¡Hola! Sé que han esperado esta actualización y que se preguntan si esta historia se terminará, la respuesta es sí. No sé cuánto tarde en terminarla, pero, igual que la escala de grises, la terminaré. Además, esta es una de mis obras más largas, terminarla me llenará de satisfacción.

Sin nada más que agregar, el capítulo]:

CAPÍTULO 28. A LA SOMBRA DE LA PARCA.

Una semana después Hermione estaba totalmente recuperada, ese día había salido con Theo al jardín para tomar el sol mientras caminaban, ella iba colgada de su brazo y su cercanía hacía que le latiera el corazón rápido. Pese a tener de vuelta a su amigo, en su mente seguía rondando la conversación que días atrás había tenido con Draco. No había visto a Severus, le habían dicho que estaría afuera por un tiempo. Aquello no hizo más que ahondar en su ansiedad. Necesitaba respuestas a todo el mar de preguntas que se arremolinaban en su cabeza.

-¿Mione? – la voz de Theo la hizo salir de su ensimismamiento. Por los gestos en su rostro sabía que estaba esperando una respuesta a alguna pregunta, pero, ella no tenía idea de qué pregunta era. Ante su cofusión, Theo le dio una sonrisa – has estado muy distraída Mione ¿Qué pasa por esa cabecita? – preguntó con curiosidad. Hermione se mordió el labio pensando si era buena idea contarle a Theodore lo que había descubierto. Theodore era la persona en la que más confiaba y además era hijo de un duque que, por lo que había oído, era muy poderoso. Pensó que quizás él podría ayudarle.

-Descubrí algo acerca de mi familia después de leer el libro "familias reales de Europa" – contestó eligiendo con cuidado sus palabras.

-Pues parece ser algo importante si te tiene tan abstraída – comentó el castaño con voz calma para transmitirle que podía hablar con confianza.

-Severus, él… él es hermano de mi padre – soltó sin saber cómo más decirlo. Theo detuvo su andar y clavó su vista en ella. Su expresión era de total asombro.

-¿Quieres decir que Severus Snape es tu tío? – preguntó el castaño sin creer lo que acababa de escuchar.

-En efecto – la chica instó a Theo para que continuaran caminando, no le gustaba simplemente detenerse en mitad del abundante jardín – en el palacio, en Francia, no había ningún libro con nuestro árbol genealógico. El libro dice que Severus fue concebido por mi abuelo con otra mujer debido a que mi abuela no lograba quedar en cinta, unos meses después de que la madre de Severus se embarazara mi abuela logró concebir a mi padre. Severus quedó relegado en la línea de sucesión al trono – explicó.

-No entiendo porque no hay libros en Francia sobre tu árbol genealógico – murmuró Theo. Aquella práctica no era rara entre las familias reales, incluso entre los nobles. Había que garantizar un heredero, lo que definitivamente no entendía era qué hacía alguien de la familia real francesa en Inglaterra y más aún porqué estaba allí omitiendo su identidad.

-Mi padre desterró a su hermano, no sé cuál fue la razón – Explicó Hermione antes la duda dibujada en el rostro del castaño.

Una voz familiar y odiosa interrumpió la conversación que para Hermione era importante. Astoria, quien con disgusto se inclinó ante ella, inició una conversación que se le antojó innecesaria.

-Alteza – luego extendió su mano hacía Theo y este con fastidio la tomo – Lord Nott.

-Mi Lady – cómo si el contacto lo fuera a infectar con alguna enfermedad soltó rápidamente su mano disponiéndose a seguir su marcha cuando la rubia hablo de nuevo.

-Alteza, ciertamente debo agradecerle – Hermione la miro desconcertada esperando que la mujer prosiguiera con su discurso – Cada vez que su Majestad tiene la "dicha" de topársela, llega aún más cariñoso a nuestros aposentos – ella apretó la tela del atuendo del castaño y este la miró con curiosidad.

-Astoria, me alegra que su majestad haga uso de su único talento con regularidad – una sonrisa sarcástica se formó en su rostro, sin embargo, por alguna razón la ira bullía en su interior – los hombres necesitan divertirse de vez en cuando – la mirada de la rubia se llenó de indignación mientras se retiraba furibunda, a Hermione le disgustaba, quería estallar de rabia ante la osadía de la mujer, sentía la furia bullir ¿Por qué se sentía tan enojada? Ella siempre supo que era la zorra del rey, sin embargo, en aquel momento la odió.

-Hermione ¿Estás bien? – se giró para encontrar la mirada dulce de Theodore, sus ojos llenos de cariño la invitaban a calmarse y ella no pudo más que darle una sonrisa.

-Todo está bien, Theo – respondió intentando respirar profundo para así alejar el molesto sentimiento que la había embargado - ¿Crees que podrías ayudarme a indagar más acerca de Severus? – preguntó la castaña para desviar la atención de su amigo.

-Supongo que podría preguntarle a mi padre. La familia de mi madre es francesa – comentó recordando a la mujer que lo había dejado a temprana edad con el peso de un ducado en sus hombros.

-¿Pasa algo? – Hermione había notado el ligero cambio de humor de su amigo ante la mención de su madre y, hora que lo pensaba, él jamás la había mencionado a ella, ni a su padre. Lo único que sabía era que su padre era duque y que a menudo debía acompañarlo en sus viajes. Se sintió mal, jamás se detuvo a preguntar si él estaba bien.

-No es nada – murmuró con una sonrisa que distaba mucho de las sinceras que siempre le ofrecía. Ante aquello la castaña detuvo su andar y apretó suavemente el agarre en su brazo.

-También puedo escucharte, Theo. Eres importante para mí – le dijo con una mirada de sincera preocupación.

-Quizás otro día – zanjó dejando una desazón en la chica. Hermione suspiró resignada sabiendo que no debía presionarlo, él jamás lo había hecho y le debía la misma cortesía.

Decidieron seguir disfrutando el día dejando atrás el incidente, sin embargo, la espina clavada en su mente no desaparecía, cuando el castaño la dejó en la puerta de su habitación y la despidió ella emprendió camino a la habitación de su futuro marido, una vez frente a ella tocó varias veces la puerta, nadie contestó ¿Estaría en ese mismo momento revolcándose con ella?

Un lacayo que iba pasando se inclinó hacía ella y ante esto ella le dio una sonrisa educada.

-Alteza, su majestad el rey se encuentra en su estudio personal en este momento - Ella le brindó una mirada de agradecimiento y emprendió camino al lugar, la puerta estaba entreabierta y sin tocar la abrió entrando al salón, el rubio estaba sentado en el sofá frente a la chimenea y entre sus manos tenía un libro. Era la primera vez que lo veía en una actividad que no fuera su trabajo como rey.

-¿Qué puedo hacer por la reina? – escucho su voz, pero, su mirada seguía clavada en el libro y su pose estaba relajada.

-Decirle a la zorra de tu concubina que no me hable de tus proezas en la cama – la ira salía por cada poro de su cuerpo. El reclamo de la castaña atrajo su atención. Dejó el libro en su regazo y alzó la vista clavándola en ella.

-Es Astoria, Hermione, No te olvides de llamarla por su nombre – La única razón por la que había decidido responder de aquella forma es porque se le antojaba entretenida la reacción de quién sería su esposa. Para aquel momento, lo que menos le importaba era la defensa del amor que, en el fondo, sabía que no existía.

- ¡Entonces dile a AS-TO-RIA que no me hable de cómo te la follas en tu cama! – vio una sonrisa burlona asomarse en el rostro del rubio y aquello la enfureció más. No sabía por qué le indagaba tanto aquel comportamiento

-Astoria hace lo que tú nunca podrás… ¡complacerme! – Draco decidió que estaba de humor para hacerla enojar. Notó como la niña, que ya no calzaba en ese término, apretó sus dientes y respiró profundo.

-Theodoro también hace algo que tú nunca podrás: ¡Hacerme sentir deseo! – Aquello ya no se le antojó gracioso. Recordó las palabras del castaño días atrás y su humor se volvió sombrío.

-Cuidado con lo que dices, Hermione – A la chica no le importaba, se negaba a dejar que esa mujer y su prometido la humillaran.

-¿Es difícil saber que hay mujeres que no se derriten por ti? – ella había hablado de deseo, en ese momento se percató de que ya no era la niña de 10 años que llegó al palacio, era una mujer que ya tenía ese tipo de sensaciones. Ante la respuesta el rubio de levantó de la silla que estaba ocupando y caminó como un depredador hacía su presa. La tomó sin delicadeza y la apresó entre su cuerpo y la puerta.

-¿Crees que él te puede hacer sentir eso? – él la tomó por la cintura y la apretó contra sí, luego apretó su muslo por sobre el vestido mientras subía al inicio de este quedándose allí ejerciendo una pequeña presión - ¿De verdad crees eso? – le susurró al oído tocando el lóbulo de su oreja con sus labios para luego depositar un beso húmedo en su cuello, la sintió temblar bajo él y aquello lo hizo sonreír

-Draco… Por favor – apenas articuló ella mientras ponía sus manos en su pecho tratando de crear una barrera entre su cuerpo y el de él. Ella no había planeado que su discusión se tornara… así. Se sentía como una gelatina ante su tacto y su respiración se había tornado agitada ¿Qué diablos pasaba con su cuerpo?

.¿Qué Hermione? ¿Qué sientes? – él estaba disfrutando aquello, no solo por darle una lección, también se estaba dejando llevar por su cuerpo que se sentía pequeño en sus brazos, la mano que sostenía su cadera fue subiendo por su cintura y llegó a la frontera de sus pechos rozando levemente el inicio de estos.

Él clavó la mirada en el rostro de ella, tenía las mejillas rojas, miedo y algo más en sus ojos, allí la soltó, la vio temblar frente a él mientras ponía su mano sobre su corazón tratando de calmar su respiración.

-¡Mantenla alejada de mí! – dijo de manera entrecortada mientras tomaba la perilla de la puerta. Aquella era una petición que no podía cumplir y la razón era ella misma. Él sabía muy bien que debía mantenerla vigilada.

-No te vuelvas a atrever a mencionar a Nott o te tendré en mi cama antes de pasar por el altar – ella se quedó sin respiración y salió corriendo por el pasillo. Aquella declaración lo sorprendió a él mismo. Se descubrió deseando que aquel momento llegara, pero, más importante, que cuando llegara, ella temblara entre sus brazos y le pidiera más.

El rubio se había quedado parado en el mismo lugar, una corriente eléctrica recorrió su columna vertebral, estaba tan duro, si no hubiera visto su mirada asustada, Merlín sabe que no se hubiera podido detener y la habría tomado allí mismo ¿Qué rayos le pasaba? Ya no era una niña, pero aún era pequeña, aquello no estaba bien, no debía estarlo. Debía desterrar esos pensamientos.

Hermione recorría los pasillos que llevaban su habitación corriendo mientras sentía su corazón latiéndole con fuerza en la garganta ¿Habría sido capaz de tomarla en aquel momento? ¿Qué eran aquellas sensaciones? Cuando estaba con Theo sentía la irrefrenable necesidad de tenerlo cerca, incluso ansiaba volver a probar sus labios, en cambio, aquello había sido repentino. Se había encontrado mordiéndose el labio debido al calor que empezó a tener en su vientre ¿Aquello era deseo? No, era imposible, Draco no la haría sentir eso, debía ser algo más.

Cuando entro a su habitación cerró la puerta y dejó caer su espalda en ella, frente a ella una pelirroja la veía con curiosidad y se acercó y puso su mano sobre su frente.

-Hermione ¿te encuentra bien? estás muy roja, pero no parece que tengas fiebre – por segunda vez la chica puso su mano en su frente.

-Estoy bien, Ginny – dijo enderezándose y quitando la mano de ella de su frente, luego se dirigió afanosa a su cuarto de baño.

-Alteza, déjeme ayudarle con el baño – Hermione se giró y cortésmente le solicitó se alejara, la pelirroja atendió a la orden y se retiró.

Agua, eso necesitaba para dejar de sentir asfixiada.

Después de aquel incidente había huido del rubio, cuando Theo estaba en el palacio pasaba todo su tiempo con él hasta que la noche caía, cada vez que estaba cerca el pensamiento de su primer beso venía a ella, sin embargo, no había podido repetirse.

Draco había decido poner guardias cuya única labor era vigilarlos, ella sentía que aquello era injusto, él podía esta con esa mujer y hacer más que darse un simple beso, pero ella no tenía ese permiso y él se había encargado de vedar cualquier intento disponiendo de muchos ojos para vigilarla.

Hacía casi dos meses que no era requerida para desayunar con él y esa mujer y aquello la aliviaba, mientras paseaba por los jardines del brazo de Theo y la encontraban ella se limitaba a rendirle respetos y seguir su camino, situación que irremediablemente la hacía preguntarse si aquello habría sido obra del rubio.

En algún punto supo que él había estado fuera, en un viaje diplomático y visitando a la Reina Muggle, había visto a su padre hacer lo mismo cada tanto, él decía que debía recordarles su lugar. Aquel día Theo no había ido, suponía que estaba atendiendo compromisos con su padre, después de todo, él heredaría el ducado, se preguntó si no tuviera que casarse con Draco ¿Su padre había estado de acuerdo en casarla con un futuro duque? La primera respuesta que vino a su mente fue un contundente NO, sin embargo, decidió dejar de pensar aquello.

Ginny estaba cepillando su cabello cuando un elfo apareció, ella lo miró interrogante y el elfo de inmediato se dobló haciendo que su nariz tocara el pido.

-Su majestad envió a Dobby a informarle a su alteza que mañana debe desayunar con él – la castaña le agradeció por el mensaje y el elfo desapareció en un Plop ¿Qué querría? ¿Iniciarían de nuevo sus desayunos semanales como la familia feliz que eran?

Al día siguiente, en cuanto se despertó, Ginny entró a ayudarle a arreglarse, luego recorrió los pasillos dirigiéndose al pequeño salón donde solían tomar el desayuno, al llegar uno de los guardias abrió la puerta para ella, al entrar encontró al rubio leyendo el periódico, este, al sentir su presencia, dejó a un lado el papel y la miró fijamente.

Ella recorrió la habitación con los ojos y no encontró a la rubia ¿No había llegado aún? Ante su mirada el rubio la invitó a sentarse y ella así lo hizo, volverlo a ver después de aquel día la hacía sentir apenada, sin embargo, trató de no demostrarlo.

-Astoria no vendrá – aquello la extrañó ¿Ahora tendrían desayunos solos? Él al ver su rostro confundido volvió a hablar: - Te he pedido que vengas para informarte la fecha de nuestro compromiso – ella soltó el tenedor que había acabado de tomar y este calló al suelo en un ruido sordo COMPROMISO su boca se secó y un nudo se posó en su estómago, había olvidado lo inminente de su boda, ella ya era apta para concebir.

Ella se quedó en silencio mirando la fruta en su plato, se sentía incapaz de pronunciar palabra alguna, pero ¿Qué se supone que dijera?

-¿No preguntarás la fecha? – ella levantó su mirada hacía él, trato de abrir la boca, pero, ninguna palabra logró salir de ella, sentía que temblaba levente – 24 de diciembre – dijo escuetamente, el corazón de ella se encogió en su pecho y de repente sintió frio, eso era en tan solo un mes – he mandado a traer un vestido especialmente para ese día y joyería a juego – él fijó su vista en el collar que había sido regalo de Theo y luego la había vuelto a subir – No te atrevas a usar ese collar ese día o conocerás mi ira.

Al ver su rostro supo que no era una buena idea decir nada, ni contradecirlo con respecto a ello, ella seguía callada incapaz de verlo a los ojos, se mordió el labio en un intento de calmarse y aquel gestó no pasó desapercibido para él haciéndolo desviar su mirada a otro punto cualquiera en la habitación.

-Deja esa cara Hermione – ella soltó su labio y decidió levantar por primera vez su mirada del plato – es solo una formalidad

Allí estaba de nuevo aquella palabra, una formalidad ¿Su vida se resumía en una formalidad? Una explosión de magia accidental volcó la mesa del desayuno, el rubio se levantó a tiempo antes que la jarra con jugo de naranja lo golpeara en la cabeza

-¡Pero que Rayos haces! – vio como la mujer se levantaba de su silla y se acercaba iracunda a él, su magia estaba fuera de control, debía estar verdaderamente enfadada.

-¡Deja de decir que mi vida es una maldita formalidad! – ella se abalanzó hacía su pecho y empezó a golpearlo con sus manos en puño.

-¡Cálmate, Hermione! – él entendió que había utilizado las palabras equivocadas. Era cierto que aquello era una formalidad en el estricto sentido de la palabra, sin embargo, para él era la seguridad de que ella no se iría de su lado, aunque aún no quisiera aceptarlo.

-¡Que soy! ¿Una maldita propiedad que debe escriturarse? – él la tomó de las muñecas para evitar que siguiera pegándole y entonces ella se detuvo, levantó la vista como si se hubiera dado por vencida - ¿Acaso de verdad no soy una persona? ¿Solo soy un bien?

El rubio al ver la expresión de su rostro se sintió miserable ¿Cómo se sentiría él si insinuaran que no era más que una posesión? Suspiró mientras clavó su mirada en los ojos de ella y luego la atrajo hacía su pecho abrazándola, queriendo calmarla y sentir su calor, quería que supiera que iba a protegerla, quería con ese gesto poder decirle todo lo que no era capaz de expresar en palabras.

-Nos convirtieron en una propiedad cuando nos impidieron elegir – el no dejó de abrazarla y la sintió temblar en sus brazos – él nos convirtió en marionetas – ella sabía que él tenía razón, su padre había negociado con ellos como si de mulas se tratara. El rubio se inclinó y se puso a la altura de sus ojos, de nuevo allí estaban, esos orbes de plata derretida que la hipnotizaban cuando estaban así de cerca – Prometo que todo estará bien – dijo mientras acariciaba suavemente su mejilla con su pulgar.

Ella le creyó, por alguna razón ella sintió que podía confiar en él, sintió que él también se sentía como un objeto y que lo detestaba tanto como ella, tan solo hizo un pequeño movimiento con la cabeza tratando de decir con ello que le creía sin ser capaz de apartar la mirada, si una palabra él se irguió en toda su estatura y salió de la habitación dejándola sola.

24 de diciembre.

Un mes para el inicio de su destino, en aquel momento se sentía real e inevitable su futura boda.

Cuando salió de la habitación sus pasos la guiaron a la biblioteca, aquel era su lugar sagrado, adentro se encontró con unos hermosos ojos verdes mirándola mientras le dedicaba una sonrisa, cada vez que se iba lo extrañaba, sin siquiera fijarse si había guardias ella corrió hacía él y él la recibió en sus brazos dándole un fuerte abrazo, así se quedaron por un tiempo, cuando se separaron ella puso su mano en su rostro acunándolo, mirándolo con anhelo.

-Theo, el compromiso será en un mes – los ojos del chico se entristecieron, la noticia tampoco había caído bien en él, ambos sabían, aunque no lo admitieran a viva voz, que una vez ella caminara hacía el altar todo cambiaría, tendría que cumplir con sus deberes, tendría que volverse realmente la mujer del rey.

-Mione, todo estará bien, aún tenemos tiempo – ambos silenciosamente habían guardado la misma esperanza, que se rompiera el compromiso por cualquier motivo, lamentablemente cada vez parecía un escenario menos probable, ella desvió su mirada a los labios de él, quería sentir de nuevo un beso, uno dado con la fuerza de los sentimientos que los unía.

Decidió que no le importaba nada, aquella sería su última oportunidad.

Se puso de puntitas y lo besó, él la atrajo hacía él abrazando su cintura. Al principio fue un beso lento, con roces discretos, luego él tocó con la punta de su legua su labio inferior y ella le permitió recorrer cada rincón de su boca, cada uno exploró al otro. La castaña enterró sus dedos en el cabello de él, mientras él la abrazaba cada vez más hacía sí.

Mordieron sus labios, deseaban que aquel beso jamás terminara, no les importaba que estaban quedándose sin respiración, solo querían beber al máximo del otro, entonces tuvo que parar, ella lo veía con los labios rojos y las mejillas arreboladas.

Ambos sabían que aquel instante de éxtasis traería consecuencia, pero, ambos habían decidido aceptar el precio.

Solo que no sabían lo alto que iba a ser.

XXXX

Tres colpes en la puerta hicieron que levantara su mirada de los pergaminos con los informes de sus ministros, el invitó a pasar a la persona, era uno de los guardias que había puesto para vigilar a Hermione, supo que algo debía haber pasado.

-¿Qué sucede?- preguntó mientras volvía el rostro a los documento.

-Majestad – el hombre lo veía nervioso mientras jugaba con sus manos.

-Te he preguntado algo – expresó el rubio sin levantar la vista. Lo exasperaba que lo molestaran y luego se quedaran callados – No tengo todo el día – gruñó.

-Su alteza real tuvo un contacto inapropiado con el joven Nott – la mirada que le lanzó invitaba al hombre a continuar, sin embargo, la furia que se estaba almacenando en sus ojos hacía que el hombre temiera – ella ha besado al joven, Majestad.

-¿Ella? – el hombre tan solo asintió, el rubio con ira lanzó todo el contenido de su escritorio al piso mientras su respiración se agitaba, el hombre frente a él entendió que debía retirarse para evitar la furia del rey.

Era una maldita, después de lo sucedido esa mañana, había ido directo a los brazos de Nott ¿Cómo podía creerse mejor que Astoria? Sintió como le hervía la sangre, se las pagaría, ambos lo harían.

y lo haría de inmediato, tomó del suelo pluma y pergamino y escribió una escueta nota, luego la cerró usando el sello con el emblema del rey, la amarró a la pata de su Alcón y lo echo a volar, claro que se las pagaría.

Una hora después uno de sus guardias anunció a la visita que había programado tan solo una hora antes, el hombre que entro era alto y acuerpado, no era gordo, pero tampoco delgado, su cabello estaba casi blanco y las arrugas que surcaban alrededor de sus ojos verdes daban cuenta de su edad.

-Magestad – se inclinó dudoso de la razón de su llamada.

-Lord Nott – pronunció con desprecio – mi fiel concejero – el hombre se tensó, el tono del monarca no le gustaba – tengo entendido que solo tienes un hijo ¿Me equivoco? – la pregunta lo tomó desprevenido, se preguntó por qué su hijo había sido repentinamente mencionado en la conversación ¿Acaso había sido el motivo de su llamado?

-Si majestad, Theodore es mi único heredero – él había deseado tener más hijos, pero el vientre de su esposa era tan inservible como ella.

-Sería una pena que muriera y su ducado pasara a un familiar lejano y descocido ¿No? – lo entendía, entendía a donde iba aquella conversación.

-Lo sería, majestad – aceptó pensando que quizás la situación podría beneficiarle.

-Verás, eres tan buen súbdito que sería una pena que tu ducado pasara a manos inexpertas – el rubio se levantó de su silla plantándose frente a la gran ventana que daba a los jardines – he pensado que Lady Luna Lovegood sería una excelente duquesa – frente a él, en el jardín, una mujer sonreía por alguna broma que un chico de cabello castaño le hacía. En el rostro del oji gris una sonrisa desdeñosa apareció en la comisura de sus labios – he organizado un encuentro, así pueden acordar los detalles del compromiso.

-Si, majestad – el hombre no podía decir nada más, aquello no era una sugerencia, aquello era una amenaza velada, no sabía que había hecho su hijo, pero él no permitiría que su ducado lo pagara, además, unirse con los Lovegood, aunque extravagantes, era un excelente trato. Lo que sea que hubiera hecho su hijo, había terminado beneficiándolo.

Luego de no decir nada más, el hombre supo que su pequeña reunión había acabado, solo 5 minutos habían bastado para sellar el futuro de dos personas y, en aquella negociación, no importaba lo que sus implicados pensaran. Habían nacido como mercancía como todos los que pertenecían a aquella esfera social.

En el momento que el patriarca de los Nott dejó el estudio, su concejero entró, se sentó frente a él y le dirigió una mirada profunda, cómo buscando las palabras adecuadas.

-¿qué sucede? – Severus pensó qué sucedería en aquel momento después de la fugaz visita que había acabado de marcharse.

-El rey está muy enfermo – no necesitaba preguntarle de qué rey hablaba, sabía que se refería al infeliz de James.

-¿Cuánto tiempo? – preguntó sopesando sus opciones. Se encontró pensando que necesitaba que viviera hasta cerrar el trato, aunque, nunca lo reconocería.

-Es incierto, podrían ser días, meses o años – concluyó – pero, si pasara antes de la boda cabría la posibilidad de que el chico pidiera de vuelta a su hermana – aquello no lo tomó desprevenido, había contemplado aquella posibilidad.

-¿Qué propones, Severus? – preguntó sin estar genuinamente interesado en su opinión. Él ya había decidido, hace mucho de hecho, pero, solo hasta aquel momento lo había aceptado.

-Retrasar la boda el mayor tiempo posible, con suerte morirá antes se su celebración y ambos estarán libres de este compromiso – El rubio se giró hacía el pelinegro y lo estudió. Severus que siempre tenía un gesto inescrutable parecía ansioso por lograr que el compromiso se rompiera. Recordó las preguntas de Hermione acerca de él y por primera vez sintió curiosidad ¿Lo haría porque se trataba de su sobrina?

-No voy a aplazar el compromiso – le dijo contemplando las expresiones de su consejero, pero, no encontró nada que le pudiera dar una pista de sus razones - las invitaciones ya fueron enviadas, no quedaré en ridículo – quería convencerse de que todo se reducía a eso – de todas formas ¿Por qué estás tan seguro de que Harry Potter hará eso? – Severus lo miró con sospecha ¿Por qué le importaba si tenía que cancelar el evento? No era como si aquello no sucediera en ocasiones.

-Lily … - se aclaró la garganta mientras desviaba su mirada, acción no que no pasó desapercibida por el rubio ¿De qué se había perdido? – su majestad, la reina Lily jamás estuvo de acuerdo con enviar a su pequeña hija a casarse, no perderá la oportunidad para intentar cancelar todo esto – Ante sus palabras pensó que podría casarse con quién quisiera. La imagen de la rubia se vino a su mente, pero de repente, ya no le hacía ilusión, era como cuando te cansabas de un juguete después se haber sido el único con el que querías jugar, ni siquiera se le cruzaba por la mente pedirle matrimonio. Luego la imagen de una niña de grandes ojos miel se cruzó por su mente ¿Acaso realmente deseaba casarse con ella? ¡No! Aquello era simplemente imposible.

-Confío en ti – susurró. El gestó de hombre no cambió, no obstante, había algo diferente en su mirada – dime, Severus ¿por qué un noble en línea directa de sucesión al trono está en un país extranjero? – preguntó directamente clavando sus ojos en los de él, notando un leve gesto de sorpresa.

-Usted lo ha dicho, Majestad. Solo soy un noble, hay muchos candidatos que pueden suplir mi lugar, entre ellos, la princesa Hermione – contestó desviando el tema.

-¿Es por eso que no hay registros tuyos en Francia? – contra atacó.

-Las razones de mi partida no le competen, majestad – respondió arrastrando las palabras y con un gesto decidido.

-claro que si me competen, no se me ocurre una razón honorable que justifique tu destierro –

-Si es o no honorable, sigue siendo algo que no le compete. He demostrado siempre lealtad, primero a su padre y después a usted – rebatió esperando zanjar la discusión.

-Te estaré observando, Severus. Dicen que la sangre es más espesa que el agua – dijo con rabia para luego hacerle una seña de que se marchara.

La curiosidad de despertó en él y pensó que debía informarse. No creía que sus palabras obedecieran al amor de un tío por una sobrina, había algo más allí que estaba omitiendo y sintió que era necesario saberlo, después de todo era su consejero, no podía apoyarse en una persona en la que no confiara.

Su mente volvió al momento en que el pelinegro le sugirió posponer el compromiso ¿Por qué había venido su rostro a su mente cuando pensó en la posibilidad de casarse con quién ÉL quisiera? Decidió desechar la idea mientras se acercaba a su escritorio y seguía revisando pergaminos.

FRANCIA, 1845.

Caminaba afanosamente por los pasillos del palacio, su túnica color lavanda ondeaba con cada zancada, una vez estuvo frente a una gran puerta de roble, dos monaguillos que se apostaban a lado y lado, después de una reverencia la dejaron ingresar. Al otro lado se encontraban su nuera y su hijo tomando el té viendo los grandes jardines que pronto estarían cubiertos de nieve por la inminente llegada del invierno

Al notar su presencia su hijo se levantó y le sonrió conjurando una tercera silla que puso justo en medio de los dos, su nuera por su parte elevó una taza de té, invitándola tácitamente a sentarse junto a ellos, sin embargo, ese no era el motivo de su visita.

Una vez su hijo entendió su mirada la invitó a sentarse en uno de los sillones a un lado de la estancia, su cara se tornó sería y su nuera los veía expectante a la espera de que ella expresara que la traía hasta allí.

-Tu padre está muriendo – la declaración tomó desprevenidos a los cónyuges quienes dejaron de respirar por un momento, aquello significaba que podían inminentemente ascender al trono.

-Yo… Yo no sé qué decir, madre – y era cierto ¿Qué decir ante aquella noticia? Desvió su mirada al rostro de su esposa y halló la misma expresión, aún no lo había procesado totalmente.

-Te convertirás en rey, Harry – él lo sabía, pero aquello seguía pareciendo irreal. Nunca vio como nada cercano su ascensión al trono francés y verlo tan real en aquel momento llegaba a asustarlo ¿Sería un buen rey? – antes de que eso suceda deseo solicitarte algo, y quiero que me jures realizarlo – Su hijo la miró aún más confundido, el semblante de su madre era una mezcla de ilusión y seriedad.

-Sabes que no podría negarte nada, madre – respondió con sinceridad

-Quiero que traigas a Hermione de vuelta una vez muera tu padre – el hombre desvió inmediatamente la mirada a su esposa, quien le hizo saber que ella había entendido de igual forma el significado de aquel pedido, cancelar el compromiso de su hermana.

Su vista siguió posicionada en la de su esposa, en un interrogante, ella lo conocía, sabía si aquello era factible, solo obtuvo de vuelta una mirada con un deje de melancolía, ella le había dado se respuesta sin mediar palabra alguna.

-No puedo prometerte eso, madre – las palabras salieron atropelladas de su boca, con una sensación de desazón.

-¡Serás rey! – reclamó la mujer. Lo sería, y no sabía cómo ser rey, pero, por alguna razón sentía que no podría simplemente traerla de vuelta, aquello podría traer consecuencias.

-Precisamente por eso no puedo prometerlo, padre condenó su destino – él pensaba que su padre había hecho todo aquello para castigar a su madre, llevar a Inglaterra al extremo de aceptar su propuesta de matrimonio para parar el avance militar de Francia – sabes las consecuencias – su madre lo sabía, todos allí lo sabían, los años que habían pasado le habían dado la oportunidad a Inglaterra de robustecer su ejército, ahora una guerra era inviable.

-Por favor, Harry – la mirada suplicante de su madre le dolía, él entendía los sentimientos de ella, su hermana de 10 años había sido condenada a casarse a tan corta edad. Él se sentía impotente.

-Si él lo acepta podría pasar todo desapercibido – esta vez fue la voz de su esposa la que retumbó en el lugar, él fijó su vista en ella – él está enamorado de otra mujer, quizá podrían llegar a un acuerdo – ella sabía que su primo no la dejaría simplemente irse pese a que tendría todo el camino libre, su libertad le había sido arrebatada por el rey James hacía años, él pediría alguna contraprestación, una especie de indemnización, pero, podían preocuparse por ello cuando el momento llegara.

-Le escribiré a Severus – todos tenían claro que el primer paso era retrasar la boda lo máximo posible, si ello pasaba, podrían preocuparse por lo demás cuando el momento llegara.

La mujer de ojos azules no dijo nada más y salió presurosa, tenía que enviar una carta, una carta que podría cambiar el futuro de su pequeña hija, ella no deseaba que viviera la misma vida que había sido obligada a tener.

En la habitación, esposo y esposa se miraban sin pronunciar palabra, ambos perdidos en sus propios pensamientos. Él pensaba en que podría darle a su hermana la oportunidad de casarse por amor y ella pensaba en la posibilidad de que su primo no la dejara ir.

-Para él es un objeto ¿sabes? – la declaración lo tomó desprevenido y lo obligó a fijar su mirada en la pelinegra.

-Tendrá el camino libre para casarse con la zorra de Astoria – jamás había tenido palabras semejantes para una dama, pero detestaba la forma despectiva en que esa mujer miraba a su hermana.

-Draco puede simplemente tenerla de concubina - ¿Por qué haría aquello si pudiera tenerla como esposa? Pensó y sin tener que exteriorizarlo su esposa respondió: - hay dos razones, a riesgo de equivocarme, la primera vengarse de tu familia por obligarlo a renunciar a su felicidad con la mujer que ama y la segunda y sospecho que podría llegar a ser la más importante, poder, si nuestros hijos murieran su hijo pasaría a ser el legítimo heredero al trono de Francia – aquello no lo había pensado, él debía reconocer que su esposa conocía muy bien al rubio y podía anticipar sus movimientos.

-¡Se vengaría de una niña! – los ojos de su esposa se desviaron de nuevo hacía el jardín

-Es un objeto, Harry – ella ya no se sentía infeliz con su matrimonio, amaba al hombre que tenía al frente, pero, ellas habías sido comercializadas por el padre de él y su primo, probablemente corrupto por el espíritu del trono, ahora la veía de aquella forma.

Sin embargo, solo por esa vez y quizá producto de la distancia, ella estaba equivocada.

El azabache no pudo decir nada más, al girar su mirada al jardín, al punto en la que la tenía clavada su esposa, vio a su hija, corriendo, siendo perseguida por su niñera, él sabía lo que pasaba por la mente de su esposa y él tácitamente había hecho una promesa desde el mismo día en que ella había nacido, nunca sería un objeto.