Cena

Kagome

Sus labios se unieron a los míos de una manera realmente reconfortante. No había pasión, no había deseo, más bien la necesidad de demostrarnos que, en el fondo, ambos queríamos estar en aquella postura. Sus manos se unieron detrás de mi cintura mientras yo hacía lo mismo en la zona de su cuello. Nuestras bocas danzaban en un vaivén lento, nuestras lenguas se acariciaban mutuamente, mientras los agarres sobre nuestros cuerpos se estrechaban cada vez más.

Podía escuchar el repiqueteo de mi corazón en el interior de mi pecho, el cual amenazaba con salirse en cualquier momento y, al parecer, a él le sucedía lo mismo, aunque no tenía forma de corroborarlo.

Sus caricias... se sienten tan... dulces.

Nos apartamos levemente, apoyando nuestras frentes y regulando nuestras respiraciones. Mis ojos se encontraron con los de él e inevitablemente sonreí.

- ¿Qué quisiste decir? - murmuré.

- Me encantaría responderte. - me devolvió la sonrisa. - Pero ni yo entiendo lo que me pasa contigo. Desde la noche de tu cumpleaños... no he apartado tu rostro de mi mente y cuando supe que eras ex novia de Bankotsu... sólo pensé en protegerte.

¿Por qué? ¿Por qué me sueltas todo esto sin más? ¿Por qué justo cuando me estaba convenciendo de que lo mejor era concentrarme en Koga?

- ¿Por qué? ¿Qué tan peligroso puede ser Bankotsu?

- Kagome, tú ya conoces la respuesta.

Era verdad, yo ya la sabía, sin embargo me había acostumbrado a anularme emocionalmente frente a él, al menos para quitarle la posibilidad de disfrutar mientras me hacía daño.

- Lo se, pero... tú no puedes hacer nada para impedir las cosas, Inuyasha.

- ¿Realmente crees que no puedo? - elevó mi mentón, acariciando mi mejilla. - Si me lo permites, estoy dispuesto a protegerte con mi vida, Kagome.

Definitivamente no me esperaba nada de lo que estaba sucediendo y, si debía ser cien por ciento honesta, no sabía ni como responder ni que hacer.

- ¿Algo así como un guardaespaldas personal? - necesitaba quitar la tensión del ambiente.

- Si lo quieres llamar de esa forma... - sus caricias atravesaban mi piel, casi como si desearan curar el daño que se escondía debajo de ella. - Te diré algo, gracias a la ayuda de tu querida amiga, no tendré problemas con Miroku por estar cerca de ti.

- Oh, entonces si te funcionó.

- Mis planes siempre funcionan. - arqueé una ceja. - Sólo es una broma.

- Bien, ¿entonces?

- Entonces... quiero invitarte a cenar.

- ¿Qué?

- Oye. - volvió a sujetar mis caderas, pero esta vez con mucha más suavidad. - Soy completamente consciente de que puedo ser un idiota de a momentos, pero soy una buena persona... bueno, demonio. - sonrió y casi me desarmo ante lo perfecto de su expresión. - ¿Qué tal si comenzamos de nuevo y te comento un poco más sobre Bankotsu y el porque necesito protegerte?.

- ¿Qué te sucede? - mi pecho se había llenado de una calidez que no podía describir. - ¿Por qué actúas de esa manera?

- Quizás el beso que me diste hizo que me calmara un poco.

- Eres un idiota. - reí. - No se que estas pretendiendo, pero acepto.

- ¿Esta noche?

- ¿No crees que es un poco pronto?

- ¿Quieres saber los por qué, o no?

- ¡Claro que quiero!

- Bien. - me soltó, alejándose, haciéndome sentir que de verdad me sentía muy cómoda con su presencia muy cerca de la mía. - Entonces te esperaré en el restaurante esta noche. ¿Dónde están las cosas?

Regresó a la mesa con la intención de observar los planos, sin embargo pude ver como cerraba sus ojos de manera extraña, al mismo tiempo en que llevaba su mano a su cien.

- ¿Estas bien? - me acerqué, colocando mi mano sobre su hombro.

- Si... si, sólo es un pequeño dolor de cabeza.

- ¿Seguro?

Inuyasha

- ¿Qué te sucede? ¿Por qué actúas de esa manera?

La realidad era que yo tampoco tenía la respuesta certera, pero de lo que si estaba seguro era de que, cuando estaba cerca de ella, por alguna razón me sentía demasiado reconfortado, lo suficiente como para elevar aquella barrera y modificar mi comportamiento tanto como para provocar que aquel cálido ambiente se dispersara.

Pero en este momento no deseo hacerlo.

- Quizás el beso que me diste hizo que me calmara un poco. - no mentía.

La risa que abandonó sus labios fue simplemente encantadora y, por fortuna, decidió aceptar mi propuesta.

- ¿Esta noche? - realmente no podía esperar.

- ¿No crees que es un poco pronto?

Por supuesto que no.

- ¿Quieres saber los por qué, o no?

Había llegado a un acuerdo con Miroku y no podía desaprovecharlo, además, Kagome necesitaba enterarse de la gravedad de la situación al ser acechada por ese bastardo. Sin embargo, aquello implicaba que debía revelar más información sobre mi pasado, mi vinculo con él y mi relación con Kahori. Pero estaba dispuesto a hacerlo si, a cambio, me dejaba protegerla.

Protegerla de la misma manera en la que no pude hacerlo con Kahori en el pasado.

- ¡Claro que quiero!

- Bien. - me alejé antes de que mi auto control se fuera por la borda. - Entonces te esperaré en el restaurante esta noche, ¿Dónde están las cosas? - fijé mi mirada en los planos.

En ese momento, un dolor agudo atravesó mi cabeza, obligándome a cerrar mis ojos con fuerza y llevar mi mano a mi cien izquierda. Abrí mi mirada, notando que estaba bastante mareado.

Maldición, ¿Qué sucede?

- ¿Estas bien? - sentí su mano en mi hombro.

- Si... si, sólo es un pequeño dolor de cabeza. - no quería preocuparla, mucho menos cancelar los planes, por lo que opté por minimizarlo.

- ¿Seguro?

- Si, Kagome, no te preocupes. - aspiré hondo y, así como había llegado, el dolor se desvaneció por completo. - ¿Tienes el documento en la computadora?

- Si. - se dirigió a ella. - ¿Quieres que le pida a Sango que te traiga algo?

- ¿Crees que ella aceptará traer algo para mi? - bromeé y ella sonrió.

- Si, sólo si soy yo la que se lo pide. - elevó el teléfono de línea. - Sango, ¿puedo molestarte con dos té?... Si, ese esta bien. Muchas gracias.

- Oye, ¿y quién te dijo que yo quería eso?

- Es evidente que algo te sucede, lo mejor será que tomes un té de hierbas y esperes a ver si mejoras.

- ¿Acaso me estas cuidando, Higurashi?

- Sólo estoy siendo amable y espero que aproveches eso antes de que me arrepienta.

- De acuerdo, lo haré.

Me senté frente a los planos mientras escuchaba la manera en la que tecleaba en el ordenador. Realmente aquel malestar me había sorprendido, después de todo yo no era de los que me enfermaba de la nada.

Y la sensación que aquel dolor me había dejado no me ayudaba demasiado.

Una especie de adormecimiento se apoderó del lado izquierdo de mi cabeza, pero me negaba a dejar que me venciera. Antes de darme cuenta, la puerta se abrió y Saoto ingresó.

- Permíteme. - Kagome se puso de pie y tomó la bandeja que Sango traía entre sus manos. - Muchas gracias.

Ella me miró y no pude con mi carácter.

- Gracias por servirme, Saoto.

- ¿Todavía no piensas echarlo? - me blanqueó los ojos, llevando su mirada hacía Kagome.

- ¿Tanto te molesta mi presencia?

- Tu existencia no es muy agradable que digamos. - sin esperar respuesta, salió.

- Vaya, realmente fuiste muy molesto con ella. - por el contrario de lo que había sucedido a la mañana, ella sólo se rio de la situación.

- Si me odia, estaría en lo correcto. - me encogí de hombros. - No soy hipócrita para no decir que me gane su molestia.

- Me sorprende la naturalidad con la que reconoces que haces las cosas mal, sin embargo es como si no te importara. - bebió un sorbo.

- Quizás porque me falta madurar en muchas cosas. - replique su acción.

- ¿Madurar? ¿Todos tus años como demonio no te alcanzaron?

- Y hablando de naturalizar cosas, ¿Cómo es posible que sepas que soy un yokai y me estés hablando como si nada?

Ella sonrió y, en ese momento, dejó la pequeña taza al lado de su computadora.

- Crecí en un templo. - verdaderamente me sorprendió. - Vivíamos con mi abuelo, él era el encargado de cuidar el lugar. Escuché historias de demonios durante toda mi infancia.

- ¿Y nunca pensaste que eran sólo eso? ¿Sólo historias?

- Él no hablaba como si lo fueran. - desvió su mirada. - Para mi abuelo los demonios eran reales pero... jamás fue claro en si, alguna vez, había visto uno o no. Simplemente creía en su existencia.

- Entonces, tal vez si tuvo contacto con alguno... los demonios ya no somos como en las otras épocas.

- ¿Y como eran en aquellas épocas?

- Podemos dejar esa charla para la cena. - sonreí. - Mejor sigamos con esto, ya no soporto este proyecto.

- Es bueno saber que los dos queremos dar por finalizado esto.

Aquella elección de palabras no me agradó, pero preferí guardar silencio.

Kagome

Esa misma noche.

Aquel brillo labial, color nude, rozó sobre mis labios mientras mis ojos se posaban en mi rostro.

Supongo que así esta bien, ¿o no?

Mi mirada descendió de mi cara, pasando por mi torso, el cual estaba cubierto por una camisa negra y, más abajo, una falda blanca, la cuál estaba unos centímetros por encima de mi rodilla. No quería verme demasiado provocadora pero... si me agradaba la idea de que él me observara.

¿Por qué me confundes tanto, Taisho?

Al igual que la primera vez, el resto de la tarde nos la pasamos con las mentes metidas en el proyecto, el cuál era mucho peor de lo que pensábamos.

Inicio del flashback.

- Esto no tiene sentido. - pronunció él, observando el espacio disponible en los planos. - ¿Cómo se supone que cumpliremos con lo que nos piden?

- Entonces, ¿Qué hacemos con este boceto?

- Creo que deberíamos descartarlo. - suspiró. - Si lo hacemos de esa manera, ya no quedará lugar ni siquiera para un banquillo.

- Inuyasha. - nuestras miradas se encontraron. - Hay algo que te preocupa, ¿verdad?

- ¿Cómo lo notaste? - sonrió.

- Tus expresiones se leen a la perfección.

- Te equivocas. - apoyó sus codos sobre la mesa. - Tú las notas.

- Bien, entonces puedes decirme lo que te preocupa.

- Todo.

- ¿He?

- Expandir una morgue puede ser tomado como algo medianamente normal, ¿no lo crees? - lo miré un poco más confundida. - Quizás la tasa de mortalidad se elevó en la ciudad y bueno... pon la excusa que quieras. - hizo una pausa. - ¿Pero una capilla? ¿De verdad?

- Bueno... no puedo negar que si suena bastante ridículo, pero nos pagan por trabajar, no para entender los porque de la situación.

- Kag... no importa que tan "inofensivo" sea tu trabajo, siempre tienes que estar atenta a los detalles. No pareces el tipo de mujer que pase por alto algo así.

- No... no lo hago y tampoco lo hice cuando Sango nos trajo el proyecto a la mesa, pero... bueno, es la primera gran idea que podemos desarrollar.

- Mira, mi padre nos encargó este proyecto a mi hermano y a mi, y la verdad es que no entiendo el porque él se interesó en esto, pero a mi no me agrada para nada. - su semblante se ensombreció. - Sólo te pediré... que le prestes atención a todo a tu alrededor, sobre todo cuando estés en el hospital, ¿de acuerdo?

Fin del flashback.

Había dos cosas que no podía negar: Primero, Inuyasha realmente era una persona responsable si hablábamos de trabajo, se notaba que, cuando finalmente se concentraba en ello, lo demás pasaba a segundo plano. Y, segundo, tenía razón en cada una de sus palabras.

Desde el comienzo este proyecto sonaba extraño y, a pesar de que en su momento también lo pensé, la realidad era que había dejado de lado muchas cuestiones sólo para hacer que funcionara.

- Aún así... no puedo dejar de preguntarme si en realidad él está enterado de algo que yo no.

En ese momento, el timbre de mi departamento sonó, sorprendiendo y tensándome de inmediato. El rostro de Bankotsu pasó por mi mente y, por unos segundos, me quedé inmóvil. Lo más racional era no abrir, mucho menos después de lo que habíamos vivido, pero necesitaba ver si era él.

Caminé lo más lento que pude mientras el timbre resonaba por segunda vez, sin embargo se oía lejano, producto de que el golpear de mi corazón se escuchaba más fuerte, al menos en mi mente.

Me acerqué y miré a través de la pequeña mirilla y solté el aire que tenía contenido en el mismo momento en que distinguí de quién se trataba.

- Koga. - sonreí, abriendo la puerta. - ¿Qué haces aquí?

- Kag. - me devolvió la sonrisa. - Hola... vaya, estas hermosa. - tomó mis manos y me observó de pies a cabeza. - ¿Llego en un mal momento?

- Bueno... estoy por salir a cenar con unas amigas. - mentí, y es que bajo ningún punto de vista podía permitir que él supiera con quien me iba en realidad.

- Oh, de acuerdo, ¿quieres que te lleve? Podríamos...

- ¡No! - lo interrumpí de una manera más efusiva de la normal. - Ellas vienen a buscarme, bueno, Sango me dijo que ya había subido al taxi.

Koga ya conocía a Sango, Rin y Ayame y se llevaba bastante bien con ellas a pesar de no haberse visto en más de algunas ocasiones.

- De acuerdo. - se quedó observándome fijamente a los ojos.

- ¿Qué sucede?

- ¿Crees que podríamos hablar luego de tu cena?

¿Hablar?

No podía comprometerme, después de todo no tenía idea de como saldría la cena con Inuyasha ni en donde terminaríamos...

Maldición, no tengo que pensar en eso.

- ¿Pasó algo malo?

- No... no, no te preocupes, no es nada malo. - llevó su mano a mi mejilla, acariciándola. - Tal vez, ¿mañana podríamos cenar?

- Si... bueno, claro, después del trabajo puedes pasar, si lo deseas.

- ¡Por supuesto! - su sonrisa se amplió al mismo tiempo en que se acercó, besando mis labios.

Correspondí su acción sólo unos segundos, ya que no sentí el deseo de continuarlo.

- Bueno... - me alejé levemente, abrazándolo para camuflar mi incomodidad. - ¿Hablamos mañana?

- De acuerdo, bonita, nos vemos.

Se alejó y cerré la puerta, deslizando mi espalda en ella hasta quedar en el suelo.

¿Qué estoy haciendo? Se supone que Koga y yo ya llevamos tiempo viéndonos... ¿Y si él quiere ir más allá?

El sonido de mi celular me sacó de mis pensamientos y reaccioné de inmediato. Lo tomé y me paralicé levemente al ver que se trataba de Inuyasha.

Todo listo, bonita.

Aquel texto estaba acompañado de una imagen, la cual mostraba una botella de vino sobre la mesa, dos copas y el espacio vacío que correspondía a mi lugar.

Sonreí porque, en el fondo, me causaba mucha ternura no sólo el saber que ya me estaba esperando, si no que había acomodado la pequeña mesa para tratar de sorprenderme.

La sonrisa parecía haberse vuelto costumbre en estos días cuando pensaba y/o interactuaba con él y esta vez no era la excepción. Con un leve temblequeo en mis manos, tecleé mi respuesta.

Estoy en camino.

Extra

Rin

Luego de que Inuyasha y Kagome, por fin regresaran, el señor Sesshomaru y yo ingresamos a la oficina. Él cerró la puerta detrás de si y, sin perder el tiempo, se colocó frente a mi.

- Pensé que nunca volveríamos a estar solos. - sus ojos dorados estaban fijos en los míos, mirándome desde una notable altura.

- Señor Sesshomaru. - aclaré mi garganta. - Por favor, mantenga su distancia. - pude notar como sus cejas se elevaron sutilmente. - Yo... no quiero que se acerque.

- Que extraño. - su tono se mantenía neutro. - No decías lo mismo la otra noche.

Mis mejillas ardieron en ese instante mientras el recuerdo de aquel momento aún resonaba en mi interior.

Inicio del flashback.

Sus labios en la piel de mis pechos había causado que todo mi lado racional se perdiera en un viaje místico, un sueño dulce del que no quería despertar. Su boca y mis pechos quedaron unidos a través de un pequeño hilo de saliva, mientras el dorado de su mirada se fundía con la mía. El calor había escalado rápidamente a mis mejillas y deseaba ir más allá sin perder el tiempo.

Comencé a desabotonar su camisa lentamente y, segundos después, esta se deslizó por el sofá, aterrizando en el suelo. Las palmas de mis manos acariciaron su torso desnudo, recorriéndolo de arriba hacía abajo hasta detenerte en el botón de su pantalón, el cuál sujeté con fuerza.

- Al parecer, quieres avanzar rápido. - sonrió levemente.

- ¿Usted no?

A modo de respuesta, sus manos acariciaron la zona alta de mis piernas, descendiendo por mis muslos hasta apretar mi trasero con fuerza. Esta vez fui yo quien lo besé con desesperación mientras elevaba mi falda y rasgaba los ambos lados de mis bragas.

Hice lo propio con su pantalón, desabotonándolo y él lo deslizó, quitándolo del medio. Sin esperar, colocó la punta de su miembro sobre mi entrada y depositó un suave beso en mi frente.

- ¿Estas lista?

Asentí y en ese instante, se adentró en mi interior, arrancándome un sonoro gemido.

Fin del flashback.

- Bueno... eso fue porque... - ¿Iba a decirlo? ¿Verdaderamente le iba a decir que había sido un error? - Fue sólo una noche casual.

- No creo que ese sea el problema. - por alguna razón, él supo leerme bastante bien. - ¿Qué más hay?

- ¿Qué mas hay? - murmuré, sintiéndome más nerviosa que antes. - Bueno, si, hay algo y es que... yo... tengo novio.

- Tienes novio.

- Si. - desvié mi mirada. - La noche en la que usted y yo... eso, aún no había nada serio con este muchacho.

Inicio del flashback.

El pequeño parque en donde nos habíamos conocido se asomó frente a mis ojos y no pude evitar sonreír.

- ¿Qué hacemos aquí? - pregunté muy curiosa.

- Ya te lo dije, es una sorpresa.

- Sabes que no me gusta esperar. - hice una mueca de tristeza y él sonrió, apoyando sus labios en mi frente. - Se que va a gustarte mucho.

El Uber se detuvo en la entrada y descendimos. Nos adentramos en la misma zona en la que nos encontrábamos Sango y yo durante aquella tarde en la que Kohaku nos encontró de casualidad y nuestras miradas se cruzaron por primera vez. En el mismo banquillo en el que ambas habíamos estado sentadas, se encontraba una especie de caja, la cual estaba recubierta por un hermoso papel con brillos y una pequeña nota unida a ella a través del moño.

- ¿Qué es...?

- Muchas gracias por cuidarlo. - le sonrió a un joven que se encontraba en el lugar, quién asintió y se retiró.

- ¿Para mi? ¿De verdad? - asintió. - Kohaku...

Lo tomé y lo primero que hice fue quitar el moño y tomar la carta, la cual abrí de inmediato.

Querida Rin.

Seré honesto. El motivo por el cual estoy escribiendo esta carta es porque se que cuando llegue el momento, me sentiré demasiado nervioso para decirte todo esto y no quiero quedar como un tonto frente a ti.

Rin... te quiero. Te quiero como nunca quise a nadie en mi vida. Si, eres la primera chica que me interesa de esta manera.

Desde que te conocí supe que eras diferente. No lo dudé ni un segundo, al verte supe que quería saber más de ti y no me importaba si mi hermana estaba en desacuerdo (por suerte no lo estuvo) y me alegra mucho que también hayas correspondido mi deseo.

Eres una chica increíble, la persona más hermosa y dulce que he conocido. Contigo la paso bien, me divierto y puedo ser yo mismo sin temor a que la gente piense que soy un debilucho por no gustarme lo que a la mayoría. Además eres preciosa.

Es por eso que hoy quería hacerte una pregunta... mira en la caja.

Desvié mi mirada cristalina hacía el interior y las primeras lágrimas rodaron al leer aquella pregunta.

¿Te gustaría ser mi novia?

Y, al lado, un pequeño ramo de flores y un peluche.

Fin del flashback.

- Pero... ahora si, somos pareja.

- Bien, te felicito.

Podría jurar que su mirada se ensombreció más de lo que normalmente era, pero también aquello pudo ser producto de mi imaginación. En ese momento, pasó por mi lado y tomó la carpeta con la lista de materiales y proveedores.

- ¿Pudiste adelantar algo?

Preguntó sin siquiera mirarme.