Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.


Capítulo 7

Las cenas de los domingos en casa de mamá y papá son, honestamente, bastante aburridas.

No me malinterpreten, amo a mis padres, en verdad que sí, pero hay un número limitado de veces en las que puedes mirar la nueva colcha de tu mamá y decirle lo bonita que es antes que todas comiencen a verse iguales. Ah, y escuchar a papá hablar sobre el último episodio de CSI, solo es entretenido para los que realmente miran el programa. Desafortunadamente, no lo miro.

Mis padres no son tan viejos. Papá tiene cincuenta y nueve años y se retiró a los cincuenta y cinco. Mamá solo es unos meses más joven. Fueron a la secundaria juntos y han estado juntos toda su vida.

Bromean y son muy abiertos sobre las cosas. Quizás esa sea la razón por la que no sea gran cosa que Ellie y Alice traigan a sus novios a cenar.

Además, hay posibilidades de que mamá y papá ya los conozcan. Este es un pequeño pueblo.

Me pregunto si ellos conocen a Edward.

También me pregunto si alguna vez llevaré a Edward, o cualquier hombre, a cenar con mis padres.

Ellos nos criaron a Rosalie y a mí para creer en el amor verdadero y en las almas gemelas. Es bueno que sigan muy enamorados después de todos estos años.

Rosalie tuvo suerte de encontrar a su alma gemela en Emmett. Ambos asistieron a la Universidad de Washington y se graduaron el mismo año. Jamás han estado separados por más de veinticuatro horas.

Fue raro para mí tener un hijo antes que mi hermana mayor, pero ella y Emmett tenían grandes planes antes de sentar cabeza. Viajaron y vivieron en el exterior por un tiempo y eventualmente se casaron.

Cuando Ellie tenía alrededor de un año, Rose dio a luz a Alice.

Apestó vivir tan lejos de ella mientras las dos criábamos a nuestras hijas, pero ellas se veían bastante seguido y se mantenían cercanas.

Supongo que el hecho de que Alice estuviera aquí, fue otra razón por la que Ellie nunca tuvo problemas para hacer amigos.

—Hola —respondo mi móvil que suena. Son las tres treinta y me he mantenido ocupada limpiando la casa antes de recoger a Ellie y a Mike, y dirigirme a la cena.

—¿Bella? —Es Edward. Reconocería su voz profunda y ronca en cualquier lugar. Es suave, como Nutella untada sobre tostada caliente.

Dios, quiero lamerlo.

Sacudo la cabeza, los pensamientos que se filtran en mi cerebro cuando él solo pronuncia una palabra son asombrosos.

—Hola, Edward. —Tomo asiento frente a la isla de la cocina.

Me muerdo el labio y sonrío. El pensar en que él me llamó me pone muy nerviosa y esas mariposas aletean desenfrenadamente en mi vientre.

—Estaba... Ajem... Pensando en ti —dice. Dios, si tan solo supiera lo mucho en que también pienso en él.

—¿En serio? ¿Y en qué estás pensando exactamente? —Dibujo pequeños patrones invisibles en la encimera con la punta de mi dedo.

La cocina se siente caliente de repente y sé que estoy sonrojada.

—Solo en lo bueno que fue estar contigo anoche. ¿Me estaba preguntando si podíamos hacer eso de nuevo?

Mi rostro se divide en una enorme sonrisa, de esas que hacen que te duelan las mejillas.

—También me gustaría mucho eso.

—¿Sí? ¿Tienes planes para cenar esta noche?

Mierda. No quiero cancelar con mis padres, Ellie ha hecho muchos planes y simplemente... Dios, no puedo solo cancelar.

Paso una mano por mi cabello y suelto un suspiro.

—No puedo esta noche. Cenaremos en casa de mamá y papá.

—Oh, bueno, ¿supongo que es de último momento, eh? —Puedo escuchar la decepción en su voz. No me gusta.

—Quizás, solo un poco. Pero a menudo estamos de vuelta alrededor de las ocho así Ellie se puede duchar e ir a la cama. Ya sabes, así está renovada para sus profesores en la mañana —bromeo.

La risa profunda de Edward resuena a través del teléfono, el sonido me atraviesa y debilita un poco mis rodillas.

—Bueno, siempre está el próximo fin de semana, ¿cierto?

La idea de esperar una semana para verlo no es una que me guste mucho.

—¿Qué tal si vienes luego? Podríamos... ¿mirar una película?

Me muevo nerviosamente en la silla, pensando en la última película que vimos juntos.

—De acuerdo, puedo hacer eso. ¿Estás segura que Ellie estará bien con eso? —pregunta, su preocupación es encantadora y tan, tan dulce. Hace que me guste incluso más, lo cual no sabía que acaso era posible.

Le digo que no se preocupe por Ellie. Ella estará bien. Después de nuestra charla esta mañana, creo que a ella le parece bien que tenga citas.

Me abstengo de contarle sobre el discurso de las bases. Estoy segura que él ha escuchado de todo en la secundaria de todos modos. Trabajar con adolescentes debe ser una especie de experimento en audición selectiva.

Cuando termino la llamada, ya es hora de recoger a Mike y a Ellie.

~ALLO~

Estamos sentados alrededor de la mesa. Mientras echo un vistazo a mi alrededor, no se me pasa desapercibido que soy la única persona aquí desatendida.

Diablos, soy un mal tercio incluso aquí en la casa de mis padres.

Esto apesta un poco.

Pero entonces, me viene a la mente el prospecto de ver a Edward más tarde y sonrío mientras aplasto mis papas y mis zanahorias.

—Bella, cariño, ¿está todo bien? —pregunta mamá, su tono lleno de preocupación.

Ellos no saben que tuve una cita anoche. Parece que nadie ha revelado el secreto.

Todavía.

—Oye, abuela, mamá tuvo una cita anoche —suelta Ellie entusiasmadamente, probando un bocado de su puré de papas.

Oh, allí está.

Demonios.

Y tiene el descaro de sonreírme con un brillo en sus ojos. Oh, amo a mi hija, pero a veces... no tanto.

Cierro los ojos y respiro hondo mientras espero a que se abalancen.

Pero cuando lo hacen, no es nada como lo esperaba.

Mamá está chillando y ansiosa de felicidad por mí. Está prácticamente aplaudiendo y saltando en su asiento. Es triste, en serio.

El bigote de papá se crispa de una lado a otro, antes de que se calme y me asiente preocupado con un «¿conoceremos a este, Bells?». Es gracioso que aún espero que esté jugando con sus armas cuando traigo a un chico, especialmente ya que eso nunca ha pasado en nuestra casa.

Rose y Emmett simplemente sonríen y siguen comiendo. Ellos me conocen lo suficiente para no decir mucho.

Además, Rose sigue esperando a que vaya a ella y le cuente todos los detalles importantes como si siguiéramos siendo adolescentes.

Quizás lo haga, me perdí por completo esa etapa de la vida y claramente ella también.

Alice no se da cuenta. Sigue mirando a ese chico Jasper como si cagara unicornios y arcoiris. Rose tiene las manos ocupadas con eso.

Pongo los ojos en blanco.

—Por Dios, fue solo una cita. Actúan como si fuera algo muy importante. —Sacudo la cabeza y sigo comiendo, ignorando la sonrisa que se asoma en mis mejillas.

—Es algo muy importante, Bella. Ya era hora que hicieras algo por ti misma. Eres demasiado hermosa y amable para pasar tu vida sola —me dice mamá... de nuevo. Hemos tenido esta conversación un millón de veces, y cada vez, sé que tiene razón pero es difícil aventurarse allí afuera. Algo que ella no parece entender ya que nunca ha tenido que hacerlo.

Sé que quiere lo mejor para mí y para Rose. A ella le hubiera encantado verme ser más como Rose, pero Rose y yo siempre hemos estado a kilómetros de distancia en todo. Nuestras apariencias, personalidades y elecciones de vida han sido tan diferentes que es increíble que seamos tan cercanas como lo somos. A decir verdad, Rose es la persona más generosa que conozco. Ella siempre quiere lo mejor para mí y para todos los que ama.

Razón por la cual no se entromete en estos momentos, incluso si la expresión en su rostro dice lo contrario.

—Lo sé, mamá. Es algo muy importante y él es... verdaderamente increíble. Cuando esté lista, o si alguna vez lo estoy, prometo que lo traeré.

—Sí, bueno, aparentemente a todas mis chicas les gustan los chicos estos días —dice papá y echa un vistazo alrededor, asintiendo en dirección a Ellie y Alice.

Alice le sigue haciendo ojitos a Jasper, y Ellie está comiendo y charlando con su tío Emmett mientras Mike mira fijamente su perfil, completamente enamorado de ella.

—Papá, por favor, son jóvenes, no durará —siseo, inclinándome hacia él así ellas no escuchan.

—El tiempo lo dirá, Bells —contesta con una sonrisa genuina mientras sostiene la mano de mamá sobre la mesa.

Mirando alrededor, me doy cuenta lo mucho que me he perdido.

Me pone triste, pero estoy más determinada a mantener mi corazón abierto.

Si las cosas no funcionan con Edward, no hay razón para que me cierre. Debería ser feliz.

He pasado mucho tiempo con la mentalidad de no necesitar a un hombre para ser feliz, pero la realidad es que, no se trata de necesitar a alguien, sino de tener a alguien allí con quien compartir tu vida.

Supongo que, a largo plazo, ya era hora que me diera cuenta de eso antes de que sea demasiado tarde.

~ALLO~

Hola, hermosa. ¿Aún quieres que vaya? ~E

Sí. Nos marcharemos de la casa de mamá y papá en un momento. ¿Vienes a casa en una hora? ~B

Estaré allí en cuerpo y alma. ~E

No, espera, eso sonó mal. Estaré allí, ¿de acuerdo? ~E

¿Qué? Ja, ja. ~B

Olvídalo, te veré pronto, hermosa. ~E

—¿Ese era el Sr. Cullen? —pregunta Ellie mientras entramos por la puerta.

Asiento con la cabeza.

—Sí, vendrá más tarde.

—Ya veo. ¿Y qué van a hacer? —Hay un tono descarado en su voz que preferiría ignorar.

—Mirar una película. Hablar. No lo sé, pero tú, jovencita, necesitas ducharte e ir a la cama. —Entrecierro los ojos y beso su frente.

Ella se aleja y hace lo que le pedí, gritando un «Buenas noches, mamá», desde lo alto de las escaleras antes de irse a la cama.

Termino moviéndome ansiosamente hasta que suena el timbre.

Estoy nerviosa. Tuve la lengua de este hombre en la garganta hace menos de veinticuatro horas, pero la idea de verlo de nuevo hace que vuelvan a aparecer las mariposas en mi vientre.

No me he cambiado, sigo en mis jeans y una camiseta regular con mi cabello cayendo sobre mis hombros y mis anteojos. Él dijo que me había visto así antes, y bueno, estoy lista para probar esa teoría.

Y realmente necesito ir a comprar mis lentes de contacto mañana.

Abro la puerta y lo que veo allí me deja sin aliento.

Santo cielo.

Edward... con jeans bajos... y una camisa polo celeste... y zapatillas Nike negras... y diablos, Batman.

Cuando mis ojos finalmente regresan traicioneramente a su rostro, está sonriendo con satisfacción.

Muerta.

Debo haber muerto.

Mi cuerpo de treinta y cinco años no pudo lidiar con ello y... estoy muerta.

—¿Estás bien, Bella? —Su voz me trae de regreso. Parece que ser coherente es un problema cuando él está cerca.

Esto debe ser lo que Alice y Mike estaban haciendo en la mesa del comedor temprano.

Me aclaro la garganta y sonrío.

—Estoy bien. ¿Y tú?

Él asiente.

—Bien.

Me quedo allí, aferrándome al pomo de la puerta como una tonta por unos minutos demasiado largos antes de darme cuenta que debo invitarlo a pasar.

—Y bien, esta es la sala. —Asiento, parada a su lado.

Estoy fuera de mi elemento aquí. ¿Qué se supone que debemos hacer? ¿Qué hacen exactamente las personas? Recuerdo cómo Alec y yo veíamos televisión juntos. O, más precisamente, él se acostaba en el sofá y miraba algo mientras yo me sentaba en mi mecedora y leía.

¡Sí, muy emocionante, lo sé!

Echo un vistazo a Edward y él solo me está mirando.

—¿Qué?

—¿Puedo besarte?

Su pregunta me toma desprevenida y me río por un momento antes de mirarlo.

—Sí, está bien.

Y lo hace.

Pasando los dedos suavemente por la parte trasera de mi cuello, me acerca más a él y me besa.

Él da y toma, y me deja sin aliento y jadeando. Débil al sentir sus manos simplemente explorando mi cuello y apartando el cabello de mis mejillas. Suelto un gemido, el sonido resonando a nuestro alrededor en el pequeño cuarto.

Mis manos se encuentran en su firme pecho y entonces alrededor de su cuello necesitando, jalando, y Dios, esto es demasiado, casi demasiado, y tan, tan bueno.

Si solo besar a este hombre me hace sentir tanto deseo por él, quiero más. Necesito explorar eso con él.

Estaba lista para eso anoche, pero ahora es como algo que simplemente está allí, en el aire a nuestro alrededor. Una necesidad de consumir. Quiero declararlo como mío y que él haga lo mismo conmigo.

Es tan poderoso y abrumador.

—Necesitamos parar —digo, rompiendo el beso mientras la boca de Edward baja por mi cuello.

También es la sensación más aterradora que jamás he tenido.

Con un último beso casto, Edward asiente.

—Lo sé. Simplemente no puedo estar cerca de ti y no... hacer eso. Lo siento.

—No lo hagas. No eres solo tú.

Lo veo en sus ojos, vidriosos por el deseo y la necesidad, está tan consumido como yo.

Tomando su mano, nos ponemos cómodos en el sofá juntos.

Pero en vez de encender la televisión, hablamos.

Le cuento sobre las cosas mundanas. Sobre mis padres y Rose. Asuntos familiares más íntimos que no habíamos discutido en la cena.

Él también me deja entrar más. Me cuenta que extraña a sus amigos. Que teme sonar como un perdedor por decir eso. Es vulnerable y se expone de una manera que me atrae.

Sé sin lugar a dudas que, incluso después de un corto período de tiempo, me estoy enamorando de él.