Galaxy Angel – La novelización

Por Fox McCloude

Disclaimer: Galaxy Angel y todos sus personajes son propiedad de BROCCOLI. Todos los derechos reservados.


Consejos a la luz de la luna (5-4)


Las dos horas restantes de su turno en el puente se hicieron un poco largas. En parte porque mientras estuvieran en el Chrono Drive no sucedería nada, y en parte por la incertidumbre que se había apoderado de él.

Durante todo ese rato, ni Lester, Coco o Almo dijeron absolutamente nada o trataron de conversar (ni siquiera preguntaron por el fantasma que al final resultó ser Mint en un disfraz de hámster), así que se sintió un poco aliviado cuando finalmente Lester le dijo que podía retirarse. Quizás irse a dormir le ayudara a aclarar mejor la mente cuando se despertase por la mañana, y podría pensar en qué hacer.

Sin embargo, apenas puso un pie fuera del puente, el comunicador de Takuto empezó a sonar. ¿Quién más querría hablar con él a estas horas?

– Aquí Mayers, ¿quién habla?

– Heeeey, Sr. Comandante. – Era la voz de Forte. – ¿Estás disponible en este momento?

– ¿Disponible? Bueno, supongo que tengo algo de tiempo libre ahora mismo. – le dijo. No haría daño quedarse despierto una o dos horas más, ¿verdad?

– Qué bien. – respondió Forte desde el otro lado de la línea. – En ese caso, ve a la sala de la ballena espacial. Te estaré esperando allí.

Takuto se sorprendió un poco. ¿La sala de la ballena? ¿Para qué querría Forte verlo allí, y a estas horas? Pero antes de que pudiese responder o negarse, ella ya había cortado las comunicaciones, así que seguramente daba por hecho que él le haría caso. Bueno, al parecer no tenía más opción que ir y averiguarlo por su cuenta. Qué remedio.

Descendió en el elevador hacia el bloque D y usando su autorización de comandante abrió la sala de la ballena. Una vez adentro, podía escuchar el ligero rumor de las olas de la piscina artificial, y la ventana virtual ahora estaba proyectando un cielo nocturno con la luna llena. En otras circunstancias, habría admirado un poco el escenario, pero ahora estaba aquí por otras razones.

– ¡Heeeeey! ¡Forte! – la llamó, pero no la veía por ninguna parte. Qué extraño, le había dicho que viniera aquí y no se aparecía. ¿Y por qué a esta hora? Kuromie probablemente se encontraría ya durmiendo.

Takuto empezó a caminar un poco por la arena en busca de Forte, y de repente sintió que pisaba algo inusual. Al quitar su bota, se percató de que se trataba de un pedazo de papel. Tenía algo escrito con plumón grueso. «Por favor deja tus zapatos y calcetines aquí. Luego camina diez pasos por la orilla desde la palmera»

– ¿Mis zapatos y calcetines? – preguntó Takuto.

Miró alrededor y tras cerciorarse que nadie lo estaba viendo, hizo caso de las instrucciones, quitándose las botas y los calcetines, dejándolos allí. Luego, empezó a caminar dando los diez pasos desde la palmera. Se sorprendió un poco a sí mismo de haber obedecido las instrucciones sin pensar, pero al dar los diez pasos, encontró otra nota. Esta decía: «Estira tus piernas y rota tus hombros, luego sigue otros quince pasos más detrás de la oficina»

– ¿Ejercicios de estiramiento? – preguntó Takuto. – Forte, ¿qué significa esto?

Y de pronto, sin más, se encontró haciendo lo que decía la nota. Uno, dos, tres, cuatro, estirando pierna izquierda. Uno, dos, tres, cuatro, estirando pierna derecha. Uno, dos tres, cuatro, rotar el hombro izquierdo, uno, dos, tres, cuatro, rotar el hombro derecho. Y luego empezó a caminar en la dirección que le dijeron.

Por alguna razón, eso le recordaba una vieja historia, donde el protagonista seguía notas con instrucciones, pero no podía recordar qué era lo que le pasaba al final. Cuando llegó al destino, encontró otra nota, sólo que esta vez se encontraba pegada a un flotador inflable. Extrañado, la cogió para leerla: «Ponte este flotador y métete al agua»

– ¿El flotador? ¿Meterme al agua? No, creo que paso, muchas gracias. – dijo en voz alta. ¿Acaso esto era algún tipo de broma de Forte?

– Sabía que dirías eso... ¡pero descuidaste tu espalda!

Antes de poder procesar lo que sucedió, alguien lo empujó por detrás, haciéndolo irse de cara al agua. Tragó un poco antes de poder enderezarse y ver quién había sido el responsable. Por supuesto, la voz que escuchó antes detrás de él fue la de Forte y en efecto allí estaba ella. Llevaba puesto el mismo bikini con pareo que utilizó cuando hicieron aquellas termas en el parque galáctico, aunque ahora podía echarle un vistazo mucho más de cerca. También se había amarrado el pelo con una flor por el lado izquierdo.

En otras circunstancias podría haber disfrutado de la vista, si no fuera porque en ese momento ella estaba riéndose de él, y luego de que cayera en su pequeña trampa, tenía todo el derecho de hacerlo.

– ¡Jajajajajaja! ¡Mírate nada más! ¡Jajajajajaja!

– ¡F-Forte! – protestó él. – ¡¿Por qué diablos hiciste eso?!

– Si hace falta una razón, porque necesitaba pillarte desprevenido. – replicó ella sin más, muy satisfecha de sí misma. – Pero no creí que serías tan fácil de atrapar.

– Atraparme... sí, te concedo eso, me hiciste caer redondito. – admitió él, y Forte siguió riéndose. ¿Cómo podía haber sido tan ingenuo?

– ¡Y no hay nada que puedas hacer al respecto! ¡Jajajajaja! – exclamó ella antes de salir corriendo. Takuto finalmente se puso de pie y fue tras ella.

– ¡Espera! ¡Vuelve aquí! – le gritó, pero ella no se detuvo, sino que siguió corriendo hasta meterse en la parte honda de la piscina.

– ¡Si crees que puedes, sólo intenta atraparme! ¡Pero no creas que te daré concesiones! – dijo la pelirroja antes de zambullirse y desaparecer bajo el agua.

Irritado, Takuto se dio cuenta que no le quedaba más opción, y fue tras ella. No se molestó en quitarse el uniforme, ya que de todas maneras estaba empapado, así que empezó a nadar tras ella. Cuando parecía estar a punto de alcanzarla, ella se dio la vuelta y dándole un toque en la nariz para distraerlo, se fue en la dirección contraria, de vuelta a la orilla. Takuto la persiguió de nuevo, pero ese esfuerzo fue más que suficiente para dejarlo exhausto, y para cuando salió del agua e intentó correr otra vez, estaba demasiado agotado y sin aliento como para ir más allá de unos pocos pasos.

– Ahh... ahh... ya no doy más... – dijo mientras se dejaba caer de sentón en la arena.

Forte se había detenido, y estaba de pie frente a él. Ya no se estaba riendo, pero sí le sonreía pícaramente. Él ya no tenía el humor ni la energía para perseguirla, y tampoco parecía que ella quisiera seguir huyendo. Pero extrañamente, ese chapuzón resultó no ser tan malo. Hasta fue divertido y todo.

– A veces, lo mejor es dejar el cuerpo se mueva sin contenerse, ¿no te parece? – preguntó Forte.

– Sí... siento que mi cabeza está más ligera. – admitió él. – Me siento un poco tonto por haber estado deprimido antes.

– Jeje, eso me alegra. – dijo ella. – Parece que por fin tu actitud está mejorando un poco.

– Entonces... ¿para qué me llamaste aquí? – preguntó Takuto, queriendo ir directo al grano sin mucho rodeo.

– ¿Ohhh? – Forte se inclinó muy sugestivamente frente a él. – Tenemos a un sujeto muy perspicaz aquí.

Takuto tragó saliva. Forte era una mujer bastante atractiva, alta y voluptuosa, e incluso a través de ese pareo se notaban bien sus caderas y largas piernas. Estar empapada parecía realzarlo todavía más. Parecía muy consciente de ello, y lo estaba disfrutando, pero finalmente se echó atrás y se puso un poco seria.

– En parte fue para divertirme un poco. – admitió. – Y en parte, porque quería ayudar a mi comandante a salir de ese humor tan pobre en el que está.

– ¿De verdad me veía tan mal? – preguntó él. Forte le dio un pequeño golpecito en el hombro.

– Por eso te digo, deja de poner esa cara. No te queda.

– Jaja... qué terrible suena que me diga eso mi propia subordinada. – Takuto se rio con ironía.

– Oye, no lo dije en ese sentido. Creo que estás haciendo un muy buen trabajo.

Takuto la miró. No había burla ni ironía en su voz, y al verla de frente a los ojos, pudo ver que era totalmente sincera. Aun así, quería confirmarlo por si acaso.

– ¿En serio? – le preguntó, y ella asintió antes de proseguir.

– Pero aún te queda un largo camino por recorrer. Pasarán al menos cinco años antes de que esté dispuesta a confiarte mis espaldas.

Takuto se quedó en silencio por un momento. Tardó un par de segundos en darse cuenta que justo ahora había dicho cinco años, pero cuando se conocieron, había dicho diez. Aun así, parecía seguir siendo un largo tiempo, pero el que lo hubiese recortado a la mitad debía significar algo, ¿cierto?

– Ya veo... gracias por decírmelo de frente. – le dijo. – Cinco años más... no sé si lo lograré. Se siente muy lejano.

– En vez de pensar en esos cinco años, piensa en el ahora. En resolver el problema del día de hoy, y luego el de mañana, y así. – dijo ella muy seria.

– ... Mañana, ¿eh? – Takuto se dio cuenta a qué se refería. El problema en el que se encontraban, el hecho de que todavía no les había dicho a las demás todo lo que debería.

– Sí, mañana. – continuó Forte. – Por ahora dime, ¿qué va a suceder cuando salgamos del Chrono Drive mañana?

– ... No puedo garantizar nada. – admitió él. – Si mi corazonada resulta correcta, habrá una enorme flota enemiga esperándonos a la salida.

– Como pensé. – dijo Forte. – Tus instintos suelen ser muy buenos. ¿Significa eso que es probable que no nos encontremos con la flota de Gimson después de todo?

– Probablemente no. – reconoció él con pesadumbre. – El enemigo se está poniendo cada vez más serio, y lograron acorralarnos con éxito...

– Hrm... – Forte le lanzó una media sonrisa, y fue entonces que Takuto se dio cuenta algo tarde que acababa de irse de lengua.

– ¡Un momento, espera! ¡Ah, diablos, se suponía que debía mantener eso en secreto!

– ¡Jajajajaja! ¡Te atrapé, te atrapé, y ahora no puedes retractarte de lo que dijiste! – se burló ella. Después de reírse un rato a costa suya, la pelirroja volvió a respirar y se calmó, antes de retomar su tono serio. – Sin embargo, eso no pinta bien para nuestro futuro. Te hace querer suspirar...

– Por eso es que no quería hablar al respecto. – confesó finalmente. – Nada bueno podría haber salido de eso...

– No, las malas noticias podrían ser aterradoras, pero es mejor ser honesto. – dijo Forte. – Eso requiere mucho valor.

– Realmente eres muy fuerte, Forte. – dijo él. Sonaba un poco redundante decir eso, considerando que su nombre en italiano significaba precisamente "fuerte", y ella le hacía honor todos los días.

– No soy sólo yo. Todas en la Brigada Angel pensamos igual.

– Supongo. – dijo él con resignación. – Se siente como si fuera a poner tristes a los niños.

– ¿A quiénes llamas niños? – protestó ella poniendo los brazos en jarras. – Lo creas o no, todas se preocupan incluso sin saber por qué, así que de todos modos sería inútil. E incluso un niño puede llenarse de valor cuando tiene al enemigo en frente. ¿O es que no crees en nosotras?

– No es que no crea en ustedes. – dijo él con completa sinceridad. – Pero las batallas se van a volver cada vez más y más difíciles, ¿sí lo sabes?

– Escucha, tú eres el comandante, no debes tener dudas. – dijo Forte muy severamente. – Sin importar cuan mal se pongan las cosas, si confías en nosotras, podemos manejarlo.

– ... Si fuera sólo yo, eso estaría bien. – dijo Takuto tratando de ponerse un poco firme. – Pero cuando pienso en el Príncipe Shiva, Lester, toda la tripulación, y la Brigada Angel... simplemente no puedo mantener la calma. Podría equivocarme, pero a la vez no puedo evitar pensar si habría una mejor alternativa...

– Tendrás que soportar esos sentimientos de alguna manera, y proyectar un rostro que diga que todo está bien. – dijo Forte. – Ese es tu trabajo.

Takuto volvió a levantarle la mirada. Sentía envidia de ella por poder mantenerse tan relajada a pesar de lo tensa de su situación. Y aun así, al verla de frente no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras suspiraba con resignación.

– ... Es muy duro ser el comandante.

– ¿Ya te sientes más tranquilo? – preguntó Forte.

– Sí... un poco. – admitió él.

– Muy bien.

Y de repente, ella le dio un pequeño empujón, haciéndolo caer de sentón sobre la arena. Antes de que él pudiera levantarse o protestar, ella lo rodeó y se sentó también, colocándose espalda con espalda contra él.

– Oye, ¿qué...? ¿Qué estás haciendo, Forte? – preguntó Takuto, quedándose paralizado por su cercanía. Podía sentir el cabello mojado de ella rozando contra el de él. – E-esto es embarazoso.

– ¿A quién le importa? No es como que nadie nos esté viendo. – murmuró ella en un tono algo sugestivo.

– S-sí, pero...

– ¿Qué te parece? – lo interrumpió Forte. – ¿Cómo se siente esto?

Takuto no respondió de inmediato. Si fuese un adolescente en edad escolar con las hormonas a flor de piel, podría sentir que le venía una hemorragia nasal. Pero en ese momento, se enfocó en otra sensación, muy inusual, que le sobrevino al estar de espaldas con Forte de esa manera. No podía explicarla del todo, pero... era agradable, no podía negarlo.

– Mmm... tu espalda es muy cálida. – fue lo mejor que se le ocurrió decir.

– La tuya también. – replicó ella. – Y tienes unos hombros sorprendentemente anchos.

Takuto no pudo evitar sonrojarse y reírse nervioso. Que una mujer atractiva hiciera esa clase de cumplidos siempre hacía mella en él, no podía negarlo. Especialmente con lo crítica que había sido Forte de él cuando se conocieron, pero ahora... parecía haberse suavizado un poco con él. Y eso era bueno.

– Así es como me siento. – continuó ella. – A esto me refiero con "confiarte mi espalda", por ejemplo.

– ¿Eh...? – Él todavía seguía sin entender del todo, por lo que Forte siguió explicando.

– Si puedo pelear junto a mis aliados, puedo estar tranquila. Puedo sentir esta calidez en mi espalda, incluso cuando estemos lejos. Y gracias a esta calidez, puedo seguir peleando. ¿Me entiendes ahora?

– Hmm... sí, supongo que ahora entiendo a dónde quieres llegar.

Las palabras de Forte le hicieron reflexionar. Forte confiaba en sus aliados, particularmente en las demás Angels, y el lazo que las unía le daba fuerzas para seguir adelante ante la adversidad. ¿Acaso ella quería formar ese mismo tipo de lazo con él? O quizás...

– Muy bien. – De nuevo ella interrumpió su tren de pensamiento. – Ah, y una cosa más...

– ¿Qué cosa? – preguntó él.

– Antes dijiste que, si sólo fueras tú, estaría bien. – dijo Forte. – Sacrificarte a ti mismo no es otra cosa que huir como un cobarde.

– ¿Huir...?

– Alguien que no valora su propia vida no tiene derecho a pelear por otros. Eso es lo que yo pienso. – respondió la pelirroja a su pregunta no formulada. – Si tratas tu propia vida tan a la ligera, sería lo mismo de decir que no crees en ti mismo. Y además, si algo llegara a pasarte, ¿realmente crees que nadie se pondría triste?

– Eso es...

– Tu responsabilidad es asegurarte que nadie se ponga triste. – continuó hablando Forte. – Si no crees en ti mismo, ¿realmente crees que puedas estar a la altura?

Takuto suspiró, pero no pudo decir nada. Era una filosofía muy interesante, y ahora que lo pensaba, Forte tenía mucha razón. Casi siempre, quienes se sacrificaban a sí mismos lo harían porque pensaban que no tendrían nada más por qué vivir. Pero muchas veces no consideraban a aquellos a quienes dejaban atrás. Sus familias, amigos y demás seres queridos... todos ellos eran quienes cargarían con el dolor de la pérdida. No se había puesto a pensar en ello antes.

– Sí, ahora lo entiendo. – dijo él con firmeza. – Ya no volveré a hacerlo.

– Grandioso. – dijo Forte complacida. – Bien, ya dije todo lo que tenía que decir.

Los dos volvieron a ponerse de pie. Hasta ese momento él no se había fijado, pero ahora se había dado cuenta que incluso sin llevar sus tacones altos Forte le llevaba uno o dos centímetros de estatura.

– ... Mmm. Qué bien se siente sacarse todo eso de encima. – dijo Forte mientras estiraba los brazos.

– Forte... ¿de verdad crees que yo pueda hacerlo? – preguntó Takuto. – ¿Crees que puedo convertirme en alguien a quien puedas confiarle tu espalda?

– Eso dependerá de cuanto te esfuerces. – replicó ella. – Da todo lo que tienes, y conviértete en un mejor hombre.

– Un mejor hombre... jajaja. – Takuto se rio algo nervioso. La pelirroja parecía tener estándares muy altos. – No estoy seguro si podré... pero haré el intento.

– Yo creo que sí puedes. Y con estas cosas nunca me equivoco. Pienso que podrás guiarnos a todos a salvo. Hasta ahora has sido un comandante espléndido.

– ... ¿Estás halagando mi trabajo? – preguntó Takuto, ladeando la cabeza algo escéptico.

– Por supuesto. Así que quédate callado y acéptalo. – dijo ella picándole con el dedo en el pecho.

– Sí, sí. – asintió él.

– Pero incluso fuera del trabajo, estoy empezando a creer en ti, Takuto...

El joven comandante parpadeó un par de veces. Eso último lo tomó por sorpresa, ya que Forte a diferencia de las demás nunca lo llamaba por su nombre a secas, sino que siempre se refería a él como "Sr. Comandante" como acostumbraba. Y no pudo evitar sonreír.

– ¿Qué sucede? – preguntó ella.

– Acabas de llamarme Takuto. Es la primera vez que me llamas por mi nombre...

– ¿De verdad? – dijo ella restándole importancia. – Bueno, ¿no era eso lo que querías? Es sólo un detalle menor...

No sabía si era su imaginación o por la falta de luz, pero casi podría jurar que había un pequeño tinte rojo en las mejillas de Forte. De todos modos, ella tenía razón. Él se lo había pedido hacía tiempo y finalmente parecía haberlo aceptado, así que no se quejaría.

– Supongo. – Takuto se encogió de hombros. – Bien, si tú crees en mí, entonces yo también me esforzaré por creer en ti. Así que tú también, cree en ti misma para que yo pueda creer en ti.

– Eso no necesitas decírmelo. – sonrió ella con mucha confianza. – Yo siempre he creído en mí misma.

– Jajaja, eso pensé. – replicó Takuto. No había podido reírse de manera genuina desde hacía varias horas, y se sintió muy bien de poder hacerlo ahora. – ... Bueno, creo que es mejor que me vaya.

– Claro. Trata de no pescar un resfriado. – dijo Forte guiñándole el ojo.

– No lo haré. Gracias, Forte. Buenas noches.

Ya no había más que decirse, por lo que el Comandante del Elsior regresó a su habitación. No le importaba demasiado haberse calado el uniforme hasta los huesos, ya que esa charla con Forte le ayudó finalmente a despejar su mente. Ahora sí tenía claro lo que tenía que hacer.

...

A pesar de lo tenso, esa noche Takuto pudo dormir bastante tranquilo. El día transcurrió sin ninguna novedad, pero cuando estaban a punto de salir del Chrono Drive, el comandante convocó a toda la Brigada Angel al puente para una reunión. Era el momento de la verdad, y ya estaba listo para confrontarlas.

Tal como se lo dijo Forte, tenía que ser honesto con ellas.

Una por una fueron llegando, aunque tuvieron que esperar unos minutos más a que llegara Milfie, que fue la última en cruzar las puertas del puente. Al parecer todavía estaba ocupada con su masa para galletas.

– Milfeulle Sakuraba presente. – dijo haciendo el saludo militar. – Ahora estamos las cinco.

– Muy bien, gracias por venir. – dijo Takuto.

– Es muy inusual que nos llames durante el Chrono Drive. – señaló Mint.

– Sí, necesitaba hablar con todas antes de que hagamos el Drive Out. – les dijo. Le echó una mirada breve a Forte, que estaba detrás de todas, viéndolo con una expresión muy seria. Sabía lo que ella esperaba de él, y no iba a decepcionarla.

– Si tienes algo que decirnos, pues date prisa. – dijo Ranpha. – Así no es como queremos pasar nuestro tiempo libre.

– Entiendo. Escuchen todas lo que les voy a decir. – Takuto aspiró profundamente. Era el momento de la verdad. Una vez que comenzara, no habría vuelta atrás. – Lo primero, existe la posibilidad de que la flota de Gimson a la que íbamos a unirnos haya sido aniquilada por las fuerzas de Eonia.

– ¡¿Eh...?! – Milfie jadeó. Todas las demás, a excepción obviamente de Forte, también reaccionaron visiblemente. Mint se llevó las manos a la boca y bajó sus orejas telepáticas, Ranpha apretó sus puños, y Vanilla levantó las cejas y abrió mucho sus ojos.

– Obviamente, es sólo una posibilidad. – continuó Takuto, esforzándose por mantener la calma. – También es posible que se encuentren esperándonos en el punto de reunión de emergencia. Sin embargo, la fuerza total de la flota de Eonia podría estar esperándonos en cuando salgamos al espacio normal. Y pienso que ese es el evento más probable.

– E-entonces... en resumen, um... – Milfie empezó a tartamudear, y tardó un rato en poner sus palabras en orden. – ¡¿Habrá una enorme fuerza esperando para aniquilarnos cuando salgamos del Chrono Drive?!

– ¡No hace falta que lo repitas! – dijo Ranpha molesta.

– P-pero es que me sorprendió... – replicó Milfie, cuya preocupación parecía ir en aumento. – ¿Por qué vamos a un lugar tan peligroso, Takuto-san?

– No teníamos opción. – les dijo Takuto de frente. – El enemigo nos tenía acorralados, así que no había más alternativa que ir hacia el punto YJe630.

– ... Así son las cosas... – murmuró Vanilla.

– Si ya lo sabías, ¿por qué iniciaste el Chrono Drive? – prorrumpió Ranpha. – Si nos hubiéramos quedado a pelear, podríamos...

– Podríamos haber perdido. – la interrumpió Takuto. – Así que elegí el Chrono Drive para darnos tiempo y reagruparnos.

– ¡No entiendo nada de eso! – siguió protestando Ranpha. – Igual vamos a estar en la misma situación, sólo que con más enemigos, ¿no?

La reacción de Ranpha era comprensible, ya que a nivel superficial esa parecía ser la situación. Aun así, cuando parecía que ella iba a írsele encima, Takuto mantuvo su temple de acero y ni se inmutó. Intercambió otra mirada silenciosa con Forte, que le hizo un gesto incitándolo a continuar, mientras Mint se ponía delante de Ranpha tratando de frenarla antes que hiciera alguna locura.

– Cálmate por favor, Ranpha-san. – dijo Mint. – Ya hemos entrado en el Chrono Drive, así que no tiene sentido seguir discutiendo al respecto.

– ¡Ya lo sé! – gritó la rubia. – ¡Pero lo que quiero saber fue por qué nos hiciste huir de esa batalla, Takuto!

– Yo también estoy preocupada... – dijo Milfie. – Takuto-san... ¿qué se supone que haremos ahora?

– ... Por favor, danos tus órdenes, Takuto-san. – dijo Vanilla.

El puente se quedó en silencio por unos segundos. Este era el momento decisivo. Siguiendo el consejo de Forte, debía decirles a todas la verdad, sin titubear. Él era su comandante, y como tal, las vidas de ellas estaban bajo su responsabilidad.

– La razón por la que no les oculté nada de esto... es porque creo en ustedes. – dijo con firmeza. – Tengo fe en todas las miembros de la Brigada Angel. Si puedo contar con la fuerza de todas, tengo la certeza de que no vamos a perder.

De nuevo, le dio una mirada rápida a Forte, que asintió con aprobación. Rápidamente prosiguió:

– Yo también haré mi mayor esfuerzo. Por el bien de todas ustedes, seré el mejor comandante que pueda ser. Aunque haya una flota enorme esperándonos, les prometo que encontraré una forma para que el Elsior y la Brigada Angel puedan escapar. Así que... – hizo una reverencia frente a todas – ... les pido que crean en mí. Crean en mí, y luchen con todas sus fuerzas.

– Creer... en ti... – dijo Ranpha, que parecía perpleja. El resto de la Brigada Angel, excepto Forte, tenía expresiones similares. No podía culparlas, él mismo se había sorprendido de lo que dijo, pero esperaba que funcionara.

Después de unos segundos, finalmente Milfie rompería el silencio:

– ¡Muy bien! ¡Yo creo en ti, Takuto-san!

– Ya entendí. – dijo Ranpha. – ¡No estoy lista para tirar la toalla todavía!

– Takuto-san, confiaré en ti, y haré mi mayor esfuerzo. – terció Mint.

– Gracias... por tu liderazgo... – agregó Vanilla en tono serio.

– Takuto, bien dicho. – concluyó Forte. – Por eso eres mi comandante.

– Forte, chicas... gracias. – les dijo, ya sintiéndose más tranquilo. Al parecer, la confianza que le transmitió Forte ahora estaba regresándole, multiplicada por cada una de ellas diez veces más.

– ¡Muy bien, todas! – dijo Forte con entusiasmo. – ¡Confiemos en Takuto, y saldremos adelante sin importar lo que nos venga!

– Cuento con ustedes, Brigada Angel. – dijo Takuto con aire de autoridad. – ¡Quédense en espera en formación de combate alfa!

– ¡Sí, señor! – dijo Forte haciendo el saludo militar en nombre de todas. – Muy bien, nos vamos. Tú también, asegúrate de comandarnos bien.

Inmediatamente toda la Brigada Angel salió corriendo fuera del puente. Sin perder tiempo, Takuto volvió a sentarse en la silla del comandante, a la espera de concluir el Chrono Drive y enfrentarse a lo que fuera que le esperase del otro lado.

– Comandante, haremos el Drive Out en noventa segundos. – informó Almo.

– Entendido. ¡Todas las manos, formación de combate alfa!

– Takuto... ¿no te da vergüenza decir esas cosas? – preguntó Lester en tono ligeramente burlón.

– ¿Por qué? – replicó Takuto. – Sólo dije lo que sentía de manera honesta.

– Hrmph... – Lester se encogió de hombros y cruzó los brazos. – ... Bueno, no es que me importe.

– Ah, es que también crees en mí, ¿verdad?

– Nop. No creo en ti ni por un segundo. – dijo secamente el adjunto.

– ¡Gah! – exclamó Takuto en shock por sus palabras. – ¡Mi subcomandante no debería decir eso!

– No es que no confíe en ti. Es que si no te acompaño, probablemente termines metiendo la pata hasta el fondo. – explicó Lester.

Takuto resopló, pero no podía refutar sus palabras. Bueno, de todas maneras le estaba muy agradecido a su amigo por su gran consideración, y saber que contaba con él pasara lo que pasara.

– Entraremos al espacio normal pronto. – anunció Almo. – Cuenta regresiva, cinco segundos para el Drive Out. Cuatro... tres... dos...

– Ups, se acabó el tiempo. – dijo Takuto. – Llegó el momento de la verdad.

El ventanal del puente emitió un destello blanco, y el Chrono Espacio desapareció para dar paso a las estrellas del espacio normal. Almo informó que todos los sistemas estaban normales tras completar el Drive Out, pero a los pocos segundos empezaron a sonar las alarmas, y Coco les alertó que, tal como habían anticipado, había una enorme flota enemiga a punto de entrar a rango de combate.

– ¿Cuántos hay frente a nosotros? ¡Danos un reporte completo! – exigió saber Lester.

– ¡S-son demasiados para contarlos! – tartamudeó la operadora de gafas. – ¡Es una flota enorme, nunca había visto tantas naves juntas!

– Tengo una imagen. – dijo Almo. – Transmitiendo hacia el monitor principal.

El monitor mostró a la flota enemiga. Podían reconocer las mismas naves negras a las que se habían enfrentado anteriormente, sólo que esta vez eran mucho más numerosas, y también parecía haber varios modelos que no reconocían. Al parecer, esta vez no se estaban guardando nada.

– Por todos los... ¿cómo pueden tener tantas? – exclamó Lester, claramente en shock al ver los números en pantalla.

– En efecto, no me esperaba que la flota fuera de este tamaño. – dijo Takuto. – ¿Será posible que esta sea la fuerza principal de Eonia?

– Hay una nave de batalla enorme en el centro de la flota enemiga, parece ser su nave insignia. – dijo Coco. – ¡También detecto una reacción de Chrono Drive detrás de nosotros!

– ¿Son fuerzas aliadas? – preguntó Lester, esperanzado.

– N-no. – tartamudeó la operadora. – ¡Es la flota contra la que peleamos en el punto YJn64!

– Entonces, es esa mujer llamada Sherry. – dijo Takuto, entendiendo lo que significaba. Ya presentía que ella también iba a estar aquí.

...

A bordo de su nave, la segunda al mando del Príncipe, ahora Emperador Eonia, observaba complacida. Su plan había dado resultado, el enemigo había escapado de ellos y caído directo en su trampa. Lo felicitaría por haber llegado tan lejos, pero ya no podría seguir huyendo.

– Jejejeje... por fin te tengo, pequeña abeja. – dijo sin hablar con nadie en particular. – Hasta aquí termina nuestro pequeño juego. Aunque pudieras escapar de mí, no podrás huir de las garras de Lord Eonia.

Se puso de pie frente a su ventanal y ordenó a todas sus fuerzas poner los motores a toda marcha. Aunque los Emblem Frames habían causado daños a los motores de su nave para ralentizarla, no fueron más que un retroceso menor, y gracias a los recursos con los que contaban ahora estaba de vuelta a toda su capacidad. Y ahora les harían caer todo su poderío encima.

...

De vuelta en el puente del Elsior, mientras los oficiales al mando intentaban pensar qué hacer, Almo les informó que la nave insignia enemiga deseaba comunicarse. Quizás podrían usar eso para descontrolar al comandante enemigo, y ganar algo de tiempo para trazar su ruta de escape. Takuto autorizó que se abriera el canal.

Y el hombre que apareció del otro lado de la línea confirmó la corazonada de Takuto.

– ... Esta debe ser la primera vez que hablamos cara a cara. ¿Necesito presentarme ante ustedes?

En efecto, se trataba de Eonia en persona. Takuto vio que Lester daba un paso atrás de sorpresa, y aunque él mismo ya había considerado la posibilidad, aun así tuvo que admitir que estaba un poco impresionado.

– Así que el comandante supremo finalmente da la cara. Significa que nos están tomando en serio, ¿verdad? – murmuró Takuto, en voz baja para que no se oyera por el canal. Acto seguido se puso de pie para acercarse al monitor y encarar al gran hombre en persona. – Aquí habla el Comandante del Elsior, Takuto Mayers. No hay necesidad de presentación. Es un honor conocerte al fin, antiguo Príncipe Eonia.

Takuto se aseguró de hacer énfasis en la palabra "antiguo", para dejarle claro al usurpador lo que pensaba de él. Sin embargo, Eonia o no entendió o ignoró por completo su insulto disfrazado, ya que se mantuvo inmutable antes de responderle casi de inmediato:

– Has logrado evadirnos hasta llegar a este lugar. Debo felicitarte por tu gran valentía.

– Pues muchas gracias. – replicó Takuto. – Por cierto, si fueras tan amable de quitar de en medio tu flota, te lo agradecería muchísimo.

– Jajajaja... veo que eres exactamente el tipo de hombre que Sherry describió. – dijo el usurpador. – Desafortunadamente, no puedo hacer eso. Ríndete de inmediato, y entréganos a mi medio hermano Shiva. Juro por mi nombre que si me obedeces, garantizaré tu seguridad, la del Elsior y todos sus Emblem Frames. Es lo mejor para ti.

– No puedo aceptar eso. – dijo Takuto. – Si no podemos retirarnos en paz, supongo que tendremos que pasar por encima de ti.

– Qué respuesta tan inesperadamente aburrida. – dijo Eonia. – Muy bien, eso me dará la oportunidad de comprobar qué tan temerario eres por mí mismo. Sherry, lo dejo en tus manos, tráeme a Shiva.

Y diciendo esto, la nave de Eonia cortó comunicaciones con el Elsior. Con eso, se podría decir que el guante proverbial había sido arrojado, y el duelo declarado. Ya no había escapatoria.

– ... La nave insignia se está retirando. – dijo Coco. – Parece estar abandonando el área de combate.

– Muy bien... ¿y ahora qué? – preguntó Lester. – Después de toda esa fanfarria, más te vale que no pierdas, Takuto.

– Lo sé. – dijo el aludido. – No pienso darme por vencido, y les prometí a todos encontrar una salida de esto. Sé que tiene que haber una forma...

– Ah, umm, disculpen... – dijo de repente Coco.

– ¿Y ahora qué pasa? – preguntó Lester algo molesto.

– S-sí. Es que el radar está detectando un campo gravitatorio anormal. – explicó la operadora.

– ¿Un campo gravitatorio anormal? – repitió Takuto.

– Proviene desde donde la nave insignia se retiró... desde atrás de la flota hostil. Es como si hubiera una enorme cantidad de asteroides en este sector.

– Que yo sepa no debería haber asteroides en este sector. – dijo Lester. – No hay nada frente a nosotros excepto esa estrella... ¿no se habrá descompuesto el radar?

– No lo creo... – dijo Coco.

– Eso es preocupante, pero por ahora hay que concentrarnos en el enemigo que conocemos. – intervino Takuto. – Date prisa con el análisis de la flota.

Y como si no tuvieran suficientes preocupaciones, la señal de comunicaciones empezó a sonar, haciendo que Almo se sobresaltara en su estación.

– ¡Comandante Mayers, emergencia!

– ¡¿Y ahora qué?! – preguntó el comandante.

– Aparte de la flota de Eonia detrás de nosotros, hay otra señal de comunicaciones. – El tono de la operadora cambió de preocupado a alegre al anunciar lo siguiente. – ¡Es de nuestros aliados!

– ¿Nuestros aliados? ¿Estás segura? – preguntó Lester, incrédulo.

– Al principio pensé que sólo era ruido, pero ahora estoy segura. – dijo Almo. – Ya he decodificado el mensaje. «Diríjanse hacia el punto YJn631 lo más pronto posible», eso es lo que dice. Es la estrella que tenemos frente a nosotros a estribor.

– Eso es absurdo. – dijo Lester. – Para hacerlo tendremos que atravesar expuestos totalmente por el flanco izquierdo del enemigo.

– Confiemos en nuestros aliados. – dijo Takuto, sintiendo que la esperanza se le renovaba. – Y también en el Elsior, y los Emblem Frames. Y por supuesto, en la Brigada Angel.

– ... Debí suponer que dirías eso. – dijo Lester sonriendo de lado. – Muy bien, estoy contigo.

– Gracias, Lester. Muy bien, ¡adelante!

Y con Takuto poniéndose de pie para dar la orden, el Elsior puso en marcha sus motores. La Brigada Angel ya estaba en espera, y aunque tendrían que saltar casi directo a la boca del lobo, si lograban superar el obstáculo que tenían frente a ellos, todo saldría bien.

Esta historia continuará...


Notas del autor:

Buenos días, amigos, feliz inicio de semana. Bien, creo que ya podrán ver por qué me gusta este segmento, y este es además el que le da el nombre al capítulo. Forte ayudó a Takuto a relajarse un poco, y le dio algunos buenos consejos para afrontar la situación. Y en el proceso da un poco de fanservice gratuito, que eso nunca hace daño, jajajaja.

Dejando de lado las bromas, creo que ya entenderán por qué me gusta este segmento. Aparte de ese momento divertido, Forte también se puso muy filosófica y ayudó a Takuto a salir de su depresión, para que pudiera dar un paso al frente y ser honesto con el resto de la Brigada Angel sobre la situación. Ahora, con los ánimos renovados, están listos para hacerle frente a lo que sea que les está esperando del otro lado. Con un poco de miedo tal vez, pero ya saben que el verdadero valor está en hacerle frente a tus miedos, no huir de ellos.

Así que no hay más que decir por el momento. En el próximo segmento concluye el capítulo de Forte. Gracias por el review a TheNewDabs, como siempre, los estaré viendo el jueves para la próxima. ¡Brigada Angel, despeguen!