Control
Obediencia
Vocaloid no me pertenece
Ella era la hija del mismísimo mal. No podía dudar de eso, había sido concebida por alguna forma física del mal más puro de todos, en unión con alguna clase de bruja, una concubina de negro corazón y de alma putrefacta. Solo así se podría haber concebido a algo como lo que ahora lo controlaba, lo manipulaba.
No era de sorprender, ella era la princesa del reino amarillo, y él, de manera explícita, era su sirviente, es decir, que ante la más mínima e insignificante de las peticiones de su ama, él tenía que ser obediente, hasta en el más minúsculo detalle, pero lo que le pedía era ahora demasiado.
-Lenny, quiero que me beses- le decía con voz tranquila y pacífica, usando ese apodo para nombrarlo de manera tierna. Ella se sentaba, con las piernas muy juntas, y con los ojos bien abiertos y una sonrisa maliciosa, decía aquellas palabras como si nada, esperando no otra réplica más que la acción ordenada.
Él no tenía más opción que acercarse a ella, respirando agitadamente, hasta el punto en el que sentía que se desmayaría en cualquier instante, extender un poco sus labios a una posición más cómoda, y besarla de manera delicada, apenas haciendo unión en sus bocas. La primera vez había resultado aterradora, tanto como para hacer que su alma se arrancara de su cuerpo y se lanzara al averno en busca de un destino más inocente, pero a la vez había sido cálido, y agradable, podría decirse incluso que hermoso y repugnante, yendo esas dos palabras tan a la par que era imposible describir la situación de otra manera.
" Amor"
Pensó Allen tras el primer beso, aún intoxicado por la hipnotizante esencia corporal de la princesa e intoxicado por el sabor de sus labios. Había sido demasiado tierno, demasiado agradable para poder percibir alguna clase de maligna intención. Ya desde antes había demostrado cierto amor por ella, pero era más un amor fraternal, algo que jamás traspasaría las barreras del afecto físico, pero ese mínimo beso, y la tranquilidad con la que había ocurrido, había sido suficiente para convencerlo de dedicar
Entonces eso empezó a ocurrir todos los días. Era su orden que cada tarde, después de la hora del postre, ella se lo pedía de manera delicada, llamándolo de esa manera que hacía que su corazón recordara el sentimiento que el beso le causaba, lentamente volviéndose adicto, al principio esperándolo como si no lo deseara, como si fuera una obligación, pero eventualmente volviéndose algo indoloro y finalmente una adicción.
Y ella se mantenía con las manos abajo, tomadas una con la otra sobre su regazo mientras él giraba delicadamente su rostro para profundizar el beso. Cada momento yendo un poco más lejos, primero, al encontrar algo incómodo el solo toque de sus labios, se atrevió a tocarla con su mano enguantada en su delicado mentón, colocando la mínima fuerza para sostener los labios mientras se besaban.
Pero al siguiente día, el asunto fue diferente. Ahora ella misma presionaba sus labios contra él, propulsando la pasión que pronto comenzaba a tomar la sanidad de Allen, tal fue así, que para la siguiente tarde, se propuso no solamente a besarla con placer, sino a sujetarla de los hombros, de nuevo, aislando sus manos por medio de los pudo comenzar a percibir el nerviosismo de ella a cada beso, el suave subir y bajar de su pecho hacía notar su respiración apresurada. La sujetaba con suma delicadeza, como si a la más mínima presión de sus manos fuera a romper sus huesos o desgarrar su piel.
Pero los besos volvieron a evolucionar a la siguiente sesión de aquel acto prohibido. Allen simplemente abandonó la delicadeza presente en su tacto, quitándose los guantes de manera premeditada antes de entrar a la habitación, se dio cuenta de que la princesa no le señaló esta gravísima falta administrativa, sino que solamente levantó las manos hacia arriba, sonriendo con un intenso sonrojo, y dándole la orden -Quiero que me beses- y siendo obedecida con una complicidad maestra e intrínseca en su que parecía manejar el cuerpo del sirviente.
Ahora sus manos no solamente tocaron sus hombros, recorrieron su el espacio por encima de su vestido de manera plena y sin remordimientos, apenas tratando de ser delicado. El beso comenzó a tornarse más intenso, y el calor de sus caras comenzó a compartirse entre ambas caras, sus lenguas se acariciaron y danzaron de manera delicada dentro de la boca del otro disfrutando por primera vez sus esencias. El final del beso llegó con el sabor de la saliva enfriándose en sus labios, mientras un ligero hilo de esta colgaba entre ambos. Las manos del sirviente habían sudado y temblaban un poco y se impregnaban de la transpiración de ella, mientras que él respiraba con fuerza al soltar el beso. Agradecía que esa mañana había limpiado su boca, o de otra manera no habría podido saborear a su princesa de aquella manera.
-Ahora puedes soltarme- le dijo ella mientras que seguían mirándose a los ojos, obedeciendo como si de pronto volviese a la tierra, tratando de acomodar de nuevo su pensamiento en lo que era real.
Pero aquel día se había sentido tan excitado por aquel beso, que aguantó el resto del día y de los difíciles tratos laborales que le seguían con la mente sin poder retornar al suelo, deseaba proseguir, enfrentar lo que siguiera hasta sus últimas consecuencias.
El tiempo prosiguió, y tal y como había ocurrido el día anterior, en este nuevo día, a la misma hora, en el mismo lugar, los hermanos se encontraban disfrutando nuevamente de sus labios. El tiempo se había prolongado más que en las otras ocasiones, y ahora estaba Allen a punto de sentir que su control se perdía, por los dedos de la princesa andando y acariciando su cabello, o la forma en la que ella ahora trataba de presionarse contra él, percibiendo sus pequeños pechos contra él mismo. Fue ese el punto de rompimiento, sentir como ella lo motivaba con sus manos, presionando su nuca, impulsado por el latir de su corazón que comenzaba a tornarse ensordecedor.
Tan pronto como se separaron lograron soltar el aliento contenido durante minutos enteros, únicamente compartido entre sus bocas, Allen abalanzó su boca sobre la mandíbula de la princesa, comenzando a besar desde debajo, extendiendo su lengua para cubrir mejor la superficie de la piel. Rilliane soltó un ligero respingo, como una clase de susto o de sorpresa, mientras sus manos se detenían de acariciar el cabello de su sirviente y se petrificaban.
-Espera… - dijo ella entre ligeros gemidos mientras su sirviente seguía succionando su piel, saboreando el sabor a jabón y sudor combinados. Pero ella no dejaba de sentirse cada vez más tensa e incómoda, y no fue hasta que sintió las manos de su sirviente descendiendo y presionando sus pequeños pechos que reaccionó, alcanzando un bastó que había al lado de su cama, ubicado allí con ciertos propósitos de necesidad, asestando un fuerte golpe en la espalda de Allen, deteniéndolo al instante.
Se soltaron el uno del otro, y Allen cayó al suelo adolorido y tratando de tocar y sobar su espalda, pues el golpe había hecho que su piel ardiera como si estuviera a rojo vivo. Jamás había sido golpeado por la princesa, eso había sido algo completamente nuevo, ella usaba ese bastón para lastimar a los sirvientes que trataban de traicionarla o que simplemente lo desobedecían.
-En ningún momento te he dado permiso de que besaras algo más que mis labios- dijo ella molesta y autoritaria, levantando su tacón y pisando la espalda de su sirviente -Más te vale no volver a repetirlo… - le dio a entender al poner parte de su peso sobre el rubio, quien soltó un grito por la fuerza con la que el tacón se clavaba en su espalda -Vámonos, necesito atender a una reuniónfinalizó la sesión con esas palabras, con las que salió finalmente del cuarto.
Allen se mantuvo un rato en el suelo, adolorido física, emocional y moralmente, por una parte, sintiéndose culpable por haber tratado de profanar suciamente un tesoro tan preciado como a la princesa, y por otra, por la crueldad de esta por ese simple acto. Se mantuvo un rato en el suelo, estos últimos minutos habían sido una montaña rusa en lo que respecta a las emociones. Trató de ponerse de pie, cuando justo en ese instante sintió en su pantalón como algo había bulto extra. Se percató que le había ocurrido algo que por mucho tiempo le había costado trabajo contener, una erección, y el solo hecho de contemplarse excitado a causa de la princesa le retroalimentaba positivamente esa emoción, y perpetuaba la dureza de aquella área, más no tenía forma alguna de satisfacer hasta el final aquel deseo.
Habiendo pasado ya por todos los deberes necesarios, llegó la hora de dormir para Allen. El lugar en donde lo hacía, era el espacio persona de la princesa, en su habitación, en un pequeño colchón sobre un catre que se supone era su cama, tan solo para atender cualquier capricho nocturno que ella pudiera tener.
Pero desde el final de la etapa de niñez de la princesa, aquello se había vuelto meramente innecesario, y más aún, incómodo. El sirviente se removía incómodo entre las sábanas de su cama, tratando de no hacer ningún ruido que pudiera alterar el sueño ligero de su ama. Ese era el mayor de los problemas, inicialmente, no había manera en la que él sintiera privacidad durante el sueño. Sabía que sus actividades no eran de mucho interés para la princesa, pero de cualquier manera, no dejaba de sentirse observado en todo momento, más cuando pasaban las horas y no podía dormir, si bien la única otra persona quien podría poner sus ojos sobre él era la princesa, había más probabilidades de que se tratase de un espía quien lo vigilaba a él en su trabajo de vigilar a la princesa.
Con todo esto y más, le resultaba imposible realizar una de las actividades más primordiales para un adolecente cuyo cuerpo comenzaba a reaccionar a los cambios hormonales y era bombardeado de distintas sensaciones y pensamientos a cada hora del día. Pero no era que careciera del valor o del descaro suficiente para hacerlo, en su juramento para servir a la princesa, muy por entre los varios apéndices que contenía, estaba asegurada su castidad, y una vida de celibato, lo que se refería a que en ningún momento podría hacer uso de su sexualidad, ni siquiera de manera involuntaria, aunque se había encargado de cubrir desastres nocturnos que casi le costaban la cabeza.
Era esa la razón por la que aquella noche no podía dormir. No dejaba de pensar en los besos que había tenido con la princesa, todos esos días esperando a que el siguiente se volviera más intenso, esperando finalmente liberar todo lo que había contenido en su interior, hacerlo con ella, con la única mujer que realmente había amado (Sin introducirse en detalles del punto en el cual finalizaba el amor cortés), y finalmente dejar de lado todas las imposiciones clasistas y elitistas, y volverse uno con ella de la mejor de las maneras, la única en la que se podía dejar de lado todo prejuicio.
Pensar en aquello le otorgaba un lamento más, prolongándolo como siempre, hasta la hora de dormir, decidió simplemente sacar su miembro de su ropa interior, sacudiéndolo ligeramente y luego tratando de respirar hondo y recobrar la postura, manteniendo una erección apenas notable por entre las sábanas, dejando que la sensación del vacío le abrazara y le dejara en un estado neutral, solo manteniéndolo erecto.
Planeaba dormir así, y a la mañana siguiente, como sería en noventa y nueve de cada cien casos, despertaría flácido y sin dificultades de reacomodar su ropa. Pero desgraciada mente, algo interrumpió el sonido del movimiento de las sábanas más pesadas y más finas que las suyas. Se alertó al instante, esperando escuchar la petición de su princesa, un mandato o un capricho, como llevarle una jarra de agua o amoldar su almohada, pero no escucho nada de eso, ni siquiera escuchó palabras.
Solamente comenzó a escuchar una respiración fuerte que comenzaba a llenar el ambiente de calidez, sintiendo su corazón saltar de un momento a otro, percatándose de que aquellos sonidos eran producidos por la princesa. Ella seguía en su cama, colocándose bocabajo, pero levantando la cadera con las piernas, usando las rodillas para sostenerse. Estaba pasando su mano por entre sus muslos, sacudiendo su mano y agitando sus dedos dentro de su propio centro, estimulando su área más sensible con el pulgar.
Frente a esos movimientos que realizaba con su propia mano, una cantidad multiple de sonidos húmedos se alcanzaban a escuchar por todo el cuarto. Allen, recargando la cabeza sobre su almohada, alcanzaba a visualizar aquello, con los ojos abiertos y el rostro enrojecido como jamás en su vida lo había sentido. Podía ver las caderas de Rilliane tiernamente delineadas por la luz de la luna, percibiendo la forma en la que se movían al ritmo de las inclinaciones de su mano y acordes a la forma en la que sus gemidos salían desde la parte baja de su estómago.
El sirviente jamás había visto algo de ninguna similitud en el pasado. Rilliane se conservado todo ese tiempo, jamás se había atrevido a demostrar nada similar a la excitación por su propio cuerpo, y ahora él estaba allí, presenciando la forma en la que ella se daba placer a sí misma, como si nada más en el mundo existiera, solo ella y su acción de placer.
Entonces el sirviente se dio cuenta de que su miembro ya no curvaba hacia abajo por culpa de la gravedad, ahora la sangre había hecho que se hinchara hasta lograra hacer que se mantuviera en el aire por sí mismo, cubierto solamente por la sábana de seda que le protegía del aire exterior. Trató de pensar en cualquier otra cosa que no fueran los sonidos de su ama, produciendo un sonido curioso cada vez que los fluidos salían entre las paredes de su intimidad, y estas eran movidas por sus dedos. De haber sido aquella noche de una duración de diez mil años, Allen jamás se habría movido de su lugar, simplemente se habría mantenido justamente en esa posición, contemplando a su princesa complaciéndose a sí misma, manteniendo su erección en alto mientras que su respiración trataba de no producir demasiado ruido.
Incluso si el tiempo se hubiera prolongado por siglos o no, la noche se hizo eterna para el sirviente, hasta que finalmente, se escuchó un gemido que rompió con la suavidad de la respiración de la chica, agudizándose mucho más de lo que Allen hubiera imaginado. Se escuchó el cuerpo diminuto de la princesa cayendo a la cama de nuevo, su respiración tranquilizarse hasta mantenerse completamente en un mismo nivel, y su cuerpo siendo arropado por las sábanas suaves y frías que pronto se adaptarían al calor de su cuerpo.
Tras haber cesado el sonido, el sirviente sintió su mirada relajándose, su respiración adoptando una mayor tranquilidad, pese a que su miembro seguía tal y como antes. Sentía una enorme necesidad de acabar, de finalizar lo que había iniciado por culpa de la princesa, y que sin quererlo, lo había potencializado al máximo. Pero el cansancio del día, desde el primer momento de excitación al iniciar el día, le había agotado demasiado, y sin desear batallar más contra el dios del sueño, se durmió.
A la mañana siguiente no pudo recordar el sueño que tuvo, solamente percibía sobre su pecho una sensación sumamente cálida, y finalmente un respiro hondo que le llenó los pulmones de aire casi hasta hacerlos reventar. Más allá de eso, lo único que pudo notar con su despertar, era como su miembro se había tranquilizado, aparentemente sin manchar nada más que ligeras gotas de fluido que anteceden a la semilla misma.
El días se inició como siempre, ayudando a la princesa a vestirse, y por un corto periodo de tiempo, realmente pudo mantener la mente en su alrededor, en lugar de divagar entre sueños extraños, conversaciones hipotéticas con personajes variados, existentes e inexistentes, y el cuerpo de su princesa y todo lo que podría hacer con este de ser su igual y tener la mínima posibilidad de cortejarla.
Se sentía más tranquilo, podía respirar cómodamente, moverse sin fastidiar sus partes, y respirar y ver al cielo azul y gozar un poco de su vida llena de privilegios y beneficios.
Eso, hasta el periodo del día en el que la princesa pedía lo que antes había sido tan anhelado y esperado. Fue en la tarde, después de haberle servido el postre a la Rilliane, el sirviente se dirigió al cuarto de su ama, tratando de no pensar en lo que pasaría si ella volvía a ordenarle hacer aquello. Pero tan pronto como abrió la puerta, vio a la princesa sentada en al orilla de la cama, tal como los otros días, pero ahora veía en ella algo distinto. Su vestido se veía menos ajustado, su piel más clara y de alguna forma más suave, su cabello se había soltado un poco y sonreía sin ninguna clase de maquillaje. Quizá era todo esto, o nada realmente, pero tan solo le bastó una mirada a Allen para de repente comenzar a sonrojarse y dejar que los pensamientos de la belleza de ella inundaran su mente.
Y esta vez no fue necesaria una orden, o no al menos una orden de manera explícita, solo hizo falta que ella sonriera, que tomara la parte frontal de su vestido, estirándola como para que entrara aire a sus senos, justo para que en el momento en el que este regresara a su lugar, dijera no una orden, sino solamente el nombre de su sirviente.
-Allen… - pero con un tono lejos de lo imperante, sino más bien buscando el cariño de aquel joven de cabellos rubios. Él se acercó, y tomándole de la barbilla, fue acercando sus labios a los de ella, y besándola sin requerir más permiso que la mirada seductora pero a la vez inocente que la chica dedicó hasta el momento en el que estaban demasiado cerca el uno del otro.
El beso fue una combinación de los anteriores, de entre la forma en la que habían iniciado las cosas, con timidez y hasta miedo, apoyándose en el cariño y la curiosidad, hasta llegar al momento en el que mandaban al infierno todo a excepción de la pasión y el amor, basándose solo en el deseo del uno por el otro, embriagándose del aroma uno del otro.
Volvieron a abrazarse con cariño, sujetándose y afianzando sus agarres, nuevamente, Allen se había retirado los guantes, y ahora sus manos sudaban al contacto con la delicada piel nívea de la princesa. Mientras tanto, ella disfrutaba acariciar las hebras del cabello del chico, respirando contra su nariz mientras el beso se prolongaba por minutos enteramente perdidos en la fascinación física y emocional en la que estaban.
Fue en los instantes en los que parecían desear fundirse uno con el otro, bajo el calor de la intensidad del beso, que Allen quizá pensó por unos instantes " No puede ser nada malo algo que se siente tan bien", y bajo esta lógica, terminó separándose, habiendo pasado casi una hora completa desde el inicio de la acción.
Saboreó la saliva y el aire entrando en su boca antes de abrir de par en par sus ojos y ver a adorable chica con los labios humedecidos y quietos, y los ojos completamente cerrados, sopesando el sentir de los labios de su sirviente. Para cuando las miradas de los dos se encontraron, parecía ser que se enfrascarían en un silencio, cómodo y profundo, desde el punto en el que no hacían falta más palabras que superaran la mera mirada que se mostraban. Pero el silencio fue rápidamente interrumpido por la única orden de la princesa.
-Quiero que beses mi piel… toda la que no tengo cubierta por el vestido- señaló su cuello y su clavícula, elevando un poco la mirada para dejar ver toda su piel. El sirviente tragó saliva mientras sentía sus manos temblar. Rápidamente, hizo caso a la orden de su ama, y acercándose a ella, la sujetó de los hombros, sintiendo una cierta electricidad al acerca contacto con ella. Entonces dirigió una mirada sincera hacia ella, conectando sus ojos por instantes, acercándose de nuevo, casi tocando sus labios con los de ella, tan solo para inclinar su cabeza y comenzar a besar el cuello de la rubia, primero haciendo contacto con sus labios, comprobando la calidez por la sangre que pasaba por debajo de su piel, y luego procediendo a abrir la boca para presionar los pliegues entre sus labios, primero con cuidado, y luego procediendo a agregar su lengua a la combinación de músculos en movimiento para cumplir con la tarea ordenada.
La respiración de la princesa se empezó a alterar, sintiéndose extrañada por lo bien que aquello, siendo algo completamente desagradable y sin objetivo claro dentro de su comprensión de la reproducción humana, podía sentirse tan bien. Entonces comenzó a recorrer con besos y lamidas todo su cuello, cruzando de un lado a otro, humedeciendo todo su camino, hasta llegar a la orilla de su hombro, en donde finalizaba el vestido. Para ese punto, Rilliane podía sentir su cuerpo entero calentarse, como una deliciosa sensación húmeda y espesa que surgía de su pecho e inhibía el resto de su cuerpo y hacía que su respiración se ralentizara.
Entonces, viendo que aquello alegraba tanto a la princesa, Allen decidió bajar un poco más sus besos, a la vez que con la orilla de las manos deslizaba lentamente el vestido, que tal y como lo había notado justo en ese momento, no estaba correctamente sujetado, de tal manera que iba desnudando cada vez más el cuerpo de su princesa.
Y ella notó esto al instante, soltando un fuerte suspiro al sentir aquello, y tal y como el día anterior, soltando una advertencia sin terminar -Espera… - trató de detenerle al momento en el que sintió al rubio comenzando a bajar la parte frontal del vestido, comenzando a descubrir sus senos, acariciándolos con delicadeza, lamiendo el valle que se encontraba entre estos.
Ante toda la respiración, y toda la intensidad del momento, Rilliane comenzaba a sentirse cada vez más tranquila con esos toques, hasta el momento en el que sintió una clara humedad entre sus piernas, mojando lentamente sus enaguas. Y entonces fue cuando se le ocurrió una manera en la que podría librarse de aquello, a la vez de no provocar el odio de su amado sirviente.
-Veo que estás… motivado en más de un sentido- dijo mientras alcanzaba con su mano derecha la entrepierna de su sirviente, encontrando al instante una cierta dureza de forma alargada. Supo al instante que era aquello, y pese al desconcierto de finalmente tener uno de esos en sus manos, su actitud dominante seguía haciendo que se mantuviera en actitud siempre orgullosa y desafiante. Y como tal decidió presionarlo un poco, tan solo para ver como ahora sus palabras no serían ignoradas de nuevo de ahora en adelante.
-Espera… pri… princesa… - Exigió Allen mientras que detenía sus labios y sus manos, sintiendo como le era presionada la base del miembro, provocándole ambos, excitación y dolor a la vez. Estrujó una vez más su falo, comenzando a sentir el punto en el que este se doblaba como una manguera llena de agua alrededor de su pulgar.
-Creo que es momento de ayudarte un poco a ti… - susurró la princesa liberando un poco la presión y comenzando a recorrer los dedos por todo el contorno del miembro por sobre el cual cubría el pantalón, mientras que el sirviente se sostenía tembloroso con sus manos en los hombros de su princesa, apoyando sus mejilla sobre su clavícula.
El movimiento era bastante rudo, rasposo y un poco incómodo con el roce de su piel, pero de cualquier manera, el calor de la mano de ella alcanzaba a traspasar por sobre la tela, y hasta cierto punto, estaba seguro de que los dedos de la rubia se habrían llenado de su fluido pre seminal.
Así estuvo ella divirtiéndose un rato, hasta el momento sin premeditación en el cual el sirviente sintió todo su cuerpo temblar, mientras que dentro de su ser la sensación de tensión inundaba su cuerpo y lo hacía sentir más ligero que nunca antes en su vida. Entonces, en su pantalón se formó una pequeña línea liquida que descendía desde la punta, y donde mismo, una pequeña burbuja blanquecina que salía de manera esporádica. Para terminar aquel espectáculo, el chico soltó un gemido elevado que fue tranquilizándose conforme las pulsaciones en su cuerpo se detenían.
-Interesante… lo que se puede lograr con un pequeño toque en el momento adecuado- dijo la princesa Rilliane mientras movía un poco más el miembro de su gemelo, como si tratase de ordeñarlo al máximo, extrayendo todo el fluido posible que sería depositado en la tela de sus pantalones -Es una lástima que no puedas ir a asearte, debido a que es contra el reglamento quitarte el traje de sirviente sin autorización de tu ama- se levantó lentamente mientras que el joven seguía sintiendo el semen caer por los lados de su falo, escuchando como la princesa reacomodaba su vestido, ataba de nuevo su cabello y con una orden le decía -Es hora de mi tercera reunión, no te retrases ni un minuto, o serán cien azotes- le advirtió mientras salía por la puerta de su cuarto.
Y así como lo dijo, Allen tuvo que permanecer con los restos de su orgasmo depositados en su ropa interior, sintiendo como se ponía más frío y hasta formaba una capa reseca alrededor de la punta. Fue sumamente incomodo, incluso tras haber desaparecido la erección, no podía ni siquiera tranquilizar el de la tela pegada a su piel por culpa de las miradas inquisidoras que pronto se alzarían frente a él.
Así, después de todo un día de tener que cruzarse frente a personajes de alta alcurnia y las más poderosas personalidades del país, el sirviente pudo proceder a su descanso del día. Se preparó para descansar, primero entrando al baño personal que le habían concedido por ser el sirviente personal de la princesa, finalmente teniendo la oportunidad de asearse y de cambiarse. Seguía cuestionándose la forma en la que habían ocurrido las cosas desde el principio. Como era posible que su propia señora le hubiera ayudado a acabar, a derramar su semilla por el mero placer de hacerlo. Y se preguntaba, como queriendo ignorar a su vez la cuestión, si es que aquello quería decir que entre ellos dos habría algo más de ahora en adelante, si es que sus encuentros en los cuales ella ordenaba algo inicialmente inocente como un beso, se convertirían en encuentros en los que se buscaría el placer sexual en estado puro.
-Ella se aburre bastante con esta vida… - pensó en voz alta el sirviente mientras se terminaba de asear con agua caliente -Ella me lo ha dicho muchas veces… quizá yo sea su medio de entretencióntrató de reflexionar un poco de su persona, si es que ella de verdad lo vería como a un ser humano, o como a un amigo, o incluso más, o si meramente lo veía como a un instrumento de placer persona, y como tal, bien podría ser reemplazado por otro que desarrollara un mejor desempeño o sustituido en caso de que fallara en su motivo principal de existencia. No le pareció nada saludable pensar en aquello, la sola idea de verla con otro hombre, con alguien quien la amara, le hacía hervir la sangre y conocía muy bien la causa de esto.
Para cuando salió de su baño traía ya su pijama puesta y se dirigió directamente a su catre, sintiéndose ligeramente adolorido de la espalda. Para ese momento, la sirvienta de Rilliane ya se había encargado de cambiarla y colocar se su ropa de vestir, llevándola a dormir antes de que se hiciera más de noche.
Trató de no verla, pasarla de largo, y de ser necesario fingir demasiado cansancio en caso de que elevara la voz y pidiera algo. Pero parecía haber llegado muy tarde para verla despierta, ella ya estaba en completo silencio para cuando el decidió recostarse con tranquilidad, respirando con la profundidad y la tranquilidad que solamente el sueño podía otorgarle. Decidió tratar de dormirse, encontrar reconciliación a sus confusiones e ideas erradas con el sabio consejo del dios del sueño.
Ahora se sentía agotado, extrañamente agotado, y a la vez deseoso de continuar con algo. Quizá si la princesa hubiera sacudido un poco más su miembro después de acabar, la cosa habría sido diferente, en especial porque la limpieza que se había realizado al final del día había sido sumamente superficial, todo con tal de evitar una nueva erección.
Creyó comenzar a soñar, como aquellas veces en las que uno conoce el sueño que comienza por lo surreal que se torna la realidad, pero sin importar esto, decide quedarse con la ilusión hasta el momento en el que se puede olvidar de la realidad misma y adaptarse al universo del sueño. Tal fue la manera en la que ocurrió esto, que en minutos (O lo que dentro de su sueño se entendería como tales) se encontraba deslizándose junto al viento sobre la ciudad entera de noche, viéndola como si se tratara de un sarcófago del mundo entero iluminado solamente siendo velado a los lados por la guardia de la ciudad.
Pero su sueño se cortó por una especie de visión, escuchó la voz de la princesa pidiendo su ayuda desesperadamente, y como si conociera todo el camino de vuelta, retornó directamente a la habitación que compartía con la princesa, y luego a su propio cuerpo de forma física, y volvió a sentir el peso de su propia cabeza al levantar la mirada y buscando a la princesa lo más rápido que pudo.
Entonces, gracias a una nueva luz que entraba por la ventana, alcanzó a ver a Rilliane nuevamente, pero ahora estaba recostada hacia arriba, entonces notó como sus rodillas estaban sumamente separadas una de la otra, siendo estas las que se alcanzaban a notar más con la luz de la luna. Intrigado por ver esto únicamente por parte de la princesa, elevó su mirada un poco más, tratando de levantar el pesado cuerpo que lo ataba al mundo, apoyándose en sus rodillas y sus brazos.
Al fin, vio de manera clara lo que ocurría con ella. Lo mismo exactamente de la noche anterior, solo variando en la posición que había elegido para poder complacerse a si misma. La princesa estaba recostada bocarriba, con las piernas dobladas y abiertas de par en par, una de sus manos sosteniendo una almohada contra su pecho sudoroso apenas cubierto por la pijama de lino, y la otra aventurándose a tocarse y excitarse a sí misma. Y respiraba tan fuerte… que pronto ya no se podía escuchar ni siquiera el húmedo sonido de su mano.
El sirviente se recostó de nuevo, ahora bocarriba y fracasando en el intento de ignorar los gemidos levemente retenidos por la mano libre de la rubia. Comenzó a sugestionarse, y tembló un par de veces al sentir su cuerpo calentarse por el efecto de esos sonidos en su cerebro. Giró su mirada hacia un lado, no deseaba volver a sentirse excitado, de hecho, comenzaba a abandonar todo el deseo de esto, hartándose, pero sin poder asquearse, de que ella fuera tan desconsiderada con su prescencia, hasta el punto de realizar ese acto basado meramente en el egoísmo y en la autocomplacencia sin siquiera considerarlo. ¿Era eso acaso lo que detestaba él? ¿Acaso se sentía desgraciado por lo poder ser más que un sirviente, y complacerla en todo sentido en el que fuera necesario para ella?
-Ah… Ah… - la escuchó ahora gemir con todo el deseo posible, mostrándose más energética que en toda la noche. Definitivamente lo estaba haciendo para tentarlo, lo estaba haciendo para que se rindiera ante el ridículo e intenso deseo carnal, pero no lo lograría, y por una vez le negaría su deseo, le lograría desobedecer.
Se sintió ligeramente angustiado por eso, sin saber si existiría una represalia real por la falta, o quizá realmente se trataba solamente de una paranoia suya, y ella no sería capaz de castigarlo solamente por no seguir el instinto, o quizá tendría la fortuna de que aquello no era más que una fantasía formada en el interior de su mente. De cualquier manera, se quedaría estático completamente en su lugar, o al menos eso planificó ágilmente y con toda su voluntad, justamente para que en un par de segundos después de determinarse, escuchara algo que cambió su mente por completo.
-Ah… Allen… Allen- le escuchó gemir su nombre de manera bastante inconfundible, y aquello fue lo que el joven sirviente necesitó para despertarse.
Se levantó como por acto de su propio sistema actuando en contra de la voluntad preestablecida, pero sintiéndose estable, percibiendo como la tensión se comenzaba a formar en su vientre bajo, pero a la vez, su miembro se mantenía apenas flácido, sin poder darse el lujo de comenzar con la elongación. De cualquier manera, terminó colocándose de pie, alcanzando a ver a la princesa Rilliane con los ojos cerrados y auto complaciéndose, hasta el punto de dar finalmente un nuevo grito lleno de satisfacción y placer, pronunciando débilmente el nombre del chico, antes de caer de nuevo sobre su cama, respirando fuertemente para sobrellevar el orgasmo.
De manera casi inmediata, Allen se acercó hacia ella, su cabello estaba suelto, y su ropa era holgada para los tiempos de calor, viéndose demasiado similar a la princesa, en especial con lo plano que era su pecho. La miró por unos instantes, ella seguía demasiado distraída, y analizó su cuerpo entero, ligeramente enrojecido de las rodillas, completamente carmesí del rostro, temblando y sudando, sin mencionar el fuerte olor que trascendía de su persona, directamente de su sexo. Entonces giró su mirada hacia él, quien se mantenía estático pero ahora frente a ella, mí cerca del final de la cama.
-Allen… - le habló ella con la voz autoritaria de siempre, mandándole como si se tratara de una orden, pero cargada de un sentimiento de burla o de ironía - ¿Deseas probarme?- preguntó ella, por primera vez dando la opción a su sirviente de una verdadera contestación.
Él sin pensarlo, se inclinó sobre su parte baja, tratando de pedir confirmación con la mirada, encontrándola con los ojos entrecerrados de su ama, acercándose a la calidez de su intimidad, sintiéndola temblar mientras mantenía sus piernas abiertas. Sujetó sin pleno aviso la parte superior, ese pequeño montículo que sobresalía de su vientre, apoyando con su pulgar sobre un cierto punto que sobresalía del área de entre sus labios, escuchando un alarido intenso, a la vez que el cuerpo entero de ella se revolvía sobre las sábanas. Se decidió entonces a proceder, como si se tratase de un beso, juntó su boca con la entrada de ella, expandiendo su lengua al instante, saboreando todo lo que había dentro de ella, moviendo rápidamente su cuello en una acción de penetración oral.
Entonces empezó a gemir de verdadera manera, sin retenerse, sin cubrir su boca y sin ninguna vergüenza -¡Allen! ¡Me encanta! ¡Me encanta!- gritaba en aprobación a lo que hacía, cubriendo individualmente sus ojos con las palmas de sus manos mientras la sensibilidad que había ganado por su aterior sesión de mastirbación le otorgaba la facilidad de un segundo orgasmo que habría equivalido varias veces lo que fue el anterior.
Sintió como su boca, junto con su barbilla e incluso su nariz quedaban impregnados del líquido caliente que había surgido de ella. Se levantó, relamiendo sus labios y pasando su lengua por toda esta zona. Para cuando volvió a enderezar su cintura y su espalda, se encontraba completamente erecto, sintiéndose finalmente más libre que antes.
Entonces ella le miró con ojos plagados de emoción, como si hubiera esperado eso durante días enteros. Él se apoyó en la cama de rodillas, acercándose un poco a ella, acariciándose por encima de su pantaloncillo de pijama, logrando liberar su virilidad de este tras unos cuantos movimientos. Se inclinó un poco, besando su vientre y su ombligo, antes de acercarse cada vez más con su pene como punta de lanza.
-Si quieres hacerlo… quítate todo… - señaló ella mientras miraba su miembro, acercándose peligrosamente a su entrada, retirándose de manera completamente voluntaria todas las prendas de su cuerpo, quedando desnuda por completo. Allen obedeció, deslizando su pantaloncillo y abriendo su camisa, dejando que se deslizara. Ahora aquello era un verdadero deleite, verse los dos desnudos uno frente al otro, excitados y deseosos por hacer lo que sus cuerpos les mandaban, solamente el uno con el otro.
Ahora lo siguiente ocurrió todo sin que ella le comandara una sola palabra. Para empezar, Allen se acercó a ella, juntando rápidamente sus labios con los de la princesa, aspirando con intensidad su aroma, poco delicado, más bien a sudor y un poco agrio por los fluidos antes salidos de su cuerpo. Y mientras la besaba, gozando la forma en la que habían llegado hasta eso, se introdujo en ella, casi por instinto, empujando su cadera contra la de ella.
Gimió por la velocidad con la que se ensartó y automáticamente sintió el pellejo de su interior desgarrándose de una forma poco menos que violenta, pero él le volvió a besar, como su tratara de tranquilizarla o quizá exigirle que regresara a la acción. Ella se sujetó de sus hombros mientras que lo sentía acomodándose sobre ella, moviendo un poco las caderas, apenas notando la fricción en su interior por eso.
-Increíble… - susurró el sirviente en dirección del oído de la princesa, lamiendo su oído después de eso, percibiendo como era que la rubia comenzaba a hacer lo propio con su cuello. Rindió un poco la fuerza de sus brazos, recargándose sobre ella en un tipo de abrazo, manteniéndose así por unos momentos. Pese a toda la confusión pasada y quizá la que le esperaría después de esa noche, Allen se sentía sumamente tranquilo, sin necesidad de regodearse en el sentimiento de haber desvirgado a la mujer que amaba, solamente se sentía tranquilo de finalmente poder ser uno con ella, poder unirse en una forma tan íntima, amarla.
Volvió a besarla en los labios con pasión, levantando un poco el torso para verla de esta manera. Ella acarició su cara, sintiendo que tenía en sus manos el más preciado tesoro de su reino, el beso resultó más satisfactorio al ser menos -, como si trataran de cuidarse el uno al otro. Entonces se vieron a los ojos por unos instantes, sonriéndose amablemente.
Y entonces, como si fuera una clase de procedimiento ceremonial, Allen impulsó sus caderas una vez más, introduciéndose nuevamente a ella, procediendo de esta manera de ese momento en adelante, a un ritmo y fuerza que se iban acelerando. Ella solamente tumbó sus brazos hacia atrás, sintiendo todo su cuerpo temblar al ritmo de las penetraciones, y con ella rechinaban la cama que conocería ahora un nuevo movimiento al cual adaptarse.
Todo aquello se bañaba con la tenue luz de la luna, tornándose más fuerte, intenso y hasta cierto punto, bestial, pues los dos se reducían hasta el punto más barbárico de su deseo carnal. Solamente pasaron diez minutos, en todo momento Allen continuó dentro de Rilliane, causando tanto movimiento como le fuera posible, finalmente abrazándola con sumo cuidado mientras ella enterraba sus uñas de manera despreocupada en la espalda de él, gimiendo al unísono, sintiendo como si se derramase un fluido cálidos sobre ambos que puso en tensión sus cuerpos y luego la liberaron en el simple orgasmo con el cual sus cuerpos temblaron, musitando débilmente sus nombres, finalmente terminando. Terminó el sirviente dormido sobre su princesa, acariciando su delicado cabello rubio mientras que ella volvía a pasar sus dedos sobre la rajada epidermis que había dejado su pasión pasada.
Respiraron hondo, casi al mismo tiempo, estirándose un poco, removiéndose él de sobre el cuerpo de ella, finalmente recostándose a su lado y volviendo a besarle el cuello. Se mantuvieron durante unos instantes en silencio, juntando pocas veces sus labios antes de volver a verse directamente a los ojos.
-Lamento mucho lo que hice… - pronunció débilmente Allen, como si tratara de disculparse -No debí de haber procedido de esa manera, sin importar lo que hicieras para tentarme… debí de haber mantenido el estatus de respeto de un sirviente a un amo… admitió apenado, como si se hubiera aprovechado de ella.
-Oh Allen… - se enterneció ella por la forma tan sincera en la que trataba de remdendar todo -No te preocupes por nada de eso, sé que no fue tu voluntad hacer nada de eso- respondió ella, tomando su cara de nuevo entre sus manos.
-Lo ha sido, no puedo tratar de justificar nada de lo que he hecho solamente por mi instinto… he sido culpable de desvirgarla y violar el voto de celibato pues mi voluntad fue débil… - trató llevar al extremo el sentimiento de culpa al exagerar, retrayéndose dentro de si mismo mientras inconscientemente se alejaba un poco de la princesa, pero Rilliane lo detuvo, sujetando nuevamente su cabello y alcanzando a besarlo una vez más.
-No seas ridículo… - le interpuso ella tras separarse del beso -He dicho que no fue tu voluntad, porque he sido yo la que te lo permitió y te incitó a hacerlo- sus palabras fueron nuevamente claras, al igual que su mirada -No eres un transgresor, no harías nada para lastimarme, a menos de que supieras que es algo que deseo, te habrías detenido en seco, aun estando erecto frente a mí, si es que yo lo hubiera querido- le abrazó, sintiendo su tranquilo calor traspasando de un cuerpo al otro -Te agradezco que hagas todo esto, y no desearía hacerlo con ninguna otra persona en este mundo, pero entiende, que aunque creas que tienes el control, realmente no has hecho más que obedecerme en todo momentocomenzó a sentirse dormida sobre su pecho -Sigues siendo mío… y solamente mío, pero no te preocupes, me encargaré de que seas completamente feliz. Por ser un buen sirviente- y después de decir eso, solamente volvió a besarlo con delicadeza, recargándose luego en su cuello y durmiendo.
Allen permaneció unos segundos despierto, tan solo eso le pareció que fue el tiempo en el que tardó en razonar todo aquello. Por un lado, se sentía como si hubiera sido un objeto con el cual ella hubiera jugado, por el otro, esa exactamente como se sentía desde el inicio, la situación solamente cambiaba en que había sido parte de un trato de satisfacción mutua en donde él era quien debía de entregar no solamente su cuerpo, sino también su voluntad.
Luego de eso, recordó que ese, al final de cuentas, seguía siendo su propósito como sirviente, servir a su princesa en todo lo que ordenara. Quizá la idea no le parecería tan mala después de todo.
Fin.
Notas finales: Bueno, espero que hayan disfrutado la lectura, me ha tomado algo de tiempo, pero diría que la causa de esto es porque prácticamente no podía escribir fuera de la escuela, solamente en las horas libres, y con el acumulamiento de tareas, esto se volvía mucho más difícil, la ventaja es que los profesores han estado perdiendo la esperanza en nosotros, razón por la cual faltan a clases a propósito, la desventaja es que los compañeros de clases verían lo que escribo y sería complicado explicar lo que escribo. De cualquier forma, me las arreglé para lograrlo, y he aquí el resultado final.
Acerca del fanfic, debo de admitir que otro de los impedimentos para escribir fue porque las ideas en un lemon debe de ser continuas para poder lograr un buen efecto de fluidez y una continua narración. Por lo tanto, decidí que este capítulo no tendría la particularidad de tener el acto sexual como principal componente, sino que lo principal sería mostrar como Allen terminaba siendo manipulado por la princesa, siendo esto de un gran disfrute por parte del sirviente. Hasta cierto punto, sentía que fue difícil mantener el balance correcto en la historia, por un lado, si hacía demasiado libre a Allen, no tendría caso decir que Rilliane tenía control sobre él, y por otro lado, si Rilliane lo controlaba demasiado, cruzaría al territorio del sadismo y el masoquismo, algo a lo cual no deseaba llegar (aun).
Como sea, espero que hay disfrutado de la lectura, y prometo que en poco retornaré a la historia de "¿Cómo puede el amor ser algo malo?" para darle su merecido a Rin, debido a que muchos lectores han explicado su aversión hacia ella por lo inmadura y caprichosa que es, e incluso odio, en caso de considerar que lo que hizo no tuvo consecuencias, y que Len debería de estar con Luka. Qué curioso, ¿no? Volví a Rin la villana y a Luka la victima de telenovela.
Solo un aviso acerca de mi cuenta de Facebook, en la que algunas personas, más que nada amigos cercanos y conocidos casuales, solían hablarme, la cuenta me fue deshabilitada, supongo, por acto de un grupo de odio que se encargó de joderme. Hace un par de días, más o menos por el día sábado tres, o mejor dicho en la madrugada de, tuve una conversación con alguien a quien yo había considerado una amiga apreciable. Durante un tiempo me negó la oportunidad de volver a agregarme por Facebook, pero respondía ocasionalmente a mis mensajes sin mucha dificultad, y pese a que seguían las molestias, jamás se molestó en bloquearme o en expresar su desagrado hacia mi o pedir que dejara de mansajearle, en lugar de eso, mandó a cuatro personas que comenzaron a insultarme, degradarme, y lanzar cuanto insulto se les ocurriera, incluso pedir que me suicidara de una buena vez, al parecer porque yo no era más que una patética escoria. Pese a que decían que mi vida o mi muerte autoimpuesta no les importaban, continuaron molestando por bastante tiempo, hasta el punto en el que creo que debieron de haber denunciado la cuenta por no ser de una persona real, debido a que poseía el seudónimo de "Li Kagamine". Sospecho por estas causas ligeramente circunstanciales que fueron ellos. Volveré a abrir la cuenta de Facebook, y mantenerme lo más lejanamente posible de esa clase de personas, así como de esas personas quienes se identifican como "amigos" o "personas fieles". Lo único que quiero señalar en este caso, es que me sorprende bastante que esa clase de personas actúen así, haciendo cosas como esas en contra de gente que no conocen. Llamarlo
"cyberbulling" solo les daría más motivo para hacer más burla de mi persona, por lo que puedo dejar este episodio en nada más que una entretenida experiencia, ni siquiera divertida, pues era como tratar de razonar con un montón de niños enojones con limitada escritura y pésimos modales. Solo señalar que, en esta época sigan existiendo personas quienes siguiendo una moda de grupo, degradan, insulta, y desean la muerte a otros sin conocerlos, sin considerar que también son seres humanos, sin importarles que consecuencias pueda tener eso. Por primera vez miro con lástima a la generación que le sigue a la mia.
En fin, antes de finalizar este capítulo, quiero dedicarlo a una amiga muy apreciable por su cumpleaños que fue el 26 de septiembre, sé que ha pasado un buen rato, pero ya he explicado el porqué de mis retrasos. Esta historia la dedico a mi amiga Fey Rios, quien siempre logra alegrarme incluso cuando me siento más en el fondo del abismo :) una persona muy positiva para mí. Quería dedicarle también el capítulo a otra amiga, una escritora, pero creo que será mejor reservarle la dedicatoria para un capítulo en el cual ella me ayudó con su hábil consejo.
Bueno, habiendo dicho todo, solamente quiero agradecer a quienes dejaron review en el capítulo pasado, si desean compártanlo, sé que a muchas personas les gusta el Lemon de LenxRin.
Y por cierto, espero regresar a la página de Rin Len Doujinshis, algún día…
Me despido.
Bye-._
P.D.: Por cierto, esta va a ser una trilogía, es decir, las historias de Rilliane y Allen, en la siguiente la cosa se pondrá mucho mejor en el sentido voyeristico de la palabra.
