Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra está escrita sin fines de lucro. AU para participar en la dinámica #RanKaneWeek de la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma.


Akane alisó su hermosa maxifalda tableada color amarillo. La blusa blanca campesina con mangas largas y amplias le daba un toque único a su atuendo, logrando que se viera como un bello ángel. Llevaría unos zapatos bajos a juego con el vestido para su comodidad, y optó por cargar una sencilla chaqueta en caso de que la lluvia los tomara por sorpresa. Finalmente su corta cabellera portaba una diadema del mismo color de la falda.

—Akane, te luce muy bien ese atuendo. — Comentó Akari admirando a la mujer.

—¿De verdad lo crees? ¿No me veo mal?— Preguntó ansiosamente.

—Que no.— Akari soltó una risita. —A Ranma le va a encantar. ¿No estás de acuerdo con eso, Naoko?

La pequeña miraba con puchero a su mamá. No es que no le gustará que sonriera, pero no estaba de acuerdo con que saliera con el alien feo. —Si.

Escucharon el sonido de la puerta siendo tocada suavemente. Las tres supieron de quién se trataba, y Akari emocionada soltó un pequeño grito. Akane se sonrojó, sintiendo las mariposas en su estómago tan rebeldes que en cualquier momento explotaría. Y Naoko simplemente hizo otro puchero.

—Vamos a abrir.— Dijo Akari conteniendo su emoción.

Akane asintió, caminando ella primero. Por detrás iba caminando Akari junto a Naoko. La de ojos avellana respiró profundo un par de veces, y luego de ello quitó el seguro de la puerta, abriéndola finalmente.

Ahí parado estaba Ranma, luciendo un pantalón de color negro, una camisa blanca arremangada y sus clásicos zapatos negros. En una de las manos llevaba un ramo mediano de flores frescas, y en la otra un sencillo peluche en forma de nave espacial. Su expresión distaba de la tranquilidad, con un adorable sonrojo en sus mejillas y los ojos abiertos de par en par por ver a Akane tan linda.

Akane ahogó un suspiro, producto de las emociones que la invadían. Se veía muy guapo, y además el gesto del ramo le enterneció.

—H-hola...— Carraspeó. —Estás muy linda, Akane.

—Gracias...T-tu estás muy guapo.

Ranma extendió de manera robótica el ramo de flores hacia Akane. Ella lo recibió con la misma timidez. Akari no hacía otra cosa más que reír discretamente, pero estaba segura de que en cuanto se fueran se soltaría a carcajadas. Definitivamente ese par resultaba muy tierno cuando quería.

—Ah, ehm... si...— Ranma s acercó a la pequeña Naoko, quien estaba detrás de la "maestra sol". —Hola, ¿Cómo estás?

La niña le miró algo reticente. Se aferró al cárdigan largo de la "maestra sol", y asomó su cabeza con actitud algo reservada. —Hola. Bien.

Sonrió un poco enternecido. Era muy parecida a Akane, con sus ojos era capaz de transmitir una familiaridad muy cómoda. Solamente era algo tímida, muy normal teniendo en cuenta de que era el primer prospecto oficial de su mamá después del divorcio. —Me alegro. Tu mamá me contó que te gustan los planetas y todo lo que sea del espacio.

Akane estaba un poco nerviosa por la reacción de su hija, pero trató de relajarse un poco. Seguro esa timidez se le pasaría después de un tiempo.

—Si...

—Te traje este peluche. Espero que te agrade.

Cuando le extendió el peluche, la pequeña niña lo tomó. Un poco cohibida lo volteó a ver. —Gracias.

—Bien, debemos irnos.— Anunció Akane. Se agachó a la altura de Naoko, le tocó la mejilla y la besó tiernamente en la frente. —Volveré más tarde, por favor pórtate bien con la maestra sol, ¿Si?

—Si mamá...

A Ranma le calentó el corazón ver toda esa escena. No solo era muy dulce con él, parecía amar mucho a esa criatura. Sintió emoción, y algo parecido al anhelo. Nunca pensó en formar una familia, pero ahora que estaba viendo todo aquello, por primera vez quiso que ambas fueran su hogar.

El astronauta y el alien.

Parte 4.- Un agujero negro en el mikrokosmos.

Día 5, Tema: Permíteme amarte.

Ambos se encontraban en un restaurante sencillo y tradicional de ramen que el ojiazul conocía. Habían decidido ir a un lugar un poco más intimo y familiar con el fin de poder hablar tranquilamente sobre toda la situación que les rodeaba. Pasaron unos días desde que se sinceraron, y acordaron que debían conocerse más para poder mejorar su relación. Ranma no permitió que Akane se matara trabajando, incluso le concedió el resto de los días libres para poder cuidar a su hija sin tener que estar presionada. Era la primera vez desde aquella ocasión en que se volvían a ver, y al ojiazul le alivió notar como las ojeras en los ojos de la de pelo corto desaparecieron.

—¿Cómo has estado?— Preguntó el pelinegro.

—Bien. Ya he descansado mucho mejor. Naoko se puso muy feliz cuando le dije que me quedaría a cuidarla.

Una sonrisa se posó en su rostro. —Me alegro mucho de que todo haya mejorado.

—Por cierto, muchas gracias por las flores y el peluche para Naoko. Fue un gesto muy tierno. Siendo sincera, era la primera vez en mi vida en la que me entregan un ramo tan lindo.— Comentó sonrojada.

—Debes estar bromeando.

—¿Por qué lo dices?

Una mirada incrédula fue la que se asomó en los ojos azules. —Estuviste casada. Y obviamente antes de estarlo, saliste con ese idiota. — Para ella no pasó desapercibido el tono amargo con el que dijo lo anterior. A Akane le resultó un poco tierno, porque sonó un poco celoso. —Supongo que debió haber tenido detalles así contigo.

—Ah, bueno...— Le estaba dando algo de pena hablar sobre su ex esposo con alguien que claramente planeaba ser su pareja, pero si quería que la confianza se reforzara, debía hacerlo. —Mi ex esposo es alguien de mucho dinero. Pero él siempre ha sido una persona mimada, alguien que no sabe lo que es la humildad y la sencillez. Me divorcié porque me engañó con la que era mi mejor amiga desde la preparatoria. Ese infeliz mujeriego. Aún no entiendo que fue lo que le vi, pero lo único que le agradezco es por darme a Naoko.

—El tipo es un idiota. Mira que yo no dejo de fantasear solo contigo por esa noche que pasamos...— Abrió exageradamente los ojos, dándose cuenta de que sonó como un auténtico pervertido.

Akane no pudo evitar sonrojarse, con una pequeña sonrisilla en el rostro. —Ni siquiera el idiota de Kuno me había dicho algo así.

Ranma, nervioso, rascó su cabeza. —N-no es lo q-que... bueno...e-es s-solo que...

—Te confesaré algo. Nadie lo había hecho tan bien como tú.

Eso le alzó el ego hasta el cielo. —¿De verdad?

Ocultó una sonrisa tras su mano, sintiendo un ligero bochorno. —Me encantaron las palabras sucias y tiernas que me dijiste.

Tras esa declaración, Ranma se coloreó enormemente. Pero, es que en ese momento que hicieron el amor, él no dejaba de tratar de consentirla. En la cama solía ser brusco, Xian Pu lo podía confirmar, pero con ella se decantó por combinar lo rudo con lo suave. Y era increíble que, en este preciso momento, tuvieran la confianza de decirlo abiertamente. Ranma aclaró su garganta para poder pasar de tema.

—Naoko es un lindo nombre, ¿Por qué se lo pusiste?

—Por mi madre. Ella falleció cuando era muy chica. Nunca la llegué a conocer bien, se fue de este mundo por una enfermedad.

Los ojos de Ranma se entristecieron. —Lamento mucho eso.

Era un tema un poco turbio para ella, pero hablarlo con él era como si se sintiera ligero. Y eso era una buena señal, con Kuno nunca pudo abrirse de esa forma tan íntima en poco tiempo como con el de trenza. —Descuida. Quien nos crio fue mi padre. En realidad, tengo una familia que me ha ayudado, mis hermanas me han mandado en algunas ocasiones dinero y regalos para mi niña. Y aunque tengo la posibilidad de irme a vivir con ellos, no lo hago porque quiero ser la heroína de Naoko.

—Eso suena increíble.

—Para mi, Naoko es como la luna. La luna tiene un brillo que ilumina a la tierra, entonces ella ilumina mi vida con su simple existencia.

Las palabras eran lo más dulce que había escuchado. Su mamá le decía cosas lindas, pero el ver a una madre que realmente adoraba al fruto de su sangre como si se tratara del mismísimo Bodhisattva lo emocionó de sobremanera. —Nunca había escuchado a alguien hablar de esa forma de su hijo. Ni siquiera mi mamá, que me adora, lo hace.

—Creo que simplemente la amo demasiado. Es por eso que peleo su custodia. Otra de las razones por las que no me había ido a mi ciudad de origen, es porque Kuno amenazó en los tribunales con quitarme a Naoko si lo hacía. Lo cuál es irónico, porque no se ha interesado en verla ni la ha procurado.

—Es una mierda andante.— Se cruzó de brazos, indignado por escuchar todo eso. —Si que tenías pésimo gusto para los hombres.

Akane frunció el ceño ligeramente. —Por esta vez te daré la razón y te lo paso. Mira que fijarme en el señor berrinches.

—O-oye...— Le replicó.

—Bien, dejemos eso de lado. Hay algo que quería preguntarte, ¿Por qué tienes una trenza en el cabello?

Se tocó aquella parte. —Ah, esto. Me la hice en China. Es que mi padre me llevó de entrenamiento un año después de lo que ocurrió... ya sabes, en el hospital.

Las palabras cesaron de repente. Para ambos estaba siendo complicado sincerarse y entenderse de mejor forma, pero era una barrera que debían superar si querían estar juntos.

—¿Que hiciste después de aquél accidente?— Akane tenía curiosidad. Tantos años viviendo con el recuerdo de aquél suceso debieron ser difíciles y muy escabrosos. La orden de ramen llegó a su mesa, y en cuanto el mesero se retiró, Ranma rompió la atmosfera inquietante.

—Mi padre siempre había querido que fuera un artista marcial experimentado como él. Me llevó de viaje a varias partes del mundo, pero cuando ocurrió lo de mamá, hizo una pausa. A partir de ese momento, sus peleas disminuyeron. Pero seguí con la culpa por muchos años. Incluso, a día de hoy, me es difícil quitarme los restos.

—Debiste pasar por un momento muy difícil.

—¿Sabes? Aunque tuve que ir a terapia, hay una parte de mi que aún no los comprende y perdona del todo.

Agachó la mirada, sintiendo como sus palabras eran realmente sinceras. No podía imaginar la tormenta que en su cabeza y corazón pasaba. Le daban enormes ganas de abrazar a ese pequeño niño perdido, y si ella hubiese estado en ese momento, si que lo haría. —Es comprensible. Eras muy chico para entenderlo.

—¿Recuerdas que en la primera cita dije algo sobre los niños que crecen afectados? Creo que me proyecté en esa platica. A veces hubiese preferido que mis padres se separaran, porque es difícil verlos pelear todo el tiempo, envueltos en tanto caos y locura.

—Es por eso que también me separé. Ella también estaba siendo lastimada. No podía permitirlo.

—Naoko tiene suerte de tenerte.

Sin mencionar algo más, y con una gran sonrisa, comenzaron a comer.

—¡Naoko! Ya está lista la comida.

Naoko se encontraba rayando dibujos, una y otra vez con sus crayones. Hizo garabatos disparejos en varios dibujitos de aliens, incluso, en una revista infantil, las ralladuras cubrían gran parte de los extraterrestres que estaban presentes. Los estaba con tanta insistencia que llegaba a romper las hojas de papel en el proceso. Y es que odiaba a los alien. Antes le parecían divertidos, ahora, gracias al alien gigante y feo que secuestra a su mamá, ella está sin poder jugar ni disfrutar de su astronauta.

Cuando escuchó a la maestra sol indicando que ya estaba la comida, se levantó perezosamente de su mesita y se dirigió hacia el comedor, cargando su peluche de estrella.

—Definitivamente necesitan unos nuevos recipientes de plástico. Akane es un poco descuidada y los termina quemando en la orillas.— Se quejaba mientras apagaba la lumbre de la estufa.

Naoko no decía nada, simplemente estaba callada y muy quieta, esperando su comida.

Akari sirvió los dos platos del platillo favorito de la pequeña. Le extendió uno a Naoko, quien lo recibió un poco apática. —¿Estás bien, Naoko?

Hizo un puchero. —¿A que hora regresa mamá?

—Supongo que regresará hasta la noche. ¿Por qué?

La miró con el puchero nuevamente. Su pequeña boquita estaba fruncida, tanto que parecia como si estuviese imitando a un patito. —Es que quiero jugar con ella.

—Oh, pero no debes preocuparte por eso. Yo puedo jugar contigo.

—No, no quiero. Quiero jugar con ella.

Su ceño se frunció un poco. —Naoko, pequeña, tu mamá necesita a veces un pequeño descanso. Dejemos que ella se divierta, ya habrá tiempo para los juegos con ella, ¿De acuerdo?

No dijo nada. Simplemente se encogió de hombros y comenzó a comer, poco a poco. Esta situación dejó pensativa a Akari. Lo que había sospechado parecía estar pasando, así que decidió que hablaría con Akane sobre ello en cuanto llegara.

Después de una larga plática en el restaurante, salieron a caminar al parque cercano. Era agosto, y las lluvias estaban a la orden del día. Las nubes se encontraban grises, pero había sol, por lo que aún tenían mucho tiempo para pasear. Esa parte estaba algo solitaria, no había tanta gente transitando, a pesar de ser un lugar donde había demasiadas casas tradicionales que llamaban fácilmente la atención de los turistas.

—¿Y cómo hiciste para librarte de la prensa? Porque Xian Pu me dijo que hubo mucho acoso por parte de todos.

—Ryoga les ofreció dinero para que no dijeran nada. Es más, incluso, en este momento, alguno de ellos nos pueden estar observando.

Akane, curiosa, comenzó a voltear en todas direcciones. Fue ahí cuando, descubrió a alguien que portaba un cubrebocas y lentes oscuros, escondido detrás de su periódico y sentado en el banco cercano a uno de los juegos infantiles. Abrió su boca, impresionada por todo eso.

—¡¿Nos han visto ya?!

Resopló. —Desde la cita a ciegas, pasando por el aniversario, y ahora mismo. Si, han seguido nuestros pasos.

Se puso nerviosa. —Cielos... ¿De verdad estás seguro de que Ryoga les paga bien para que no hablen?

Rio para que no siguiera preocupada. —Todo está controlado. En realidad, poseo demasiado dinero. Tanto como para hacerle competencia a tu ex.

La mujer no se había percatado de cuanto poseía. Cuando fue a su departamento aquella noche mágica, si bien sí que se dio cuenta de que había mucho lujo, parecía que vivía como una persona normal. Su auto no era de último modelo como los que tenía Kuno. Tampoco tenía un chef privado, ni servidumbre. Incluso, la única ocasión que había visto que gastara mucho fue en la cita a ciegas, en aquel restaurante caro. Por lo general, en el gimnasio solía comer en la cafetería, y cuando lo veía usar ropa casual no vestía con marcas extravagantes.

—Vaya, no pareces millonario.

Ranma agachó la cabeza, repentinamente tímido. —No me gusta presumirlo, pero, mis padres desde siempre han sido ricos. Desde que recuerdo, siempre vivimos como una familia sencilla, sin muchas pretensiones salvo nuestra casa. La única persona millonaria que lo hace obvio, y de la cual soy amigo es de Ukyo. La chica con la que te cruzaste la vez pasada.

—Oh, es cierto.— Volver a escuchar ese nombre le produjo náuseas. Pero necesitaba que le repitiera que en serio no había nada entre ellos dos. —¿Qué hay de ella?

Resopló con aire melancólico. —Ukyo es solo eso. Mi amiga de la infancia. Solo que, entre sus padres y los míos siempre le han dado ideas erróneas sobre lo nuestro. Es por eso que insiste.

—Entonces... Ukyo es tu amiga de la infancia, y tus padres con los de ella quieren casarlos por conveniencia.

—Si.— Suspiró. —Ukyo es una buena chica, pero siendo sincero, jamás me ha llamado la atención.

—Yo juraría qué sí. Es linda.

—Tal vez si, pero no me gusta.

—¿Y por qué no? Podrías haberle dado una oportunidad.

—No. No es mi tipo.

—¿Y yo lo soy?— Preguntó, entre curiosa y con un toque coqueto.

—No te creas tan especial. Tienes un carácter algo difícil de sobrellevar.— Respondió jugando.

—¿A sí? Pues lo mismo podría decir de ti, bobo.— Le sacó la lengua. Solo con él se permitía ser así de infantil.

De repente y sin avisar, gotas de lluvia comenzaron a caer. Ninguno llevaba un paraguas, por lo que tan pronto empezó la tormenta Akane lo tomó de la mano y se dirigió al primer lugar donde hubiese un techo para cubrirse de la pequeña tormenta que había iniciado. Terminaron parados cerca de una tienda con una maquinita de peluches, y a su alrededor no había nadie, por lo que estaban en un lugar cómodo.

—¿Estás bien?— Preguntó ella, consciente de que a él no le agradaba la lluvia.

Ranma se sentía menos abrumado que otras veces. Seguía sin sentir simpatía con el agua, pero al menos ya no la aborrecía del todo. —Si, estoy bien.

Akane lo miró, y descubrió que se habían mojado un poco. —Tu pelo está húmedo.— Levantó su brazo, tocándole el cabello y sacudiéndolo ligeramente, buscando secarlo de esa forma.

Cuando notó su tacto, Ranma la observó. Con aquella plática que tuvieron, supo que quería estar con ella. Escuchar como hablaba de Naoko hizo que el sintiera cierto cariño hacia la pequeña. Quería ahondar en su vida, quería ser parte de ella y descubrir las maravillas que ambas guardaban. Volteó su cuerpo en dirección a Akane, tomó su mano de manera suave y entrelazó sus dedos con los de ella. La lluvia fina sonaba como una dulce melodía, dejando atrás la melancolía que para él representaba.

Akane iba llegando a su departamento, con una gran sonrisa y sintiendo sus mejillas enrojecidas. Está vez estaban iniciando con el pie derecho, sin discusiones ni malentendidos de por medio, y eso le fascinaba.

Se relajó en cuanto entró a su hogar, avisando que ya estaba en casa. Quien salió en su vista fue Akari, con el libro favorito de Naoko en sus manos.

—Hola, Akari, ¿Naoko ya está durmiendo?

Akari asintió. Sin embargo, su gesto expresaba preocupación. —Akane, debo hablar contigo sobre algo.

—Si, claro...

Cuando vio a Akari irse un poco seria al comedor, supuso que la plática no sería muy grata. Algo estaba pasando, pero debía de saberlo para poder solucionarlo. La siguió, y cuando llegaron ambas se sentaron en aquella mesita de madera. Akari dejó el libro a un lado, mientras que Akane sostuvo fuertemente su bolso. El gesto de la esposa de Ryoga no indicaba algo amigable.

—¿Qué sucede, Akari?

—Sucede que...— Resultaba muy difícil decirle eso a Akane, no solo porque se trataba de una muy buena amiga, si no porque era un tema delicado para una madre. —Parece ser que Naoko no está feliz.

—¿De que hablas? ¿Por qué lo dices?

—Encontré esto.— Tomó el libro del cuento, abriéndolo y sacando algunas hojas blancas con dibujos. Se las extendió a su amiga, mostrando los garabatos de alien rallados con colores oscuros. En otro de los dibujos, estaba un planeta muy chico, alejado de un astronauta. —Le pregunté que significaba eso. Me dijo que el pequeño planeta era ella, y que le hizo todo eso al alien porque es feo y no le gusta.

Akane estaba un poco consternada. Miró todos los dibujos, notando como su pequeña dejaba de usar crayones de colores vibrantes y pasaba a usar tonos más opacos. Tomó con delicadeza el dibujo del planeta, sintiendo su corazón estrujado por aquello. —No entiendo... ¿Qué es lo que está pasando con ella?

—Seguramente el cambio de rutina le ha afectado. Has trabajado muchas horas, has llegado muy cansada y ella quiere jugar contigo. Además, creo que ahora lo que le desagrada es Ranma.

—Oh dios.— Llevó su mano derecha a su boca, mordiendo ligeramente sus dedos. —Akari, ¿Qué debo hacer?

—No soy psicóloga infantil, pero te sugiero que intentes hablar con ella. En caso de que las cosas empeoren, tal vez sería buena idea retomar su terapia.

Asintió. Ahora el miedo se había vuelto a disparar, ¿Y si Naoko y Ranma no llegaban a congeniar?

Akane estaba intentando remendar un suéter de Naoko. Ese suéter era el favorito de la niña, pero no le habían dicho que se rompió durante uno de los juegos que tuvo con el resto de los niños de su clase. Se pinchó un dedo. Kasumi, su hermana mayor tenía razón. Remendar a veces era muy complicado.

Eran las seis de la tarde, y Naoko se encontraba dibujando en su típico cuaderno. Sin embargo, Akane la notó muy callada. Demasiado.

—Naoko, ¿Que dibujas?— Preguntó de manera amistosa.

La pequeña solo hizo un puchero. —Dibujo cosas.

—¿Me muestras?

Negó con la cabeza, sin embargo, no tenía la misma energía con la que normalmente se dirigía a ella. Esto contrarió un poco a la pelicorto.

—Oye... Naoko...

—¿Huh?

Se levantó de su lugar y caminó hacia donde estaba su luna. Acarició su pelo lentamente, con mimo y esmero. Luego, situó un mechón por detrás de la oreja.

—¿Está todo bien?

Asintió en silencio.

—¿Segura?

—Si.

Akane le dio un besito en la sien y regresó a su labor, no sin antes dirigir una última mirada a su luna, con algo de preocupación. Esperaría antes de tomar la decisión de volver a terapia con su pequeña.

Un día lunes se asomaba nuevamente, y Akane sentía una dualidad arrebatadora de emociones intensas. Por una parte, estaba alegre. Ya había pasado alrededor de mes y medio desde que Ranma y ella habían empezado a tener citas románticas, a veces saliendo del trabajo, otras en los fines de semana. Durante todo ese tiempo, hablaron sobre sus vidas. Conversaron hasta que el aliento se les agotaba. En otras citas, solamente se acompañaban en silencio. Un día podía ser una película romántica de esas que le encantaban a ella en el cine, al otro día podía ser una cena en un lugar bastante tranquilo.

Redescubrió a Ranma por completo. Resultó ser verdad lo que le dijo Xian Pu, el de trenza donaba a distintas fundaciones, y no solo eso. No, resultó ser todo un caballero. Si bien seguían riñéndose en plan broma, también se convertía en un hombre atento cuando se lo proponía. Y tímido. Le sorprendía que en la ocasión en la que se acostaron fuera dominante, pero cuando intentaba darle la mano se ponía rojo como un tomate.

La parte negativa, es que todo ello había conllevado a que Naoko se cerrara un poco con ella.

Durante todos los días anteriores estuvo intentando hablar con Naoko. Lamentablemente, la niña no se abría al diálogo, por lo que ahora debía conversar con Ranma y poder encontrar una solución a ese pequeño gran problema. La había llevado a la primaria, y prometía pasar a recogerla para volver a recuperar la rutina con ella. Tal vez eso es lo que le haría más feliz y con ello pudiera volver a recuperar su confianza.

Entró al gimnasio, saludando como siempre a la recepcionista. Firmó su entrada, y luego de eso se dirigió a la sala de entrenamiento para judo. De repente, al doblar una esquina en el pasillo, sintió como la tomaban de la cintura y la jalaban hacia una dirección. A nada estaba de gritar cuando sintió un abrazo muy fuerte. El olor familiar le dijo de quien se trataba, por lo que correspondió ese abrazo entre risas.

—¡Tonto! Se más cuidadoso. ¡Casi me asustas!

—Se dice "buenos días, cariño".— Contestó revolviendo el pelo sedoso con ahínco.

—Aún no somos nada, "cariño".— Replicó burlonamente mientras cerraba los ojos y disfrutaba de aquél detalle pequeño.

—Tienes razón. "Cariño".

Se separó de él, notando que usaba su característico traje de entrenamiento. —¿Vas a entrenar?

—Si. Necesito estar en forma. Las competiciones son el año que viene, pero necesito empezar a esforzarme desde ya.

Le sonrió. Sin embargo, a su mente regresó la problemática que le estaba aquejando. —Oye, necesitamos hablar.

Caminaba un poco preocupado. Una y otra vez daba vueltas afuera del complejo de departamentos. Llevaba alrededor de diez minutos esperando a Akane y a su hija, y con cada minuto que pasaba más nervioso se encontraba. ¿Cómo te ganas la confianza de una niña pequeña? ¿Con esos regalos que había comprado bastaría? ¿Debía bromear con ella? ¿Cómo se trataba al hijo de alguien más?

Rascó su cabeza y pateó una roca que encontró en el suelo. A petición de Akane, ese día tendrían una salida los tres al parque de diversiones, con la finalidad de que Naoko aprendiera a tomarle cariño a Ranma. Había tenido que modificar el horario de ella para que pudiera pasar más tiempo con su hija, imposibilitando que pasaran más tiempo juntos. Ahora, en ese parque con la niña, ¿Cómo debía comportarse? ¿Podría siquiera tomar la mano de Akane?

Akane salió acompañada de Naoko. La pequeña traía un lindo vestido de color azul cielo, mientras que Akane lucía un short y una blusa a cuadros. El día estaba resultando algo caluroso después de las tormentas de la semana pasada, por lo cual habían optado por atuendos más ligeros. Se acercaron al pelinegro, quien les sonrió un poco ansioso.

—Lamento la tardanza. No encontraba el vestido de Naoko.

—No se preocupen. —Miró a la niña. Ella estaba haciendo otra vez un puchero algo marcado, lo cual puso más nervioso al de trenza. Debía ser cuidadoso con lo que decía o con el tono de voz que usaría. —H-hola...

—Hola.— Respondió reticente la criatura.

Ranma se agachó hasta estar a su altura. Le sonrió amistosamente para que ella lo relacionara con alguien bueno. —¿Cómo estás?

—Bien.

—Me alegra saberlo. Escucha. Te compré algunos juguetes que están en el auto, espero que te agraden.

No recibió respuesta. Naoko inmediatamente se acercó a su mamá y la agarró de la mano. —Ya vámonos, mamá.

Akane observó a Ranma, quien lucía tremendamente en shock, agachado y pasmado. La niña lo había rechazado, y si eso pasaba en ese momento, quien sabe que pasaría en el parque de diversiones.

Llegaron sin complicaciones al lugar. Durante todo el camino, el silencio había reinado por completo. Naoko no decía ni una palabra, incluso Akane trató de hacer que hablara, pero la niña solo iba distraída mirando por la ventana. Ranma había tenido que poner música de la radio para siquiera animar el ambiente, pero nada había funcionado. Parecía que se había vuelto de hielo, y no supo cómo sentirse al respecto.

Ahora estaban formados en la rueda de la fortuna, esperando su turno para acceder. Akane le pidió a Ranma que por favor fuera por unas golosinas mientras ella se subía con su niña al juego. Tal vez estando ambas solas podría hacer que dijera algo. En cuanto fue su turno, ambas se subieron a la cabina colorida. La rueda comenzó a girar, mostrando las diferentes vistas del lugar según la altura.

—¡Mira! Desde aquí se ve todo diferente. ¿No te gusta, Naoko?

—Si.— Respondió apática.

Akane suspiró. Sintió que retrocedió por completo con su niña, como si estuvieran recién superando la separación. —Naoko, querida, creo que necesitamos hablar. Dime una cosa, ¿Estás enojada con mamá?

—No. Mamá es la mejor.

Sonrió satisfecha de escuchar eso. —Sé que no puedo obligarte a hacer algo que no quieras, pero...¿Crees que podrías darle una oportunidad a Ranma? Es una buena persona.

Sacudió la cabeza de un lado a otro. —No me gusta ese alien. Es feo, es malo y es egoísta.

Agachó un poco la cabeza. Tal vez fue su responsabilidad, no debió decirle a su hija las cosas malas de él. —Por favor, hazlo por mamá. ¿Si? Verás que descubrirás a un alien hermoso.

Naoko asintió levemente, mientras apretujaba su amado peluche de estrella morada. No quería al alien, pero por su mamá intentaría ser una buena luna.

El día estaba pasando relativamente normal para los tres. Akane se había dado cuenta de que Naoko resultaba ser una personita muy competitiva, pues no había dejado de desafiar a Ranma en los juegos de arcade y de habilidad. En parte, tomaba eso de manera positiva, creyendo que quizá ya empezaba a haber un acercamiento. Lo que no sabía, es que la pequeña en realidad estaba compitiendo con el alien feo para demostrar que era mejor que él. Para Ranma, eso no pasó desapercibido, y trató de ser paciente pero su mecha corta se estaba acabando. Llegó un momento en el que incluso le sacó la lengua a la niña, sumamente molesto.

Ahora mismo Akane estaba afuera de los carritos chocones, mientras tanto Ranma estaba con la pequeña en el juego. Naoko le suplicó a su mamá que la dejara pasar con Ranma, y aunque Akane dudó, al final aceptó. La niña había elegido subirse a uno junto a él, a cambio de que ella condujera, Esto dejó a Ranma completamente desesperado. El de trenza quería hablar con ella pacientemente, pero todo lo que hacía la niña era chocar una y otra vez el carrito, obligándolo a intentar reducir la velocidad. No eran los únicos en el juego, pero parecía existir una rivalidad entre ellos dos tan palpable que varios de los que se subieron simplemente avanzaban poco a poco.

—¡Oye, Naoko! ¡Basta!— Gritó cuando sintió un choque en la parte trasera del carrito.

—¡Alien feo!— Le sacó la lengua, mientras miraba el volante y chocaba nuevamente y con un movimiento más brusco.

—No seas maleducada...

El juego terminó, y todos salieron de ahí. Ranma se levantó y alcanzó a la niña, quien ya llevaba unos pasos más adelante que él. Trató de tomarla de la mano, pero ella se adelantó y caminó más rápido. Apretó los puños, ya se había colmado su paciencia. Ahora si intentaría sacarle todo por las malas.

—Naoko...

—Eres muy feo. ¡Mamá no te quiere por feo!

La alcanzó y le tomó de la mano sin lastimarla. La miró ceñudo, trató de serenarse y comenzó a hablar. —Escucha, estoy intentando que hablemos.

—¡No quiero!

La pequeña empezó a removerse, llamando un poco la atención de la gente a su alrededor. Ranma se puso nervioso y la soltó. —Naoko, detente, por favor.

—¡No! ¡Mamá no te quiere!— Comenzó a hacer berrinche, agitando sus brazos de manera exagerada.

—Naoko...

—¡Tu le hiciste daño a mamá! ¡Te odio!

Akane escuchó el escándalo cerca de la entrada del juego, por lo que corrió hacia ellos. —¿Qué sucede?

—¡No te quiero alien feo!

La pelicorto tomó a su niña en brazos y la trató de tranquilizar. Miró a Ranma, notando que estaba visiblemente exhausto y frustrado. Tal vez era mejor regresar a casa y tener un buen descanso por ese día.

Naoko estaba en su cama, completamente dormida. Akane le acarició su mejilla dulcemente. Intentó adivinar que es lo que ocurría, pero simplemente no sabía que hacer. Recordó la primera vez que tuvo que llevarla con una terapeuta infantil. Debido a que el contacto con su padre desapareció, Naoko quedó afectada, su autoestima decayó. Todas las noches lloraba, preguntándose si es que su papá no la quería. Era una niña que estaba marcada por la indiferencia de quien debía ser su segundo protector.

Una sonrisa triste se formó en su rostro. Su plan no había funcionado, y esperaba que el tiempo ayudara a afianzar la confianza. Sin embargo, si eso no llegaba a pasar, ¿Qué debía hacer? Estaba enamorada, pero antes de ser mujer, era mamá. Y antes de un hombre, estaba su luna.

¿Podría ella tolerar el dolor de romper un corazón?

Pasaron unos cuantos días más, y las cosas con la niña no estaban mejorando. Cada día se retraía más y más. Ya no la escuchaba hablar sobre los planetas con entusiasmo, ni tampoco la había visto colorear sus libros infantiles. Y siempre que veía el libro de los planetas, estaba abierto en la página donde aparecía 134340. Era como si un agujero negro se instalara en el corazón de su hija, y eso le dolía profundamente.

La clase que impartía había terminado, y ella creyó que era la única persona que quedaba en el lugar. Pero tal parecía que no. Ahí, frente a ella, estaba aquél muchacho que se había convertido en un gran alumno para ella.

—Shinnosuke, hola.— Saludó tenuemente.

El castaño se acercó. —Señorita Akane, hola.— Al notar su triste gesto supuso que algo no estaba bien. —¿Ocurre algo?

Ella le miró. Tal vez si lo platicaba con alguien más podría encontrar alguna pista de que hacer. —Naoko ha estado distante. Verás, estoy intentando tener una relación con el dueño del gimnasio, el señor Saotome.

Al chico no le agradó mucho saber eso, aún así, entendió que no podría tener una oportunidad con ella. —Ya veo. Supongo que a ella no le agrada su novio, ¿No es así?

—Si. Y no sé que hacer. Shinnosuke, cuando cuidaste a Naoko, ¿Notaste algo distinto en ella?

Aquél chico se quedó pensativo. —Recuerdo que estaba un poco triste. Decía que extrañaba a su mamá, y que ella era como un planeta... ¡Ah! Si, dijo que era como Plutón. Un pequeño planeta.

Agachó la mirada. Akane no notó las señales que hace tiempo dio, y todo por su empeño en querer conseguir dinero y por su terrible orgullo. —No lo noté. Creo que no he sido una buena madre.

Shinnosuke se sintió mal por ella. No merecía nada de lo que le pasaba, pero poco podía hacer. —No la conozco más que hace poco, pero si hay algo en lo que pueda ayudar, lo haré.

Ella le agradeció con la mirada. Y antes de que pudiese decir algo, recibió una llamada.

Corrió a toda velocidad hasta que llegó a la puerta principal de la primaria. Cuando consiguió que la dejaran pasar, se dirigió hacia la dirección. Al llegar, encontró a Akari con gesto preocupado, y a Naoko con el uniforme sucio y el pelo revuelto.

—¡¿Que sucedió?!— Preguntó preocupada, agachándose a la altura de la niña para examinarla.

—Naoko se peleó en clase con otro pequeño. El otro niño está adentro de la oficina, con la directora.

—¡Él empezó!— Gritó la pequeña.

Akane le tocó la mejilla. —¿Qué fue lo que pasó?

—¡Ese niño se estaba burlando de mí! ¡Decía que mi papá no me quería!

—¿Que? ¿Por qué te dijo eso?

—¡Porque no aparece en las juntas de padres! ¡Y porque no ha venido a verme a la escuela!

Akane intentó calmarla acariciando su cabeza con parsimonia. —Naoko, sabes que eso no importa. Somos muchas las personas que te queremos demasiado.

—¿Quienes?

—La maestra sol y su esposo, ¿No es así?— Volteó a ver a su amiga, quien asintió. —También el abuelo y tus tías. Yo también, sabes que eres mi luna. Y, bueno...a Ranma le caes muy bien...

—¡Odio al alien! ¡Lo odio!— Gritó esto cruzándose de brazos.

Akane suspiró. Estaba perdiendo el control de la situación.

Ranma golpeó con todas sus fuerzas el muñeco, rompiéndolo seriamente. Ya era el quinto títere que terminaba destrozado debido a su fuerza bruta, y es que todo lo que estaba generando que se la pasará así de enojado y frustrado era toda la situación con Naoko. No sabía que más hacer, durante todo ese tiempo solo intentaba acercarse a ella y conocerla. Pero parecía poner una barrera protectora, al igual que su mamá hizo.

¿Es que acaso era propio de los Tendo hacer eso?

—¡¿Que mierda debo hacer?! ¡Ah!— Golpeó el suelo, cabreado hasta la médula. Luego de eso, se tocó la cabeza con frustración.

—¡Oh, mierda!

Ryoga entró al gimnasio, y lo primero que lo recibió fue la imagen del ojiazul molesto, con el muñeco hecho trizas y el sueño quebrado. Silbó al darse cuenta de lo costoso que sería volver a colocar ciertas piezas de duela en su lugar.

—¿Qué quieres?— Preguntó irritado.

Frunció el ceño. —No me hables así. Mejor explícame, ¿Qué sucede? ¿Te peleaste con Akaner nuevamente?

—No.— Bufó. Necesitaba un consejo para afrontar lo que estaba pasando. —Naoko.

—¿Qué tiene Naoko?

—No me quiere cerca de Akane.

Ryoga no pudo evitar reír. —Naoko es una niña muy tierna. Tal vez no te has comportado de la mejor manera con ella.

—Le he llevado juguetes, peluches, he intentado hablar con ella pero no responde de la mejor manera.— En sus ojos se notaba el abatimiento y la desesperanza. No quería ser pesimista, pero tenía miedo nuevamente. —Naoko está cerrada a mi. Y no sé que hacer.

En cuanto escuchó la voz decaída de su amigo, supo que hablaba muy en serio. Suspiró profundamente. Era increíble, parecía que la vida no los dejaba en paz. Si no eran ellos y sus malentendidos, era la pequeña hija de Akane.

—Ranma, es normal. Naoko seguramente está muy confundida. Es una niña pequeña que pasó de tener casi todo el tiempo a su mamá solo para ella, a compartirla con un extraño.

—Ryoga, ¿El ex esposo de Akane quiere a su hija?

Su amigo negó. —Cuando Akane se embarazó de Kuno, al inicio parecía estar feliz por ello. Pero una vez que pasaron los años, dejó de interesarse en ella. Cada cumpleaños, Naoko pide que si papá la quiera.

La declaración fue suficiente para que el ojiazul comprendiera que estaba pasando. La niña tenía miedo también. Lamentablemente, poco podía hacer más que ser paciente para poder acercarse a ella.

Naoko estaba enojada. Muy enojada, tanto que sentía que en cualquier momento explotaría. No quería ir a la escuela, pero debía de hacerlo. Su mamá no la castigó, pero si le hizo saber que estuvo mal pelearse con otro niño. Pues ahora no solo estaba enojada con el alien, sino que también con su mamá. Ya no la veía como ese astronauta tan maravilloso, ahora la sentía como otro alien.

Mientras refunfuñaba, encontró una carta en el buzón de correo. Se apresuró a tomarla, abriéndola. Leyó un poco del contenido, y al ver de quien era se emocionó. Estaba tan contenta por ello, que decidió que iría al lugar pactado a la hora indicada. Guardó la carta y se la llevó.

Ya vería ese niño. Ella se vería de nuevo con su padre, y así se arrepentiría de sus palabras.

Akari estaba exhausta. Ser maestra de primaria era una labor muy difícil, pero lo hacía con mucho gusto. En ese día, lamentablemente, a Akane se le había atravesado algo con respecto a su trabajo, por lo que ella quedaba a cargo nuevamente de la pequeña Naoko. Y Akari no podía estar más que encantada de cuidarla. Sin embargo, ese cansancio hizo efecto en ella, logrando que para las seis de la tarde estuviera en el quinto sueño, sin poder escuchar como la puerta del departamento se abría, y la pequeña silueta desaparecía.

No pensó que en serio tuviera que quedarse más tiempo por una junta con el comité de artes marciales, todo para poder convencerlos de que ella podía llevar la competencias femeniles a otro nivel.

Al menos Ranma le había prometido que la llevaría a casa, además de comprarle una rica cena a ella y a Naoko para compensar todo el tiempo que gastó.

Akane sonrió ampliamente. El pelinegro no quería darse por vencido, aún si la niña había demostrado ser tan cabezota como ella. Y eso le alegraba, aunque por otro lado, recibir la carta de Kuno le puso los pelos de punta. En aquella misiva le indicaba que vería a la pequeña cerca de una estación de tren a las siete de la noche. Ella no creyó en su palabra, así que descartó la carta, solo que no recordaba si la había dejado nuevamente en el buzón o si la había tirado a la basura.

Se estiró, logrando que sus músculos se relajaran. Estaba exhausta, y comprobó que el de trenza también por como la imitó. Lo miró soltar un largo bostezo y rascarse un poco los ojos cansados.

—No pensé que esa junta se alargara demasiado.— Dijo ella.

—Ni yo, pero ya sabes. Querían propuestas, así que se las tuvimos que dar.

Akane iba a decir algo más, cuando su celular comenzó a sonar. En la pantalla se leía el nombre de Akari, así que supuso que Naoko quería saludarla. Contestó la llamada. —¿Diga?

¡Akane! ¡Naoko no está!

Ranma conducía apresuradamente por toda la ciudad. Miraba cada estación de trenes que podía, intentando localizar a la pequeña criatura. Akane estaba a su lado, sentada en donde normalmente iban los copilotos, atenta a los alrededores. Estaba oscuro, y que una niña de apenas cinco años estuviera sola no era bueno. Si bien el país era más seguro que muchos otros en el mundo, aún seguía habiendo riesgos que corría una niña tan pequeña como ella.

Dio vuelta en un cruce, y estaban a nada de rendirse cuando observaron algo. Akane afinó su vista, logrando enfocar a la personita que estaba buscando.

—¡Ranma! ¡Naoko está sentada ahí!

El pelinegro bajó la velocidad y estacionó el coche en un lugar donde estuviera permitido hacerlo. Bajaron apresurados, sobretodo Akane, quien no pudo evitar ir corriendo hacia su luna.

—¡Naoko!— Gritó la pelicorto, con la voz sumamente cargada de alivio.

A lo lejos, Ranma pudo observar como Akane abrazaba con mucho sentimiento a Naoko. La pequeña no respondía, estaba muy triste, pero no daba señales de responder a su madre. Sus pequeños pies colgaban del banco donde estaba sentada, y sostenía su peluche favorito entre sus brazos. Le dio pesar observar como sus ojitos parecían hinchados. Seguramente había estado llorando todo ese tiempo.

—¡Me asustaste mucho! ¿Por qué lo hiciste?— Preguntó mientras le descubría la cara cuidadosamente, apartando los pelitos que obstruían su visión.

—Papá mandó una carta para mí. Me dijo que vendría a verme.

Ante esto, Akane simplemente soltó algunas pequeñas lagrimas. Se sentó a su lado, y le tomó la mano tranquilamente. No iba a regañarla, aún si otras madres le dijeran que necesitaba una gran reprimenda y castigos, ella sabía que en el caso de su luna no sería posible. —Naoko, ¿Estás enojada conmigo?

Naoko negó. —Tal vez un poco.— Reiteró, después de haber dicho una mentirita piadosa con su cabeza.

Ranma no sabía que hacer. Estaba parado, esperando una señal para poder acercarse. Nunca había tratado tan cerca con niños, y eso era demasiado nuevo para él, pero de cierta forma sentía que era su deber ayudar a la pobre criatura.

—¿Por qué? ¿Quieres contarme?

Empezó a dudar, pero tan pronto como miró a Ranma, hizo su característico puchero. Luego, señaló al de trenza con su minúsculo dedo. —Por el alien.— Luego, volvió a agachar su mirada, esperando un reclamo de parte de su mamá.

—Naoko...— Observó a Ranma, y entendió que algo debía hacer. Tomó los pequeños bracitos, con mucha delicadeza, y habló con el tono de voz más dulce que jamás haya oído el pelinegro. —No te voy a obligar a aceptar al alien, pero, ¿Crees que podrías darle una oportunidad para acercarse?

De nuevo, miró al ojiazul, y agachó la mirada. Después de eso, asintió lentamente. Akane interpretó eso como luz verde, por lo que señaló a Ranma que podía avanzar de su lugar.

—Naoko...

La pequeña volteó a verlo, con su característico puchero en el rostro. Se frotó los ojos, y luego volteó hacia abajo, nuevamente abatida. Ranma tomó asiento a su lado, sin saber que hacer o que decir. Estaba claro que le había costado en el parque de diversiones, pero en esta ocasión debía ser distinto. Akane le observaba, tranquilamente, esperando que las palabras salieran de la boca del pelinegro.

—Naoko...Sé que no te agrado. Pero, sabes que puedes confiar en mí, ¿No?— Al no recibir respuesta, intentó nuevamente hablar con ella. — ¡Oh! ¿Quieres saber un dato raro sobre mí? A mi me gustan más las estrellas que los planetas.

Ella lo miró, curiosa y con un poco de tristeza. —¿Por qué?

Sonrió, intentando inspirarle confianza. Esperaba que aquello funcionara. —Porque son lindas. Y brillan demasiado. Te hacen sentir acompañado.

—Los planetas también son lindos.— Se quejó ella, moviendo su cuerpo haciendo berrinche.

—Las lunas también.— Ella lo miró nuevamente. Akane le contó sobre la carta que había mandado el idiota de su ex para ver a la niña, pero tal parecía que eso nunca pasó. Por ello, la pequeña estaba triste. Él la comprendía, porque para un niño es indispensable sentirse amado por sus propios padres. Así es como quería y necesitaba el consuelo de su mamá y papá cuando ocurrió el accidente, es por ello que decidió poner empeño en tratar de consolar a la niña. —Muchos subestiman a las lunas, pero ellas son lindas. Orbitan alrededor de los planetas para hacerlos felices.

—Suenas como un anciano.

Eso no le agradó al pelinegro. —No soy un anciano.— Su voz salió irritada. Era igual de terca que su madre, de eso estaba seguro.

—Claro que si.— Naoko sacó su pequeña lengua, retando al de trenza.

—Que no.

—Que sí.

—Que, NO.

—Que, SI.

El silencio se instaló en ellos. Ranma debía ser más asertivo con la pequeña, no podía permitir que saltara a la vista su lado infantil. Y menos en ese momento, porque sabía que esta ocasión sería crucial para poder acercarse más a ella. Akane solamente miraba, con la tensión palpable en su cara.

—¿Sabes que es un mikrokosmos?

Era una palabra compleja para una niña de su edad, por lo que Ranma se sorprendió un poco. Era una pequeña muy valiosa, de lo que se estaba perdiendo Kuno. —No, ¿Tú lo sabes?

—Lo busqué en un libro. Es un mundo pequeño.

—Whoa.— Dijo Ranma, sumamente impresionado por escucharle. Podría pasar que estaba frente a una niña genio, y nadie lo sabía. —Eres muy lista. Tienes una mente muy grande.

—Si, pero yo soy pequeña para mi papá, como el planeta Plutón.

Akane soltó una lagrima. Le dolía escuchar a su luz hablar así de ella misma. Ya se las vería ese desgraciado por lastimarla.

—¿Plutón?

Asintió lentamente. —El planeta 134340. Es un planeta muy solo. Se siente solo.

Lo último salió con una voz tan quebrada, que le hizo sentir a Ranma que debía protegerla. No quería ver de nuevo esos ojos opacos por la tristeza. —Naoko. Tú eres un gran planeta. Eres como la Tierra, órbitas en tu propio eje, pero también tienes muchos tesoros escondidos. ¿Sabes? Amo mucho a tu mamá, quizá no como tú lo haces. Pero es tanto el amor que siento por ella, que quiero sentirlo por ti.— Le tomó el hombro suavemente. La criatura siguió mirándolo. —¿Me permitirías aprender a ser tu luna y amarte?

Naoko no aguantó más, y se echó a llorar desconsoladamente, tan quebrada, como si estuviera perdiendo algo. Tomó por sorpresa al ojiazul cuando decidió abrazarle, empapando la ropa de él con sus lagrimas. Ranma no dijo nada más, solamente dejó que esa criatura se desahogara entre sus brazos, mientras que Akane decidió apoyar su cabeza en el hombro de Ranma, intentando ahogar su propio sufrimiento.

Naoko cayó rendida en el auto de Ranma. Akane se había sentado en la parte de atrás, junto a ella. La cabeza de su hija estaba apoyada en su regazo, por lo que acariciaba suavemente su pelo, intentando mimarla. Mientras tanto, miraba fijamente las luces de la ciudad, pensando. A veces era difícil ser mamá. Te partes en miles de pedazos para que el fruto de tu sangre tenga una vida digna, pero en ocasiones, deseas ser una mujer que ama, que hace el amor con quien quiere. Y, a veces, te tienes que olvidar de una cosa o la otra. Ella estaba siendo ambiciosa. Quería ambas cosas, pero se olvidó de los sentimientos de su pequeña. Quizá era hora de volver a terapia con ella, de recuperar el vínculo que se había roto levemente.

Ranma miraba por el espejo retrovisor a ambas. Cuando acompañó a Akane, el también logró sentir la desesperación que ella emanaba. Sabía, por medio de las mujeres a las que él ayudaba, que no era fácil ser mamá. Quiso protegerlas a ambas de todos, encerrarlas en una pequeña cajita de cristal y venerarlas. También, tenía enormes ganas de golpear al idiota que no sabía valorar a Naoko. Era una pequeña que no merecía el sufrimiento, ella solamente necesitaba soñar con los planetas y las estrellas, no debía soñar con que, algún día, su padre la quisiera.

Llegaron al departamento de Akane. Ella decidió dejarlo pasar para darle un poco de té, por lo que él estaba sentado, en la mesita del comedor, esperando a que Akane terminara de arropar a Naoko. La atmosfera de aquel rincón resultaba familiar, como si estuviera en su propio hogar. Los crayones en el suelo, los peluches en los sillones, los libros abiertos y desperdigados por todo el librero. Y una foto, de madre e hija posando lo saludaba, colgada en la pared. Exactamente, se sintió como en casa.

—Perdona la tardanza. No quería ponerse su pijama. Sus ojos estaban tan hinchados que no podía abrirlos bien.

Ranma, con la mano, hizo un gesto para quitar hierro al asunto. —Así son los niños. Yo era así.

La de ojos avellana sirvió las dos tazas de té, y las llevó directamente a la mesa. Luego, tomó un trago, intentando refrescar su garganta para poder hablar con él. Necesitaba contarle como se sentía.

—Ranma, muchas gracias por ayudarme. De no haber encontrado a Naoko...— Su mirada se volvió melancólica. —Debo ser la peor madre del mundo.

El pelinegro negó. Tomó su mano, intentando infundir ánimos. —No digas eso de ti. No podías prevenir algo como esto, además, Naoko te ama. Y te necesita fuerte.

—Tenía miedo.— Sollozó, liberando parte de su dolor. Los hombros de ella subían y bajaban, y sus lagrimas caían como las estrellas, brillantes pero emotivas.

La rodeó con su brazo, buscando que apoyara su cabeza en su pecho. En ese momento, la catarsis en el llegó, como una suave epifanía. Estaba, más que seguro, de que quería estar con ellas dos. Quería amar, quería sentir familiaridad con ambas. Quería protegerlas y evitar que lloraran y sufrieran. Deseaba que fueran felices y que rieran, libres de los fantasmas del pasado. Quería ser su presente y su futuro.

—Akane...— Pronunció, llamando la atención de ella. Tomó su cabeza, y le dio un suave y corto beso. Le limpió las lagrimas con su pulgar, y la observó, embelesado. —Permíteme amarte.

—¿Que?

—Le pedí permiso a Naoko de quererla. No era mentira lo que dije, realmente quiero aprender a ser su luna. No quiero hacerles daño, y tampoco quiero que alguien más les dañe. Se mi pareja, por favor.

Akane sonrió. Una sonrisa llena de dicha, llena de amor verdadero fue la que se asomó en sus labios. Él estaba seguro, y si le pedía que le permitiese amarla, ella se lo permitiría. Porque estaba segura de que las cosas podrían funcionar entre los tres.

—Ranma, permiso concedido. Aprendamos a ser una familia, juntos. Los tres.

En la nave espacial de Akane y Naoko, se abrazaron con el cariño más grande del universp. Ahora, los miedos desaparecían, porque estaban seguros de que, juntos, podrían superar los obstáculos.

Pasó un mes después de lo sucedido, y las cosas entre la pequeña Naoko y Ranma se volvieron más felices. Al final habían consultado con una terapeuta infantil, y la especialista le aconsejó a Akane que integraran a la pequeña en una rutina que no le pareciera tan invasiva. Aparte de aquello, llevaba nuevamente sesiones para poder recuperar su autoestima. Claramente, Akane no dejó que Ranma las pagara, aunque este se ofreció a hacerlo.

Ahora mismo, Ranma estaba listo para llevar a la pequeña y a Akane a dar un paseo al museo de astronomía de Tokyo. Todo fue posible gracias a que ambos acordaron que sería bueno para ella acostumbrarse a tener una rutina sana, además de generarle la confianza que esa traviesa diablilla necesitaba más que nunca. Cuando Akane salió de su departamento, acompañada de su pequeña luna, sintió la emoción recorriéndole los huesos. Sentó a la niña en la parte trasera del auto, le colocó el cinturón de seguridad, espero a que Akane hiciera lo mismo y se encaminaron hacia el lugar. Puso música infantil, y eso le encantó a la niña, quien se la pasó cantando una y otra vez aquellas melodías tan vivaces durante todo el trayecto.

En el museo observaron todo tipo de cosas. Naoko estaba maravillada de poder contemplar los modelos a escala del universo, de los astros y planetas. Una y otra vez tomaba la mano del pelinegro, dirigiéndolos a ambos hacia distintas actividades interactivas que el museo les ofrecía. Para Akane, eso era único y especial. Por fin la familia que tanto deseaba estaba convirtiéndose en una realidad.

Entraron al planetario del museo, y disfrutaron juntos de la proyección de las estrellas y del universo. Ranma, para no quedarse atrás, investigó todo lo que pudiera sobre esos temas para poder impresionar a la niña. Antes, de adolescente, aborrecía la escuela y el estudio, y ahora se empapaba de conocimiento para comprender a alguien más. Y si que funcionó, pues Naoko le miraba sorprendida por la sabiduría que manejaba.

Finalmente, pasaron a comer al restaurante de hamburguesas preferido de ella. Cada uno ordenó una hamburguesa grande con una orden de deliciosas papas fritas. El hambre era inmensa debido al ajetreado horario que realizaron, así que eso les sirvió para recargar fuerzas.

—¿Fómo efá fu fhamfurfesa?— Preguntó el con la boca llena de comida.

Naoko sonrió y comenzó a reír. —Bien, pero mamá dice que no debemos hablar con la boca llena.

—Fo imforfa. ¿fo ef afí, Afane?

Akane dio un manotazo a su frente. Estaba a cargo de una niña pequeña y un adulto niño. ¿Qué clase de persona tiene que lidiar con dos almas así? Parecía que ella era la única. —No seas maleducado, menos enfrente de la niña, por favor.

Naoko mordió su hamburguesa, y empezó a masticar con bastante vehemencia. —¿Afí?

Esto le provocó mucha gracia a Ranma. —Fí, afí.

La pelicorto solo suspiró, harta de los dos. —Algún día crecerán, Akane. Algún día.— Dijo para si misma.

Ranma estiró su mano, la cuál se posó en el cabello de la niña, alborotándolo suavemente. Aquel detalle le agradó a la pequeña, quien sonrió enormemente. Ranma se enterneció por completo, y la calidez en su corazón se agrandó. Estaba tomándole mucho cariño a aquella criatura en tan poco tiempo. No era de su misma sangre, pero sentía que era su hija por completo.

Eso es lo que quería. Cuando le pidió a Akane que la permitiera amarla, pensó en todo lo que eso implicaba. No solo se lo pidió a Akane, también se lo pidió a su pequeña, y es que, para él, Naoko también se estaba convirtiendo en su luz. Gracias a ella, él empezó a sanar un poco más su niño interior.

Para Naoko, estaba siendo algo parecido. Después de la decepción de no ver a su padre, sintió como su corazón se partía en dos. Pero el alien había ido a buscarla junto a su astronauta, y le dijo que quería ser su luna. Eso le gustó mucho, así que solo por eso sería la mejor luna que su astronauta y el alien hayan contemplado en sus vidas. —Oye, ¿Así se siente tener un papá?

—¿A que te refieres?

—Es que mi papá no salía conmigo. Ni me compraba hamburguesas grandes, pero tu sí.— Esta frase removió los sentimientos de nostalgia en Akane. Ella, más que nadie, sabía lo complicado que era crecer sin un padre. Su mamá la había dejado tan pronto, y ella no deseaba que Naoko pasara por el mismo dolor.

—La verdad... es que no lo sé. Mi papá no lo hacía tan a menudo.

—Ojalá puedas seguir comprando hamburguesas para mi.

Sonrió sinceramente, sintiendo su corazoncito calentarse. Miró a Akane de reojo, quien le asintió gustosa por el gran avance que estaban logrando. —Bueno, entonces haré lo posible para que te siga comprando hamburguesas por siempre.

—¡Sí!— Gritó emocionada, dando otra mordida a la deliciosa comida.

Ranma iba a hacer lo mismo, pero se vio interrumpido por una voz muy conocida para él, y que sinceramente no quería escuchar.

—¿Ran-chan?

Ukyo estaba parada, observando a su interés amoroso de siempre en compañía de una pequeña niña y la mujer que había visto en el departamento ese domingo. No sabía que es lo que estaba pasando, pero debía averiguarlo. Eso disparó las alarmas de Ranma, porque le notó bastante inquieta y furiosa.

—U-U-chan... ¡Que sorpresa!

Akane puso un gesto serio, sin embargo, saludó cortésmente. —Buen día, señorita.

La castaña estaba incrédula y confusa. —Y... e-ella, ¿Quién es?— Preguntó, señalando a la niña con algo de confusión.

Con algo de nerviosismo, presentó a la pequeña criatura. —U-chan, ella es Naoko Kuno. Es la hija de mi pareja, Akane.

—¡¿Pareja?!— Eso no podía estar pasando. Ranma, su mejor amigo desde la infancia, su único interés amoroso en toda su vida, ¿Estaba saliendo con alguien? Y peor aún, ¿Con una mamá?

—Hola.— Saludó Naoko, sonriendo ligeramente.

—Naoko, ella es U-chan.

—H-Hola...Ran-chan...¿Podemos hablar un momento?— Dijo con voz incómoda.

No sería una buena charla.

Akane estaba esperando a que aquél tono en el celular terminara de sonar. Ella no se iba a quedar de brazos cruzados, y tras conseguir el número de esa arpía sinvergüenza de Azuza, había decidido marcarle y decirle unas cuantas cosas nada agradables.

¿Diga?

Azuza. Soy Akane Tendo.

¿Akane?— La voz chillona en el teléfono sonaba burlesca. Tenía enormes ganas de golpearla y quitarle la sonrisita sardónica que seguramente se le había pegado en el rostro. —Cuanto tiempo sin hablar contigo.

¿Kuno está contigo?

Cariño, ojalá que así fuera. Ya no estoy con él.

—¡No mientas!— Gritó colérica.

Es la verdad. Solamente sé que está de viaje en Londres. Su hermana Kodachi no deja de visitarme, ella me lo contó. Que gracioso, a tu ex cuñada le simpatizo más que tú.

Rodó los ojos, hastiada de escuchar aquello. A ella tampoco le caía bien Kodachi, y eso no le interesaba. —Escucha atentamente. Necesito que me...— Le estaba costando decir aquello, porque su orgullo no le permitía pedir el número del idiota ese. —Dame el número de Kuno, necesito hablar con él.

Por...

—Volvió a rodar los ojos. Ni modo, tenía que dejar su orgullo a un lado. —Por favor. Ya dame el maldito número.

Escuchó la risita burlesca de la otra mujer, y tuvo que poner todo su autocontrol para no agarrarse a gritos con ella. —Vale, anota.

¿Cómo se había metido en semejante lío? La respuesta era lógica: Ukyo Kuonji. Si, la castaña al escuchar una pequeña parte de la historia corrió a contarles no solo a los padres de ella, sino a su madre y padre de él. No sabía que les había dicho, pero ahora necesitaba ir con Akane y Naoko a cenar a casa de sus padres, por petición de ellos. Estaba en el auto junto a madre e hija. Naoko había cambiado mucho, ahora la felicidad emanaba de todo su pequeño cuerpo. No paraba de hablar sobre astronomía, presumiéndole a Ranma los datos que ella sabía sobre el universo. Akane reía desde el asiento delantero, y el ojiazul no podía estar más que contento. Sentía una paz y tranquilidad tan sublimes, tan especiales, algo que nunca pensó en experimentar. Agradecía a ambas que le permitiesen amarlas.

Llegaron a la gran casona de los Saotome. Una casa estilo oriental y clásica, que además de un gran jardín con estanque, poseía una arquitectura muy fina y elegante. Naoko abrió la boca, impresionada por como se veía el paisaje de ensueño en aquel lugar. Además de eso, las estrellas en el cielo se veían bastante bien, debido a la localización, pues la mansión quedaba ubicada cerca de una pequeña montaña.

Estacionó el auto y ayudó a la pequeña a bajar de ahí. Akane lucía un vestido sencillo de color azul que le llegaba a la altura de la rodilla. La niña llevaba consigo su peluche de estrella favorito, y su vestidito de color rosa mostraba lo tierna que era. Hacia un poco de fresco, ya estaban en octubre, por lo que iban equipados de unas gabardinas que les ayudarán a soportar el clima fresco.

—Bien, acompáñenme.— Indicó el de trenza.

Llegaron a la puerta principal, una entrada majestuosa con un gran estampado de dragón imperial. Definitivamente eran una familia de bastante dinero, incluso podía jurar que era más del que tenía Kuno.

—Estoy un poco nerviosa. Repetir este proceso de conocer a mis suegros es un poco raro.— Confesó ella, con voz algo cohibida.

Se sonrojó, pero sonrió gustoso. —Todo estará bien.

Ranma la tomó de la mano, y ella hizo lo mismo con Naoko. Finalmente abrió esa barrera, dejando que el interior de la mansión apareciera ante los ojos de la mujer y su hija. Un recibidor amplio los saludaba, con varias lámparas finas de cristal. Un estilo japonés tradicional se combinaba con el occidental, ya que el recibidor contaba con dos escaleras que, al parecer, daban lugar a pasillos en la planta alta.

—¡Whoaaaa!— Exclamó Naoko,

—Si... whoaaaa...— Secundó Akane.

El pelinegro carraspeó. —No es n-nada. Vamos, es por acá.

Cuando atravesaron el pasillo principal llegaron al gran comedor. Ahí estaban sentados dos señores junto con una muchacha de pelos castaños. Akane supo identificar que era la tal Ukyo, y empezó a sentir un poco de incomodidad. Ukyo le observó, y tan solo ver a la pareja de Ran-chan su gesto se volvió seco y arisco.

—Buenas noches, señor y señora Kuonji.

Los aludidos lo miraron, y por pura cortesía saludaron con una sonrisa. Akane apretó fuertemente la mano de Naoko, intentando buscar la tranquilidad que necesitaba para poder enfrentar lo que sea que pasara.

—¡Ranma, cariño!

Hacia ellos se acercaba una señora de aproximadamente cuarenta y cinco años, con cabellos de color castaño y kimono tradicional de color rojo. Se afianzó de Ranma fuertemente, logrando que soltara a Akane.

—M-mamá... espera...

—Vaya, ya se habían tardado.

Un señor regordete, con traje sastre y lentes grandes se acercó al gran escándalo. Se veía imponente, logrando que Naoko se ocultara un poco detrás de su madre. Para ella, se veía como el gran Saturno, porque ambos estaban igual de grandes y redondos.

—Viejo, veo que sigues sin dejar de comer en exceso.

—Más respeto para tu padre.

Cuando Nodoka se separó, los patriarcas Saotome observaron a Akane y a la pequeña con curiosidad.

—Mucho gusto. Mi nombre es Akane Tendo. Y ella es mi pequeña hija, Naoko Kuno.— Saludó, haciendo ambas una reverencia educadamente.

Para ambos no pasó desapercibida la diferencia de apellidos. Había muchas cosas que debían aclarar en la mesa, y claro, sería una plática muy accidentada.

—Vaya, entonces me imagino que has entrenado por mucho tiempo el judo, ¿No es así?— Preguntó la mujer de kimono, bastante impresionada por lo que había escuchado.

Akane les relató sobre como había empezado su entrenamiento en artes marciales. Genma se había maravillado inmediatamente con la mujer, asombrado de como ella se tomaba en serio las artes marciales. En realidad, a Ranma le estaba fascinando volver a escuchar la historia de Akane. Le encantaba la pasión con la que lo relataba, y sentía como se le erizaba la piel de tan solo oír su voz alegre. Los señores Kuonji también se notaban impresionados, y Ukyo era la que menos contenta estaba.

La castaña cortaba en pedazos a la de pelo corto con la mirada. Durante toda la cena había permanecido callada, simplemente comiendo en silencio. Miró a la niña pequeña, quien no dejaba de jugar con el peluche en la mesa. Era tan maleducada, y lo peor es que nadie le decía nada. Le asqueaba ver como masticaba su comida sin cuidado, salpicando un poco de su ropa. Y aquella mujer, haciéndose la interesante para atrapar a todos, cuando seguramente ella fue la causante de su divorcio. La detestaba.

—Demasiado. Mi padre siempre me pegó el gusto por las artes marciales.

—¿Cómo dices que se llama tu padre?— Preguntó el hombre regordete.

—Soun Tendo.

—¡Vaya! ¡Que coincidencia! Solía ser mi compañero de entrenamiento hace años.

—¡¿Enserio?!— Akane abrió los ojos de par en par. No sabía que su padre había entrenado junto a alguien más.

Ranma también estaba en shock. Quizá el destino los llevó a encontrarse, y nada podía ser casualidad. En efecto, ambos estaban flotando en un mikrokosmos todo ese tiempo, y colisionaron de la manera menos pensada.

—Era un buen amigo. ¿Dónde vive ahora?

—En Nagasaki.

Genma se impresionó. —Algún día iré a visitarlo.

—Oh, señorita, hay algo que quería preguntarle.— Dijo Nodoka.

—Dígame.

No sabía como decirlo sin ofenderla, pero era una duda que se le grabó en la cabeza desde que aquella muchacha se presentó. —Noté que tu hija tiene otro apellido. Estuviste casada antes, ¿Cierto?

Ahí venía la incomodidad, y aunque la sintiera, debía contestar sinceramente. Su mano temblaba por debajo de la mesa, pero al sentir como Ranma la tomaba con cariño, trató de relajarse. Suspiró. —Si. Estuve casada, hace dos años me divorcié de él, porque descubrí que me fue infiel. También, desde hace dos años he sido mamá soltera. No ha sido fácil, porque el padre de Naoko está peleando la custodia, pero a la vez, no le interesa verla, ni saber como está. Pero ella es mi luna, y estoy segura de que algún día seremos muy felices.— Volteó a ver a Naoko, y luego, a Ranma. Le miró con tanto cariño, que para nadie pasó desapercibido. Ni siquiera para la castaña, que se encontraba absolutamente dolida.

Nodoka estaba envuelta en una avalancha de sentimientos. Por una parte, adoró a la mujer y a su niña. Ambas eran muy dulces y lindas, pero ella esperaba otra cosa para su hijo. Ranma necesitaba crear su propia familia, y presentía que, al involucrarse con alguien que aún tenía pendientes legales, terminaría con el corazón roto. No quería a su hijo triste nuevamente.

—Mamá, quiero ir al baño.— Anunció la pequeña, moviéndose en su lugar.

—¿Podemos usar el sanitario, por favor?— Preguntó Akane.

—Yo le enseño donde está. Después de todo, conozco la casa mejor de lo que se espera.— Ukyo dijo lo último como una clara indirecta, reafirmando que ella conocía más al ojiazul que Akane.

La de pelo corto no dijo nada, y simplemente se levantó de su asiento junto a Naoko.

La pequeña estaba adentro del sanitario, alegando que podía hacerlo sola. A veces actuaba así, queriendo hacerle saber a su astronauta que era una niña fuerte. Akane se quedó afuera del sanitario, con Ukyo frente a ella. Había cosas que dejar en claro.

—¿Qué tan en serio vas con Ran-chan?— Preguntó agresivamente.

Se cruzó de brazos, mirándola retadora. —Demasiado. Ambos estamos enamorados.

—¿Estás segura de ello?

—Más que segura.

Ukyo frunció el ceño. —Ran-chan es una persona amable con muchas personas. ¿Sabías que dona a fundaciones de madres solteras?

—Lo sé.— No tenía idea de a que quería llegar con ese punto, pero estaba segura de que algo no muy bueno.

—Entonces, ¿Estás segura de que es amor? O, en realidad, es lástima disfrazada de sentimientos románticos.

—¿Por qué crees que sea lástima?

Rio. Estaba tan dolida, que no quería admitir que lo que vio en los ojos de Ranma era amor puro y sincero. —¿No es obvio? La niña solamente genera eso. Lástima.

—Y tú también la das, queriendo superar la barrera de amistad que tienes con él. Deberías entender que solo eres su amiga. A los ojos de Ranma, eres la pequeña niña que le ayudó en sus peores momentos y ya.

Naoko salió del sanitario, pero no se secó bien las manos. Era a veces un poco descuidada en cuanto a modales, por lo que decidió que era buena idea secarse las manitas con el vestido largo de Ukyo. Tomó la tela y empezó a restregar sus extremidades en el satín caro.

—¡Oye!— La castaña tomó con fuerza a la niña, separándola bruscamente de ella. Comenzó a sacudirla frenéticamente, enterrando sus dedos en ella. —¡¿Eres tonta?! ¡Esta tela es cara!

Akane, enfurecida, empujó a Ukyo lejos de su niña. Naoko se había asustado un poco, por lo que se escondió detrás de una estantería cercana.

—¡No te metas con mi niña!

No pudo evitarlo. La furia en ella era inmensa, así que, sus impulsos salieron a flote. Ahí, afuera del sanitario, comenzó una guerra entre jalones de pelo y gritos llenos de palabras malsonantes. Era tan grande el escándalo, que llamó la atención del resto de personas, quienes corrieron a mirar que sucedía. Y en cuanto Ranma observó como Ukyo le jalaba los pelos a Akane, se adelantó y las separó, costándole más trabajo con su amiga.

—¡Basta, U-chan!

—¡No!— Absorta en la furia, lo miró ceñudo. —¡¿Que tiene ella que yo no?!

—¡Querida, detente!— Gritó la señora Kuonji, yendo a sostener a su hija.

—¡No! ¡Ran-chan, yo te amo! ¡¿Acaso crees que una mamá te va a amar más que a su hija de pocos modales?!

Akane se volvió a molestar. —¡Deja en paz a mi hija!

—¡U-chan, ya basta!— Suplicó el pelinegro.

—¡Es una ramera! ¡Se acuesta con hombres para seguramente sacar provecho de ellos! ¡Anda, dilo! ¡Admite que solo quieres sacarle el dinero a Ran-chan!

Naoko se abrazó a las piernas de su madre, asustada por escuchar aquellas palabras tan soeces. No entendía que estaba sucediendo, solamente observaba como una alienigena horrible le hacía daño a su astronauta.

—¡No es verdad!— Contestó Akane sujetando a Naoko con fuerza, protegiéndola.

—¡Eres una...!

—¡Basta ya, Ukyo!

El grito tan potente que salió de los labios de Ranma dejó pasmados a todos en el lugar. Era la primera vez que se le notaba demasiado molesto, y era la primera vez que le alzó la voz a quien él consideraba una de las personas más importantes de su vida.

—No voy a permitir que le hables así a Akane y a Naoko, ¿Entiendes?

Ukyo logró zafarse de los brazos de su madre. Pero esta vez, la tristeza se hacía presente en ella. —Ran-chan...— Musitó con la voz apagada y los ojos aguados.

—Akane es mi pareja. Así que, por favor, respeta a su hija también. Entiende que siempre serás mi amiga, y eso no cambiará ni ahora ni nunca.— Ranma tomó la mano de Akane, y se dirigió en compañía de las tres hacia su madre y padre. —Gracias por la invitación, pero creo que es hora de irnos. Con permiso.

Akane y Naoko se despidieron tímidamente, y siguieron el camino del pelinegro, dejando atrás al resto atónitos.

Condujo hacia una parte especial que quería mostrarles. Llegaron a un mirador cercano, donde se podía apreciar con total claridad el cielo estrellado. La majestuosidad con la que esas miles de pequeñas estrellas brillaban resultaba hipnótica. Naoko olvidó lo que recién vivió cuando salió del auto. Maravillada, comenzó a dar muchas vueltas mientras su cabeza miraba hacia arriba, totalmente impresionada con el espectáculo del cielo.

Akane también se impresionó. Era como si una ilustración de esas que había en los libros de Naoko se hiciera realidad. Moviendo la cabeza, de un lado a otro, admiró la oscuridad y la luz. Sus ojos brillaron tanto como aquel cielo nocturno, salpicado de brillantina.

—¿Te gusta, Naoko?— Preguntó el de trenza, totalmente contagiado de la felicidad de la criatura.

—¡Demasiado!

—Entonces, ven.

Ranma cargó en sus hombros a la niña, y comenzó a dar vueltas junto a ella. Rieron en sintonía, sintiéndose conectados como la vía láctea. Akane los observó. Era la escena más dulce que jamás había visto. Sin embargo, un sentimiento amargo le vino de repente.

Lo que había escuchado de la amiga de Ranma era un pensamiento muy arraigado en el país. Ella no quería sacar provecho de su dinero, pero es lo que muchos pensarían cuando anuncien su relación de manera oficial. Recordó como a Xian Pu le pasó casi lo mismo, y lo que menos quería era dañar la reputación de aquel hombre que amaba mucho. ¿Sería acaso que los padres de él pensarían así de ella?

Luego, recordó que la batalla legal con Kuno va a comenzar en serio. Ella no deseaba involucrarlo en un asunto que no tenía nada que ver con él. Era un tema exhausto, tedioso. ¿Y si las cosas entre ellos no podrían funcionar? No quería lastimarlo. No más de lo que ya lo habían hecho antes de ser su pareja.

—¡Mamá!

Salió de sus pensamientos. Observó como ahora Ranma estaba parado dándole la espalda, con Naoko en sus hombros. La pequeña había volteado a mirarle, extendiendo su dedo índice hacia el cielo. Akane se acercó a los dos y se posicionó a su lado. Miró en la dirección que su hija señalaba. Ahí se observaba la luna llena, y alrededor de ella, tres estrellas demasiado brillantes orbitaban a su alrededor.

—Que hermosas estrellas.— Dijo ella.

—Lo son.— Afirmó el ojiazul.

—Algún día seremos como esas estrellas. Brillantes y bonitas.— Dijo Naoko con voz dulce.

La mano de Ranma tomó la de Akane, entrelazando sus dedos mientras observaban el cielo brillante. Akane le correspondió, sonriendo tenuemente.

Tres estrellas brillantes que formaban un mikrokosmos bello orbitaban en completa paz y tranquilidad. El universo que comenzaba a crecer los abrazaba, haciéndolos sentir acompañados. Se tenían mutuamente, por y para ellos.

Sin embargo, en el bolso de Akane, la pantalla de su celular brilló al recibir la notificación de un mensaje de texto.

Kuno_ 10:51 pm.

Te veré en la cafetería Kronos dentro de una semana.

Nodoka estaba acostándose junto a su marido, después de intentar calmar a los Kuonji. La familia estaba atonita. No podían creer la escena que presenciaron, y ciertamente no estaban contentos con la decisión del ojiazul. Ellos deseaban que Ukyo y el se casarán, que Ranma tuviera descendencia directa. En cambio, criaria a una bastarda.

—Vaya, cuando volvamos a ver a esa muchacha le pediré el número de la casa de mi viejo amigo.— Anunció Genma, bastante vivaz.

—Querido, esa muchacha, ¿Te agrada?

—Demasiado. Se ve que quiere mucho a Ranma. Y la niña también es un encanto. Me comparó con Saturno.— Soltó una gran carcajada. —¿Puedes creerlo? Soy Saturno.

—Es que... no lo sé...

Su esposa estaba dudando sobre algo. Cuando Nodoka dudaba, no era buena señal. —¿Que sucede?

—No es lo que espero para nuestro hijo. Son lindas, las dos. Pero no me convence.

—Bueno querida, ni modo. Ranma tiene la última palabra. Ahora, ya vamos a dormir, me muero de sueño.

Genma se acostó enseguida, y Nodoka simplemente se quedó sentada, con la luz tenue de la lamparita de mesa alumbrando. No estaba segura de querer eso para su hijo. Le hacía ilusión verlo casado con Ukyo, y aunque la castaña dijo cosas hirientes, sabía que lo hacía por despecho.

Ya hablaría con su hijos sobre el asunto.

Ukyo llegó a su cuarto, y en cuanto tuvo la oportunidad, comenzó a destruir una gran parte de su espejo. Era inaudito que ella no fuera considerada por su Ran-chan como una gran prospecto, siendo que ella era la persona que más lo amaba. Solo ella debía saber sus secretos más recónditos, solo ella debía ser quien le diera hijos, quien le amara.

Gritó, destruyendo un pedazo más grande del espejo frente a ella. Se miró entre los pedacitos de cristal. Admiró su figura, tratando de consolarse con halagos hacia lo bonita que era, lo sexy que podía ser.

Akane Tendo era la culpable de separarla de su Ran-chan. Sería solo una sanguijuela que quería chuparle todo a Ranma. Pues bien, ella no lo iba a permitir. Antes loca que permitir que Ranma uniera su vida con alguien que no valía nada.

Ya lo vería Akane Tendo. Ya se enteraría de quien es Ukyo Kuonji.

El astronauta y el alien comenzaron una gran amistad, se permitieron sentir amor el uno por el otro. Sin embargo, había un pequeñísimo detalle. La nave espacial del astronauta había resultado dañada tras el incendio. Su sistema se vio afectado, por lo que necesitaban arreglarlo entre los dos.

Comenzaron a trabajar en ello, pero la nave espacial no se dejaba arreglar. Una y otra vez intentaron solucionarlo, hasta que un día, la nave volvió a responder. El alien, a través de sus poderes curativos, pudo lograr que funcionara nuevamente. El astronauta se había encariñado con el alien, por lo cuál decidió que quizá se quedaría a vivir en el planeta de su amigo.

Así fue como comenzaron las aventuras del astronauta y el alien. vagando por el gran planeta en sintonía.

Pero, lo que no sabían, es que tendrían que luchar contra algo para poder estar juntos por siempre.


¡Hola a todos!

Yo, reportándome con este cuarto capitulo, y un nuevo día de la RanKane Week ha finalizado. Antes de pasar a la explicación, por favor, démosle un fuerte aplauso a mi amiga ilustradora, Mimi_Kururu por el arte tan precioso de la portada. ¿Les gusta? A mi me fascina. Pueden seguirla en instagram si les gusta su trabajo, ese es su nombre de usuario. Mimi, si lees esto, muchisimas gracias, vales mil 3

Ahora si. El tema cinco, Permíteme amarte puede que no se alcance a notar por completo, así que lo explico. Para mí, permitir que nos amen es que acepten no solo a nuestra persona. Es también permitir que entren en nuestra vida, y que formen parte de ella las demás personas que sean cercanas a nosotros. Para Ranma, pedirle a Akane que le permita amarla no solo es dirigido a ella. También quisiera amar a la pequeña, porque es sangre de la mujer que ama. Aún si no es su hija biológica, acepta a Akane y a Naoko con todos los errores y virtudes.

Es por ello que en este capitulo no solo me enfoqué en la relación entre Ranma y Akane. Me parece que el tema también se aplica para la niña en este fic. Ojalá les haya gustado mucho el desarrollo, y perdonen el largo del capítulo. También, pido perdón si hago saltos temporales, es por cuestiones de tiempos.

Las canciones que me inspiraron en este capitulo son Moon, Mikrokosmos y Zero O'clock. Sus letras son bellísimas, y reflejan el sentir de cada uno de los personajes, sobre todo de la pequeña. Creo que muchos nunca habrán escuchado el termino Mikrokosmos, pero es real. Es un pequeño universo, ese es su significado más simple. Ranma, Akane y Naoko son un Mikrokosmos.

De nuevo, les agradezco por el apoyo que le van teniendo a esta historia. Ya solo nos falta un capítulo (o quizá dos, depende si no se hace muy largo), así que manténganse atentos.

Espero que tengan un gran y hermoso día.

Con amor, Sandy.