Capítulo 14: Azaleas
Luego de dar un paso hacia atrás, bajo la mirada atenta del hombre que yace postrado ante sus pies exhibiendo su katana para ella, Kasumi siente que su estómago se revuelve. Como si se hubiese hundido dentro de un lago, el aire escapa rápidamente de sus pulmones. Paso a paso retrocede, con el rostro a cada segundo más contrariado. Satoru la observa con creciente preocupación; susurra su nombre, pero las palabras no llegan a los confundidos oídos de Kasumi.
Con la cabeza comenzando a darle vueltas. Kasumi abandona la habitación antes de que Satoru pueda detenerla. Él estira su mano hacia su ropa, esperando evitar la segura conmoción que está a punto de causar, pero sus manos no llegan a su objetivo, Kasumi se desvanece entre sus manos.
Corriendo hasta dejarlo atrás, buscando un poco de aire y un lugar lejos de él recorre pasillos largos hasta empujar al costado una puerta. Del otro lado la recibe el frío invernal en su máximo apogeo, pero contrario a lo que esperaba, se siente tan agradable y necesario como una brisa de mar en medio del verano.
Con pies descalzos camina sobre la nieve dejando sus pisadas marcadas entre la nieve recién caída. Ni siquiera parece darse cuenta de cuán extraño es que recupere el aliento en lugar de temblar como una hoja en un huracán. No puede hacerlo, ya que su mente está demasiado ocupada repitiendo una y otra vez las palabras de Satoru. Recorren su mente como un maleficio, pero a pesar de haberlas escuchado dentro de su mente una decena de veces no dejan de sonar como una tontería.
—Hace frío —dice la voz paciente y cálida de Satoru.
Kasumi no quiere voltear, su mirada triste observa el lago congelado, peces atrapados bajo una fina capa de hielo. La luna apenas se oculta tras las nubes, su escasa luz ilumina mezquinamente los alrededores, dejando suficiente espacio para las sombras en las que se ocultan los cuervos de Mei-Mei.
Luego de un extraño e incómodo silencio, Kasumi lo observa por encima de su hombro.
El rostro de Satoru es serio, no sonríe como lo ha hecho casi incansablemente los últimos días. La observa por un instante antes de extenderle la mano.
Su manto de invierno.
Los labios de Kasumi se tuercen, aunque resiste las ganas que tiene de llorar amargamente. La reciente confesión de Satoru la ha dejado tan devastada que ni siquiera podría describir con certeza cómo se siente. Todo lo que sabe es que su corazón obcecado se agita ante él.
La pequeña y delicada mano nívea de Kasumi se extiende en su dirección y sin dudar él acorta la distancia, toma de su mano y la arrastra hasta él refugiándola del frío con sus propios brazos.
—¿Quieres desquitarte conmigo por ocultártelo? Hazlo, pero no grites, alguien podría escucharte y no quisiera ponerte en peligro de nuevo. Los cuervos están observándonos… Te llevaré lejos, a un lugar en el que puedas decirme lo que quieras, para que me insultes tanto como desees.
Kasumi entierra su rostro en el pecho de Satoru mientras él la abraza de una forma protectora. Su cabello revuelto, su maquillaje arruinado por las lágrimas, su labial corrido, su kimono desarmado. Por mucho que desearía poder darle su tiempo, hace frío y ella está a un desliz de terminar desnuda. Sus pies descalzos están húmedos y su cuerpo tirita de frío, aunque ella no parece importarle. Con cuidado la envuelve con uno de sus brazos y la lleva de regreso al palacio y poco a poco la arrastra hasta su habitación. No ha respondido a su oferta, no ha dicho nada más que sollozar a cada paso, para luego continuar sollozando tendida en una cama.
Ella parece no tener deseos de verlo a la cara, se gira sobre la cama y le da la espalda tan rápido como su espalda toca le colchón. Satoru no se mueve, no puede, no encuentra la voluntad de hacerlo tras escuchar su lastimoso llanto.
—Iba a decírtelo cuando…
—Déjame sola.
Satoru aún no haya las fuerzas para ponerse de pie. Permanece sentado a su lado por unos segundos más y, cuando está a punto de contestarle, ella se levanta. Sus ojos tristes, envueltos de rabia, ven los sorprendidos de él.
—¡Quiero estar sola!
Satoru asiente, aunque ligeramente desconcertado. Ella vuelve a su posición anterior, dándole la espalda y él suspira una vez más. Satoru la cubre como si se tratara de un niño enfermo. No tiene palabras. No refuta la primera orden de su señora. Luego se pone de pie para regresar a su habitación e intentar ensayar una explicación que probablemente deba darle en la mañana.
Esta es una noche de las más complicadas. Satoru lo descubre poco después de que su cabeza toca la almohada. No puede dormir gracias a la creciente preocupación que siente por Kasumi, a la vez en la que su mente lo traiciona constantemente, recordándole que, si sus decisiones hubiesen sido diferentes, estaría pasando la noche de una manera mucho más gratificante, aunque eventualmente terminaría igual de mortificado.
Lo peor es lo que pasará al día siguiente, cuando Kasumi sepa finalmente de qué se trató su reunión con Mei-Mei.
Por primera vez en mucho tiempo, le duele el estómago. Pero es un dolor particular, es el que nace de la incertidumbre. No lo sentía desde sus doce años, cuando era un crío buscándose la vida en las calles. No lo sintió ni siquiera cuando supo que el ataque sobre el palacio imperial sería inminente, ni cuando masacró a los soldados de los Zenin en el distrito rojo de Shinmachi.
Le duele el estómago de sólo pensar en qué tendrá Kasumi para decirle al día siguiente. ¿Acaso ella rechazará su protección?
Por la mañana, cuando el sol sale y los cuervos se amontonan sobre las ventanas, Kasumi se mueve con rapidez entre los corredores. Satoru apenas alcanza a ver el reflejo de su cabello antes de que ella desapareciera detrás de un pasillo. Tanta premura sólo le hace pensar que quiere perderlo de vista.
Kasumi probablemente se levantó tan temprano a comer que está seguro que, como él, no durmió un minuto durante toda la noche. Para cuando él llegó al comedor, su plato se encontraba vacío y Mei-Mei apenas se disponía a tomar su primera taza de té.
La decepción en su gesto es tan evidente para Mei-Mei que no puede evitar sonreírse cuando él se sienta y suspira, apenas levantando la mirada para verla y darle los buenos días a su anfitriona.
—¿Qué tal tu noche? ¿Encontraste cómoda tu habitación?
Las palabras 'serpiente ponzoñosa' están a punto de salir de su boca, pero Satoru se las traga y sonríe.
—Fue obra tuya ¿cierto? —dice Satoru con cierto desdén, como si ya no tuviera caso saber la respuesta—. ¿Cómo convenciste a Kasumi de hacer algo así? No es para nada su estilo…
—¿No te complació?
—En absoluto.
—Qué extraño, creí que te gustaría. ¿Tanto te han cambiado los años? En otro momento hubieras aprovechado la oportunidad sin pensártelo dos veces. ¿Qué sucedió? ¿Acaso has cambiado de preferencias? Es una lástima, Kasumi-chan parece tener un aprecio especial hacia ti.
—Eso no responde lo que te pregunté. Sé que no incitaste a Kasumi a hacer lo que hizo por la mera bondad de tu corazón, o tu romántico deseo de ver a dos personas juntas. Te conozco lo suficientemente bien como para saber que hay una sola cosa en el mundo que te moviliza, tal vez dos… si es que tienes una onza de corazón. ¿Qué ganas con todo este extraño despliegue? ¿Tan aburrida estás que decidiste manipularla de esta manera? Ten cuidado, Mei-Mei… Kasumi no es una bonita muñeca que puedas vestir, maquillar y peinar a tu antojo.
Mei-Mei se ríe suavemente tras escuchar las palabras y el tono amenazante de Satoru.
—Eso lo sé, guarda tus amenazas para tus verdaderos enemigos.
—¿Entonces?
—Ahora estoy aún más convencida de lo que ella no es. Ella no es una mujer ordinaria que puedes tirarte y continuar con tu vida como si nada hubiera pasado. Ella es diferente, es especial, tan especial que no te atreviste tocarla con tus sucias manos. La estás guardando impoluta, pura, para alguien más, ¿cierto?
—Qué forma tan escabrosa tienes para formar tus teorías.
—¿Es noble? Ya que no sé de qué otra manera te importaría preservarla virgen a costa de tus propios deseos. No creo que haya sido tarea fácil rechazarla, ella se moría de ganas de explorar su intimidad contigo. Estaba tan deseosa de aprender que estuve a punto de enseñarle por mí misma.
—Ya has confirmado gracias a tus medios cuestionables que, de hecho, Kasumi es alguien importante para mí. Bajo el mismo concepto no entiendo por qué crees que dudaría en probar el filo de mi espada en ese largo y delgado cuello tuyo si te atrevieras a mancillar su honor. Después de todo… mis manos no son las únicas sucias en esta habitación.
—No desperdicies aliento, Satoru. Kasumi-chan aún posee cierta autonomía, ¿o acaso ya la prometiste a alguien sin su consentimiento?
—Kasumi tiene la libertad de elegir su propio destino.
—Entonces ella será quien decida qué manos sucias mancillarán su honor, Satoru. Eso estará completamente fuera de tu alcance.
—¿Planeas continuar metiéndole ideas en la cabeza?
—Una mente tan hambrienta como la de ella no debería desperdiciarse… Lo único que hice fue abrirle los ojos a la verdad sobre el mundo y sobre sus propios deseos. ¿Qué pasa? ¿Te asusta dejarla conmigo y que cuando regreses encuentres una mujer mucho más decida que la que dejaste atrás?
—Confío en que al irme cumplirás tu palabra y la mantendrás a salvo, y que seas lo suficientemente inteligente como para evitarte un—.
—¿Te vas?
Satoru voltea, Kasumi está en la puerta observándolo con los ojos bien abiertos. Una respuesta intenta salir de sus labios, pero muere sobre su lengua.
—¿Cómo debo interpretar tu silencio, Gojo-san? —vuelve a decir ella.
Antes de contestar, Satoru mira de reojo a Mei-Mei. Su sola expresión se vuelve una afirmación para ella, y la realidad pesa sobre su espalda como una tonelada de piedras. Incapaz de soportarlo, Kasumi se da media vuelta y se marcha rápidamente a través de la puerta.
El samurai se pone de pie y ve extrañado el sitio en el que creyó que ella había desayunado. Luego escucha la risa de Mei-Mei.
—A UiUi le gusta comer muy temprano en la mañana —le dice y toma sus palillos para comenzar a comer, sin prestar atención a la pequeña escena de la que ha sido testigo.
Finalmente, el momento ha llegado. Satoru camina abatido, con un aire pesimista sobre su cabeza. Busca entre los corredores hasta que finalmente una muchacha le dice que ha visto a Kasumi entrar a la biblioteca.
Al entrar en la habitación no logra encontrarla. Libros pulcramente ordenados adornas las paredes, divisiones cuadradas en decenas y una pequeña escalera de madera detrás de la cual está escondida ella.
Satoru camina lentamente, como si se tratara de un conejo lastimado al cual debe aproximarse con delicadeza para que no escape. Kasumi esconde el rostro entre las piernas.
—¿Cuándo pensabas decirme que ibas a dejarme aquí?
Él decide sentarse a su lado y tras un instante de silencio responde.
—Hoy.
—¿Y cuándo piensas marcharte?
—Lo más pronto posible.
Kasumi se voltea, su expresión desarmada ante la súbita respuesta de Satoru. Él no tiene expresión alguna, las perdió todas, la noche anterior tras su último beso.
—¡¿Qué?! ¿A dónde? ¿¡Por qué!? ¿Por qué no me preguntaste si yo quería quedarme aquí? ¿¡Por qué tomas estás decisiones sin hablar conmigo primero!? ¿¡Acaso no tengo derecho de saber qué va a pasar con mi propia vida!?
—No te lo dije porque sabía que tendríamos una discusión.
—¡No tiene ningún sentido posponerlo!
—Hice lo que creí que sería mejor para ti… Sabía que esto iba a…
—¿Por qué decidiste irte sin mí?
—Porque el sitio a donde voy es muy peligroso.
—¡Hemos encontrado peligro en cada sitio al que nos hemos dirigido! ¿Por qué esto iba a ser diferente?
—Porque en todas las ocasiones anteriores, el peligro nos perseguía a nosotros. A donde voy ahora… ten por seguro que estarán esperándome.
—¿A dónde vas?
—No necesitas saberlo.
—¡Iré contigo!
—No, no lo harás.
—¡No puedes impedírmelo!
—¡Vas a estorbarme!
Satoru siente su corazón estremecerse, los ojos de Kasumi reflejan cada una de sus emociones con tanta precisión que sabe casi con certeza cuánto la ha herido su respuesta.
—Eres débil y lenta —dice él a pesar del gesto de su ama—, no podrías ayudarme ahí afuera, me retrasarías, no puedo hacer lo que tengo que hacer y cuidar de ti al mismo tiempo. Mi deber es protegerte, pero hay algo que debo hacer… Algo que dejé inconcluso cuando me fui de la ciudad Imperial. Mei-Mei cuidará de ti, estarás segura aquí y eso es todo lo que necesitas saber… pero bajo ningún concepto le digas quién eres en realidad, no importa cuánto indague… no importa qué te ofrezca, no se lo digas. Yo volveré, te lo prometo.
—¿Cuándo?
—Volveré… antes de que florezcan las azaleas —dice y esboza una ligera sonrisa.
Los pequeños puños de Kasumi palidecen, los aprieta con tanta fuerza que comienzan a temblar. Luego mira su sonrisa ladeada, ve a sus ojos y recuerda las palabras que le dirigió la noche anterior.
—Entonces te ordeno que me digas la verdad.
Atónito, Satoru no da crédito de lo que escucha.
—¿Me ordenas?
—Eso dijiste anoche, ¿no? Dijiste que mis palabras serían una orden para ti. Ahora habla, ahora yo… s-soy tu ama, ¿o estabas mintiéndome?
Satoru se ríe.
—¡No te burles de mí!
Él se aclara la garganta.
—Creo que debí elegir mejor mis palabras…
—Si realmente soy quien tu crees y has hecho la promesa de servirme, dime la verdad. Dilo ahora mismo o tomaré mis cosas y me largaré de aquí sola. Dímelo o iré por mis hermanos y jamás volverás a saber de mí.
—¿Mei-Mei te enseñó a echar amenazas?
—¡Mei-san no tiene nada qué ver con esto! Una sola palabra más que no explique el motivo de tu viaje será suficiente para mí. No quiero oír ninguna broma, ni una sola ironía tuya, ¡dime la verdad de una puta vez!
—Bien… vaya… No sabía que tenías ese carácter guardado…
—¡No estoy jugando!
Satoru suspira.
—Hace poco… supe que hay una persona, un buen amigo… que está siendo torturado por el clan Zenin para obtener información sobre mi paradero. Mei-Mei está ayudándome ahora mismo a saber en dónde está. Tengo que ayudarlo a escapar… Él no tiene idea de en dónde estoy, pero es lo suficientemente inteligente como para no decirlo. No creo que lo hayan matado si creen que tiene información. Es por eso que tengo que ayudarlo a escapar. Una vez solucionado ese problema, volveré.
—¿Y luego qué? ¿Qué pasa conmigo? ¿Qué tienes planeado para mí?
—Sé muy bien que debo darte ciertas explicaciones… Y que las mereces… Sin embargo, no quiero hacerlo entre estas cuatro paredes. Temo que aquí hay más oídos de los que tú crees… Mi oferta de llevarte lejos para que me maldigas sigue en pie.
—Está bien. Lo permitiré… pero… una sola mentira más y puedes estar seguro de que no me importaría morir en el camino, me iré de aquí. Lo juro.
Montados sobre el lomo de Oguri, tras disiparse las nubes grises sobre el cielo, Kasumi parte junto a Gojo a las afueras del palacio. A través de la periferia de su mirada, Satoru puede ver los destellos tornasolados del plumaje de los cuervos que lo siguen incansablemente. Él sigue el camino que traza el sendero más próximo y luego se desvía hacia el mar abierto. Kasumi agacha la cabeza, esquivando las ramas. Está a punto de preguntar por qué razón ha optado por una vía tan improvisada cuando salen del bosque y un graznido llama su atención; un par de cuervos se posan sobre las ramas de un pino colmado de nieve. A medida que se acercan al mar y dejan atrás a los cuervos, Satoru ralentiza su paso.
Ya lejos del alcance de aquellos animales, ambos bajan del lomo de Oguri.
—Estamos lejos… pero de todas formas cuida el tono de tu voz —le dice Satoru observando de reojo al castillo amurallado de Mei-Mei, que resalta entre la densidad del bosque—. Bueno, retomemos… No tengo nada 'planeado' para ti… Pero, dadas las circunstancias, tienes varias opciones. Yo apoyaré la que elijas.
—Espera… ¿Por qué estás tan seguro de que soy… quien tú crees? —dice bajando el tono de su voz—, Satoru, yo no soy especial en lo más mínimo. Mi existencia no ha sido más que un accidente, mi madre era una chonin y mi padre…
—Un pescador… Eso te dijeron, pero el mismo emperador fue quien me envió a buscarte. Y es indiscutible que la descripción que me dio no encaja con nadie más que contigo, Kasumi… —dice mientras toma entre sus manos un mechón de su cabello—. Por eso es que no te reconocí la primera vez que nos vimos, cuando tu cabello tenía otro color… No hay nadie más que tú. Sé que quieres otra respuesta, prefieres algo más ambiguo, ¿verdad? Algo que pudieras refutar fácilmente. Lo lamento, esta es la única respuesta que tengo para ti.
—¿Él dijo que yo era su hija?
—No, pero lo intuyo. Quizás no quería que te involucraras en todo lo que está pasando y sólo me envió a ponerte a salvo, eso no puedo saberlo con certeza. Su mente no estaba del todo bien cuando me encomendó esa tarea y debo admitir que, en un principio, también albergué dudas. Pero… hace poco… pude confirmar que alguien más sabe sobre tu identidad.
—¿Quién es?
—La persona a quien voy a buscar.
—Pero nadie va a creerlo, ¿cuál es el caso? ¿Qué esperas que yo haga con esta información? No soy de ninguna utilidad para nadie. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? Saber algo así no cambia nada de mí, no sé hacer nada especialmente bien, no tengo ningún tipo de educación más que la que Kusakabe me brindó. ¿Por qué te comportas como si esto cambiara algo en absoluto? Yo sigo siendo la misma persona irrelevante que conociste hace meses. ¿Por qué mejor no olvidamos todo este asunto? ¡Lo dejaremos atrás! Simplemente pretendamos que lo de anoche… nunca pasó… —pronuncia evitando la atenta mirada de Satoru.
—Pero sí pasó. Y yo no puedo comportarme como si no supiera quien eres, incluso antes de saber de tu existencia yo había jurado servir a la familia real. Si el hijo legítimo de Taishō no hubiera perecido… yo estaría a su lado. Si quieres mantenerlo en secreto entonces me lo llevaré a la tumba… Aunque primero tendré que disculparme contigo ya que… puede que lo haya mencionado antes.
—¿A quién?
—Shoko y Utahime.
Kasumi deja salir un suspiro, luego levanta su vista cansada hacia la de él; su expresión es exactamente la misma de siempre, sus cejas están apenas un poco más bajas que de costumbre. Él la ve a ella expectante.
—Mencionaste algo sobre mis opciones… Asumo que una de ellas es mantener esto en secreto, ¿cuáles son las otras?
Satoru presiona sus labios, vuelve la vista hacia los cuervos que lo observan en la distancia y continúa.
—Ya que corre por tus venas la sangre del anterior emperador, también lo hace su técnica maldita, por lo tanto… tus futuros herederos y sus herederos podrán manifestarla, quizás.
—Quizás… —repite Kasumi en un tono irónico.
—Sí, quizás. Esto no algo tan exacto como podrías imaginarte. Como es mi caso, el líder de un clan heredó la técnica de su familia a un hijo ilegítimo. A ellos no les importa quién sea la madre, o si se realizó o no una ceremonia para consumar matrimonio, o el acto, con tal de asegurar una técnica poderosa. De hecho, la propia manifestación de la técnica es lo único que podría legitimar al heredero. En tu caso… la de Taishō podría restaurar el orden anterior, suprimir la creciente energía maldita en el país, tanto en maldiciones como en chamanes. Si los clanes saben de tu existencia tendrás muchas ofertas de matrimonio… La manipulación de esa técnica tiene más valor del que pudieras imaginar. Si cayera en manos equivocadas… Bueno, esa es una opción.
—¿Opción? ¿A eso llamas una opción? ¿Qué tiene de diferente eso a lo que Noritoshi Kamo le hizo a esa mujer, a la madre de Tanso? Lo que quieres decir es que podría vender mi propio cuerpo para el uso y beneficio de algún miembro de un clan… hasta que alguno de mis herederos quizás herede una técnica maldita. ¿Y qué pasa si no corre por mis venas la técnica? ¿Me desterrarían después de haberme utilizado como un animal de granja, después de verme parir quién sabe cuántas veces?
—Kasumi, créeme cuando te digo que yo jamás permitiría que te utilicen de esa manera. Incluso si tuviera que mancharme las manos otra vez.
'Otra vez' resuena sobre los oídos de Kasumi.
—Lo único que estoy diciendo es que tienes un valor incalculable y podrías analizar cada una de las propuestas que lleguen, cuidadosamente. Yo te ayudaría a elegir al candidato más apto y te asegurarías una vida relativamente tranquila. Jamás tendrías que volver a preocuparte por sufrir hambre o frío, ni tus hermanos.
—Eso no es lo que yo considero una vida tranquila. ¿Cuál es mi otra opción?
—Esa ya la mencionaste. Huir.
—¿Huir?
—Sí. Ignorar todo, reunirte con tus hermanos y olvidar lo que acabas de aprender. Vivir en algún sitio alejado, una isla probablemente, un lugar recóndito y olvidado. Cuando obtenga el tesoro de Taishō te daré tu parte y podrás elegir la vida que tú quieras. Podrás hacer lo que desees… como fue la voluntad del emperador antes de morir. Personalmente preferiría que elijas la segunda opción.
—¿Por qué mencionar la primera? ¡Hagamos eso! ¡Huye conmigo! Iremos por los muchachos y Kusakabe. Dijiste que cuidarías de mí, así que tienes que venir conmigo. Quiero olvidar todo esto y vivir en paz, lejos de los clanes y el shogun. Y quiero que estés a mi lado…
—¿Estás segura? Recuerda que no puedo corresponder a tus sentimientos.
Gojo habla con al ligereza y desarraigo que inevitablemente hace a Kasumi estremecer.
—¿Por qué no? ¡Si he decido olvidar todo! ¿De qué te sirven esas promesas a quienes ya no están aquí? ¡Yo estoy aquí! Te he confesado mis sentimientos de todas las formas en las que ha sido posible.
—Tus sentimientos… —dice Satoru mientras apoya sus palmas sobre los hombros de Kasumi—, no son más que confusión. Entiendo que tu vida ha sido muy dura y que tal vez mi afecto te ha… obnubilado. Verás que en mi ausencia mermará y cuando vuelvas a verme no verás nada más que un viejo amigo.
—¿Amigo? Mi corazón jamás podría latir con tanta fuerza por un simple amigo.
—¿Tu corazón? Kasumi… un corazón puede latir por varias razones y eso no significa que sea importante. ¿Acaso no latía rápidamente tu corazón cuando nos conocimos e intentaste quitarte la vida? ¿No latía con fuerza cuando Naobito Zenin nos dio caza y caíste por una catarata? Seguro latía con fuerza cuando volviste a ver a tu querida tía Nami y lo hará cuando vuelvas a abrazar a tus hermanos. Kasumi, tu cuerpo y tu corazón no siempre serán sabios al indicarte el camino por el cual debes encaminar tu vida.
—¿Entonces no significa nada? ¿Lo que yo siento no importa?
—Lo que sientes no debe entorpecer tus decisiones. Yo tengo una misión… Y al igual que tú no siempre podré tener todo lo que deseo. Esas son tus opciones; si decides casarte y hacer público tu linaje yo seré quien lo avale. No debes temer, no todos los miembros de los clanes son unos completos imbéciles… De eso me encargaré yo. Si decides hacer la vista gorda y vivir la vida que tenías planeada desde un principio, estaré ahí para ti. Pero tienes tiempo para pensarlo, no tienes que tener una respuesta ahora… Me iré y estarás tranquila por un tiempo, aprovéchalo para meditar sobre todo esto. Quizás la respuesta más fácil no sea la más segura, recuerda que Mei-Mei sospecha de ti. Si decides marcharte, yo estaré a tu lado, no como tu quisieras, pero yo seguiré protegiéndote.
—¿Qué hay del Clan Zenin? ¿Vas a dejar que continúen con este reinado tiránico? ¿Qué hay de tus amigos? ¿Qué pasará cuando sepan acerca de Tengen-sama?
—El primero de mis deberes es contigo. Si tú decides enviarme lejos, lo haré tras haberme asegurado de que estarás bien. Si decides liberarme de la servidumbre que le juré a tu familia… puedes hacerlo.
—¿Seguirías esa orden si te la diera?
—La respuesta a esa pregunta sólo te la daré si un día decides darme esa orden.
Kasumi baja la mirada. Sabe que su tiempo con él se acorta segundo a segundo y que regresar al palacio no será más que el prefacio de su partida. Sin embargo, ambos se quedan sin palabras, no hay nada más entre ambos que la brisa marina.
Satoru echa un vistazo a la lejanía, aprovechando el momentáneo silencio de Kasumi. Siente la dirección del viento y observa con atención el movimiento y la apariencia de las nubes. Mira de lado a lado y suspira, adelantando sus planes a las noticias que espera recibir de Mei-Mei.
—Hace frío y no has comido nada. Regresemos —dice él y ella asiente.
El paso lento de Oguri le da tiempo a Kasumi de pensarse un poco más las cosas. Una pregunta sale suavemente de sus labios.
—¿Cómo era… él?
—¿Él?
—Sí… quiero decir, ¿hay algo en mí que te recuerde a él?
—En realidad no, eres bastante diferente. Si bien era una persona tranquila, era muy determinado. Jamás le tembló la mano al tomar una decisión difícil, nunca lo vi dudar. Era compasivo y amable en una medida muy justa… Quizás para que nadie considere su amabilidad como una muestra de debilidad. Pero, para sus enemigos era… alguien a quien temer. Pero no te dejes llevar por mis palabras… Un hombre no nace así, se hace.
…
Después de comer en soledad, en una habitación con vista a los jardines internos, Kasumi suspira y espera que una respuesta a su situación se le presente rápidamente. Teme que Satoru reciba en cualquier momento el mensaje de Mei-san. En el camino de regreso le comentó que ella estaba buscando la ubicación de los campamentos más próximos del Clan Zenin.
Le es imposible apagar el deseo de acompañarlo, pero no tiene palabras para refutar sus razones. Ser una carga no es nada agradable, pero Kasumi está bastante acostumbrada a sentirse de este modo. Por eso no dijo ni dirá absolutamente nada. Simplemente espera que la noticia llegue, que la ubicación que Satoru desea aparezca finalmente para que él se aparte de su lado.
¿Cuántos cuervos podrá ella manipular simultáneamente? ¿Hasta dónde llegará su campo de visión? ¿Su poder también habrá crecido desde la muerte de Taishō?
—Eres la invitada de mi hermana, ¿cierto? —Kasumi levanta la mirada y encuentra un niño de aproximadamente diez años, tan alto como su hermano menor. Él trae puesto un kimono azul marino con aves bordadas en las mangas, con un hilo brillante de color celeste—. Es maravillosa, ¿te has bañado con ella?
Kasumi se sonroja tan rápido como el niño pronuncia su pregunta, pero no le da tiempo para responderla y comienza a reírse suavemente, tal y como Mei-Mei suele reír.
—También me gusta bañarme con ella.
Unas palabras se atoran en la garganta de Kasumi. Sin saber exactamente qué decir se pone de pie y le rinde una reverencia.
—Usted es el señor de estas tierras, ¿cierto? Disculpe mis modales, mi nombre es Kasumi… Espero no causarles muchas molestias con mi presencia.
—Mi hermana me dijo que te quedarías un tiempo con nosotros… ¿Qué es lo que más te gusta de ella?
—¿Huh? ¿De ella? Bueno… Ella… es muy… intuitiva —Kasumi contesta la primera aceptable que se le viene a la cabeza.
—¿Cierto? A mi me gusta mucho su sonrisa y el olor de su piel.
Kasumi sonríe incómodamente y asiente.
—Si vas a quedarte aquí no quiero que me quites tiempo con mi hermana. Me gusta estar a solas con ella y que acaricie mi cabello. Pero, si quieres, puedes pasar el tiempo conmigo. Los inviernos suelen ser muy aburridos y mi hermana ha estado muy ocupada con el pedido de Gojo-san. Además, usar su técnica maldita tanto tiempo la tiene agotada. Quiero que ella pueda descansar apropiadamente.
—Claro… Me… encantaría pasar tiempo con usted.
—Puedes llamarme por mi nombre, soy Ui-Ui.
Conforme pasan los días, Kasumi más teme las palabras de Mei-Mei. Cuando ella se acerca con su cadencia engatusadora, Kasumi tiembla por dentro esperando que le diga que finalmente ha encontrado eso que Gojo tanto está buscando. No es sino hasta el quinto día que, por la mañana, dice las palabras que la separarán por fin de Satoru.
—Encontré el asentamiento a últimas horas de la noche. En la isla Toshima, al sur. Treinta soldados, al menos dos chamanes.
Sus palabras cortan el silencio de la mañana como una daga, pero el semblante de Satoru no se modifica ni un milímetro. Asiente, termina su comida y luego se disculpa para retirarse con más premura que de costumbre. Kasumi no puede más que forzar la comida por su garganta, completamente ajena a la conversación matutina entre Ui-Ui y Mei-Mei. Hace un esfuerzo sobrehumano por terminar el plato y antes de terminar de pronunciar sus disculpas, se encuentra recorriendo a paso rápido los corredores del palacio en su busca.
Su corazón se detiene cuando lo encuentra, cargando sobre su hombro el saco en el que lleva sus pocas pertenencias, saliendo del palacio.
El súbito temblor de sus manos no es impedimento para tomarlo de la ropa y jalarlo, como si estuviera, de alguna forma, suplicándole que se quede. Satoru detiene sus pasos y voltea para verla por encima del hombro. Ojos grandes, redondos y brillantes, llenos de lágrimas, lo reciben. Una sonrisa torcida, forzada y apretada. Las mejillas rojas y en su pecho un dolor que la tiene tiritando.
—Te vas —sentencia ella.
—Así es.
—¿En medio del invierno? ¿Por qué no esperas al menos a que comience la primavera?
—Nadie estará esperando que me mueva en invierno, podría tomarlos por sorpresa.
Kasumi lo mira a los ojos intentando encontrar las palabras justas para convencerlo, pero no las haya. Él baja los hombros y deja el saco en el suelo. Acaricia la corona de su cabello como acostumbra y sin darse cuenta su mano se desliza hasta su mejilla. Con su pulgar acaricia la piel suave de Kasumi, tibia. Luego, antes de poder pensar en lo que hace, se inclina ante ella y besa su frente con delicadeza.
—¿Volverás antes de que florezcan las azaleas?
—Sí. Te lo prometo, y yo siempre cumplo mis promesas.
Una sonrisa que nace en su corazón le dobla los labios. Kasumi cierra los ojos y siente los dedos de Satoru pasear lentamente sobre su mejilla. Pero su corazón se estruja cuando el contacto entre ellos se rompe y levanta la vista para ver la sonrisa confiada del samurai.
Él extiende la palma de su mano, cabalgando sobre Oguri. El saluda a lo lejos y ella hace lo mismo desde las puertas del palacio. Le grita, cuando está bastante lejos, que estará esperando por él. Kasumi sonríe y permanece allí parada y sola, durante más de una hora, aún cuando Satoru no es más que una mancha en la distancia, perdido entre los árboles y las montañas.
Aferrada de su promesa, Kasumi no le permite a su corazón consumirse de tristeza por su ausencia. Su sonrisa percibe a pesar de sus sentimientos, aferrada con fuerza de su pacto.
Cuando el sol baja por el horizonte y las pisadas de Oguri se borran por la nieve que comienza a caer, Kasumi decide que tendrá que volver al palacio. Cuando las puertas de madera se cierran detrás de ella y dos guardias se paran custodiando la entrada, Kasumi siente que en cualquier momento despertará de un mal sueño y él estará ahí junto a ella. Quisiera pellizcarse y caer en cuenta de que esto no es más que una fantasía.
Como si el deseo infantil que tenía de pasearse en un palacio y usar kimonos de seda se hubiera vuelto en su contra, Kasumi comienza a desdeñar todo lo que le rodea. Envuelta en apatía, ignora el pedido de su cuerpo por comida y agua y simplemente se encierra en su habitación para mirar por la ventana.
No importa cuán fría sea la brisa, ella no puede perderse por nada del mundo su regreso triunfal. Cuando él llegue montado de Oguri y traiga consigo esa persona que conoce su precedencia. Volverá sonriendo, con una fábula más bajo la manga con la que cautivara a cualquier oyente y seducirá el oído que esté dispuesto a escucharlo. Lleno de risas y confianza. Y si cargó con un poco de mala suerte quizás traiga una cicatriz más.
La nieve deja de caer.
Ui-Ui le enseña a usar apropiadamente un arco y le explica el por qué de cada una de sus partes. El cielo se aclara y la escarcha se derrite, y Kasumi encuentra un nuevo callo sobre el dedo en el que posa sus flechas.
—Eres mediocre en las peleas cuerpo a cuerpo, y eres mediocre con las armas a distancia —le dice Ui-Ui con cierto fastidio una noche de lluvia tan intensa que los jardines se inundan.
Cuando el sol sale y seca el agua de lluvia, ella lleva consigo un deseo que la mantiene distraída de la ventana. Quisiera ser buena en algo para el momento en el que él regrese. Pero su corazón se estremece al salir del palacio en la mañana para encontrar que casi toda la nieve dentro del palacio se ha derretido.
A menudo sale al bosque a probar su puntería en algún objetivo en movimiento, pero esta vez sale en busca del invierno. Busca nieve, escarcha y nubes oscuras, pero no hay nada más que verde comenzando a resucitar, un cielo despejado y un sol brillante sobre su cabeza.
Tal vez la isla está más lejos de lo que ella imaginaba.
Semanas después, Kasumi descubre con horror una pequeña caléndula floreciendo en el jardín. Los rosales aún no están listos, ni siquiera tienen capullos. No hay abejas entre las flores. Aún queda tiempo.
Al terminar de entrenar, ella pasea por los jardines y la huerta con un temor incipiente que crece en la boca de su estómago.
Florecen las hortensias, las orquídeas, florecen los claveles y las magnolias.
Ui-Ui encuentra a Kasumi sentada observando con atención una maceta de mármol. Está sentada, cruzada de piernas, como si no quisiera perderse un instante de algo que él no puede ver. Tiene el rostro afligido y sobre su mano derecha una venda que cubre su palma mientras sostiene su arco.
—¿Qué estás mirando? —pregunta él y se pone de cuclillas junto a ella.
Kasumi no aparta la mirada.
—Todas las plantas han florecido… excepto esta.
—Claro, las azaleas son las últimas en florecer.
La sospecha de Kasumi es confirmada. Su corazón se estruja. ¿Cuántas semanas han pasado?
—Entonces todavía queda algo de tiempo.
Apenas puede levantar los brazos, siente que sus hombros se queman. Se ha extralimitado en sus últimos entrenamientos, pero es que no puede controlar su propia mente y este ha sido el único modo de apagar sus terribles pensamientos.
Kasumi sigue entrenando, mañana, tarde y noche. Hasta que las manos tiemblan y aún así pretende darle al blanco.
El día más temido llega cuarenta y siete días tras la partida de Gojo Satoru. Las azaleas han florecido.
Kasumi mira las flores por un largo tiempo; las ve durante la mañana, a primera hora como se le ha hecho costumbre. El primer ramillete es pequeño, pero florece continuamente, día a día. Ella aún se aferra desesperadamente a una idea, quizás él llegue cuando la última flor termine su proceso. De esa forma él aún tiene tiempo para cumplir su promesa.
Sentada en su habitación, preparando las flechas para su siguiente entrenamiento, Kausmi alza la vista hacia la ventana cuando ve algo que detiene su corazón. Baja corriendo las escaleras y empuja las puertas sin ponerse los zapatos. Los guardias se hacen a un lado, dejándola salir de las murallas. Sin aliento, Kasumi ve a Oguri parado frente a ella; su pelaje sucio y maloliente. Kasumi siente su estómago contraerse al notar que el caballo está empapado de sangre.
…
Un parpadeo lento y cansado, la vista nublada, húmeda. Una sensación cálida recorre su frente, mancha sus pestañas blancas y cae a través de su mejilla hasta su mentón, delimita un sendero en medio de la piel desnuda y fría. Brota con fuerza y no se detiene.
Un rostro se le viene a la mente, fugaz como un relámpago. Su mirada vacía desaparece entre sus pensamientos como un fantasma, tan rápido que quisiera extender la mano para detenerlo. Esquivo como un ninja, aunque grande como un oso pardo. La verdadera paria del clan Zenin; el hombre que venció a Gojo Satoru.
Está atrapado. Desnudo. Con frío.
El dejo de lo que podría definirse como una risa sale por su garganta lastimada, sabe a hierro y arde como el sake. Sus brazos cansados cuelgan sobre su cabeza y al levantar su vista entorpecida se encuentra con un sinfín de talismanes pegados sobre el techo y las paredes. Apenas puede leer las inscripciones, pero un solo vistazo le es suficiente para concluir con toda determinación que salir de aquí no será tarea fácil.
Y a pesar de que intenta rasguñar entre sus recuerdos, todo sucedió tan rápido que ni siquiera se dio cuenta. No tiene idea de dónde salió, o cuál fue su primer ataque. Sólo recuerda su cabello oscuro y su sonrisa retorcida brillando bajo la luz de la luna.
Ahora todos los rumores que corrían sobre el malnacido cobran mayor sentido. Maki Zenin no es ni la sombra de lo que es este otro, que se mueve con la velocidad de veinte caballos. Un parpadeo en el momento adecuado le fue suficiente para capturarlo, darle el golpe certero.
Satoru no está seguro si debería darle las gracias por no haberlo matado. Quizás el precio de tal trabajo implica una suma bastamente superior por su cabeza unida a su cuello, y eso sólo puede significar que enfrentará un destino tortuoso.
Hola querido lector! Lamento la demora en este capítulo, tuve unos problemas personales con la salud de mi compañera felina, pero gracias a los veterinarios y mucho amor ya está completamente recuperada. Sobre el capítulo probablemente se habrán dado cuenta que la longitud de este capítulo es significativamente menor al anterior, pero es que no quería tenerlos esperando por mucho más. No sé si podré publicar tan seguido como venía haciendo, pero quizás si publico capítulos más cortos ustedes podrán leer con mayor frecuencia. Eso no significa que el fic se vuelva más corto de lo que tenía planeado originalmente, al contrario, se extenderá en capítulos pero el contenido será siempre el mismo. Además, estoy trabajando en una especie de doushin que próximamente voy a publicar en alguna plataforma, me comentó una amiga que podría usar Wattpad para eso, ojalá estén interesados a leer, cuando lo tenga les compartiré el link!
Ahora sí, muchas gracias por ser lectores tan pacientes, muchas gracias por sus comentarios en todas las plataformas y lamento no poder hacerme un tiempo para saludarlos uno a uno, si puedo me pasaré a contestar los de a03. Que tengan una semana maravillosa!
