Galaxy Angel – La novelización

Por Fox McCloude

Disclaimer: Galaxy Angel y todos sus personajes son propiedad de BROCCOLI. Todos los derechos reservados.


El último baile (7-1)


El largo viaje hacia el sistema Rhome finalmente había terminado. Eso significaba que ya había cumplido con su misión, o eso fue lo que Takuto pensaba. A decir verdad, ya había pasado más de medio día que habían llegado, pero debido a que estaban aguardando a que se reuniera el resto de la flota, habían recibido órdenes de mantenerse en espera hasta nuevo aviso.

El alivio de haber cumplido con el trabajo encomendado de escoltar al Príncipe Shiva dio paso a un gran aburrimiento. Normalmente le gustaba la calma y la tranquilidad, pero tras todo lo sucedido en las últimas semanas, la tranquilidad y la calma de no hacer nada ya no se sentían tan atractivas como antes. Y a decir verdad, Takuto esperaba ponerse en marcha pronto.

Las puertas del puente se abrieron, y la Brigada Angel hizo acto de presencia entrando en fila una detrás de la otra.

– Hola, hola, con permiso. – saludó Forte con una gran sonrisa.

– Hola, Forte, chicas. – Takuto le devolvió el saludo. – ¿Qué sucede?

– Nada de "¿qué sucede?". – dijo Ranpha con los brazos en jarras y claramente molesta. – ¿Cuánto tiempo vas a tenernos esperando aquí?

– Si no me equivoco, hemos estado sobre la órbita del planeta Rhome durante más de medio día. – dijo Mint.

– ... Han pasado 13 horas y 38 minutos según lo que indica la nave. – señaló Vanilla el reloj digital del puente.

– Ya estoy cansada de esperar. – dijo Milfie. – ¿Podemos ir al puerto ya?

Takuto tuvo que reprimir el impulso de suspirar. No podía culparlas, ya que él también estaba muy aburrido de estar allí sin hacer nada, pero las órdenes eran órdenes y no podía hacer mucho al respecto.

– Lo siento, chicas, pero todavía no. – les dijo. – Nos dieron la orden explícita de dirigirnos a la tercera ciudad satélite, Fargo, y como pueden ver, está allí frente a nosotros.

Admitiéndolo, la vista de Fargo no era tan mala. La ciudad satélite estaba compuesta por un bloque central, rodeado por varios bloques con forma de diamantes tridimensionales iluminados. Había canales de transporte de entrada y salida que ayudaban a guiar a las naves que se dirigían a atracar o despegaban fuera de ella. Pero después de más de trece horas, se podía volver bastante monótono.

– Está justo frente a nuestras narices. – dijo Milfie. – Entremos ya.

– Aún no podemos. – replicó Almo. – Por ahora, nuestras órdenes son esperar hasta nuevo aviso.

– Aunque Fargo es el puerto más grande de Rhome, requiere tiempo para que todas las naves ingresen una detrás de la otra. – comentó Coco.

– Pero el Elsior debería tener prioridad para atracar. – señaló Forte.

– Así es. – secundó Mint. – Hemos venido todo el camino desde Transbaal, escoltando al Príncipe Shiva en este viaje tan peligroso.

– ... Un largo viaje... – murmuró Vanilla.

– Según el último informe que recibimos, están haciendo preparativos para recibir al Príncipe Shiva. – dijo Lester.

– ¿Preparativos? – dijo Forte, que se encogió de hombros. – ¿A quién le importan ese tipo de cosas?

– No se puede evitar, las formalidades son muy importantes aquí. – dijo Takuto. Luego miró a la Brigada Angel y les dirigió una sonrisa. – Pero fue gracias a ustedes que pudimos llegar aquí sanos y salvos. Les estoy muy agradecido, en serio.

– También fue gracias a que tú eres nuestro comandante. – Milfie le devolvió la sonrisa. – El crédito no es sólo de nosotras.

– Así es. – asintió Forte. – Hiciste un buen trabajo.

– Nah, para nada. – replicó Takuto con modestia. Él únicamente se dedicó a dar las órdenes desde el asiento del comandante, mientras ellas habían sido las que se enfrentaron al enemigo directamente. Ellas merecían la mayor parte del reconocimiento en su opinión.

– ¡Ah, ya no aguanto! – exclamó Ranpha, llevándose las manos a la cabeza como si tuviera jaqueca. – ¡Quiero mis vacaciones!

– Ahora que lo pienso, ustedes se pasaron los últimos dos días holgazaneando. – señaló Takuto. – ¿Eso no cuenta como unas...?

– Estar encerradas en el Elsior y ser capaces de salir de la nave son dos cosas muy diferentes. – lo interrumpió Mint. Para su sorpresa, Takuto se vio forzado a admitir que tenía razón. No era lo mismo.

– Ah, ya cállense. – dijo Lester, claramente empezando a sentirse fastidiado. – Si no pueden pasar su tiempo libre en paz, váyanse a otra parte.

Varias de las Angels miraron al subcomandante algo enfurruñadas, particularmente Ranpha y Forte. Takuto casi podía ver chispas de relámpagos saliendo de sus ojos y chocando entre ellos, pero cuando estaba a punto de intervenir, sonó la señal de comunicaciones, interrumpiendo el conflicto potencial.

– Comandante Mayers, tenemos comunicación del Comodoro Luft. – dijo Almo.

– ¿Ya está aquí? – respondió Takuto. Por fin, tal vez eso significaba que la espera había terminado y podrían ingresar pronto a la ciudad. – De acuerdo, ábrele el canal.

Almo hizo caso, y al instante apareció en la pantalla su oficial superior. Hoy tenía el semblante bastante serio, por lo que Takuto se paró firme asumiendo una postura de respeto.

– Capitán Takuto Mayers, estas son las órdenes de tu oficial superior. – le dijo.

– Sí, Comodoro Luft. – Takuto replicó con el saludo militar. Dirigirse a él por su rango significaba que las cosas iban en serio, así que se esforzó por no perder la compostura.

– El Elsior debe ingresar en el puerto espacial de la ciudad satélite Fargo a las 1200 horas. La delegación estará esperando para dar la bienvenida al Príncipe Shiva. Bajo escolta, el príncipe será llevado a una villa imperial dentro de Fargo. Tras eso, te reunirás con la coalición de emergencia a las 1400 horas. Eso es todo.

– Entendido. – replicó Takuto. Tenía sentido que los altos mandos quisieran hablar con él, ya que fue quien se hizo cargo de la misión de escoltar al príncipe, aunque no sabía si iba a disfrutar de la reunión.

– Debo irme para informar sobre el progreso de la batalla. – dijo Luft. – Te veré más tarde.

– Sí, señor, no le quitaré más su tiempo. – respondió Takuto. Una vez que cortaron comunicaciones, Takuto por fin exhaló el suspiro que llevaba conteniendo todo el rato. Al fin podrían aterrizar.

Y como era de esperarse, no era el único que estaba celebrando las noticias.

– ¡Hurra! – exclamó Milfie. – ¡Por fin tendremos nuestras vacaciones!

– ¡Descanso, bono, vacaciones! – festejaba Ranpha. – ¡Ah, ya puedo oír todas esas tiendas de marca llamándome!

Mientras las Angels celebraban, Almo les avisó que habían recibido un mensaje desde el puerto estelar de Fargo, dándoles autorización para entrar. Takuto les informó que estaban en libertad de acción por ahora, y podían hacer lo que querían hasta que recibieran nuevo aviso.

Luego se acordó de algo más.

– Oh, Vanilla, ¿tienes un momento? – le dijo deteniéndola antes que saliera con el resto.

– ... Sí, ¿qué sucede?

– ¿Cómo está tu conejo espacial? – le preguntó.

– ... Ugiugi es muy enérgico. – dijo la peliverde. – Justo ahora iba a llevarlo a dar un paseo en el parque.

– Ya veo. – dijo Takuto. – Si no te importa, ¿puedo acompañarte?

– ... Claro, vamos juntos. – asintió ella.

...

Unos minutos después, Takuto y Vanilla se encontraban caminando por el sendero del parque galáctico, sin decir mucho y sólo disfrutando de la atmósfera relajante. Al cabo de unos minutos, se sentaron en una banca a descansar, y Vanilla dejó que Ugiugi empezara a corretear un poco por la hierba.

– ...Ugiugi parece estar muy contento. – comentó Vanilla mientras observaba al conejo saltar felizmente por todos lados.

– Sí, sólo hay que verlo como corre y salta por allí. – dijo Takuto con una gran sonrisa.

– Ya que siempre lo tengo en mi cuarto, Kuromie-san me dijo que de vez en cuando necesita un lugar más amplio para correr. – continuó Vanilla.

– Cierto, eso le hará bien. – dijo Takuto. – Oh-oh...

– ¿Qué sucede?

– Mientras estábamos hablando, Ugiugi se fue corriendo. – Takuto señaló hacia donde la pequeña bola de pelos se estaba yendo.

– ¿Eh? – Vanilla se puso de pie, y de inmediato se fue tras el conejo. – Espera, Ugiugi, no te vayas tan lejos.

La peliverde fue tras su mascota, que parecía estar muy emocionada de tener tanto espacio para correr. Seguramente se calmaría una vez que se acostumbrara, y de todas maneras no podría salir del parque. Takuto se rio de ver a Vanilla siguiendo al conejo toda desesperada, era una imagen a la vez divertida y adorable.

– Ugiugi... ven, por aquí... ah...

El conejo por fin se había detenido junto a unos matorrales, y Vanilla se le aproximó con cautela para no asustarlo. Se agachó y alargó la mano para agarrarlo con mucho cuidado.

– Sé bueno y ven aquí... ¡ei!

Y casi lo consigue, pero Ugiugi pareció ver a través de sus intenciones y volvió a salir corriendo pasándole por detrás de las piernas. Takuto volvió a reírse al ver cómo volvía a escaparse y Vanilla parecía incapaz de atraparlo.

– Takuto-san, ayúdame por favor... – pidió ella.

– Está bien, allá voy. – dijo Takuto dejando de reírse, y empezando a acercarse también al conejo. – ¡Ugiugi, ven acá!

...

Unos minutos después, Takuto no supo cómo sucedió, pero ahora estaba tirado en la hierba, jadeando en busca de aire, y apenas había logrado agarrar al escurridizo conejo, cuya dueña estaba junto a él de rodillas y también respirando a bocanadas.

– Jaaaa... Jaaaa... por fin... te atrapé...

– Ugi... ugi... es... muy... enérgico... – murmuró Vanilla.

– ¿Estás bien, Vanilla? – preguntó Takuto. – Te ves muy agitada.

– Es... toy... bien... – aseguró ella.

– Ahora que lo pienso, esta es la primera vez que veo que te falta el aliento. – comentó Takuto.

– ¿De... verdad...?

– Sí, estoy seguro. Debe ser porque te estabas divirtiendo mucho cuidando de Ugiugi, ¿verdad?

– Diversión... – Vanilla se quedó pensativa.

– Si de verdad te estás divirtiendo, puede que empieces a mostrar otro lado tuyo.

Vanilla bajó la mirada momentáneamente, como si reflexionara en ello. Después de unos segundos, le sonrió.

– Sí... me estoy divirtiendo. Cuidar de Ugiugi es realmente agotador, pero...

– ¿Pero? – repitió Takuto.

– De alguna manera, me hace sentir relajada.

Takuto también sonrió. Eso era algo bueno, después de lo mucho que había estado trabajando los días pasados, le alegraba que hubiese encontrado algo divertido que la ayudara a relajarse. Fue una buena idea convencerla de adoptar a Ugiugi después de todo.

– Además, últimamente... cuando estoy contigo, también me siento relajada...

– ¿Eh? – Las palabras lo tomaron por sorpresa. ¿Él también?

– ¿No es eso... algo bueno? – preguntó Vanilla.

– Sí, me alegra escucharlo. Me hace feliz que pienses eso. – dijo Takuto.

Vanilla también le sonrió de nuevo. Después de que él le devolviera a Ugiugi, fueron a sentarse otro rato más en la banca, hasta que Takuto miró la hora y se dio cuenta que tenía que reunirse con el príncipe Shiva muy pronto, así que se despidió de ella, que le agradeció por su tiempo.

Hecho esto, se dirigió hacia el bloque C, concretamente hacia el cuarto del Príncipe Shiva. Para su sorpresa, hoy no había nadie vigilando la entrada, donde normalmente estaba la sirvienta aguardando en caso de que tuviera alguna visita. Esto le extrañó un poco, pero decidió comprobar por si había sucedido algo.

– ¿Hola? – dijo pulsando el intercomunicador. – Vengo a ver al Príncipe Shiva. ¿Hay alguien?

Un minuto después, la sirvienta salió a recibirlo. Parecía muy apresurada, e hizo una reverencia casi exagerada al verlo.

– Ah, Comandante Mayers. Le ruego me disculpe por hacerlo esperar.

– No, no hay problema. – le aseguró él. – Pero ¿acaso sucede algo?

– No, sólo estaba preparando el equipaje antes de partir. – explicó la sirvienta. – Si desea ver al príncipe, en este momento se encuentra en la sala de la ballena espacial.

– Entiendo, gracias por decirme, iré hacia allá de inmediato.

Dejó que la sirvienta volviera a sus deberes, y se dirigió hacia la sala de la ballena. Caminó por un rato y no tardó en encontrar al príncipe platicando tranquilamente con Kuromie afuera de la oficina. Se les acercó de inmediato y aclaró su garganta para llamar su atención.

– Oh, Takuto-san. – saludó Kuromie al verlo.

– ¿Se te ofrece algo, Mayers? – preguntó el príncipe.

– Vine para avisarle que vamos a llegar a Fargo muy pronto. – explicó Takuto. – Pronto vendrá la delegación a buscarlo.

– Oh, cierto, no me había dado cuenta que ya casi es la hora. – dijo el príncipe.

– A todo esto, ¿qué está haciendo aquí, Príncipe Shiva? – preguntó Takuto con curiosidad.

– Estaba hablando con él. – El príncipe señaló a Kuromie. Takuto arqueó una ceja, y Kuromie debió notarlo ya que de inmediato procedió a explicar.

– Bueno, no precisamente conmigo. Estaba hablando con la ballena espacial mientras yo hacía de intérprete.

– Hablábamos sobre los fundadores del imperio. – continuó el príncipe. – Al parecer, el primer rey que gobernó Transbaal, tuvo una vida muy complicada.

– Puedo imaginármelo. – asintió Takuto. – Debió gobernar cuando ocurrió el Chrono Terremoto, y todo se convirtió en un caos.

– ...Así es. No tuvo la vida fácil que tuve yo. En esos tiempos...

El príncipe adoptó una expresión melancólica. Parecía que la historia de su ancestro lejano le había afectado mucho. Takuto no pudo evitar sentir algo de curiosidad, y más cuando vio que se encogía ligeramente y se abrazaba a sí mismo.

– ¿Príncipe Shiva?

– Mayers... – dijo el heredero casi en un susurro. – ¿Realmente es necesario que yo abandone esta nave?

– ¿Qué? Eh, bueno... hay una delegación esperando para discutir la misión en el puerto espacial. – dijo Takuto sin estar del todo seguro de qué pasaba por la mente del príncipe en ese momento.

– ... Es tal como dices. – murmuró de nuevo. – Lo sé. Lo sé, pero...

– ¿Cuál es el problema, Príncipe...? – preguntó Takuto, aún más confundido.

– Yo... no he sido entrenado para la realeza. – respondió el príncipe. – Casi nunca he salido de la Luna Blanca en toda mi vida. Crecí allí, y pensé que pasaría toda mi vida junto a Lady Shatoyarn. Nunca creí que podría necesitar a alguien más...

»Pero soy el único miembro de mi familia que queda vivo. Cuando deje el Elsior, tendré que pasar toda mi vida siendo Emperador. No lo entiendo... ¿qué debo hacer? ¿Qué es lo que se supone que todos esperan de mí? ¿Cómo debo comportarme?

Takuto por fin comprendió, al menos un poco. A pesar de haber estado tan abajo en la línea de sucesión, y que no se esperaba asumir el trono, el príncipe había asumido la responsabilidad con gran aplomo en lugar de buscar evadirla, pero ahora que lo estaba viendo, quedaba claro que pese a su madurez, seguía siendo un niño de diez años al que le habían echado encima una responsabilidad demasiado grande. ¿Quizás por eso había ido a hablar con la ballena espacial sobre los anteriores monarcas de Transbaal?

– ... Ahora que lo pienso, puede que usted sea la mayor víctima de todo lo que está sucediendo. – dijo Takuto, compadeciéndose del príncipe. – Repentinamente fue forzado a llevar una enorme carga y puesto en una situación muy terrible...

El príncipe permaneció en silencio por un largo rato, hasta que finalmente volvió a levantar la mirada.

– ... Disculpa, me estaba quejando. – dijo mientras reasumía su tono usual. – Estaré bien, Mayers. Haré todo lo que esté a mi alcance. Mientras lo haga, sé que todo estará bien. Fuiste tú quien me enseñó eso, después de todo.

– Príncipe Shiva... – Takuto sonrió al verlo de nuevo en su porte usual, digno del futuro monarca. – Realmente es una persona espléndida, aún estoy convencido de ello.

– Ya basta. – dijo el príncipe en tono tajante. – ¿Qué ganas tratando de elogiarme?

– No, no, en verdad lo creo. – aseguró el comandante. – La forma en como habla es digna de la nobleza. Casi me dan ganas de abrazarlo y apretujarlo de la emoción.

– I... ¡idiota! – exclamó el príncipe, ruborizándose por el comentario. – ¡¿En qué diablos estás pensando?!

– Jaja, perdón, lo dije sin pensar. – se disculpó Takuto, aguantándose la risa. – Pero en verdad pienso que es usted alguien maravilloso. Aún a esa edad, lleva en su pequeña espalda con valentía el futuro del imperio.

– La edad y el físico no importan. – dijo Shiva irguiéndose lo más que podía. – Sólo cumplo el deber que me fue asignado. Además... – el príncipe bajó la mirada ligeramente – ... este físico es natural para mí. Así es como soy.

– Eso no es verdad. – dijo Takuto. – Usted aún es joven, su cuerpo se volverá más fuerte con la edad.

– ... Ojalá fuera así.

– ¿Eh? – La respuesta resignada del príncipe lo tomó por sorpresa. Se había puesto una mano en el pecho como si se le oprimiera por alguna razón.

– No, no es nada. – dijo Shiva restándole importancia. – Ya se nos hace tarde, ¿no?

– Ah, sí, por supuesto. – dijo Takuto, recordando para qué había venido. – ¿Nos vamos entonces?

El príncipe asintió, y luego se dirigió hacia el cuidador, que había permanecido todo el rato en silencio durante su conversación.

– Kuromie, estoy en deuda contigo. – dijo haciendo una reverencia. – Dale las gracias de mi parte a la ballena espacial por esa historia. Me otorgó valor cuando más lo necesitaba.

– No fue nada. – sonrió Kuromie. – Cuídese mucho, Príncipe Shiva.

Tras despedirse, Takuto y el príncipe salieron hacia el corredor, y dieron la caminata de regreso hasta los cuarteles. El heredero lo detuvo un momento, ya que al parecer tenía algunas cosas más que decirle.

– Y entonces, nuestro viaje ha llegado a su fin.

– Lo hizo usted muy bien, Príncipe. – dijo Takuto.

– Tú también. – secundó el heredero con orgullo. – Cumpliste con tu promesa de protegerme, y por ello tienes mi eterno agradecimiento, Mayers.

– Muchas gracias. – Takuto hizo una reverencia. – En representación de la Brigada Angel y toda la tripulación del Elsior, acepto su gratitud humildemente.

– Hablando de la Brigada Angel, hay algo que quisiera preguntarte.

– Adelante, pregunte lo que quiera.

– Entre las miembros de la Brigada Angel, ¿quién te gusta más?

– Q... ¡¿QUÉ?!

De acuerdo, de todas las preguntas que se imaginó que le haría el príncipe sobre la Brigada Angel, esa sí que no se la esperaba. Además, ¿en qué sentido estaba preguntando de quién le gustaba más? Eso podía tomarse de muchas formas, pero...

– ¿Por qué te agitas tanto? Hombres y mujeres de edades similares viajan a bordo de esta nave. Es natural que ciertas cosas ocurran, ¿o no?

– E-eso es... – Takuto empezó a tartamudear. Sí, definitivamente lo estaba diciendo en "ese" sentido. ¿Cómo podía decirlo tan a la ligera, y sin sentir ninguna clase de vergüenza? En ese momento, sólo se le ocurría algo para evadir la pregunta. – ¿P-por qué lo pregunta, Príncipe? ¿Acaso usted tiene alguien que le guste?

– Alguien con sangre imperial nunca se comportaría precipitadamente. – dijo el príncipe cruzándose de brazos. – ¿Y acaso no tengo diez años? ¿No lo dijiste antes?

– Bueno, en ese caso cambié de opinión. – replicó Takuto, tratando de cubrir su propia vergüenza ante las implicaciones. – ¡Diez años son suficientes para ser un adulto!

– ¿Oh...? Entonces ¿tomarías por novia a una niña de diez años?

– ¡Por supuesto! – replicó Takuto, aunque sólo estaba fingiendo, pero decidió mantenerse en el papel. – ¡Mientras haya amor, la diferencia de edad no es importante!

– ¿Incluso si la otra persona fuese de la realeza? – inquirió de nuevo el príncipe.

– ¡El amor no tiene nada que ver con el estatus! – exclamó Takuto.

– ¿Incluso si es alguien a quien puedas ver pocas veces? ¿Alguien egoísta y difícil de complacer?

– ¡Si hay obstáculos, entonces el amor arde con mayor intensidad!

El príncipe lo miró por unos segundos fijamente. Takuto no se atrevió a parpadear, pero al cabo de un rato pareció satisfecho con su respuesta. Por dentro el comandante suspiró de alivio, pensando que por fin se había logrado evadir su primera pregunta sobre la Brigada Angel.

– Ya veo... entonces, si yo no fuera...

Lo que fuera que el príncipe iba a decir a continuación se interrumpió por una sacudida de la nave. La señal de atraque acababa de sonar, lo que indicaba que la nave ya había aterrizado. Justo después, la voz de Almo sonó por los altoparlantes.

– Atención a todos. El Elsior acaba de ingresar en la ciudad satélite, Fargo.

– ... Llegó la hora. – dijo el príncipe. – Estoy en deuda contigo, Takuto Mayers.

– No, para nada. – Takuto le restó importancia. – También es parte de mi misión verlo salir.

– No es necesario que me sigas tanto.

– De todas maneras, debo dirigirme al cuartel militar de emergencia después de esto. – explicó Takuto. – Está de camino a la villa imperial donde se quedará usted.

– Ya veo... en ese caso, te permitiré acompañarme. ¿Nos vamos?

Takuto asintió, y los dos se dirigieron hacia el hangar para desembarcar. Ya toda la Brigada Angel se había reunido allí, y varios otros miembros de la tripulación también habían ido para despedirse de él. La sirvienta ya había llevado el equipaje, y estaba puesto en un carro de transporte que estaban por desembarcar.

Por fin, su misión había terminado, aunque si era sincero, Takuto no se sentía del todo feliz por alguna razón.

...

Luego de acompañar al príncipe a la villa imperial, Takuto se dirigió a los cuarteles de emergencia. Afortunadamente todavía no eran las 1400 horas, y el lugar era tan grande que se perdió un par de veces antes de encontrar su camino de vuelta. No quería causar una mala impresión apareciendo tarde.

– Con permiso. – dijo al ingresar a la sala de reuniones. – Capitán Takuto Mayers reportándose.

– Ooh, Takuto, al fin estás aquí. – El Comodoro Luft ya se encontraba allí esperándolo. Takuto se sorprendió un poco de verlo tan temprano.

– ¿Lo hice esperar? – preguntó el joven comandante. – Pensé que todavía teníamos algo más de tiempo antes de las 1400 horas.

– Eh... no exactamente. Sucede que hay algo más que...

Pero lo que fuera que iba a decirle el comodoro se vio interrumpido cuando la puerta volvió a abrirse, y empezaron a entrar los oficiales de alto rango. Naturalmente, entre ellos se encontraba el Almirante Sidmeyer, que al verlo inmediatamente se le acercó.

– Ooh, ¡así que tú eres el Capitán Mayers! – dijo mientras, sin pedírselo, le agarraba la mano para darle un apretón. – Cumpliste espléndidamente con una misión muy difícil. Me quito el sombrero ante ti.

– Hemos escuchado mucho sobre usted del Comodoro Luft. – dijo otro de los oficiales presentes. Se veía igual de viejo que Sidmeyer, aunque más alto y delgado y por sus condecoraciones su rango era de vicealmirante. – Logró sacudirse a los perseguidores, y protegió al Príncipe Shiva. ¡Un verdadero héroe del imperio!

– Eh... ¿qué? No, eso es... – Takuto intentó hablar, pero el Almirante Sidmeyer volvió a interrumpirlo.

– No, no seas modesto. – le dijo. – Lograste abrirte paso en medio de todos los rebeldes tú solo. ¡Eres todo un ejemplo para los soldados!

– Una acotación, Excelencia. – dijo el vicealmirante. – El Elsior cuenta con la Brigada Angel y sus Emblem Frames como unidad de apoyo. Incluso un novato incompetente habría sido capaz de escapar hasta aquí sin preocupaciones. ¡Jajajajaja!

– En efecto, eso también es verdad. ¡Wajajajajaja!

A Takuto no le hizo sentir halagado la forma en que se estaban riendo. Ciertamente él no menospreciaba el esfuerzo de las Angels, pero tampoco le gustaban las implicaciones tras sus comentarios. Sin embargo, no tuvo oportunidad de defenderse o replicar, ya que les ordenaron tomar asiento alrededor de la mesa redonda.

Mientras caminaban hacia sus sillas, Takuto se le acercó discretamente a su antiguo mentor y empezó a murmurarle.

– Pst... Comodoro Luft, ¿qué sucede aquí? Estos jefazos parecen querer ir directo a la yugular, ¿no?

– ... Velo por ti mismo. – replicó el Comodoro en el mismo tono. – Han estado esperando un largo tiempo para conocerte.

Takuto se forzó a emitir una sonrisa, preguntándose si querían conocerlo para felicitarlo, o burlarse de él. Pero no había mucho más que hacer, así que finalmente se sentó y procedió a dar su reporte de todo lo que había sucedido desde que asumió el mando del Elsior.

La conferencia en sí misma no fue la gran cosa, ya que mayormente se trató de Takuto relatando los pormenores de cada escaramuza que habían enfrentado el Elsior y la Brigada Angel a lo largo de su camino. En ese momento deseaba que Lester también estuviera presente, ya que era mucho mejor para este tipo de cosas que él, pero hizo un esfuerzo por no perder la compostura, sobre todo cuando le hacían más preguntas al respecto. Los altos mandos parecían alternar entre halagarlo por sus habilidades de estratega, menospreciarlo por ser un novato (no era fácil ser el oficial de más bajo rango presente en esa sala) y/o decir que cualquiera de ellos podría haber hecho un trabajo igual o mejor.

En su reporte había mencionado algunas cosas adicionales sobre los subordinados de Eonia, particularmente los Hellhounds y esa mujer llamada Sherry, que les habían causado no pocos problemas cuando se enfrentaron a ellos, pero los altos mandos parecían creer que eran detalles sin importancia. Y pronto se lo harían saber.

– Es muy alentador escuchar tus palabras, Mayers. – dijo el Almirante Sidmeyer una vez que concluyó el reporte. – Si tuviéramos más guerreros como tú, sería muy fácil retomar Transbaal.

– Yo me siento igual, Excelencia. – dijo el vicealmirante.

– No, escuchen, con el debido respeto, y como alguien que se ha enfrentado a ellos repetidamente, no pueden tomar a la flota de Eonia a la ligera... – dijo Takuto.

– Eso es porque tu liderazgo fue muy pobre. – espetó el anciano delgado. – De hecho, el otro día, cuando estuviste bajo ataque, ¡tuviste que salir huyendo con la cola entre las patas!

– Por favor, cálmate. No debemos descartar la opinión de alguien con experiencia de primera mano. – le dijo el Almirante Sidmeyer, aunque no parecía poner mucho empeño en ello. – Sin embargo, no tienes de qué preocuparte, Mayers. Hemos reunido suficientes aliados de todos los sistemas para iniciar un ataque en masa.

– No, um... si todavía tengo muchas cosas más que reportar sobre la flota de Eonia...

– Más importante, si el héroe que evadió a los perseguidores y protegió al príncipe se une a la batalla, ¡nuestra moral será de acero! – volvió a interrumpirlo el almirante.

– Yo también siento lo mismo, Excelencia. Si tenemos de nuestro lado al héroe que protegió al príncipe, ¡la victoria será nuestra!

Takuto se resignó finalmente; estos tipos no iban a escucharlo. Seguían llamándolo "héroe", pero seguía sonando más sarcástico que sincero.

– ¡No tenemos nada que temerle a Eonia! – declaró el almirante. – ¡Y nuestra victoria también complacerá al Príncipe Shiva!

– ¡Y podemos esperar que nos condecoren después de la guerra! – dijo el vicealmirante.

Casi todos los demás secundaron la moción. Por lo visto eso era lo único que les importaba, congraciarse con el último miembro de la familia real de Transbaal para ganar favores con él. No estaba muy sorprendido; los rumores que había oído sobre el Almirante Sidmeyer eran ciertos después de todo.

– ¡Ahora, démosle la bienvenida al Príncipe Shiva para combinar nuestros esfuerzos y sabiduría, para resolver esta crisis! – declaró el Almirante. Todos los demás replicaron con "¡Sin objeciones!" y dicho eso, la conferencia fue declarada como concluida.

Uno a uno los altos mandos fueron retirándose de la sala. Takuto intencionalmente esperó a que todos se fueran, hasta que sólo quedaron él y el Comodoro Luft, que durante toda la duración había permanecido en silencio, pero no podía ocultar sus expresiones de desagrado cada vez que el Almirante Sidmeyer o alguno de los otros decía algo.

– ... Haaa, eso fue agotador. – suspiró Takuto una vez que ya estaban fuera.

– Lamento mucho que tuvieras que pasar por esto, Takuto. – le dijo Luft.

– En serio, ¿qué onda con esos tipos? – preguntó el comandante. – ¿Siempre son así?

– Para ser honesto, sí, lo son. – replicó muy serio el comodoro. – Hasta apenas ayer, el debate entre si pelear o no era lo que estaba estancando las reuniones.

– ... Es decir que es un juego privado de ver quién se queda con el liderazgo, ¿no?

– Más o menos. – asintió Luft. – Sólo les importa estar en una mejor posición que el resto. El hecho de que los hayan forzado a trabajar juntos tampoco ha sido de ayuda. La cadena de mando se ha vuelto confusa y es muy difícil llegar a una decisión concreta.

Takuto sintió que se le revolvía el estómago. Menuda coalición de emergencia se había armado entonces. No estaban tratando la situación como una emergencia, ni tampoco estaban haciendo nada al respecto. La peor parte era que, después de la última batalla, se les habían subido los humos con la victoria, y ciertamente no estaban viendo la flota de Eonia como la amenaza que realmente era.

– Ahora mismo están más preocupados con el gobierno que se establecerá después de derrotar a Eonia, en lugar de derrotar primero a Eonia. – continuó Luft.

– Qué idiotas... – murmuró Takuto entre dientes. – Aunque la batalla reciente fue bastante grande, no es ni de lejos todo lo que tiene Eonia para mandarnos.

Era una verdadera lástima. Si tuvieran el liderazgo capaz de reconocer eso, esto quizás no se les haría tan difícil. Takuto pensaba que su viejo mentor podría hacer un mejor trabajo que Sidmeyer y el resto de los altos mandos, pero las cosas no eran tan fáciles. ¿En qué diablos se había metido? Se sentía como si fuera parte de un simple espectáculo.

– Lamento mucho hacerte sentir peor de lo que estás, pero te tengo más malas noticias. – dijo Luft con gravedad.

– ¿Y ahora qué más? – dijo Takuto. ¿Qué podría empeorar esto?

– En tres días se celebrará un baile para dar la bienvenida al Príncipe Shiva.

– ¿Un baile? – preguntó Takuto confundido. – ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

– Que tienes órdenes de los superiores de asistir. – dijo Luft con una sonrisa de oreja a oreja.

– ¡¿Q-que tengo que hacer QUÉ COSA?! – exclamó Takuto.

– Ya me escuchaste. – replicó su viejo mentor. – Lograste evadir la persecución, y protegiste al Príncipe Shiva. Eres el héroe del imperio, ¿correcto?

– Por favor no me haga eso, Comodoro Luft. – suplicó Takuto. – Preferiría morir antes que escucharlo decir esas cosas.

– Jajajaja, quizás me fui un poco de mano. – se rio el comododor. – Pero bueno, a pesar del espectáculo, tendrás algo de tiempo para descansar. Seguro que estás exhausto luego de pelear contra la flota automatizada.

– Sí... – Takuto no se iba a molestar en negarlo. – Cada vez que aparecía alguien nuevo en la flota de Eonia con una nave o caza nuevo, nos hacían la vida de cuadritos.

– Hablando de eso, me sorprendió tu reporte sobre esos subordinados de Eonia. – dijo Luft pensativo. – Pensar que todavía tenía tanta gente trabajando para él.

– ¿Usted no se enfrentó a nadie durante el tiempo que estuvimos separados?

– No, sólo me enfrenté a las naves automatizadas.

– Si quiere investigarlos, todavía los registros de nuestras comunicaciones están guardados en el Elsior. – sugirió Takuto.

– Bien, los revisaré después. – asintió Luft. – En serio, ¿de dónde pudieron haber venido?

– O más bien, ¿dónde pudo conseguir gente para sus fuerzas Eonia? – dijo Takuto.

– Posiblemente en las fronteras del imperio. – dijo Luft. – Cuando todo esto haya terminado, tendremos que despachar un equipo de investigación para averiguarlo.

– Suena a que es una buena idea. Pero primero tendremos que vencer a Eonia y su flota. – dijo Takuto, antes de bostezar. – En fin, estoy muy cansado, iré a dormir un poco.

– Oh, espera un momento. – Luft lo detuvo. – Olvidé el detalle más importante.

– ¿Y ahora qué más hay?

– Capitán Takuto Mayers, el día después del baile, serás relevado como comandante de la Brigada Angel y del Elsior. – le dijo en tono muy serio.

Un grito ahogado se escapó de la garganta de Takuto. ¿Relevado? Bueno, si lo pensaba bien, su misión ya había terminado y tenía sentido, pero aun así le sorprendió que se hubiera decidido tan rápido.

– La Brigada Angel y el Elsior se quedarán en Fargo como la guardia personal del Príncipe Shiva. – continuó Luft. – Tú mientras tanto serás reasignado a una de las flotas restantes que participarán en la reconquista del imperio.

– Sí... entiendo. – replicó Takuto resignado. – Después de todo, ya cumplí con mi misión de traerlos aquí a Rhome.

– Has hecho un buen trabajo, Takuto, deberías sentirte orgulloso.

– Sí, aunque... eso significa que tendré que despedirme de la Brigada Angel. – suspiró Takuto.

– Tarde o temprano recibirás tu carta de reasignación oficial. – Luft le puso la mano en el hombro solemnemente. – ¿Vas a extrañarlas?

– Por supuesto. – dijo Takuto sin dudar. – Ellas han sido mis compañeras a lo largo de todo lo que hemos pasado, en esas batallas de vida o muerte.

Aunque obviamente esa no era la razón principal. Las iba a extrañar más porque se había encariñado mucho con todas ellas. Chicas hermosas, divertidas y vivaces cuya sola presencia le alegraría el día a cualquiera. Sin duda iba a echarlas mucho en falta cuando fuese reasignado.

– Hrm, por cierto, aparte de tu participación, quisiera que también invites a la Brigada Angel al baile. – dijo Luft.

– Ah, sí, es cierto. – asintió Takuto. – No sería justo que yo me lleve toda la recompensa, ¿verdad?

– Jajaja. La Brigada Angel también te ayudó a proteger al Príncipe Shiva. Así que por favor diles que compren los mejores vestidos y manden la cuenta a los militares. Es lo menos que podemos hacer para agradecerles.

– Sí, entiendo. – Takuto no pudo evitar sonreír al oír eso. – Se los diré.

– Mm, muy bien, eso será todo. Regresa al Elsior y pon todos tus asuntos en orden. – dijo Luft. – Oh, casi lo olvido, tengo un último consejo que darte.

– ¿Cuál es?

– Aunque toda la Brigada Angel está invitada al baile, sólo puedes llevar a una de ellas como tu pareja. – dijo Luft.

– ¿Eh? Bueno, supongo. – A Takuto eso le parecía muy obvio, era el protocolo de todos los bailes después de todo.

– ¿Con quién será tu último baile? – inquirió Luft. – Puede que parezca un detalle menor, pero esa decisión podría afectar todo tu futuro.

– ... No parece la gran cosa. – dijo Takuto. No entendía a dónde querría llegar su antiguo mentor, si sólo se trataba de un simple baile.

– ¿No puedes tomarte un momento para escuchar el consejo de tus superiores? – Luft se cruzó de brazos, pero no dejaba de sonreír. – Asegúrate de elegir sin arrepentimientos.

Y diciendo esto, el Comodoro le guiñó el ojo. Takuto se sorprendió un poco por este gesto, pero después de pensarlo un poco, supuso que ya tenía una idea de lo que quería decir. Ahora que lo pensaba, el príncipe Shiva también le había preguntado quién le gustaba más entre las Angels. Pero ¿realmente podría tomar esa decisión?

Bueno, no había mucho por hacer ahora, excepto pensar en ello y, tal como le dijeron, poner sus asuntos en orden antes de despedirse del Elsior.

Esta historia continuará...


Notas del autor:

Y con esto comienza el séptimo capítulo de la historia. Ya estamos a poco de entrar en el tercio final y nos acercamos al gran desenlace, pero creo que con este preludio se dan una idea de lo que sucede. Primero que nada, los mandamases de la flota imperial parecen estar dando por sentado que ya ganaron la guerra, y no están tomando la amenaza que representa Eonia con la seriedad que deberían. Y creo que no soy el único que piensa que su decisión de relevar a Takuto de ser comandante del Elsior y de la Brigada Angel es literalmente el peor error que podrían cometer. Después de todo lo que ha sucedido, él ha demostrado ser el único que puede sacar el máximo potencial de los Emblem Frames, todo gracias al vínculo que logró formar con las chicas, y ahora estos vejestorios quieren separarlos.

En otro frente, parece ser que al Príncipe Shiva le han surgido preocupaciones sobre su futuro. A pesar de todo, sigue teniendo diez años y es normal que sienta esas inquietudes sobre llevar esa enorme responsabilidad de gobernar el imperio. Takuto es la única persona con quien parece haber podido abrirse al respecto. Espero que hayan puesto mucha atención a esta conversación, ya que llevará a una revelación bastante importante en el futuro cercano. Y hablando de futuro, cuando el Comodoro Luft le dijo a Takuto sobre que esa decisión podría afectar todo su futuro, es como si hablase directamente con el jugador, ya que efectivamente la decisión de Takuto repercute en cómo ocurren los eventos en las secuelas.

En fin, con esto llegamos al final de este segmento. Gracias por el reviews a TheNewDabs, nos vemos el jueves para el próximo. Sin mucho spoiler, el siguiente será el último segmento antes de la gran decisión, así que prepárense porque el sábado sabrán quién será la afortunada. ¡Brigada Angel, despeguen!