Día uno

Cosas de adultos

Vocaloid no me pertenece

Sobrellevar la vida de casados había sido una de las mejores aventuras para Len y Rin Kagamine. Se había logrado casar, inclusive siendo hermanos, después de una batalla legal, y gracias a las precauciones poco tomadas, había logrado tener ya tres hermosos hijos, cada uno tan adorable y amado como el anterior. Tener una familia grande les había llevado a tener la necesidad de una gran casa, y una gran casa requería de al menos dos trabajos para mantener todo en orden. De esta manera, Len y Rin tenían que trabajar en las mañanas, mientras sus hijos eran cuidados por sus padres o algún otro familia. Gracias a todo eso, sus tardes estaban ocupadas en un cien por ciento en el cuidado total de lo que su amor había producido, de cada uno de sus hijos.

A Len le encantaba poder ayudar a Vigo, su primogénito, a hacer la tarea durante las tardes, después de salir, y adoraba como él siempre era tan inteligente como para desear hacer todas las cosas él solo, metiéndose en matemáticas e historia y demás disciplinas que no correspondían aun a su grado hasta terminar cansado de tanto pensar. Después de eso, se encargaba de ayudar a Kiiro y a Shino con sus pequeños asuntos. Kiiro aprendía de palabras y pronunciaciones, mientras que Shino, por su condición, aun aprendía a leer con los dedos, volviéndose cada día más rápido en identificar palabras y caracteres.

Rin se encargaba de hacer otras cuantas cosas en la casa mientras que en la hora de la preparación de la comida, ambos se ayudaban, más que nada porque las habilidades culinarias de Rin no eran mejores que las de Len. Si los niños terminaban sus deberes al llegar a su casa, les dejaban jugar un rato, Vigo salía de vez en cuando con sus amigos o jugaba en casa, mientras que Kiiro y Shino daban vueltas por toda la casa, jugando con lo que encontraran o buscando lugares oscuros en donde meterse para poder pretender que ninguno de los dos veía nada, siendo Kiiro siempre quien guiaba al menor por todas partes.

Todo aquello les daba apenas el tiempo necesario para poder disfrutar de sus propios cuerpos. Aun no eran demasiado mayores como para que sus cuerpos se deterioran, Rin, pese a tener casi treinta, parecía ante los ojos de Len casi como una adolecente, y Len, por la madurez de su cuerpo, había desarrollado el tamaño y el músculo que Rin siempre había deseado. Deseo no les faltaba, simplemente tiempo.

Así que esa misma tarde, cuando Kiiro y Shino se quedaron dormidos en la sala, y Vigo había salido a jugar al jardín, Len había terminado de preparar la comida, algo de carne de res y vegetales de manera simple, mientras que Rin prefería cocer algo de arroz y

prepararlo para la hora de la comida. Ambos trataban de centrarse en el trabajo, pero tras unos minutos de no escuchar nada, Len escuchó que ya ninguno de los niños hacía ruido. Se levantó de su lugar y fue a cerciorarse de que todo estuviera bien, solamente para comprobar la condición de la que gozaban.

-¿Len, estas seguro de que los niños están a salvo?- preguntó mientras que se asomaba por el pasillo para ver que ambos de los menores estuvieran dormidos, seguía siendo demasiado sobreprotectora.

-Sí, y Vigo está recogiendo insectos en el jardín, así que podemos quedarnos tranquilos- trató de colocar las cacerolas en el fregadero sin quemarse, para después, voltear a ver a su gemela aún distraída con sus asuntos.

-Bueno, vamos a tener un rato para descansar en lo que despiertan, así que podríamos… - se detuvo en mitad de la oración al sentir a Len abrazándola por la espalda, colocando su cara contra la espalda de la chica, respirando con fuerza y dejando salir su cálido aliento sobre su cuello.

-Si… un buen rato a solas entre los dos… - susurró Len contra el oído, colocando sus piernas a los lados de la mujer de manera un tanto dominante, apretándola más contra sí mismo mientras que sus manos se volvían cada vez más traviesas.

-Pero no tenemos tanto tiempo… - respondió ella mientras trataba de quitarse las manos de su esposo de la cintura -Además de que tenemos que terminar la comida… y los niños pueden despertar en cualquier momento- dijo con su respiración comenzando a agravarse, aquella forma en la que le sujetaba con fuerza la motivaba bastante más de lo que podía admitir, más aun cuando respiraba sobre su cuello y por la forma en la que Len comenzaba a acariciar sus pechos por debajo del delantal.

-No importa, tenemos el tiempo suficiente, sé que para ti a veces basta solo un instante- comenzó a besar su cuello con poca delicadeza, dejando obvias marcas enrojecidas en su piel, mientras que ella solamente podía limitar sus suaves gemidos, sin querer que estos pudiesen despertar a sus hijos. El sonido de la estufa se había detenido, al dejar que el arroz se enfriase; ella solo se sostenía contra la barra, lamentando que fuera tan débil como para que un simple abrazo y unos besos le hicieran desear entregarse a él.

-Si vas a hacer algo… trata de hacerlo rápido- contestó ella, sonrojada y levantando sus manos para soltar el delantal, pero Len la detuvo.

-No hagas eso, me encanta el delantal, es parte del momento- Rió él mientras que una de sus manos se aventuraba a la parte de abajo del suéter de Rin, dejando que la otra levantara la falda, acariciando sus piernas y sus medias largas.

-No sabía que te motivaban esta clase de… aventuras - respondió Rin moviendo su propia falda, levantándola y permitiendo que Len paseara sus manos a su ropa interior, pero no demasiado, para no exponerse a posibles miradas de terceros.

-Claro que sí, ya lo habíamos hecho en la cocina una vez… ¿Recuerdas ese día siguiente a Navidad, cuando teníamos dieciocho?- remembró una de sus lejanas aventuras juveniles, teniendo tan vívido el recuerdo que solo le motivaba más más a besar y a acariciar.

-Si… recuerdo ese día, me llenaste de chocolate… - no se atrevió ella recordar todo el asunto por la mera pena que tenía de sus días de ser una principiante en todo ese asunto, solo permitió que la siguiera tocando, ahora sintiendo la mano de este introduciéndose en su ropa interior.

-No solamente fue chocolate de lo que te dejé llena- contestó él con una sonrisa al acariciar sus dedos sobre el área más sensible de la mujer, sintiéndola temblar tan pronto como sus manos se volvieron más rudas en el punto justo del clítoris.

-¡Idiota… no digas esa clase de cosas! Alguien… podría escuchartrató de defender ella a su sentido de la decencia, pero por la posición en la que ella él le había hecho quedar, no se sentía demasiado capaz de esto.

-Tranquila, estamos en la privacidad de nuestro hogar, nuestros hijos descansan en paz, y no somos más que una pareja de casados disfrutando de su tarde tranquila- él seguía frotando en el espacio de su entrada, entre aquellos labios de su lugar privado, dando especial atención al clítoris, permitiendo que se sintiera la humedad bajando a la palma de su mano, mientras su otra mano había logrado escabullirse para un lado del corpiño, satisfaciendo el deseo de tocar sus bien desarrollados senos, que por tantos año había visto crecer.

-Ni lo menciones… nunca pensé llegar a hacer esto, siendo madre, estando en la cocina… - quiso decir algo más, pero comenzó a sentir que solo repetir esas palabras en su mente la hacían llegar a su límite.

-Lo sé, es algo en lo que no podría pensar normalmente sin negarlo al instante… pero hacerlo de verdad es excitante- Comenzó a frotar su miembro, abultado en su pantalón en contra de la falda de su hermana, lamiendo su cuello y continuando con el trazo de saliva hasta su mejilla y luego besarla de manera plena.

En ese instante se escuchó como Vigo entraba a la casa y empezaba a gritar algunas cosas con la típica emoción de un infante, pidiéndole a sus hermanos menores, presumiblemente ya despiertos, que vieran al enorme escarabajo que había encontrado. Rin trató de separarse del beso y del toque, pero él la sostuvo, presionando con algo más de fuerza en ella, saboreando sus lenguas mutuamente, causando que ella se corriera de manera silenciosa, mojando la mano de su esposo con el fluido de su excitación. Se separaron, dejando que la saliva de sus lenguas se derramara sobre sus barbillas, siendo Len quien continuó lamiendo, mientras que Rin cerraba los ojos, respirando con fuerza, tratando de llenar sus pulmones lo más rápido posible, tratando de reponerse mientras se apoyaba en la barra de la mesa.

-¡Mamá, papá, miren el escarabajo que encontré!- gritó el pequeño Vigo mientras que Len retiraba sus manos y acomodaba todo en su lugar, el suéter, el delantal, la falda, y dejaba que ella se pusiera de pie.

-¡Qué lindo!- exclamó Rin mientras que se levantaba y fingía que nada pasaba, rascado sus mejillas para no tratar de mostrar su intenso rubor -Seguro es de esos que pueden cargar rocas, y que la gente los usa para pelear entre ellos- se acercó a su hijo y levantó la caja en donde había capturado al enorme escarabajo rinoceronte, que se golpeaba contra los lados del plástico trasparente.

-¿En serio la gente usa de esos para pelear?- preguntó él emocionado con sus hermanos menores siguiéndolo, Shino asustado debido a que para comprobar su existencia, lo había sostenido con la mano, sorprendiéndose por el mecánico movimiento típico de los artrópodos.

-Sí, así es, podríamos conseguir a otro para que se enfrenten, de todos modos, es inofensivo para ellos ¿Verdad Len?- le preguntó ella a su hermano, quien aún limpiaba su mano con cuidado, y ocultaba cualquier rastro indebido ante sus hijos.

-Claro que sí- afirmó él mientras trataba de respirar, podía controlarse en ese momento, pero trataba de no dejar rastro alguno, ni siquiera una pequeña mancha en su pantalón beige.

-Puedo quedarme con este, y entrenarlo, hacer que cargue pesas y gane cualquier pelea- comenzó a emocionarse el pequeño primogénito, al lado de su hermano pequeño, quien trataba de sacar al escarabajo de su encierro.

-No creo que sea posible entrenarlos, recuerda que los escarabajos no tienen músculos, tiene exoesqueletos, por lo tanto, son… - dijo esperando a que su hijo completara la trivia.

-Son… ¡invertebrados!- atinó por su agilizada memoria, para luego ver como Kiiro había colocado el escarabajo sobre la mesa de la cocina, yendo a perseguirlo para proteger a su nueva mascota.

El resto del día se llevó a cabo con la comida, una cena ligera un par de horas después, y un par de peleas de escarabajos en las afueras de la casa. Len y Rin jugaron como siempre con sus hijos, llegando hasta el cansancio cuando Shino y Kiiro comenzaron a correr y a hacer carreras, alrededor de la casa, y para evitar que se lesionaran, Len los persiguió a ambos por toda esta.

Ambos se cansaron a más no poder, y en la noche, en especial Len, había terminado tirado sobre la cama sin poder hacer demasiado más que relajarse por la tranquilidad del cuerpo tras la ducha. Escuchaba a Rin dando la respectiva limpieza de su cuerpo, chiflando una tonada conocida y lenta.

Quedando casi dormido, escuchó que la puerta se abrió, y sin haber esperado una sorpresa, abrió sus ojos para ver a su esposa, encontrándola en un simple vestido rosado, corto hasta el espacio en donde terminaban sus caderas, y ligero y ajustado, causando que sus pechos se amontonaran en la parte frontal, exhibiéndolos con sutileza y sensualidad.

-Hace mucho que no te ponías el vestido de satín rosado- dijo Len mientras que volteaba a ver a la puerta, cerciorándose de que estuviera cerrado -Si tenías tanto calor, podrías simplemente dormir desnuda- le recomendó sin dejar de verla de arriba hacia abajo y de vuelta hacia arriba, gozando cada detalle.

-Yo sé que disfrutas más cuando se deja algo a la imaginación- dijo ella acercándosele, colocándose frente a él a la orilla de la cama, fijando su mirada en la entrepierna de su amado esposo, deseando observar hasta la más mínima de las variaciones en el tamaño de su miembro bajo el ligero short que él usaba para dormir.

Para los siguientes minutos, siguió la corta pero ansiada situación en la que Rin se dirigía de manera seductora hacia Len, recostándose en sus piernas tras unas cuantas caricias que bajaban desde los pies de su esposo, acariciándolos con el cariño con el que lo hacía a aquel joven de quien se había enamorado, besando sus piernas como si ese fuera el premio por haberla hecho disfrutar. Sabía muy bien que ambos tenían casi los mismos puntos sensibles, y por lo tanto la sola caricia del muslo o la parte superior a este, podía poner a su gemelo en un estado placentero y un tanto sumiso.

Pasó sus manos por debajo del short, por los orificios de sus piernas, acariciando la parte media de su entrepierna, para después colocar su barbilla directamente contra el miembro del chico, pasando sus labios por sobre la tela, comenzando a bajarla delicadamente.

Los siguientes cinco minutos procedieron con la felación matrimonia, como le gustaba llamarlo a Rin, sentirse como una servidora de su esposo y darle placer con la boca, tanto como a Len le gustaba hacerlo a ella de vez en cuando la llenaba de absoluto placer, era ese el mejor momento en el que le gustaba sentirse sumisa, acariciando con una mano la cintura de su amado mientras con la otra sus dedos se entrelazaban, en una muestra de confianza y absoluta complicidad.

-Rin… me encanta cuando eres tan asertiva- se rió mientras que comenzaba a sentir la boca cálida y húmeda de su esposa, introduciendo el miembro con suma profundidad. Ella lo hacía muchas veces, solamente como un mero capricho, deseaba sentir el miembro de su esposo dentro de su boca, el sabor, la pulsación, gozaba el hecho de ser ella la única que lo sentía, y la única que podía provocar que Len quedara en ese estado de éxtasis absoluta. Gracias a los años haciéndolo, podía ignorar el acto reflejo de su cuerpo, introduciéndolo más aun de lo que habría podido antes, rozando casi el fondo de su garganta. Y pensar que aquello lo había intentado cuando tenían casi la mitad de la edad que tenían en ese momento, pero no dejaba de ser algo tan sucio, tan disfrutable, y enervante por sobre todo.

Finalmente Len eyaculó, sintiendo como Rin se movía con algo incómoda al tragarlo, como si el líquido fuera su alimento primordial, succionando continuamente incluso después del orgasmo. -Rin… dame un descanso… voy a volverme loco si lo sigues succionando… - susurró Len con su voz temblorosa, sintiendo que tras haberse corrido poco más tendría que darle a su amada, quien parecía no tener descanso.

Ella se separó, contemplando el miembro ahora flácido y lleno de saliva de su gemelo, mientras que su mirada subía y lo miraba a él, derrumbado contra la cama, como si estuviera desecho, vulnerable, completamente a su merced, tan débil y tierno como cuando tenían quince años y ella comenzaba a experimentar con su boca, descubriendo que podía volverlo en esa masa gelatinosa y sumisa que era ahora, cubriendo su cara ruborizada y sudorosa con una mano, mientras la otra descansaba sobre su pecho, como su tratara de cerciorarse de que seguía respirando.

-Nada mal… - susurró Rin mientras que dejaba salir una bocanada de aire, gozando el sabor curiosamente salado del producto de su hermano en su boca -Se nota que te estuviste conteniendo- se acercó a él, pero en lugar de comenzar con alguna otra actividad, solo rodeó sus manos por su cuello, recostándose ladeada contra el torso inestable pero constante en respiración, besando su mejilla, dejándolo descansar.

Solo unos minutos fueron necesarios para que Len s calmara, retirara el brazo de sus ojos y volviera a ver a su gemela -No había podido liberarlo hasta ahora… de verdad me tuve que contener cuando estábamos en la cocina- confesó mientras adoptaba su posición para dormir con ella, juntando más las piernas flexionadas, y sus manos abrazando la espalda y la cintura de su esposa -Pero amé como lo hiciste… Rin, eres la mejor hermana y esposa que podría tener- dijo mientras que la besaba en los labios cansado hasta el punto de desfallecer, pero deseando mostrarle cariño singular como el que solo ellos dos podían tener.

Guardó su miembro usando su mano mientras que con la otra mano se ocupaba de apagar la luz del cuarto, permitiendo que ambos estuvieran en la cómoda oscuridad, respirando y volviendo a besarla con ternura, pasando ahora sus dos brazos alrededor de ella Gracias, y tu el mejor esposo y hermano del mundo- había algo exquisito en decirlo de esa manera, en hablarse de hermanos mientras que entraban en sus estados de excitación y de pasiones primarias, algo que solo ellos dos podían entender y gozar, y era eso mismo de lo que quería hablar con él -Sabes… no me había corrido de esa forma en un buen rato… se sintió distinto- trató de acercarse al tema de manera delicada.

-¿Distinto? ¿Te refieres a que sentiste algo nuevo?- quiso él indagar en el asunto, pues de igual manera le había parecido algo demasiado novedoso para no mencionarlo. Estaba más que interesado en continuar con ese nuevo descubrimiento.

-Sí, fue algo distinto… incontrolable… me hacía desear más y más, que fueras tu quien me lo hiciera sin detenerte- comenzaba a dejar salir parte de su deseo profundo mientras que Len la miraba algo incrédula por la forma en la que su voz se ponía más sensual en cada instante.

-¿Te gustó más que lo que normalmente hacemos? ¿Te gustó más estar a punto de follar en medio de la casa a estar haciéndolo en la cama?- comenzaba a mostrarse firme con su deseo de verla de nuevo de aquella forma, solo sosteniéndola más contra si mismo, como si con esas preguntas tratara de proponer algo nuevo.

-No, no digo que haya sido mejor, solo fue distinto… hacerlo en la cama, entre las sábanas, también tiene mucho encanto para mirespondió rápidamente para no hacer creer que lo anterior no había sido inferior a lo nuevo, aunque su hermano no parecía verlo de esa forma -Solo quiero decirte que me encantó excitarme de esta manera contigo, y que desearía que lo hiciéramos más- puso su cara contra el hombro de su esposo, besándolo mientras cerraba sus ojos.

-Si… pero fue arriesgado, no me habría gustado que los niños nos descubrieran… - admitió él apenado, sintiendo la excitación bajando un poco mientras pasaba su mano por la frente de su hermana -De otra forma, me encantaría volver a hacer algo similar… volver a ponerte de la misma manera que antes- movió su cara y la juntó con la de su hermana, besándola de manera profunda nuevamente.

Después de ese beso, él solamente se colocó sobre ella de manera un tanto dominante, no para volver al punto de ser amantes, sino solamente para disfrutar de ella, mostrarle un poco más de cariño entre las caricias que tanto se daban. -Podemos volver a intentarlo… - se apresuró a decirle mientras que se separaban, tomándolo de los hombros -Digo, no exponer a los niños a ver algo así de nuevo… pero deberíamos tratar de volver a ese riesgo de antes, ¿Recueras cuando nos escabullíamos juntos al baño sin que el Maestro se diera cuenta, y hacíamos todo lo que se nos antojara cuando no había nadie más en la casa?- le preguntó de manera tentadora, tan bellos recuerdos y formas en las que lograban excitarse en algunas ocasiones, a veces solo bastaba que Rin acariciara con su dedo el ombligo de Len mientras este estaba distraído para iniciar algo que debían de terminar en esa misma tarde.

-Al final resultó que el Maestro sabía de eso todo el tiempo- recordó mientras que colocaba su mano sobre los ojos por la vergüenza de pensar en el día en el que se percataron de aquello -Esos eran buenos tiempos, pensábamos demasiado en cómo tener sexo… lo hacíamos bastante y era emocionante- tuvo que admitir de manera similar mientras ella acariciaba su pecho.

-Y ahora se siente diferente, quizá porque ya no existe el riesgo que había antes, ahora todo es legal… - quizá sin pensarlo mucho, Rin se expresó de esa manera, besando la mejilla de su hermano nuevamente -Pero estar juntos, sin necesidad de tener que escondernos de la sociedad o nuestra familia, vale miles de veces más que cualquier aventura… - dicho esto, no escuchó respuesta de Len, él ya tenía sus ojos cerrados, y ella misma lo siguió, sintiendo su corazón latiendo tranquilamente a la par de él de su esposo, como si su cuerpo estuviera hecho de plumas y la cama los llevara como el viento en el cielo.

El lunes siguiente se encontraban repitiendo sus rutinas del día a día. Len se despertaba primero, levantaba a Vigo para que se fuera a lavar los dientes, y luego regresaba por Rin, para poder hacer que ella se levantara. Ambos entraban en el baño, y como siempre, se bañaban a la par, casi siempre manteniéndose demasiado somnolientos como para poder hacer cualquier otra cosa que no fuera enteramente asearse.

Luego de eso, se vestirían a medias, dejando sus corbatas sin anudar y sus cabellos sin peinar, Len bajaría a hacer el desayuno mientras que Rin se encargaba de despertar a Shino y a Kiiro, ayudando al primero en sus ejercicios matutinos, con los que le ayudaba a reconocer y recordar sonidos a su alrededor, para después bajarlos a los dos, en donde ya estaba Vigo al lado de Len, cocinando en conjunto, siendo el menor un buen aprendiz de las habilidades culinarias de su padre.

Después de eso, los preparaban para la escuela, guardando sus útiles escolares y apresurándose a llevarlos a la escuela primaria, primero a Vigo, y al jardín de niños a los otros dos pequeños, cada uno a un edificio separado, siendo que Kiiro ya había iniciado con su educación preescolar, mientras que Shino recibía un cuidado especial, al lado de otros niños, con la necesidad de poder hacer que conviviera con los demás.

Luego de eso, llamaban a sus padres, quienes aseguraban que los cuidarían desde el momento en el que salieran de la escuela hasta que ellos llegaran del trabajo y pudieran reunirse como familia. Eran planes algo trabajosos, pero siempre funcionaban con sus hijos. Pero afortunadamente, Rin tenía un plan distinto. Todos los días en la oficina eran casi iguales, Len y Rin, por obra de un poco de manipulación de las reglas, acabaron por darse el lujo de trabajar en la misma oficina, rodeados de las cuatro mismas paredes, aunque de por si era una oficina reducida, y sus escritorios tenían que estar uno frente al otro, disfrutaban poder charlar en sus ratos libres, pasándose a escondidas notas con mensajes de amor u otras cosas que se considerarían más indecentes, e incluso, en momentos discretos, acariciarse de alguna forma que no pudiera ser percibida desde el exterior, aunque nunca habían ido demasiado lejos.

A la hora de la comida, ambos iban a la gran cafetería del lugar, comiendo lo que ellos mismos habían preparado. Len siempre trataba de mantenerse profesional, pero Rin, aprovechando los momentos en los que sus compañeros de trabajo no los veían, solamente para acercarse milimétricamente a su hermano, hasta acabar pegado a él, y luego dándole de comer directamente en la boca, usando una cuchara o palillos para hacerlo, mientras este solo renegaba un poco, y hacía lo propio con ella, alimentándose mutuamente, como si fuera algo completamente normal.

La hora de la comida terminaba cuando Rin recibió una carta por parte de uno de los compañeros de mensajería, quien prefería no entrometerse en sus asuntos incestuosos, cosa de la que ya toda la empresa estaba enterada desde el momento en el que habían entrado. Len miró la carta con atención mientras que Rin la colocaba sobre su vaso.

-Rin, creo que has recibido un mensaje importante- le recordó su hermano como si fuera necesario, tomando la carta marcada al nombre de su hermana y abriéndola como si fuera para él, sin que siquiera su hermana interviniera en una sola palabra -Rin… aquí dice que es imposible que asistamos al curso de capacitación trimestral… porque ya habíamos asistido- dijo mientras seguía leyendo mientras que su hermana se reía.

-Vaya, mi plan funcionó… - dijo sin sorprenderse demasiado, tomando el resto de su bebida y comenzando a levantarse -Solicité un espacio de tiempo para poder realizar los cursos en tiempo extraordinario, como las personas que se habían retrasado, pero gracias a que ya los habíamos realizado, nos han rechazado la petición- tocó el hombro de su hermano, quien seguía leyendo de manera sospechosa.

-Pero entonces, tenemos el horario programado para asistir de manera extra a los cursos, pero no podemos, ¿o sí?- preguntó comenzando a tener un poco de sospecha acerca de lo que había estado planeando su hermana.

-Podríamos asistir de nuevo, pero no recibiremos sanción de parte de nadie… - conforme a que él se levantaba, ella le acomodaba un poco la corbata, desajustándola para permitir que él estuviera más fresco, soplando un poco dentro de su camisa como si quisiera inflar un globo, solamente para verlo sorprenderse -Lo que significa que tenemos toda una semana entera con dos horas libres antes de salir del trabajo… y tener que ir por los niños- él la miró con asombro, solamente porque sabía que ella había buscado esa clase de huecos dentro del trabajo para ganar tiempo libre.

-Entonces, solo querías salir temprano del trabajo, ¿Eso era todo?Preguntó preocupado de manera verdadera -Sabes que terminarán descontando una hora de cada día dentro de nuestros pagos, ¿Verdad?- se seguía preocupando mientras caminaban más el uno junto al otro, entrando a su oficina para recuperar sus maletines.

-Len, ya lo sé, pero creo que es importante darnos nuestro tiempo para nosotros mismos, ¿No lo crees?- fue ahora ella la que se comportó de manera defensiva, tomándole la mano a su hermano mientras que él se mostraba acusador, incluso levantando su dedo frente a ella.

-¿Quieres que tengamos un rato juntos? ¿Eso es todo?- preguntó mientras que salían del edificio, caminando por los jardines frontales del edificio, no sin antes acercarse a una máquina de bebidas y comprar algo extra para evitar que el calor les asfixiara.

-Sé lo que dirás, que podríamos tener nuestro rato libre si es que los niños se quedan más rato con nuestros padres, es solo que de verdad quiero satisfacerte tanto como tú lo hiciste conmigo el otro día, y siento que para eso deberíamos de tener un rato libre extra para nosotros- le exigió tratando de lograr convencerlo de que el plan no era un terrible error. Se sentaron juntos en una de las bancas del jardín, junto a la cual había un árbol que desplegaba una disfrutable y casi celestial sombra en comparación del terrible sol que los bañaba.

-Quizá podríamos darnos el lujo para la tener alguna escapadacomenzó él a ceder, sintiendo como su esposa se recargaba en su hombro -Pero me hace sentir mal esto de escapar del trabajo para tener sexo… - se sonrojó un poco al decir aquello, algo plenamente notado por Rin.

-Exacto, eso lo hace más disfrutable, ¿No crees? Saber que debería de estar prohibido para nosotros, y aun así disfrutarlo- acercó su rostro al de su gemelo, para ese entonces, como siempre era necesario estar frente a una pantalla, ambos usaban anteojos, y estos se tocaban por la cercanía. Fue entonces cuando Len entendió que Rin buscaba despertar esa excitación que tanto los había enamorado años atrás, el deseo a lo tabú -¿Quieres ir a tener sexo salvaje con tu hermana?- le cuestionó de manera lenta, con un susurro al oído, sintiendo como se tensaba rápidamente.

Primer día.

Los pasos siguientes entre la cuestión a la acción, fueron tan veloces que se volvieron casi olvidables. Se apresuraron, casi a trote, a un hotel de amor que había en las cercanías, pidiendo una habitación normal y corriente, sin temática alguna, y solo por las siguientes dos horas. Entraron y dejaron sus maletines de lado, y antes de que Rin se quitara su saco, Len se abalanzó sobre ella, besándola tiernamente en contra de un sofá individual que había a un lado de la puerta de entrada. Ambos vestían de traje normal, Rin con una falda que era lo que distinguía su traje del de su hermano, y que ahora era el objetivo de las manos de este, pasando sus manos por debajo de esta y acariciando de manera casi furtiva la parte de abajo. Rin solamente se había sentado de manera cómoda, recargando su espalda contra el respaldo, mientras que Len la presionaba, ahora con un poco más de suavidad.

-¿De verdad tenías ganas de hacérmelo con esta ropa?- preguntó ella mientras que Len solamente abría las camisas de ambos, sin intensión de retirarla del todo.

-No vamos a recurrir a la vieja fantasía de hacerlo en la oficina, ¿o sí?- se encargó de abrir el corpiño de su esposa, dejando que sus pechos de gran tamaño cayeran voluptuosos con la delicia que él sabía disfrutar, colocando su cara entre los pechos, lamiendo pacíficamente el espacio entre los senos.

-Len, podemos hacer lo que tu quieras, recuerda que esta es tu fantasía… - se rió ella mientras que levantaba las piernas, dejando caer sus zapatos al lado del sofá, esperando a que Len hiciera lo que quisiera.

-Si de verdad podemos hacer lo que quiera… tienes que asegurarme que me dirás en cuanto te sientas incómoda, o en cuanto haya algo que no quieras hacer- contestó Len, respirando con dificultad, tras haberse separado de ella.

-¿Qué clase de advertencia es esa?- cuestionó ella con diversión Sabes que no me acobardaré en esto, quiero complacerte de todas las maneras posibles- dijo con confidencia, mirándolo a los ojos, extendiéndose un poco en el sofá, pero Len le detuvo, bajándola un poco más mientras que abría su bragueta.

-De acuerdo… entonces, ¿Puedo ponerlo entre tus pechos?- sacó su miembro completamente erecto mientras que respiraba con algo de dificultad, pues era la primera vez que podía expresar esa fantasía a la mujer que más amaba. Tantos años desde la primera vez que había visto ese acto en simple pornografía de lápiz, y tanta curiosidad por saber que se sentiría, pero la edad y el deseo le hicieron ignorar esos impulsos que tenía por un par de pechos, concentrándose solamente en las otras cualidades que tenía su gemela para lucir. Conforme pasaron los embarazos, su busto siguió creciendo más y más, pero Len era demasiado tímido para hacer más que la simple caricia, encontrando a Rin incomodarse cada que procedía a lamer la punta de aquellos preciosos montes de carne, encontrándolo contraproducente en los momentos de intimidad, por la estreña relación al amamanto.

Rin no iba simplemente a negarse, pese a lo raro que le pudiera parecer, ya había hecho la promesa, e iba a cumplirla. Tomando el miembro de su gemelo, lo frotó contra uno de sus pezones, provocando que este se encorvara a causa del placer. -Siempre supe que eras un amante de los pechos grandes, pero me alegra que me hayas deseado incluso cuando era tan plana- le dijo mientras usaba su mano para apoyar su seno y realizar un movimiento circular alrededor de la punta del grande, permitiendo que ambos se humedecieran del fluido pre seminal.

-No… te equivocas, esto siempre lo quise hacer contigo, incluso con tus pechos pequeños- contestó él mientras que respiraba entrecortado, solamente viendo el giro de manera lenta y sensual, para después mover sus propias caderas, rozando con más fuerza, sin siquiera percatarse de lo mucho que había logrado sonrojar a su gemela.

-De acuerdo… pero con mis pechos pequeños jamás habría podido hacer esto- se acomodó un poco, colocándose más debajo de la entrepierna de Len, acomodando el falo entre sus pechos, luego sujetándolos y presionando este entre ambos. Len dejó salir un suspiro, solamente viendo como la punta del glande salía por la parte superior -¿Qué tal se siente?- preguntó ella mientras bajaba su lengua sobre la erección y derramaba un chorro de saliva sobre este, lubricándolo.

-Rin… la presión… tus pechos son perfectos para hacer esto- dijo él mientras empezaba a mover sus caderas, presionando su miembro entre esas dos enormes masas, empujando y retrocediendo, simulando una penetración, viendo como la cabecita llegaba hasta la boca de su amada hermana y esta la lamía con lujo de sensualidad.

-Muévelo tanto como quieras… - pronunció Rin con dificultad, usando solo una mano para sostener su seno, mientras que la otra mano estaba ocupada sosteniendo la de su gemelo, temblorosa y quizá insegura, no buscando lastimarla o aplastarla, entrelazando los dedos en un símbolo de confianza como el que siempre se daban en sus instantes más íntimos.

-Es imposible que soporte más, Rin… creo que voy a explotar… dijo Len, no en un grito, sino en un gemido agudo, incrédulo de aquel placer que hacía enrojecer su pene, casi al punto de sentirlo como si estuviera hecho de metal puro a punto de fundirse de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, ahora sentía la fuerte presión desde sus caderas, y se acumulaba en la parte inferior de su entrepierna, detrás de sus testículos que golpeaban contra el pecho de su hermana, sentía que estaba cerca, la calidez y el espesor del semen se comenzaba a acumular, y solo podía ver a los ojos de su hermana, quien se esforzaba en mantener la sanidad, hasta el punto en el que incluso ella comenzó a jadear, logrando que su humeo aliento se hiciera percibir en él, dando una última estocada.

Cerró los ojos, sus piernas temblaron, y un reflejo le hizo cerrar un poco más sus piernas, cortando la respiración de su gemela por unos instantes. Jamás en su imaginación, en sus profundas y realizadas fantasías, habría imaginado el enorme chorro blanquecino que salió disparado de la punta de su miembro, aterrizando no solo en la boca abierta de Rin, sino también esparciéndose gloriosamente por la cara de ella, provocando que cerrara un ojo mientras la más larga de las tiras de semen caía sobre su mejilla, su párpado, y manchaba incluso su cabello, sobre los pequeños sujetadores que siempre usaba; y el esperma seguía saliendo, en chorros cada vez menos abundantes hasta volverse gotas más bien semitransparentes, manchando los labios que se esforzaban en capturar su esencia cuando esta salía disparada, llenando tanto así su mandíbula como su cuello.

Cayó de lado, recargándose en el sofá, aun mirándola, aun sosteniendo su mano, permitiéndose flotar tanto en ese maravilloso éxtasis que ella le había regalado con su parte más íntima, manchándola en lugares que ella jamás se habría atrevido a manchar, olfateando el profundo aroma de su semilla que estaba esparcido por toda ella.

-Len… ¿De verdad te llevabas tanto tiempo conteniendo?- preguntó ella mientras pasaba sus dedos por el espacio entre sus pechos, comprobando allí igual la presencia de la apreciada semilla de su gemelo.

-No sé, jamás había hecho algo así, perdón por estallar de esa forma- se disculpó mientras se acercaba a ella, lamiendo la mejilla y su propio producto de la excitación, ya sin ninguna vergüenza, pues creía firmemente que si ella era capaz de consumirlo, él igual podía hacerlo sin dudarlo. Volvió a besarle, compartiendo el sabor de él durante un tiempo, separándose con la mirada clavada el uno en el otro.

-Len… aún nos queda un rato antes de volver… ¿Quieres hacer algo más?- ella preguntaba, pero era obvio lo que deseaba, presionando su ropa interior contra su sexo, marcadamente humedecido, él la miró con cariño, aun dejando que un poco de su propio semen se mantuviera en su cabello, lugar que su lengua no había alcanzado.

-Si es que es lo que desea mi señora, eso haremos- y siendo obediente y servicial, la levantó con ambos brazos, moviéndola hasta llegar a la cama y depositarla allí -Solo dame unos cinco minutos- pidió ahora más razonable, buscando unos pañuelos desechables de su saco arrojado al lado para limpiar su miembro, mientras que ella retiraba su ropa interior, dejando sus calcetas y su camisa, así como su saco, recostándose contra su espalda y esperando a que él la sirviera. -Por cierto, aún estamos en mi fantasía, ¿verdad?- preguntó él, agachándose frente a la cama para observar con sus propios ojos la maravillosa forma de la intimidad de su esposa, de un roza claro que iba al rojizo en la parte interior.

-Sí, Len… ¿Deseas que haga algo por ti?- preguntó ella sonriendo, lamiendo su labio y colocando un dedo sobre su mejilla de manera seductora.

-Quiero… hacerlo salvajemente, como pocas veces lo hemos hecho- pronunció sin que sus palabras dejaran de asombrarla Ponte en cuatro… quiero verte de esa forma- le exigía como quien pide piedad, bajando un poco su mirada como si tuviera que estar avergonzado. No acostumbraban a hacerlo de esa manera, casi siempre lo hacían con la posición de misionero, uno sobre el otro, disfrutando de sus miradas, de los besos y las caricias de manera directa, aprovechando la cercanía para evitar el problema de ser descubiertos por sus hijos en caso de la intromisión de alguno de ellos, siempre bajo una colcha o una sábana, no estaba mal, pero el acostumbrarse los hacía perder la pasión nuevamente.

Rin se giró, se colocó de rodillas, apoyándose con las manos, encorvando la columna y elevando lo que pensaba que Len disfrutaría más. Y sí que lo hacía -¿Te gusta lo que ves?- preguntó Rin meneando un poco su parte posterior, apoyándose ahora con los codos, y para él, no podía haber una vista superior a aquella. El ligero color rosado, de los labios de aquella parte tan íntima, una humedad evidente repartida hasta los muslos, la redondez de aquel culo que lo seducía en vestido, ahora se dejaba ver a roda plenitud, la parte más exquisita de su hermana, según él, por alguna razón, deseaba devorarlo, disfrutarlo de todas las maneras posibles, empezando por esa zona, luego continuar con ella, con su cuerpo entero. Pero se contuvo, se contuvo lo suficiente para mirarla con apreciación, sosteniendo sus nalgas con ambas manos, antes de usar su falo como un fino instrumento, colocándolo contra ella y presionando ligeramente.

-Pu… puedes meterlo en cuanto quieras… - dijo ella mientras salivaba, lamiendo sus labios, esperando a la letárgica penetración que la hacía esperar ansiosa mientras que él frotaba sobre su ano.

-Podría hacerlo aquí mismo si eso es lo que quieres- susurró él mientras que sus manos forzaban en agarre, como si desearan sus dedos enterrarse en esa delicia de carne celestial, paseándolos de adelante hacia atrás.

-¡No! Len… no creo que sea buena idea, no estoy lista para eso hoy… - admitió apenada mientras que miraba a la sábana, una sola exigencia que su gemelo acató al instante.

-De acuerdo… será como tu digas- y haciendo un esfuerzo complaciente, sujetó su miembro, bajándolo un poco, e introduciéndolo en aquel orificio cuya función era la de concebir, penetrándola con la rapidez con la que a ella la había hecho esperar. Ella gritó como si fuera su primera vez. No era una novata, pero aquella posición, a la fuerza de la arremetida, el golpeteo de la punta del miembro como si fuera un ariete en sus paredes internas la elevó a un nivel de dolor y de placer que jamás había sentido.

Len se complació enormemente. Vio cómo se tensaba, ajustándose alrededor de si miembro, sintiendo como ella comenzaba a apretar las sábanas con los dedos de las manos y de los pies, moviendo sus extremidades de manera ansiosa, respondiendo con un intenso gemido en cada una de las penetraciones. Él lo comenzaba a disfrutar enormemente, y ella lo disfrutaba también, cerrando sus ojos y tratando de sobrepasar el dolor para solo dejar la excitación pasar a ella. El sonido era más vulgar de lo que jamás había sonado entre ellos, con las nalgas de su esposa chocando contra su vientre múltiples veces, causando un sonido que se repetía y se incrementaba en frecuencia hasta el punto de volver a Len en un adicto al placer y al sonido. La sujetó de la cadera, afianzando el agarre, fortaleciendo la energía con la que penetraba.

-Prepárate Rin, no voy a contenerme… - le susurró al oído mientras encorvaba hacia adelante, besando su cabello y espalda, escuchándola reír un poco, comenzando a pedir que prolongara el momento para ella, volteando desde abajo para poder ver cómo era penetrada como si fuera un espectáculo, dándose el lujo de gemir entre suspiros y halagos, hasta que finalmente, cerrando más sus piernas, sintió como llegaba al potente orgasmo, encontrándose en su momento más sensible, percibió la eyaculación de su esposo en su interior, abriendo los ojos al momento en el que esa ola cálida y espesa llenaba vientre. Le costó trabajo respirar, y finalmente cayó de la posición en la que estaba, aun manteniendo el trasero elevado, ahora con su mejilla contra el colchón, diciendo lentamente el nombre de Len.

Él por su parte, cayó detrás de ella, casi a la orilla de la cama, observando con asombro como su semen derramado dentro de ella ahora comenzaba a gotear sobre la sábana abultada.

-Definitivamente… necesitamos probar más posiciones… - dijo Rin mientras volteaba a verlo, y él solamente sonreía y la tomaba de la mano, acercándose para besarla en la frente.

Aparte de esa escapada que hicieron, todo el resto del día fue tan común y tan corriente como cada uno de los demás días de su rutina semanal. Recogieron a Vigo de la escuela, y luego fueron con sus padres por Shino y Kiiro, regresándolos a su casa y siguiendo con lo que siempre hacían.

La única cosa distinta, fue aquel pequeño ritual de amor nocturno, en el que Rin vestía su lencería, el día de hoy, ella y Len vestían la pijama de pareja que les habían regalado en un cumpleaños, un simple conjunto amarillo a la par con pequeñas flores estampadas, con el motivo de vestirlos a ambos de la misma forma. No solían usarla demasiado, pero esa noche querían sentirse más unidos que las demás.

-Mañana podemos intentar más cosas… - sugirió ella mientras Len la pegaba a su cuerpo y besaba su cabello -Lo que tú quieras, Len, de todos modos creo que tenemos los mismos fetiches- dijo mientras reía y besaba sus labios, acariciándole el pecho.

-¿Puedes… usar medias todo el día de mañana?- preguntó algo incrédulo de su propia propuesta, pero deseoso de poder intentarlo realmente.

-¿Medias? Len, hace calor, voy a terminar sudando mucho si las uso… - contestó apenada, a lo que él solamente sonrió, como si hubiera atinado justamente a lo que él deseaba.

-Cuento con eso- y no expresó nada más mientras la abrazaba, sin realmente dejarla interponer palabra alguna, cerrando los ojos, incitándola a terminar ese día lleno de emociones.

Fin del día uno.

Bueno, esto es algo que se me ocurrió mientras pensaba en que escribir para Len y Rin. Había buscado algo agradable que hace para ellos, quería un buen fanfic en donde se viera su vida familiar, pero por culpa de ciertos doujinshis que tuve la desgracia de ver, en donde se les separaba con crueldad, se me ocurrió crear esta historia como una forma de satisfacción en contra a esos disgustos. Pero al pensarla, me di cuenta de que iba a poner bastantes formas curiosas de satisfacción que corresponderían más al estilo de este fanfic, pero en wattpad la subiré como una historia aparte.

En fin, aquí los comentarios del último capítulo.

Angel Shite: Jódete

: Tú también jódete

Shioo: Perdón por tardar tanto en actualizar xD pero aquí está, espero que me sigas leyendo ^^

En fin, eso es todo, espero que lo hayan disfrutado, dejen comentarios y sugerencias. Serán siete días de Len y Rin haciendo cosas con sus cuerpos adultos, espero que les agrade.

Bye.