Bulma caminaba a casa después de un día terrible, iba estresada, cabizbaja, enfadada. Pero tuvo una sensación, como si alguien la observara, era ya de noche pasaban las 10:30 pm y sus piernas temblaban, volteó hacia atrás y pudo ver la silueta de alguien. El pánico la invadió, se sentía en peligro y corrió lo más que pudo, al dar la vuelta en la esquina esperó guardando su mejor golpe, pasaron los segundos que para el momento parecían horas y nadie apareció. Decidió asomarse y no pudo ver un alma. Suspiró y pensó que tal vez fue su imaginación, la capital del oeste no era tan segura en todos lados, pero su ubicación era la mejor de la ciudad. No había que temer, estaba a salvo.

24 horas antes

Después de ser el hazme reír del colegio durante una semana entera, Bulma arremetía en contra de Yamcha, si no hubiera estado distraída con él y su ausencia, el debate podría haber sido pan comido.

—¡Ay como odio la monarquía! ¡Y a Yamcha también!— tomaba su almohada imaginando el rostro de su novio y lo golpeaba.

A pesar de que el joven Beisbolista se había deshecho en disculpas, ya que su celular "había sufrido una avería y no pudo avisarle a su novia que su madre tuvo una emergencia"... lo requería en el restaurante. Bulma no creía su cuento, era claro que mentía, se le había olvidado que tenía la clasificatoria y había hecho planes con sus amigos del equipo para salir de fiesta. Para calentar más el asunto, tenía la mayoría de materias compartidas con su novio, verle la cara era una tortura.

Lo único que deseaba era ver al chico misterioso de sus sueños, ese que la besó en un sueño y la hizo sentir tan amada. Seguramente él no se olvidaría de sus clasificatorias del grupo de debates, Bulma pataleaba. "Lástima que no existe" . La joven peliazul decidió entonces respirar profundo e irse a dormir. Ya era tarde y al otro día tenía clase de matemáticas a primera hora, sabía que debía despertar muy temprano pero su cuerpo la traicionaba y pasaba por un insomnio terrible, de las 7 horas que acostumbraba dormir, con suerte durmió dos.

Si soñó algo, no se acordaba, pero lo más probable era que no había soñado nada, durmió horrible y levantarse le costó mucho trabajo, al mirar su celular saltó, eran las 7:00 am y la clase empezaba 8:10, no le daría tiempo de nada, corrió a por su uniforme, apenas tuvo tiempo de arreglarse y subir a su motocicleta.

El tráfico era infernal, si tan solo hubiese salido a la hora de siempre, no le habría tocado avanzar tan lento, miraba el reloj de la motocicleta mientras seguía atrapada y los minutos pasaban. Pensaba en ir en motocicleta hasta su salón de clases, pero eso sería una amonestación y la podría poner en riesgo de no entrar a la universidad de la AB Ligue que quería.

—Debí usar el helicóptero.— la joven se lamentaba.

Justamente 8:07 llegó a la escuela, ni siquiera metió su motocicleta en su cápsula, la dejó mal estacionada y se metió corriendo, el salón estaba en el tercer piso, así que subió las escaleras saltando escalones y se apresuró para llegar al salón. El maestro hablaba a con alguien, si la puerta no estaba cerrada, podía entrar así que corrió y se coló tras el profesor antes de que la puerta cerrara.

—Señorita Briefs, que gusto que nos honre con su presencia...— Bulma estaba demasiado apenada para mirar al frente, así que decidió ir cabizbaja. Estaba aún molesta con Yamcha y con ganas de ir a sentarse a su antiguo lugar, así que se encaminó a su precioso asiento en la última fila junto a la ventana, ansiaba sentir la brisa matutina mientras resolvía ecuaciones diferenciales.

—Bulma, oye, ven... siéntate conmigo.— Yamcha le pedía que se sentara con él, en primer lugar porque era su novia y aunque estuviera molesta, era mejor que el tipo que estaban presentando, tenía cara de asesino serial, la verdad le daba poco de miedo.

—Sabes que estoy molesta aún ¿Verdad?—

—Lo siento, de verdad. ¿Quieres que te lo compense?—

—La verdad no, aún sigo muy enojada... por tu culpa perdimos.—

—En realidad no fue mi culpa Bulma.—

Bulma comenzaba a discutir con su novio, Lázuli aprovechaba y volteaba a observar de cerca al nuevo estudiante. Había escuchado rumores de que alguien de la realeza iba a llegar a su colegio, pero este tipo no tenía escolta, no era feo pero algo le faltaba... ni siquiera traía útiles, debía ser un becado recién fichado para algún equipo deportivo.

—¿Qué me ves?—Vegeta se molestaba con Lázuli, quien sacaba una hoja de su carpeta y un lápiz con decoraciones rosadas.

—Ten... No sé a qué demonios vienes sin útiles.—

—No te importa.— Vegeta le arrebataba los útiles y comenzaba a tomar notas.

—De nada.—

—No molestes.—

Lázuli subía los hombros y proseguía a tomar su clase, no sin poner un ojo en el pleito marital de Bulma y Yamcha, el tipo se deshacía por hacer las pases con Bulma y ahí olía algo muy mal, la rubia observaba todas las banderas rojas, para ella tenía un letrero en la frente que decía "INFIEL" y aunque su amiga no quería verlo, ella lo descubriría con las manos en la masa.

—Señorita Briefs, veo que además de llegar tarde, está muy platicadora el día de hoy, ¿Cuál es el límite de ésta ecuación?—

—El límite es menos dos.— Bulma contestaba correctamente sin siquiera mirar el pizarron, seguía con los ojos clavados en Yamcha.

—Es correcto... ay no se ni por que pregunto, esa niña siempre tiene todo correcto aunque no me ponga nada de atención.— El maestro bajaba su moral.

—Si es tu culpa porque si te llegaron mis mensajes y después lo apagaste.—Bulma alzaba la voz y golpeaba a Yamcha un par de veces, todo el salón miraba a la peli azul. Imediatamente se sonrojaba y se cruzaba de brazos.

La clase terminó y Bulma se apresuró a tomar su mochila y salir corriendo por su motocicleta. Al llegar a la entrada no pudo encontrarla. Habían amonestado su motocicleta y la encapsularon hasta que se presentara por ella. Un mensaje llegaba a su celular, se trataba de un correo electrónico que le daba aviso de detención por infringir normas de estacionamiento. Bulma resoplaba, ahora tenía su vehículo castigado y tendría que quedarse en detención luego de clases.

Se trasladó sin muchas ganas hacia la cafetería, un sonido de su abdomen le recordó que necesitaba algo de desayunar ya que por las prisas no pudo tomar nada. Afortunadamente tenía hora libre junto con Milk y Lázuli, quienes ya la esperaban en la mesa de siempre y obviamente la rubia ponía al tanto a Milk de todo lo acontecido.

—¿De verdad aún sigues peleando con Yamcha?—Milk preguntaba a Bulma, quien se mordía el labio inferior.

—Aún sigo muy molesta, perdimos por culpa de Yamcha... ¡Tú también deberías estar molesta!—

—No estoy molesta Bulma, la verdad es que tu atención no debería depender de si Yamcha asiste o no, si lo hace demostrará que te apoya y si no, él se lo pierde.—

—Yo digo que lo termine, no vale la pena pelear con un muchacho que no tiene idea de como tratar a su novia. Presiento que eso se terminará pronto.— Lázuli siempre estaba en contra de la pareja #YamBul y no reparaba en aconsejar a su amiga para que terminara con él, no quería que Bulma sufriera de más.

—¿En verdad eso crees?— Milk abria sus ojos brillantes, su amiga era muy perspicaz y observadora, leía tan bien a las personas que parecía que adivinaba el futuro.

—No digas eso, Yamcha podrá ser algo distraído, pero me quiere. Solo ... soy yo la que sigue molesta y no lo supera.—

Ante el comentario de su amiga, Lázuli resoplaba. —Hasta que no pase.—

—¿Qué debería pasar?— Bulma miraba fijamente a Lázuli, quien negaba con la cabeza y se levantaba para tomar su mochila, la siguiente hora de clase iba a comenzar.

—Vámonos o llegaremos tarde.—

Bulma se quedaba pensativa, ¿De qué demonios hablaba Lázuli? Yamcha había cambiado desde que lo conoció, pero era buen muchacho. Posiblemente era cierto que a última hora se había ocupado, quería creerle, sin embargo algo le decía que no debía hacerlo. Continuó su día lo mejor que pudo, al finalizar las clases tuvo que ir a detención, al menos no vería la cara de sus compañeros del grupo de debate. Luego de terminar con el castigo quiso ir a su lugar favorito a leer, que para coronar un mal día, estaba ocupado por un simio dormido con un libro en la cara.

La joven suspiró para calmarse, dio un pisotón —Que tipo tan grosero, la biblioteca es para leer, no para dormir...— y decidió irse al laboratorio de robótica, no tenía ganas de llegar a casa, así que se distrajo en un nuevo proyecto hasta que pasara el último autobús.

Mientras Bulma vivía una odisea, Milk estaba inmersa un sueño hecho realidad, Goku había aceptado ir con ella a una cita, deseaba con todo su corazón sorprenderlo y tener una oportunidad de ser novios. Luego de que Goku se fuera a su entrenamiento, el chofer pasó por Milk y la llevó a casa.

La joven buscaba su cuaderno para poder hacer sus deberes, pero no lo levaba. Pensaba que posiblemente lo había olvidado en su casillero. Subía los hombros y se recostaba en su cama, mirando el techo sintió sus párpados muy pesados, quizá una siesta no estaría mal. El sueño la venció y rápidamente dormía profundamente.

Milk se vio transportada a otra época. En su sueño ella despertó en un lugar extraño, parecía parte del continente oriental, ella sabía que la familia de su madre venía de allí pero nunca había pisado esas tierras.

Despertaba en una cama hecha de colchonetas, muy incómoda para su espalda acostumbrada a dormir en colchones muy suaves. Tenía ropa extraña, una blusa con mangas amplias como alas y una falda mucho más larga que la blusa. Llevaba una cinta bordada que acentuaba la línea de su busto, parecía un hanbok como los que había visto en las fotografías de su difunta madre. Como pudo se sentó e intentó observarse en un espejo, cuando una chica con un traje sin bordados y sencillo entraba en la habitación.

—Señorita, ya está su baño.—

—¿Baño?— La chica jalaba a Milk quien estaba muy desorientada

—Señorita, usted nunca se acuerda de nada, es su boda, ¡Apresúrese!—

—¡¿MI QUEEEEE?! ¡NO, AÚN SOY MUY JOVEN Y SOLO ME CASARÉ CON GOKU!—

Las chicas del baño se quedaron boquiabiertas, la señorita Mi-Wu-Ah estaba enamorada de un Go-Ku, era un escándalo tratándose de la boda de una joven Naemyeongbu. El rey había otorgado el permiso a Wu-ah para casarse con el joven amo Ku-Go-Ten.

—¡NADIE DEBE MENCIONAR NADA! ¡LA SEÑORITA ESTÁ MUY NERVIOSA Y QUISO DECIR GO-TEN! ¿ENTENDIDO?— Una mujer mayor acallaba las damas que cuchicheaban, todas guardaron silencio e hicieron una reverencia, luego con fuerza, maltratando a Milk la señora mayor desvestía a la chica para meterla al agua. Milk tenía miedo de lo que estaba pasando y comenzaba a pellizcarse.

—Es un sueño, despierta.— la chica se forzaba a salir de esa pesadilla pero no despertaba.

—Señorita, tenemos que vestirla.—

Milk con lágrimas en los ojos e impotente se acercaba a las damas que tenían su traje de novia, era precioso, los ojos le brillaron en cuanto lo vio, ojalá que pudiera usar uno así si se casaba con Goku. La chica estaba muy triste, pues en ese punto no se sentía como un sueño, estaba en una pesadilla sumamente real y mientras la maquillaban un par de lágrimas rodaban sobre sus mejillas.

—Muchas quisieran casarse con un joven amo, señorita, pero yo no sé qué haría si me tuviera que casar con alguien que ni siquiera conozco. Creo que la comprendo.— La chica que delineaba los ojos de Milk le limpiaba las lágrimas y volvía a intentarlo. Finalmente tenían lista a la novia.

Era muy bella, los comentarios halagadores de las chicas hacían sentir mejor a Milk, pero ella tenía miedo, estar en una época que no era la suya y en una boda no tenía ningún sentido. Luego la llevaron a un carruaje en el cual sería llevada al lugar de la boda mientras era observada por el pueblo. Además de la incomodidad, tendría que sufrir la vergüenza de ser exhibida.

La multitud la saludaba y le gritaba, Milk buscaba una sola cara familiar entre todos, pero no la encontraba, todo era totalmente desconocido, con reglas extrañas y se sentía indefensa. Respiró hondo, ella estaba entrenada, era rápida y fuerte. Su padre era un ganadero y productor de leche y carne, había aprendido a desollar reses ella sola y en cuestión de minutos. Si tan solo hubiera un objeto afilado, podría defenderse y escapar.

Buscó en el carruaje y en sus accesorios, su peineta, no era suficientemente afilada. Se sentía atrapada y abrumada. Quería despertar y no le era posible. El carruaje se detuvo, los hombres que la llevaban bajaron el carro de sus hombros y abrían la puerta, era hora de salir a encontrar su destino. La joven fue obligada a dejar atrás la seguridad del transporte y de reojo vio a quien sería su esposo.

No tuvo ganas de observarlo, pasó frente a él solo deseando que todo terminara para despertar ya. El estómago se le revolvía de lo que pasaría, de pronto se puso a pensar en la suerte que tenía de haber nacido en occidente, en la época que le tocó nacer. Era una chica con voz y voto, su opinión contaba, tenía el derecho a elegir a la persona que amaba, elegía su ropa, que estudiar y donde. También pensó en que esto que soñaba posiblemente sus tatarabuelas lo vivieron, casadas por la fuerza con gente que no conocían, que no amaban. Prácticamente era una moneda de cambio.

Que suerte que vivía en la capital del oeste, aún en el Este tenían títulos nobiliarios, distinción marcada de clases y les importaba mucho la posición social. Si era una familia adinerada no dejaban que el heredero o heredera se casara con cualquiera, se seleccionaban citas a ciegas para dar una oportunidad de elegir, sin embargo el matrimonio arreglado aún era válido. Milk apretaba su ramo de flores y por fin era hora de ver a su esposo.

Los ojos de Milk se abrieron de par en par cuando se dio cuenta que su esposo sería nada más y nada menos que Goku, ahora sus lágrimas eran de alegría. ¡Que sueño tan maravilloso! Creía que era una pesadilla y resultó ser el mejor sueño de su vida. La joven sonrió y su mirada era de amor. El joven amo Ku Go Ten no le regresó la sonrisa, la observó, como si analizara una adquisición.

—Si, es bonita, me casaré con la señorita Mi.—

—Soy Milk, ¿No me reconoces?— la joven dijo entre risas.

El joven amo se limitó darle al botella de vino ceremonial para que lo sirviera, Milk comprendió y lo puso en el cuenco que tenía al frente, Go Ten tomó el cuenco y bebió el vino ceremonial, posteriormente ofreció la bebida a la chica, quien no tenía idea del ritual, imitó al joven y bebió del cuenco. Era embriagante, nunca había probado algo así, no le gustó nada y se puso a hacer gestos.

—¡Ay esto sabe feo!— la chica tenía pésimos modales para la época y la gente la miraba murmurando.

—Te portas peor que una Kiseng barata ¿Qué no aprendiste nada?— Go Ten reprimía a Milk, quien se apenaba y bajaba la mirada.

—Perdón.—

—¡NO HABLES!— Go Ten estaba muy molesto y le gritaba a su esposa.

Pasaba a la siguiente parte del ritual, Go Ten hacía las reverencias y Milk lo imitaba, no tenía idea de lo que hacía, pero en cuanto Go Ten paró ella lo hizo también. Fue justo para que ella terminara una reverencia menos que su esposo, como debía ser ella en par y el en non. Los novios posteriormente se sentaban y observaban el espectáculo, Milk muy apenada no disfruto nada, se la pasó seria sin decir nada y concluyó la boda sin que ella sonriera. Era físicamente igual a Goku, pero para nada era su Goku, el que ella conocía era muy sencillo, lo hacía feliz cualquier cosa y lo que más amaba era su deporte. Milk notó que era atraída por su físico pero no tanto como por su alma, así que lo extrañó. Siempre quiso gustarle a Goku, pensó en ser atractiva físicamente solo para llamar la atención de Goku, este señor que tenía enfrente dijo que era bonita, pero fue grosero con ella. No todo era el físico.

Sin darse cuenta ya estaba en la alcoba de bodas, había una cama hecha con colchonetas en un piso de madera, estaba alumbrado con lámparas de aceite, las puertas y paredes eran de papel y se escuchaba el murmullo de gente fuera. Milk se asustó, sabía lo que seguía y se arrinconó.

—¡Lo que sigue!— el joven ordenaba a Milk pero ella se negaba.

—No puedo pasar la noche contigo, nunca he pasado la noche con nadie.— Sollozaba la muchacha.

—Es obvio, si no lo fuera así no podrías casarte conmigo, tenemos que acabar con esto. ¡YA!—

—P... pero... hay gente afuera.— Milk no quería consumar el matrimonio con él, no era su Goku.

—¿Qué no sabes nada? ¡Son testigos!—

Milk temblaba y Go Ten se apiadaba, o eso aparentaba, si no consumaba el matrimonio, la gente hablaría y no era bueno para su familia, o era por las buenas o era a la fuerza. Decidía intentarlo primero por las buenas. Así que se acercaba poniendo su rostro más tierno que podía, tomaba a Milk de la mejilla y la miraba a los ojos.

—Mirate, eres muy blanca, eres hermosa.—

Milk abría sus grandes ojos, siempre había deseado que Goku le dijera eso, pero su Goku era muy distraído, jamás lo haría. Era surrealista, la mirada del hombre que tenía enfrente reflejaban tanto a Goku.

—¿De verdad te gusto?—

—Mucho.—

Milk se sonrojaba, su mente empezaba a jugar y creía que era Goku, si ese era un sueño podría ser que fuera en verdad el amor de su vida. El joven abrazo a su esposa y Milk se estremeció, se veía como Goku, olía como Goku, era como si el joven distraído amante de las artes marciales hubiese madurado y fuera todo un hombre. Go Ten besó a Milk por primera vez y la joven Oax se derritió.

Milk sonrío, ese beso lo esperaba hace tanto, ella lo besó de nuevo apasionada, dejando volar su imaginación, el joven Go Ten se sorprendía por la audacia de la chica, esta mujer era diferente, moderna y eso le parecía muy sensual, ni las Kiseng eran tan atrevidas.

Milk despertaba de su sueño en la realidad, respiraba sonrojada, se imaginaba que pronto Goku iba a ceder y por fin sería su novio. A pesar de lo terrible que fue su sueño en un inicio, estaba feliz de que Goku estuviera ahí con ella. Le dio curiosidad saber si existió una Mi Wu Ha en su familia, lo investigaría. Tal vez ella era reencarnación de la señorita Mi y Goku de Go Ten. Si eso fuera cierto, quizá serían almas gemelas.

De inmediato Milk llamó a Bulma y Lazuli para platicarles su sueño, pero la única que contestó fue la rubia.

—Lázuli, ¿Qué harás mañana?— Milk quería ver si la podría acompañar de compras para su cita.

—Tengo entrenamiento y luego saldré con Blue—

—No me digas que regresaste con el.—

—Obvio no, solo saldré un rato.—

—Deberías darle una oportunidad a Krillin, ese niño es bueno.—

—Es pobre, además ve a el abuelo que tiene. ¡Que horror!—

—Apuesto a que es buen chico.—

—¿Apuestas? ¿Cuánto?—

—Ya vas a empezar.—

—Si no hay dinero no salgo con el.—

—Ay... está bien, 1000 dólares, si te gusta te los pago.—

—¡Es trampa!—

—Es justo, tienes que darle una oportunidad real.—

—Si no me gusta harás mis tareas el resto del semestre, no se vale que me obligues a que me guste.—

—Está bien, si no te gusta hago tus tareas, de cualquier forma ganarías, ¿Hecho?—

—Hecho.—

Milk entonces se quedó pensando en su sueño, quizá de verdad era la reencarnación de esa chica que buscaba a su querido Ku Go Ten, que no era otro más que su Goku. Se sentía muy emocionada, ya que con base en las creencias orientales, existía la reencarnación y podría haber regresado a su forma original en ella porque en éste lugar, tiempo y espacio, coincidiría con Go Ten. Era el hilo rojo del destino uniendo a Milk con Goku. Solo tenía que ser paciente.

Mientras Milk fantaseaba con su historia de amor, Goku estacionaba su motoneta fuera de la casa de Milk, la chica había olvidado su cuaderno en la cafetería y quedaba de paso, así que decidió llevárselo. Bajó y tocó la puerta de la casa de Milk, era una casa grande sin exagerar en detalles, su padre casi siempre estaba en el rancho y viajando haciendo negocios. Pero en específico esa noche el señor Oax Satan estaba en casa.

El gigante y obeso hombre abría la puerta y Goku se impresionaba con el aspecto del padre de Milk, sabía que era un ganadero importante pero no esperaba que usara un casco con cuernos de toro en casa.

—Hola, ¿Qué hace un muchacho aquí a estas horas?—

—¡Hola! Soy Goku... s... señor, vengooo a... vengo a dejarle a Milk el cuaderno que olvidó en la cafetería.— Goku se apenaba con el padre de Milk y extendía sus brazos con el cuaderno.

—¡MIIIIILK!—El hombre gritaba enojado y Goku temblaba. —Te busca un amable jovencito, tengo una hija muy distraída... ¿Quieres pasar a cenar?—

—No... no se preocupe señor.— Goku se negaba pero un ruido proveniente de su abdomen decía lo contrario, en realidad Goku estaba muy hambriento.

—¡No tengas pena! Estaba asando un enorme costillar de cerdo peninsular de primera y unos filetes de res A5 que me envió mi socio del este.—para ser un gigante con cara de gruñón el hombre era muy amable con Goku, naturalmente toda la vergüenza se le pasó y cómodamente entró a la casa de Milk. Se dirigió con el señor Oax hacia el asador.

—¿Quieres una cerveza muchacho?—

—No señor, muchas gracias, vengo conduciendo.—

—Tienes cara de idiota, pero eres responsable...¡Me caes bien muchacho! ¿Cómo era tu nombre?—

—Goku, señor.— Goku reía y se ponía la mano en la nuca, el señor Oax le daba un refresco.

Milk bajaba sonriente con una blusa de volantes rosa, Goku la miró y la saludó de lejos. Ella se sonrojó levemente, no esperaba ver a Goku compartiendo con su padre, era una linda escena y si sus sospechas eran ciertas, su alma y la de Goku estaban conectadas, por lo tanto esa escena se repetiría.

—¡MILK! Te traje tu cuaderno.—

—Ay no debiste haberte molestado.— la chica se sonrojaba.

—No hay problema, me queda de paso.—

—La ciudad entera te queda de paso Goku.—

Era verdad Goku vivía en la otra punta de la ciudad, con su abuelito Gohan, le compró ese vehículo ya que te iba que transportarse de forma rápida y económica, Goku agradecía mucho a su abuelito y respondía lo más responsablemente posible.

La pequeña gran familia Oax compartió un buen rato con su invitado, el padre de Milk reía a carcajadas, estaba tan contento como hacía mucho tiempo que no se le había visto. El mismo tiempo desde que había enviudado.

10 años antes

—Señora, lamentamos informarle que hay metástasis, el pronóstico es reservado y debemos iniciar con el tratamiento lo más pronto posible.— Las palabras caían como agua helada sobre Tajima, era una mujer aún muy joven, no llegaba a los 35 años. Acababan de informarle que un raro cancer había invadido algunos de sus órganos vitales, era agresivo y acabaría con su vida muy pronto. Su primer pensamiento no se basó en lo que pasaría con ella, era obvio, su primera preocupación era su pequeña hija Milk.

—Doctor, ¿Este cancer... es hereditario?—

—Si, es uno de los factores de riesgo, pero podemos hacer un análisis genético y determinar si su hija podría llegar a padecerlo.—

—Háganlo.—

La mujer salió del hospital sintiendo como si caminara entre nubes, subió al auto donde la esperaba el chofer y la llevó hasta un restaurante, donde tendría una reunión con un diplomático oriental, la agobiaba el futuro de su pequeña hija sin su madre. ¿Qué sería de ella? ¿Cómo aprendería a ser fuerte y a valerse por sí misma?

Iba decidida a dejarle un futuro a Milk, una herencia que la mantuviera a salvo y que jamás se preocupara por nada. Que no sufriera y sobre todo que no enfrentara su misma enfermedad. Con la tecnología oriental y occidental trabajando juntas, quizá Milk no pasaría por lo que ella estaba pasando.

—Señora Oax Tajima, que gusto verla.— un hombre muy alto de cabello corto y oscuro le saludaba con una ligera reverencia, ella respondía con un gesto similar, luego era conducida hasta una sala reservada para reuniones, ahí se encontraba el mismísimo rey Vegeta, quien tomaba vino y leía algunos documentos.

—Lady Tajima, por fin nos vemos.— el rey levantó la mirada con media sonrisa.

—Rey Vegeta.— la mujer saludaba con una reverencia.

—No habia sabido de usted desde que decidió romper nuestro compromiso y abdicar a su título para casarse en occidente.—

Tajima se puso un poco nerviosa, en efecto la habían prometido al rey una vez llegara a su mayoría de edad, pero sus padres la enviaron a occidente a estudiar, conoció a Satan y el resto era historia, una hermosa historia de amor y tuvo que dejar todo atrás. La mujer se sonrojaba apenada.

—No tengas pena, también me case con alguien que quería demasiado, pero... Bueno sabes que enviudé hace cinco años.—

—Lo sé si majestad, lo siento mucho.—

—No te preocupes, fueron buenos años. Veo que tuviste una hija que ha heredado tu título.—

—Si su majestad.—

—¿Lo conservará?—

Tajima había pensado en abdicar nuevamente el título, con dos generaciones saliendo de sus obligaciones reales se perdería totalmente y por fin se liberarían de la monarquía oriental. Sin embargo, el diagnóstico que acababa de recibir cambiaba totalmente las cosas. Si Milk pertenecía a la familia real, no tendría que preocuparse por nada, así hubiese heredado su condición, tendría una mayor oportunidad.

Tajima pasó saliva, respiró profundamente y miró directamente al rey.

—Si su majestad, he decidido que Milk cumpla sus obligaciones reales una vez que llegue a la mayoría de edad.—

El rey sonreía con algo de malicia al escuchar a Tajima.

—Pero... quiero que tenga la oportunidad de abdicar si ella así lo desea, aunque se pierda el título para siempre.—

El rey tomaba un poco de vino y asentía. —Ese sería su derecho, me parece bien. Para cerrar el trato, estoy buscando una joven noble para comprometer a mi hijo mayor, es el príncipe heredero así que tu hija será princesa en un futuro.—

Tajima no se sorprendía, estaba al tanto de la línea de sucesión y era probable que su hija figurara como una candidata para ser futura reina consorte. La mujer asintió, al ser la reina, aunque tuviera un diagnóstico de cáncer, tendría acceso a los mejores tratamientos de su época, también aseguraría una vida acomodada ya que en ese momento su esposo tenía un gran negocio de ganado, sin embargo todo podía pasar, si los animales se enfermaban o estafaban a su esposo, podrían arruinarse. A pesar de su imponente aspecto, Satan era muy noble y sin ella, lo sentía indefenso.

—Estoy de acuerdo su majestad.—

—¡Excelente decisión Tajima! Ordenaré que Nappa haga los arreglos pertinentes, mi hijo ahora tiene 7 años, esperaremos 10 años para presentarlos... tú sabes, la vida no la tenemos comprada.—

Tajima salió de la reunión con el corazón hecho pedazos, se repetía que era simplemente un seguro, por si todo lo demás salía mal... era lo único que heredaría a Milk. Se mantuvo callada los siguientes meses y su estado de salud se deterioraba rápidamente. Los mejores médicos atendían a la mujer pero el tratamiento era ineficaz. Entre entradas y salidas del hospital, los meses pasaban y Milk se entristecía de ver a su madre, no era lo suficientemente mayor para que se lo explicaran pero tampoco lo suficientemente pequeña para ocultarlo. La última vez que Tajima estuvo en el hospital, pasaron dos semanas intensas hasta que el médico aviso a Tajima su pronóstico.

—Tajima, ha llegado el momento de que vaya a casa si así lo desea. No tenemos más opciones que tratamiento paliativo.—

—Entiendo doctor, muchas gracias por todo. Disfrutaré con mi hija.— la mujer sonreía como podía, su aspecto mostraba su cansancio pero era valiente.

Milk y su madre pasaron juntas todo el tiempo que el cuerpo de Tajima lo permitió, quizá eso le dio más vida, al menos el tiempo suficiente para comentarle a su esposo la verdad.

—Tengo que decirte algo amado mío.—

—Lo que quieras.—

—Promete que no me odiarás.—

—Jamás lo haría, ¿Cómo podría molestarme contigo?—

—Mi amor, hay algo de mí que no sabes.—

—¿Cómo?—

—Pertenezco a una familia real, abdiqué mi título a favor de mi primogénita para poder casarme contigo, no me arrepiento de nada te elegí y te volvería a elegir mil veces más.—

—Tajima... no debiste... no lo valgo.—

—Vales todo y Milk también, por eso debo decirte que le hice un análisis de BRCA a Milk... salió positiva al gen ... antes de saberlo, y ante las posibilidades de heredar mi enfermedad, hablé con el Rey Vegeta para comprometer a Milk con su título y con el príncipe... pero no te preocupes, no se conocerán hasta que la niña tenga 16 años... eso le permitirá saber sus opciones hasta los 18 cuando ella decida su futuro.—

—¡MI HIJA TAMBIÉN!— Satan sollozaba

—Por eso lo hice, porque ellos tienen la mejor medicina y si ahora no pueden salvarme, en unos años esta enfermedad será muy curable. Toma todas las precauciones con Milk y cuídala por mi.—

Tajima tomó débilmente la mano de su esposo que sollozaba, tranquilamente cerró los ojos para no volver a abrirlos jamás. Aunque la vida para Satan sin Tajima fue dura, sacó adelante a su pequeña Milk y se convirtió en un gran empresario en el mundo de la carne. Todo en nombre de su querida Tajima y por su hija Milk.

En la actualidad.

—¡MUCHAS GRACIAS POR LA COMIDA!—

—Cuando gustes muchacho.—

Goku agradecía la cena y se despedía de Milk y su padre. La Chica quedaba sonrojada y lo miraba con mucha ternura. El señor Oax volteaba a ver a su hija, le partió el alma verla tan ilusionada con ese muchacho.

—No te emociones Milk, tengo algo que decirte.—

Milk volteó hacia su padre, su comentario la había puesto nerviosa y expectante ¿Qué le quería decir? ¿Acaso Goku no le había caído bien? Si ella pudo observar que se llevaron de maravilla. El semblante de su padre era triste, ella sabía que la amaba. Era lo más preciado para él, no solo por el parecido con su madre, en realidad solo se tenían el uno al otro, desde la muerte de su madre la familia se distanció y aprendieron a ser muy felices con su pequeña gran familia.

—Milk, tu madre... esto es difícil... tú sabes que tu madre era extranjera ¿cierto?—

—Si papi, pero... ¿A qué viene eso?—

—Bueno, tú madre pertenecía a una familia noble del oriente y aunque creciste en occidente, hay un título que te pertenece, no estaba al tanto pero... tu título cambió hace dos meses. Eras lady Milk Oax Moon, tras la muerte de tu tío abuelo, ahora pasas a ser Duquesa Milk Moon y esto conlleva un acuerdo que cerró tu madre antes de partir.—

—¿Qué... acuerdo?— Milk se sorprendía, acababa de golpear a la monarquía en su último debate y ella pertenecía a esa estirpe... si no hubiese investigado todo lo malo... tal vez estaría muy contenta, pero ahora sabía que tenía responsabilidades que no pidió.

—Bueno, el acuerdo era que si asumías el cargo de Duquesa serías la principal candidata para desposar al príncipe heredero de la capital de Este.—

—¡¿QUEEEEEEE?! ¡¿ESE OBESO PROBLEMÁTICO QUE LIGA CON CUALQUIERA?! ¡Papi yo quiero a Goku y solo a Goku, no me quiero casar con un desconocido y menos si tiene tan mala reputación!—

—Lo sé hija, haré todo por que rompamos ese compromiso, tampoco estoy de acuerdo, pero en el descanso de primavera vamos a tener que ir a hacer la primera presentación oficial. Ahí intentaré negociar, pero mientras... no te ilusiones ¿si?—

—¡Pero papá! ¿Y si Goku se enamora de alguien más?—

—Entonces sabrás que no vale la pena. Espera un tiempo hija, la paciencia recompensa.—

—Era el trabajo recompensa.—

—También la paciencia hija, ¡Ánimo! ¡SOY OAX SATAN! Nada me vence.—

Milk pasó toda la noche pensando en Goku, imaginando en escapar con él y empezar una vida juntos. Sin embargo, el mismo Goku no tenía idea de lo que ella sentía y posiblemente no correspondía a sus sentimientos, estaba ilusionada pero quizá Goku únicamente quiso ser amable, no significaba que ella le gustaba... ¿O si?

Al día siguiente, cierta de que Goku no le era indiferente, Milk coleccionó todas las revistas con test de amor que encontró, estaba contestando todo lo que podía en la cafetería mientras llegaban Bulma y Lázuli. El lugar estaba lleno y un chico se acercaba a Milk.

—Disculpa, ¿vas a ocupar toda la mesa?¿Crees que podamos compartir?—

Milk lo miró de reojo, había preguntado de manera muy amable así que la chica volteaba, abrió sus ojos como platos al darse cuenta que era el príncipe. De pronto olvidó su postura frente a la monarquía y se levantaba haciendo reverencias y ofreciéndome la mesa.

—Por favor su majestad, tome la mesa.—

—Nooo, no hagas eso...— Tarble se apenaba, pensaba que en occidente no habría formalidades.

—Lo siento, no todos los días alguien de la realeza pide compartir mesa.—

—Soy Tarble voy en primer año.— el

Joven sonreía y Milk se presentaba también.

—Soy Milk de segundo año.—

Tarble se sentaba en la mesa de Milk y pedía algo de desayunar mientras veía todas las revistas que contestaba la chica.

—¿Qué estás haciendo?—

—Contesto tests.—

—¿Para qué?—

—Pues...— Milk se sonrojaba, no sabía si debía hablar de estas cosas con el príncipe... pero parecía tan educado y amable, sintió gran afinidad con él. —Es que hay un chico que me gusta y quiero averiguar si yo le gusto también.—

—¿Contestando tests?¿Así lo hacen aquí?—Tarble tomaba una de las revistas y comenzaba a leer las preguntas.

—Son tests muy confiables... —

—No lo sé... si todos los chicos de aquí fueran igual de genéricos, funcionarían... esto no funcionaría con gente normal.—

—¿En serio?—

—¿Por qué no pides salir con él y ya?—

—Si, saldremos mañana al cine pero...— Milk se mordía el labio, estaba con un príncipe de oriente, y quizá conocía al príncipe obeso con el cual estaba supuestamente comprometida.

—Entonces solo se tu misma, a los chicos nos gustan las chicas auténticas.—

—¿Auténticas?—Milk se sorprendía de las palabras de Tarble, pues ella solo quería ser perfecta para Goku y se esforzaba al máximo tratando de cumplir expectativas auto impuestas que no tenía idea si eran lo que Goku realmente quería.

—Vaya al fin alguien piensa como yo, soy Lázuli, tú eres...—

—Tarble, un gusto.—

Bulma y Lázuli se unían a Milk y Tarble en la cafetería. El grupo de chicas desayunaban y conocían al chico nuevo, contrario a los prejuicios que tenían de los chicos orientales , Tarble era muy amable y educado, tenía encantadas a las 3 fabulosas y no pasaba desapercibido. Aparecer junto a un guardia real el día anterior había soltado rumores por toda la escuela, ya se sabía que había un príncipe entre ellos y en realidad la información era confusa, el secretísimo de la monarquía de su país filtraba mucho la información que llegaba a oídos y ojos del extranjero.

Por su parte, Vegeta terminaba su entrenamiento con Goku, el chico era demasiado bueno, al grado de darle buena batalla a Vegeta, nunca había tenido un contrincante que no se rindiera. Era emocionante y sabía que tenía que estar a la altura o el joven de segundo grado sobrepasaría las habilidades del príncipe en cualquier momento.

—¿Quieres ir a desayunar insecto?—

—No gracias, traigo mi lunch.— Goku sonreía mostrando un Bento típico de oriente.

—Ya se me hacía raro que parecieras de mi país, hasta comes en bento, ¿Es arroz y kimchi?— A Vegeta se le hacía agua la boca, la señora Celry no sabía cocinar, el sazón de Napa era horrible y no tenían quien hiciera comida de su país, así que había comido hamburguesas y hoy dogs desde que pisó suelo occidental.

—¿Esto? Ah sí, mi abuelito lo cocina para mi, llegamos aquí cuando yo era muy pequeño...¿Quieres ir a comer a casa antes del entrenamiento de la tarde?—

La oferta era muy tentadora, Vegeta pasaba saliva para tragarse su orgullo, o era eso o llegar a casa a comer pizza y macarrones con queso.

—Si iré.— Vegeta bajaba la mirada y se retiraba a la cafetería que para variar estaba llena, se detuvo en la entrada para ver cómo su hermano hacía amigas con unas chicas. Rápidamente las identificó, la rubia molesta de su clase de matemáticas, la retardada con problemas de ira y la insolente que era amiga de Goku.

Continuará.