Saborizante
Saborizante.
Vocaloid no me pertenece.
Rilliane se sentía impaciente, era la hora del postre, era la hora de que le fuera traído su platillo azucarado, y más le valía a quien lo hubiera preparado que no se hubiese equivocado de nuevo en el tiempo de preparado, porque había esperado ya demasiado tiempo como para que el platillo que recibiera tuviera alguna mínima imperfección. Alguien podría ir a la horca esa misma tarde.
Pero al menos su inquietud se reducía al comenzar a escuchar un paso bastante familiar, el sonido de los zapatos de su querido sirviente Allen, recorriendo el pasillo a toda la velocidad que el paso rápido aprendido le permitía llegar. La puerta de su habitación fue golpeada ligeramente un par de veces.
-Pase- procedió ella amablemente mientras que se acomodaba en su silla de madera lustrada y de cojines alfombrados de rojo, frente a la cual había colocado una pequeña silla de arreglo de madera del mismo tipo, al lado de la vajilla de porcelana procedente de uno de los países más lejanos de oriente. Aquel que había entrado era su sirviente de años, y sin conocerlo, se trataba de su hermano gemelo, aunque los detalles no conciernen al asunto, ambos desconocían su parentesco.
-Lamento mucho la tardanza, princesa, es simplemente que la cocina demoró demasiado, sin que yo pudiera hacer nada para apresurarlos, de verdad lo lamento- volvió a pedir todos los perdones necesarios para que la princesa no cambiara su humor a uno negativo. Por suerte, tal parecía que ella se encontraba de un humor particularmente bueno esa tarde, o por infortunio del destino, y basándose en la forma de la sonrisa maliciosa que ahora ella ostentaba en sus labios, el buen humor que tenía esa tarde se debía a un deseo macabro que tuviera, y que de haber podido tener la libertad, Allen se habría puesto contra la pared tembloroso de tan solo haberla detectado.
-Está bien, no debería de importar que las necesidades de la princesa sean tomadas con tan poca seriedad, hasta el punto en el que ustedes me dejarían morir de hambre tan solo por su ineptitudutilizó su típica voz de sarcasmo ligero, útil para hacer sentir mal a Allen desde un punto de vista funcional y un poco humanitario.
-Discúlpenos, princesa, pero con honestidad, pero la gente no muere por tan solo saltarse el postre- el sirviente no parecía muy dispuesto a caer en sus palabrearías habituales, por más que estas crearan un ambiente de cierta comprensión y empatía entre ambos, alejándolos de una posible rutina de doloroso y pesado aburrimiento. Simplemente prefería hacerse valer un poco más ese día, no ser tanto un juguete para la princesa. Pero él ni se imaginaba.
Puso la bandeja sobre la mesita, y con sumo cuidado comenzó a colocar los platos y los cubiertos en su lugar, luego sirviendo el té en una sola de las tasas, y volviendo a pararse firmemente frente a la princesa mientras que sostenía un paño inmaculado en su brazo izquierdo. Entonces, parado todavía con su deber en mente, vio como la princesa analizaba un poco de cerca el postre, una pequeña tarta apenas del tamaño de su palma, con una capa de arándano como capa superior, y como siempre, un poco de crema agridulce colocada en una tasa a un lado, intencionado a proveer un sabor complementario a su paladar. Colocar el té, de manera rápida en la taza, era una costumbre, al igual que como lo era el no permitir que el nivel de dicho liquido bajara en más de una ocasión, sino más bien hacer que se mantuviera llena la mayor cantidad de tiempo posible.
Pero todo esto no había impresionado a la princesa, y eso que era una de sus horas favoritas, junto con el momento de dormir, en la cual al fin era libre de poder hacer lo que se le antojara debajo de las sabanas, y durante el baño, colocándose en una situación similar, pero frente a la completa vigía de Allen. Su mirada aburrida y vacía era obvia, pero lejos de tratar de satisfacerla, o de cambiarle el ánimo, el sirviente había aprendido a que la princesa, sumándole aburrimiento, podría ser equivalente a una catástrofe, por lo que prefería no incitarla con ninguna clase de comentario que pudiera, encender su mecha. Si, él podía atestiguar acerca de ella y de sus actitudes personales, más que como una personalidad de culto, como una simple niña, o preferiblemente como una adolecente, y era la clase de chicas explosivas que no permitían que el aburrimiento o la monotonía le arruinaran el día.
-Allen, me parece que este es el mismo estilo de tarta que me fue servido la tarde anterior, a esta misma hora- habló ella con voz tranquila, pero obviando la existencia de un error, o de alguna corrección que fuese necesaria.
-Mis disculpas, mi señora… señorita- corrigió rápidamente el sirviente mientras trataba de adelantarse al pensamiento de la princesa y tratar de captar una solución hablada y simple para el aparente error -Pero este postre es el que usted ha ordenado que se le sirviera esta semana, así como ordenó que la semana anterior se le sirviera solamente flan, y que la semana siguiente a esta se le sirviera solamente yogurt, es tal y como usted lo ordenó- intentó la procedencia de la culpabilidad a ella misma de la manera más suave y gentil que podía conocer.
-Lo entiendo, pero el problema que tengo no es con la tarta en sí, sino con los ingredientes, el mismo sabor a arándano y la misma crema agridulce- timó un poco de esta con una de las cucharas de al lado de los platos y la revolvió con desprecio, dejándola caer lentamente.
-Disculpe, princesa, pero usted misma declaró esta como la época propicia para los arándanos rojos, por lo que en el castillo no hay una sola pizca de otro tipo de baya- volvió regresar la culpa a al mismo punto de origen de la queja -Y en lo referente a la crema, puede ordenar el sabor que usted desee, solamente que esta es a la cual usted ha mostrado más agrado, y por tanto la predeterminé en cada uno de sus postres, cosa que pareció no molestarle- con tantas palabras que parecía usar para confundirla, el sirviente parecía saber muy bien cómo tratar a la princesa, como poder, si es que le era válida la palabra, manipularla, hasta cierto grado.
-Creo que el problema, es que no he probado demasiados ingredientes o sabores que me hagan extenderme en mi gustolevantó delicadamente las piernas, colocando sus zapatos finos de color dorado sobre un espacio solitario de la mesita, estirándose un poco allí y en el asiento, incomodando un poco a su sirviente al momento en el que ladeo con su dedo la falda de su vestido anaranjado con encaje esponjo de color negro -En este caso, se me ocurre que deseo probar un sabor mucho más exótico- ahora no miraba a la tarta que tenía bajo sus piernas, ahora miraba directamente a su sirviente, y la verdadera razón por la cual esto le ponía nervioso a él, era porque no eran sus ojos a lo que fijaba, ni siquiera a su pecho, a muestra de alguna clase de falta de respeto. No, de hecho, lo miraba más hacia abajo, un lugar que debía de estar prohibido siquiera de ver.
-¿Y cuál podía ser ese sabor?- preguntó el sirviente de manera educada, intentando salir de la admiración causada por la mirada de la princesa.
-Disfrutaría… probar tu semilla- comentó ella rápidamente, pero dando a entender de manera bastante clara lo que había dicho, volviendo a barrer con la mirada el cuerpo entero del impresionado Allen.
-¿Disculpe?- elevó la voz en su respuesta mientras que miraba con ambos ojos abiertos casi tanto como los mismos platos en donde tenían puestas las tazas. Podría haber fallado en comprender lo que le había dicho, y deseaba que así fuera.
-Ya me escuchaste, te ordeno que derrames tu semilla masculina sobre mi postre, deseo probarla en combinación con el arándanorio un poco mientras que levantaba sus brazos y los colocaba en su nuca, dejando ver un poco más la piel por debajo de sus brazos, entre el vestido y sus guantes largos de color blanco.
-Pero… Rilliane… no puedo… - intentó argumentar en contra de ella, sacar cualquier clase de excusa posible que le evitara tener que obedecer a las órdenes de la princesa. No tenía el deseo de exponer sus partes ante ella, no deseaba rebajarse y perder toda clase de dignidad frente a ella para complacerle un depravado deseo caprichoso. No de manera consciente, pues ya desde su interior, alguna parte de si mismo siempre forzada a ser silenciada, le había tentado a hacer aquello mismo a las espaldas de la princesa, sin que ella lo supiera, tan solo por el placer de verla consumir un producto de su propia intimidad.
-Yo lo sé… - le interrumpió la princesa mientras levantaba una mano para mostrarle cierta comprensión -Estás bajo la promesa del celibato, y me hace sentir orgullosa que puedas lo recuerdes, y que lo mantengas- agradeció la manera en la que él se había negado, pensando que lo había hecho puramente por la razón del celibato, como si pensara que su sirviente nunca se había dado placer a sí mismo.
-Bueno… si, tiene razón- se sintió aliviado Allen mientras que respiraba más suavemente, dejando escapar un poco de tensión, pero sin intentar exigir más de la cuenta, esperando a ver cómo es que todo se podría desarrollar de manera natural hasta salir de aquel embrollo tan incómodo.
-No te preocupes por eso, he pensado en eso… yo misma extraeré tu semilla- comenzó a detener lentamente su voz, agravándola un poco mientras que movía sus piernas de una manera un poco tentativa, cambiando la posición en la que estaban una sobre otra, mientras que el corazón de Allen se detenía de pronto y su cara se encendía en rojo de manera tan repentina que le había provocado un ligero mareo al chico. -Entenderás, que mis manos, al ser las manos que han de sostener los símbolos más puros y santos del reino, no pueden dedicarse a la tarea… pero eso no quiere decir que no sea capaz de hacerlo- se quitó los zapatos, dejando ver sus pies desnudos, levantándolos un poco, colocándolos un poco hacia adentro y flexionándolos un poco.
Si es que podía entender a lo que se estaba refiriendo, al momento en el que su mente reaccionó a causa de la caída de ambos zapatos, entonces bien podría pensar en que había muerto y había llegado al momento en el que su pureza sería probada, y se decidiría si es que su alma se salvaría o se condenaría.
-Mi señora… - habló con lentitud, tratando de procesar hasta la última de las palabras de la mejor manera posible para tomar la mejor decisión posible y expresarla de tal manera que no le provocara una muerte segura. -No creo poder acceder… mi posición como su sirviente se limita a ciertas tareas que me han enseñado… - se sentía más nervioso por tener que explicar esa simpleza -Y yo no podría aprovechar esto para… ni siquiera tengo el desarrollo ni la mente que se necesitarían para eso- intentó entonces jugar al juego de la inocencia, como si no fuera capaz siquiera de pensar en aquello, evitando por sobre todo mencionar de manera directa cualquier palabra relativa a la masturbación o a la eyaculación.
-Sé que estas lo suficientemente desarrollado como para hacerlo, y más aún, sé que tienes el deseo que se necesita- comentó como si él fuera una clase de ganado al cual poder ordeñar -Allen, estoy perfectamente consciente de que la mitad del tiempo que pasas encargándote de mi lavandería, lo gastas en frotar tu virilidad contra mi ropa interior y contra mis enaguas- levantó un poco su falda, dejando ver la prenda nombrada anteriormente, levantando de igual manera esta y dejando ver una prenda un tanto más holgada atada con listones a sus piernas y a su cintura.
Eso había sido todo para la mente del joven sirviente, su más oscuro, intimo y penoso secreto había salido a la luz. Desde hacía mese, quizá más de un año, no había podido contenerse, y su necesidad de satisfacer el deseo sexual que justificaba por su mera adolescencia, había recurrido a rodear su miembro con la ropa interior de la princesa, moviendo sus caderas para simular una penetración, sabiendo que de usar las manos para complacerse ropería su voto de celibato, disfrutando por el morbo al saber que aquellas prendas habían tenido contacto con la intimidad de su joven dama rubia, hasta momentos antes de eyacular, cuando decidía, por el bien de mantener su secreto, contenerse, y permitir que los jabones cubrieran el aroma y la esencia que dejaba en estos. No entendía que podía haber salido mal, excepto quizá el hecho de hacerlo en primer lugar.
-¿Creías acaso que tu esencia se iría con tan solo algunos pétalos de rosas y los aceites que tú mismo compras? Por supuesto que no, lo que derramabas era más espeso de lo que pensabas- respondió ella a la interrogante del chico de su falla de confidencialidad -Aparte de eso, llegué a observarte más de una vez, ver como desatabas tu instinto con una simple prenda sucia y apestosa- rió para sus adentros mientras que la mirada del chico se horrorizaba más y más.
-Rilliane, yo… de verdad lo lamento… fue un impulso… - intentó justificar de la única manera en la que podría hacerlo, sin poder pensar realmente en como buscar el perdón. Vio que ella sonreía y se sonrojaba ligeramente mientras que él seguía tartamudeando, muriendo internamente al pensar en que sería la burla de ella de una manera tan íntima y personal. Se quedó en silencio, únicamente sintiendo sus mejillas arder mientras que cubría su vista con su flequillo, tratando de huir de ese instante tan penoso.
-No lo lamentes, si es que de verdad tenías la urgencia de hacerlo, y no te podías contener, pero creo que me debiste de haber pedido permiso, aunque no me molesta saber que has sentido placer gracias a mi, o a que tu excitación ha tenido la intención de sentirme de una manera más… profunda- confesó con poca o nada de la pena o el pudor que le habría correspondido, bajando un poco de la posición que la sangre noble le había concedido desde su nacimiento y que (aunque no realmente) le separaba de Allen Incluso podría haberte ayudado, si es que lo pedías con amabilidad, así que espero a que pienses y no rechaces esto- ahora le volvió a ver a los ojos, ahora un tanto dilatados y las mejillas al igual que toda la cara enrojecida, tal y como la cara del sirviente.
-De… de acuerdo… - susurró Allen mientras que confirmaba su deseo, sin mirar hacia atrás ni hacia adelante, pensando solamente en lo que podría resultar de ese preciso instante. Dio un par de pasos hacia la princesa, sin saber exactamente cómo proceder, ni la más mínima idea de cómo actuar, de que parámetros seguirían, de si existiría alguna clausula con la cual poder escapar de pronto de ese trato verbal.
-De acuerdo- imitó ella su respuesta, pero con un tono más firme, sonriendo mientras cerraba un poco los ojos, dándole más y más confianza -Primero, necesitaré que desabroches tu pantalón- dijo sin poder ocultar en ansia de finalmente pedir eso a su sirviente, como si fuese un evento que había previsto desde hacía meses o años enteros.
Allen obedeció, y con un movimiento lento y cuidadoso, fue zafando el sujetador de su cinturón, para después desabrochar un pequeño botón que era todo lo que dejaba su pantalón a la altura de su cintura, permitiendo que este se deslizara hasta la altura de sus rodillas, impidiendo que cayera por completo al flexionar un poco sus rodillas, dejando solamente la tela de la ropa interior bastante holgada cubriendo apenas sus partes nobles.
-¿Vaya, han sido solamente mis palabras, o la forma en la que ves mis piernas las que han te han puesto de esa forma?- preguntó impresionada Rilliane mientas que alcanzaba a ver una erección formándose por debajo de la ropa interior, dejando incluso una pequeña mancha del fluido que precede al semen ya formada en la parte en la que estaba apoyada la punta de su miembro. Allen se limitó a no contestar, sino mantenerse avergonzado en su mismo lugar, sin poder siquiera aumentar su sonrojo. -No te preocupes, es lo que esperaba, ahora arrodíllate, que con esa pequeñez no se puede hacer casi nada de lo que quiero- se burlo de manera verdadera, quizá para intentar despejar un poco la tensión que crecía entre ambos, pero son dejar de dominar, en especial cuando lo vio obedecerla, infló un poco su pecho al respirar y levantando sus piernas un poco.
Allen, todavía sin poder salir de la confusión y la impresión, se había arrodillado frente a la princesa, a un lado de la mesita en la que estaban los postres, colocando sus manos en su espalda, tal y como lo habían estado antes de que se acercara a ella. Percibió no solamente el aroma del postre una vez estando más cerca, sino también el aroma de la princesa, más aún, cuando esta acercó los dedos de sus pies a su rostro, y con una voz imperante, ordenó.
-Olfatéalos- pero solamente provocó que la mandíbula del sirviente temblara, y moviendo un poco su cuello, retrocediendo un poco, comenzaba a negarse -Por favor, Allen, dejémonos de juegos, sé que has estado olfateando mis zapatillas muchas veces en el pasado, en especial después del final del día, cuando adquieren más el aroma de mis pies… no sé qué clase de obsesión tengas con eso, pero sé que te motiva bastante- pronunció mientras veía con él entrecerraba sus ojos con un poco de hartazgo.
-Para usted no hay ningún secreto… ¿Es que acaso se la pasa espiándome en mis tiempos en solitario?- preguntó sintiendo la libertad de protestar. De todos modos estaba seguro de que ella le espiaba cuando nadie más lo estaba acompañando, cuando tenía que encargarse de las tareas más personales para la satisfacción de su princesa, y ahora se preguntaba cuando más le había espiado, o con qué objetivo lo había hecho.
-Tú haces las cosas más depravadas para lograr motivarte… digamos que yo también tengo mis métodos para poder motivarmesoltó Rilliane, sabiendo que aquella era una de sus más profundas confesiones, y como tal, había causado que los ojos de Allen se abrieran de par en par.
Aquella misma tarde había estado llena de demasiadas sorpresas, había descubierto que sus fetiches ya eran conocidos, y más que nada, ahora se enteraba del pequeño fetiche de la princesa. No podía imaginar cómo saber esto cambiaría la forma en la que los dos se vería, el uno al otro, pero de lo que estaba seguro, era que ahora entendía que la princesa disfrutaba tenerlo solo para él, sin siquiera darle privacidad, y estaría a punto de ver la clase de consecuencias que esta obsesión tendrían al tratarse de un ámbito como el que estaban a punto de explorar.
Sin que le tuviera que ordenárselo una vez más, el joven sirviente se inclinó un poco hacia adelante, acercando su nariz a los dedos de la chica, comenzando a aspirar un poco del hedor. La princesa se sintió sumamente complacida por aquello, como tan solo el complacer su olfato, su querido sirviente comenzaba a mostrar indicios de excitarse más y más, por la forma en la que aumentaba su respiración, cómo se acercaba a la extremidad de la chica hasta que su nariz hacía un poco de contacto con ella. Y en especial por la erección que comenzaba a elevarse dentro de su ropa interior, que era completamente obvia para ese momento.
-¿Lo disfrutas?- preguntó Rilliane mientras que su gemelo abría un poco los ojos y demostraba una mirada complacida -Puedes disfrutarlo aún más- susurró ella sintiendo una incontenible sonrisa en sus labios, a la vez que se sonrojaba un poco más, decidiendo empujar un poco su pie y metiéndolo en la boca del chico los tres primeros dedos.
Comenzó a lamerlos de una manera demasiado tranquila y pasiva, manteniendo contacto visual con su señora, quien tuvo que borrar su sonrisa al ver la forma tan conmovedora en la que el chico el chico le miraba, sintiendo sus piernas temblar un poco sus piernas y resentir aquel denso sentimiento dentro de sí misma, terminando por suspirar con fuerza, como si tratara de sacar el calor de su interior.
-Siéntete libre de disfrutarlo- volvió con los susurros mientras que le sonreía de lado, permitiendo que levantara sus manos para sostener mejor ambos pies. Allen no perdió tiempo, comenzó sujetando los tobillos de Rilliane, comenzando ahora a lamer entre los dedos, mientras que el otro pie lo presionaba contra su cara, aún disfrutando del aroma, dejándose llevar por el deseo mientras que
su lengua recorría la planta del pie de arriba hacia abajo, besándolo de vez en cuando ambas plantas.
Comenzaba a sentir cierta presión en sus caderas, cada vez que volvía a respirar con fuerza, y dicha presión se elevaba en la punta de su erección. Comenzaba a estar seguro de que en poco tiempo tendría que tocarse a sí mismo, ahora era insoportable, como un ardor que recorría el interior de su uretra, que solamente se calmaría si es que podía descargarse. Aunque estaba seguro de que si continuaba lamiendo eventualmente explotaría contra su voluntad, y liberaría su semilla.
-Muy bien, creo que ya es hora de proceder- habló la princesa separando sus piernas de él y bajándolas un poco -Ahora sí, quiero que retires tu ropa, y que me enseñes lo que he logrado… - su voz se ahogó al terminar su frase, sintiéndose ansiosa, esperando a ver su miembro e impresionarse.
Él bajó su ropa interior, con sumo cuidado, sintiendo la sensibilidad de su glande rozar con la ropa, finalmente dejando que se mostrara con un ligero rebote por la atadura que sostenía su ropa a la cintura. Era tal y como ella lo había esperado, aunque quizá más chico que como su imaginación lo habría remodelado para poder fantasear. Allen comenzó a sentirse nervioso, siempre había considerado su erección como algo grotesco, por la forma en la que de pronto una parte de su cuerpo se deformaba hasta obtener esa forma y ese tamaño, se le había educado para sentir asco de sí mismo. Pero Rilliane no pensaba eso.
-Magnifico… he logrado esto, y sin siquiera tocarlo… me imagino que tu reacción será instantánea en cuanto lo toque- esperó a que su sirviente se levantara un poco, y con lentitud, comenzó a acercar su pie directamente a su miembro, presionando un poco la punta entre el espacio de sus dedos, escuchando como Allen gemía al instante. Usó su otro pie para sostener su miembro, y con cuidado, presionó con ambos pies la punta, bajando con cuidado el prepucio, dejando ver la punta humedecida por el fluido que lubricaba de manera natural.
Sintiéndose como si tuviera la necesidad de experimentar, observó a su hermano temblando el suelo, aún pulsante mientras que su erección se mantenía elevada ahora por sí misma y se mostraba su parte sensible. Con un solo movimiento, procedió a hacer presión con la parte frontal de la planta de su pie izquierdo, con el espacio entre sus dedos, empujando un poco a la vez que frotaba, sintiendo el calor de aquella parte pasar por su piel y dispersarse ligeramente, tan solo para sentir, al instante, como el pene de Allen palpitaba un par de veces, justamente antes de que este diera un fuerte respiro y eyaculara de lleno por el espacio de entre sus dedos, esparciéndola en el espacio de su pierna hasta su espinilla. Aquel líquido se esparció rápidamente, saltando mientras ella aún mantenía la presión, derramándose en toda su piel y comenzando a escurrir.
Allen aún respiraba con fuerza y temblaba mientras que seguía respirando con fuerza. Vio que Rilliane estaba sumamente seria ante eso, parecía no poder distinguir lo que había pasado, pero seguía mirando a su pie, a aquel líquido repugnante que comenzaba a perder su calor y ahora se sentía simplemente frio y viscoso. Su miembro comenzó a sentirse menos fuerte que antes, y su erección se puso flácida de un momento a otro, ahora derramaba lo que sobraba en la alfombra.
-Princesa… yo… - comenzó a decir el sirviente mientras levantaba un poco su mirada, tan solo para encontrarse con la mirada nada complacida, por no decir que iracunda, de su dicha princesa, quien se acomodó un poco en su asiento, alejando sus pies de él.
-¡Grandísimo estúpido!- le gritó mientras que movía su pierna y lo golpeaba moviendo con rapidez su talón. El golpe inicial fue suficiente para provocar que cayera de lado al suelo al perder un poco el equilibrio, tan solo para tener tiempo de percatarse en lo que Rilliane alcanzaba una pequeña vara de madera de arce en la parte de atrás de su silla, que tenía sujeto un trozo alargado y doblado de cuero, hecho para disciplinar a los sirvientes. -Mira tan solo la carga que as desperdiciado con tu imprudencia- señaló al semen que había sido derramado en su pie y en su pierna mientras que con la otra mano arremetía con fuerza sobre el trozo del chico, provocando que elevara un grito de dolor, mayor que el dolor mismo propagado por esa zona debía de haber provocado.
-Lo lamento… mi señora… - intentó defenderse al recibir los golpes cada vez más fuertes, y que ardían en su piel, incluso al golpear por sobre su ropa formal, pero la princesa no dejaba de golpearle con fuerza, sintiéndose insultada por la forma en la que aquello se había desperdiciado.
-Lamentarlo no hará que se recupere la cantidad que se ha perdidoseñaló de nuevo su pie mientras golpeaba la espalda de su gemelo con la vara -Ahora tendrás que limpiarlo, hazlo, consume lo que has derramado para que no se desperdicie- y dicho esto, acercó de nuevo su pie a él, esperando a que usara su lengua para lamer su propia semilla. Pocas veces habían ocurrido regaños como esos en ese castillo, regaños en los que tuviera que ajustarse la disciplina con métodos físicos, y jamás se habría esperado a que fuera Allen, el sirviente favorito, quien lo recibiera con tanta fuerza.
-De acuerdo… - accedió él sintiendo que no tenía más opción, respirando hondo antes de acercarse lentamente al pie de la chica, ahora percibiendo el aroma de su propia semilla derramada. Comenzó a lamer con cuidado, encontrándose con un sabor amargo y agridulce en cuanto su lengua empezó a pasar por entre los dedos de de su hermana, bajando un poco sus lamidas hacia la planta, teniendo cuidado de la poca cantidad que había escurrido hasta el talón.
Escuchaba como lo tragaba con cuidado, pero tan solo una parte, tratando de combinarlo con saliva para evitar saborearlo por completo, pero se detuvo en cuanto terminó de limpiar la parte de arriba del pie, resistiéndose a la cantidad que había tragado, pero de todos modos, no dejaba de faltar bastante, ni siquiera habría consumido la mitad.
-Apresúrate- ordenó la princesa, dejando de estar complacida por el tiempo que le tomaba continuar con las lamidas, pero el chico no parecía estar dispuesto a darle continuidad a semejante acto tan nauseabundo, simplemente negándose al girar la cara en dirección contraria, comenzando a asquearse por completo, teniendo un pequeño reflejo en la boca del estomago que casi le hace vomitar, a la vez que en su mente, aquellos recuerdos que se habían llenado de tanta pasión y excitación, pronto comenzaban a verse degradados y odiados, pues ahora se veía a sí mismo como un simple perro o un animal, y nada más, en lugar de un posible amante. Pero no importaba su negativa, la princesa había dado una orden, y no estaba siendo seguida por el sirviente, razón por la cual tomó la vara y la elevó en expresión beligerante -No quiero tener que lastimar tu hermosa piel… continua, o consideraré que has faltado a tu servicios- señaló hacia abajo mientras que movía su pie y lo colocaba al nivel del suelo -Continua-
Tuvo que inclinarse aún más para poder continuar con la limpieza, sintiendo como su espalda se descubría al deslizarse su saco y su camisa, y esta pequeña parte descubierta, fue aprovechada por Rilliane, quien comenzó a azotar de manera continua y hasta cierto punto juguetona, intentando bajar cada vez más y más los golpes hasta terminando por soltar los golpes justamente sobre el área de los glúteos. Cada golpe le hacía moverse hacia adelante un poco, gimiendo un poco en cada uno, respirando con fuerza mientras seguía consumiendo su propio fluido, comenzando a sentir como la princesa aumentaba la fuerza y la rapidez, al ver como sus gemidos no se detenían sin importar cuantos golpes diera.
Finalmente soltó el mayor de todos, y como si se le hubiera acabado la fuerza, sus piernas y sus brazos le hicieron sentir débil, y colapsó hacia adelante, tumbando su cabeza en el suelo, entre las piernas de la princesa. Respiraba con más fuerza, y sentía la electricidad en sus nervios pasando por su espalda hasta el área de sus caderas. Se levantó lentamente, y un sentimiento de incomodidad le hizo voltear a ver su entrepierna, descubriendo que en tan poco tiempo su erección se había vuelto a elevar.
-Bien… creo que ya estamos listos… - susurró ella, ahora tratando de controlar su respiración para que no se notase la excitación que le había provocado escuchar a su propio hermano gemir por el dolor que le provocaba. Se acercó a la mesa de nuevo, y sosteniendo el postre, lo retiró, luego de esto, ordenó que se retirara lo demás a su sirviente, quien con un poco de movimiento, giró sobre su propia cadera y puso la bandeja con el té y las tasas en el suelo sobre la alfombra. -Sube, no quiero errores ahora- dijo Rilliane mientras que señalaba la mesa, a lo que él obedeció.
-Me siento algo raro… sintió que no podría soportar venirme de nuevo… - pronunció Allen con algo de debilidad, colocándose en cuclillas sobre la mesa, con cuidado de no trozarla debido a su propio peso, abriendo un poco el compas de sus piernas, dejando ver por completo su erección, sintiendo como se mantenía elevada con normalidad.
-No te preocupes, lo lograré, y asegúrate de apuntar bien… - le pasó el postre y se lo dio en la mano, ordenándole mantenerlo por debajo de la altura de su cadera, frente a sus testículos. En esta ocasión, la acción fue mucho más feroz que antes. Rilliane comenzó por presionar el empeine por debajo de los genitales del chico, presionando sus testículos contra su entrepierna, mientras que con la otra hacía lo mismo con el miembro del chico, pero presionándola contra el vientre de este. Todo lo hacía con algo de fuerza, todo ocurría mientras que la princesa tomaba la mayor cantidad de concentración para realizar el mejor trabajo posible.
Aquello producía los mejores sonidos que podría haber esperado Rilliane. Sentía la humedad saliendo de la punta del miembro de su gemelo y llenando el espacio entre sus dedos mientras seguía moviéndolo sobre este, intentando acariciar lo más posible mientras encontraba cierto placer en sentir aquel pulsante pene haciendo fricción en la planta de su pie. El frotamiento en la parte de abajo lo hacía con un poco más de cuidado, cuidado de no causarle demasiado dolor al presionarlo con más fuerza de la que tenía que aplicar, pero de cualquier manera, disfrutaba al sentirlo contraerlas cada vez que hacia un movimiento más fuerte.
Continuó durante minutos enteros haciendo eso, sintiendo como la voz de su gemelo se tranquilizaba tras haberlo hecho durante un rato, pero volviendo a incitar la excitación con tan solo un ligero movimiento. Parecía que el sirviente prefería tener cerrados los ojos con tal de no visualizar la situación entera y perder los estribos. Finalmente, sintió que la fuerza estaba siendo demasiada, que perdería su mente en cualquier instante.
-Princesa… estoy a punto de… acabar- dijo mientras que trataba de no gritar ni desfallecer, sujetando firmemente el plato del postre como si fuese lo único que importaba.
-Bien… asegúrate de apuntar correctamente- retiró sus pies de donde estaban, ahora sujetando el miembro del chico con ambos pies y comenzando a presionarlo al moverlos ambos al mismo tiempo alrededor de la longitud entera hasta la punta, y repitiendo este proceso una y otra vez mientras que el temblor y la pulsación no se detenían.
Y tras una última pasada por sobre la parte del glande, un choro largo de semen salió disparado, llenando aterrizando en el centro de la tarta, llenando un poco las orillas y derramando un par de gotas, pro llenando con un buen y reducido montículo el centro. Se había logrado, y la princesa estaba más que complacida.
-Al parecer este se ve más concentrado que el anterior- comentó ella lentamente mientras tomaba el platillo y lo levantaba, observando la consistencia del semen que recientemente había salido, olfateándolo un poco, entendiendo pronto la rareza de este fluido. Relamió sus labios mientras que acercaba un poco su nariz, y levantando la tarta con una sola mano, procedió a dar una ligera mordida, asegurándose de que hubiera probado el preciado fluido de su sirviente. Lo saboreó durante un rato, pasando su lengua múltiples veces por sus labios, asegurándose de haberlo consumido todo de manera apropiada, dando otra pequeña mordida al trozo el cual comenzaba a escurrir.
Allen solamente permanecía sentado, pero se atrevió a levantarse tan pronto como sintió un poco de fluido escurrir a la alfombra, decidiendo levantar sus pantalones y volvérselos a poner de manera correcta, sin necesidad de molestar a la princesa con eso. Al parecer, ella disfrutaba lo que consumía, pese a que él sintiera un asco tremendo por eso, por volver a repetir el sabor en su boca, aunque el mareo a causa de haberse levantado de manera rápida le estaba causando un olvido muy conveniente.
-Delicioso… creo que se volverá mi sabor favorito de ahora en adelante- anunció la princesa mientras que el sirviente únicamente mostraba una cara de molestia ante la insensatez de su ama -Lo hiciste muy bien, creo que repetiremos esta clase de actividades más seguido… - y con un pequeño giño, que procedió del trozo final de la tarta, concluyó el almuerzo, en donde Allen habría conseguido algo, que quisiera o no, le seguiría el resto de su vida.
Más le valía comenzar a disfrutarlo.
Fin.
Notas finales: Después de meses enteros de no haber subido capítulo, eros aquí, un nuevo capítulo :D la razón de porque esperar tanto, bueno, simplemente no me llegaba la inspiración para atender un nuevo fetiche, y eso que ciertamente, intento siempre tener la mayor cantidad de comprensión para poder entender a las personas y a sus fetiches, siempre que estas no salgan de la norma de la legalidad. Diría que la tardanza en este capítulo, más que nada fue por el dedicarme a otros proyectos, diría que fue un par de meses después del último capítulo, quise escribir este mismo capítulo que leen, pero caí en cuenta de que habían pasado como tres años desde que había iniciado el fanfic "¿Cómo puede el amor ser algo malo?" y que quería escribir del nacimiento del bebé para el día 21 de marzo del 2015, en inicio de la primavera, así que tuve que ponerme a trabajar a máxima velocidad, que por supuesto, no salió como lo esperaba, al final me retrasé de más y tuve que adelantar algunos hechos para llegar bien a la fecha, pero lo logré.
Con respecto al capítulo, si de hecho, he visto bastante material con respecto a este fetiche, y quienes me conozcan sabrán porque, pero algo muy curioso que ocurrió mientras lo escribía, la parte de los azotes llegó como por si sola, sin que tuviera que hacer nada más que escribir, casi como la parte en la que Allen debe de consumir su propio semen, pero esta si tuvo un poquito más de intención.
Curiosamente, sé lo que muchos dirán, que Rilliane y Allen no son lo mismo que Rin y Len, en especial desde que abrieron en su propia sección en el apartado de "Anime/manga" razón por la cual, esto debería de ir allí. Pero me importa muy poco eso, para mí, esta historia de la saga del mal sigue siendo de Vocaloid, incluso si se emancipa por importancia de Vocaloid, siguen siendo básicamente los mismos personajes que los vocaloids aunque lleven distintos nombres. Así que se queda en esta serie de historias ^^
Y sólo para avisar, no será lo último que veremos de estos dos gemelos, al menos no en esta misma serie.
Aunque aún no decido de que será el siguiente capítulo, muy probablemente sea de un juego de rol entre los gemelos, algo en donde un pretenda superioridad sobre el otro(?), o bien, algo de la lactancia… no sé, después lo decidiré.
En fin, no contesto los reviews porque sería incómodo, después de varios meses, algunas personas ya no piensan igual que antes(Me refiero a Angel Shite) sería como tratar contestar el correo de un amigo que murió hace mucho.
Pero al parecer, a la mayoría de las personas les pareció que un "lluvia dorada" era de lo más normal, y está bien, me agrada ver que es algo aceptable, que las personas puedan hacer lo que quiera para divertirse.
No sé si eso pase con este mismo capítulo, quizá ofenda a alguien, quizá le guste a alguien, o quizá nadie comente :(
Eso es todo, muchas gracias a todos, por favor, por favor, comente para saber que les ha parecido el capítulo.
BYE_.-
P.D.: Otro aviso, creo que continuaré escribiendo "Compromiso" en cuanto termine de leer El señor de los anillos: El retorno del rey. Dejé de escribir, porque sentía que me faltaba saber de libros épicos, y me decidí a leer unos cuantos del género, pero ahora que apenas voy en el cuarto que leo, ya no puedo aguantar y deseo seguir el fanfic que dejé, en cuanto termine de leer el libro, claro está.
