Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.


Capítulo 19

—¿Estás segura de esto, mamá?

Asiento y sonrío. He respondido esta pregunta alrededor de veinte veces hoy y la respuesta siempre ha sido un contundente sí.

—Cielo, todo estará bien. Edward es grande, él puede lidiar con el tío Emmett.

—Pero, mamá, ¿qué hay del año pasado? —Se mantiene firme con esto. Ella está muy preocupada por hacer que todo sea perfecto; poco sabe ella que la perfección nunca sucede. No existe.

No en esta casa ni en la de nadie más. La grama del vecino no se ve más verde en ninguna parte.

Acabo de descubrir esto por mi cuenta y tengo treinta y cinco años. Ella tiene un largo camino por transitar.

—El año pasado fue diferente. Todos estaban de visita; no podían ir a casa de inmediato. Este año, puedo darle una patada en el trasero. —Sonrío y muevo mis cejas. Emmett cree que puede ser el mejor hombre; bueno, le espera otra cosa.

Pero jamás haría eso en realidad, él es un buen tipo, aunque un poco tonto. Tengo un buen presentimiento sobre él y Edward juntos a largo plazo. Ellos se combinan bien y después de conocer al padre de Edward, entiendo por qué.

Y seamos realistas; siempre es bueno cuando la familia política se lleva bien.

~ALLO~

El olor a pavo flota en el aire haciendo que mi estómago retumbe de anticipación. No voy a cocinar nada más, así que será mejor que todos los demás hayan hecho su parte, demonios.

A las tres p.m., mamá y papá están aquí, el partido ha comenzado y papá está pegado en la sala frente a la pantalla del televisor con un vaso largo de agua en una mano y el control remoto en la otra.

Mamá, Ellie y yo estamos en la cocina, charlando mientras jugamos a las cartas y esperando que los demás lleguen. Mamá preparó dos pasteles de calabaza, ensalada de papa y una cazuela de batata.

Edward dijo que su mamá iba a preparar relleno y algún tipo de salsa con vegetales.

Se supone que Rose va a traer puré de papas y una ensalada de cóctel de frutas.

Estoy rogando que la ensalada de cóctel no contenga polla real*. Emmett podría hacerlo realidad, simplemente lo sé.

Una vez usó dulces con forma fálica para hacer gelatina. Ver un montón de penes coloridos flotando en gelatina de fresa le produce cosas raras a la psique de uno. Así como explicar a una niña de cinco años por qué es asqueroso que hayan pequeños cohetes en la gelatina. Ella dijo que eran deliciosos.

Alec creyó que era brillante.

Terminé bebiendo mucho.

Momentos divertidos.

No confío ni un poco en ese hombre.

—Deja de preocuparte, Bella. A él solo le gusta irritarte. —Le pongo mala cara a mi madre y asiento en dirección a Ellie, diciéndole silenciosamente a mi mamá que ella es la razón por la que me molesta tanto.

—Las cosas son cada vez más difíciles de explicar —contesto con los dientes apretados.

—Bueno, no te preocupes; él ha tenido los ojos abierto en las últimas semanas con ciertas cosas relacionadas con su propia hija adolescente. No me preocuparía mucho si fuera tú. Creo que él finalmente se dio cuenta de lo... experimentados que los chicos son estos días. —Mamá tiene mi completa atención mientras distintos escenarios pasan por mi mente. ¿En qué diablos pillaron a Alice? ¿Y por qué Rose no ha dicho nada?

—Ellie, ¿puedes asegurarte de que el abuelo no esté dormido? Sabes como se pone cuando lo dejamos frente al televisor. —Ella pone los ojos en blanco y se para, bufando y susurrando bajo su aliento. Lo que sea que esté diciendo probablemente no sea muy agradable.

Realmente no me importa.

—¿Qué hizo Alice? —Me inclino hacia adelante, una expresión seria en mi rostro. Dios sabe que ella y Alice son muy pegadas y lo que sea que una está metida, la otra probablemente no esté muy lejos.

Mamá sonríe.

—Bueno... Emmett la pilló a ella y a Jasper, ¿lo recuerdas? Sí, Emmett los pilló en su cuarto... solos... y hubo unos toques involucrados.

Me encojo ante la idea. Por Dios, solo tienen trece años.

—¿Qué tipo de toques?

—Oh, querida, no fue tan malo como piensas, pero solo digamos que Emmett logró avergonzarlos a los dos y darles una charla severa. Rose le dijo que tendría que guardar sus travesuras para otro momento porque su tipo de libertinaje obviamente se le ha contagiado a su hija.

Pongo los ojos en blanco.

—¿Y se supone que esto debe calmar sus chistes sucios?

Mamá se carcajea.

—He conocido a Emmett McCarty por años; no creo que podamos esperar milagros, Bella. —Le da unas palmadas a mi mano y se pone de pie, llevándose la baraja de cartas con ella. Aparentemente hemos terminado de jugar.

Me paro y estiro mis extremidades. Echando un vistazo al reloj, noto lo tarde que es y me pregunto qué los retrasa a todos.

Pero no tengo que preguntármelo por mucho tiempo porque ni bien me siento en la sala, suena el timbre.

Ellie se levanta rápidamente y prácticamente corre hacia la puerta. Ni bien Alice entra, ambas chicas desaparecen por las escaleras.

—Bueno, eso fue rápido —mascullo mientras las veo irse.

Rose y Emmett me entregan sus recipientes y contenedores de comida, con los cuales mamá me ayuda a llevar a la cocina, mientras ellos se quitan sus chaquetas y sus zapatos.

Hablamos un poco sobre los platos y estoy gratamente sorprendida. No hay penes en absoluto. Esto es para consternación de Emmett, por supuesto, y él se asegura de decírmelo.

—Bella, necesité de todo mi autocontrol para no hacerlo... pero he visto cosas... cosas espantosas —dice con una cara seria, y lo veo estremecerse visiblemente.

Ni siquiera escondo mi sonrisa.

—Oh, ¿en serio, Em? ¿Y cuáles fueron esas cosas de las que hablas que podrían haberte hecho... transformarte así? —Me muerdo el labio e intento ser tan seria como puedo, pero la expresión en su rostro no tiene precio.

Lo que él vio en el cuarto de Alice obviamente lo ha traumatizado de por vida. Pobre hombre. Su hija ya no es una bebé.

—Bella —comienza y coloca una mano en mi hombro en un gesto amistoso, transmitiendo lo serio que esto es para él—, no debería haber entrado allí.

—Dios mío —interviene Rose—. No fue gran cosa. Todavía estaban vestidos.

Con los ojos muy abiertos, miro a Rose.

—¿Qué diablos estaban haciendo?

Emmett sacude la cabeza.

—No puedo decirle. No puedo sacar las imágenes de mi cabeza. Estaban en su cama... y habían extremidades y posiciones... No puedo.

Frunzo el ceño completamente confundida.

—¿Pero creí que no fue tan malo?

Rose resopla, abriendo el recipiente con bastones de zanahoria y salsa.

Twister, Bella. Estaban jugando al Twister. —Se sienta junto a mamá, quien ha estado escuchando y riéndose suavemente todo este tiempo y continúa—. Ellos encontraron mi viejo juego en el armario y el piso de Alice no era lo suficientemente grande para la alfombra así que lo colocaron sobre su cama doble. —Le da un mordisco al bastón de zanahoria—. El señor bocota de aquí los sorprendió y se cayeron.

—¿Y tú les creíste, Rose? —masculla Emmett, negando con la cabeza—. He sido un adolescente. Sé cosas.

—Oh, sí, sabemos muy bien que sabes cosas, ¿o no, Charlie? —mamá le pregunta a papá, pero él está muy concentrado en el partido como para siquiera seguir lo que estamos diciendo por lo que él solo nos mira como si tuviéramos dos cabezas—. Olvídalo. Como sea, ¿recuerdan esa vez que los pillé a Rose y a ti en el patio trasero? —continúa mamá, mirando a Emmett fijamente.

Los ojos de Rose se abren como platos y Emmett se endereza de inmediato.

—Ehm, sí, está bien, mamá, no... por favor, no —ruego. No quiero saber. Simplemente no quiero.

Y el timbre nos salva de más historias potencialmente vergonzosas. Gracias a Dios.

Rose y mamá me ayudan en la puerta al tomar los platos y llevarlos a la cocina, mientras tomo las chaquetas de todos y las cuelgo en el armario cerca de la puerta.

—Oh, Bella, estos deben ser los padres de Edward —Mamá los recibe alegremente al regresar de la cocina.

Hago las presentaciones con todos y me uno a Edward, besándolo rápidamente antes de que nos dirijamos a la sala.

Estoy demasiado nerviosa para notar algo fuera de lo normal, diablos, él podría estar completamente desnudo y no lo notaría.

—Y él es mi padre, Charlie. —Papá se pone de pie y estrecha la mano de todos. Él está demasiado concentrado en el partido para decir mucho más y pronto, también lo están todos los hombres en la habitación.

Esme y mamá se caen bien de inmediato y comienzan a hablar sobre algún programa de televisión que ambas miran, mientras que Rose parece haber sido atraída por el partido en curso.

Personalmente no me podría importar menos el partido. No tengo idea de lo que está pasando. Hay dos equipos vestidos en uniformes coloridos, con bonitos traseros y grandes cascos, corriendo por el campo y chocando contra el otro.

Y me niego a ser educada en el fútbol. Simplemente no.

Capto la mirada de Edward y le guiño un ojo, sutilmente distrayéndolo de lo que está pasando en la pantalla.

Él me devuelve el guiño y mueve sus cejas.

La expresión en sus ojos me llena de calor y me siento un poco traviesas. Finalmente me relajo lo suficiente para asimilar su apariencia y, diablos… ¿cómo no noté lo bien que se ve? Tiene puesta una de sus camisas, esta es color verde claro y resalta sus ojos, con las mangas enrolladas, dándome una buena vista de sus fuertes antebrazos.

No me juzguen, los antebrazos son sexys. Músculos firmes y una pizca de vello… Cielos.

Sus largas piernas están cubiertas en un jean oscuro, un fuerte contraste con la camisa clara que lo hace ver incluso más alto. Depredador. Bueno, no tanto, ya que él está sentado con las piernas cruzadas en los tobillos y me sigue mirando.

Bueno, la oscura intensidad de sus ojos sí dicen "depredador".

Sonrío taimadamente y muevo mis cejas en respuesta, mientras asiento sutilmente mi cabeza hacia la cocina.

—Iré a echar un vistazo al pavo —le digo a nadie en particular, ya que aparentemente alguien a anotado… o algo… Llevando la atención de todos lejos de mí.

Ni bien mis pies tocan los mosaicos del suelo de la cocina, las manos de Edward se encuentran en mis caderas y estoy presionada contra la encimera con sus labios pegados a la parte trasera de mi cuello.

—Te extrañé — tararea, dejando un camino de besos por mi cuello y yendo hacia mi lóbulo.

Me derrito en sus brazos mientras empujó mi trasero contra su creciente erección.

—Gah… También… Unf… También te extrañé.

Edward succiona mi lóbulo en su boca y pasa sus manos por mis costados, llevándolas a mis pechos—. Odio no despertar a tu lado. —Su aliento caliente cosquillea mi oreja y me retuerzo contra él aún más, ganándome un gemido bajo desde lo profundo de su pecho.

Su boca le hace cosas mágicas a mi cuello, el cual aparentemente está unido a mi vagina y de repente recuerdo que hay personas en la casa, sentadas a no más de seis metros de distancia.

—Mierda, no podemos… Agh… Hacer… Esto.

Él tararea.

—¿Crees que podemos ser silenciosos?

Y entonces sus pulgares rozan contra mis muy duros peones y no hay manera de que vaya a decir que no a lo que vaya a sugerir.

—Creo… Creo que puedo.

Él da un paso atrás y extraño el calor de su cuerpo inmediatamente.

—Sígueme. —Tomando mi mano, me lleva por el pasillo y hacia el cuarto de lavado.

Es entonces que realmente deseo tener una casa de varios pisos, o al menos un cuarto en el primer piso.

—Edward, no puedes decirlo en serio —le reprendo mientras asimilo mis alrededores afortunadamente ordenados y completamente blancos.

—Como un infarto. —Su respuesta es seguida por una mueca en sus rasgos cuando se da cuenta de lo que acaba de decir—. Mierda, ya sabes… Lo siento… No estaba pensando…

—Está bien. —Sacudo la cabeza y sonrío para hacer énfasis—. Ahora, ¿qué era tan importante que me arrastraste hasta aquí para hacer la colada? —No quiero ir allí hoy. Papá está bien y realmente no quiero pensar en él ahora mismo.

Sus manos regresan a su lugar en mis caderas y me jala bruscamente contra él, haciéndome reír.

—Iba a mostrarte cómo configurar el ciclo de centrifugado.

Su boca se planta a mi clavícula, y de repente recuerdo que tengo puesto una falda cuando sus manos se deslizan por mis costados hasta mis muslos desnudos.

—Oh, Dios… Te necesito, Edward. —Mis ojos giran hacia atrás y no creo que alguna vez haya estado así de excitada en mi vida. O quizás sea el hecho de que estamos siendo traviesos.

—¿Para qué me necesitas, preciosa? —Me gira así mi espalda está presionada contra su frente y se mueve contra mi trasero.

Mis manos se aferran a la parte superior de la lavadora y cierro los ojos disfrutando de la sensación de él y lo que sea que le hace a mi cuerpo.

—Necesito… Quiero que me toques.

Un suave gruñido resuena en mi oído mientras planta besos húmedos en la parte trasera de mi cuello.

—Esto no va a ser gentil, Bella. —Su voz es baja y ronca, llena de deseo. Puedo escuchar el sonido de su cinturón siendo desabrochado detrás de mí. La anticipación me está volviendo loca.

Diablos, el hombre sabe lo que está haciendo.

—No me importa… Solo… Por favor. —La voz no es mía. Vamos a tener que revisar esta disposición para dormir. Ya no puedo estar sin él y aparentemente tampoco puede mi coño.

Mueve sus manos debajo de mi falda y la levanta sobre mis caderas. Con sus dedos deslizándose dentro de la cintura de mis bragas y frotando mi piel en una línea lenta desde mi vientre hasta mis costados, pregunta, «¿Estás segura de esto?».

Llevo mi mano a la parte trasera de su cuello, jalando el cabello en su nuca mientras me presiono contra él por completo, contoneando mis caderas contra su obvia erección.

—Sí. Diablos, Edward.

Su risa baja hace que mi piel se erice desde la cabeza hasta los pies. Cada terminación nerviosa está en alerta, esperando su siguiente movimiento.

—Realmente no deberías haber dicho eso.

Con esas últimas palabras, baja mis bragas y toma mi sexo, deslizando sus dedos profundamente dentro de mí.

—Oh, Dios. —Me inclino sobre la lavadora y hago presión contra su mano, buscando más—. Cielos… Se siente bien. —Mis palabras son amortiguadas por una de las toallas limpias que están dobladas sobre la lavadora.

Su frente cubre mi espalda mientras lentamente me folla con sus dedos y me dice lo mojada que estoy por él.

—Eres una chica muy mala, Bella. Me dejas hacerte esto, mientras tus padres están en la otra habitación.

—Mierda… —Puedo sentir que estoy más y más cerca de esa inminente dicha. Solo un poco más… Y cuando creo que no podría ser mejor, él retira sus dedos, se posiciona, sujetando mis caderas, y entierra su polla profundamente en mí con una embestida.

—Santo… Bella —suelta, su voz apenas un susurro ya que intentamos hacer silencio.

No estoy segura de si va a funcionar, pero como puedo escuchar el televisor y los gritos de aliento desde aquí, dudo que escuchen nuestros susurros y suaves gemidos de aquí.

Y no me importa.

Nop.

Porque sus dedos, húmedos por haber estado dentro de mí, están torturosamente pinchando y frotando mi clítoris mientras entra y saca su pilla de mí.

Esa toalla a la que me aferraba antes ahora sirve para contener mis gritos de éxtasis mientras esa sensación de hormigueo se apodera de cada terminación nerviosa en mi cuerpo, llevándome cada vez más alto.

—Cielos… Mierda —grito cuando mi orgasmo me alcanza por completo, dejando mis extremidades de gelatina.

Edward sujeta mis caderas mientras embiste dentro de mí con fervor, persiguiendo su propia inminente liberación.

Mis rodillas están débiles, mi respiración es superficial, él me está guiando hacia lo que sea que necesita porque estoy completamente sin fuerzas, tirada sobre la lavadora como una muñeca de trapo, y todo es su obra.

—Amo lo que me haces —le digo con honestidad—. Amo como puedes tocarme como un instrumento bien afinado.

Mis palabras, aunque muy limpias comparado a lo que él ha estado diciendo, parecen funcionar ya que gruñe y se detiene, derramándose dentro de mí.

—Dios, Bella… Te amo. —Sin romper nuestra conexión, él apoya su frente sobre mi hombro y respira profundamente, rodeándome con sus brazos, y sosteniéndome cerca de él.

—También te amo, Edward. —Puedo sentirlo suavizarse dentro de mí y hay semen goteando por mi muslo. Eso no es bueno—. Necesito asearme y revisar ese pavo. —Me río y muevo mi trasero.

Él gime y besa mi hombro.

—Está bien, pero voy a dormir aquí esta noche. Mamá y papá conocen mi casa de todos modos.

Él se mueve, permitiendo que me pare y evalúe el daño a mi atuendo. Aparte de varias arrugas, estoy bien. Mojo varias toallas en el fregadero y le tiendo una a Edward así puede limpiarse.

—Espero que nadie haya notado que no estábamos en la cocina.

—¿Bella? ¿Edward? ¿Qué hacen los dos aquí? ¡El pavo se encuentra en el horno, no en la secadora! —exclama Rose detrás de la puerta.

Muy fuerte.

Y escuchar la carcajada amortiguada de Emmett hace que todo mi cuerpo se petrifique.

—Pillados.


*Polla en inglés es cock; y cóctel en inglés es cocktail. Se pierde el chiste al traducir cuando ruega que no haya una polla en la ensalada de frutas.