Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Capítulo 16
El viaje a Port Angeles pasa rápidamente con Rose y yo en el asiento trasero charlando sobre nada y todo. De vez en cuando, siento la mirada de Edward en mí y cuando miro, él gira la cabeza y me guiña un ojo. Es dulce y me hace sonrojar. Todo. El. Tiempo.
No hemos tenido oportunidad de discutir mi mensaje sobre el cepillo de dientes. Creo que esto es algo que debería quedar entre él y yo. Rose ya sabe demasiado, no necesita saber que él posiblemente también se quede a dormir.
A decir verdad, estoy ansiosa por la idea. Siento que estoy rompiendo las reglas, como si mi novio se quedara a dormir y yo estuviera siendo traviesa. Supongo que la novedad de todo esto se irá después de un tiempo, pero por el momento, estoy disfrutando de estas nuevas experiencias.
—Estamos aquí, damas —grita Emmett mientras estaciona el coche.
Echando un vistazo alrededor, noto que estamos en la parte más elegante de la ciudad. No puedo decir que haya estado aquí mucho.
—¿La comida es buena? —pregunto mientras nos bajamos del coche. Supongo que Rose y Emmett han venido aquí muchas veces en el pasado.
Rose se une a mi lado del coche.
—La comida de aquí es fantástica. ¡Te encantará!
Sonrío mientras Edward toma mi mano en la suya y la lleva a sus labios, besando mis nudillos cariñosamente.
—Bien. He querido probar cosas nuevas —digo, levantando la mirada y encontrando los ojos de Edward.
Rose se ríe al mismo tiempo que los labios de Edward se curvan en una sonrisa sexy.
—Me han dicho que las chuletas de cordero son espectaculares —dice Edward mientras nos dirigimos al interior del restaurante.
—¡Sus costillas a la barbacoa está para morirse! —afirma Emmett, rodeando el hombro de Rose con su brazo.
~ALLO~
Una hora y media más tarde, estamos completamente llenos. Emmett tenía razón, la comida realmente es increíble.
—Y bien, supongo que ir a bailar de inmediato no es muy buena idea, ¿eh? —dice Rose, dándose palmaditas en la barriga y suspirando con satisfacción.
—Eh, no, nena. Dame alrededor de una hora y entonces soy todo tuyo. Solo tengo que dejar que esto baje. —Hago una mueca ante las palabras de Emmett, mientras que Edward se ríe y Rose suelta un quejido.
Rose sacude la cabeza.
—¿Ves, Bella? No importa la edad que tengan, todos son cerdos.
Todos nos reímos mientras que Emmett procede a hacer sonidos de cerdo e intenta olfatear el cuello de su esposa mientras que ella intenta apartarlo, pero fracasa por completo.
Me inclino más cerca de Edward.
—Lo siento por ellos —le susurro.
Él suelta unas risitas.
—No lo hagas. Son muy entretenidos.
Me río.
—Para que lo sepas, de acuerdo con mamá, ninguna de nosotras es adoptada.
Él mira a los dos, que ahora están tomados de la mano y hablando en susurros.
—Meh, algunas cosas saltan una generación. —Se encoge de hombros.
—Oh, Dios —espeto, mis ojos muy abiertos al hacer todo lo posible por no reírme—. Pobre Alice.
—¿Qué están susurrando ustedes dos allí? —pregunta Rose, inclinándose un poco más cerca de nosotros.
—Nada. —Me encojo de hombros—. Solo nos reímos de ustedes dos, eso es todo.
Ella apunta un dedo con manicura hecha en nuestra dirección.
—Hagan eso más tarde. Cuando no estemos cerca, por favor. —Sonríe y guiña un ojo juguetonamente.
Justo cuando estamos a punto de comenzar otra ronda de bromas entre hermanas, la camarera se acerca y nos da nuestras cuentas.
Edward toma la nuestra y rápidamente la sujeta en su mano frente a mí y me distrae al rozar los dedos de su otra mano por mi espalda, haciendo que me retuerza en mi asiento.
Jadeo suavemente y me aclaro la garganta, haciéndole reír. Él me está torturando lentamente y lo sabe.
Al final de la noche, estoy muy segura de que no se irá a casa.
Lo cual me recuerda.
—¿Trajiste lo que pedí?
Me mira fijamente en blanco por un momento antes de ver el reconocimiento en sus ojos mientras una sonrisa pícara aparece en sus labios.
—Está en mi coche.
El salón se siente realmente caliente de repente mientras mi cuerpo reacciona a sus palabras. Recordando lo que fue estar con él el fin de semana anterior ciertamente hace que nuestra conversación en la cena y la noche afuera parezca que esté tomando una eternidad.
Quiero ir a casa tan pronto como sea posible. De hecho, en este instante sería increíble.
Sacudiendo la cabeza, sonrío y susurro, «No puedo esperar».
Edward lleva su mano a la parte trasera de mi cuello y me da un suave apretón mientras sacude la cabeza.
—Me estás matando, Bella —susurra.
~ALLO~
El club está animado, eh, bueno, eso es lo que dice Rose de todos modos. Solo estoy sorprendida de estar rodeada por personas de mi edad. Estaba esperando una multitud más joven, como jóvenes de veintiún años bailando sobre los parlantes al ritmo de una banda de chicos, pero estoy gratamente sorprendida de ver que la mayoría de las personas aquí es mayor de edad por varios años, y la música es una mezcla de dance con un poco de rock clásico.
Pedimos unos tragos, con excepción de Emmett que insiste en ser el conductor designado incluso cuando le digo que yo puedo conducir su coche. Oh, bueno, eso quiere decir que puedo relajarme un poco y beber varios tragos.
—Quiero hacer un brindis. —Rose se pone de pie y levanta su vaso—. Estoy contenta de tenerte cerca, hermanita. Es una lástima que te haya tomado mucho tiempo darte cuenta de lo increíble que eres, pero nunca dudes de eso de nuevo. Te amamos, pase lo que pase. —Choca su vaso contra el mío y continúa—. Por la nueva vida de Bella.
Edward me abraza contra su costado con su brazo libre y choca su vaso con el mío.
—Estoy feliz de que te hayas mudado aquí, Bella.
El calor de su cuerpo y sus palabras me inundan, cubriéndome de muchas maneras. Muchas emociones dan vueltas en mi interior al mismo tiempo, formando un nudo en mi garganta.
Pero no lloraré, no estoy triste. Estoy feliz. Delirantemente.
Por primera vez en mucho tiempo, he encontrado mi lugar. Aquí, con estas personas. Son familia. Incluso Edward en tan poco tiempo se ha abierto camino en mi vida y no puedo imaginar jamás una vida en la que él no esté allí.
Es como si no estuviera viviendo de verdad antes, solo hacía las cosas por inercia. Alec jamás me hizo sentir así. Nunca. Él tiene su propia vida ahora. Es feliz. Está comenzando una nueva familia. Es mi turno de encontrar mi propia versión de eso.
Todos chocamos nuestros vasos, sacándome de mis pensamientos. Echo un vistazo alrededor y sonrío.
—Gracias. Muchas gracias a todos ustedes. Esto... Esta noche... En verdad lo estoy pasando muy bien.
Y lo estoy. El brazo de Edward se intensifica a mi alrededor y me acerco un poco más en mi asiento para tratar de estar incluso más cerca. Estoy casi sentada en su regazo llegados a este punto, pero el lugar está tan oscuro que dudo que a alguien siquiera le importe.
Sus dedos rozan la piel de mi cintura entre mi blusa y mi falda, y me hace estremecer de la mejor manera. Es como si él estuviera prendiéndome fuego con solo esa simple caricia.
Al principio, hace cosquillas y casi le digo que se detenga, pero entonces su pulgar se desliza por mi espalda y las puntas de sus dedos rozan la piel justo debajo de la cintura de mi falda, haciendo que me retuerza contra su mano.
Me siento mal que ni siquiera estoy escuchando lo que Rose, Emmett y Edward están hablando, pero no puedo concentrarme.
Llevo mi mano al muslo de Edward y comienzo a acariciar la parte interna de su muslo con los mismos patrones que él está dibujando en mi cintura.
Cuando Emmett y Rose nos dejan solos para ir a bailar, veo por el rabillo de mi ojo mientras Edward respira hondo y gira la cabeza para encontrarse con mi mirada. Todo lo que veo allí es lujuria. Sus ojos están ligeramente dilatados y oscuros. Podría ser por el alcohol, o quizás sea que mi propio trago me esté dando valor y aparentemente mi mano tiene una mente propia. Mi meñique ha estado rozando la costura de sus pantalones durante los últimos minutos, y estoy bastante segura de que he despertado una parte de su cuerpo que me será muy útil más tarde.
Sonrío tímidamente y llevo mi vaso a mis labios, bebiendo un trago sin romper el contacto visual. Él sacude la cabeza y baja sus labios a mi oído.
—Eres una fiera, ¿verdad?
Me encojo de hombros, el alcohol entrando en mi sistema me da valor y honestidad.
—Solo cuando tú estás cerca.
—Eso es algo bueno. No querría compartirte. —Sus dedos suben por mi costado, rozando el costado de mi pecho y por encima de mi hombro hasta mi cuello donde entrelaza sus dedos suavemente con el cabello en mi nuca, haciéndome estremecer.
Giro para mirarlo por completo y la intensidad entre nosotros es demasiado. Me inclino hacia adelante y me lamo los labios, quiero besarlo. Mucho.
—Me tienes, todo de mí, Edward. —Tomo su mandíbula, sintiendo la barba áspera bajo las puntas de mis dedos mientras cierro la distancia entre nosotros y lo beso como si mi vida dependiera de ello.
Es lento y dulce con lengua y dientes mientras sus manos y sus dedos pasan por mi cabello y me acercan más. Pienso en el cuidado que Rose tuvo para hacerlo lucir bien, pero entonces Edward gruñe y nada más importa excepto su boca en la mía y sus manos en cualquier parte de mi cuerpo.
Es demasiada demostración pública de afecto, pero no puedo hacer que me importe. Mi corazón late rápidamente a cien latidos por minuto y siento que estoy flotando. Nada podría obligarme a detener lo que estoy haciendo.
Edward gruñe, incentivándome cuando beso el costado de su boca y mandíbula, subiendo hasta su oreja, donde giro su lóbulo con mi lengua.
—Te deseo mucho, Edward Cullen. —Cierro los ojos y respiro profundamente, apoyando mi frente contra su hombro. Es como si fuera demasiado, pero aún así no suficiente.
Las manos de Edward bajan por mi espalda y me abraza más hacia él.
—Es mutuo, cariño, confía en mí. —Se aparta ligeramente y acomoda sus pantalones mientras yo finjo no haber notado sus movimientos. Pero lo hago, y me hace sentir excepcionalmente increíble haber hecho eso; haberlo puesto así de agitado y duro. Si tuviera una diosa interior, ella estaría agitando su puño y bailando el hula ahora mismo, pero no tengo una, y ese fanfic es simplemente malo—. Uhmm, tendremos que esperar varios minutos antes de ir a esa pista de baile, ¿de acuerdo? —susurra, una leve sonrojo tiñe sus mejillas.
Me río, dándole un suave apretón a su muslo.
—Está todo bien, cariño.
~ALLO~
Bailar con Edward es... una experiencia. Quiero decir, generalmente tengo dos pies izquierdos cuando se trata de bailar. Alec y yo nunca íbamos mucho a la discoteca y cuando lo hacíamos, a menudo yo bailaba con un grupo de otras chicas mientras él bebía. Y creo que eso solo sucedió dos veces.
Así que estar en la pista de baile en los fuertes brazos de Edward es un poco, no lo sé, ¿fantástico? Sí, eso es lo que es. Él es maravilloso, me hace girar y me atrapa justo cuando pienso que voy a tambalearme. Rose se ríe y sacude la cabeza cuando le hago muecas y articula «Quiero casarme con él». La verdad es que, solo he bebido una copa de vino en la cena y varios tragos frutales. Ni siquiera estoy mareada, sin embargo siento que estoy volando alto; como si esto fuera un sueño. También me estoy divirtiendo mucho y a juzgar por la sonrisa de Edward y el brillo en sus ojos, él también lo está disfrutando.
Cuando suena la primera canción lenta, las manos de Edward bajan por mis costados mientras me jala hacia él, y rodeo su cuello con mis brazos, acariciando el cabello corto en su nuca.
Mi vientre está presionado contra el suyo y no puedo evitar girar mis caderas ligeramente cuando siento partes de él despertándose entre nosotros.
—Bella. —Edward suspira, inclinándose y tomando mi lóbulo entre sus labios.
Gimo y presiono mis tetas contra su pecho mientras sus manos se mueven por mi espalda. Estoy tan mojada que es ridículo. Mi ropa interior está completamente empapada y todo es obra suya.
Es como si la velada hubiera sido un gigantesco ejercicio sobre el autocontrol. Quiero ir a casa. Quiero llevarlo a casa. Lo quiero en mi cama. Quiero ver cómo se ve con la cabeza sobre mi almohada.
—¿En qué piensas? —Su dulce aliento cubre mi rostro e intento mantener algún tipo de compostura bajo su intensa mirada.
—¿Mi almohada? —Suelto y entonces frunzo el ceño—. Quiero decir, solo... eh, ¿nada? —Aparto la mirada, mis mejillas ardiendo y mi cuerpo incluso más.
Maldito alcohol.
Él se ríe.
—Pronto, nena, creo que tu hermana está a punto de arrastrar a Emmett hacia algún callejón oscuro.
Echo un vistazo y...
—Agh, demonios, uno pensaría que esos dos han superado las cosas de tortolos ya. —Eso no es genial.
Edward se ríe y entierro mi rostro en su pecho. No puedo creer que acabo de ver a mi hermana contonearse contra el muslo de Emmett de esa manera... Puede que necesite lejía para mi cerebro.
Pero entonces, podría ser simplemente una venganza por lo que ha tenido que presenciar toda la noche.
~ALLO~
El viaje a casa transcurre sin incidentes mientras Rose y yo vamos juntas en el asiento trasero y los hombres van delante. Probablemente sea lo mejor ya que no hubiera tenido la fuerza de voluntad para no tocar a Edward. Demonios, apenas tengo suficiente para esperar por él mientras busca su bolso de viaje de su coche.
Al entrar en la casa, hay silencio y cuando llegamos a la sala, Alice y Ellie están dormidas sobre pilas de almohadas, el televisor está apagado y parece que se han divertido con las palomitas de maíz ya que hay varios granos por todo el suelo. Sacudo la cabeza y pongo los ojos en blanco, haciendo una nota mental de hacerlas juntar eso en la mañana.
Presiono un dedo contra mis labios, indicando que hagamos silencio, mientras tomo la mano de Edward y entrelazo mis dedos con los suyos para llevarlo arriba.
Estoy nerviosa. No por acostarme con él, sino por tenerlo en mi cama. Jamás he hecho esto y por mucho que lo desee, no puedo contener las mariposas en mi vientre.
Estamos en mi casa. En mi cama. Estoy consiguiendo lo que quería. Simplemente se siente... irreal.
—Y bueno, aquí estamos. —Succiono mi labio inferior y lo muerdo nerviosamente.
Edward me jala hacia él y me besa hasta quedarme sin aliento y jadeando. Desabotono su camisa mientras nos besamos y la saco de sus pantalones, presionando mis palmas contra la extensión de su pecho. Se siente tan bien que no puedo esperar a estar presionada contra él desnuda.
Me aparto, sin aliento.
—¿Me das un minuto?
Él asiente.
—Solo un minuto. Te extrañaré.
Sonrío y sacudo la cabeza, besando la esquina de su boca antes de cerrar la puerta del baño detrás de mí.
Me apresuro a hacer mis necesidades y a asearme. Una vez que todo mi maquillaje es removido y mi cabello está cepillado y en una coleta, me veo como la Bella Swan de siempre, completa con anteojos.
Suspiro y me quito la ropa, optando por simplemente dar el golpe final al solo usar una bata y una sonrisa.
Respiro hondo, preparándome mentalmente para, a) un cuarto vacío, ya saben, si él se acobardó y se fue; b) Edward, ya dormido en mi cama; o c) Edward, de pie allí, esperándome, aún vestido pero sonriendo.
Abriendo la puerta, veo nada de lo anterior. Es mucho mejor. Es como mi fantasía de antes, solo que mejor.
Edward está sentado en mi cama vistiendo solo un bóxer. Las mantas están apartadas y parece que está esperando a que me una a él.
—Perfecto —susurro, mirándolo y asimilando cómo se ve en mi habitación.
Él sonríe.
—Ven aquí, chica bonita. —Y lo hago, porque él podría llevarme al infierno, y lo seguiría ciegamente llegados a este punto—. Tienes puesto mucha ropa —dice con voz ronca mientras me paro entre sus muslos separados y veo cómo él desata el cinturón de mi bata.
Mi respiración es irregular y observo a Edward mientras se lame los labios, concentrándose en la tela entre sus dedos.
—Estoy contenta de que hayas aceptado esto.
Sus ojos se encuentran con los míos.
—Te lo he dicho un millón de veces, Bella. Te quiero. Eso no va a cambiar pronto. —Mientras dice esto, finalmente abre mi bata y respiro profundamente mientras él la quita de mis hombros, suavemente rozando sus dedos por mis hombros y bajando por mis brazos.
Mi respiración se entrecorta y mis pezones se endurecen cuando el aire fresco toca mi piel. Los dedos de Edward trazan una línea desde mi ombligo hasta la parte inferior de mi pecho y no puedo contener el gemido que resuena profundamente en mi garganta.
Esto es tan jodidamente sexy.
—Dios, eres hermosa —susurra Edward mientras baja la cabeza y lleva su boca a mi pezón, tomándolo entre sus labios y moviendo su lengua sobre este.
Mi cabeza cae hacia atrás mientras empujo mi pecho y doy un paso más cerca de él.
—Santo cielo —murmuro, pasando mis dedos por su cabello y sujetando su rostro contra mi pecho.
Sus dedos y su boca trabajan bien en hacerme arder por él y antes que siquiera pueda procesar lo que estoy haciendo, me encuentro a horcajadas en su regazo y presionando mi coño contra su polla todavía cubierta.
—Te necesito, Bella —gruñe Edward, soltando mi pecho y presionando besos a boca abierta por toda mi garganta.
Sus ojos están oscuros, el verde apenas visible mientras planto besos a sus párpados y mejillas, haciendo un camino hacia su oreja.
—Entonces, tómame, Edward.
Edward me envuelve con sus brazos y nos gira hacia la cama, presionando el largo de su cuerpo contra el mío.
Disfruto del peso de su gran cuerpo sobre el mío, inmovilizándome, sujetándome, mientras nuestras bocas, lenguas y dientes exploran al otro.
Él está duro contra mí, impactando mi clítoris de la manera correcta mientras giro mis caderas contra las él y envuelvo su cintura con mis piernas, acercándolo imposiblemente más.
Logro deslizar mi dedo gordo del pie debajo de la cintura de su ropa interior y comienzo a bajarla cuando él me detiene y se pone de pie para quitársela.
—Eso es mucho mejor. —Suspiro, asimilándolo por completo. Él es hermoso, alto y esbelto con pequeñas pizcas de vello en su pecho y bajando hacia mi lugar feliz.
Edward sonríe tímidamente y sacude la cabeza, arrastrándose entre mis piernas donde besa mis pechos antes de presionar suaves besos en mis labios.
—Te... Te amo, Bella. Quiero que sepas eso.
Sonrío y frunzo el ceño, es inesperado pero estoy feliz de escuchar esas palabras. No puedo contener las lágrimas que parecen arder en mis ojos. Hay una tensión en mi pecho, pero no es tristeza, estoy eufórica y sin palabras.
—No tienes que decir nada en respuesta —comienza, una arruga formándose en su frente, pero sonrío y levanto una mano para presionar mi pulgar contra esta, alisándola.
—No... También te amo, Edward. Ni siquiera puedo... —Sacudo la cabeza—. No puedo decirte con palabras lo que significas para mí. —Sonrío mientras las lágrimas caen por mis mejillas.
Me estiro y lo beso, deslizando mi lengua contra la suya y vertiendo cada pizca de sentimiento en este beso mientras nuestros cuerpos se frotan y mueven contra el otro, buscando más.
Edward toma mi sexo y desliza sus dedos fácilmente hacia mi entrada, esparciendo humedad y presionando su pulgar contra mi clítoris mientras me retuerzo contra su mano.
—Oh, Dios, Edward, por favor... Te deseo... —gimo y jadeo. Demasiada necesidad, demasiadas emociones.
Me estiro y le doy a su polla varias caricias antes que Edward la tome en su mano y la deslice fácilmente contra mí, acomodándose en mi entrada.
Cuando entra en mí, es como si todo a nuestro alrededor desapareciera. Somos uno, moviéndonos juntos hacia un objetivo común.
Tarareo e intento mantener el ruido bajo porque todavía estoy consciente de las dos adolescentes que están en la planta baja.
Edward gime y besa mis pechos, mi cuello y mi boca mientras yo empujo mis caderas contra las suyas rítmicamente y rasguño su espalda al jalarlo hacia mí, como si no estuviera lo suficientemente cerca. Él jamás estará lo suficientemente cerca. Quiero arrastrarme dentro de él e instalarme allí. Quiero aferrarme a este momento para siempre y jamás soltarlo.
Cierro los ojos y arqueo mi espalda mientras el nudo en mi vientre se intensifica e intensifica antes de finalmente estallar, luces blancas explotan detrás de mis párpados dejando mi cuerpo flácido y tembloroso.
Con una embestida más, siento a Edward detenerse contra mí, su rostro enterrado en la curva de mi cuello y su boca pegada a mi piel
—Mierda, Bella... Eso fue... —me susurra al oído.
—¿Intenso? —termino por él, sin aliento.
—Te amo.
