Bueno, ya vamos al evento tan anunciado..
Y para ir calentando motores y, no perder la costumbre cuando hablamos de Sexuna, hay fuertes declaraciones.
XXI – Amor y dolor I
En realidad, estaba siendo la tarde más agradable que había pasado en mucho tiempo. Sólo las dos juntas en casa, mientras ella se alistaba para esa noche.
Aunque Hotaru era muy pequeña no perdía la oportunidad de opinar lo que podía usar, con base en lo que había visto y aprendido de Michiru Kaiou.
También preguntaba para qué servían o dónde había conseguido las cosas que encontraba en su caja de maquillaje y accesorios. Setsuna respondía a cada duda sin problemas.
Claro, su hija preguntó por cosas más allá de esos temas y abordó otros: si no podía acompañarla a su evento, quién iba a cuidarla entonces, a qué hora irían con Neflyte y su amiga; pero el cuestionamiento más complicado de responder fue cuando Hotaru preguntó si iba a tener una cita con "Taki".
Ante el silencio, Hotaru dijo que Michiru y Haruka tenían muchas citas y se preguntaba si su fiesta de esa noche era algo parecido.
Más silencio.
– Yo creo que sería bonito – comentó su pequeña hija.
Aunque habían salido muy poco, Hotaru estaba aceptando muy bien la presencia de Taiki en sus vidas, hablaba mucho de él, así como de lugares que podían visitar juntos o cosas por hacer la próxima vez que salieran con él.
Para Setsuna la reacción de Hotaru era muy importante; sin embargo, estaba su propia percepción de la situación. Sin duda, Taiki Kou era un muchacho muy agradable y apuesto, incluso no negaba que se sorprendía a ella misma pensando en él o en el beso que habían compartido la última vez que se vieron.
Tenía mucho miedo de lo que estaba pasando entre ellos, pero no negaba que estaba, por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, ilusionada.
– ¿Tú crees? – le preguntó a Hotaru.
– Estás contenta cuando estamos con él – respondió.
Ella sintió cómo sus mejillas se encendían. ¿Acaso había algo que estaba delatando esa ilusión? ¿Pese a su edad, Hotaru se estaba dando cuenta de lo que estaba pasando?
Claro, Hotaru era pequeña pero era muy lista. Incluso hacía unos días atrás ya le había preguntado por "el señor", cuestionamiento que Setsuna eludió diciéndole que no sabía de qué hablaba.
No quiso averiguar si su hija había quedado conforme con esa respuesta, pero en el caso de Taiki Kou, trataba de ser discreta pues no quería confundir a Hotaru sobre la presencia de él. Incluso había omitido decirle sobre la decisión de no irse del país. No quería que ella creyera que era una decisión tomada directamente por la presencia de "Taki".
En realidad, ni la propia Setsuna tenía claro por qué había decidido no marcharse. Simplemente había sido una decisión rápida, casi visceral.
En cuanto estuvo frente a la computadora cambiando la fecha del vuelo de la señorita Tsukino, debía hacer lo mismo con el lugar de ella y Hotaru, pero vio la opción de Cancelar, la había observado por unos minutos y, sin pensar a detalle en las causas o las consecuencias, seleccionó esa opción.
Lo único que recordaba que pasó por su cabeza fue Serena Tsukino. Si esa chica, siendo la novia de Darien Chiba, no tenía miedo de ir en contra de su voluntad, Setsuna, a quien muchas veces Darien le demostró que había cientos de cosas más importantes para él que ella, podía también hacerlo.
Claro, Setsuna había ido más allá de sólo retrasar su viaje y ahora estaba al borde de una decisión definitiva sobre él.
Era curioso que quien la había motivado a hacerlo era la propia Serena Tsukino, una mujer que por años le obsesionó por su misterio y que, sin conocerla personalmente, la hacía sentir desplazada e inferior. Si bien ahora seguía sin saber mucho de ella, al menos ya le había dado un rostro, uno que le había mostrado que no debía temer por una reacción de Darien.
Lo importante era que aún nadie sabía de la decisión.
Hotaru no tenía tan bien medidas las nociones del tiempo y desconocía que tan "pronto" era el viaje fuera del país; el hecho de que pasaran días juntas y hasta las salidas con Taiki Kou, le habían hecho olvidar todo el drama que provocó la noticia de irse lejos.
Desde luego no había tenido oportunidad de comentarle a Michiru. Ella estaba en un viaje mitad trabajo y mitad de placer con Haruka, y ella no quería interrumpir. Setsuna no sabía exactamente qué les diría a su regreso, lo único seguro era la reacción de sorpresa porque finalmente no se marchó y que prácticamente había renunciado a todo, incluyendo a su trabajo.
Sin olvidar a Taiki – se dijo a sí misma y sintió de nuevo cómo las mejillas se encendían.
Aunque Michiru era su mejor amiga, hasta con ella le daba pena hablar de ciertos temas. Ni siquiera pudo contarle de frente lo que estaba pasando antes de que Hotaru anunciara su llegada al mundo.
Y ahora no sabía cómo le contaría que…
Estoy saliendo con Taiki Kou.
– Mami – le hizo reaccionar Hotaru – Estás roja.
– Ah, debe ser por el maquillaje – dijo – ¿Cómo me veo?
– Muy bonita, a Taki le va a gustar – y de nuevo esa sensación en la cara.
Sin embargo, Setsuna se volteó para que no lo notara y mejor prefirió cambiar de tema.
– ¿Tú ya estás lista?
– Sí – dijo y comenzó a citar los juguetes que había guardado en la mochila que llevaría a la casa de la chica de Neflyte.
La verdad era que estaba un poco nerviosa de que por primera vez la cuidara fuera de sus obligaciones laborales, pero le parecía muy agradable que él la respaldara.
Bueno, ahora también sabía que podía contar con él y seguramente con el resto de los chicos más allá de su convivencia en la oficina. Aunque no sabía qué pensarán cuando sepan que no se irá con Darien.
No era momento de pensar en ello y pidió a Hotaru que fuera por sus cosas para ya irse. La pequeña salió de la habitación y Setsuna tuvo oportunidad de verse un momento en el espejo de su habitación.
Para la ocasión había optado por un vestido que Michiru le regaló unos años atrás, cuando aprovechó la celebración de su cumpleaños para presentar formalmente a Haruka Tenou como su pareja.
Setsuna nunca había sido de fiestas, incluso eludió varias invitaciones de Michiru en su época de adolescente; pero esa vez, dada la importancia de la situación, accedió y fue la propia Michiru quien le regaló ese precioso vestido.
En esa ocasión, su amiga le había recalcado lo especialmente hermosa que se veía y que había recuperado su figura después haber tenido a su bebé, así que, si lo deseara, podría poner a cualquier hombre a sus pies. Setsuna había pensado que su amiga exageraba y sólo decía esas cosas porque la quería mucho.
Además, ella no tenía ninguna intención de atraer la atención de nadie, sólo quizá la de Darien Chiba, quien sí fue invitado a la fiesta. Él se había quedado muy poco tiempo y había agradecido mucho al señor Kaiou por la invitación, pero se tenía que ir temprano porque estaba haciendo arreglos en su departamento ya que su novia estaba a poco de mudarse con él.
Lo peor es que en ese poco tiempo que se quedó en la fiesta, Darien era esquivo e incluso parecía molesto. Después Setsuna entendería la razón.
Ella también salió temprano de la celebración, pues consideraba que Hotaru aún era muy pequeña para estar fuera por la noche. Así que se había escabullido para no dar molestias a su amiga. Cuando salió del lugar para buscar un taxi, Darien estaba por ahí esperándolas.
Le dijo que subiera a su auto que por esa época aún estaba nuevo. Aunque con un tono serio le indicó que él las llevaría a su casa, la acción le hizo pensar por un breve momento que Michiru tenía razón y con ese atuendo podría atraerlo. La realidad fue otra.
Darien había pasado gran parte del camino reclamándole por vestirse así, si es que estaba interesada en "pescar a un hombre rico" en la fiesta o simplemente tenía ganas de exhibirse, de provocar.
– ¡O de provocarme a mí! – le había reclamado y había agregado después entre dientes, negando por enésima vez con la cabeza – Qué ridículo.
Desde luego después había usado sus ya conocidas estrategias para convencerla de que había exagerado sus palabras y que lo disculpara, pues él estaba muy comprometido con el bien de ella y Hotaru.
Setsuna había desarrollado cierta aversión por el vestido, aunque lo apreciaba mucho al ser un regalo de su querida amiga; sin embargo, no tenía otra opción para esa noche.
Respiró profundamente frente al espejo. Preguntándose si, como decía Hotaru, a Taiki le gustaría.
Sonrió ligeramente. Su pequeña tenía razón, se ponía roja.
o-o-o-o-o-o-o-o
Casi como si se hubieran puesto de acuerdo, llegaron al mismo tiempo al departamento. Habían tomado unos minutos para revisar que todo estuviera limpio y listo para recibir a su invitada.
Desde que Neflyte le preguntó si podían cuidar a la pequeña hija de Setsuna Meiou, Lita se había puesto a dejar la casa muy ordenada, así que no tomaron mucho tiempo para ultimar detalles.
Por eso se habían sentado un momento a esperar y descansar.
Lita había notado a su novio algo callado desde que llegó. La última vez que se había reunido con todos sus amigos la había pasado así, lo que había desencadenado el primer malentendido entre ellos.
La castaña podía tomar su silencio como "algo normal en él" o prevenir otro mal momento y mejor preguntarle directamente si había sucedido algo con sus amigos.
– ¿Y qué les pareció el postre a los chicos? – preguntó mientras él se sentaba a su lado. Le pareció una una pregunta adecuada para arrancar con la conversación.
– No imaginé que fueran tan amantes de los postres – le sonrió – Pero es que nadie puede resistirse a tu toque.
La castaña sonrió y por un momento recordó la breve queja de Mina poco antes de despedirse, al mencionar que seguro su novio quedará encantado con el postre de su amiga y contra eso ella no podía competir.
– Me alegro que les gustara… ¿Y cómo te fue con ellos?
– Bien, sigo sin creer lo curioso que es que ellos salgan con tus amigas.
– Lo sé, pero me alegra mucho. Nunca las había visto tan felices, lo merecen.
Neflyte respiró profundo y asintió. Definitivamente algo pasaba y Lita quería dejarle claro que podían hablar de lo que quisiera, de lo que le inquietaba.
– Cariño ¿sucedió algo con los chicos? – preguntó sin rodeos. Eso también había reflexionado ese día con sus amigas ¿cierto? De ser honesta.
– No, ellos están bien, pero… – hizo una pausa y quizá cayó en la cuenta de que efectivamente no debía guardarse las cosas – Estamos un poco preocupados por… Setsuna Meiou – agregó el nombre bajando cada vez más la voz.
– Oh, entiendo.
– No me malinterpretes. Para los cuatro es sólo una gran amiga y no estamos seguros de que esté pasando por un buen momento.
– ¿Te refieres a que decidió no irse a Estados Unidos? – su novio la miró sorprendido de que ella tuviera esa información – También hablamos un poco de ella hoy ¿sabes?
Hubo un pequeño silencio. Lita quería ser cuidadosa con no insinuar algo indebido de la amiga de su novio, así que quería escoger bien sus palabras.
– Mi amiga Mina nos contó que esta noche Setsuna asistirá a la presentación del disco de los Three Lights.
– ¿Qué? ¿Te refieres a ese grupo de moda?
Ella asintió – Supongo que todo surgió a través de Serena, que trabajó el arte del disco.
– Algo así supe.
– Sí y conociendo a Serena, ella notó algo y la presentó con Taiki Kou, él fue quien la invitó esta noche.
Neflyte sonrió – ¿De verdad? ¿Uno de esos chicos? – ella asintió – ¡Wow! Es increíble.
Incluso se puso de pie y comenzó a caminar por la habitación, pensando pero sin quitar la sonrisa de sus labios – Increíble, uno de esos cantantes… y es genial que le pidiera que lo acompañara a un momento tan importante.
– ¿Sabes? – continuó una vez que se detuvo y la miró – Me alegro muchísimo por ella, se merece a un hombre así, que esté dispuesto a darle un lugar en su vida – respiró con alivio.
– ¿Eso es lo que les preocupaba? – preguntó.
– En realidad no – soltó y tal vez se dio cuenta que respondió demasiado rápido – Es decir… no sólo eso.
Entonces Lita soltó una sola palabra – Darien.
La expresión de Neflyte se volvió a tornar seria y, luego de unos momentos, asintió.
– Las chicas y yo también hablamos de eso – confesó – No me lo tomes a mal, por favor, pero no se nos hace muy normal esa cercanía entre Darien y Setsuna Meiou – dijo rogando en silencio no provocar una discusión.
– Lo sé – respondió sorprendiéndola – Jamás vimos o supimos de algo directamente, pero a veces hay cosas, cosas que te dejan pensando si las analizas.
– Como que él se la quería llevar a Estados Unidos y enfurecerá porque no irá.
– Y esa cercanía, las horas encerrados en la oficina, las salidas de trabajo tan tarde… – dijo él – Y no sólo eso – dudó por un momento – No es correcto hablar así de una dama como Setsuna, pero… los chicos y yo estamos casi seguros de que ella siente algo por él.
Otro silencio. Lita sentía que la preocupación de Neflyte por su amiga era genuina, pero lamentablemente no podía ser sutil, pues la situación también involucraba a Serena.
– ¿Crees que hay o hubo algo entre ellos? – soltó la pregunta mordaz – Necesito saberlo, por mi amiga.
– Francamente ya no sé.
– ¿Y Hotaru?
Neflyte respiró profundo y reconoció – Los chicos y yo también hablamos de ella… y podría ser.
Dejarse influenciar por las locas teorías de Mina era una cosa, pero que saliera de Nef y sus amigos (que eran más cercanos a Setsuna y Hotaru) ya eran palabras mayores.
Lita se dejó caer en el respaldo de su asiento y su novio fue inmediatamente a sentarse junto a ella.
– Te entiendo, créeme. Sé que te preocupa la señorita Serena y a mí Sets y su hija; pero aún creo que en un asunto tan delicado debemos dejarle a Darien el beneficio de la duda… ¿O realmente sería capaz de algo así?
La verdad es que sí era un asunto muy delicado y soltar cualquier comentario a la ligera, erróneo y sin pruebas, podría ser un arma de doble filo que Darien podría aprovechar para alejar definitivamente a Serena.
Pero los dos se quedaron callados, probablemente pensando en lo mismo: si un amigo tan cercano a él, como Andrew, demostraba ser despreciable, ¿por qué Darien no podría serlo?
– Lo único que quiero es que Serena esté bien – dijo la chica al fin.
– Lo sé, también quiero lo mismo para Sets y Hotaru, por eso me alegra mucho que ella decidiera no irse y que salga con alguien.
Lita no pudo evitar dibujar una media sonrisa. De nuevo las teorías locas de Mina invadieron su cabeza y se imaginó que, esa misma noche, mientras Setsuna Meiou estaba con Taiki Kou, Serena tenía la oportunidad de estar con Seiya Kou.
Toma eso, estúpido Darien.
Y antes de que alguno pudiera decir algo más, el teléfono de Neflyte sonó. Era Setsuna Meiou que estaba a punto de llegar con su hija.
o-o-o-o-o-o-o-o
En cuanto bajaron del taxi, Neflyte y una chica ya estaban esperándolas en la puerta del edificio y Hotaru fue inmediatamente a saludar a su buen amigo Nefffff.
El castaño la cargó al saludarla con naturalidad y Setsuna cayó en la cuenta de lo familiarizada que estaba la relación entre él y su hija. Siempre había pensado que el muchacho sólo cumplía su trabajo, pero ahora estaba convencida de que realmente tenía cariño por su pequeña.
Y no era el único, Jedite también así se había comportado con Hotaru en esa visita al templo, y hasta Zoycite y Kunzite (pese a su carácter) habían sido muy lindos con ella en esa fiesta de despedida que le organizaron.
Eran buenos muchachos y buenos amigos, se sintió afortunada de tenerlos también en su vida.
El castaño presentó a su novia, una chica guapa y amable; así que Setsuna se sintió contenta de que un chico como Neflyte tuviera una buena compañera. La joven incluso se agachó para saludar muy sonriente a Hotaru, que no siempre era muy abierta con los extraños, pero iniciaron muy bien la conversación cuando la pequeña le dijo que sus aretes de rosas eran muy bonitos y que a ella le gustaban mucho las flores. La chica le respondió que ella tenía muchas plantas en su casa y que en un momento se las mostraría.
La niña miró a su madre buscando la aprobación y ésta le respondió con una sonrisa. Así que podía estar tranquila de que Hotaru estaría en buenas manos.
De hecho, la emoción de ver más flores y plantas fue tanta que la chica le comenzó a mostrar las que había en el pequeño jardín del edificio y que ella ayudaba a cuidar.
Comenzaron a caminar alejándose un poco y ella aprovechó para agradecerle a Neflyte que recibieran a Hotaru.
– No hay nada que agradecer, me encanta pasar tiempo con ella. La cuidaremos mucho, para eso estamos los amigos – le sonrió – Además, es una noche especial ¿cierto? Te ves hermosa.
Y de nuevo se sonrojó. Casi olvidaba que estaba ahí parada con vestido de noche y que el mismo taxi que la llevó seguía esperándola para llevarla a su siguiente parada.
– Gr… gra… gracias – respondió tímida. Los muchachos siempre fueron muy amables con ella, pero de cierta manera eran distantes cuando Darien estaba cerca; y sobretodo ella no estaba acostumbrada a que los hombres le dijeran que se veía hermosa.
– Disfruta la velada ¿sí?
– Sssí – respondió nerviosa – Volveré más tarde por ella.
– Claro – y de pronto cambió un poco de expresión y dijo – Me alegra que te des una oportunidad y también que no te vayas del país.
– ¿Cómo…?
– Sólo lo sabemos y a mí y los demás también nos agrada que no te irás. Y no te preocupes, te apoyaremos en todo lo que necesites.
Setsuna hizo un esfuerzo sobrehumano para no romper a llorar, sería una pena que toda una tarde de maquillaje se arruinara por las palabras del castaño.
– Neflyte…
– Sólo queremos que estés bien y que nunca dudes que te vamos a respaldar – hizo una pausa, dudando de nuevo en agregar – Y si es necesario, te vamos a proteger de él.
– Mami, mami, mami – le llamó su hija – La "serita" Lita dice que me puede regalar una plantita si me das permiso. ¿Me das permiso?
– Sí, cariño. Ahora ven. Tengo que irme y debes prometerme que te portarás muy bien y obedecerás a Neflyte y a la señorita Kino.
La pequeña asintió. Ya estaba el atardecer en su punto y debía ella tomar camino.
Se despidió tranquila de dejar a su hija en buenas manos, pero pensando en las palabras de Neflyte. ¿Sabían algo? ¿Ella fue tan obvia todo ese tiempo y notaron lo que estaba pasando? ¿Darien les había dicho algo?
No, no es capaz – pensó, pues él no parecía ser el tipo de hombre que anda "presumiendo" con otros "sus logros" con las mujeres. Darien siempre era discreto y, en general, no le gustaba hablar de sus asuntos personales.
Además, no hay nada que presumir – la reprendió una parte de su mente – Te lo ha dejado claro: eres una vergüenza.
De nuevo ese esfuerzo para no llorar. No quería pensar en él, ya no, ni en sus palabras, ni en su olor, ni sus ojos, ni en sus rechazos, ni en su indiferencia, ni en la manera en la que siempre la volvía a enredar, ni en sus "promesas", ni en su tacto, ni sus labios, ni en aquella vez que la hizo suya de una manera que la dejó marcada para siempre.
– Listo – indicó el taxista al detenerse. Ella pagó y bajó del vehículo algo nerviosa.
Se trataba de uno de esos salones como los que Michiru le hablaba mucho. El taxi la había dejado a unos metros de la entrada y ella se preguntó si esa era una señal de que aún tenía oportunidad de salir huyendo.
Se quedó congelada y tan desconcertada que no se dio cuanta que Taiki Kou se acercaba casi corriendo, enfundado con un elegante traje y, debía reconocerlo, se veía muy apuesto.
– Setsuna, sí viniste – dijo sin ocultar emoción – Pero qué vergüenza que viajaste en un taxi.
Vergüenza, también tiene vergüenza. Esto no saldrá bien.
– Lo siento, no quise avergonzarte en tu celebración llegando así.
– Claro que no, me refiero a que no tenías cómo venir y yo aquí como si nada, ¿sabes? Debí insistirte en mandar por ti… No, yo debí ir por ti personalmente.
– ¿En serio?
– Claro – tomó valor y le tomó las manos – Tú mereces tener todas las comodidades y quiero hacer lo que esté en mí para que las tengas.
Otra vez los colores a la cara.
– Escucha, Setsuna – continuó – Sé que llevamos muy poco tiempo viéndonos, pero lo supe desde que te vi, eres especial y… desde ese beso estoy más que convencido: quiero que estés conmigo, quiero que seas mi novia formalmente.
Setsuna no sabía que podía alcanzar nuevos niveles de enrojecimiento. Y por qué de pronto sus piernas no tenían fuerzas, era una suerte que él la estuviera sosteniendo de las manos o tal vez ya hubiera ido a dar al suelo.
– Si quieres, no me respondas aún – continuó Taiki – Sólo déjame demostrarte lo importante que tú eres… bueno, que tú y Hotaru son para mí, y que deseo estar contigo y hacerte feliz. Por favor.
– Taiki… – apenas pudo decir, pues sintió el impulso de cerrar todo espacio entre ellos y besarlo.
Era una sensación muy agradable estar así con él. No era sólo impulso, atracción, deseo; era otra cosa, más cálida, más profunda.
Cuando el contacto terminó, él la abrazó y así la mantuvo un momento – Te quiero, gracias por estar conmigo esta noche tan importante para mí – besó su frente mientras ella lo estrechaba. Realmente estaba contenta de estar con él.
De pronto alguien carraspeó – Disculpen – dijo un joven.
– No me gusta interrumpir, tortolitos – agregó otro muchacho – pero Mina nos pidió que nos quedáramos en la entrada para recibir a los invitados.
Taiki se volvió hacia los jóvenes y, rodeándola con el brazo por sus hombros los presentó – Lo siento. Setsuna, ellos son mis inoportunos hermanos menores: Yaten y Seiya.
– Un gusto – dijo el primero.
– Mucho gusto – respondió el segundo con mucho entusiasmo, él fue quien previamente les había llamado tortolitos.
– Vamos – comentó Yaten – antes de que lleguen más invitados.
Taiki le ofreció su brazo para emprender el regreso hacia la entrada principal.
– Qué bueno que estés aquí, Taiki nos ha hablado mucho de ti. ¡Bienvenida! – decía Seiya mientras caminaban.
Una vez que llegaron a la entrada, no pasó mucho tiempo para que arribara un invitado más. Se trataba del editor de una revista sobre música pop.
El trío de hermanos lo saludó cordialmente y se presentó; además Taiki tuvo el detalle de presentarla ante su invitado, sin presionarla otorgándole un título de "novia" o relegándola a ser sólo una "amiga"; la presentó orgulloso como Setsuna Meiou, "la hermosa mujer que lo honraba con su compañía".
Y así un par de ocasiones más con las personas que arribaban al sitio, mientras cada vez más la noche se apoderaba del lugar hasta que fue necesario que se encendieran las luces exteriores.
Setsuna se sentía muy halagada del lugar que estaba dándole Taiki: realmente agradeciendo su compañía y sin ocultárselo a cualquier persona que estuviera a su alrededor, incluyendo a sus hermanos.
De pronto, desde adentro del lugar apareció una chica rubia, parecía un poco atareada, pero en cuanto la vio, sonrió – Hola, hola. Mucho gusto, tú debes ser Setsuna Meiou.
Ella sonrió, pero la chica de pronto cambió de expresión y miró a Taiki – Oye, pero cómo dejas que esté aquí afuera y más si ya está empezando a hacer frío.
– Bueno…
– Osh, olvídalo qué vas a saber de estar aquí parado en tacones y con vestido – la miró y volvió a su tono amable – Pasa, por favor, puedes sentarte y tomar algo, también tenemos bocadillos.
Setsuna miró a Taiki sin saber qué hacer o responder – No te preocupes – insistió la rubia – En unos momentos él estará contigo, por favor relájate y cualquier cosa que necesites por favor no dudes en pedírmelo.
La chica la tomó del brazo y la comenzó a guiarla adentro comentando lo guapa que se veía y diciéndole en tono juguetón que, si Taiki se portaba mal con ella, no dudara en decirle.
– Estamos por comenzar, no te preocupes. Tengo que resolver unas cosas, pero te dejaré en buenas manos con mi Kunzi.
Qué curioso nombre, suena a…
No pudo terminar la frase en su cabeza porque llegaron hasta el personaje en cuestión que estaba de espaldas tomando un trago y, en cuanto escuchó a la rubia, volteó para encontrarse de frente.
– ¿Kunzite? – fue su reacción.
o-o-o-o-o-o-o-o
Cuando pasó por Mina a casa de sus padres, ella estaba prácticamente lista.
Su novia reconocía que se había arreglado en tiempo récord; en realidad, él no la había visto nunca tan acelerada y, considerando que de por sí siempre tenía mucha energía, era toda una novedad.
Kunzite apenas tuvo tiempo de saludar a los señores Aino y Mina les dijo, con toda prisa, que se despreocuparan, pues se quedaría en casa de Serena ya que tenían muchos chismes que compartir antes de que ella se fuera a Estados Unidos.
Tiró del brazo a Kunzite y lo sacó de ahí, apenas dándole la oportunidad de despedirse. La verdad era que él no se sentía tan cómodo mintiéndole descaradamente a los padres de su novia, él siempre era muy recto y no creía correcto abusar de su confianza; así que se lo hizo saber a Mina mientras iban de camino.
– No te preocupes – le había dicho la rubia – Ya lo dice el dicho: Ojos que no ven, corazón que te tiente.
– Mi pequeña Mina, así no dice – a pesar de lo serio que él estaba siendo, no pudo evitar sonreír ante esa manera de hablar – Pero de verdad me sentiría más cómodo siendo honesto con tus padres. Quiero que no me vean como "un noviecito" de secundaria, sino como un hombre que tiene intenciones realmente serias contigo.
– Kunzi… – fue lo único que pudo decirle, mientras llegaban al lugar y él ya se estacionaba.
– Por favor, créeme es importante que haya confianza – insistió – Además, sabes que no puedo evitar ser honesto y muy recto.
Ella lo besó – Al menos permíteme que pasen unas semanas más para que hablemos con ellos ¿sí?
Desde luego, él accedió; lo entendía, su noviazgo era aún muy joven y tampoco quería presionarla ni nada.
O sonar como un hombre impositivo, como Darien – pensó, pero trató de no enfocarse en ello.
Poco antes de descender del auto, Mina le maquilló un poco lo que quedaba del rasguño que Artemis le había dado en el rostro, y después de eso, volvió a su estado de aceleración, se transformó en toda una coordinadora profesional que iba y venía resolviendo cosas por todos lados.
Kunzite quedó maravillado de la nueva faceta que descubría en su novia y se sentía muy honrado en poder acompañarla y, si era el caso, ayudarle en lo que necesitara.
Y a pesar de que todo pintaba para ser una gran velada, primero Kunzite debió pasar por un momento vergonzoso, cuando los famosos Three Lights llegaron y se volvió inevitable el momento de disculparse con uno de ellos.
Mina los presentó y Taiki Kou y Seiya Kou se mostraron amables con él, pero el tal Yaten sólo lo miraba en silencio.
– Escucha, yo… – comenzó a decirle con voz un poco baja, realmente no sabía cómo empezar.
El muchacho hizo una media sonrisa – De nada.
Kunzite alzó la ceja, lo comprendió. La propia Mina le había confesado que Yaten Kou la estuvo molestando con que él estaba interesado en ella e incluso estaba seguro de que él había sido quien le envió las flores, todo ello había motivado a Mina a besarlo aquel día en la lluvia.
– Gracias – le extendió la mano – Y lamentó mucho lo que hice.
El joven le estrechó la mano – Seguro valió la pena.
Kunzite se sintió satisfecho; no iba con la idea de hacerse amigo de esos chicos ni mucho menos, pero sabía lo que significaban para Mina y lo importante que era que no existieran malos entendidos o momentos incómodos entre ellos; pero resultó mejor de lo que esperaba.
Kunzite pensó que sería una noche agradable. Sin embargo, pasó algo que vino a sacudirlo completamente.
Decidió ir por algo de beber para hacer un poco de tiempo en lo que el evento comenzaba. Mina le había indicado cuál sería su mesa, pero se sintió un poco tonto sentado ahí solo así que prefirió dar algunas vueltas por el lugar mientras disfrutaba un buen whisky.
Escuchó que su novia lo llamaba, él estaba dispuesto a ayudarle en lo que necesitara, pero no esperaba que se encontraría de frente a Setsuna Meiou.
Fue un instante en que sintió que su cabeza voló, no sólo porque ella estaba ahí como si fuera el personaje de un libro que está completamente sacado de su contexto, sino porque lucía hermosa con un vestido de noche.
– ¿Kunzite? – pronunció ella, quien lucía igual de sorprendida.
– ¡Claro! – expresó Mina, aparentemente tan acelerada que le era ajeno el estado de estupefacción de ambos – Ustedes dos ya deben conocerse. Qué conveniente; Kunzi, por favor, acompaña a nuestra invitada en lo que los chicos y yo atendemos unos asuntos.
– Sí – respondió en automático y los dejó ahí parados, sólo mirándose el uno al otro con incredulidad.
Hubo un silencio, hasta que ella por fin dijo – No… no esperaba verte aquí.
– Mina… ella… bueno, yo… yo vine con ella.
– Ya veo, es una chica muy amable.
– Lo es – carraspeó para recuperar su tono habitual – Es mi novia.
Setsuna le sonrió – ¿En serio? – él asintió – Vaya, me parece maravilloso… Perdón, no me malinterpretes, pero siempre eres muy serio y no imaginé que tuvieras novia.
La conversación comenzó a fluir bien y eso le dio pie para relajarse un poco – Bueno, aún tenemos poco tiempo saliendo, pero – se puso un poco rojo – las cosas han marchado bastante bien.
Su sonrisa se ensanchó aún más y Kunzite pensó que nunca la había visto así, le halagó que fuera una sonrisa para él – Hoy también conocí a la novia de Neflyte, es una chica igual de linda. Me alegro mucho por ambos.
– Y te sonará extraño, pero ellas son amigas y, a su vez, el resto de sus amigas salen con Zoycite y Jedite.
– ¿De verdad?
– Sí; bueno, todo ha sido gracias a la señorita Tsukino, que de alguna manera nos acercó con ellas – y se aventuró a preguntar – ¿Ella fue quien te invitó?
La expresión de Setsuna cambió y ahora se puso roja – En realidad no, yo vine con… Taiki Kou – agregó bajando la voz.
Kunzite debió prever una respuesta de ese tipo. Los chicos habían comentado que Neflyte cuidaría a Hotaru porque ella "saldría con un amigo"; quizá fue un poco ingenuo al imaginar que no era cierto y que más bien sería invitada de la señorita Tsukino.
Y no, no era precisamente por aferrarse a alguna idea tonta con ella, sino que siempre pensó que era tan inalcanzable que no existía aquel que pudiera hacer que dejara de mirar a Darien.
Hubo un pequeño silencio. Ella seguía un poco sonrojada y él comprendía, personas como ellos les daba un poco de pena hablar de esos asuntos. Cuando él comenzó a salir con Mina, le ayudó mucho que sus amigos le externaran su alegría por su relación. No era un asunto de buscar aprobación, sino de ver que no había nada de qué avergonzarse y más bien que era algo que debía compartirse.
– Parece un gran chico – dijo al fin – Cuando llegaron tuve la oportunidad de conversar un poco con él y creo que es muy agradable.
– Sí, es muy lindo – respondió y pareció que ella misma se sorprendió al usar el término "lindo" para referirse a él.
– Me da mucho gusto y también que lo acompañes en esta noche. Es muy importante para ellos.
Ella asintió.
– Disculpa, soy un torpe – de pronto dijo – Mina me dejó como tu anfitrión y te tengo aquí. ¿Me acompañas a la mesa y a beber algo?
Setsuna le dijo que no se preocupara, pero accedió a irse a sentar y aceptó beber algo, sin alcohol, porque, según dijo, no estaba acostumbrada y casi siempre le daba sueño.
– Y más tarde tengo que volver por Hotaru – comentó y eso les dio pie a hablar del hecho de que le había confiado a Neflyte el cuidado de su hija.
Kunzite le había dicho que había sido una gran elección, pues su amigo conocía muy bien a Hotaru, había confianza entre ellos y, en general, él era muy paciente con los niños.
– Sí, también fue muy amable en apoyarme – reconoció.
– Todos nosotros lo haríamos, quiero decir, lo haremos.
Ella sonrió y de pronto se quedaron callados. Era curioso, porque llevaban años trabajando juntos y muy poco habían convivido a nivel personal, no sabía bien qué decir.
Después de un silencio, quiso reanudar la conversación sin que ninguno se atreviera a mirarse directamente, y se le ocurrió decir lo primero que pensó cuando la vio ahí: – Luces muy bien esta noche.
Ella se puso roja – Oh. Muchas gracias… La verdad es que es mi primera cita en siglos. Es tan extraño.
– Te entiendo – se sinceró – Sinceramente, para mí, con mi novia todo me ha resultado tan nuevo. Siempre he sido muy torpe para estas cosas.
– Yo creo que está muy bien que te des la oportunidad; bueno, los chicos y tú son muy buenos muchachos y ya era justo que conocieran a alguien especial.
– Gracias. Pero que tú también eres una gran mujer y mereces estar con un buen hombre – afortunada o desafortunadamente para Kunzite, salir con Mina le estaba ayudando a ser más abierto y honesto, especialmente con ese tipo de temas, así que le estaba dando una especie de ataque de sinceridad – Y si ese Taiki Kou es digno de estar contigo, adelante.
Ella por fin lo miró, pero luego desvió la mirada hacia abajo como si le diera pena hablar – No lo sé, he cometido muchos errores y no estoy segura si éste podría ser uno más.
Kunzite se sintió un poco arrepentido de llevar por ese rumbo la conversación; no porque no quisiera hablar de ello o no le interesaba, sino que no sabía cómo hacerlo.
Justo ese día, había acordado con sus amigos que debían asegurarse de que Setsuna estuviera bien; le estaba correspondiendo a él cumplir con ese acuerdo. Ni modo, él era un hombre de palabra y llegaría hasta donde tuviera que llegar para cumplir.
Respiró profundo – No creo que hayas cometido algún error tan grave como para que creas que no mereces estar aquí, en una reunión tan importante, luciendo hermosa, tranquila de que tu hija está siendo cuidada por un buen amigo, y que estés acompañando a un buen tipo como Taiki Kou.
Ella no respondió y él continuó hablando – Eres una mujer increíble – tomó valor para preguntar – ¿Alguien te ha hecho sentir que no lo eres? – una pausa y respiró profundo para agregar – ¿Él te ha hecho sentir que no lo eres?
Setsuna lo miró con los ojos muy abiertos y él continuó hablando – Escucha, los chicos y yo queremos que sepas que puedes confiar en nosotros, ya no le debemos lealtad ciega a nadie y, de hecho, desde que se fue hemos visto y comentado cosas que no nos agradan – tuvo un impulso de poner su mano en la suya, en señal de apoyo.
La verdad es que era una conversación extraña, pero Kunzite ya estaba más que seguro de lo que Setsuna le hacía sentir. Hacía mucho tiempo se sintió atraído, sí, pero ya sabía que eso estaba muy lejos del amor auténtico que tenía por Mina; lo de Setsuna eran las ganas de verla feliz y tranquila, algo que también deseaba para sus amigos. Quizá sólo era más difícil de exponer porque ella era mujer.
– ¿Sabes? – dijo el joven después de un silencio – En realidad si estuviéramos en deuda con alguien es con la señorita Serena, fue gracias a ella que conocimos a sus amigas… Incluso he llegado a pensar que el hecho de que Darien se hiciera a un lado cambió todo y para bien.
Setsuna respiró profundo, como si buscara todo el valor del que pudiera ser capaz – Creo que tienes razón.
Kunzite sonrió, quizás esa era un poco de respuesta que él y sus amigos buscaban. Setsuna estaba pasando por un periodo de transición, lejos de Darien, quizá no estaba completamente en la categoría "ella está bien", pero sí estaba buscando llegar a ello.
Soltó su mano y se acomodó en su asiento. Le sonrió, dándole a entender que la apoyaba en esa idea.
– De hecho – confesó ella – yo también estoy un poco en deuda con la señorita Tsukino, no sé qué notó, pero desde un principio me acercó a Taiki y se lo agradezco – se puso roja.
– ¿Qué yo qué? – dijo de pronto Taiki Kou con una sonrisa, quien se paró detrás de Setsuna y colocó sus manos en los hombros descubiertos de la mujer, no parecía un gesto posesivo, sino cariñoso.
Junto con él, regresó Mina quien depositó un beso en la mejilla de su novio y preguntó si todo estaba bien. Taiki hizo lo propio con Setsuna y se disculpó si había demorado.
Kunzite sintió que tanto su amiga como él estaban en el lugar correcto, con las personas correctas. Y todo gracias a la señorita Serena.
– En un momento comenzaremos – les dijo Mina. Los tres recién llegados permanecían de pie, lo que indicaba que pronto se moverían de ahí – Los chicos tocarán un par de canciones y tendremos algunas preguntas con los invitados.
– En cuanto Seiya se digne a entrar – comentó Yaten cruzándose de brazos.
Mina lo fulminó con una mirada y el muchacho se supo reprendido sólo con ese gesto. Kunzite notó que esos chicos realmente tenían un profundo respeto por su novia.
– Él vendrá en un momento – aclaró Mina – Sólo está esperando a alguien.
Taiki se atrevió a preguntar – ¿Y crees que sí llegue?
– Eso espero o realmente Serena le romperá el corazón a Seiya.
Kunzite y Setsuna, quienes estaban aún sentados intercambiaron una mirada, incómodos, confundidos.
Tal parecía que el resto estaba olvidando que ahí estaban ellos, quienes eran compañeros de trabajo de Darien Chiba, el novio de la susodicha, y que estaban totalmente fuera de contexto en ese comentario.
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La noche ya se había apoderado del lugar y comenzaba a hacer frío. Todos los invitados ya habían arribado y Mina fue muy firme al darle sólo cinco minutos para que entrara.
No la culpaba, tenían que cumplir su compromiso. El resultado de sus meses de trabajo y por fin alcanzar su anhelo de que su música se escuchara por todos lados y así, quizá, Kakyuu pudiera escucharla hasta donde quiera que se encuentre.
Seiya no pudo evitar suspirar al pensar en ella. Kakyuu había sido su primer gran amor, y perderla había sido un duro golpe del que pensó que jamás se recuperaría. Sólo la presencia de Serena lo había salvado y le había despertado una nueva ilusión.
Cada una tenía su propio lugar en su vida, en su corazón, en su inspiración; la gran diferencia es que esta vez aún veía aunque sea una pequeña oportunidad de luchar por Serena.
Desde que había conversado con la chica del templo, pensó que estaría conforme si Bombón era feliz con su novio y él aprendería a amarla a la distancia, como su amigo más fiel. Sin embargo, tenía dudas de que fuera feliz y todo aquel colapso en la lluvia le vino a confirmar que no lo era.
Estaba decidido a reiterarle que la declaración en su canción era real y sincera, y que estaba dispuesto a decirle de frente al tal Darien Chiba que si él quería hacer la lucha era porque él (Darien) había sido un hombre cruel y descuidado con Bombón.
Tal vez era un atrevido por pensar todo eso, pero su principal motivación era que la propia Serena le permitía seguir a su lado. Quizás, muy en el fondo, ella misma sentía algo más que una amistad.
Suspiró de nuevo. Estaban pasando los minutos, pero estaba seguro que ella no le fallaría.
De pronto vio llegar un automóvil deportivo. Recordaba ese vehículo, pues por su culpa había sufrido un severo daño cuando Serena estaba al volante de él.
En alguna ocasión, ella le comentó que fue su culpa porque no debió tomarlo, así que se preguntó si era una coincidencia que llegara un auto así o si había otra persona conduciendo.
La unidad se detuvo en la entrada y Seiya no pudo evitar sonreír al ver a Serena. El encargado de estacionar los autos se acercó, pero él fue más rápido y llegó para abrir la puerta y darle la mano a la rubia para salir.
– Seiya… – expresó con sorpresa al verlo de frente. Parecía que no sabía qué decir.
Y Seiya no la juzgaba por ello, él mismo se había quedado sin habla y hasta se sentía sin aliento sólo al verla. Desde luego, Bombón le atraía por el brillo que emanaba, por su talento y su forma de ser, pero no negaba que le parecía una chica muy hermosa.
Ahora, esa belleza resaltaba aún más. Su vestido de aquella noche delineaba perfectamente cada curva de su cuerpo e incluso había un ligero escote que marcaba aún más sus atributos femeninos. Pero Seiya no se perdió en ello, se sintió más cautivado por verla por primera vez con su cabello suelto, lo que acompañado con su cuidado maquillaje, le daba un toque seductor de elegancia.
El color rosa claro, casi blanquecino, de su vestido completaba el cuadro que la hacía ver como su auténtica Princesa de la Luna. A propósito de eso, incluso no pasó de largo que ella estaba usando el collar que le había enviado días atrás.
– Perdóname – dijo ella después de un silencio – Se me hizo un poco tarde y…
– No – pudo él apenas reaccionar, le estaba costando trabajo hilar palabras – No es tarde, apenas vamos a comenzar – aunque quería seguir explicándole que, aunque ya habían llegado los invitados, estaba a tiempo para disfrutar completa la velada, Seiya tenía la necesidad de decirle algo – Luces más hermosa que nunca.
A pesar de que ya estaba oscuro, el muchacho pudo ver el sonrojo en el rostro de la chica y eso de nuevo alimentó su ilusión de poder estar en la vida de Bombón de otra manera.
– Gra… gracias – respondió pausadamente y Seiya quedó fascinado al verla apenada por su halago – Tú también te ves muy apuesto.
En su faceta como cantante, Seiya se estaba acostumbrando a que las chicas le gritaran toda clase de halagos, incluso algunos bastante subidos de tono; pero una sola frase de Serena Tsukino fue capaz de hacerle sonreír nervioso.
– Es una noche especial ¿no? – sólo se le ocurrió decir – Gracias por estar aquí.
– No podía fallarte – le respondió y de pronto pareció recordar algo – Ah, te traje un detalle – buscó en su bolso y sacó una pequeña cajita y se la entregó.
Seiya la abrió inmediatamente y se encontró con un par de aretes dorados en forma de estrella.
– Discúlpame, es algo muy sencillo comparado con lo que tú has hecho por mí, pero…
– ¿De qué hablas? – Seiya estaba muy emocionado, no sólo porque le encantaron esas piezas, sino porque ella se las estaba obsequiando, porque ella había pensado en él.
En un movimiento rápido, se retiró sus aretes de luna y se colocó los nuevos – ¡Son perfectos! – se los mostró con orgullo – ¡Muchísimas gracias, Bombón!
Se quedaron mirando y fue hasta que el acomodador de los autos carraspeó.
– Lo siento – dijo Seiya – Tenemos que entrar o Mina me matará.
– Nos matará – precisó Serena y los dos sonrieron cómplices, sabiendo que estaban juntos en esto.
Él le ofreció su brazo para caminar juntos hacia el lugar y ella aceptó con una sonrisa. Seiya estaba convencido de que sería una velada especial. Su oportunidad de dejarle claro que la amaba.
o-o-o-o-o-o-o-o
Entre las razones de su retraso se encontraba que se lavaba una y otra vez la cara para esforzarse en que no se notaran sus ojos hinchados por tanto llorar.
Y es que después de que sus amigas se fueran, había quedado un buen rato sin poder detener las lágrimas. Llegó un momento que ya no estaba segura de cuál era la razón, si por irse, por extrañar desde ya todo lo que estaba dejando, si por Darien, por Seiya, por los nervios de la presentación de su obra o de plano si era un asunto de sus hormonas que, por cierto, últimamente estaban completamente descontroladas y la tenían esperando su tormento mensual.
Pero ese no era asunto ahora.
Afortunadamente cuando se fue, sus papás aún no regresaban a casa. Y es que seguro hubieran notado que estuvo llorando un buen rato.
Con cierta precaución tomó el auto de Darien, ya no le imponía tanto conducir ni siquiera ponerse al volante de semejante máquina, simplemente quería tomar las cosas con la calma necesaria, pues sería la primera vez que conduciría sola tan tarde.
En el camino le había venido una curiosa idea, a propósito de qué sería de ese vehículo una vez que se fuera a Estados Unidos.
¿Darien tenía pensado venderlo? Quién se encargaría de ello si Neflyte y Jedite ya no trabajaban para él, si Kunzite y Zoycite tampoco y más bien ocupaban su lugar dentro de su empresa, o eso entendía por lo que sus amigas habían conversado; ya ni imaginar que Setsuna Meiou lo haría pues viajarían juntas.
En realidad, el auto no era lo importante; sino que pensar en ello le hizo brincar a otra idea: qué sería del departamento, de los muebles, de la ropa que no podría llevarse, de sus objetos personales, de sus obras, de sus recuerdos.
¿Darien pensaba que simplemente se quedarían en Japón y ya? Para Serena no era tan simple, pues de hecho estaba muy preocupada por el destino de Luna. Y aunque sabía que su mamá podría ayudarle con eso eventualmente, era responsabilidad suya resolverlo y resolverlo implicaba hablarlo con Darien.
Sí, tenía tantas cosas que hablar con él. Esa había sido otra razón de su retraso aquella noche, pues había pasado largo rato en la ducha pensando en lo que tenía que suceder a continuación con él y su relación.
No le había mentido a sus amigas: irse ya estaba decidido; pero sus palabras no le fueron indiferentes y pensaba cuestionarle muchas cosas a Darien, plantearle seriamente que ella quería seguir preparándose profesionalmente como artista y que había cosas en su relación con las que ya no se sentía cómoda.
Ellas tienen razón y él debe entenderlo.
¿Y si no qué? – se había cuestionado en su larga reflexión. No tenía una respuesta a ello, porque seguía convencida de que él aclararía todo y seguirían adelante juntos – Porque ese es nuestro destino.
Y todo hasta ahí tenía sentido para Serena; sin embargo había un elemento más en la ecuación, uno que no terminaba de entender, que la inquietaba e incluso le dolía dejarlo fuera: Seiya.
Había algo que con él, un sentimiento que no le permitía alejarse e incluso la idea de hacerlo la lastimaba. Serena no entendía por qué se sentía así y, debía admitir, la respuesta la aterraba.
Claro, reconocía, Seiya le gustaba; era casi imposible ignorarlo porque era un chico muy atento, lindo, divertido y tenía todas las cualidades de una estrella pop: talentoso, carismático, buen bailarín y, desde luego, era apuesto.
Tendría que estar ciega para no ver todo eso; pero, hasta cierto punto, le parecía natural y hasta inofensivo que pudiera reconocer en un muchacho como Seiya esas virtudes. Es más, podría cuestionarle a sus amigas si, aun teniendo novios y estando tan enamoradas, no veían atractivos a los Three Lights o a cualquier estrella de cine o televisión y probablemente dirían que sí.
Sin embargo, había una enorme diferencia, Seiya no era la fantasía adolescente de una incansable estrella pop, era un amigo que muy rápido supo entrar en su vida y, lo más importante, estaba esa hermosa canción que decía que estaba enamorado.
– La hice para ti – retumbaba en su cabeza esa declaración.
Serena no sabía exactamente cómo o cuándo había nacido en él ese sentimiento o si él estaba confundido, pues ella simplemente no podía corresponderle porque tenía novio. Y eso era lo peor, que tal vez sólo lo estaba hiriendo más al no alejarse.
Pero no puedo, no quiero – pensaba y trataba de controlarse para no estallar de nuevo en llanto.
–… sólo no lo lastimes – le había dicho Rei y desde luego que ella estaba más que interesada en que él no fuera lastimado.
En cuanto llegó al lugar, él personalmente la recibió; le dio pena preguntar si fue por la dinámica del evento, por casualidad o si…
Estaba esperándome.
No pudo ahondar más, tenía que reconocer que el hecho de que fuera él quien le diera la bienvenida le emocionó y provocó un pequeño vértigo en su estómago.
Además ese pequeño momento le dio la oportunidad de entregarle su obsequio y ella se emocionó aún más al ver que Seiya había recibido sus aretes con emoción y hasta había decidido usarlos inmediatamente; justo para esa noche tan especial.
Tuvo unos segundos de nueva culpa al no poder resistirse al ofrecimiento de caminar a su lado. Era muy difícil decirle que no y menos cuando lo veía tan contento.
Y verlo así me hace feliz.
Caminaron juntos hasta la entrada y, poco antes de ingresar, ella tuvo un impulso y lo detuvo – Espera.
– ¿Qué pasa?
– Perdóname Seiya, una tontería.
– Nada que te ponga así es una tontería, dime qué sucede.
– Me da un poco de nervios pensar que, con la presentación del disco, mucha gente verá mi pintura ¿qué tal si no les gusta?
– Bombón… – se acercó un poco a ella y dijo con tono de broma – Tranquila, no quiero que te me desmayes como aquella vez ¿recuerdas? – comentó, aludiendo a uno de sus primeros encuentros, cuando ella ni se imaginaba lo importante y especial que llegaría a ser él en su vida.
El comentario, desde luego, era para relajarla, así que trató de sonreírle y conservar la calma – Perdón, tú debes estar concentrado en tus cosas y yo sólo estoy distrayéndote con mis tonterías, quizá ni siquiera mi arte es importante esta noche.
– No digas eso – la tomó de las manos – Yo también estoy muy nervioso, pero estoy seguro que nos irá muy bien y también que todo el mundo amará tu pintura tanto como yo… Además, sé que eres una chica muy fuerte y valiente, eres esa que superó su accidente de auto y la misma que me reclamó y me dio la bofetada más grande que me han dado – comentó con su sonrisa traviesa.
– Seiya… – dijo muy avergonzada por sus palabras y también por recordar ese episodio en el que lo golpeó.
Entonces él se puso un poquito serio y se inclinó hacia ella, casi peligrosamente cerca – Todo saldrá muy bien. Te prometo que estaré para apoyarte.
Ella sonrió nerviosa y no estuvo segura si por sus palabras o simplemente por tenerlo tan cerca, tanto que su loción nuevamente la llenaba, de una forma casi embriagante.
– Gra… gracias. Siempre eres muy lindo conmigo.
– Es lo menos que mereces. Eres una talentosa artista – él le sonrió – Gracias por compartir ese talento con nuestro proyecto y ser parte de todo esto; de verdad no sabes lo especial que es para mí.
Se quedaron así un momento, sólo mirándose.
– ¡Kou! – interrumpió Mina que iba a buscarlo. Él inmediatamente la soltó – ¡Sólo cinco minutos!… Anda, ya ve que están esperando.
– Sí, señora – respondió e hizo un saludo militar.
– ¡Osh! ¡No me digas señora! – lo reprendió y Seiya sólo rió travieso. Se dirigió hacia la entrada del salón.
Serena también había sonreído, pero el gesto se borró un poco cuando Mina se dirigió a verla.
– Perdón, no quise retrasarlo.
– Descuida – le dibujó una media sonrisa – Te ves hermosa, Serena. Qué bueno que pudiste asistir.
Escucharon aplausos, que indicaban que el trío de chicos ya estaban juntos y se encaminaban al pequeño escenario.
– Es algo muy importante para Seiya – comentó Mina mirando hacia dentro – Pero, ¿él ya sabe que te vas?
Las amigas se miraron – No, se lo diré esta noche.
– Por favor, espera lo más que puedas ¿sí? – pidió Mina – Saberlo lo va a destrozar, por favor.
Las palabras retumbaron en ella. No quería seguir lastimándolo, pero parecía inevitable.
– Después de eso, sus hermanos y yo nos encargaremos de que esté bien, creo que eso es lo que nos queda; no te preocupes por ello.
– Mina, yo…
– No digas nada. También me siento un poquito culpable, yo quería acercarlos y que ustedes… – suspiró – Ya no importa.
Adentro se escuchó cómo se encendía un micrófono y más aplausos.
– Vamos – sólo dijo su amiga.
Siguió a la rubia con una pequeña zozobra, pero en cuanto entró al lugar y lo vio ya instalado en el escenario, tan contento y radiante, podía borrarle esa sensación. Desde la distancia, él le dedicó una mirada y una sonrisa, pues, aparentemente, como líder del grupo sería el responsable de decir algunas palabras.
Seiya saludó a los presentes y, en nombre de sus hermanos, agradeció la presencia de todos; Seiya también se refirió a la confianza que los directivos de la disquera estaban depositando en el proyecto y también reconoció el trabajo de todos los que estuvieron involucrados en la producción.
– Y quiero agradecer especialmente a Mina, nuestra representante, por hacer todo esto posible – dijo y la aludida, que ya estaba junto al escenario agitó su mano saludando – Gracias, Mina, nunca habíamos conocido a una chica con tanta entereza.
– También, de manera muy personal, agradezco a mis compañeros, mis hermanos: Yaten y Taiki, sin ellos yo no estaría aquí. Gracias por siempre apoyarme – después de unos aplausos, Seiya quiso decir algo más – Y antes de comenzar, quisiera agradecer a la maravillosa y talentosa artista Serena Tsukino, ella es la autora de la portada de nuestro disco, que en un momento develaremos – pidió un aplauso e indicó con la mano hacia la entrada del lugar, donde ella se había quedado.
Varias miradas se dirigieron a ella y aplaudieron. La rubia no sabía dónde ocultarse. Por un lado, le daba algo de pena que la gente estuviera mirándola y reconociéndola por un trabajo que hizo y que, la mayoría, ni había visto; por el otro lado, no sabía qué hacer porque Seiya, que era uno de los protagonistas en esa velada, prefiriera que le dieran palmas a ella, en lugar de a él y su trabajo.
– Bien, sé que están ansiosos por conocer el álbum, así que decidimos comenzar la presentación con lo que será el segundo sencillo – anunció Seiya – Esta canción fue la primera que escribí cuando llegamos a la ciudad, después de un pequeño encuentro accidentado.
Entonces marcó el ritmo a sus hermanos y comenzaron a entonar una canción. Serena se quedó viendo casi hipnotizada, le gustaba mucho la voz de Seiya al cantar y verlo ahí tan pleno tocando su guitarra.
Pero había algo más. Seiya realmente tenía un talento para transmitir sentimientos a través de su música, de sus canciones.
De ese pedazo de su corazón.
Si bien la canción tenía un ritmo muy agradable, Serena escuchaba con más atención la letra, que hablaba de un encuentro fortuito, pero que había cambiado todo en él.
– Ella es la estrella fugaz que cruzó en mi camino, pero con un instante bastó para iluminarlo todo – decía y la frase cayó justo cuando posó su mirada en ella.
Como si cantara para mí.
En el lugar había decenas de personas. Ejecutivos de la disquera, prensa, invitados y quién sabe cuántos más, pero para Serena dejaron de estar ahí; incluso ignoraba completamente que estuvieran ahí Mina y el resto de los Kou. Para ella era como si sólo estuvieran ella y Seiya, mientras él de nuevo le dedicaba otra canción.
No sabía qué pensaba su amigo cuando compuso esta pieza, pero ella no pudo evitar recordar aquel día desafortunado en el que chocó el auto y se cruzaron por primera vez. El día que comenzó a cambiar todo.
– Y esa luz quedó siempre encendida para mí – continuaba Seiya.
Era cierto. Quizá para ella ese primer encuentro no había sido el mejor y le avergonzaba un poco recordar el segundo, cuando lo abofeteó; pero aquella vez que fue a entregarle sus primeras hermosas rosas, la luz de Seiya se había quedado, primero para impulsarla como artista, luego como un fiel amigo que la motivaba a que volviera a sentirse bien siendo ella y luego… luego…
– Para hacerme feliz – cantaba Seiya.
Sí, para hacerla feliz. Con él, por él – reconoció y en un instante pasaron por su mente todas las cosas que habían pasado juntos esas semanas: sus divertidas salidas, su pequeño juego de preguntas, sus palabras para motivarla siempre, sus risas, las exquisitas rosas que él siempre escogía para darle, el reconfortante aroma de su loción, su tacto, su calidez y hasta sus cuerpos bailando tan suave y cerca aquella vez; y entre todo eso entendió un poco de cómo había nacido en él ese sentimiento especial.
Porque yo también… también…
Y con toda esa ola de ideas, su cabeza y su corazón por fin se pusieron de acuerdo para ponerle el nombre a eso que llevaba días inquietándole sobre su amigo, lo que no le permitía alejarse, lo que la tenía tan confundida: se había enamorado de Seiya.
La canción terminó y ella ni siquiera fue capaz de unirse a todo el salón que ya aplaudía al trío de jóvenes, mientras ellos agradecían.
Seguía congelada hasta que Seiya le dedicó una sonrisa a la distancia y ella quiso acercarse al escenario y aplaudirle más efusivamente que nadie, pero una idea la asaltó y le fue imposible dar más que un solo paso.
Esto no está bien. Tengo novio y me está esperando en Estados Unidos.
Entonces escuchó que alguien carraspeó junto a ella.
– Buenas noches, señorita Tsukino – dijo y se encontró con Kunzite, como si fuera un recordatorio de que Darien existía.
o-o-o-o-o-o-o-o
Poco antes de ir a buscar a Seiya Kou, Mina les indicó a Yaten y Taiki que se adelantaran al escenario.
Kunzite les deseó éxito y Yaten le agradeció con una palmada en el hombro. Taiki sólo asintió, el castaño más bien se inclinó hacia Setsuna y le dijo al oído algo que a ella le hizo sonreír, la respuesta fue un delicado beso que él depositó en su mejilla y se fue de ahí.
Sin embargo, otra cosa le inquietaba. Las palabras dehabían escuchado. Y por la expresión de Setsuna sabía que a ella también la desconcertó.
Qué era eso de que la señorita Tsukino le rompería el corazón a Seiya Kou si no asistía. Probablemente el comentario hubiera pasado completamente desapercibido, pero de alguna manera seguía en su cabeza lo que había hablado con sus amigos: la cercanía entre ellos dos e incluso que ese chico había pasado hasta su departamento, sólo con ella.
Ya habían hablado mucho de Darien y ciertas cosas que no les gustaban de lo que pasaba alrededor de Setsuna Meiou y la propia Serena Tsukino, e incluso habían comentado que esa cercanía se debía a que ella estuvo trabajando en el arte de su disco, pero eso no justificaría que su novia estuviera haciendo algo indebido.
No puede ser posible – se dijo, pues esa chica era una de las mejores amigas de su novia y realmente parecía una buena persona, no creía posible que...
– Creo que es un malentendido – comentó Setsuna.
– ¿Disculpa?
– Creo que también lo pensaste, pero no los creo capaces de hacer algo a espaldas del señor Chiba.
Kunzite era demasiado recto y necesitaba siempre un argumento, así que dijo con su típico tono serio que, en realidad, ni había salido a relucir en lo que iba de la velada – ¿Por qué lo dices?
– Porque conozco el rostro de la traición – en ese momento Seiya entró al salón, tranquilo, sonriente – Sólo tiene dos caras: el cinismo o la vergüenza – hizo una pequeña pausa – Ellos no muestran ninguna... como Darien o yo – sentenció y no fue capaz de sostenerle la mirada.
Se quedaron callados un momento y Kunzite sentía que se estaba enredando cada vez más en las conversaciones. ¿Acaso Setsuna estaba admitiendo algo? No sabía y tampoco sabía si debía indagar sobre el asunto.
Desearía que sus amigos, que eran mucho más sensibles y con más tacto, estuvieran ahí para decir algo más, pero ni siquiera podía mandarles un mensaje explicando todo lo que estaba pasando y que le dieran un consejo, pues todos ellos habían comentado que estarían ocupados.
El chico Kou empezó a hablar, dedicando las tradicionales palabras de agradecimiento. Justo en ese momento, Setsuna se puso de pie – Disculpa, Taiki me dijo que ojalá pudiera estar más cerca del escenario; con permiso – comentó y procedió ir hacia el grupo.
Él, por su parte, miró hacia la entrada del lugar, donde Mina ingresó con ese aire acelerado y fue directo hacia el escenario, mientras que la señorita Tsukino entró detrás, pero se limitó a quedarse ahí, sólo observando a la distancia.
La música comenzó a sonar y él se acercó poco a poco a la rubia, observándola y encontrar quizá si había alguna señal de lo que Setsuna había afirmado. Sin embargo, realmente no veía nada así o algo extraño, hasta que notó que estaba congelada, sólo viendo a ese muchacho, como si estuviera descubriéndolo por primera vez.
¿Ella también estaría dudando? Definitivamente él no era un experto en temas de amor, pero sabía lo que era estar enamorado y esa sensación que te llena e ilumina la mirada cuando ves a esa persona.
No puede ser.
En cuanto terminó la primera pieza musical, vio que la chica estaba a punto de caminar, pero se detuvo y él aprovechó el momento para acercarse.
– Buenas noches, señorita Tsukino – la saludó y la chica lo miró por un momento un poco sorprendida.
– Señor Kunzite, buenas noches – le respondió y dibujó una sonrisa un poco nerviosa – Discúlpeme, no lo había visto en su rol como novio de Mina.
Sin cinismo y sin vergüenza – pensó teniendo en mente lo que había dicho Setsuna. Era cierto, no había nada de eso en su rostro.
Los chicos anunciaron una canción más antes de la develación, la tan exitosa Search for Your Love que hasta el propio Kunzite ya había escuchado varias veces en la radio y, debía reconocer, esos chicos la tocaban y cantaban muy bien en vivo.
Por un momento, ambos se quedaron viendo hacia el escenario, pero el muchacho necesitaba aclarar algunas cosas – Disculpe señorita Tsukino ¿me permite hablar un momento con usted?
– Oh, yo...
– Es importante ¿me permite un momento por aquí? – señaló hacia la entrada del lugar.
La rubia pareció un momento contrariada, seguramente quería continuar viendo la presentación, pero Kunzite no estaba seguro de que tuviera otro momento en la velada para hablar con ella.
Al final, ella asintió y se dirigieron hacia ese lugar.
Kunzite no sabía cómo comenzar a hablar, así que primeramente la felicitó por prestar su trabajo para la portada del disco que se presentaría esa noche y hubo unos breves momentos en los que fue una charla normal en la que ella agradecía la felicitación y, con humildad, reconocía que todo era gracias a Mina y los Three Lights.
– Ya veo... ¿Y qué piensa Darien de todo esto? – preguntó directo.
– Él... – la chica pareció dudar por primera vez – él no lo sabe aún... Hay cosas que todavía no sabe.
En ese momento, la música adentro se detuvo y le siguió otra ola de aplausos y parecía que lo que seguiría era la develación del disco. No obstante, los dos permanecieron inmutables ante ello.
Algo importante está pasando.
Al fin se decidió a hablar después de un silencio entre ellos – Cosas como Seiya Kou – dijo tal vez un poco mordaz, pero no podía evitar ser honesto y fiel a lo que creía correcto; además, con Setsuna, a quien consideraba una gran amiga, pudo ser un poco más flexible, pero con la señorita Tsukino...
Ante la ausencia de respuesta, insistió – ¿Darien no sabe lo que está pasando entre ustedes? – preguntó sin darle un nombre a esa cercanía entre ella y Seiya Kou.
La chica abrió la boca, pero no emitió palabra alguna, como si dudara por un momento lo que diría – Somos amigos – declaró – No hay nada más... – hizo una pausa y, en ese momento, alguien llegó corriendo y se detuvo en el umbral de la entrada.
La chica no lo notó y dijo – De todos modos, no importaría; mañana me iré, eso ya está decidido.
– Bombón – preguntó Seiya Kou, quien había acudido a buscar a la autora del arte de su disco para que los acompañara en la develación y sólo alcanzó a escuchar esa última parte – ¿Te irás?
Continuará…
Hola. ¿Cómo están? Espero que mejor que nuestra protagonista, que ya se le destapó la olla, pero no todo está sencillo, aún van a pasar más cosillas, y también hay dudas y más revelaciones y un Princeso Mayor de por medio.
Y qué decir de lo que Sets no ha estado diciendo. Híjole y esta velada todavía no acaba. Les dije que sería una noche larga.
Sin más por el momento, nos leemos muy pronto.
PD. Emocionada de que ya superamos las 200,000 palabras. ¡Mi fic más extenso hasta el momento!
