Capitulo 4 Numero

Gokudera Hayato se encontraba sentado al aire libre en los alrededores de Kokuyo Land sin molestarse en disimular su desconfianza ante la piña colada que tenía enfrente suyo, en frente se encontraba el infame Rokudo Mukuro, Guardián de la Niebla de la Decima Generación, Director de la Escuela Kokuyo, ex convicto de la abandonada prisión de Vindice, probablemente una de las personas más peligrosas del planeta.

Podría tener un peinado ridículo, no obstante, era una de las pocas personas que había logrado derrotado a un arcobaleno, hazaña que todavía pese a lo sucedido en aquellas batallas se creía casi imposible.

Aquel muchacho con peinado de piña se encontraba usando un traje playero; bermudas y sandalias grises, acompañadas de una modesta camisa floreada de manga corta color naranja, su burlona expresión, relucía más con aquellas gafas de sol oscuras que tapaban sus ojos de diferente color.

A Gokudera no le agradaba Mukuro, de hecho no confiaba en el, en circunstancias normales, preferiría recurrir a Chrome Dokuro antes que a la persona que tenía ante si, desgraciadamente, estas no eran circunstancias normales.

Después de mucha meditación y alguno que otro beneficio propio, Mukuro había aceptado afiliarse a Vongola bajo dos condiciones que tenían que ser cumplidas.

La primera consistía en que Vongola remodelara el vertedero en el que se había convertido Kokuyo Land, en cierta forma, Gokudera comprendía esa demanda, el lugar estaba hecho una pocilga, a veces se preguntaba si el grupo del pelo piña tenía sistema de drenaje, los baños que pocas veces había visto eran una aberración a la humanidad, ni que decir de las plagas de ratas, cucarachas, etc.

A ese lugar había que darle una buena limpiada, en ese aspecto, estaba de acuerdo, Sawada Iemitsu, se encargó de aquella cuestión, destino un presupuesto, personal civil competente que fuera discreto y no hiciera preguntas, un equipo de arquitectos y un supervisor en jefe que se encargaría de las cuestiones administrativas del proyecto, además de fungir como un consultor entre los mismos arquitectos.

La persona elegida para desempeñar tal cargo, para sorpresa de nadie, fue Basil, el otaku de la cultura nipona aprendiz de Sawada Iemitsu.

En cuanto a la segunda condición, bueno esa no tenía sentido, al menos para el, no podía entender que era lo que el ilusionista trataba para hacer tal petición, el hecho de que el noveno aceptara, solo le hacía molestarse más, era como si comprendieran algo que el no.

—No está envenenada ¿Sabes?—dijo Mukuro con su habitual expresión de Poker—Yo también estoy bebiendo.

Gokudera simplemente se limitó a chasquear la lengua mientras tomaba de mala gana su vaso.

—¿Ves que no era tan difícil?

—Jodete

—¿Y con esa boca besaste el ataúd de tu madre? Que feos modos.

El peligris golpeo fuertemente la mesa de piedra haciéndola temblar, la sombrilla que estaba dispuesta sobre ambos guardianes que les cubría del incandescente sol amenazó con caerse.

—Una palabra más y dile adiós a tus ambiciones de remodelar estés lugar.

—Tranquilízate, solo era una broma.

—Pues tus bromas no me hacen gracia bastardo.

—Aja si bueno…¿Quién tiene hambre?.

—Yo—dijo Fran alzando la mano derecha, el pequeño aprendiz también se encontraba con ellos—Deje de hablar con este estirado y dígale a W. W. Que haga algo de comeeer, me muero de hambre.

—Te prometo que no nos tomara mucho tiempo ¿Y bien? ¿A que has venido a verme?.

Gokudera ssuspiro.

—¿Tienes el número de mi primo segundo?

—¿Primo segundo? Hablas de…

—No lo menciones, solo dime si lo tienes—interrumpió Gokudera, la idea de estar emparentado con otra persona que aborrecía igual o más que a Mukuro le revolvía las entrañas.

—¿Por qué supones que tengo su número?

—No es una conjetura, es una afirmación, dame el numero de ese idiota.

—¿Qué es lo que pretendes? No creo que quieras establecer lazos familiares con el otra vez.

—Por supuesto que no—contesto con desagrado.

Mukuro pareció vacilar por un par de segundos.

—¿Tiene que ver con el Circulo Dorado?—pregunto el peliazul con seriedad.

—Me preocupa la oposición a Vongola, dejando de lado la decisión del juudaime, hay algunas familias que no han estado satisfechas por lo que paso con los Simón, además todavía está el problema de Vindice, desde que ellos se fueron, algunos de los criminales más peligrosos escaparon de prisión, el retiro de Bermuda ha traído fuertes repercusiones en el bajo mundo, sin el carcelero de la mafia, varias familias intentarán sacar provecho para desacreditar a la familia Vongola y quitarles su silla en el Circulo.

—Claramente eso también supone una amenaza para mi—medito Mukuro haciendo aparecer un papel y un bolígrafo—Ustedes no se van a colapsar hasta que me dejen Kokuyo como una escuela privada—anotando el numero—Dile que le envió saludos a Chrome.

Gokudera frunció el ceño ¿Qué tenía que ver Chrome?.

—¿Sabes donde está?—cuestiono Gokudera, recordando que hacia tres días que la tímida chica no se presentaba en la escuela, en su conversación con Kyoko, ella se había mostrado preocupada por la ilusionista.

—¿Por qué tan interesado de repente? Creí que su existencia te daba igual.

—Simplemente no todos somos tan antipáticos como tu, no he tenido oportunidad de tratar mucho con ella, pero es mi compañera además hay personas que también se preocupan mucho.

—Así que alguien está preocupado—dijo Mukuro sopesando las posibilidades, pese a su ingenua empatía, dudaba que Tsuna le diera relevancia, la última vez que le vio lo había visto tan callado que apenas se había creído que el castaño ignorase su presencia ¿Quién podía ser? Una idea se le cruzo por la cabeza—¿Miura o Sasagawa?

—Ambas—respondió Gokudera con frialdad.

—Ella esta con el, no hay nada de que preocuparse.

Gokudera no pudo evitar disimular su sorpresa.

—¿D-d-desde c-c-cuando?—tartamudeo.

—No lo sé—respondió Mukuro suspirando.

—La piña extraña su navegador de Internet—se burló Fran ganándose una puñalada del tridente de Mukuro en la gigantesca manzana que utilizaba como sombrero.

—Bien, ya debo irme—dijo Gokudera levantándose de su asiento bebiéndose la piña colada de un trago para después tomar el papel que contenía el número de su pariente lejano.

—Un gracias estaría bien—dijo Mukuro con cinismo.

La Mano Derecha del Decimo Vongola contesto con el dedo medio mientras se iba.

Mukuro no pudo evitar dejar salir su característica risa.

Nota de Autor:Con esto tenemos el capítulo ojala haya sido de su agrado