El mar era agitado, tanto que a Tyrion le provocaba mareos, si bien estaba en un mejor camarote que aquel en el que se vio obligado a viajar cuando escapó de King's Landing, no podía evitar sentir cierto mareo, miró hacia la puerta, ahí estaba él, no podía ponerse si quiera en su lugar ¿Cómo un hombre sin verga podía estar tan tranquilo? Gusano gris lo miraba sin aprehensión, de hecho, lo miraba sin ninguna emoción alguna.
—Gusano Gris ¿Te puedo ayudar en algo?
—La reina desea verte.
—Claro… dile que… dile que en un momento la acompañaré.
El hombre no se movió de su sitio, Tyrion rodó los ojos, se levantó de su cama, se puso algo presentable y acudió al llamado.
El sol en altamar quemaba mucho más que en cualquier otro lado, Tyrion se cubrió los ojos cuando salió al exterior, Daenerys lo esperaba en la proa, caminó a paso firme, evitando a toda costa que se notara el mal rato que pasaba.
—Sí, majestad.
—Necesito saber algo, los abanderados de mi hermano, las casas que sirven a Rocadragón ¿Me seguirán a mí también?
—Bueno, los Velaryon y Celtigar comparten la ascendencia Valyria, yo creo que…
—No me digas qué crees, solo responde ¿Me seguirán o no?
—No lo sé.
La respuesta de Tyrion no pareció satisfacer a Daenerys, miró hacia el cielo, Drogon, Viserion y Rhaegal volaban libremente, parecían disfrutar del clima marítimo, luego miró hacia estribor, la vela con el kraken dibujado parecía devolverle la mirada.
—Si no lo hacen por cuenta propia, lo harán por otros medios.
Lejos de ahí, en tierra firme, en lo que alguna vez fue la residencia de la casa Tully, Lord Walder Frey lucía excitado, la gran comida que había organizado con todos sus hijos, nietos y bisnietos creaba un barullo sin igual en el salón, la moza le entregó un pie de mandarinas, el hombre le dio una nalgada y la chica no hizo más que acomodar la comida, la sonrisa podrida del viejo lucía grotesca a la vez que dedicaba una mirada libidinosa a la muchacha, sus hijos reían, comían y bebían, Walder se levantó y golpeó la mesa con su copa, el barullo cesó en un instante.
— ¡Que momento tan histórico! La casa Walder celebrando dos festines consecutivos, porque sí, después de todo, esto es un festín y ¿Qué sentido tiene ser un buen señor si no puedo pasar un rato agradable con mi familia? — Los hombres en las mesas dieron golpes de felicidad, las risas llenaron el salón, Walder sonrió — He reunido a cada uno de los Frey que valen algo la pena, se preguntarán cuál es el motivo y qué planes tengo para esta gran casa, lo revelaré en su momento, pero antes, un brindis — Varias mozas se movieron entre las mesas, les entregaron jarras de plata rellenas de vino que, los orgullosos hijos de Frey, comenzaron a emplear para servirse ellos mismos, el viejo sonreía plácidamente ante ello — ¡No más de ese vino de dorniense que sabe a orín de caballo! Esta es la mejor cosecha dorada de Arbor, vino apropiado para héroes apropiados — Más vítores, Walder alzó la copa, mirando con satisfacción como todos y cada uno de sus hijos bebían de las suyas, cuando su joven esposa tomó el suyo, Walder se volteó a ella con mirada iracunda — ¡Tú no! No desperdiciaré un buen vino en una maldita mujer — La chica miró hacia abajo con tristeza y bajó su copa — Tal vez no soy el hombre más placentero, lo admito, pero estoy orgulloso de todos ustedes. Son mi familia, los hombres que me ayudaron a masacrar a los Stark en la Boda Roja.
— ¡Sí!
— ¡Oh sí!
—Sí, hombres muy valientes, cortaron la garganta de una mujer, madre de cinco, masacraron a sus invitados en su propia casa, pero, ustedes no masacraron a todos los Stark, no… ese fue su error, debieron haber acabado con todos, no haber dejado a ninguno con vida.
Los hombres comenzaron a toser, la esposa de Frey lo miró con asombro ¿Cómo podía su marido expresarse así? La sangre comenzó a cubrir todas las mesas, las ropas de los Frey se manchaban de rojo.
— ¿Qué es esto? — Se preguntaban algunos, mientras se tomaban sus gargantas.
—Deja un lobo vivo, y las ovejas jamás estarán a salvo.
Los hombres comenzaron a caer, la mirada aterrorizada de la esposa de Frey se enfocó en el viejo, éste se tomó del cuello y, como si se despojara de una capa o una prenda sin más, la piel de su rostro se desprendió, la chica lo miraba con terror ¿Qué estaba pasando? El rostro de Arya Stark miró con satisfacción su obra, se volteó a la chica y le dijo con voz firme.
—Cuando pregunten qué sucedió aquí, responde que el Norte recuerda, diles que el invierno llegó para la casa Frey.
La chica no pudo ni asentir, Arya bajó del podio donde la mesa principal se hallaba, caminando entre sangre, vómito y otros fluidos, caminando entre los cuerpos tendidos de los últimos que llevaron el apellido Frey, la mirada atónita de las mozas la siguió hasta salir, Arya esbozó una sonrisa de satisfacción, su venganza estaba hecha.
La fortaleza roja estaba más calmada de lo que debería, los pasos de Jaime se sentían pesados, la molestia en su cabeza lo estaba matando ¿Qué debía decirle a Cersei? Ni bien llegó había notado que no era la misma ¿Qué le había pasado a la mujer que amaba? Ahí estaba ella, miraba con vehemencia hacia el suelo donde un hombre, hincado sobre sus rodillas, pintaba algo bajo los pies de la ahora reina, cuando llegó al lugar vio con sorpresa lo que era, un enorme mapa de Poniente, los siete reinos en todo su esplendor, el hombre casi llegaba a la isla del oso, recorrió con la vista la totalidad del mapa, Lanza del Sol, la Torre de la Alegría, Refugio Estival, Altojardín, Antigua, todo desde el Sur, las Tierras de las Tormentas, las Tierras de los Ríos, El Valle, El Norte, Recordó cómo su padre lo había hecho memorizar todas y lada una de las locaciones, los castillos, sus ríos, a qué casa pertenecía cada uno, podría apuntar con el dedo y señalar cuál era el señor que dominaba el lugar o qué frontera se encontraba ahí.
—Márchate — Le dijo Cersei al pintor, Jaime la miró, su voz lo sacó de sus pensamientos.
— ¿Qué es esto? — Dijo él.
—Es lo que hemos esperado toda la vida, es para lo que nuestro padre nos entrenó, lo supiera o no.
—Él lo sabía — Dijo casi como si fuera una broma — Hizo que memorizara todo puto pueblo, río y montaña.
—Ahora es nuestro, solo debemos tomarlo. Has permanecido en silencio desde que llegaste ¿Estás enojado conmigo?
—No, enojado no — Era una buena pregunta ¿Cómo se sentía con ella?
— ¿Me temes?
— ¿Debería? — Soltó la pregunta directamente, las cosas que había escuchado, el septo de Baelor… Tommen…
—Daenerys Targaryen ha escogido a Tyrion como su mano, ahora mismo navegan por el Mar Estrecho esperando recuperar el trono de su padre y nuestro pequeño hermano al que tú amas tanto, al cual liberaste permitiendo que asesinara a nuestro padre, ahora se acuesta con el enemigo y le da consejo — Jaime bajó la mirada ¿Qué podía decirle? — Está ahí afuera, al mando de un ejército ¿A dónde llegarán?
—Rocadragón — Respondió Jaime sin chistar — Sus puertos de aguas profundas son aptos para los navíos, Stannis lo dejó desocupado y ahí es donde ella nació.
—Enemigos al este, al sur con Elaria Arenas y sus serpientes… enemigos al oeste, la vieja bruja, Olena y, obviamente al norte ¿Supiste que el bastardo de Ned Stark fue nombrado Rey en el Norte? También la golfa asesina de su hermana, Sansa, se encuentra a su lado. Estamos rodeados de traidores. Eres el comandante del ejército ¿Cómo debemos proceder?
—El invierno llegó, no podemos ganar si no podemos ni alimentar nuestros caballos, el grano está en el Dominio, también el ganado.
— ¿Crees que los abanderados de los Tyrell lucharán por una zorra que se crio en las ciudades libres a la par de los dothrakis?
—Si creen que ella ganará, nadie peleará por el lado ganador y, ahora mismo, nos vemos como el lado perdedor.
—Soy la reina de los siete reinos.
—Tres reinos, y eso es decir mucho.
—Entiendo que estamos en una guerra por la sobrevivencia y quien pierde morirá. Entiendo que quien gane perdurará por miles de años en el poder.
— ¿Y para quién sería esa dinastía? Nuestros hijos han muerto, solo quedamos nosotros.
—Entonces nosotros seremos la dinastía.
— ¿Qué pasó con Tommen?
—No hay nada que decir.
—Nuestro hijo se mató él solo.
—Él me traicionó. Nos traicionó a ambos ¿Acaso debemos pasar los días lamentando a los muertos? Madre, padre, nuestros hijos.
—Cersei…
— ¡Lo amé! Claro que lo hice. Pero ahora solo son cenizas y carne putrefacta, somos los últimos Lannister que quedan.
Jaime se volteó, cansado, era imposible discutirla.
—Aún los Lannister necesitamos aliados ¿Dónde están nuestros aliados ahora? ¿Escuchaste lo de los Frey?
—Lo hice, era obvio que no podíamos confiar en él.
—Podría ser, sin embargo, los Frey nos apoyaron, ahora están muertos y quién lo haya hecho no es amigo nuestro… Necesitamos aliados.
Cersei miró hacia la nada, sus ojos, inexpresivos, se entrecerraban de tal forma que denotaba ya había formulado un plan, Jaime temía cuál sería su respuesta.
—Ya me he antepuesto a ello, dos grandes flotas vienen en camino, una de ellas llegará el día de hoy, la otra… bueno, será más complicado ahora que nuestros enemigos también cruzan el mar angosto.
Jaime la miró, sabía que debía haber algo, si una de las flotas cruzaba el Mar Angosto solo podía significar una cosa, mercenarios, hombres a sueldo que no rendían lealtad a nadie, y solo había un grupo lo suficientemente grande y fuerte para hacer que Cersei se sintiera tan confiada.
La ciudad libre de Pentos, refugio de múltiples exiliados políticos de decenas de reinos, imperios incluso que ya habían caído. Una casa en específico, de rica arquitectura y hermosos jardines, las puertas de madera importada y cristal de los desiertos que circundaban Qart, había múltiples mozas que cruzaban los pasillos buscando terminar sus múltiples tareas, un hombre, de barba gris y casi calvo de la cabeza, hablaba con un hombre no mucho mayor, éste otro de barba abundante, vestido con las finas ropas traídas de Lys, sonreía a la vez que sostenía una copa de vino.
— ¡Jon! Jon, Jon, Jon, siempre es un placer compartir un buen vino junto a ti.
—Que gusto que sea de tu agrado, Illyrio, pero por favor, siéntate, tengo noticias para ti.
Illyrio se sentó, ahora sintiéndose intrigado.
— ¿Qué tipo de noticias?
—Tu chica, la Targaryen, cruza ahora el Mar Angosto con rumbo a los Siete Reinos, la amenaza que representa es lo suficientemente grande como para que la esposa del usurpador pida apoyo de la Compañía Dorada.
Illyrio se enderezó ¿La Compañía Dorada?
—Con que así es ¿Qué ha dicho Toyne? ¿Ha aceptado el contrato?
— ¿Acaso la Compañía alguna vez lo ha rechazado?
—No es lo que acordamos, Connington.
—No, no lo es, pero no pienso faltar a mi palabra.
Un chico entró en la habitación, de tez clara y ojos azules, Mopatis lo miró ¿Acaso era uno de sus nuevos mozos? Lo dudaba, estaba vestido con ricas telas.
— ¡Ah! Este de aquí es mi hijo, Griff el Menor.
Illyrio lo miró de nuevo, el cabello negro contrastaba con el castaño de Jon Connington, debía ser de alguna de las chicas de las Islas del verano que a su amigo le gustaba frecuentar.
—Vaya, con que un hijo, te lo tenías bien guardado.
—Griff, éste de aquí es Illyrio Mopatis, fue el cuidador de Viserys y Daenerys Targaryen.
—Oh, ya veo, es un placer, señor Illyrio.
—El placer es mío, muchacho, pero ¿A qué viene todo esto?
—Dile, hijo.
—La Compañía Dorada está lista para zarpar, la reina Lannister espera que lleguemos en unos días, ha avisado ya a sus abanderados que nos den paso libre.
Illyrio no se veía contento.
—Continúa.
—Sin embargo, no nos detendremos en Desembarco del Rey, iremos más allá.
— ¿Más allá? ¿Planean atacar Rocadragón?
Jon pegó una risotada.
—Mi viejo amigo, por supuesto que no, uniremos nuestras fuerzas a Rocadragón, llevaremos esto.
Jon tronó los dedos, una moza entró sosteniendo un cojín, encima de este, un pañuelo escondía algo, Illyrio lo miró con curiosidad ¿Qué era lo que ahí había? Jon alzó su mano y levantó la pañoleta, Illyrio casi se va de espaldas, no creía lo que veía, algo que había visto solo en libros de historia, escuchado leyendas, la corona que descansaba en el cojín era de hierro, simple y sin ornamentos más que unas piedras de rubí, Griff y Jon sonrieron con satisfacción.
—Eso… eso es…
—La corona de Aegon el Conquistador.
— ¡Por los siete infiernos! ¿Cómo te has hecho de ello?
—Hace ya casi cincuenta años, cuando el último de los Fuegoscuro intentó invadir Poniente, llegó a ellos un comerciante, provenía de Dorne, se presentó a la compañía dorada ofreciendo especias, telas y vino caliente, sin embargo, Maelys encontró algo más, esta corona, obviamente sabía lo que era, se la puso jugando y fingiendo ignorancia, cuando le preguntó al comerciante éste dijo que había estado en su familia por generaciones, granjeros.
—Generaciones, todo desde que el Rey Daeron invadió sus tierras ¿Cómo sobrevivió hasta nuestras fechas?
—Según lo que cuentan, su tatara-tatarabuelo, recogió la corona de un campo de batalla, buscaba acero para forjar armas para Lanza del Sol, sin embargo, algo hizo que desechara la idea de fundirla, ni siquiera sacó los rubíes de la misma. La corona es de acero valyrio, debieron saberlo en su momento, el comerciante no era tonto, sin embargo, cuando Maelys intentó negocial con él, el precio que puso era muy por encima de lo que estaba dispuesto a pagar, ese día fue el último que el comerciante respiró.
—Pero, eso no responde mi pregunta.
—Maelys la guardó esperando usarla cuando se sentara en el trono de hierro, sin embargo, Barristan lo mató antes de que pudiera si quiera poner un pie en las Tierras de la Corona, el objeto quedó en manos de la Compañía Dorada, hasta el día de hoy.
—La reina estará complacida, la corona del conquistador, para la conquistadora.
—Sí, lo estará, vaya que lo estará.
Griff sonrió con satisfacción hacia Jon, éste le devolvió la mirada, asintiendo en complicidad.
—A usted no le importan las Islas del Hierro, son solo un lugar que huele a pescado podrido, lleno de sal, gaviotas y hombres muy apuestos, pero… la Flota de los Hombres de Hierro, eso sí le interesa. El poder suficiente para aplastar a los usurpadores en el norte y en el sur, eso sí es de su interés.
Cersei miró a Euron Greyjoy con asco, el hombre, pequeño y petulante, se atrevía a decirle qué era lo que quería, qué era de su interés y, sin embargo, tenía razón.
— ¿Y qué es lo que quieres a cambio?
Euron esbozó una sonrisa maliciosa.
—Desde niño siempre tuve un sueño, casarme con la mujer más hermosa en los siete reinos y aquí estoy ahora, con mil barcos y dos buenas manos.
Jaime lo miró sin poder creerlo, Euron extendió las manos con satisfacción, la sonrisa que mostraba su dentadura chueca lo hacía ver más desagradable de lo que en verdad era, Cersei, siendo la mujer que era, hizo una mueca.
—No acepto tu propuesta.
Jaime lo miró con satisfacción, el fantasma de una sonrisa podría haberse dibujado, pero se contuvo de expresar su felicidad, Euron, consternado, miró a Cersei a los ojos.
— ¿Por qué?
—No eres de fiar, has fallado a tus promesas antes y has asesinado a tus aliados en la primera oportunidad, mataste a tu propio hermano.
—Deberías intentarlo, es muy satisfactorio.
Euron rio con sorna, Jaime miró a Carsei quien no mostraba sentimiento alguno.
—Esto es ridículo — Dijo Jaime.
—No espero que confíes en mí de inmediato, necesitas pruebas de mis intenciones, en mi experiencia, la mejor forma de ganar a una mujer es con un regalo, un regalo invaluable. No regresaré a Desembarco del Rey hasta que lo tenga.
Euron asintió hacia Cersei, ésta le dio una sonrisa incrédula, Jaime no apartaba la vista de su hermana y amante, los ojos de ella, sin embargo, siguieron a Euron hasta que salió del salón del trono.
Daenerys miró la fortaleza con atención, cientos de veces la imaginó y, a decir verdad, los sueños y pensamientos no le hacían honor a lo que veía, Rocadragón debía ser un lugar inexpugnable, las altas murallas que lo rodeaban y el estrecho camino por el cuál era el único medio por el que podían acceder, al menos aquellos que no poseían dragones; se inclinó en la arena y, como si fuera un objeto mágico, tomó un puñado de arena y la dejó caer entre sus dedos, sonrió con complacencia, necesitaba comprobar por sí misma que no era una ilusión, que no era el producto onírico de una visión más allá de lo físico, Missandei se acercó a su reina.
—Es impresionante, Khaleesi.
—Es aquí donde abrí por primera vez los ojos.
—En una noche de tormenta ¿Cierto?
—Cierto
Daenerys avanzó a paso firme, seguida por sus allegados, Gusano Gris miraba a los pescadores con desconfianza, éstos, extrañados de ver a tal gentío, no apartaban la vista de ellos, fue entonces que el rugido de los dragones captó su atención, los hombres, armados con no más que cuchillos para destripar pescado, cañas y redes, huyeron despavoridos ¿Y cómo no? No habían visto un dragón en sus vidas, habían desaparecido hacía más de 100 años, Daenerys los miró y esbozó media sonrisa.
El interior de la fortaleza era de piedra negra, iluminado por unas cuantas antorchas, el recuerdo de una dinastía perdida estaba grabado en esas paredes, sus antepasados habían reinado y ocupado ese lugar por generaciones, su padre, el padre de éste y el de ese más, todos y cada uno de ellos habían caminado por esos mismos pasillos de forma tan cotidiana, de forma tan natural, ella no podía dejar de sentirse como una extraña a pesar de que el legado de su familia residía en esas mismas rocas, llegó al salón del trono, tallado en una roca negra al final de unas pequeñas escaleras, detrás de la misma, una ventana triangular, Daenerys lo miró con satisfacción, sin embargo, no era su meta, el objetivo de toda una vida yacía más allá del mar, tan cerca y tan lejos, el trono desde donde su padre y su abuelo habían reinado, forjado tres siglos atrás con el fuego de dragón y las espadas de sus enemigos, el trono de hierro, ocupado en ese momento por la reina del usurpador, una mujer que, a ojos de muchos, no tenía derecho si quiera de tocar los escalones que lo precedían.
— ¿Cuándo llegarán los vasallos de Rocadragón?
—Majestad…
Daenerys miró a Tyrion, éste desvió la mirada.
—Enviaste los cuervos como se te indicó ¿No es así?
—Sí, majestad, de hecho…
—Majestad, ha llegado un cuervo, me temo que no se nos unirán pronto.
Dany miró a Varys sin creerlo, éste sostenía un pergamino y, su mirada perdida, como siempre, observaba a la reina a los ojos.
— ¿Qué quieres decir con eso?
—La usurpadora, ha impuesto un bloqueo ni bien pasamos, el mar se ha llenado de velas negras con el kraken en las mismas.
—Greyjoy.
—Euron Greyjoy, eso debe ser.
—Se suponía que Yara y las serpientes acabarían con él.
—Deben haber estado aquí antes de que zarparan.
—Eso o…
—O se adelantaron a nosotros.
Dany respiró hondo, miró a Tyrion y luego a Varys.
—Bien, si los abanderados no vendrán, debemos comenzar sin ellos.
La nieve caía a montones, el frío congelaba hasta los bigotes y, entre la tempestad, los hombres cabalgaban firmemente, sin aminorar su paso por la helada tormenta. El Perro, que en su vida habría pensado que se encontraría viajando con semejante compañía, seguía ofuscado mientras que Thoros y Beric sonreían divertidos, entonces, entre la tempestad, pudieron divisar una casa, Sandor la reconoció de inmediato, "Mierda" pensó él.
—Se ve como un buen lugar para descansar — Dijo Beric, el Perro ni siquiera lo miró.
—No creo que seamos bienvenidos en ese lugar.
—Miralo bien, no hay ganado, no hay cosecha, está abandonado.
—No es un buen lugar.
—Tiene cama y, si tenemos suerte, habrán escondido cerveza.
—No lo tienen, no sé.
No lo escucharon, siguieron con rumbo a la casa, Sandor, que sabía lo que esperaba, estaba reacio a avanzar, sin embargo, lo hizo. Beric abrió la puerta, no estaba trabada, había polvo y telarañas por doquier, todos entraron, Thoros fue directo a la chimenea, cuando Sandor entró, comprobó que efectivamente estaba abandonada, fue entonces que se percató, en una esquina, abrazados el uno al otro, había dos cuerpos desecados, Sandor los miró con un deje de desasosiego, sabía que era su culpa, él los había matado, Beric lo interrumpió nuevamente, mirando hacia los cuerpos.
—Triste final ¿No crees?
—Que te jodan.
— ¿Sabes qué les pasó?
—La muerte, eso les pasó.
—La niña murió en sus brazos, en el suelo hay un cuchillo, seguramente estaban hambrientos, el padre tomó a su hija y decidió acabar con ello ahí mismo.
Sandor se quedó mirando fijamente.
— ¿Qué mierda haces, Dondarrion?
—En este momento, busco un lugar donde reposar.
—No eres nadie especial, no has hecho ningún bien ¿Por qué crees que tu Señor de la Luz te sigue reviviendo?
Beric lo miró, esbozó media sonrisa.
—Tienes razón, no soy nadie, y sin embargo, nuestro Señor de la Luz me sigue trayendo de vuelta.
—Tu señor de la luz ¿Por qué lo hace?
—No tengo la menor idea, pero, sé que lo hace por algo, y algún día lo descubriré, tú también lo harás.
Sandor lo miró con ira, luego a la niña y su padre.
—Si tu señor es tan poderoso ¿Por qué mierda no simplemente dice qué es lo que quiere y ya?
—El Señor de la Luz es un dios justo.
Sandor hizo una mueca, estaba furioso.
—Si fuera tan justo, una alimaña como tú estaría muerta… y esa niña seguiría con vida.
—Clegane — Lo llamó Thoros, el Perro lo volteó a ver, el hombre yacía hincado en la chimenea, había encendido los leños — Acércate, el fuego quiere mostrarte algo.
—Que te den.
—Acércate, las llamas no te morderán esta vez.
—Púdrete.
—Si quieres saber cómo obtuve este poder, debes venir.
—Es lo que llevo preguntando todo el maldito rato y nadie me dice una mierda.
—No podemos decirlo, solo las llamas.
Sandor, resignado, se acercó hacia donde Thoros se encontraba, hizo lo que le dijo, no había una mierda, solo leños, leños ardiendo.
—Veo unos putos leños ardiendo,
—Sigue mirando.
Sandor, escéptico, siguió viendo las llamas, la danza naranja de éstas no parecían tener forma, entonces, como si estuviera ahí mismo, lo vio, era tan claro, casi como estarlo viviendo, no podía explicar cómo lo hacía, pero, en las llamas, aparecía una imagen, una imagen que no estaba ahí, pero a la vez podía hasta sentirla, quedó paralizado, era terrible.
—Hielo, hay hielo en las llamas.
Beric lo volteó a ver, Thoros, satisfecho, no apartó la vista de su rostro.
— ¿Qué más?
—El hielo que llega casi al cielo, es el muro, extendiéndose por toda la tierra hasta unirse con el mar, el Mar Angosto, hay un castillo en el lugar, y los muertos pasan por él, tres luces, luces encendidas en llamas, llamas aladas, llamas que vuelan… dragones… tres dragones que se enfrentan con el hielo y… un mar de sangre… un mar cubierto de fuego y sangre.
