Jueves 28 de Junio.
Pasillos de la academia Kibougamine. Inicio del receso para almorzar.
Camino con calma por este trayecto desolado. Las grandes llanuras que antes habitaban y sus grandes arboledas ya no existen.
Obligado a tomar este trayecto por un gran fallo del dios máquina. Que destruyo el mecanismo finamente ideado para limpiar las aguas de los grandes monstruos marinos que he encerrado.
Ahora solo un fiel seguidor de aquel cruel dios puede ayudarme. Y por ello he decidido trazar este camino.
¡Incluso yo! El Gran Señor Oscuro, necesita de la asistencia de aquel vil ser.
Bueno… no tan vil, hemos hablado más en estos meses, incluso tengo su número de teléfono.
¡Pero igualmente! ¡Verme rebajado ante mis fieles sirvientes! ¡Es inaceptable! ¡Esos pequeños peses necesitan que su agua se renueve de forma urgente!
Acelero mi paso mientras sostengo mi bufanda finamente conseguida en las tierras más allá del mar. Este va a ser un proyecto rápido y de primera necesidad.
Luego de un par de minutos me encuentro cerca de la morada y puedo escuchar como una voz habla.
— Solo no dejes entrar a nadie Fujisaki… — Una voz que se siente cercana a ser atrapada por el Hipnos a su mundo de los sueños.
Justo llego a tiempo para encontrarlo saliendo de su guarida y cerrando sus murallas.
El aspecto de este ser es horrible. Ojos caídos y cubiertos por debajo con gran negrura. La rosa cabellera parece llena de grasa y marcas de aceite la oscurecen. Sus vestimentas, desarregladas y manchadas.
¿Qué clase de maleficio a imbuido al herrero de las maquinas?
Aunque algo mas llama mi sagrada atención, una bolsa oscura en sus manos, que parece querer ocultar secretos fuera de mi compresión.
Miro con ferviente seriedad al hombre ante mí. Solo para que este, como el gran vacío, me devuelva la mirada.
— Oh. Gundham. — Dice con muy poco entusiasmo, incluso parece estar molesto con mi llegada.
— Veo que lo he encontrado en el viaje de una encrucijada, señor de las maquinas — Menciono en un murmuro.
El responde mirándome con una mirada desprovista de energía.
Solo para después dar una pequeña sonrisa.
— Si. Ha habido mucho trabajo en estos días — Él dice con las fuerzas que le quedan
Levanto una ceja en profusa confusión.
Él no ha insultado ni se ha quejado de mí hablar. Esto parece más grave de lo que yo podría llegar a prever.
— Señor de las maquinas, ¿cuándo fue la última vez que se dejó caer en los brazos de Sandman? — Pregunto mientras evado su mirada.
Este suelta un suspiro y veo de reojo como mira hacia la ventana. Tan taciturno como la maestra de los juegos.
Tarda más de lo que sería pertinente responder, pero ante tal estado, decido tener clemencia ante él.
— ¿Desde el lunes? — Dice dubitativo.
Eso tiene sentido, las energías no pueden sostenerse en un cuerpo durante tanto tiempo sin el reposo de las energías.
…
— ¿¡Su cuerpo no ha reposado durante tres lunas y cuatro mañanas?! — Expreso incrédulo y sin poder limitar mi voz — ¡Vuestro cuerpo necesita reposo cuanto antes!
El hombre con la dentadura de tiburón me mira molesto mientras se tapa un oído.
— No he tenido tiempo. — Dice con clara molestia.
— ¡Eso no es excusa simple mortal! — Lo juzgo e imito su tono de molestia — ¡Seres débiles como tu necesitan abrazar los brazos de la noche! —
— ¡No he podido! — Se queja ante mí, sin alzar mucho la voz, parece que ha perdido tal cualidad debido a las horas en vela. — ¡El trabajo no me lo permite!
Lo miro mientras aprieto los dientes y el solo me da una mirada cansada.
Desprovisto de toda la fuerza que lo caracteriza.
Esta no es la imagen de un señor de las maquinas, es simplemente un mortal desgastado.
Que detesto ver de esta forma, pero que necesito ayuda urgentemente.
Doy un fuerte suspiro y lo observo con desamparo.
El toma mi mirada, para luego parecer más deprimido y cansado que antes.
Detesto ser la razón de aquel dolor.
— Necesitas mi ayuda para reparar algo. ¿Verdad? — El murmura suavemente.
Yo solo doy un asentimiento sin mirarlo.
— ¿No puede esperar? — Menciona esperanzado.
— El renovador de agua del acuario se rompió, y parece que fue anoche. — Digo con pena en mi voz.
El silencio inunda el pasillo. El silencio ensordecedor no me permite oír con claridad. Puedo sentir como la vergüenza inunda mi rostro, que solo puede ser cubierto por la bufanda que fue ofrenda de la dama oscura.
Con mi mirada gacha, noto como los pies del mecánico vuelven hacia su reino.
Abre la puerta y con una voz ronca menciona.
— Fujisaki, Soy yo, ¡me había olvidado de mi caja de herramientas! —
Yo espero pacientemente en la puerta, ahora mismo mis fieles Devas serian un gran consuelo. Pero la Dama Oscura quería pasar tiempo con ellos durante el almuerzo.
Algo que ya había sido escrito en piedra por mí el día de ayer.
Aplaco mi vergüenza retorciendo mi bufanda.
Pasa un sólido minuto hasta que escucho al hombre salir.
Ahora, a la vez que transporta aquel misterioso objeto encerrado en su mano izquierda. Su diestra transporta una caja metálica verde con sus instrumentos.
— Vamos. — Dice con simplicidad y los dos comenzamos a caminar.
Rezo ante todos los dioses que el problema sea simple y no atosigue de gran manera al mecánico.
Porque por mucho que sea un ser supremo de la oscuridad. Su sufrimiento no me sacia. Sino que me daña.
Jueves 28 de Junio
Laboratorio de Gundham: Faltan treinta minutos para que acabe el almuerzo
El gran campo que es mi reino ha sido cuidado de gran manera por mis fieles sirvientes. Aunque los grandes equinos deberán recibir un castigo por desobedecer a su señor.
Van a ser alimentados con puro heno durante lo que reste de semana, sin premios.
El desastre que hicieron en el campo será un problema para otro momento.
Ahora mismo Souda está reparando el limpiador. Mientras yo me quedo observando callado sus maniobras.
Pero no puedo evitar pensar, como han cambiado las cosas con el tiempo.
En primer año, nosotros dos éramos firmes enemigos en el campo de batalla.
O mejor dicho, rivales. La tolerancia no era una opción en nuestros encuentros.
Aún recuerdo las miles de disputas verbales que han sido atestiguadas por nuestros compañeros.
Siempre fue estar en la garganta del otro.
Pero en los tiempos que vivimos. La llama se ha apagado y la guerra ha perdido su significado.
Ya no vemos la necesidad del conflicto. Un dialogo obligado por el señor de los criminales nos obligó a detenernos.
Los dos sentados, uno frente al otro, con un único mediador.
Fue una experiencia en principio indeseable, pero luego, satisfactoria.
Pusimos todo lo que teníamos en la cabeza sobre la mesa. Una reunión para dejar las armas de lado.
Cada palabra que se dijo solo tuvo la sinceridad y a la vez el hartazgo.
El peco de muchos errores, que tuvo que enfrentar de una vez. El rostro avergonzado y decepcionado de si mismo aun perdura en mi memoria.
Pero, incluso yo, el Gran Señor Oscuro, tuvo cosas de las que arrepentirse. No me sentí orgulloso de las actitudes que demostré.
Aquel invierno que ahora aparenta ser lejano, fue el momento que nos logramos entender.
Pasamos más tiempo hablando, quizás no tanto como el yakuza con él y yo con la dama oscura. Pero aun así, creo que nos podríamos considerar, aliados.
Ya no hay mala sangre, las discusiones se mantienen al mínimo. Aunque estas últimas radiquen en su mayoría al mismo tema, su sobreesfuerzo en la maquinaria.
Souda está maldito, y esa es su adicción al trabajo que le han implantado. Cosa que a veces lo hago pecar, muy a mi pesar.
Pero este es el último trabajo que le permito. Lo obligare a entrar en reposo aunque tenga que hacerlo por la fuerza.
Puede que mi especialidad sean mis fieles bestias. Pero sé muy bien lo que le pasa un cuerpo con la escases de sueño.
Los delirios deben estar por aparecer. Si no lo han hecho ya y el simplemente no los puede notar.
Si el caso fuese este último. Definitivamente voy a dar un hechizo físico para hacerlo dormir.
— Parece que ahí estaría resuelto — Dice el señor de las maquinas mientras baja de su escalera con su equipo de herrería. — El filtro se había roto. Ahora se está limpiando el agua, debería estar listo en un par de minutos—
— Agradezco vuestra ayuda — Digo con calma.
— Si. Si. Sabes que no hay problema. Además fue una reparación fácil. — Dice mientras se intenta acomodar el gorro, pero queda todavía más desarreglado.
Yo solo le doy una mirada molesta y un poco preocupada.
El da un pequeño suspiro al verme y una pequeña sonrisa.
— Te prometo que dormiré después de entregarle algo a alguien — Dice con calma.
Doy un asentimiento satisfecho, el guarda sus herramientas y toma tanto la bolsa con el objeto misterioso, como su caja metálica.
Caminamos en un calmo silencio de nuevo adentro de la escuela.
Por mucho que quisiera hablar, presiento que eso es lo último que necesita.
El ruido de nuestros pasos es tranquilo. Aunque a veces noto como su caminar es algo errático. El cansancio tiene que haber destrozado su equilibrio.
Debemos haber tardado cerca de diez minutos para llegar hasta el piso de nuestro salón y en el que se encuentra su laboratorio.
Recién acabamos de subir por los escalones de esta fortaleza e íbamos a continuar caminando
Pero antes de que me diera cuenta un grito resuena por el pasillo.
— ¡Ahí estas! — Una voz enojada y una persona con el mismo semblante caminaba hacia nosotros.
La señora que puede capturar seres en imágenes parecía muy molesta.
Yo la miraba con un ceño fruncido. Algo que no fue replicado por mi compañero, que solo le daba una mirada taciturna.
A un paso acelerado ella se paró frente a nosotros, y miro de forma fulminante a mi compañero.
— ¿¡Se puede saber que le has hecho a Hiyoko!? — La mirada de ella parece arder con la furia del sol. Aquellos ojos verdes como las hojas de un olivo brillaban con una nueva furia.
Miro con confusión la situación. ¿De qué está hablando esta mortal?
Y por el mismo desconocimiento que observo en la mirada de Souda, él se encuentra en la misma situación.
— ¿De qué hablas? — Pregunta cansado. Creo que en este momento el señor de las maquinas podría ser confundido con la maestra de los juegos. — Creo que no he hablado con Saionji… ¿en cuánto? —
Pregunta al aire con confusión. Lo que parece molestar más a Mahiru y esta se acerca un poco más.
Yo miro molesto a la chica. Pero por ahora decido no intervenir.
— ¡Sabes bien a lo que me refiero! — Mahiru mantiene su tono de voz, pero empieza a ponerse roja — ¿¡Cuánto tiempo pasas con mi amiga!?
¿Qué le pasa? Mahiru no suele actuar así. Pero parece un tanto molesta por demás. Souda solo le da una mirada todavía más confundida.
— Yo, ¿no lo sé? — dice cansado, parece querer recordar lo por la mirada que posee, noto como se está tambaleando un poco y doy una mirada preocupada.
Iba a intentar hablar, pero Mahiru se me adelanto, con una expresión más calmada, dándose cuenta que estaba actuando un poco histérica.
— ¿Solo quiero saber si has pasado más tiempo con ella? — Dice mientras le da un suave empujón con el dedo.
Algo que en cualquier otro momento hubiese un gesto inofensivo para plantear su punto.
Solo que esta vez, el objetivo apenas se mantenía en pie.
Sentí que el tiempo se ralentizaba. Por una vez, me sentí como si de verdad tuviera poderes.
Vi como Souda empezaba a caerse. Con dirección a las escaleras. Pude notar como la expresión de Mahiru cambiaba. De la molestia inicial a una de sorpresa.
Los segundos pasaban y Souda había soltado tanto la bolsa como su caja de herramientas. Y se precipitaba hacia el abismo.
Como si fuera puro instinto me apure a tomar su brazo y apoyar mi otra mano en la pared donde terminaba la escalera.
Logre atraparlo, pero un gran estruendo sonó por toda la escalera y el pasillo.
Sentí como el tiempo volvía a su curso habitual.
Souda me miraba con una mirada conmocionada. Casi que estaba temblando.
Los ojos, por primera vez en el día estaban completamente abiertos.
Tire para que el pudiera pararse derecho. Su mirada no cambio.
Solo hizo algo que yo no espere, se dio la vuelta y miro hacia la escalera.
Una bolsa negra era aplastada por la caja de herramientas. Él no se movió, simplemente se quedo quieto.
Fruncí el ceño y baje a buscar la bolsa, junto con la caja. Que por gracia divina no se había abierto gracias a la cerradura de esta.
Pero al sentir la bolsa negra en mis manos, me di cuenta rápido. Sea lo que sea que tuviera adentro, esta completamente destrozado.
Con una cara molesta le di la bolsa, mientras evitaba mirarlo.
Al tocarlo se dio cuenta, era algo que el ya esperaba.
Su mirada se volvió vacía, casi como si estuviera hueca.
Escuche a Mahiru, la cual había estado ignorando, decir un suave lo siento.
Su rostro mostraba vergüenza y arrepentimiento.
Pero esto no pareció ser escuchado por Souda, que se quedó mirando la bolsa durante unos segundos. Para luego tomar la caja de herramientas de mis manos.
— Tengo que volver al trabajo… — Fueron las únicas palabras que dijo antes de empezar a caminar. Él sabía dónde, y ahora estaba muy molesto por estos sucesos.
El espero hasta que Souda estuviera fuera de la vista. Para girarse hacia Mahiru, que no había cambiado de expresión.
— No entiendo tu razonamiento mortal. — Digo con la poca calma que me queda — Pero lo que acabas de hacer casi fue un error que te podrías haber arrepentido durante toda tu existencia. —
La mirada de la chica cae más.
Ella debe saber que tengo razón y no planea contradecirme.
— La preocupación por un ser afín es entendible e inevitable. Pero el permitir que el juicio vuestro sea nublado por este, puede ser fatal — Digo con calma — ¿Acaso no has notado el estado en el que se encuentra el señor de las maquinas? —
Ella levanta su rostro y da un asentimiento.
— ¿Entonces? —
— Lo vi ayer y si, estaba él estaba un poco cansado. Pero pensé que ya había descansado para hoy. Yo… sinceramente no lo vi a la cara hasta el último momento — Menciono muy apenada. — Lo siento… —
— Yo no soy la persona que debes esas disculpas. Souda es quien las merece. Y lo harás cuando él tenga al menos un poco de conciencia de si mismo —
Ella da un suave asentimiento y los dos quedamos en silencio.
Los segundos pasan, para que se escuchen unos pasos muy lentos.
Una mirada adormilada nos ve, pero esta es distinta a la de cierto mecánico zombificado.
— Escuche un ruido, ¿que fue esta vez? — Menciona en un tono curioso mientras nos ve con curiosidad. Pero rápidamente, y probablemente por ver cómo estamos, su tono cambia a uno preocupado — ¿Qué paso?
La amante de los videojuegos espera nuestra respuesta. Y ante la duda de Mahiru simplemente decido hablar.
—Souda casi se cae por las escaleras por el cansancio — Menciono serio. Puedo notar la expresión incrédula de la chica a mi lado. — Lo que sonó fueron sus herramientas cayendo sobre un proyecto suyo. Fue por culpa de no dormir. —
Chiaki nos ve con una mirada apenada y asiente
— Al menos esta bien. — Dice la jugadora — Después iré a ver como esta — dice sin su habitual tono somnoliento.
Doy un breve suspiro.
— Aunque habíamos pensado jugar mañana por su cumpleaños… no se va poder. — Dice con un tono triste.
Por unos segundos doy un suave asentimiento. Pero luego levanto la cabeza sorprendido.
— Espera, ¿qué has dicho mortal? — Pregunto algo incómodo.
Chiaki me mira confundida mientras inclina la cabeza.
— ¿Que el cumpleaños de Kazuichi es mañana? —
Tanto Mahiru como yo parpadeamos confundidos. Hasta que nos damos cuenta.
— Le tengo que avisar a Hiyoko — Menciona la pelirroja mientras baja las escaleras.
Yo la sigo corriendo, mientras voy a buscar al más grande de los yakuza. Dejando a una Chiaki completamente confundida.
Solo tenia dos cosas en la cabeza mientras corría.
Como pude yo, el señor más grande de las bestias, olvidar una fecha importante.
Y, rezo con esperanza de que él lo haya mantenido en su mente.
Sino, que clases de amigos somos
