"Concéntrate, doc" Llamó la atención la doctora en lo que veía como Trafalgar no le hacía caso "¿o será tu chica quien hará esta operación?"
"Si de algo estoy seguro es que tu no llevas esta operación en lo absoluto, con estos documentos y esa forma de actuar mucho menos, señorita Monet"
La forma tajante con la que cortó la interacción con la peli verde hizo que más de una mirada se posara sobre él. Sin dudarlo, defendió su postura de la forma más profesional. Guardó todas las palabras hirientes que tenía hacia aquella mujer, ya que las cosas estaban escalando hasta un punto que no le gustaba en lo absoluto y no quería que sus compañeros de profesión se enteraran de todas sus cosas privadas.
Desde que había empezado a salir con Nami, esa mujer no dejaba de estar demasiado cerca de ella. Por suerte, Nami no había visto nada, por lo que no debía explicarle nada sobre ella. Mientras que la peli naranja sí que le había contado de sus exparejas, en un intento de transparencia que valoró muchísimo, él no había dicho nada. No quería decirle que había estado con más personas que ella y cuales había sido buena o mala experiencia, aunque ella se viera interesada.
Al terminar, sin intercambiar miradas con nadie, simplemente se marchó a su oficina, en un mal intento de evitar a la doctora. Sin embargo, ella consiguió colarse en su sala, con aquella mala sonrisa.
"¿Qué quieres añadir a tu maravillosa aportación, señorita Monet?" preguntó con cierto tono de inquina
"No te enfades, Law..."
"Te lo dije antes y te lo digo ahora: no me interesas como mujer. Ya tengo una que es perfecta" le remarcó una vez más "y tus valoraciones para la operación hoy han sido pésimas. O mejoras como doctora o te vas del hospital."
"No seas tan malo..." quiso insistir ella, intentando acortar esa distancia que había entre ellos.
Alguien de pronto tocó la puerta y Law se enderezó. Era cierto, hoy comía con Nami en un nuevo restaurante que habían abierto cerca del hospital. Intentó poner buena distancia en lo que entraba. Fue un milisegundo en el que comprendió el verdadero terror de que Nami malentendiera su relación con aquella problemática chica.
Eran Shachi y Penguin, quienes avisaban de que su novia estaba en la sala de espera. Suspiró y se despidió, en lo que se cambiaba de bata a un abrigo. Sin despedirse de la joven, se marchó con sus amigos, quienes le dijeron que no sabían si Nami lo había visto hablar con la joven compañera.
Al llegar a la sala de espera, Nami lo saludó de forma efusiva. Como siempre intento bajar el tono al estar en público. Ella infló los mofletes y él pinchó su nariz, con una escueta sonrisa. Antes de seguir y que alguien pudiera ver que estaba ocurriendo, terminó por agarrar a su novia y marcharse.
Evitando que se enfadara con él, le dio un beso en la mejilla y siguió adelante, sin fijarse en lo sonrojada y avergonzada que se encontraba la profesora de infantil. Ella corrió a su lado y se enganchó a su brazo. Ambos entraron en el restaurante y pidieron los platos más recomendados.
Law no podía evitar sonreír y agarró la mano de su novia. Aun se creía que estaba colgado de un sueño, flotando en una nube, de solo pensar que aquella mujer era su novia. A diferencia de las suyas, ásperas y frías por el desinfectante de hospital, las de ella olían a la crema de naranja que había usado y tenían delicadeza que en un hospital no existía, como si estuviera acariciando la seda más cara y fina.
"¿Una foto?" dijo mientras intentaba sacar el teléfono para hacerse una selfi
¿Y que alguien pudiera ver a su hermosa novia y comentarle cualquier tontería?
"Mejor no" terminó él por contestar "pidamos el café, que se me hace tarde."
Ella infló los cachetes, pero asintió. Comprendía su lado más privado. Con una sonrisa, llamó al camarero y pidió dos cafés para terminar ese medio día. Finalmente él pagó la cuenta y ella lo acompañó al hospital. Llenó todo el camino de planes que tenía para ambos para el próximo día que tuviera libre, el cómo iban a disfrutar de esa noche y ya estaba pensando en que iba a pedir para cenar. Law solo podía sonreír ante aquellos planes, imaginando ya los mejores desenlaces.
Una vez solo con sus amigos, escuchó como hablaban de un festival en la sala de espera. En ningún momento nadie le había comentado sobre ello, ya que sabían que él odiaba las ferias (pero no el porqué). Claro, eran la razón por la que Nami tenía libre ese día y podían hacer tantas cosas juntos.
En alguna que otra ocasión, Nami sí que le comentó que a ella le gustaba ver los fuegos artificiales y las fiestas, por varios motivos que no quería recordar. Solo ahí pudo hilar porque quería hacer la cena y tantas cosas. No podía negar que se sentía algo mal quitarle ese derecho a la joven peli naranja. Él podía pasar parte de la noche solo, en lo que ella iba a por peluches y esas cosas que tanto gustaban en las fiestas, pero no sabía cómo proponérselo.
"Sencillo, capi, tienes balcón" soltó de pronto Ikkaku
Con ayuda de la única chica del grupo, armaron el plan. Y Trafalgar solo podía imaginar el reflejo de los fuegos artificiales en los bellos ojos chocolate de Nami.
Al despertar, Nami se fijó que estaba sola en la cama. Asustada, miró a todas partes y observó como Law estaba sirviendo el desayuno en aquel escritorio. La televisión estaba en los noticieros que ambos tanto seguían, en un tono bajo. Se fijó en como el doctor estaba todavía vestido únicamente con esos pantalones, los cuales estaban algo bajos y dejaban ver parte de su bien definida cintura. Por lo tanto, confirmaba que estaba sin bóxer, solamente con ese pantalón, sirviendo uno de sus tantos y perfectos desayuno con zumo, frutas, aquellas tostadas que solo ella comía aesthetic...
De la misma manera, Nami intentó cubrirse un poco. Si, era uno de esos viejos camisones que tantas veces él se lo había visto y quitado, pero dada la situación, se sentía algo incómodo. Quiso apartar la vista, fijarse si la puerta estaba abierta... pero prefirió encerrarse entre las sábanas de la cama.
"Buenos días, mi reina" la saludó sin darse la vuelta "acércate a desayunar, he traído tus tostadas favoritas"
"Tramposo" se quejó mientras intentaba ponerse de pie "debería darme una ducha antes"
"Ven aquí" ordenó con esa voz autoritaria que tan poco le gustaba "me tengo que ir, por lo que ven a desayunar ahora"
Quería debatir con él porque no quería desayunar, pero su estómago gruñó de tal forma que también el doctor debió de darse cuenta. Se acercó y vio que solo estaba tomando esa agua negra a la que llamaba café solo sin azúcar. Algo temblorosa, tomo un poco del zumo de naranja y vio que ya le había hecho las tostadas como a ella le gustaba. Sabía que debió ser un gran esfuerzo para él, al odiar el pan en todas sus formas, usar ese queso crema que sabía a nubes y hacer un combinado con salmón y kale. No pudo evitar sonreír de forma suave, en lo que armaba su puzle antes de hincar el diente.
Un silencio hambriento se instauró entre ambos. Nami se fijó en como él la miraba, mientras tomaba café de esa taza. Aún tenía esas ojeras tan pronunciadas y una mirada tan profunda como el océano. Como si quisiera cerciorarse de que estuviera comiendo lo que debía. Quería confiar en que la comida no tenía nada de lo que no debía, y al sentirse bien, llena y satisfecha, sabía que era un temor infundado. Pero el miedo seguía ahí, ya que ella no dejaba de estar en ese lugar en contra de su voluntad.
Solo entonces se dio cuenta de que Law se marchaba y con ello, ella podría intentar escaparse. No sabía por cuanto tiempo, pero seguro que dejaría la puerta cerrada con esos tres cerrojos. De la misma forma, si hubiera forma de hablar por lo menos con su hermana...
"Si intentas marcharte, lo sabré de inmediato" cortó sus planes el cirujano en lo que dejaba la taza encima de la mesa. "y tu castigo será peor"
"No sé a qué te refieres" contestó ella, queriendo disimular sus verdaderas intenciones "Tan solo te quería pedir que me dejaras hablar con Nojiko" se excusó rápido con algo que era evidente que en algún momento iba a pedir
"Gánate ese derecho"
No sabía si aquello lo estaba ordenando o si lo pedía como el inicio de un juego. Ambas opciones no le gustaban nada y mucho menos el tener que estar pidiendo algo a una persona que le quitaba su libertad. Nami infló sus mofletes, indignada ante ese gesto. Le recordaba a ese Law que nunca le gustó: celoso, algo represivo...
Con lo que no contaba ella, era que fuera a pinchar la mejilla. No pudo evitar sonrojarse, añoraba esas pequeñas muestras de cariño del peli negro. Se veía calmado, con su café, con esa pizca de malicia-pequeño gremlin que tanto le gustaba cuando estaban a solas... como siempre, todo eso solo podía pasar cuando estaban a solas.
Nami le dio la espalda indignada. Mientras le daba un mordisco a la elaborada tostada, escuchó como dejaba la taza sobre la mesa, con ese mal disimulado clinc y unos pasos. Se imaginó que ya se estaba marchado y por fin estaría sola por un tiempo, en el que tendría que buscar como escaparse del lugar. Usaría alguna cosa forzar la cerradura, quizás rompiendo la taza...
Sin embargo, notó y se fijó en como los fuertes brazos de Law rodeaban su fina cintura y la empujaban de forma lenta, atrayéndola en envolviéndola en un intento de abrazo suave. Apoyó su barbilla en el hombro y temblaba al notar su respiración en contra de su oreja. Era lo que siempre había. Para él, era como recargar sus baterías. Lo normal hubiera sido que ella tuviera algún gesto con él, que le acariciara el cabello o girara un poco su cabeza para dejarle que le diera un beso. Que ella misma cerrará cualquier espacio entre ambos con un gesto tan dulce y tierno que no hiciera falta usar azúcar en el café. Pero no era un momento normal y simplemente se quedó enderezada en su sitio.
Nami notó como se daba por vencido y se marchaba, sin esa efusiva despedida que tanto suplicaba de forma silenciosa.
Al escuchar la puerta, terminó su desayuno de forma rápida mientras se fijaba en su entorno. Claro que era una puerta de tres cerrojos, una ventana falsa, la puerta del baño sin ventanas que ya conocía de antes y aquella jodida televisión que era su única compañía. No había dejado cubiertos, no tenía horquillas o algo que pudiera hacer de ganzúa y tampoco le había dejado cinturones. Además, fijándose bien, el vaso y la taza de cerámica realmente no le terminaban de ser útiles para cualquier forma de escape.
Aun se acordaba muy bien de su habilidad de romper cualquier cerradura.
Pataleó frustrada, comprendiendo que debía pensar en un plan con el que aprovechar para poder huir. Caminó un poco por la habitación, queriendo buscar alguna cosa que se hubiera podido quedar en el despiste, pero Law no era de los hombres que se dejara el bisturí en cualquier lado. De la misma forma, no había un mueble en el que pudiera ir escondiendo cosas en lo que terminada de poder huir, ya que toda la ropa estaba sobre aquella algunas sillas. No le había dejado ni un armario o un arcón, minimizando cualquier riesgo.
A todo ello se le sumaba que no terminaba de conocer el sitio en el que estaba. Aquella habitación, aquel baño... sí, tenía su ropa, por lo que debía estar en un sitio que le perteneciera a Law y hubiera ido guardando ahí sus cosas, a saber con qué fin. Intentando recordar en que sitios habían estado, ninguno coincidía. El piso era un apartamento en la última planta, la casa de su antiguo tutor realmente era del hermano y sus amigos no tenían el suficiente dinero para una casa, hasta el punto de, casi siempre, gorronear la casa de Law. ¿podía ser una cabaña a la que se escaparon? ¿un hotel que no supiera que estaba ocurriendo? Esas preguntas le parecían incluso demasiado locas para alguien como Trafalgar.
Por lo que quedaba más que confirmado que la única forma de poder salir de ahí era cuando Law quisiera.
Nami se negaba. Se negó a gritos ella sola en la sala. Su voz retumbó en las paredes, llegando a ella de nuevo en un eco mezclado con la televisión. Todo se sentía frustrante, siempre tenía la solución para todo y, una vez más, por culpa del cirujano de la muerte, estaba sintiendo esa desesperanza que no le gustaba en lo absoluto. Solo con Law sentía ese querer-y-no-poder, ese esfuerzo fútil de querer avanzar dos pasos y, de pronto, dar cinco para atrás. Lograr un beso pero luego parecer dos personas completamente desconocidas compartiendo mesa. Sentir que el mundo cada vez se hacía más grande y sentir que, todo siempre terminaba en saco roto.
Odiaba tener esas emociones negativas hacia alguien que amaban de una forma honesta.
Se las tragó con el zumo de naranja y decidió darse un corto baño, buscando en el agua una respuesta a toda su situación.
Nami había perdido la noción del tiempo.
La ventana falsa no ayudaba a saber si era de mañana o de noche. Las noticias y los diferentes videos que el cirujano de la muerte le había dejado en un bucle reproductor, no le servían para ubicarse. En un momento, se había quedado dormida en la bañera y solo se despertó cuando sintió el agua fría. Podía comer un poco de comida que le había dejado, casi como si fuera una gata encerrada.
Y eso era lo que Nami más odiaba.
Estaba cansada de buscar una salida, de imaginar formas de robarle a Law las llaves, de pensar en cómo convencerlo de terminar con ese encierro, pero cada frase simplemente se topaba con un muro más grande que ella.
Nami suspiró y simplemente miró la pantalla de televisión. Estaba reproduciendo un video casero y le costó comprender que estaba viendo. Con los ojos abiertos como platos, intentando taparse la boca con las manos, parpadeó varias veces para que ninguna lágrima fuera derramada. De pie, en frente de aquella pantalla, simplemente pataleó una vez más, víctima de esos sentimientos que nunca le echó en cara a su expareja.
Era la terraza de la casa de Law. Ella ya sabía que él tenía un severo trauma con las ferias, algo en lo que lo que quiso ayudar pero él le pidió que no lo hiciera. Nami ya se hizo a la idea de que no bajarían a intentar ganar grandes peluches o jugar en los autos de choque, por lo que se imaginó que tendrían una simple cena en su casa y luego un poco de acción adulta. Sin embargo, grande fue su sorpresa al ver que estaban cenando en el balcón, listos para ver los fuegos artificiales. Nami no tardó en sacar su teléfono y empezar a grabar la escena. Law se veía hermoso no solo por la ropa, si no por como la veía y abrazaba, con aquella frase que se había taladrado en su mente, mientras que ella estaba más emocionada que una niña, saltando y pidiendo una selfi al que terminó por acceder. Momento que aprovechó para tener un beso de aquellos de película comedia-romántica.
Esa foto fue su fondo de pantalla hasta que terminó su relación.
Con aquel maldito mensaje. Con aquella maldita rabia. Con todo.
La frase que antes le dijo, de que no veía un futuro con él, se debatía de una forma casi violenta consigo misma, al ver que no era capaz de mantener su propia postura. Todos los recuerdos se estaban volviendo agridulces, al ver ambos lados de la moneda y no saber cómo reaccionar. Al no saber ya siquiera que era lo que estaba sintiendo por el peli negro. Sus emociones más básicas estaban mutando ante la grave encerrona que estaba sufriendo.
"Veo que te acuerdas de ese día, Nami-ya... te veías tan radiante..."
Se giró para ver como Law regresaba. Tenía el mismo pijama de antes y en sus manos, una bandeja con una cena ligera con los platos del precocinado del combi que tanto les gustaba a ambos. Lo dejó de forma un poco delicada al lado de los pocos restos de comida. Nami resopló y cruzó los brazos, completamente enfadada. Había un punto seductor en todo aquello, un chico con una media sonrisa burlesca, la mirada en esa mezcla turbulenta que atraía como imán, su perfectamente esculpido y bronceado cuerpo, con aquellos tatuajes... cualquiera que no fuera ella, sabía que le caería la baba por él.
Pero Nami no.
Se le hacía sumamente incómodo estar en esa guisa, con ese camisón, delante de alguien que solo debía ver como un amigo. Aún estaba al lado del vestido de novia, aún tenía el anillo de prometida en la mano... aún tenía un dueño al que regresar. Y si ya le quitaban lo más preciado que tenía, solo podía sentir asco.
"¡Supéralo ya!" terminó por estallar la peli naranja "fue hace más de dos malditos años. Estuviste de acuerdo con que rompiéramos. ¡déjame volver a mi boda!"
"¡No vas a regresar con ese infeliz!" terminó por ordenar Law, cambiando por completo su rostro a uno tan duro y frío como el mármol, en una alzada de voz que intimidaba más con el eco de los fuegos artificiales de fondo.
El contraste era tan fuerte que sentía que ardía la piel: mientras que una pareja felizmente enamorada disfrutaba de un momento íntimo, una expareja discutía a pleno pulmón todo lo que sentía.
"Para de insistir con esa insensatez. Me amas, Nami-ya ¿por qué insistir con que no y casarte con ese infeliz? ¡Yo te amo! ¡Te amo!" insistió él mientras se acercaba a ella, en esa pose algo intimidante que contrastaba por completo con el discurso que le estaba gritando" Desde el primer momento en que te vi, supe que eras la mujer de mi vida. Cada vez que estoy contigo, siento una alegría y una paz que nunca había experimentado antes. Adoro tu risa, tu inteligencia, la manera en que haces que todo a tu alrededor parezca más brillante... ¡todo de ti! ¡Amo todo de ti, Nami-ya! Estoy enamorado de ti profundamente y con cada día que pasa, mis sentimientos crecen aún más fuertes. No puedo imaginar mi vida sin ti y me encantaría que me dieras la oportunidad de hacerte feliz y de construir un futuro juntos"
"¿Có...cómo?" balbuceó Nami tras un breve pero fuerte silencio entre ambos.
"Estemos juntos por siempre, regresemos, Nami-ya. Nos casamos mañana mismo en los juzgados si hace falta por el civil y luego vamos a una capilla. Tengamos los hijos que tú quieras, me opero otra vez... todo con tal de que estés conmigo por siempre, Nami-ya"
Nami abrió la boca, pero no llegó a decir nada. Las palabras no salían. Aquella efusiva respuesta, esa intensidad... rompió algo dentro de la peli naranja. Si hubiera dicho aquello hacía dos años, esa declaración delante de alguien más que de ellos mismos grabados en un espectáculo de fuegos artificiales, si estuvieran vestidos para una elegante cena en el Baratie... No. Estaban frente a frente y Nami solo sabía una respuesta que no le terminaba de gustar a ninguno de los dos. Una respuesta igual de intensa a la de él, con aquella suplicante mirada que cada vez se tornaba más oscura.
"Maldito seas, Law, ¡Te odio! ¡te odio! ¡te odio!" empezó a responderle a gritos, mientras golpeaba su desnudo pecho, cada vez más fuerte.
Las lágrimas terminaron por desbordarse por completo. Difusas líneas húmedas se dibujaban en sus mejillas, aquellas gotas saladas caían sin control, llegando al camisón. La frustración, el saber esas verdades, el comprender que estaba prácticamente a merced del pelinegro... simplemente pudo con ella. Flaqueó y necesitaba sacar todas esas emociones que golpeaban con fuerza su pecho. Después de todo lo que había ocurrido entre ellos, después de todos esos malentendidos por los que se había castigado a sí misma... tenía realmente una respuesta que llevaba a un puerto que siempre sintió que no era suyo.
Nami necesitaba aire.
Ansiaba la libertad.
Algo que con Law no lo terminaba de ver.
Si tanto había tardado él en sincerarse, en ofrecerle ese futuro que ella siempre quiso hasta comprender y hacerse a la idea de que con él no podría, ¿qué le garantizaba que en un futuro no tendrían que separarse por, nuevamente, tener problemas?
Sus golpes contra aquellos tatuajes fueron bajando de intensidad. Llorar, sacarlo todo en forma de pequeñas gotas de agua salada, se estaban llevando toda su energía. Sin embargo, no notaba que Law pusiera algún tipo de resistencia. Solo entonces notó como finalmente el cirujano agarraba sus muñecas y lograba que parara. Ambas miradas chocaron: mientras que el chocolate se había perdido por completo en un triste mar, Nami sentía que se ahogaba en el oscuro océano grisáceo de Law. Llegaba a imaginar monstruos marinos, con oscuros tentáculos, queriendo arrastrarla a lo más profundo, en una tétrica representación de todos los males que encerraba, como en los monstruo de Poe.
Él, Trafalgar Law, simplemente no estaba más con ella. Era un extraño cascarón con el cuerpo del hombre que un día amó, en contraste con una emoción y una persona completamente opuesta. A alguien que en cualquier momento, fuera capaz de hacerla conocer cosas más afines a una película de horror que una romántica.
"Hasta que admites que sientes algo por mi... que alegría" finalmente verbalizó, con una media sonrisa que hizo temblar a la peli naranja.
Sin previo aviso, se inclinó e intento besar todas y cada una de las lágrimas, prácticamente bebiendo su pena, en una clara indirecta de que, por primera vez, quería ser él quien la aliviara de su carga emocional. Nami simplemente se mantuvo erguida, con los ojos abiertos y mordiéndose el labio inferior. Estaba completamente bloqueada.
Simplemente, sentía miedo.
