—Así que ahí está, de pie frente a Karkaroff, mirándolo y... —Theo agitó con vehemencia la mano que no sostenía la Cerveza de Mantequilla, para pronunciar las siguientes palabras—. Jódete, Director Karkaroff.
Hermione soltó una risita, llevándose una mano a la boca, intentando no ser demasiado atrevida cuando Blaise se levantó de la silla solo para hacer la mímica de una reverencia a los presentes. Draco, con la mano floja contra el hombro de ella, sonrió.
—Parecía a punto de arder en llamas. Una escena épica, —añadió, y Blaise resopló.
—Has tenido valor, Blaise. Es un gesto precioso, para Harry y para ti, —añadió Hermione.
Blaise le sonrió.
—Oh, cariño, no lo hice por Harry, —lanzó una mirada a la silla de al lado donde Harry estaba medio escuchando mientras terminaba un trabajo. Se alisó la corbata verde y plateada que le habían entregado junto con el uniforme tras un breve enfrentamiento con el Sombrero Seleccionador y se acomodó más cómodamente en el sillón de la Sala Común de Gryffindor, donde se habían refugiado tras el banquete del Día de San Esteban—. Quiero decir, claro que él tuvo algo que ver, pero la verdadera razón por la que lo hice fue por mí mismo. Quise salir de ese colegio desde el momento en que entré en él, y Dumbledore me ofreció una plaza en el momento perfecto.
—¿Y tus padres? —preguntó Pansy desde el suelo, con la cabeza apoyada en las piernas de Fleur mientras escuchaba distraídamente—. ¿No se pondrán como locos?
Blaise se encogió de hombros.
—Mis padres no se preocupan por mí al menos tanto como yo no me preocupo por ellos. Probablemente gritarán durante un tiempo, sobre todo desde que dejé de ir a la mejor escuela de magia de sangre pura del mundo, pero tengo dinero suficiente para vivir mi vida sin tener que volver a verlos. De alguna manera, me las arreglaré.
—Ruego por que te envíen un mensaje antes de que volvamos a Durmstrang, —respondió Theo—. Sería muy divertido verlo.
—Nunca se rebajarían a algo tan público como una carta. —Blaise sacudió la cabeza, aplastando sus esperanzas—. Los desfiguraría.
Hermione apoyó la barbilla en la palma de la mano y dejó escapar un pequeño suspiro.
—Sabes, me sigue pareciendo extraña la frialdad y el desapego con que hablas de tus padres. Yo estoy tan unida a los míos y es... casi paradójico.
—Las familias de Sangre Pura como la nuestra no crían ni educan a sus hijos en nombre del afecto o los lazos afectivos. La historia, la herencia y la sangre son los puntos centrales de nuestra crianza, que sirven para establecer nuestro lugar en el mundo y nos dan las habilidades para convertirnos en perfectos sangre pura. En muchos, incluido el de Draco, hasta los matrimonios son concertados, —respondió Theo.
Abrió un poco los ojos y miró a Draco, que le devolvió una mirada irónica.
—¿Hay alguna bruja sangre pura perfecta esperándote en tu castillo que yo deba saber? —resopló ella, y él sonrió, atrapando un rizo entre sus dedos.
—No que yo sepa, mon trèsor. Si la hubiera, te informaré tan pronto como... ay.
Hermione retiró el codo de las costillas de Draco, satisfecha, y sonrió, ajustándose de nuevo la capa que él le había echado sobre los hombros.
—¿Y tu familia, Theo? —preguntó entonces.
Reflexionó unos segundos antes de encogerse de hombros.
—Mi madre me apoya en todo, es mi padre el verdadero problema. Estoy seguro de que se pondrá furioso cuando se entere de que he apuntado a Karkaroff con la varita, pero dudo que tome medidas de verdad. Es un cobarde, y siempre lo ha sido. Ya soy mayor de edad, y los bienes de mi familia son técnica y legalmente míos. No le conviene tenerme en su contra.
Hermione asintió, asimilando la información, y luego levantó la cabeza hacia Draco.
—¿Por qué eso no se aplica a ti? ¿Por qué tienes que graduarte en Durmstrang?
Draco suspiró.
—Porque Lucius sigue convencido de que puedo adherirme a sus ideas, y supongo que cultiva la imagen de una familia feliz sostenida en la creencia de la pureza de sangre. Además, es la única forma que tiene de mantenerme unido a él, y se asegura de hacerlo de todas las formas posibles. Una vez que complete la transición, no solo me perderá a mí, sino también a mi madre.
Ante la mirada interrogante de Hermione, soltó una risita.
—Cielos, eres tan inocente, Granger.
Theo bebió un sorbo de cerveza de mantequilla y sonrió.
—¿Has oído hablar del divorcio en el mundo mágico?
Hermione arrugó las cejas y se volvió hacia Pansy.
—Conocemos estudiantes de Beauxbatons cuyos padres están...
—No hablo de la comunidad francesa. Allí el Ministerio es más progresista. El Ministerio de Magia inglés establece que un matrimonio mágico es un contrato vinculante de por vida.
Pansy puso los ojos en blanco y resopló.
—Por eso mis padres, al estar aún registrados bajo la autoridad inglesa, deben permanecer juntos.
—Pero... ¿por qué? —preguntó Hermione, acomodándose mejor en los brazos de Draco.
—La intolerancia es tal en el mundo de los magos como en el de los muggles, la cuestión es que los magos evolucionan menos y la cultura no progresa. Cuando se firma un contrato mágico, todas las posesiones de la familia de la bruja pasan a ser propiedad común entre el patriarca de la familia de origen y el mago con el que se casará. En el caso, por ejemplo, de los padres de Draco, Narcissa Black-Malfoy es la última Black con vida, y todas sus posesiones están, de hecho, en manos de Lucius, quien, como su marido, puede usarlas como quiera.
—Esto es... absurdo. Ella debería poder... —Hermione infló el pecho, indignada.
—No se considera que las mujeres puedan ocupar una posición de poder, administrar tierras, posesiones o propiedades, —replicó Draco—. Y los Malfoys celebran contratos matrimoniales muy detallados que ni el mejor Mago del mundo podría librar. Así que mi madre está unida a mi padre, mientras la finca siga en sus manos. Él tardó meses en aceptar que ella se mudara de la mansión, y aún se niega a hacer oficial su separación, a pesar de que no se han visto en años.
—Entonces... —concluyó Hermione—. No lo haces solo por ti, sino también por ella.
Draco asintió ligeramente y Hermione se acurrucó más a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.
—Debe de ser duro, —murmuró.
—He tenido buenas compañías a lo largo de los años. —Draco sonrió contra su pelo y Theo negó con la cabeza, indignado.
—No creas que ha sido fácil, con ese temperamento tuyo.
Blaise asintió.
—Además de tu desorden crónico. A veces encuentro tus pantalones debajo de la cama y no tienes ni idea de cómo acabaron ahí.
—Al menos yo me los pongo, los pantalones, —replicó Draco secamente, y Blaise se echó a reír.
—No los llevabas el día que entré y te encontré completamente desnudo delante del armario.
—Deberías haber llamado. —Draco apretó los dientes mientras Hermione soltaba una suave carcajada.
—Muy bien, no dejemos que esta conversación degenere más, —dijo entonces—. Estábamos felicitando a Blaise por haber derrotado a Karkaroff.
—Hubiera sido mejor que vosotros, idiotas, hubierais confiado en mí sin sacar vuestras varitas. Ahora Karkaroff os vigilará aún más. Y yo no descartaría que Hermione no estuviera también en su punto de mira, —respondió Blaise, inclinando la cabeza hacia ella, que enarcó las cejas.
—No es algo que me preocupe, —respondió ella, ligeramente molesta—. No soy su alumna, no puede ejercer sobre mí el mismo régimen que...
—Esa no es la cuestión. Karkaroff es desagradable con la gente que no lo idolatra ni lo sigue ciegamente. Draco siempre ha sido el menos obediente, y después de Blaise sentirá la necesidad de recordarles a todos su lugar en el colegio, incluido él, —la interrumpió Theo.
Draco dejó de sonreír, acariciándole ligeramente el hombro con los dedos.
—En el barco no me dijo ni una palabra. Estaba preparado para ser insultado, pero...
—¿Y eso no es bueno? —replicó Hermione.
Guardó silencio unos segundos, mirando a Theo, que le correspondió con una expresión igualmente seria. Pansy resopló.
—Venga, no pongas esas caras y dínoslo.
Draco dejó de acariciarle el hombro.
—Al principio, eso es lo que pensé. Pero pensándolo mejor, es demasiado raro. No descartaría que se lo contara a mi padre.
Hermione dejó de repente de acomodarse en el sofá, abriendo ligeramente los ojos y alzándolos hacia los de él.
—¿Y qué se supone que significa eso?
Se encogió ligeramente de hombros.
—No tengo ni idea. Podría significar todo o nada. Nunca hay forma de saberlo con él.
—¿Habré estropeado algo de tu plan? —Hermione se volvió completamente hacia él, que le sonrió tranquilizadoramente.
—No piense en eso ahora, trèsor. Me ocuparé del problema si surge y cuando surja, —cerró el tema con unas simples palabras, pero cuando Harry y Fleur empezaron a hablar del huevo de oro y de lo poco que habían avanzado en descubrir la pista, Hermione no pudo evitar las miradas pensativas entre él y Theo.
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Era 31 de diciembre, y Hogwarts bullía con los preparativos para el banquete de Año Nuevo. Dada la presencia de los dos colegios del torneo, el hecho de que la mayoría de los alumnos se hubieran marchado de vacaciones era irrelevante, y de todos modos el colegio estaba lleno de charlas, gritos y estudiantes.
Hermione estaba sentada a la mesa de la biblioteca, encorvada sobre el tema de Transformaciones, escuchando solo parcialmente los grandes planes de Blaise para la fiesta ilegal que iban a celebrar esa misma noche. Si la única oreja que dedicaba a escuchar no la engañaba, se celebraría justo en la torre de Astronomía, donde Blaise dijo que había podido materializar una pista de baile perfecta para la ocasión. Se frotó ligeramente los ojos, cansada y fatigada, antes de volver a sumergir la pluma en la tinta.
—¿Café? —una voz baja y envolvente le susurró de repente en el oído derecho y casi dio un respingo cuando vio a Draco sentarse a su lado, con dos tazas humeantes en la mano.
—Oh, mon Dieu, eso sería perfecto, —agarró una con avidez y dio un largo sorbo antes de saludarle con un beso en los labios—. ¿Cómo los has traído hasta aquí? Madame Pince...
—Tengo mis secretos, —respondió con un guiño.
—¿Ha pasado algo hoy, con Karkaroff? —le preguntó Hermione, como todos los días desde que habían tenido aquella conversación en la Sala Común de Gryffindor.
—Nada de nada. Deja de preocuparte, Hermione, —le contestó—. Incluso si hace algo, sabré cómo afrontarlo y sabía dónde me metía.
Resopló.
—Es que no puedo dejar de pensar en ello. —Tomó otro sorbo de café—. Si hubiera decidido avisar a tu padre y todo tu plan se viniera abajo, no solo sería responsable de hacerte daño a ti, sino también a tu madre.
—En primer lugar, tú no serías responsable de nada. Fui yo quien eligió cortejarte, acercarme a ti, y sabía lo que hacía.
—Te estás arriesgando...
—Y lo hago encantado, —resopló ligeramente—. No es algo por lo que tengas que preocuparte o sentirte culpable. Si hubiera sabido que te afectaría tanto, no te lo habría dicho.
Hermione guardó silencio unos segundos, asimilando sus palabras.
—¿Por qué haces esto?, —susurró entonces—. ¿Por qué arriesgar tanto?
Hizo una mueca con los labios.
—¿Se te ha pasado por la cabeza que tal vez tú lo vales, mon trèsor?
Hermione se quedó petrificada durante unos segundos, un súbito calor subió a su pecho y luego a sus mejillas.
—Yo... —balbuceó—. Yo... lo consideré, —terminó diciendo, estúpidamente. Claro que lo había pensado.
El hecho de que sentía por Draco algo más que atracción física estaba ahora claro en su mente, pero nunca se había permitido imaginar lo que pasaba por la suya. Aunque la química era innegable, empezar a suponer algo más era... fanfarrón y arrogante, y ella no iba a ser ninguna de las dos cosas. Pero el hecho de que estuviera poniendo en peligro todo su plan por ella hizo que su corazón latiera furiosamente.
—Pero es una variable como las demás y no quería incluirla sin la seguridad... o la casi seguridad de que... quiero decir que tengo la seguridad de mis propios sentimientos, pero no los tuyos así que... —se le secó la boca a media frase y murmuró algo antes de callarse, lanzando una mirada nerviosa a la mesa cercana donde Blaise seguía divagando.
Oyó a Draco reírse suavemente y entonces una de sus manos se deslizó por su pelo y tiró suavemente de ella hacia él.
—Ven aquí, —le susurró antes de cubrir sus labios con los suyos en un beso poco apropiado para el ambiente en el que se encontraban.
—Draco... —se apartó después de unos segundos, relamiéndose los labios—. Pince nos echará si nos ve...
Se rio y la besó de nuevo, separando sus labios.
—Estoy bastante seguro de querer correr ese riesgo, ma chère. ¿Me entiendes?
Hermione lo miró a los ojos unos segundos, ligeramente aturdida, antes de asentir.
—¿Era esa una de tus complicadas y retorcidas formas de admitir que sientes algo por mí? —susurró entonces, armándose de valor.
—¿Soy complicado y retorcido? —enarcó ligeramente una ceja, con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
—Más que eso, —respondió ella, apretando con una mano el uniforme en su pecho para acercarlo más—. Pero también por eso me siento terriblemente atraída por ti.
—Terriblemente, ¿eh? —Draco le pasó una mano por debajo de la mandíbula y por el lateral del cuello y luego la atrajo hacia él—. Realmente creo que necesitamos encontrar un lugar tranquilo para nosotros, Mademoiselle Granger.
—¿Tú crees? —Hermione miró rápidamente a su alrededor y se volvió hacia Draco, que ya se había levantado y le tendía una mano—. Se supone que tengo que terminar el trabajo de Transformaciones... —intentó ella, con picardía, solo para verlo enfurruñarse un momento.
—Entonces tendré que ser muy convincente, —se inclinó de nuevo hacia ella, haciendo ademán de besarla, pero una voz irónica los interrumpió.
—Por Merlín... —dijo Blaise desde la mesa de al lado—. ¡Follad en otro sitio, estamos intentando montar una fiesta ilegal aquí!
Hermione soltó una carcajada antes de tomar la mano de Draco entre las suyas y ser arrastrada fuera de la biblioteca.
No fue hasta muchas horas después, abrazados con fuerza en la pista de baile materializada en la torre de Astronomía, con la voz mágicamente amplificada de Blaise haciendo la cuenta atrás para el Año Nuevo, que Hermione encontró el valor para retomar el tema. Draco, impecable de traje y camisa, la abrazó mientras bailaban entre los demás, con los ojos absortos en ella. Ella depositó un beso en su mejilla y sonrió.
—Yo también me arriesgaría por ti, —le susurró, apartándose ligeramente para observar su reacción. Él abrió ligeramente los ojos y estiró los labios en la sonrisa más dulce que ella había visto en él. Y mientras Blaise gritaba buenos deseos a todo el mundo, la puso de puntillas para besarla.
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Nota de la traductora:
En realidad, todo lo que queda de historia estaría en este capítulo, pero ya que es extremadamente largo y con partes diferenciadas, he decidirlo dividirlo en tres.
