Esta historia participa en la #Rankane_week_2024 (por primera vez en mi existencia llego a tiempo a algo de esto), que ha sido organizada por las chicas de la página de Facebook Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma- #Por_amor_al_fandom. ¡Espero que os guste!

Descargo de responsabilidad: nada que sea reconocible es mío. De lo contrario, estaría veraneando en algún lugar bonito y no en mi casa.


Así como en mis sueños


Se despertó con un gemido, y sus músculos internos contrayéndose en espasmos rítmicos. El calor líquido que la había invadido en sueños se expandía por sus venas y Akane identificó, mientras trataba de recuperar el aliento, que lejos de calmarse, la vorágine incandescente que nacía entre sus piernas se avivaba con cada latido de su corazón.

Una lágrima se deslizaba por su sien. ¿O tal vez era sudor? Bajo las suaves sábanas de felpa, Akane se sentía en llamas, envuelta en un calor abrasador que no era desagradable en absoluto.

Tomó una bocanada de aire, sólo para quedarse de nuevo sin respiración al sentir el roce de la tela de su pijama contra sus pezones, endurecidos. Y un segundo después, otro jadeo rompió el silencio de la noche cuando sus dedos acariciaron la aureola con suavidad.

La sensación electrizante que la había despertado se desplazó de su pecho a su entrepierna, y antes de que pudiera pensar qué estaba haciendo (o qué acababa de ocurrir), su otra mano se había deslizado hasta donde todavía podía sentir su propio pulso.

Después, deslizar sus dedos bajo la cinturilla del pantalón fue lo más fácil del mundo. Descubrir que estaba mojada, algo de lo más natural. Y su clítoris hinchado y erguido, ninguna novedad.

El segundo orgasmo la atravesó antes de que Akane acabara de despertarse por completo, en una mezcla de placer y dolor que era demasiado y no lo suficiente al mismo tiempo. Sus dedos se movían por instinto en círculos y la sensación se alargó durante lo que podrían ser segundos, o una eternidad.

Cuando al fin el mundo se detuvo y Akane abrió los ojos, oscuridad y calma envolvían la noche en un arrullo silencioso.

Fuera, el viento cantaba su serenata mientras en la mente de Akane Tendo se acababa de desatar una tormenta.

Todavía podía sentir un cosquilleo febril cubriéndole la piel por la mañana.

Mientras se cepillaba los dientes, sus ojos no abandonaron la imagen que le devolvía el espejo. Se acababa de duchar, razón por la cual tenía el pelo mojado, pero, por lo demás, quería pensar que su aspecto era el de siempre. Tal vez estaba un poco sonrojada, algo que podía achacar al agua caliente de la ducha, y tal vez los ojos le brillaban un poco más de lo normal, pero, sin duda, nadie sería capaz de deducir la causa con sólo mirarla…

(Además, estaba bastante segura de que tal vez le estaba dando más importancia de la que tenía a todo este asunto, y cualquier cambio físico que para ella era evidente sólo era fruto de su imaginación).

Tras una última inspección en la que se aseguró de que todo estaba en su sitio, Akane salió del baño y se dirigió a su habitación para coger la mochila y su abrigo.

Ranma la esperaba en el recibidor, sentado en el genkan con los codos apoyados en la rodilla y el rostro enterrado en las manos. Cualquiera que no conociera habría dicho que se encontraba en un momento emocional, pero Akane había sido testigo de aquella escena tantas veces que sabía que simplemente estaba tratando de descansar unos pocos minutos más.

—Ya estoy lista —murmuró para no sobresaltarlo.

Ranma apenas reaccionó.

Sacó del armario sus botines y se sentó en el taburete que tenían al lado precisamente para tales fines para ponérselos.

Notó el momento exacto en el que comenzó a mirarla: mientras se inclinaba para abrocharse los zapatos, sintió que la piel se le erizaba. Akane se atrevió a levantar la vista un segundo antes de cambiar de pie. Apenas se había movido, todavía mantenía la misma posición en la que lo había encontrado, pero había girado el rostro lo suficiente como para poder mirarla a la cara.

Tenía los ojos hinchados por el sueño, pero fue su sonrisa lánguida que le quitó la respiración.

(Ranma también había sonreído, en sus sueños. Al mismo tiempo que deslizaba las manos por su cuerpo y Akane temblaba debajo de él, había notado contra su cuello, contra sus pechos, la curvatura de sus labios y la caricia de una risa contenida).

Akane se aclaró la garganta y terminó de subirse la última cremallera. Ranma se puso de pie al mismo tiempo y, en silencio, salieron del reconfortante calor de la casa Tendo.

Afuera, el acerado frío de enero los recibió de golpe. Ranma se arrebujó en su chaqueta y Akane hizo lo mismo, aunque sentía que todo su calor corporal la abandonaba por la cabeza.

—¿Cómo es que no te has secado el pelo? —le preguntó Ranma una vez cerraron el portón y se habían alejado al menos un par de metros.

Akane se estremeció, aunque no supo si a causa del frío o de su voz. Ranma de verdad acababa de despertarse, pues sus palabras sonaban todavía algo roncas.

(¿Cómo sonaría su nombre en sus labios, con aquella voz?).

—No tenía tiempo —mintió.

Secarse el pelo únicamente con la toalla había sido una decisión premeditada. Sabía que necesitaba mantener la cabeza fría (¡ja!) si quería sobrevivir a otro día de escuela donde los exámenes de acceso a la universidad era lo único en lo que debía pensar.

—Pensé que te habías duchado anoche —dijo Ranma en lo que casi parecía un ronroneo, acariciándole los mechones de la nuca con la punta de los dedos.

Akane apretó los labios y le apartó la mano con la excusa de entrelazar sus dedos, como era su costumbre desde hacía ya tiempo. Trató de disimular un escalofrío (¿pues no eran esos mismos dedos los que le habían acariciado la mandíbula con suavidad antes de besarla la noche anterior, la barbilla, los labios?), pero no debió de tener mucho éxito puesto que Ranma tiró de su cuerpo hasta que sus brazos se tocaron y apenas quedaba espacio entre los dos.

Aunque sabía que era imposible notar el calor que desprendía Ranma a través de las múltiples capas de sus respectivas ropas de invierno, Akane sintió que una agradable y cálida sensación se extendía desde el sitio exacto en el que sus brazos se tocaban y se extendía por todo su cuerpo.

También tenía la boca seca. Tuvo que carraspear antes de poder contestarle sin temor a que le temblara la voz.

—Anoche tuve… pesadillas —Akane de verdad, de verdad esperaba que Ranma atribuyera el sonrojo de sus mejillas al frío—. Me desperté empapada en sudor de madrugada. Necesitaba esa ducha —añadió, esta vez con honestidad.

Ranma le apretó la mano con cariño.

—¿Con qué soñaste? —se interesó.

(Su respiración acelerada, un gemido, sus manos rodeándole los muslos, sus labios, presionados contra su pecho).

Akane ahogó una tosecilla.

—No me acuerdo muy bien —murmuró.

Ranma arqueó una ceja, pero no dijo nada. Mientras atravesaban las calles y el panorama urbano se transformaba, dejando atrás zonas íntegramente residenciales, procuró no pensar en que estaba mintiendo, otra vez, y en realidad sí se acordaba, y muy bien.

Precisamente ese era su problema.

—Pero mira que eres tonta —dijo Ranma, al cabo de un rato. Akane lo miró indignada, incluso trató de soltar su mano, pero Ranma no cedió—. Estás helada y creo que ya has pillado un resfriado —fruncía el ceño como si Akane lo hubiera hecho para ofenderlo—. Llevas carraspeando desde que salimos de casa. ¿De verdad que no podías secarte el pelo ni un poquito?

Akane se relajó. Aunque hacía tiempo que Ranma no utilizaba las palabras para herirla a propósito, seguía siendo un chico con poco tacto que no siempre pensaba antes de hablar, y había tal cosa como demasiada sinceridad. No obstante, era evidente que en ese momento sólo estaba preocupado por ella.

—De verdad que no quería llegar tarde —insistió con voz pequeña, aunque desde Año Nuevo ponía el despertador media hora más temprano precisamente para evitar esa eventualidad—. Los profesores están más estrictos que nunca, y necesito hacer tantos exámenes de prueba como pueda.

Ranma, a su lado, suspiró. Aquella era una conversación recurrente los últimos días: Akane repetía hasta la saciedad lo importantes que eran las semanas previas a los exámenes de acceso y Ranma se empeñaba en señalar que estaba más que preparada para abordarlos, aunque no podía estar más alejado de la realidad. Nunca llegaban a un consenso.

En cierto modo, era reconfortante que tuviera tanta fe en ella, si bien no podía evitar pensar que para él era fácil creer algo así sólo porque había decidido terminar su formación académica con el bachillerato.

—Te esfuerzas demasiado —se quejó Ranma, pero calló cuando ella lo miró con el ceño fruncido y se encogió de hombros.

Bueno, al menos tenía las mismas ganas de discutir que Akane.

—Sólo porque tú no vayas a hacer las pruebas, no significa que no debas esforzarte estos días —dijo ella, por no perder la tradición.

—Sí, sí —contestó Ranma. No tenía que mirarlo para saber que ponía los ojos en blanco.

Akane se rió, un sonido explosivo y tan natural que, cuando terminó, por primera vez en lo que iba de día se sintió libre de cualquier carga.

De repente, Ranma se detuvo, obligándola a parar con él. Lo vio mirar a un lado y al otro, y justo cuando iba a preguntarle si ocurría algo, dijo:

—Ven aquí —con ese tono de voz que sólo existía entre ellos dos.

(Anoche, en el dojo, Ranma había pronunciado exactamente las mismas palabras cuando ella había intentado marcharse a su habitación, frustrada porque no acababa de salirle la técnica que trataba de aprender desde hacía semanas. Había utilizado el mismo tono bajo y cadencioso para explicarle que, como en la cocina, Akane pecaba de impaciente a la hora de perfeccionar los movimientos, y en ningún momento la había hecho sentir estúpida, o inferior).

Enterró el rostro contra su pecho cuando la abrazó, sintiendo que todos sus músculos se relajaban a la vez. Era curioso cómo hasta ese momento no se había dado cuenta de lo tensa que estaba, aunque, en retrospectiva, era más que evidente.

—¿Estás bien? Después de… lo de ayer.

Akane por poco se atragantó. A Ranma no le gustaba hablar de los pormenores de su relación, como norma general. ¿Y escogía ese día, en mitad de la calle, para hacerlo por primera vez de forma voluntaria?

—Debería hablar con Shampoo una última vez. Parece que sigue sin entender que no puede colarse así en tu casa cada vez que le da la gana…

Dando una bocanada de aire, Akane alzó el rostro para encontrarse con su mirada.

—Shampoo —repitió—. Estás hablando de Shampoo.

(Y no de cómo la había presionado contra las paredes del dojo, una pierna entre las suyas y las manos alrededor de su cintura)

Ranma sonrió como si no acabara de provocarle una taquicardia.

—Supongo que tienes razón —contestó, .

Akane no tenía ni la menor idea de qué quería decir con ello.

Entonces le miró los labios, se humedeció los suyos, y supo que quería besarla.

Aunque no la besaría, eso también lo sabía a la perfección. Por alguna razón, Ranma nunca la besaba, esperaba que fuera ella quien iniciara cualquier contacto. Con la diferencia de altura que existía entre los dos, eso significaba que en los últimos meses Akane se había acostumbrado a ponerse mucho de puntillas, o a encontrar el cuello, la solapa o bufanda adecuadas para tirar de él y acercar sus rostros.

Podía sentir su palma abierta contra su espalda, e inmediatamente sus párpados se sintieron pesados. Diablos, Akane quería que la besara…

(Así como la había besado la noche anterior, antes de que Shampoo apareciera con su endemoniada bicicleta y se vieran obligados a separarse. Así como la había besado en sueños…).

Tuvo que conformarse con abrazarlo con fuerza.

—Venga —murmuró, frotando la nariz contra su abrigo y deleitándose en esa mezcla de olores (a colonia, jabón, detergente para ropa y algo más que nunca había podido definir) que formaban la esencia de Ranma—. No es momento para distracciones.

Llegaron, como cosa rara, bastante temprano a la escuela. Akane aprovechó esos minutos para reunir fuerzas para el largo día que la esperaba. No supo cómo, pero logró completar dos simulacros de examen a la perfección.

(Y si durante las clases más aburridas se descubría presionando los muslos entre sí, recordando los embates de su lengua, bueno, nadie podía culparla.)

Al finalizar el día, no obstante, estaba tan cansada que lo único en lo que podía pensar era en su cama, para dormir. Tras cenar algo ligero, Akane se había retirado a su habitación para leerse una última vez el temario de Historia cuando Ranma golpeó el cristal de su ventana.

—Un día de estos te vas a resbalar con una placa de hielo —lo amonestó, dejando espacio para que pasara a su habitación.

Ranma permaneció en el alféizar, sin embargo.

—Al menos no tendrás que preocuparte hasta la primavera —dijo. Sonrió con timidez cuando Akane dejó escapar una exhalación de sorpresa—. Lo he estado pensando, y creo que lo mejor es que viva lo que queda de trimestre con mi madre, ¿no te parece?

—Ciertamente no —dijo Akane antes que inmediatamente.

Ranma suspiró y se pasó una mano por el pelo, despeinándose el flequillo. Akane se mordió el interior de las mejillas para controlar el impulso de devolverlo a su sitio.

—Estás muy ocupada —dijo, casi entre dientes—. Siempre estás estudiando, o repasando, o practicando no sé qué ejercicios de matemáticas. Sólo soy una distracción.

—Qué.

Akane estaba, cuanto menos, mortificada.

—¡Lo soy! —insistió.

—¿Y cómo te has dado cuenta? —Akane había confiado plenamente en su capacidad de disimulo.

Ranma dejó escapar una sonrisa despectiva que la dejó helada.

—No hay que ser ningún genio, Akane —y para su más absoluto horror, puso los ojos en blanco.

—Ah —graznó—. ¿En serio?

—De verdad. Y hoy no podrías haber sido más clara…

Oh, Dios. ¿Significaba que ahora todo el mundo lo sabía? Si hasta Ranma se había dado cuenta, entonces sus amigas, sus compañeros del instituto… ¡su familia!

—Sólo es cuestión de tiempo que Ukyo vuelva a las andadas. O Kodachi, si se escapa otra vez del manicomio —continuó Ranma.

… no podría terminar el instituto. Tendría que cambiarse de nombre, irse del país…

Parpadeó.

—Espera, ¿qué?

—¡No porque yo las invite! —se defendió Ranma—. Es sólo que siempre es así. Cuando no es una de mis autoproclamadas prometidas, es algún rival de mi infancia, o alguien a quien mi padre ofendió una vez, o alguien a quien me vendió por comida y estafó…

—Ranma…

—No sé cómo es que averiguan dónde vivo —siguió diciendo—. Pero si vivo en otra casa y van a buscarme allí… ya no te distraerán, ¿no es así?

Sonreía, orgulloso de su razonamiento.

Akane apenas fue capaz de asentir.

—Hoy será la última noche que pase en esta casa —dijo—. Mañana después del instituto iré directamente a casa de mi madre. No quería que te tomara por sorpresa.

—¿Gracias?

Ranma le indicó que se acercara. Akane, todavía con el corazón desbocado, se detuvo justo frente a la ventana.

—Quería darte las buenas noches por última vez —murmuró, inclinándose para tomarle el rostro entre las manos—. Que duermas bien y no tengas más pesadillas —decretó antes de darle un beso en la frente.

Y luego, se marchó. Roja y con las manos cubriéndose el beso, como si temiera que la sensación de sus labios se escapara si dejaba que el aire tocara su piel, Akane se quedó mirando la ventana cerrada durante largos minutos.

Luego, se echó a reír, dejando escapar verdaderas carcajadas que seguro llamarían la atención de cualquiera que pasara por el pasillo.

—El muy tonto no se ha dado cuenta de nada —dijo, aliviada.

Y sin embargo, había encontrado la solución la solución perfecta a su dilema.


NA: ¿Qué tal? Podéis encontrarme en IG bajo el nombre _mago97. Estoy subiendo mis fics a mi cuenta de AO3, donde podéis encontrarme bajo el mismo nombre, y en Wattpad, bajo el nombre de _MaGo97.

Con el día 3 (con 2 días de retraso, I know), nos ganamos el rating M. ¿Qué me decís?