si no hay ganas de tener hijos, ¿Qué se le va a hacer? Aunque, por otra parte, tal vez haya alguien interesado en formar una familia con usted.— Si, era un genio. Esa proposición en doble sentido debía funcionar para que, posiblemente, se animen a tener uno en esa noche. Claro estaba, sin tenerlo realmente, solo implicarse en el proceso.
Definitivamente no estaba interesado en tener una familia. Bueno, tal vez algo podía intentar. Dudando un poco, lanzó una pregunta para saber si se podía rescatar algo de ahí. —Conozco varios matrimonios que han tenido descendencia, pero han fracasado seriamente en ser padres. No han sabido serlo, y en este país tan machista, sabemos que las mujeres que son mamás solteras no suelen recibir apoyos morales, ¿Qué es lo que piensa al respecto?
Ranma se desconcertó un poco, pero respondió sinceramente. —Este país es muy tradicionalista, así qué, sinceramente, el tener hijos es algo que debe pensarse bastante bien.
Akane interpretó eso como un ataque directo a las madres solteras. —¿Está insinuando que es su culpa?
—No es que sea su culpa, pero uno ya no puede estar seguro de la persona con la que se formalice. Así que debieron pensar en las consecuencias que eso conlleva. No podemos culpar a la mayoría del país por pensar de ese modo.
¡Eso era el colmo! Se levantó de la mesa, plantando ambas palmas en la superficie. —Escuche, si están solteras en realidad es por culpa de los infelices que no han sabido formar una familia. Así que lo que menos merecen esas pobres mujeres es que se les recalque que fue su culpa por no escoger bien a su pareja.
Ranma se levantó también. No sabía que era lo que estaba ocurriendo. —Si vamos a hablar de víctimas, hablemos de ellas. ¿Se ha puesto a pensar que es lo que esas criaturas sufren?
—¿A que quiere llegar?
—Esos niños no debieron llegar a este mundo para ver como se desmorona una relación. Así que si hay que culpar a alguien es a los padres. Sobre todo a quienes tienen el derecho de decidir si quieren que nazcan.
Frunció su ceño marcadamente. —El aborto aun sigue siendo un taboo. Además, los hombres son quienes dominan ese aspecto en el país. No hay escapatoria para nosotras las mujeres. Veo que es usted un gran imbécil.
Que lo llamara imbécil no le agradó. —Entonces eso deben pensar antes de acostarse con alguien. Porque gracias a esas madres solteras los impuestos de los japoneses son elevados.
Había cruzado la linea. Akane, más que furiosa, tomó la copa de vino y salpicó a su cita con el líquido carmesí, ensuciando notablemente el traje sastre. Ranma, entre atónito y molesto, sacudió los restos de alcohol.
—¡Idiota machista! ¡No lo quiero volver a ver en mi vida!— Akane tomó su bolso, sacó unos cuantos billetes de su cartera y los dejó en la mesa. —Tenga, supongo que eso no es suficiente, pero es para que no esté quejándose de los impuestos.
Akane estaba a nada de irse, pero las palabras que pronunció ese idiota le hicieron parar.
—Yo tampoco deseo verla nuevamente. Y, hágame un favor, deje de comportarse como un hombre, y aprenda a ser una señorita refinada.
Ranma no pudo saber nada más, porque una estatuilla, aparentemente de oro, se plantó en su cabeza dándole un golpe que, si bien le dolió, no era tan fuerte como para noquearlo.
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Akane llegó a su apartamento junto a Naoko. Después de haber salido del lugar echa una furia trató de calmarse mientras caminaba un rato. Luego pidió un taxi y recogió a su niña. Al llegar al apartamento del matrimonio Hibiki no dio detalles, pues ya estaba cansada y quería irse. Tampoco es como que sus dos amigos le insistieran, así que entregaron a la pequeña sin decir mucho.
Dejó la mochilita tirada en quien sabe donde, quitándose las molestas zapatillas en la entrada. Su bolso lo lanzó directo al pequeño sofá que había, y caminó hacia la habitación de su pequeña hija. Naoko ya estaba durmiendo, por lo que tendría que despertarla un poco para colocarle la pijama. Después de hacerlo la arropó entre sus sábanas, le dio un suave beso en la frente, apagó las luces y cerró la puerta.
Se adentró a su dormitorio, bufando entre cansada y decepcionada. Ese era su miedo al tener citas con alguien más. Los prejuicios hacia las madres solteras eran demasiados, y había comprobado, una vez más, que tal vez permanecería soltera para siempre.
Se colocó su ropa de dormir, se desmaquilló y quitó su joyería. Y cuando ya estaba lista, se metió a la cama, mirando hacia el techo. Se sentía nuevamente como ese astronauta del cuento de su hija, navegando a través de un planeta difícil, solitario y desconocido para ella.
—Que lastima. Era la primera vez que me habían flechado a primera vista.
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Ryoga apagó las luces del dormitorio y se acostó al lado de su esposa. Estaba consternado por la quietud que Akane presentó. Algo había pasado en su cita a ciegas, así que le preguntó a Akari sobre ello.
—¿Qué le habrá pasado a Akane?
—Creo que su cita no fue buena.
Ryoga observó el mensaje de su amigo. Definitivamente a Ranma tampoco le había ido bien en su cita. —A Ranma no le fue bien.
Akari tapó su rostro con sus dos manos. —¡Ay, no! Debió haber sido una muy mala idea.
Ryoga sospechó algo. —Amor...
—Dime.— Dijo con voz de puchero.
—La cita a ciegas... No me digas que...
Akari asintió lentamente. Luego observó a su esposo. Ryoga suspiró audiblemente. —Lo lamento. No creí que no se llevarían bien.
—Akari, Akane va a entrar a trabajar al gimnasio de Ranma.
—¡No me digas eso!— Volvió a hacer un puchero.
—Recemos porque no se desate alguna guerra el lunes.
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Ranma entró a su departamento, tirando su saco sastre arruinado al piso, con mucha rabia. Soltó una maldición mientras desataba su corbata de manera descuidada. Luego desabotonó su camisa ahora llena de vino rojo y la dejó así, mientras se dirigía a su enorme refrigerador para sacar otra bebida alcohólica. Eligió una lata de cerveza.
Sin pensarlo dos veces tomó esa cerveza hasta el fondo, sin importarle si el líquido escurría a los costados de su boca. Al terminar apretó fuertemente la lata hasta aplastarla completamente, y luego, la arrojó lejos de el, muy enojado.
—Esa mujer... ¡Pensé que también le atraje! Pues bien, ¡Que se joda!
Y aunque había dicho aquello, durante el resto de esa noche no pudo dejar de pensar en ella.
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El lunes había llegado por fin, y Akane no podía estar más nerviosa que nunca. Volvería a trabajar después de una mala racha de empleos mal pagados y exploradores, y que mejor que haciendo lo que más le gustaba. Estaba determinada a ser la mejor entrenadora de judo del gimnasio.
Había dejado, como cada mañana, a Naoko en el jardín de niños. Y ahora estaba ahí mismo, a escasos pasos de la entrada principal de su nuevo trabajo, aferrando con sus manos su mochila donde llevaba la ropa de entrenamiento necesaria. Había desempolvado su gi de entrenamiento de hace años, y, por un milagro, le había quedado bien. Al menos no había subido de peso.
Entró y saludó a la recepcionista. Luego se dirigió hacia los vestidores y se dispuso a cambiarse el traje de entrenamiento. Cuando terminó guardo sus cosas y fue directamente hacia donde le habían indicado, sería como su oficina. La observó maravillándose por la agradable decoración. Se veía muy moderno, y algo costoso para su gusto, pero le daba igual. Felizmente dejó su mochila y salió con su horario de clases en mano y su bolso con la indumentaria necesaria. La primera clase estaba formada por un grupo de hombres de casi cincuenta años. Esperaba que obedecieran sus instrucciones y no le pusieran peros debido a que era mujer. Ya sabía como funcionaba la mente de esos tradicionales cabezas huecas.
—Akane, buenos días.— Saludó Ryoga, encontrándose a su amiga en el pasillo.
Akane le sonrió. —Buenos días.
—¿Nerviosa?
Asintió. —Un poco. Hace tiempo que no soy instructora de clases tan variadas como las que tengo de horario, pero creo que debo acostumbrarme.
Ryoga le revolvió el cabello. Cuando la conoció, ella aún estaba casada. Había tenido un enamoramiento pasajero hacia Akane, pero duró demasiado poco. Terminaron siendo buenos amigos, por lo que ese tipo de contactos ya eran más por costumbre que por que sintiera algo romántico por ella. —Todo estará bien. Piensa en Naoko para tranquilizarte.
—¡Lo haré! Te dejo, debo irme. Nos vemos después.— Se despidió Akane.
—¡Suerte!
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Ranma se encontraba en el área de entrenamiento exclusiva para él. Todo el fin de semana se la había pasado entrenando, tratando de canalizar su frustración por lo ocurrido en esa desastrosa cita. Ahora mismo no dejaba de darle puñetazos y patadas a una especie de muñeco del tamaño de una persona. Dio un último golpe en la parte del estomago, gritando fuertemente. En ese momento, Ryoga apareció en el lugar con su típica taza de café en la mano.
—Despacio, amigo. Vas a destrozar a ese pobre animal.
Aquél pelinegro de trenza lo miró irritado. —No estoy de humor para tus idioteces.
—Así como no estuviste de humor para salir con Ukyo. No paró de llamarme, preguntando si sabía de ti.
Se secó con una toalla el sudor que le recorría por la frente, el pecho y la espalda. —No me dio la gana verla. Y, por cierto, Akari es un pésimo cupido.
Ryoga rezó para que nunca se enterara de que su cita fallida estaba trabajando ahí mismo. Si eso llegase a pasar sería el apocalipsis del mundo entero. —Vaya, pues... lo lamento.
—¿Conoces a su amiga?— Quería saber si es que él la conocía. Aunque era una pésima idea verla nuevamente, admitía que si lograba solo darse un revolcón con ella seguramente todo pasaría.
—No, para nada.— Mintió, y al parecer funcionó, porque Ranma no sospechó absolutamente nada.
—Bien. Iré a ducharme.
—Que todo salga bien.
—Por cierto...¿Ya llegó el nuevo instructor de judo?
Ryoga tragó saliva. Disimuló que no estaba nervioso, contestando confiadamente. —Si, ya está entrenando. ¿Irás a verlo?
—No lo creo. Te veo más tarde.
Al escuchar eso, el manager respiró aliviado.
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Ya había transcurrido una buena parte del día, y para Akane las clases no pudieron ir mejor de lo que esperaba. Sus grupos habían resultado ser personas muy amables y gentiles que le dieron una cálida bienvenida. Habló con Naoko al teléfono, y escuchó como la "Maestra sol" le había dado su comida favorita. Ahora que le dieran su paga le regalaría algo a Akari por su amabilidad, aunque la cita con ese idiota haya salido pésima.
Se encaminó a su siguiente clase, con un grupo de jovencitas que no pasaban de los dieciocho años de edad. Sin embargo, antes de poder entrar a la sala de entrenamiento una voz que rápidamente identificó la detuvo.
—Así que... tú eres la nueva entrenadora en el gimnasio...
La mujer que había intentado humillar a la secretaria de recursos humanos estaba ahí parada, cruzada de brazos mientras la observaba con superioridad. El cabello largo estaba atado a una coleta alta, y volvía a aparecer con un traje de entrenamiento bastante inadecuado, a su parecer.
—Mi nombre es Akane Tendo, un gusto.
A pesar de reverenciarse y saludar con respeto, esa extraña no lo hizo. Akane sabía que en China hacían lo mismo, así que probablemente no la saludaba correctamente por antipática.
—Mao Xian Pu. Y que te quede clara una cosa, él no se fijaría en ti. Ni siquiera en mí se fijó.
Acto seguido, aquella extranjera se dispuso a retirarse, no sin antes dedicarle una mirada desaprobatoria. Cuando se fue, Akane no pudo evitar imitarla burlonamente. Que poca educación y amabilidad, sin duda no haría lazos con aquella compañera de trabajo. Además, ¿De quien rayos hablaba?
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Ranma había terminado de ducharse, y ahora estaba vestido con unos pantalones formales color azul marino y una camisa en ese mismo tono. Se había vestido así porque había decidido ir a saludar formalmente al nuevo instructor de judo. Confiaba plenamente en Ryoga, pero aún así necesitaba comprobar que esa persona tuviera las capacidades necesarias para entrenar a personas de distintas edades. No es que no confiara en los jóvenes, pero había aprendido durante toda su carrera como artista marcial que las mejores enseñanzas provenían de expertos en combate veteranos.
Dejó su oficina y se dirigió directamente a la sala de entrenamiento de judo.
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—Es todo por hoy. Me agradó conocerlas, que tengan un gran día.
—¡Gracias!
Akane había terminado satisfactoriamente sus clases de judo con las jovencitas, quienes la recibieron gustosas. Tomó el listado de horarios, comprobando que había concluido el turno matutino. Era perfecto, ya tenía el tiempo suficiente para comer y descansar un rato. Entusiasmada por aquello guardó sus cosas en su bolsa. Sin embargo, recordó que tenía pendiente contestar mensajes de Akari, por lo que sacó su celular y abrió la puerta de la sala mientras miraba la pantalla.
Avanzó unos cuantos pasos, sin embargo, no se percató de la presencia frente a ella que, por desgracia, colisionó como si se tratara de una nave espacial en un misterioso planeta. Cerró los ojos por el impacto; había chocado contra un algo, o más bien, un alguien con una masa corporal bastante fuerte. Sintió como la tomaban de la cintura, impidiendo que resbalara por completo, y como un estúpido cliché de película romántica barata, abrió los ojos, descubriendo a quien menos esperaba, y a quien no quería ver.
Ranma estaba ahí, parado frente a ella, sosteniendola de la cintura y con los ojos completamente desorbitados. Había estado caminando distraído, contestando a los molestos mensajes de Ukyo que tenía en su bandeja de entrada, sin embargo, no esperaba que alguien chocara con él. Con los reflejos de artista marcial que poseía fue capaz de reaccionar a tiempo y evitar que la mujer cayera estrepitosamente. Maldijo su suerte al tener ahí a la persona que le había robado el aliento en esa cita horrenda.
Se quedaron mirándose, pasmados, sin reaccionar por unos segundos. De repente Akane decidió que ya era suficiente, así que con un movimiento rápido se deshizo del agarre, separándose unos cuantos pasos de su martirio personal.
—¡Usted!— Gritaron ambos al unísono.
—¡¿Que demonios hace usted aquí?!— Gritó Akane malhumorada.
—¡Eso mismo me pregunto yo!
—Yo...— Se cruzó de brazos con orgullo. —No tengo por qué darle explicaciones, pero lo haré para que le quede claro que no lo estoy siguiendo. Yo trabajo aquí.
—¿C-como? ¡¿Usted es la nueva instructora de judo del gimnasio?!
—¿Y usted cómo lo sabe?
Ranma se tensó. —Yo soy el dueño.
—¡¿Que?!
Ryoga iba pasando cerca, cuando pudo escuchar esos gritos fúricos. Corrió, y cuando llegó sus ojos admiraron con horror lo que no quería que pasara. —Ranma... Akane...
Ambos miraron al pelinegro, con confusión absoluta reinando en sus caras. Y luego, pasaron de esa confusión a un gesto sombrío que fue capaz de hacer sudar al pobre hombre.
Estaba en problemas.
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Los tres estaban en la oficina de Ranma. Akane mantenía su distancia de aquél que la había ofendido en esa cita. Y Ranma no dejaba de fruncir el ceño mientras la observaba tomar de su taza de café. Ryoga estaba sentado entre los dos, moviendo los pies nerviosamente y tratando de modular la voz mientras les explicaba que es lo que había sucedido.
—Entonces, me estás diciendo que ella es la amiga de Akari.— Dijo Ranma.
—Si, es ella. Akane ha sido nuestra amiga desde hace algunos años. De hecho, la conocí un año antes que a ti.
—Akari está demente por haber hecho que saliera con alguien como él.— Susurró Akane antes de darle un sorbo a su café.
—Eso es lo que yo opino de ti. Ryoga, ¿Por qué la contrataste?— Reclamó Ranma a su manager/amigo.
Ryoga se aclaró la garganta. —Para empezar, yo no sabía que Akari planeaba una cita a ciegas para ustedes dos. En segundo lugar, la contraté porque la conozco, y tengo la confianza de que ella hace un buen trabajo. Además de que te lo había mencionado, necesitas gente joven que traiga innovación. Y Akane sabe muchas técnicas de combate.
Ranma entrecerró los ojos. No le había agradado lo que Ryoga mencionó. Parecía como si le dijera que a él le faltaba técnica y que no tenía buen ojo para contratar gente. Le picaron su ego y eso no lo iba a permitir. —¿Y si no quiero que trabaje aquí?
Akane se levantó de su lugar muy indignada. —¿Está bromeando?
—Ranma, no puedes hacer eso.
Puso una sonrisa socarrona, la cuál Akane tuvo ganas de quitarle a base de un puñetazo. Era un maldito sin cerebro. —Soy el dueño. Si quiero lo puedo hacer.
—¡Idiota!— Le gritó Akane.
—¡Testosterona andante!
—Oigan...— Murmuró Ryoga tratando de controlar a dos monstruos.
Akane agrandó los ojos, y el aura de enojo en ella creció bastante. —¿Cómo me dijo?
—Lo que oíste.— Cruzó sus brazos por detrás de la cabeza. A este punto ya le estaba dando igual usar honoríficos con ella, de igual forma no se los merecía. —Eres una mujer poco atractiva. Debí estar bastante afectado por el vino en aquella cita, tanto como para pensar que eras hermosa. Pero, la realidad es que estás plana, no tienes figura y además tu rostro no es el mejor. De la que me libre para no salir contigo.— Mintió. El orgullo estaba pudiendo más que su cordura.
—¡Infeliz!— Akane, sin pensarlo, le lanzó la taza de café para intentar golpearlo. Lastimosamente no ocurrió, porque aquel malnacido esquivó la taza, saliendo completamente ileso. —¡No voy a permitir que me corra, así que tendrá que soportar ver mi rostro feo!. Nos vemos más tarde, Ryoga.
En cuanto Akane salió de la oficina, Ranma apretó los puños. No le había agradado el tono con el que le habló, y eso de lanzarle el café caliente le pareció lo más salvaje que había vivido. No la podía despedir porque ya había firmado un contrato y si lo hacía ella podría poner una demanda. Pero esa cabezota no se iba a salir con la suya.
—Ryoga, dame una copia de su horario.
El susodicho lo observó asustado. —Ranma, no vas a...
—No la voy a despedir, pero entonces ella deberá adecuarse a lo estricto que tiendo a ser.
Ryoga tragó saliva. Sea lo que sea que estaba planeando, Akane debía prepararse para librar una batalla muy dura, pues Ranma era alguien con orgullo tan enorme que si algo se proponía, lo conseguía. Y si ese hombre de trenza quería que la chica se largara, lo lograría.
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Akane ya estaba en su casa cenando junto a Naoko un delicioso ramen. Mientras estaban comiendo, sonaba una canción de esas que se estaban volviendo muy populares entre los jóvenes. Según habían anunciado los locutores, era el integrante de un grupo surcoreano muy famoso entre la población femenina. La canción se llamaba Moon, y tan solo con el nombre supuso que le gustaría a Naoko, por lo que la dejó sonando.
—¿Y como te fue en la escuela hoy?
—Bien. La maestra sol nos enseñó la tabla del nueve.
—¿Y ya te la sabes?
La pequeña rio con ganas. —No.
Akane le siguió el juego. —Entonces trabaja duro para que te la sepas.
—¿Y cómo te fue a ti?— Preguntó la niña, curiosa por saber que había sido de su mamá.
Akane quería decirle que mal, que había conocido a su jefe y resultaba ser la persona más horrible del mundo, pero se contuvo. —Bien, bueno, tuve unos problemas con una persona.
Naoko sonrió. —¿Por qué?
La niña era muy curiosa y cuando quería saber algo no paraba de preguntar. Así que trató de decírselo sin sonar agresiva. —Conocí a un alien feo.
La pequeña Naoko hizo una mueca, y luego negó con la cabeza. —Iugh. ¿Era muy feo?
No podía negar que, en realidad, era un hombre demasiado apuesto. Pero lo feo era su personalidad, así que afirmó con total seguridad. —Sí. Bastante.— Dijo gesticulando con sus manos exageradamente. —Pero no te preocupes, a mamá no le intimidan los alien.
—Mamá es la mejor astronauta.
"Una astronauta bastante solitaria." Pensó Akane.
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Era martes, y en esa ocasión no había visto al pesado de su jefe. Lo agradecía bastante, por lo que gran parte del tiempo estaba sonriente. Tarareaba una y otra vez canciones al azar mientras acomodaba algunas de las indumentarias de entrenamiento, cuando escuchó como abrían la puerta de la sala.
—Ryoga, hola.— Saludó brillante, sin embargo, no recibió respuesta. La cara de su amigo denotaba una gran tensión, algo estaba pasando. —¿Sucede algo?
Ryoga respiró profundamente. —Akane, Ranma hizo un nuevo horario para ti.
—¿Y eso es malo?— Se empezó a reír mientras tomaba la hoja en sus manos. —No habrá nada que...
Las palabras quedaron al aire cuando, de repente notó el acomodo de su nuevo horario. De lunes a viernes estaría trabajando de nueve de la mañana a seis de la tarde, solo una hora de descanso y después de la seis tendría que quedarse hasta las ocho de la noche para idear tácticas de entrenamiento, con el fin de preparar al equipo que el lideraba en la liga juvenil de judo. Y los sábados trabajaría de once de la mañana a nueve de la noche enseñando tai chi y karate do.
Ryoga bastante apenado bajó la mirada. —No pude evitar que lo moviera. Aún si yo soy el jefe de recursos humanos. Me dijo que ese horario comienza a partir del día de hoy.
Akane arrugó una de las orillas de esa hoja. —Idiota.
—¿Sabe que eres mamá soltera? ¿Es por eso que se pelearon?
La pobre suspiró pesadamente. —No lo sabe. Nunca se lo dije, porque para empezar, no quiere una relación seria. En realidad, piensa mal de nosotras las mamás solteras, así que la discusión fue por eso.
—Vaya.— El pelinegro se cruzó de brazos. —Akane, puedo decirle que ese horario es abusivo. Que tienes una hija y que necesitas salir temprano por ella.
—No.— Con el tono de voz más firme que pudo poner, habló a Ryoga. —Esto lo hace a propósito, es obvio que quiere correrme. Pues bien, no me importa. Necesito ese dinero, así que estoy dispuesta a ganarlo sea como sea.
—Akari y yo te ayudaremos con Naoko.
—Gracias.
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Un astronauta solitario se ha estrellado contra un planeta aterrador. Se adentró en él, descubriendo a un alien terrible que intenta comunicarse y darle señales amistosas. Sin embargo, el astronauta solitario y el alien feo no hablan el mismo idioma y piensan diferente, por lo que fallan en su misión y se pelean. Ambos ven, a primera vista, una no muy grata impresión de cada uno.
Sin embargo, para el astronauta y el alien las cosas están a punto de cambiar.
¡Hola a todos!
Ya sé, es una sorpresa enorme este AU, pero es que no me podía resistir a traer un trabajo así de lindo.
El AU es para festejar la #RanKaneWeek organizada por la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma. Este es el día 1, corresponde a la temática a primera vista. ¿Qué tiene que ver? Bueno, si se dan cuenta cuando Ranma y Akane se conocen sienten una especie de atracción evidente. Muchas veces nos hemos sentido atraídos por alguien, sin embargo, las primeras impresiones cuentan demasiado, es por ello que desarrollé el concepto de la temática haciendo que pasen del flechazo directo a la mala impresión. Porque considero que la frase "a primera vista" puede convenir para algo bueno como para algo malo.
La historia está basada en la canción The astronaut, colaboración de Chris Martin de Coldplay con Jin de BTS (nótese que soy demasiado Army c:). La canción es una oda al amor. La siento muy RanKane, me da esas vibras.
Cómo verán, tocará temas interesantes. El foco principal será la pareja de Ranma y Akane, sin embargo para el desarrollo de esta historia son necesarios los personajes secundarios, pero créanme, en eso se van a quedar. Salvo la pequeña Naoko, ella seguirá presente en gran parte de la historia porque será la clave en la relación de nuestra pareja. Ahora mismo la historia inició con algo de comedia, pero se nos vienen dramas y momentos nostálgicos. Eso, si, les prometo un final feliz y muy dulce. Espero que les agrade mucho.
La próxima actualización es sorpresa. Debido a que es la RanKane Week, estará más pronto de lo que creen, pero no les voy a decir que día. Manténganse al pendiente.
Agradeceré sus reviews, seguidos y favoritos. Cada vez que me dan follow, favoritos o me dan una review mis energías se renuevan c:
¡Feliz inicio de semana!
Con amor, Sandy.
