6 indicativos de relaciones tóxicas.

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Auxilio, necesito ayuda.

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Dos años después de dos sucesos que fueron la base para hacer lo que debieron de haber hecho hace bastante tiempo, al fin fueron puestos en marcha.

El abogado de Natsumi había peleado por que su cliente fuera internada en un centro psiquiátrico debido a que esta presenta problemas mentales que deben ser tratados, pero tanto Hiroto como Tatsuya no pararon hasta hacerla pagar por sus crímenes, además de usar las pruebas que Osamu y Reina tenían sobre el estado de Endou.

El jurado estaba siendo comprado de la manera más absurda posible por las falsas lágrimas de la mujer, además de sus palabras envenenadas y de sus actos de falsedad, diciendo que todo aquello solo era una venganza por parte de todos ellos debido a la envidia que le tienen a su esposo por tener una mujer como ella.

El proceso fue largo y tedioso, aun así, los dos no paraban ni dejaban que nada ni nadie retrocediera el caso, cambiaron de jurado varias veces como de juez, el cual también estaba cayendo en las palabras de esa arpía.

También la recuperación de Endou después de aquel susto en donde había muerto por algunos pocos minutos, le causo afectaciones en sus movimientos agregando las heridas previas y su estado mental.

Le llevo semanas despertar, otro par más para poder hablar y moverse, teniendo que hacer terapia para que su cuerpo vuelva a tomar un poco de su ritmo anterior, en cuanto a su mente, Reina y Osamu seguían siendo sus encargados en ello, quienes mantenían la paciencia de siempre para seguir tolerando la defensa que Endou mantenía en Natsumi.

Así fue durante algunos meses como antes, negando las cosas, diciendo que es su culpa, que ella no tenía nada que ver, e incluso cuando estaba mejor y fue llevado a declarar, se atrevió a decir que era culpa suya, y que su esposa no tenía nada que ver con lo que pasaba, que es inocente y que debían dejarla en paz.

Sin embargo, en un día de más entre estrados y tribunales, alguien hizo acto de presencia, lo cual cambio todo.

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—¿Usted es? –cuestiono el juez mirando al hombre delante suyo, alguien conocido para la mayoría de quienes estaban ahí.

—Señoría, soy Hector Helio, ex esposo de esta mujer y amante de la misma –la gente exclamo en sorpresa, Natsumi estaba sujeta a la mesa por medio de las esposas debido a que anteriormente había estado a punto de atacar a Tatsuya cuando este daba más pruebas de las acciones de la mujer en contra de su esposo Endou —es una mujer guapa y hermosa, delicada y bella, pero también es una arpía, una mujer sin alma, sin corazón, una despiadada serpiente que clava sus colmillos venenosos en sus presa y no la suelta hasta terminar con él.

La gente empezó a hablar como Natsumi a forcejear y gemir las palabras que no podían salir de su boca debido también al bozal en ella que le impedía siquiera decir nada. El juez llamo la atención de todos y demando que la mujer se tranquilice o la sacaría de ahí, como suele pasar.

—Soy testigo y prueba de que esa mujer no hace más que menospreciar a aquellos hombres que caen en sus garras, hacerlos creer que solo con ella podrán ser felices, que ella es el camino que necesitan. Pero en realidad no es más que el camino al averno, aun infierno en vida del cual tu mismo te vas hundiendo en el lodo. Ella debe cumplir sentencia por sus actos y no ser enviada a un centro psiquiátrico donde podrían dejarla salir fácilmente, ella merece saber y sentir lo que provoco, no estoy enviándola a la muerte, solo… Solo –sus lágrimas salían, pero esa determinación, esa fuerza estaba presente en sus ojos pese al dolor acumulado por el tiempo. Tomo aire que hincho su pecho —solo deseo que se haga justicia de verdad, que se lleve a cabo las reglas y leyes, que se lleve un castigo justo para quienes fuimos maltratados, no puedo llamarme víctima, ya que de alguna manera soy culpable de no haber hecho las cosas a tiempo, pero no quiero que nadie más sufra por las acciones de esa despiadada mujer.

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Un año más de procesos y juicios, Natsumi Raimon fue sentenciada a pasar cadena perpetua y ser tratada en la misma prisión, sin derecho a fianza, sin poder apelar por un castigo menor, sin tener el derecho de decir algo más.

Y aquello no agrado a muchas personas, quienes se levantaron en voz por la libertad de la mujer que, a vista de muchas otras no es más que una víctima del "patriarcado", por lo que fuera del juzgado las personas, en especial mujeres quienes, solo causan problemas y se dicen llamar "feministas" cuando solo hacen las cosas que creen "mejor" a su vista.

Los reporteros tenían bastante de donde tomar, Endou fue sacado por otra puerta en donde no había nadie y ser llevado por una camioneta blindada junto a Tatsuya y Reina, en otra iba Kidou con Hiroto hablando del resultado junto a Saginuma quien hablaba del estado de Endou, el cual no dejaba de defender a Natsumi, y decir que sin ella no podría vivir, con ellos iba Hector, el cual dijo que quería hablar con Endou.

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Dos años más, las cosas se enfriaron, la gente dejo de hablar del tema, Natsumi estaba recluida llevando terapia y, siendo acosada por otras mujeres, las cuales decían que, si era capaz de hacer aquello, tenía que se capas de soportar, por lo que sus días se complicaban al ser la víctima verdadera de más personas.

Hector se quedo un tiempo para hablar con Endou, el cual no reacciono bien debido a que este fue quien termino por enviar a su esposa a la cárcel, de ser el amante de su mujer ¿Cómo se atrevía a estar delante de él como si nada? ¿Opinando de algo que no le corresponde?

—La amas, no te puedo culpar de eso, yo también la ame, la ame más que a mi mismo, la ame más de lo que amaba mi vida, un amor enfermo, uno que empezó a destruirme, a hacerme salir de mi mismo, a ser otra persona, a tener miedo, a sufrir de problemas alimenticios –hablaba Hector después de varios intentos de los cuales llevo bastante tiempo —sin embargo, nunca es tarde para seguir, jamás lo es para poder tomar las riendas de tu vida, de ser quién eres.

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—¡Es el entrenador! –grito Nishizono para correr como el resto a ir sobre el hombre que parecía ser sacado de una peligrosa aventura a través de selvas y montañas, le abrazaron todos juntos y lloraron de felicidad.

Ya no eran esos niños a quienes entrenaba y ayudaba, ya no eran niños que necesitaban completamente de él, no eran ya niños, ya habían crecido, eran adolescentes que crecieron y se fortalecieron.

Sonrió al verlo, lloro por no haber estado con ellos, de haberlo dejado de ver, de verlos crecer, de estar con ellos, de apoyarlos, ayudarlos, de hacerlo avergonzar y de pasar horas con ellos entrenando.

Todos querían la atención del hombre, peleando de manera graciosa entre ellos por querer su atención, incluso las chicas que ahora eran bellas señoritas buscaban su atención diciendo que le prepararían muchas bolas de arroz, las favoritas del entrenador.

Fue una divertida tarde de recuerdos, de largas charlas y de lágrimas, llanto de felicidad, de alegría, de verlos así de grandes.

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Fiestas decembrinas, la alegría y cálides en el aire en aquella fría temporada en donde los malos ratos y las preocupaciones se dejan de lado para poder ver la bondad y la paz, para estar con la familia y amigos, para perdonar y ser perdonado.

—Tiene visita –hablo la guardia con seriedad, después de todo y desde que esta adentro, nadie la visitaba ¿Por qué lo harían? Aunque era raro ¿Dónde estaban esas amistades que dijeron que la apoyaban? ¿Aquellos hombres que dijeron moverían el cielo y a tierra por ella? ¿Dónde estaban esas personas que dijeron la ayudarían?

Esposada de tobillos y muñecas, la habitación no era mayor a la celda que comparte, una mesa y dos sillas, cada uno al extremo de la mesa, cámaras monitoreando el lugar, fue sentada y atada a la mesa.

—¿Podría soltarla? –dijo Endou quien había visto la llegada de ambas mujeres.

—No puedo –dijo la mujer para retirarse y dejarlos solos.

Se veían, Natsumi tenía odio en sus ojos, rabia, ira, una tormenta de fuego infernal donde solo hay lugar a los malos deseos y la necesidad de clavarle algo en el rostro a la persona delante suya, la cual sostiene una caja mediana envuelta en color plata y con un moño azul.

—¿A que vienes? ¿A burlarte? ¿A menos preciarme? ¿A querer sobrepasarte conmigo? –hablo con odio y veneno en sus palabras —¿Es que acaso no tuviste suficiente con humillarme de esa manera? ¿Por tenerme aquí? ¡Dime Endou! ¡¿Qué quieres de mí?!

Le duele, duele verla así, en ese estado deplorable cuando es una belleza, cuando sus ojos se ven mejor con aquel brillo de alegría y no llenos de odio, cuando sonríe de emoción y no aquellos rostros secos, cuando su figura se ve bien estando con su ropa de casa o bien arreglada.

Ama a Natsumi y le duele todo aquello, recuerda sus inicios, las salidas, los besos, su primera vez, recuerda cuando le propuso matrimonio y la felicidad de ambos cuando entraron por primera vez a su propia casa, la cual ambos eligieran, la cual ambos amueblaron, la cual ambos llenaron de recuerdos hasta aquel momento en donde Natsumi cambio.

Donde el rosa paso a ser negro, donde los días de sol se volvieron tormentosos, y aun así lo veía como algo normal dentro del matrimonio, lo veía como obstáculos por los cuales debían de pasar para poder formar y forjar más su relación.

Pero solo estaba equivocado, le costó entenderlo, le dolió hacerlo.

Dejo el regalo en la mesa, no importaba lo que dijera, intentar convencerla sería igual de inútil que intentar llenar el mar de arena, o de querer tomar las nubes —te amo, te amo Natsumi –ella no tardo en decir la falsedad en sus palabras, de gritar y rabiar, Endou no paro —y te perdono… Perdono todo, te perdono cada dolor y sufrimiento, te perdono por que esto no funcionará, perdono los golpes y burlas, tus palabras dolorosas y tus insultos, perdono tus risas y tus patadas, tus desprecios y tus daños. Natsumi, yo no te puse aquí, tu misma te metiste en este sitio desde el día en que dejaste que "algo más" cegara tu vista de lo que tenías delante.

Natsumi estaba que echaba fuego por la boca, humo por las orejas y nariz, parecía una fiera que estaba a punto de, no solo comer a su presa, si no también de hacerla sufrir. Insulto a Endou, ladro palabras de desdén y desprecio, le dijo cosas de las cuales cualquiera hubiera salido de ahí para no oírla más, pero Endou se quedó ahí, quieto, escuchando.

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De vuelto en la celda después de sacar todo el vómito interno de su mente y corazón, saciando su necesidad y poder aspirar el polvoso, húmedo y asqueroso olor de aquel lugar que sería su hogar hasta que la muerte fuera por ella, se le fue entregado el regalo que Endou le dio, aquel que terminaría en la basura sin antes ser abierto, hasta que su compañera se lo arrebato y abrió como si fuera suyo, sintiendo una presión en el pecho y verla llorar, lo cual, y a palabras de muchas ahí, era algo difícil en ella.

—¿Qué te pasa? –no le importaba nadie ahí, pero aquello fue raro.

La mujer le lanzó la caja —eres estúpida, muy estúpida solo por ¿Qué? ¿Qué querías demostrar?

Natsumi no entendió nada de ello, hasta que vio la caja y recibió un golpe en la boca del estómago de la vida, se le fue el aire y sintió impotencia, rabia y dolor, nostalgia y pesar que fueron reflejados y expulsados de sus ojos las lágrimas de cargados sentimientos.

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Yagami y Osamu estaban reunidos como Shuuya, Kidou y Kazemaru, y en realidad todos sus amigos incluyendo a Hector, quien se había vuelto amigo de Osamu y Tatsuya, todos estaban esperando a Endou, quien los mando a llamar.

Cuando al fin llego, se veía diferente, aun si sus ojos estaban tristes, el rojo bajo estos era muestra de que había estado llorando, y con eso, detrás de esa triste estaba también la fortaleza, la decisión.

—Yo… –no era fácil, ya Reina y Saginuma se lo habían dicho, que incluso llevaría toda una vida, pero el no quería gastar más tiempo en eso —yo… necesito ayuda.

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Concluida.

Gracias por leer.

Nos leemos pronto.