Algo había acontecido de manera repentina. Unos estudiantes de otra escuela de artes marciales habían retado al Dojo Tendo en una competencia más que todo por honor, prestigio y calidad de combatientes. Aquello había sido un llamado al arduo entrenamiento para Ranma y Akane, que se lo estaban tomando muy enserio.
Faltaban tres días así que, después de un intenso entrenamiento que dejó a los dos chicos agotados, pero orgullosos de sus esfuerzos, se dieron cuenta de que habían estado siendo observados por sus padres, Genma y Soun.
Los dos hombres observaban con gran admiración la conexión entre los dos, el cómo se sincronizaban y hacían aquellos movimientos casi como una danza estética, sin contar la complicidad en sus miradas cada vez que lanzaban un ataque.
—Mire eso, señor Saotome—decía Soun, con una sonrisa de oreja a oreja, con las lágrimas desbordándose de sus ojos— ¡Qué bien se complementan nuestros hijos!
Genma asintió, de brazos cruzados, con la evidente sonrisa complacida.
—Sí, sí, señor Tendo, es evidente que tienen una gran afinidad para el combate en diferentes estilos.
Ranma y Akane, que no esperaban estar siendo evaluados, aun con las respiraciones agitadas por aquel sobre esfuerzo combatiente, se miraron con un dejo de frustración y voltearon sus rostros al lado contrario con molestia.
—¡Eso no es cierto! —exclamaron los dos jovencitos casi al unísono.
Ganman y Soun se alejaron riendo, para dejar a la pareja de prometidos en medio del dojo con la estela de aquellos elogios tan peculiares sobre el gran equipo que hacían.
—No le hagas caso a esos dos, solo quieren molestar —dijo un Ranma despreocupado, mientras pateaba un utensilio de combate fuera de su camino para sentarse y comenzar a beber agua de su cantimplora.
—Ya lo sé, deberían buscarse oficio en lugar de inquietarnos antes del gran combate —se quejó Akane, cayendo sentada al lado de Ranma—. Creo que esos estudiantes se van a arrepentir, los vamos a hacer picadillo.
Ambos rieron con la sola idea de sentirse vencedores y Akane se quedó observando el momento tan cotidiano que compartían, muy a sus adentros sabía que su padre tenía algo de razón, últimamente se sentía tan cercana a Ranma, los dos eran inigualables en cuanto a combate se refería y no solo eso, un recuerdo aun más profundo la hizo pensar el doble de lo que ya lo hacía.
A su mente llegó aquel día en que entraron a un comedor y pidieron mantecados. Realmente no le había dado tanta importancia, pero ese día estaban solos y Ranma sin sentirse mal se había sentido con toda la confianza de comer aquel postre en su presencia, aunque le confesó que solo de chica lo hacía porque se sentía más cómodo.
—Oye Ranma... —comenzó Akane con cautela.
—Sí, ¿qué pasa Akane? —preguntó Ranma, mientras se secaba el sudor de la frente.
—Sé que no viene al caso, pero... ¿por qué solo comes mantecado cuando estás en tu forma de chica?
Ranma agrandó los ojos y bajó la mirada en dirección a sus pies descalzos.
—Eso ya te lo había explicado, Akane... no me siento seguro haciéndolo en mi forma masculina —respondió el chico, mientras se encogía de hombros para restarle importancia a sus palabras.
Akane quedó muy insatisfecha con esa respuesta, pero convenientemente, justo en ese momento, una carretilla de mantecados pasaba frente al dojo. Los ojos de Akane se iluminaron y sin pensarlo dos veces corrió en dirección del vendedor para comprar dos mantecados, teniendo en mente que a Ranma le gustaba de fresa.
Ranma observó a Akane, con los ojos agrandados en sorpresa al verla encaminarse de regreso al dojo mientras volteaba a ver sigilosamente para no ser vista por ninguno de la familia. Luego al sentir que no había peligro de ser vista, corrió y con una gran sonrisa le ofreció un mantecado, extendiéndolo frente a él.
—Vamos, toma, es de fresa —dijo Akane, sin dejar la dulzura de su voz.
—No, Akane, no es el momento y lo sabes —Ranma se sonrojó y negó varias veces, temeroso de mostrarse vulnerable y con riesgo de que lo vieran.
Akane miró a Ranma y los ojos del chico se direccionaban hacia la entrada del dojo y la ventana, lo que hizo que ella corriera a cerrar con candado y a correr las cortinas. Al volver ella esbozó un puchero y esa mirada de corderito había ganado para que Ranma cediera y tomara lo que ella le ofrecía.
—Está bien, tú ganas... gracias —murmuró Ranma, con una sonrisa ladeada.
El dojo cerrado y ellos dos a solas creó un ambiente íntimo en el que disfrutaban del helado mantecado mientras que en silencio se dejaban llevar por ese momento de complicidad, más dulce del que hubieran imaginado.
Las palabras que sus padres habían dicho hacía un rato sobre su conexión resonó en la mente de Ranma mientras sin querer se quedó viendo a Akane más de lo normal, ella se dio cuenta y sus miradas se encontraron, haciendo que ambos se sonrojaran y desviaran sus miradas debido a la intensidad de sus corazones acelerados.
—Ranma... —Akane rompió el silencio mientras miraba hacia el suelo, sin dejar de comer el mantecado de chocolate— ¿Crees que nuestros padres tienen razón... sobre lo que dijeron antes de irse, de que nos complementamos bien?
El joven tembló por dentro ante esa pregunta, quedándose en silencio por un momento aun con sus mejillas enrojecidas por la tensión e intimidad de ese momento con Akane, luego sonrió de manera sutil y la volteó a ver.
—Quizá... no lo sé, pero sé que me siento bien aquí contigo —confesó Ranma y le costó tragar debido a los nervios, pero sabía que podía sentirse él mismo.
Akane sonrió y se deslizó un poco más para acortar la distancia y sentir la cercanía de ese chico que la hacía sentir tantas cosas.
—A veces yo pienso lo mismo también, ¿sabes? —admitió Akane, con el corazón acelerado y sin dejar de ver esos ojos claros que la derretían por dentro.
Entre risas y susurros cómplices, Ranma y Akane siguieron hablando de tantas cosas, como por ejemplo el evento de combate que tenían encima, ambos se sentían determinados, se permitieron disfrutar esa conexión de la que en ese momento ya estaban conscientes, más compartiendo ese mantecado en un dojo cerrado y con poca iluminación.
Cuando terminaron de comer, sus manos se rozaron con suavidad y Akane recostó su cabeza en el hombro de Ranma, ambos suspiraron y en ese momento comprendieron que sí... había algo más profundo entre ellos y no podían negar que iba más allá de palabras y apariencias.
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¡Hola! Esta sería la cuarta entrega de esta "Rankane Week" y me estoy divirtiendo muchísimo con estos retos. Espero que haya sido de tu agrado ¡Gracias por leer!
