Final

¿Qué se requiere para que una persona sea feliz?

¿Acaso se necesita que se callen todos lo que están a su alrededor y se le deje sola por completo?

¿Se necesita que se le acepte con todos sus pecados y sus errores para que pueda vivir siendo aceptado en estos como parte de su ser?

¿O es que solo se necesita que sea perdonado en lo que ha hecho, cuando el deseo de perdón sea verdadero?

Len no habría llegado hasta este punto si no hubiera sido por el intenso amor de su hija, o de almenos a quien pensó que era su hija. Si, hubieron muchos más problemas, no puedes ir por la vida pensando que los problemas no te alcanzarán. Hubo dificultades, como en todas partes, una vida de ensueño no puede ser alcanzada, no tan facilmente, incluso la tristeza puede abarcar por sobre las mentes más saludables y tranquilas.

Pero al final, lograron sobreponerse, él, y Hanako. Aunque Hanako no pudo ver mejores días.

Era de esperarse, ¿No? Cuando finalmente llegó el día... el cuerpo de Hanako era fuerte para su edad, pero se requiere más que fuerza para poder parir a un bebé, sobretodo uno que creció tanto, y que ya de por si, al final, tuvo dificultades médicas debido al poco desarrollo del cuerpo de su madre. La desnutrición, la falta de cuidados, los recursos no faltaron, Oliver, Piko, Miku, una de sus viejas amigas, Kiyoteru, el antiguo profesor que se casó con esta última, y Yuki, quien encontró a Len después de unos meses, todos ellos ayudaron a cuidar a Hanako desde antes y durante el parto.

Pero cuando el día llegó, ni todos los recursos, ni toda la atención médica, ni todas las oraciones lograron salvar a Hanako, cuando las cosas se complicaron, las noticias malas empezaron a acumularse, la situación a complicarse, y ya, entre los últimos momentos, Len tuvo que aceptar que ella no sobreviviría. Si... hubo tantos procedimientos médicos como fueron necesarios, pero incluso con eso, e incluso con la idea de que era ahora un tiempo más avanzado, Hanako pidió, con todas sus fuerzas, que se le diera prioridad a su hijo, al pequeño que pronto nacería y que tendría una nueva oportunidad en la vida.

Len solo pudo quedarse a un lado, sosteniendo la mano de la que alguna vez fue su hija, pidiendole que resistiera, que les dijera lo que estaba mal, pero la dificultad fue mucha, y en las últimas horas, cuando el bebé nació, su querida Hanako era ahora una figura pálida y fria, apenas pudiendo mirar a su bebé cuando le fue entregado, por petición última del médico, que miró lo que estaba ocurriendo.

-Hanako... Hanako... -dijo Len, despertándola mientras ella casi se desmayaba, aun con el bebé en sus brazos, a Len le recordaba tanto cuando tenía que despertarla para ir a la escuela.

-Papá... lo siento... -dijo ella, sentía sus labios secos y la garganta le raspaba-. Perdón... desearía haber sido más fuerte

-No tienes de que disculparte... -dijo Len mientras le ayudaba a cargar a su bebé-. Hanako... fuiste muy fuerte, mira... tenemos a nuestro hijo aquí, en nuestros brazos...

Le ayudó, ella levantó la mirada, sos ojos dejaban salir lágrimas al ver a un niño tan hermoso en sus brazos, este había dejado de llorar y ahora se removía un poco incómodo en nos brazos de su nueva mamá.

-Gracias... pero... de verdad... me siento muy cansada... -dijo ella, tratando de mantener los ojos abiertos-. Perdón... ¿No seré una decepción si no puedo... si no puedo seguir adelante? -preguntó con un tono de tristeza.

-Hanako... no digas esas cosas... vas a seguir adelante... -dijo Len, pidiendole a después a los médicos que la ayudaran, pero por más que hicieran, el daño y el sangrado interno era demasiado grande, ella ya no estaba para continuar siquiera moviendose.

-No quería dejarte solo... no quería que estuvieras solo de nuevo... como en aquellas veces... -le dijo con más tristeza.

-No... no volveré a estar solo nunca más... incluso si no puedes seguirme ahora... -dijo Len, comenzando a llorar, sosteniendo a su hijo en sus brazos has dado... me has ayudado a experimentar lo más hermoso de mi vida... un verdadero hijo mio, un amor verdadero que pudo con todo lo que nos arrojaron...

-Gracias... tú también me diste todo lo que yo deseaba -la pequeña Hanako sentía cómo su cuerpo estaba cada vez más frío-. fui una niña muy caprichosa, ¿verdad?

-Para nada... fuiste la mejor hija, y la mejor pareja que podría haber deseado... -contestó Len, abrazándola.

-Sabes... tengo que admitir que... muchas veces tuve miedo... yo sabía que era hija de un cruce incestuoso... que por derecho, y por sentido común, nuna debería haber existido... -dijo recordando ese fuerte pensamiento que le adoleció por muhos años.

-No digas eso... nadie tiene derecho a hacerte pensar eso... -contestó Len.

-Lo era... por engaño... por traición... fue por eso que viene al mundo... por eso quería amar lo más posible, de la forma más sincera posible -intentó incorporarse un poco, pero no le fue posible-. Por eso... deseaba ser madre... quería pensar que podría dar vida de una manera más hermosa, y más sincera que de la forma en la que fui concevida... ese era mi mayor anhelo, y ahora... aquí está en mis brazos -dijo con felicidad, aunque era ahora Len el que cargaba al bebé.

-Lo hiciste bien, Hanako... lo hiciste muy bien... -dijo Len, escuchándola apagarse lentamente.

-Gracias, papá... jeje -se rió ella mientras se acomodaba y empezaba a descansar-. Mi lindo Touya... tu mamá te ama -le dijo al pequeño bebé.

-Tu padre también te ama... -añadió Len, mirando a su hijo.

Los demás apenas pudieron despedirse de ella, con una sonrisa, una mirada lejana, y luego, simplemente durmió, hasta que su vida terminó, a la edad de trece años, con su hijo en los brazos.

Cuantas veces no se culpó Len de haber cometido asesinato desde que ella fue embarazada por él. Cuantas veces no miró su unión como un terrible error por haber provocado aquella muerte tan lamentable. Si solo hubieran esperado unos años, si solo hubieran tenido más cuidado... si tan solo...

Len miraba en sus brazos y se reusaba a caer, a rendirse. Solo se tenía a si mismo y a su pequeño Touya, su bebé... el bebé más hermoso del mundo, y el niño más perfecto que él podría haber deseado tener.

Claro, las cosas no fueron tan bien como al inicio, eventualmente tuvo que tomar un camino más independiente, aunque Oliver prometió que él sería el padrino, al final Len terminó por rechazar vivir de forma permanente con él, aunque aceptó su ayuda, y él podría cuidar a Touya cuando fuera necesario.

Tal vez necesitaba más gente, tal vez ocupaba más espacio para si mismo,no sabía bien lo que tenía que hacer, solo sabía que tenía que cuidar a Touya, su pequeño. Seguiría con su trabajo, incluso podría recibir ayuda para cuidarlo, pero de cualquier manera, por más funcional que se veiaran las cosas, contemplaba su vida como algo que se había derrumbado por completo. No pudo vivir en su casa nunca más, la habítación de Hanako, la habitación de Haru... la habitación en donde ella y Rin habían compartido tanto tiempo. Tuvo que vender la propiedad, y con eso empezó a hacer algo de dinero para su Touya, para una vida que se supone, sería mejor que todas las otras.

Se fue a vivir a una casa pequeña, apenas con dos cuartos, y no muy lejos de donde podría ponerse a trabajar en algo más pequeño, más privado, directamete como músico de estudio, lejos de donde la gente pudiera reconocerlo, solo entre sus amigos más cercanos.

Todo lo demás, si es que podía decir que alguna vez había tenido algo, se había ido...

Un día como cualquier otro, cuando se encargaba de hacer la comida para Touya, escuchó que alguien tocaba a su puerta. Al ir a abrir se encontró con Yuki, quien nuevamente tenía su hábito puesto, cargando una gran canasta con sus dos manos.

-Mira todo lo que reunimos -dijo ella saludando a Len-. Juntamos pañales, fórmula, y muchas cosas para bañar al bebé... -se acercó y entró a la casa, colocando la canasta sobre una mesita.

-Gracias, Yuki, de verdad esto es de gran ayuda... -dijo Len mientras llevaba en sus brazos a Touya y lo presentaba a su amiga.

-Len, tuviste un bebé muy hermoso -dijo ella cargándolo en sus brazos-. suena raro pensar que es técnicamente el nieto de Rin, casi no le veo el parecido...

-Bueno, en todo caso se parece más a mi, supongo -dijo Len sin saber muy bien cómo responder, aun sin demasiados ánimos para hablar de ella.

-Dejaré todas esas cosas en tu casa, son un regalo del convento, de vez en cuando nos reunimos para intentar hacer estos áctos de caridad... la gente de este país realmente piensan que, a menos de que haya un terremoto, nadie vive mal... pero hay gente marginada, realmente las hay... aunque no estoy diciendo que tu lo seas -se apresuró a decir-. Simplemente es una ayuda por tu situación...

-Lo entiendo, Yuki, gracias... -dijo Len-. Y es verdad, aun con los apoyos, he visto a otros padres solteros que tienen dificultades para mantener a sus hijos... yo he tenido suerte, pero muchos de ellos apenas pueden convivir con ellos debido al trabajo -añadió Len.

-Es verdad... un país tan hermoso y hacen tan dificil que la gente pueda tener hijos... -se lamentó Yuki, solo para después notar que Len miraba al suelo.

De pronto estaba alimentando a Touya, el cual podía beber rápidamente una botella entera de fórmula casi sin ningún problema. Pero Len parecía estar más distraído que nada, hasta que él mismo sintió el silencio que había inducido.

-Supongo que esto es todo... ¿Verdad? -dijo Len de pronto.

-¿Es todo? -preguntó Yuki.

-Si... pareciera que esto es todo lo que me queda, Touya... sé que no debería de estar pensando en eso, pero ahora me siento tan... inservible para todo lo demás... -trató de explicar él.

-Aún tienes tu trabajo, ¿No? -dijo Yuki.

-Lo sé, pero tal vez termine por dejarlo... -se atrevió a decir-. O tal vez no, no sé que hacer realmente, la verdad, ocuparé el dinero, nunca se sabe cuanto se necesitará en el futuro... -dijo ya más arrepentido.

-Sigues en el negocio de la músia, ¿No? -preguntó ella.

-Si... pero es eso... desde que empecé a tocar música, siempre fue al lado de Rin... esa confianza que nos teníamos, esa que se destruyó por completo hasta hace apenas poco más de un año, pero que siempre estuvo carcomida por dentro, sin que me atreviera a admitirlo... -miró a su hijo, a sus enormes ojos de color azul.

-¿Ella era tu inspiración? -dijo Yuki.

-Si... y Hanako, y Haru... -dijo con tristeza-. Cuando los tuve a ellos, se volvieron una inspiración para mi arte, como una extensión de lo que quería ser mi alma. No todos los días eran fáciles, a veces peleabamos, pero incluso con todo eso, esa era inspiración, esos altos y bajos, no importaban cuando sentía que todos estábamos en el mismo barco, luchando contra lo mismo, construyendo algo... no sé si me explico...

-Eran una familia... -dijo rápidamente Yuki.

-Si... lo fuimos por más de veinte años... -comenzó a sentir que su garganta le dolía-. ¿Cómo puede uno deshacerse de todo eso? ¿Cómo se puede abandonar toda esa vida?

-Aun tienes una vida -dijo Yuki, mirando al bebé.

-Lo sé... pero no es lo mismo -dijo Len, sin despreciar a su bebé-. Touya... es lo único que me queda... y siento tanto miedo, pero a la vez algo de dolor por pensarlo... ya no siento inspiración, deseo de crear... me siento como un objeto que solo cumple el propóstio de cuidar a mi bebé, de que nada le pase... he perdido toda la inspiración para crear...

Se mantuvo en silencio unos instantes, en su interior sentía lo que decía, pero no se sentía tan desamparado, pensaba, más bien, que todo lo que le quedaba era lo que mantenía en sus brazos.

-Siento que morí... junto a Haru, junto a Hanako... ahora solo queda un cadaver a pie... -dijo con tristeza.

-Len... -le dijo Yuki-. ¿Te puedo contar algo? -dijo Yuki mientras se acercaba a él.

-Claro... -contestó.

-¿Sabes por qué me volví monja? -dijo como si guardara algo importante en su mente.

-No realmente, supongo que... por tu fé... tu fé en Dios -dijo él.

-Si, pero primero, para darme cuenta de que tenía esa fé tuve que perder toda la esperanza que me quedaba... en todo -dijo ella sin mucho que decir-. Diría que todo empezó por culpa de ustedes dos

-¿De Rin y de mi? -preguntó Len extrañado.

-Si... así es -corroboró Yuki-. Tú y Rin... yo los admiraba mucho, antes de que se supiera todo eso de que ustedes dos eran... incestuosos, sentí que fue una gran decepción... sentía que todo lo que yo creía se había destruido, esas reglas morales, ese amor por el bien... todo es se había ido al infierno cuando vi que ustedes dos estaban... juntos de esa forma...

-Nunca supe que te afectara tanto... -dijo Len de pronto consternado.

-Y no tenías por que saberlo, yo era solo una persona, alejada de ustedes, y tu y tu hermana tenían... su propia vida, sus propias cosas, eran libres de hacer todo lo que quisieran, de amarse como quisieran... eso creo que era lo que hacían...

Len no pudo evitar sentirse culpable por eso, por la manera en la que lo decía sonaba a que le recriminaba.

-De ahí pasé a otras cosas, yo misma empecé a justificarme pensando en que la libertad le daba a todos la posibilidad de hacer lo que quisieran... de esta manera me metí en terribles relaciones -dijo con tristeza-. algunas de ellas con otras chicas, otras más con hombres mayores, cada vez yendo a algo más lejano, a algo más loco... hasta que una terrible tragedia me ocurrió...

Len no supo si es que tenía que preguntar, o si es que podía decir algo más para hacer que la plática prosiguiera.

-Me sentí tan humillada, tan destrozada... perdí casi todo lo que me importaba en ese momento, destruyeron mi reputación, mi respeto... mi amor propio, y de todo lo que me importaba... un grupo de personas actuó con tanta crueldad en contra de mi, como si no fuera humana, como si fuera solo una... cosa -terminó de decir, respirando-. cuando pasó eso... traté de luchar en contra, no sin antes sentirme como una basura, como la escoria más baja, y de lo único de lo que me di cuenta después de eso es que... aparte de algunas cuantas casualidades, esas personas que me hicieron daño, y esos que disfrutaron viendolo, nunca pagaron y quizá nunca pagarán...

-Yuki... eso suena terrible... -dijo Len.

-Lo fue, no hay justicia, no de forma ideal ni verdadera, en este mundo terrenal, Len, me di cuenta de que no puede existir ese tipo de justicia que uno desea -dijo con un hilo en su voz-. Si en este mundo existe gente capaz de violar a una niña inocente, mutilarla por gracia, y luego venderlo a otras personas para su gozo, es dificil pensar en que puede haber justicia...

-Yuki... -Len estaba a punto de decir algo, pero no lo sabía, no podía pensar correctamente con toda esa información-. Ese es un pensamiento tan... negativo.

-Es como en nihilismo, ¿verdad? Pensar que nada vale la pena, solo me consumió más, me dirigió más a en el camino de la autodestrucción -suspiró mientras que volteaba a verlo-. Cuando te encuentras tan bajo como yo lo estuve... es facil mirar hacia arriba... entiendes lo terrible que tiene que ser el mundo para que cualquier acto de bondad, cualquier pensamiento de amor verdadero, valgan más que todo el oro...

-¿Fue por eso? -dijo Len de pronto.

-Me encontraba destrozada, Len... no tenía nada más, y aun si hubiera tenido objetos, o personas cercanas, para mi no habrían valido nada... ya nada lo valía; necesitaba algo en el fondo, una base, un suelo desde donde pudiera poner mis pies y levantarme, y bueno... cuando razoné que todo tenía que existir, porque la alternativa sería que nada existiera... me di cuenta de que algo tendría que haber decidido que existieramos... una cosa llevó a la otra, y comencé a llenarme de filosofía y teología... eran algo que me salvaba, mirar al vida en esos términos me ayudaban a evitar distraerme de lo... mundano.

Suspiró.

-Es aqui cuando tuve que dar ese salto de fé, comenzar a creer que, pese a las cosas terribles hay en el mundo, ese amor que se crea por Dios, y para todos los seres humanos, es real, y hace que valga la pena... Y lo más impresionante de todo, es que todos podemos tenerlo, basta con dejar de lado los deseos, el prejuicio, la vergueza... me di cuenta de que si podía deshacerme de todo eso, y amar a las personas, no a lo que son, o a lo que tienen, sino a las personas mismas, entonces podía hacer que esa vida valiera la pena, y lo valía, para mi vale la pena amar...

-Suena a que fue todo un camino personal... -dijo Len.

-Y no esperaría a que lo entiendas, pues es algo bastante propio, demasiado, a decir verdad... -dijo Yuki-. No podría decir que era algo completamente intelectual porque hubo un gran proceso emocional de por medio, al fin y al cabo, todos somos seres emocionales, de otra forma no seríamos humanos -añadió-. pero puedo decirte que esa fé salió del razonamiento.

-Creo que me falta enteder muchas cosas para poder creer... ¿Es esa la forma de salir de esto que siento y de volver a crear algo? -dijo Len sin comprender muy bien a donde se dirigía todo eso-. Quiero decir... tu encontraste tu vocación, pero era algo muy justo para ti...

-No, Len, no es por una vocación, por una vocación puedes comprar una guitarra, o entrar en la escuela... realmente me quedé sin nada en ese momento... este pensamiento significa una sola cosa, y es un motivo de existir -dijo Yuki con claridad-. Cuando tu puedas entender lo que dije, pasar por tu propio camino, entonces ya no sentirás que has perdido tu inspiración para hacer música... te darás cuenta de que cada día que puedas amar a tu hijo será una obra de arte, más grande que cualquier canción o cualquier cuadro...

-¿E-es eso lo que sientes tú? -preguntó Len, sentía que lo que Yuki decía tenía sentido.

-Si... eso es lo que siento -contestó ella-. No solo es todo el razonamiento, es simplemente que dejar de lado dedeseo propio, dejar mi propia voluntad, en favor de ver a y servir a las demás personas, es realmente algo que me hace feliz.

-Creo que es una forma muy noble de vivir... -dijo Len.

-Para mi es la única forma, lo demás sería tratar de serviri a mi propia voluntad, eventualmente solo chocaría con la de otras personas, caería en prejuicios, me sería imposible seguir porque me enamoraría de ideales en lugar de la realidad, tengo muchas razones, así que no te preocupes... estoy bien -después de decir eso, Yuki se acercó a Touya y lo levantó en sus brazos.

Durante la siguiente hora, ella se dedicó a alimentarlo, ella mismase había vuelto muy buena con los niños. Se había dedicado a cuidar y a mantener a muchos de ellos, niños que provenían de lugares desamparados, sin padres, o con estos, pero demasiado peligrosos u ocupados para poder ejercerlo. Le dijo a Len las curiosidades de su vida, de cómo era que, aun con todas las riquezas de ese país, era el prejuicio y las presiones laborales las que hacían que los padres abandonaran a sus hijos, y era ahí en donde ella y las otras monjas entraban a cuidar a los niños en los orfanatos. Era solo uno, un orfanato, pero como la cantidad de hijos que nacían en ese país era cada vez menor, no tenía sentido decir que se necesitaban más.

Para cuando el día llegó a su fin, Yuki se retiró, agradeciendo el té y la oportunidad de estar con Touya un buen rato. Cuando iba saliendo, Len tuvo una duda.

-Oye, Yuki... ¿Es verdad lo que le dijiste a Rin? -dijo él.

-¿Preguntas si le dije que la amaba? -respondió Yuki sabiendo lo que podría haber pasado.

-Si... eso, ¿Es verdad? -preguntó Len con algo de miedo de haber malinterpretado las cosas.

-Claro que lo es... me resulta tan curioso... incluso en nuestro idioma es dificil de expresar el amor que uno puede sentir por las demás personas* -dijo mientras sonreía-. Pero no... no amo a Rin como los hombres que la han amado, que sin duda lo han llegado a hacer, o como su madre, o como sus hijos, o incluso como tú... el amor que quería profesarle era el de un ser humano a otro, quería verla como esa persona que sentía dolor, miedo, angustia, y poder conectar con ella desde ese punto, no desde el punto de la mujer que hizo todo lo que hizo, no perdonando sus maldades o excusándolas.

-Entiendo... pensé que era eso.. -dijo Len, sonriendo.

-No sé que le vaya a pasar a Rin, pero tu incluso puedes amarla de esa manera... probablemente la odias.

-No la odio... solamente no la entiendo -dijo Len-. No entiendo como fue capaz de hacer todo lo que hizo... para mi no tiene sentido.

-Entonces no trates de entenderla, no trates de odiarla, solo amala por debajo de todo eso, sin desearle mal, y si ella no cambia, entonces sigue viviendo, pero no la odies, que el perdón será lo único que podría combatir lo que hizo -le recomendó.

-Gracias, Yuki... lamento no haber podido ser más cercano a ti -dijo Len.

-Yo también... me habría gustado conocerte mejor hace años, pero al menos ahora siento que tengo algo más importante que decirte -dijo ella con una amplia sonrisa.

-Por cierto... -se atrevió a decir Len-. Eso significa que puedes amar a todos, ¿verdad? Sin límite alguno.

-Si, suena a una gran carga, pero no lo sería tanto si todos pudieramos amarnos... -era lo más esperanzador que decía hasta ese momento.

-Sería como si la tierra fuera el cielo... -dijo Len, mirando a su bebé.

-Y por eso no tienes que tener miedo de pensar en eso -respondió Yuki-. Te amo, Len

Dijo de forma sincera, para después despedirse. Len volvió adentro con Touya, saía muy bien el tipo de padre que sería de ahora en adelante.

Fin del capítulo 27

Notas finales:

* = Es curioso, cuando empecé a estudiar japonés, el lenguaje se me hizo demasiado arcaico, ellos tienen Suki, ai, koi como sus expresiones de amor, si, es verdad, y en cierta medida se podrían ser equivalentes a ciertas intensidades de amor, algunas de ellas, suki es usado para un gusto inferior, siendo el mayor daisuki, Ai lo he visto siendo usado también entre el amor fraternal, y koi es algo más intenso, entre esposos que se dedican el amor de toda una vida. Nunca he sabido, no obstante, si es que existe un equivalente para la palabra agapé, que representa el amor del cual habló Yuki, y más alejado al eros que cualquiera de las otras definiciones del amor, hasta el punto en no tener nada relacionado a este, por eso mismo no sé si Yuki podría expresar lo mismo en ese idioma a que en este.