La Ciudadela, un lugar donde se guardaban los secretos más oscuros no solo de Poniente, sino de todo el mundo, lugar donde una vida no alcanzaba para devorar todos los pergaminos que ahí resguardaban, lleno de un esplendor que ni en el Gran Septo de Baelor o el Septo Estrellado podrían soñar, un lugar que Sam deseaba conocer desde ante que siquiera tuviera la fuerza para sostener una espada y, sin embargo, en ese momento hacía todo un esfuerzo para no vomitar. Si bien los maestres podrían parecer como hombres rectos y carentes de toda necesidad fisiológica, eran humanos comunes y corrientes, no eran los hechiceros que muchos pensaban, por más conocimiento que tuvieran en sus prodigiosas mentes, comían y cagaban como cualquier otro… vaya que cagaban. Sam limpiaba las letrinas donde los maestres hacían sus necesidades, todos y cada uno de ellos, se esforzaba para no sucumbir al asco a la vez que tallaba la madera en ésta, ansiaba ver y leer lo que había más allá de donde se le permitía acceder ¿Por qué estaba prohibido?
Una hora más tarde se encontraba desempolvando los gruesos tomos encadenados que habitaban en las estanterías, miró hacia el fondo del pasillo, ahí descansaba una puerta de hierro cerrada con llave, echó un vistazo al interior, tanto conocimiento, tan cerca y tan lejos, pensó él, escuchó pasos, rápidamente se alejó del lugar e hizo como si acomodara un libro, el viejo maestre que pasó a su lado abrió la puerta como si de su casa se tratara, no se molestó ni en mirar a Sam, cerró la misma una vez hubo entrado y se perdió entre las estanterías.
—Maestre Wayland, este es el hígado de un bebedor empedernido, toma esto — Le extendió a Sam el hígado que había extraído del cuerpo muerto del hombre, Sam, resignado, no tuvo más remedio que tomarlo y pesarlo — El triunfo de placeres transitorios, una maldición para la humanidad.
—Archimaestre, me estaba preguntando…
— ¿Cuál es el peso?
—Eh… ciento cuarenta y siete. Me preguntaba si ha considerado mi propuesta.
—No recuerdo tu propuesta.
—Me preguntaba si, en vista de lo que he visto en el norte, podría tener acceso a la zona restringida de la biblioteca.
—Esa zona está reservada para los maestres ¿Acaso eres un maestre?
Sam lo miró con cierta culpa.
—No. No.
—No es entonces una buena propuesta ¿O sí?
Le extendió otro órgano para que lo pesara, Sam lo llevó a la báscula.
—Archimaestre, con todo respeto, lo he visto, el Ejército de los Muertos. Los caminantes blancos. Fui enviado aquí a investigar cómo acabar con ellos. Todos en la Ciudadela, al menos los que se dignan a hablarme, todos dudan que los caminantes existan.
—Todos en la Ciudadela, ese es su trabajo. Pero las historias de la Larga Noche no pueden ser todo fantasía, demasiadas fuentes sin conexión alguna.
— ¿Las fuentes en la zona restringida?
—Esas mismas. La explicación de tu obsesión con los caminantes blancos es que dices la verdad, que dices lo que dices haberlos visto.
—Entonces ¿Me cree?
—Te creo ¿Acabaste de pesar el corazón?
—Es la única persona al sur que me cree.
—No somos como las personas del sur. Y no somos como las personas del norte. En la Ciudadela somos diferentes, somos la memoria de este mundo, Samwell Tarly. Sin nosotros los hombres no serían mejor que perros, sin recordar una comida más que la última. Cuando se desató la Rebelión de Robert, la gente pensó que sería el final, el de la dinastía Targaryen y se preguntaban ¿Cómo sobreviviremos? Más atrás, cuando Aegon Targaryen y sus dragones quemaban las Tierras de los Ríos se decían "El final se acerca ¿Cómo sobreviviremos?" y miles de años antes, durante la Larga Noche obviamente pensaron lo mismo, pero no lo fue. Nada de ello lo fue. La Muralla lo ha afrontado todo y cada invierno que ha llegado ha terminado.
Lo miró puntualizando y Sam, resignado, no dijo nada más.
Illyrio Mopatis miraba hacia el horizonte, las aguas del mar estrecho estaban turbias, la compañía dorada se dirigía rumbo a King's Landing, Jon, que actuaba con ellos bajo el nombre de Griff, hablaba con el capitán de la misma, se acercó Griff el joven, Illyrio le sonrió.
—No parece que llevemos rumbo a Rocadragón.
—No, aún no es el momento, debemos de librarnos de los obstáculos.
—La compañía dorada tiene la reputación de nunca romper un contrato ¿Por qué sería esta vez una excepción?
—Porque hay un contrato anterior de por medio, tenga calma.
Jon Connington se acercó, sonreía de oreja a oreja, era acompañado por un hombre alto, de ojos grises y cabello canoso, miraba a Illyrio con cierto desprecio.
—Illyrio, éste de aquí es el Capitán Strickland, Harry Strickland.
—Un gusto, capitán.
El hombre solo asintió, Illyrio dirigió su mirada hacia el mar, nuevamente.
—Veo que seguimos con rumbo hacia King's Landing.
—Es inevitable, una parte de la compañía irá con la reina Cersei y la otra con la Reina Dragón.
— ¿Qué?
Jon lucía nervioso, Griff el joven resopló.
— ¿Pensabais qué rechazaríamos el contrato de la reina? Sea como sea, la Compañía no pierde.
—Pero… tenemos un trato ¿No es así, Connington?
—Sí, tranquilo, lo cumplirán, la Compañía jamás ha roto un trato.
Griff el joven se apartó del lugar, Illyrio se había quedado pasmado, esperaba poder llegar con toda la flota ante Daenerys, después de todo, se lo debía.
Griff, que estaba visiblemente ofuscado por la situación, se dirigió a la proa del barco, los miró, los cráneos dorados que adornaban el lugar, ese del centro debía ser Aegor Ríos, o Aceroamargo como le conocían en Poniente, lo miró fijamente, Jon se acercó por detrás, le tomó el hombro.
—Griff, no te alarmes, ya habíamos previsto esto.
—Lo sé, pero…
Illyrio se acercó, Griff se quedó callado.
—Perdone mi insistencia, pero, la Reina de Dragones no aceptará esto, quemará vuestra compañía a la primera.
— ¡A babor! ¡A babor!
Un hombre comenzó a gritar, Jon, Griff e Illyrio se pusieron en alerta, los vieron, al horizonte, cientos de barcos acercándose, Jon sacó un catalejo, su rostro se contorsionó.
—Las velas, llevan el símbolo del kraken.
— ¿El gris o el dorado?
—Es Euron Greyjoy.
— ¡Mierda! — Exclamó Griff.
Strickland se acercó, media sonrisa en su rostro.
—Parece que no podremos dividirnos, después de todo.
— ¿La compañía dorada incumplirá un trato?
—Para nada, enviaré un cuervo a Pentos, otra flota irá hacia Rocadragón.
—Esto no fue lo que acordamos.
—Silencio, chico…
Se dio la vuelta, estaba a punto de irse, sin embargo, antes de que nadie pudiera hacer algo, Griff sacó una daga, se abalanzó hacia Strickland lo apuñaló por la espalda ante la mirada estupefacta de Illyrio, quien dio un paso al frente.
—Pero ¿Qué estás haciendo?
—Calma — Argumentó Jon.
Griff le susurró algo a Strickland, quien cayó al suelo dejando un charco de sangre, el resto de la tripulación estaban estupefactos, Griff, aún con la daga en su mano, la limpió con su propia toga, miró a los ahí presentes y, antes de decir cualquier cosa, despojó a Strickland de su espada, Illyrio la reconoció en seguida, el dragón en el mango, los decorados, así que eso era.
— ¡Tenemos ante nosotros a los enemigos! Strickland planeaba traicionar nuestro contrato ¿Acaso no es el lema de su compañía? ¡Nuestra palabra es tan buena como el oro! ¡Nosotros pagamos primero! ¡Nosotros pagamos más! ¿Seguirán a su comandante corrupto o serán fieles a su palabra?
La tripulación no sabía qué hacer, se miraban unos a otros, Griff desenvainó la espada, su mirada llena de satisfacción, su cabello azul ondeando con el viento, la levantó al aire, Illyrio, que aún no salía de la sorpresa lo observó, esta vez detenidamente, abrió los ojos como platos.
—No es posible.
— ¡Es ahora o nunca, Compañía dorada! ¡Los cuervos volarán! ¿Qué dirán sus cartas? ¿Seguirán un contrato falso con la reina usurpadora? ¿O cumplirán su cometido? ¿Me seguirán a mí, que los contraté desde antes? — Griff miró a Jon, éste asintió — ¡Mi nombre es Aegon Targaryen, el sexto con el nombre! ¡Rey de los Andalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres! ¡Protector de los Siete Reinos! ¡Hijo de Rhaegar Targaryen y Elia Martell! ¡Legitimo dueño del Trono de Hierro! Y es hora que me reúna con mi familia.
La mirada de Aegon era cargada de furia, los hombres de la compañía dorada levantaron sus espadas y gritaron al unísono.
— ¡Bajo el oro, el acero amargo!
Jon sonrió.
—Ahora lo ves, Illyrio, jamás traicionaremos a tu reina, sin embargo, hay uno más… el dragón tiene 3 cabezas.
Las nubes de la tormenta comenzaron a hacerse presentes, cual presagio de la batalla que estaba por comenzar.
La tormenta arreciaba en Rocadragón, Daenerys, Varys y Tyrion miraban por el balcón, la luz de un relámpago iluminó el cielo y, unos segundos después, el trueno se hizo presente, Dany estaba extasiada.
—Se dice que nací en una tormenta como esta.
—No, no como esta, la tormenta que precedió a su nacimiento fue mucho peor, todos la recordamos, toda la flota Targaryen se hundió en esa fatídica noche, no hubo pelea para tomar la isla.
—No será lo mismo en King's Landing, allá no nos recibirán cangrejos en las playas, sino hombres bien armados.
—No me quedaré mucho en Rocadragón.
—Alteza, debemos planear bien nuestros movimientos, necesitamos el apoyo de las casas.
Dany miró hacia el mapa de guerra.
—No hay muchos leones.
—Usted tiene la ventaja, menos de la mitad del reino apoya a Cersei, los grandes lores del reino incluso conspiraron contra ella.
— ¿Aclaman a su verdadera reina? ¿Brindan en secreto por mi nombre? Eso le decían a mi hermano y era tan estúpido que lo creyó. Si mi hermano, Viserys estuviera en mi lugar, ya habría tomado a mis dragones y atacado la ciudad.
—Pero usted no lo hará, no será una reina de cenizas — Dijo Tyrion, Dany lo miró, luego a Varys.
—No.
—Podemos conquistar los Siete Reinos sin que sea una masacre, si las grandes casas apoyan su reclamo contra Cersei, ganará el juego. Con el ejército Tyrel y los dornienses de nuestro lado, tenemos la guerra ganada.
—Jamás di las gracias por ello — Se volvió hacia Varys.
—Ellos están de nuestro lado, porque ellos confían en usted.
—Usted sirvió a mi padre ¿Cierto?
—Así fue.
—Y luego le sirvió al hombre que lo derrocó.
—Tuve que tomar una decisión, alteza, servir a Robert Baratheon o ir a la guillotina.
—Y no le sirvió de mucho, se puso en su contra.
—Robert era una mejoría comparada a su padre, téngalo por seguro, hubo pocos gobernantes en la historia tan crueles como el Rey Loco. Robert no estaba loco ni era cruel, simplemente no le interesaba ser rey.
— ¿Y después escogió a uno mejor? Andes de que yo llegara al poder, usted favoreció a mi hermano, todos sus espías, sus pajarillos, le dijeron que era cruel, estúpido y débil ¿Habría sido un buen rey?
—Hasta su matrimonio con Khal Drogo yo no sabía nada de usted, más allá de que estaba viva y que era muy hermosa.
—Así que me usaron como carne de comercio y me vendieron a los dothrakis.
—Y eso lo convirtió a su favor.
— ¿Quién le dio la orden de matarme?
—El Rey Robert.
— ¿Quién contrató a los asesinos? ¿Quién extendió en Essos la palabra de matar a Daenerys Targaryen?
—Majestad, hice lo que debía hacerse para…
—Para mantenerse con vida, no hay lealtad en su actuar, si no le agrada una monarquía conspira para imponer a la siguiente ¿Qué clase de sirviente es ese?
—El tipo que el reino necesita. La incompetencia no debe compensarse con lealtad ciega, mientras tenga ojos, éstos verán, no nací en la nobleza, vengo de la nada, fui vendido como esclavo, cortado como ofrenda cuando niño, viví en callejones, alcantarillas, casas abandonadas ¿Quiere saber dónde reside mi lealtad? No con un rey o una reina, sino con el pueblo, aquel que sufre con gobernantes déspotas y prospera con un buen reinado, aquellos cuyos corazones quiere ganar. Si demanda lealtad a ciegas, lo respeto, pero puede mandarme a decapitar ahora mismo, o hacer que sus dragones me devoren, pero si me deja vivir, yo le serviré bien, me dedicaré a verla en el trono de hierro porque yo la escogí a usted, porque el pueblo no tiene otra mejor oportunidad que con usted.
Daenerys lo miró a los ojos, éste le sostuvo la mirada.
—Jureme esto, Varys. Si llega a ver que estoy fallando, no conspirará a mis espaldas, me mirará a los ojos justo como lo hace ahora y me dirá dónde he fallado.
—Se lo juro, mi reina.
—Y yo juro esto, si alguna vez me traiciona lo quemaré vivo.
—No esperaría menos que la madre de dragones.
En ese momento, entró Missandei.
—Su majestad, una sacerdotisa roja ha llegado para verla.
Euron Greyjoy sonreía, la tormenta arreciaba y la batalla no daba señas de terminar, en un principio había pensado que su única misión sería encontrar a sus sobrinos, pero cuando le informaron sobre la compañía dorada dirigiéndose a King's Landing, no podía pensar en algo mejor que escoltarlos hasta King's Landing, cuando éstos abrieron fuego estaba un tanto contrariado, luego vio las monedas de oro que llegaban hasta la proa y popa de su propia nave, la compañía regresaba el oro enviado, solo podía significar una cosa, un contrato anterior. Las horas pasaron y ya se habían hundido decenas de naves de ambas flotas, entonces, la luz de un relámpago iluminó la coca que se dirigía furiosamente a su nave.
— ¡Mierda! ¡Hundan esa maldita nave antes de que nos alcance!
Sacó su catalejo y miró hacia la proa de ésta, ahí, en el frente, un joven de cabello azul le dirigió la mirada, solo pudo verlo cuando un relámpago iluminó el cielo, gritó algo, pero no pudo escuchar qué fue, entonces, tres hombres lanzaron flechas al aire ¿Qué estaba pasando? No cayeron en las velas, ni siquiera en el casco, sino en el mar, se apresuró a la borda y lo vio, barriles en el agua, las flechas los atravesaron y lo último que vio en ese momento fue el súbito destello de una explosión verde, se lanzó hacia el interior de la nave, el fuego valyrio comenzó a comerse la madera, las velas, y no era el único barco ¿Cómo había llegado ahí? ¿Cómo habían transportado tal sustancia por mar sin resultar incendiados ellos mismos?
— ¡Milord! ¡Debemos abandonar la nave!
Sus hombres gritaban y corrían despavoridos, el mástil cayó, Euron tomó una expresión horrible, vio cómo sus hombres bajaban un barco salvavidas, se apresuró hacia ellos y los empujó, soltó el barco en el mar y luego saltó él mismo, sus hombres lo miraban atónitos, no remaba hacia tierra firme, sino a la flota enemiga.
— ¡Griff! ¡Griff! ¡Vuelve enseguida!
— ¡No! Quiero ver, quiero ver cómo arden.
Su rostro empapado miraba fijamente hacia la flota enemiga, el resplandor verde del fuego valyrio estaba haciendo estragos, había botes salvavidas alejándose y, algunos más desafortunados, se quemaban y navegaban como piras funerarias bañadas en el fuego valyrio.
— ¡Capitán! ¡Nos atacan!
Un hombre gritó, justo antes de que un sable le atravesara la garganta, Jon y Aegon lo miraron boquiabiertos, ahí, Euron sonreía de forma maniática, lamió la sangre del hombre que había asesinado, luego, apuntó con la punta del mismo hacia Aegon
—Tú… has hundido mi flota, la flota del gran Euron Greyjoy.
Aegon lo miró sin inmutarse, esbozó media sonrisa.
—Euron Greyjoy, debí suponerlo, el rey de los doce mares, te llaman, solo tú te atreverías a llegar solo a mi barco.
—No necesito un ejército, no necesito sobrevivir, pero si te mato…
—Estás rodeado, mírate.
—Suelta el sable, Greyjoy. Griff, él nos servirá como prisionero.
— ¿Prisionero? — Euron rio con sorna — No, no, Euron no cae prisionero ¡Primero muerto!
Comenzó a pelear con los soldados alrededor, éstos lo bloqueaban, algunos cayeron muertos, Euron no se libró de dos cortes en el hombro, uno de los soldados sacó un látigo, una herida se abrió en la mejilla de Euron, este la tocó.
—Ríndete, estás acabado.
Euron soltó su sable, alzó las manos y subió los hombros.
—Bien, bien… me rindo.
Los soldados lo sujetaron, Jon y Aegon se acercaron, Euron miró al chico, luego sonrió.
—Te llevaremos a Rocadragón, ahí la reina sabrá qué hacer.
—Tú, yo te conozco ¿Cierto? Sí, sí ¿Por qué el cambio de cabello?
Aegon no se inmutó, nuevamente.
—Ahora entiendo todo, sí… pues qué lástima.
Se soltó de su agarre, los soldados no pudieron reaccionar, se lanzó directo hacia Aegon, sin embargo, Jon se intepuso, Euron lo arrastró hacia la proa y ambos cayeron por la borda.
— ¡No! ¡Padre! — Gritó Aegon.
Euron sonreía, a la vez que sostenía a Jon, éste luchaba por mantenerse a flote, Euron sacó una daga y, lentamente, le abrió el cuello a Jon, Aegon no podía hacer nada, los soldados lanzaron flechas, pero la tormenta comenzaba a amainar y el fuego valyrio se comenzaba a extinguir, un bote salvavidas llegó y rescató a Euron, subieron el cuerpo de Jon con él, éste sonreía mientras miraba a Aegon a los ojos.
La luz de las antorchas iluminaba el salón y el grosor de las paredes silenciaban la tormenta, Daenerys miraba a la sacerdotisa roja con satisfacción.
—Creí que no había adoradores del Señor de la Luz en Poniente.
—No los hay, alteza, solo yo
— ¿Cuál es tu nombre?
—Melisandre.
La mujer miraba a Dany carente de emoción, siempre altiva, Varys se aproximó a Daenerys.
—Majestad, ella es la sacerdotisa que servía a Stannis Baratheon, fue su apoyo durante su autonombramiento como rey.
—No voy a negar que lo serví, no fue muy bien.
Daenerys la miró con orgullo, esbozó media sonrisa.
—Llega en buen momento, justo cuando acabamos de perdonar a otras personas que han servido a otros reyes — Miró a Varys por encima del hombro y éste asintió — ¿Ha venido a jurarme lealtad?
—Me temo que vengo en mandato de mi señor.
—No sigo al Señor de la Luz.
—Puede que no, pero incluso aquellos que no lo veneran pueden contribuir a su causa.
Dany la miró con curiosidad.
— ¿Qué es lo que espera su señor de mí?
—La Larga Noche se aproxima, solo el príncipe prometido puede traer consigo el alba — Dijo en alto valyrio.
— ¿El príncipe prometido traerá el alba? Me temo que no soy un príncipe.
—Majestad, perdone mi atrevimiento, pero su traducción no es del todo correcta — Interrumpió Missandei — Ese nombre no tiene género en alto valyrio, la traducción correcta sería: El príncipe o princesa traerá el alba.
—No suena tan bonito — Dijo Tyrion con cierto sarcasmo.
—No, pero me gusta más ¿Ha venido a cumplir la profecía? — Se dirigió a Melisandre.
—Las profecías son peligrosas, creo que usted juega un papel así como el otro, el Rey en el Norte, Jon Nieve.
— ¿Jon Nieve? ¿El bastardo de Ned Stark? — Preguntó Tyrion, ahora más curioso que antes.
— ¿Lo conoces?
—Viajé con él hacia el muro, cuando iba a unirse a la Guardia de la Noche ¿Por qué el Señor de la Luz escogería a Jon Nieve? De acuerdo a tus visiones en el fuego.
—Como Lord comandante de la Guardia, dejó que los salvajes atravesaran el muro, para defender de algo que se avecina. Como Rey en el Norte ha unido a las grandes y pequeñas casas en el norte con los salvajes para enfrentar juntos al enemigo.
—Suena como un gran hombre.
—Llame a Jon Nieve, reúnase con él y escuche lo que tiene para decir, lo que ha visto con sus propios ojos.
—No puedo hablar de profecías en las llamas, pero he hablado con Jon Nieve y me cae bien… Y tengo un excelente ojo para juzgar a las personas. Si él gobierna el Norte, sería un buen aliado. Los Lannister mataron a su padre y conspiraron para matar a su familia, tiene más razones para odiarlos que usted.
Dany lo miró con cierta desconfianza, sin embargo, cedió.
—Bien, envíen un cuervo a Invernalia. Dígale a Jon Nieve que su reina lo invita a Rocadragón y a hincar la rodilla.
Sam miraba al hombre con horror, su brazo izquierdo y la mitad de su torso estaba cubierto por escamas grises con grietas sanguinolentas, el Archimaestre usaba un objeto afilado, negó con la cabeza.
—Está muy avanzada, debió amputar su brazo en el momento que se infectó.
El hombre bajó la mirada, resignado.
— ¿Cuánto tiempo?
—Años antes de que lo mate, pueden ser diez… veinte…
—Pero… antes de…
— ¿La mente? Unos seis meses.
El hombre cerró los ojos, Sam, que lo miraba con compasión, agarró valor para hablar.
—Archimaestre, la hija de Stanis Baratheon fue curada cuando era una bebé ¿No hay alguna manera…?
—Está claro que él no es un bebé ¿Ha estudiado la progresión de la psoriagris en infantes y adultos?
Sam tembló, bajó la mirada, apenado.
—No.
—Está claro, está demasiado avanzado, el maestre Crescen descubrió la aflicción de Shireen Baratheon inmediatamente… y fuera de nuestra capacidad, Ser. Si fuera un plebeyo lo enviaría de inmediato a Valyria a vivir su vida con el resto de los hombres de piedra, commo es un caballero, le daré un día más — El Archimaestre le dio una mirada a la espada de Jorah, éste la volteó a ver, comprendiendo, asintió entonces — Vámos, Sam.
Sam se quedó unos momentos, miró con compasión al caballero.
— ¿Avisamos a su familia, Ser…?
—Jorah, Jorah Mormont.
— ¿Mormont?
—No hay necesidad, estoy muerto para ellos desde hace años.
— ¡Vamos, Samwell!
El consejo privado y las casas que apoyaban a Daenerys estaban todos reunidos en Rocadragón, todos en la mesa de guerra, Yara Geyjoy, Elaria Arenas y Olena Tyrell lucían bastante emocionadas.
— ¡Debe tomar King's Landing ahora mismo! Tome a sus dragones y marchemos hacia ella — Decía Yara.
—Tiene el poder, úselo — Elaria también lucía exaltada.
—No tomaré King's Landing con los dragones, no seré la reina de cenizas.
—Estoy de acuerdo — Terció Olena, todos la voltearon a ver — No puedo pensar en una reina más querida que mi nieta, era amada por su rey y por el pueblo… ahora no quedan más que cenizas.
—Lamento mucho eso, Lady Olenna.
— ¿Cómo planea tomar King's Landing, entonces?
—Sitiaremos la ciudad por todas las entradas y salidas, Cersei se quedará sin apoyo para alimentar a su ejército y a su pueblo.
—Y no usaremos a los dothrakis, ni a los inmaculados, Cersei intentará usar su influencia para llamar a loa grandes señores de Poniente apelando a su lealtad, su amor al país. Si sitiamos la ciudad con un ejército extranjero probará su punto. Nuestro ejército deberá ser de Poniente.
— ¿Y supongo que proveeremos a los ponienties?
—Así es, Lady Greyjoy la llevará a Lanza del Sol, y su flota de hierro llevará al ejército de Dorne a King's Landing, éstos sitiarán la capital junto al ejército Tyrell, dos grandes ejércitos contra Cersei — Tyrion tomaba y movía las piezas en el mapa a la vez que decía todo eso.
—Así que ¿El plan maestro es usar a nuestros ejércitos? Perdón la pregunta, pero ¿Por qué se molestaron en traer al suyo?
—Los inmaculados tendrán otro objetivo. Por décadas, la casa Lannister ha sido el verdadero poder de Poniente, y el lugar de ese poder es Roca Casterly. Gusano Gris y los inmaculados navegarán hacia allá y lo tomarán.
Tyrion tomó la figura tallada con la forma de inmaculado, con ésta golpeó y tiró la figura del león.
— ¿Tenemos su apoyo? — Dijo Daenerys, la miraron fijamente.
—Tiene el mío — Dijo Yara.
—También el mío — Zanjó Elaria.
—Quisiera hablar con usted en privado, Lady Olenna — El resto de los ahí presentes comenzaron a levantarse y retirarse, en la sala quedaron solo Olenna y Daenerys, ambas con miradas intensas — Entiendo que usted está aquí por el deseo de venganza contra Cersei, no por afecto hacia mí, pero le prometo, Lady Olenna, que, si me apoya, traeré paz y justicia al futuro de este reino.
— ¿Paz? ¿Justicia? ¿Crees que me interesa todo eso? Cersei quemó a mi hijo, a mi nieto y a mi nieta, ella se robó el futuro de mi casa.
—Perdone mi mala elección de palabras, Lady Olenna, le juro, que obtendrá su venganza.
—Querida, tu mano, es un hombre muy inteligente, yo he conocido a decenas de hombres inteligentes y ¿Sabes qué hice? — Dany negó con la cabeza — Los ignoré, los sobreviví a todos ellos y sus cantos de pajaritos, dime ¿Eres tú un pajarito? No — Hizo una pausa antes de continuar — Eres un dragón, sé un dragón.
La puerta fue golpeada por un mozo.
—Adelante.
—Majestad, perdone mi intromisión, pero hay algo que debe ver.
Bajó las escaleras de forma presurosa, cuando le informaron que había una flota de naves mercenarias acercándose, lo primero que pensó era que la atacaban, pero cuando mencionaron a Illyrio Mopatis, pensó en algo tal vez peor, cuando llegó a la playa, ya estaba ahí Varys, Tyrion, Misandei y Gusano Gris, frente a ellos había una figura familiar, las dos trenzas en su barba lo distinguían como siempre, sus ropas finas con telas exóticas y a su lado, un joven alto, joven y apuesto, el cabello, teñido de azul, ondeaba con el viento que venía del oeste, el joven le sonrió.
—Alteza — Dijo Illyrio haciendo una reverencia.
—Magister Illyrio, realmente dudaba en verlo nuevamente, al menos después de que me vendió a los dothrakis.
El hombre, visiblemente avergonzado, esbozó una sonrisa.
—Yo… lamento mucho cómo se dieron las cosas, su hermano…
—Viserys obtuvo lo que merecía, eso por ser un estúpido.
—Una pena, la sangre Targaryen comienza a desaparecer — Fue el joven quien habló.
—Y tú ¿Quién eres?
— Él es Griff el…
—No, por favor, la era de Griff el Joven ha terminado, quiero que ella conozca quién soy realmente.
Tyrion lo miró detenidamente, el cabello azul, las cejas, sus ojos… los ojos, lo reconoció en seguida, pero ¿Sería en verdad?
—Bien, él es Aegon Targaryen, hijo de Rhaegar Targaryen.
Daenerys abrió los ojos como platos, obviamente incrédula.
—Lamento lo abrupto de mi presentación, tía, pero fuimos atacados, afortunadamente, salimos victoriosos.
—Debe ser una broma ¿Cierto?
—Me temo que no, majestad — Dijo Varys, ésta lo miró — Yo mismo rescaté a este joven cuando era solo un bebé, unas horas antes de que el ejército Lannister hubiera entrado en la ciudad, sin embargo ¿Dónde está…?
—Murió, en el ataque… fue Euron Greyjoy — Dijo Aegon, la furia en sus ojos era casi palpable.
—Varys, te advertí…
—Sé que me lo advirtió, pero yo no sabía de esto, si bien rescaté al muchacho y lo encomendé a Jon Connington, bueno, desde hace unos años no tenía contacto con ellos.
—Era necesario, Jon debía estar aquí.
— ¿Qué es lo que pretenden? ¿Qué ceda el trono en favor de éste…?
—No, para nada, sé que… bajo las leyes naturales del reino, el trono debería pasar a Rhaegar y de ahí a su hijo mayor, sin embargo, mi padre siempre dijo algo, algo que me ha enseñado que, no puede haber solo un gobernante, el dragón tiene tres cabezas.
Dany recordó esa frase, en alguna plática con Ser Barristan, le había contado eso de su hermano, era fiel creyente de la profecía del príncipe prometido ¿Acaso sería verdad lo que contaban?
—Mi reina, tal vez… deberíamos invitarlos a entrar, escuchar qué es lo que tienen para decir.
—No he venido con las manos vacías, hemos traído esto — Dijo Aegon.
Un soldado se aproximó, llevaba consigo un cojín, ahí, frente a ellos, estaba la corona de Aegon, Tyrion la conocía, la había visto en libros, sus ojos se abrieron con sorpresa.
—Recuperada de Dorne hace ya casi cincuenta años, creo que usted debería portarla — Soltó Illyrio, sonriendo ampliamente.
—Es la corona de Aegon el Conquistador, perdida hace más de un siglo por Daeron el primero de su nombre ¿Cómo se han hecho con ella?
—Eso no es todo.
Aegon desenfundó su espada, todos estaban expectantes.
—Esta es Fuegoscuro, la espada que portaron todos y cada uno de los reyes hasta Aegon el cuarto de su nombre, que se la entregó a su hijo bastardo, Daemon Fuegoscuro, ahora vuelve a sus legítimas manos.
—Yo no porto una espada — Dijo Daenerys — No cuando tengo el fuego de dragón.
Encima del risco los vieron aproximarse, Drogon, Rhaegal y Viseryon, Aegon dejó salir un suspiro, una sonrisa se dibujó en su rostro, Illyrio, por otra parte, tragó saliva, así que todo era verdad.
—Bien, vayamos adentro.
