IX

And you're standin', smiling at the door

Eadlyn. 2:00 a.m

Siento los brazos de Kile debajo de mi mientras subimos a mi habitación. Estoy muriendo de sueño, y no ayuda que mamá haya insistido en tomar pastillas para el dolor. Creo que podría quedarme dormida ahora mismo, mientras Kile me balancea por los pasillos.

Pero no quiero desperdiciar el tiempo así.

—Tienes los ojos del color del oro líquido— le digo mientras le paso un dedo por las cejas.

Kile sonríe. Sonríe y se ruboriza, lo que resulta muy tierno. O tal vez sólo estoy muy drogada.

—Y tú los tienes del color de las avellanas— me dice mientras me besa la nuca.*

Llegamos a mi cuarto y Kile me deposita en la cama. Me arropa e incluso ahueca mis almohadas.

No puedo creer que esta sea la última vez que hagamos esto, pero me prometí que lo iba a dejar ser libre, así que esto es lo mejor.

—Buenas noches Eadlyn — me dice apartandome el pelo de la cara.

—No, espera Kile. No te vayas aún.

Mi mano se aferra a su brazo con toda la fuerza que es capaz de desarrollar, aunque no es mucha dadas las circunstancias.

—Tranquila Eady. No me voy, me quedo a dormir contigo. en ese sillón ¿Está bien?

—¿Recuerdas lo que me dijiste una vez sobre los últimos besos? Dame un último beso antes de que esto acabe —le suplico— Por favor. No quiero dejarte ir así.

Kile acerca su cara a la mía, lentamente. Puedo sentir como nuestros labios se funden centímetro a centímetro en un solo par. Es el mejor beso, de eso no tengo duda. Probablemente sea el mejor que me vayan a dar en mi vida, así que disfruto todo lo que dura.

Cuando terminamos, siento sus manos acariciándome el pelo. Despacio.

Debería dormirme ahora, porque mañana será un día difícil, y casi puedo sentir por anticipado lo mucho que me va a doler. Cierro por fin los ojos con cierto pesar. Creo que digo algo y escucho una respuesta, pero decido que fue en sueños.

Kile 2:17 a.m

—Pídeme que no me case Kile.

Eadlyn ya está casi dormida, pero yo sigo acariciando su cabeza. Voy a seguir así todo el tiempo que sea necesario para terminar por dormirme yo también, pero su requerimiento me toma tan por sorpresa que dejo que mis dedos paren un rato. Casi se lo pido, pero sé que no es correcto.

—Ya te lo pedí una vez Eady. Además, así estamos mejor.

Me dirijo a mi sillón y me acomodo en el. Termino por dormirme después de darme por vencido oficialmente.

Eadlyn. 6:30 am.

Me despierta un ligero toque en el hombro.

No quiero abrir los ojos, porque sé que he dormido poco, pero la voz de Kile me insiste.

—Eady, solo quiero decirte que ya me voy.

Ahora sí que abro los ojos de golpe.

—¿Por qué? Espera hasta la mañana.

—Ya es de mañana— Se burla señalando el despertador de la mesa de noche—. Tengo que irme antes de que Eloise venga a despertarte

"Tengo que dejarlo ir" me repito una y otra vez, aunque cada minuto me cuesta más respirar.

—Está bien— accedo al final.

Me incorporo para abrazarlo. Nos quedamos así un buen rato hasta que me da un beso en la mejilla y se separa lentamente.

Pienso que es todo. Que se ha terminado. Sin embargo, Kile sigue en la puerta, sonriendo.

—¿Qué pasa ahora?—le pregunto confundida.

—Sólo quería desearte buena suerte. Hoy es tu dia Eady.

Se da la vuelta y por fin sale. ¿Buena suerte? Eso es justo lo que voy a necesitar por el resto de mi vida.

Kile. 7:00 am.

Voy entrando a mi cuarto cuando encuentro una carta. Alguien debió haberla arrojado por debajo de la puerta durante la noche.

Cuando la abro veo solo una nota sencilla pero la firma lo complica todo, pues Eikko requiere mi presencia en la Sala de los Hombres en cuanto me despierte.

Pienso en dar media vuelta e ir a decírselo a Eadlyn, aunque en el último minuto me detengo. Ella necesita descansar y si alguien va a arreglar esto voy a ser yo.

Llevo todavía la ropa del día anterior, así que decido tomarme una ducha antes de ir a ver a Erik, aunque no dejo de pensar en lo molesto que estoy. Quiero decir, yo he hecho las cosas bien y me he arrepentido de mis errores. ¿Va a echarme en cara eso? ¿Estoy tan mal por haberme enamorado? Yo llegué a la vida de Eadlyn primero, sólo por esa razón tengo más derechos, o al menos eso creo.

Pero la rabia da lugar a pena por Erik. Siento lástima por él porque yo llegué a la vida de Eady primero: Tenemos anécdotas que van a salir a la luz en cada fiesta de fin de año. Tenemos fotos besándonos en portadas de revistas antiguas. Tenemos una historia de la última noche.

No quisiera estar en su lugar por nada del mundo, porque significaria vivir en medio de la relación de alguien con un fantasma.

Para Eadlyn, yo soy un fantasma paseando por Palacio.

Ni siquiera me doy cuenta de cuando llego a la sala de los hombres, pero Erik ya está ahí, junto a la pregunto si pasó aquí toda la noche.

—¿Cómo sabías a qué hora iba a llegar?— le pregunto sin poder contener mi curiosidad.

—Pregunte a tu mayordomo a que hora despiertas— responde mientras me indica con un gesto que tome asiento.

Tiene sentido, supongo.

—Creo que tenemos que hablar Kile—Me dice sirviendo dos tazas de té.

Yo acepto una, aunque no me parece que esto sea algo que podemos discutir con té, a menos que sea té negro.

—Según entiendo, para eso me citaste aquí, Erik—contestó con el mismo tono.

—Bueno, sin rodeos. quiero preguntarte algo ¿Como te sentirías si te das cuenta que la mujer a la que amas está besando a otro chico justo enfrente de ti?

Creo que Erik no sabe lo bueno que soy en el ajedrez. Lo cerca que estoy de decir Jaque.

—¿Tu como te sentirias— digo con una ceja levantada— si tuvieras que ayudar a la mujer a la que amas a llegar a casa antes de que se desangre, porque el tipo con el que se casará al dia siguiente la dejó herida despues de perseguirla como un desquiciado por media ciudad? Erik, no hagas ese tipo de preguntas, porque creo que yo siempre me voy a sentir peor.

—Tu tienes a tu familia, tienes un proyecto de vida, una casa y el apoyo de todo el país ¿Cómo eres tú el que sale perdiendo? ¿Cómo eres tú el que se siente mal? Enserio Kile, no pretendo ser cruel o malo, solo quiero saber qué hacer.

No le contesto de inmediato. No me había puesto a pensar que Erik podría no querer casarse después de todo lo que pasó.

Eso sería horrible para Eadlyn.

—Cuando Eady me mandó a Bonita— comienzo dudando de que decir ahora mismo— yo estaba decidido a quedarme en Palacio, con ella, para siempre. No quería separarme de mi familia y no quería empezar ese proyecto. La verdad es que tenía miedo. ¿Que tal que mi familia me odiaba por cortar toda relación con Palacio?¿Que tal que no era tan bueno construyendo como lo soy arruinando todo?¿Y si sólo era un capricho lo que me hacía tan vulnerable? Ya casi ha pasado un año y sigo teniendo miedo de no hacer las cosas bien.

»¿Te preguntas quién pierde? Pues tú te llevas una nueva categoría, una gran fortuna y a la mujer que aún te ama. El que pierde hoy aquí soy yo, Erik.**

Ni siquiera lo digo con rabia. No lo digo enojado o gritando, sólo digo la verdad. Sería estupido molestarme por decirle la verdad.

—¿Cómo sabes que Eadlyn aún me ama?—Inquiere con cierta esperanza.

—Anoche la dejaste en un coche, en medio de una ciudad que sigue sin conocer, y ella siguió esperando que regresaras hasta el final.

»Ya terminó Erik, lo nuestro ya no es lo de antes. Pero tú tienes que aclarar las cosas con Eady. No quiero que la vuelvas a abandonar. Nunca en tu vida.

—Dalo por hecho. Yo tampoco quiero hacerlo.

Ya no hay nada ahí por hacer, pero cuando estoy por salir me detengo un momento en la puerta. Pienso en todo lo que pasó durante las últimas horas. Y sonrio porque fue uno de los mejores días de mi vida.


* Kiera Cass inventó el romanticismo cuando hizo la escena así de Maxerica. No podía no incluir algo de eso aquí

** Maxerica de nuevo. En realidad quiero ver que sucede dentro del cerebro de Kiera Cass.