[Julio.2024]

Qué les digo. Escribí la base de este capítulo hace un año y simplemente no he podido escribir más. Me prometí a mi misma que no publicaría capítulo sino hasta escribir uno nuevo, así que hice algo de trampa y escribí un capítulo muy chiquito porque ya muero porque lean este.

Muchas gracias a esmechan121, Andrea Nathalia Mejia, smsara23 y la persona anónima por sus reviews! Aprecio muchísimo que vengan a leer esto y a contarme lo mucho que les gusta (o lo que les hace pensar y sentir!).


Le prometeré la luna

By Aurum Black

Capítulo 16: La peor persona en el mundo

Todo era un desastre. Era el segundo día después de su cumpleaños, pero Harry sentía que había pasado una eternidad. Cada minuto que pasaba sin saber de Ginny o aguantándose de buscarla, era como una herida nueva que se abría en su pecho. Su cabeza daba mil vueltas. Los recuerdos se entre mezclaban sin dejarlo en paz. Primero cerraba los ojos y recordaba sus besos y la suavidad de sus labios. Pero luego la seguía escaleras abajo en la madriguera mientras ella le pedía a Derek que se detuviera. Pero él simplemente salió de la casa y desapareció sin decirle nada más. Cuando Ginny intentó seguirlo, perdió un par de minutos buscando su varita en su bolso, que había dejado en uno de los sofás. Hermione, como siempre un paso adelante, había tal vez intuído todo, porque estaba en la sala cuando el resto de los Weasley seguían afuera, comiendo, platicando y riendo, ajenos a todo aquello... Al menos Derek había pensado en salir por la puerta que daba al otro lado de la casa y así no causar un alboroto. Harry suspiraba y volvía a recordar las caricias de Ginny, sus manos, la sensación de la piel de ambos encontrándose. Pero luego la veía llorando en la sala intentando entender por qué no podía aparecerse en el departamento de Derek. Harry se quedó mudo, mientras Hermione le explicaba que seguramente Derek la había bloqueado de aparecerse en su edificio. Cuando por fin Harry pudo hablar y susurrar su nombre, Ginny evitó mirarlo a los ojos y se alejó de él. Ron entró a la sala y sin saber qué había pasado, su instinto fue detenerlo de acercarse a Ginny, mientras Hermione la abrazaba e intentaba consolarla. Harry pensaba en cómo la había tenido entre sus brazos, desnuda y hermosa bajo su propio cuerpo. Recordaba su expresión al embestirla y sentía que volvía estar allí mismo. El recuerdo era muy intenso. Pero luego la recordaba llorando, diciéndole a Hermione que lo había arruinado todo. Harry sintió como si una daga se le clavara en el pecho. Hermione se llevó a Ginny a su casa y Ron se quedó con él, evitando que las siguiera. Ambos le pidieron que le diera a Ginny un poco de espacio. Nadie entendía que necesitaba verla y hablar con ella... aunque no sabía lo que le diría. Eso era lo único que lo detenía de pasar por encima de todo y buscarla.

No recordaba bien cómo había terminado aquella noche para él. Recordaba que había regresado a su habitación y que los vestigios de aquel encuentro con Ginny lo habían atormentado. La cama echa un lío, el aroma de su perfume, un par de cabellos de Ginny sobre ella, y los recuerdos... los malditos recuerdos de cada roce y cada caricia, de cada gesto y sonido...

Dos días después se encontraba en su departamento, esperando que de pronto ella apareciera. Pero no lo hizo. Y no respondió a ninguno de sus mensajes o llamadas. Hermione le suplicó que la dejara en paz hasta que pasara el partido de semifinales en el que las avispas iban a jugar, pidiéndole que la dejara concentrarse. Pero Harry no podía esperar más. ¿Qué importaba un estúpido juego de quidditch cuando su relación con Ginny colgaba de un hilo? Le dolía que para ella, su relación con Harry no tuviera la misma prioridad. Con cada hora que pasaba en que Ginny lo evitaba, no sólo su ilusión se iba desvaneciendo, sino que su paciencia con Ginny se iba agotando. No entendía por qué todos actuaban como si Harry hubiera sido el culpable de la ofensa, cuando lo único que hizo fue responder al beso de Ginny. Reaccionar ante lo que Ginny había empezado y que luego había consentido. Claro que tenía algo de culpa, pero no era sólo su culpa. No entendía por que lo hacían sentir como la peor persona del mundo.

Ron intentó hablar con él, pero Harry se rehusó. Lo último que necesitaba era que su mejor amigo lo interrogara acerca de cómo había intimado con su hermana pequeña. Sabía que el único modo de salir de aquella desazón e incertidumbre era enfrentando a Ginny, aclarando las cosas. Pero antes necesitaba un poco de whisky para darse valor. Se puso una de las playeras negras que la misma Ginny había elegido para él meses atrás, y se fue a su bar de costumbre.


Ginny se sentía como la peor basura del mundo. Había pasado un día entero llorando. Hermione se sintió motivada a darle una poción para dormir, tal vez para que dejara de llorar. Pero incluso después de dormir más de diez horas, al despertar no se sentía descansada. Al contrario, se sentía exhausta y desolada. No podía dejar de pensar en que le había roto el corazón a Derek y que lo había humillado de la forma más horrenda posible. Derek, quien no había hecho más que quererla sinceramente. Había arruinado su relación más estable, seria y duradera. Y lo había hecho a cambio de nada. A cambio de también arruinar su relación con Harry. Ginny sentía que en general su vida esta arruinada. No sabía qué hacer para arreglar las cosas. Parecía que Derek no quería volver a tenerla cerca. Ella quería al menos disculparse. Porque incluso cuando era evidente lo que había sucedido entre Harry y ella, por alguna estúpida razón ella trató de mentirle a Derek.

Y lo peor de todo, lo que la convertía en la peor persona, era que a pesar de saber que debía intentar enmendar las cosas con Derek, no dejaba de pensar en los besos y caricias de Harry... en cómo sus cuerpos se amalgaban, en el placer que le había causado... Y Harry no dejaba de llamarla y de llenarle de mensajes pidiéndole verla y hablar de lo que había pasado entre ellos. Pero Ginny no sabía cómo verlo a los ojos. Le aterrorizaba perder el control con él otra vez. Intentaba entender cómo es que todo había sucedido, pero la verdad es que las cosas simplemente se habían dado de forma orgánica. Nada había sido premeditado... simplemente pasó. Era como si Harry emanara una fuerza magnética que la atraía hacia él sin poder evitarlo. Y Ginny se había dejado llevar.

Todo había sido su culpa. Ella lo había provocado todo. Ella había iniciado aquel encuentro, al darle aquel primer beso. Había sentido que era algo correcto en ese momento, pero lo siguiente que supo fue que se había entregado a él. No dejaba de repasar las escenas por su mente. Volvía a recordar cada sensación, de sus labios y su manos recorriéndola. No sabía cómo iba a volver a estar en su presencia sin pensar en cómo la había embestido con esa maldita sensualidad.

Su mente daba vueltas ansiosa, descendiendo en espiral sin poder concentrarse en nada en particular. Estaba hecha un desastre. Hermione había tratado de hablar con ella un par de veces después de que Derek la terminó y se fue. Ginny le contó llorando que se había acostado con Harry y que Derek se había dado cuenta. La reacción de Hermione de algún modo fue preguntarle con incredulidad si en verdad era la primera vez que pasaba. Ginny la había mirado confundida y Hermione aceptó con timidez que todos pensaban que Harry y Ginny se acostaban en secreto desde años atrás. De algún modo, las palabras de Hermione la hicieron sentir más como una idiota. No quiso preguntarle a quienes se refería al decir "todos".

Por sobre todas las cosas, lo que más terror le daba era que aquello significara distintas cosas para ambos. Que Harry no la quisiera como ella lo quería a él. Porque ella sabía lo que sentía. Estaba enamorada de él y aquel encuentro significaba más que sólo sexo para ella. No sabía cual era la realidad desde el punto de vista de Harry, pero no iba a poder soportar escuchar si es que aquello había sido un error para él, o sólo un acostón más. Ginny deseaba con todas sus fuerzas que aquello fuera más que sólo eso. Que significara mucho más. Porque ella sabía lo que quería, lo que buscaba, una pareja y estabilidad. Todo aquello que tenía con Derek y acababa de tirar por la borda. Todo aquello que Harry no le iba a dar. Se encontró a sí misma pensando que tal vez podrían encontrar un punto medio. Se avergonzó al darse cuenta que sería capaz de aceptar ser amigos con derechos tan sólo por estar con él, aún sabiendo que sería algo que la lastimaría y quebraría por completo. ¿Qué más daba? Ahora entendía que todo el mundo pensaba que ellos se acostaban y que tenían una relación casual, más íntima que la amistad. ¿Qué pasaría si dejaran que aquello se volviera realidad?

Decidió que no quería hablar más del tema con Hermione y rechazó todos los intentos de su cuñada. Pero en el fondo Ginny necesitaba hablar con alguien, sacar lo que la estaba consumiendo por dentro y no tenía con quien hacerlo. Necesitaba alguien neutral, que no conociera a Harry tan de cerca y que pudiera ver el asunto desde fuera.

Después de meditarlo un buen rato, se apareció afuera del edificio de Marie. Los de seguridad en la recepción la saludaron de buena gana, no sin mencionar que les alegraba verla después de tanto tiempo. La amistad con Marie de alguna forma se había disuelto en esos meses que estuvo con Derek. Y le había pesado tanto pero le habían recomendado que le diera tiempo y espacio. Derek le había dicho que Marie estaba celosa por lo bien que le iba en las avispas y por su audición con las arpías. Ginny se rehusaba a creer que era cierto. Pero después de incontables intentos de hablar con ella y ser ignorada incluso en su cara, la había dejado en paz por el momento. Ginny sentía que debía haber algo más detrás. No podía ser que simplemente dejara de hablarle a una amiga cercana porque estaba celosa de sus logros. Se dio cuenta que estaba evitando enfrentar a Harry, yendo a enfrentar a Marie en su lugar.

Pero después de tocar la puerta, quien la recibió fue Valerie. Llevaba la melena pelirroja rizada más alborotada de lo normal, su sueter caía descuidado por uno de sus hombros y su rostro tenía rastros de llanto. Ginny vio su delineado de ojos corrido. Luego cayó en cuenta que llevaba una botella de vino rosado en la mano.

—Marie no está—le dijo arrastrando un poco las palabras.

—Oh...

—Le diré que estuviste aquí —comenzó a cerrar la puerta pero Ginny la detuvo

Valerie se quedó confundida. Ginny sacó de su bolso una botella de su vino favorito. Era idéntico al que Valerie tenía en la mano. Ginny no tenía a dónde más ir.

—¿Te puedo acompañar? —le preguntó enseñándole su vino.

Por alguna razón, Valerie la dejó pasar.

Sonaba música a un volumen medio y el lugar olía a que había estado fumando aunque había abierto las ventanas para dejar entrar el aire fresco. Se sentaron en el piso sobre la pequeña alfombra al centro de la sala, junto a la mesita de vidrio llena de cosas. Valerie sirvió dos copas y le pasó una a Ginny. Las dos simplemente bebieron sin decir más. Ginny vació un par de copas con rapidez, una tras otra. Agradeció que Valerie no la cuestionó ni por un segundo, simplemente la dejó estar. Después de un rato, Valerie comenzó a enrollar un cigarro de lo que parecía hierba. Le ofreció a Ginny con una seña pero ella sólo negó con la cabeza. Valerie no dijo más y sólo comenzó a fumar sin moverse de lugar.

Sin saber cuánto tiempo había pasado, Ginny se fue sintiendo relajada. Por fin, después de aquellos días tan tensos, sintió que nada importaba. Se perdió en el movimiento de mano de Valerie, tirando las cenizas de su cigarrillo en un vaso de vidrio que actuaba de su cenicero.

La mente de Ginny comenzó a dar vueltas y a recordar momentos aleatorios. Pensó en Valerie. En lo intimidada que había estado al conocerla y al estar en su presencia. Y ahora ella sólo bebía y fumaba a su lado en silencio, sin prestarle mucha atención. De repente tarareaba un poco la canción de fondo por lo bajo, pero estaba ensimismada en su mundo. Ginny se dio cuenta por primera vez que Valerie no paraba de llorar. Se sintió como una intrusa. Le preguntó si podía pasar a su baño y Valerie sólo le hizo un gesto despreocupado con la mano. Al levantarse Ginny se sintió mareada. Comenzaba a sentirse ebria de golpe. Caminó por el pasillo con lentitud hacia el baño y no pudo evitar notar fotos de Marie y Valerie en las paredes. En el baño se lavó las manos y la cara, intentando evadir su reflejo en el espejo.

Volvió a la sala y se sentó junto a ella otra vez, pensando en que Valerie siempre estaba con Marie. Trató de recordar lo que sabía de ellas. Que eran amigas desde el colegio y que habían hecho su carrera juntas en otros equipos. Y ahora, tal vez Valerie tendría la oportunidad de moverse sola a las arpías, si es que la seleccionaban. Se dio cuenta que Marie debió haber tomado aquello muy mal. De alguna forma su cerebro le trajo una conversación muy específica que tuvo con Harry después de esa imprevista fiesta que había ocurrido en su departamento, lo que parecía una eternidad atrás.

–Tu archi enemiga vuela para el lado contrario

–¿Cómo dices?

–Que le gustan las mujeres

–¿De qué mierda hablas?

–No es ninguna mierda, es la verdad.

–¿Y cómo lo sabes?

–Intuición masculina

Y entonces, sin saber cómo, todo hizo clic. Ginny estaba lo suficientemente intoxicada como para no detenerse de ser indiscreta.

—Tu y Marie —dijo de pronto, Valerie volteó a verla como si por primera vez cayera en cuenta de su presencia —Tu la quieres

—Bingo —susurró Valerie con una sonrisa triste, alzando su copa hacia Ginny, como brindando, y luego llevándosela a los labios, vaciándola.

Ginny se quedó en shock. Comprendiendo y sin comprender. Olvidando sus propios problemas por completo. Balbuceó queriendo preguntarle miles de cosas, pero no pudo formular nada coherente.

—Tu la quieres... y ella no te corresponde —dijo Ginny, consciente de que estaba proyectándose.

—Marie me quiere a su manera—dijo Valerie viendo a lo lejos. —Nuestra relación es complicada.

—¿Relación? —soltó Ginny más incrédula de lo que había pretendido

Valerie rió.

—Touché —Valerie simplemente fumó hasta terminar su cigarro y lo apagó contra el vaso lleno de cenizas, tirándolo dentro.

—¿Son amigas con derechos o algo así?

—Somos... novias —Ginny no supo qué decir. Simplemente no podía ser —Desde que nos conocimos a los 13 años, hemos estados juntas. Experimentamos juntas. Nos descubrimos juntas. Crecimos juntas. He seguido cada uno de sus pasos. Hemos cruzado el continente. Todo lo hemos vivido juntas.

—Pero...

—Pero en algún momento, cuando creí que estábamos listas para hacer lo nuestro oficial, Marie decidió que quería mantenerlo en secreto todavía. Darnos un poco de espacio, abrir la relación y ese tipo de cosas.

Ginny la miró en absoluta sorpresa e incredulidad. No podía procesar las palabras de Valerie. Intentaba repasar en su cabeza por cada momento con ellas desde que las había conocido. Algunas cosas hacían clic, otras no.

—Pero... pero ella sale con chicos todo el tiempo

Valerie se encogió de hombros

—Ella tiene otros intereses... y no está lista para decirle al mundo que está en una relación seria con una mujer

—¿Pero cómo...?

—Tiene miedo de perderlo todo. Su familia es muy conservadora... y tiene miedo de que algo así afecte su carrera...

—¿La estás justificando?

—La amo, Ginny. No estoy de acuerdo con todas las cosas que hace o dice. Pero la amo... sólo la acepto como es. Y acepto lo poco que está dispuesta a darme...

—No tiene sentido... es una locura...

Ginny tomó un gran trago directo de la botella.

—El amor no tiene sentido —dijo Valerie con tristeza.

Ginny negó con la cabeza sin poder creer lo que Valerie le acababa de confesar. Era como si Marie y Valerie llevaran una doble vida. Pero tenía sentido. Muchas cosas ahora tenían sentido. El que estuvieran juntas todo el tiempo y se defendieran una a la otra, aguantando sus desplantes. Aquel hogar era otra prueba de su relación. Ginny se dio cuenta que sólo había una habitación para las dos. No sabía si era suficiente evidencia de lo que Valerie le confesaba, pero en el fondo sabía que era verdad.

Valerie volvió a llenar sus copas.

—Por el amor no correspondido —le dijo Valerie chocando su copa con la de Ginny. Las dos bebieron. Vaciaron todo de un trago. Un hilo de vino escurrió por la comisura de su boca. Ginny se limpió con el dorso de la mano con descuido. Luego recargó la cabeza en el sofá detrás de ella y vio el techo.

—Me acosté con Harry —confesó en un suspiro —Fue el momento más hermoso de mi vida...

—¿Pero?

Ginny la volteó a ver. Lágrimas salieron de su rostro de forma instantánea.

—Pero temo que para él no haya significado nada.

—¿Te lo dijo?

—¿Qué?

—Que no significó nada

Ginny negó con la cabeza.

—No hemos hablado. Tengo miedo de volver a verlo.

—Tienes que hablar con él. Siempre es mejor saber... aunque no te diga lo que quieres escuchar, siempre es mejor saber que vivir en la incertidumbre.

—No es fácil —le dijo sonriendo con tristeza.

Valerie le respondió la sonrisa y luego se quedaron en silencio. Sabía que Valerie tenía razón. Tenía que enfrentar a Harry, tarde que temprano.

—Siempre había estado celosa de ti, Ginny —le dijo de pronto sacándola de sus cavilaciones.

—¿De mi? —preguntó incrédula. Tuvo que aceptar para sus adentros que era ella quien siempre estuvo celosa de Valerie desde que la conoció.

—Marie tenía un interés especial en ti que no había entendido. Pensé que se había dado cuenta de que me sentía insegura de tu presencia y te usaba para darme celos... pero luego comprendí...

—¿Qué?

—Era por Harry. Siempre fue Harry...

Ginny se irguió contrariada. La miró curiosa y desconcertada.

—¿De qué hablas?

—Te usó para acercarse a él.

Sintió una punzada de dolor de cabeza. Marie siempre se le insinuó a Harry, incluso frente a ella. De hecho le pedía a Ginny de forma repetida que la ayudara con él. Pero de ahí a usarla...

Ginny negó con la cabeza.

—Lo ha estado buscando — dijo Valerie —Marie se acostó con Harry

Ginny no pudo decir nada, simplemente volvió a negar con la cabeza. Se sintió muy mareada.

—No tienes por qué creerme, pero no tengo por qué mentirte.

—¿Por eso dejó de hablarme?

Valerie negó con la cabeza y con un gesto de la mano.

—No. Te dejó de hablar porque tiene celos de que tu y yo hacemos buena dupla como cazadoras. Creo que quería que nos odiáramos–

—Valerie —le dijo interrumpiéndola —¿Desde cuándo se acuesta con Harry?

—Oh, fue sólo una vez. Ella intentó coquetearle varias veces —Ginny asintió sabiendo eso muy bien — pero él siempre la rechazó...

—Entonces ¿cómo...?

—No sé, sólo sé que una madrugada de la nada fue él quien la buscó...

—¿Cuándo?

—¿Hace una semana? ¿O un poco más? –dijo no muy segura

La cabeza de Ginny comenzó a dar vueltas. No quería creer lo que Valerie le decía, pero Harry se había desaparecido varios días, masomenos una semana antes. Ginny comenzó a llorar, sintiéndose muy traicionada. Sabiendo en el fondo que todo era verdad. No sabía de quién le dolía más la traición. Ginny comenzó a negar con la cabeza de nuevo. No quería creerlo. Sintió asco.

—Marie sabe lo que siento por Harry...

Valerie suspiró.

—Marie sabe lo que yo siento por ella. Y aun así... nada la detiene. ¿Sabes? Cada vez viene y me cuenta cada detalle de sus encuentros con otros. —Valerie comenzó a reír entre lágrimas —Si te ayuda a sentirte mejor, Harry estaba muy borracho y no pudo terminar bien.

—No, no me ayuda para nada —Ginny comenzó a sollozar. Se levantó y comenzó a caminar de un lado para otro desesperada, sintiendo que el aire se le iba del pecho. —Arruiné todo... arruiné todo con Derek y para qué... —Sintió que el mundo daba vueltas. Sintió que saber la verdad la estaba asfixiando.

Valerie se levantó y se dio cuenta que Ginny estaba teniendo un ataque de pánico. La ayudó a sentarse en el sofá y trató de calmarla. Le dijo que se concentrara en controlar su respiración. La aferró de las manos con fuerza todo el tiempo. Después de un rato, Ginny se calmó. Pero entonces comenzó a reír, histérica.

—¿Ginny?

—Derek terminó conmigo porque me acosté con Harry... y Harry se acostó con Marie... pero Marie se acuesta contigo

Valerie igual o más alcoholizada que Ginny, rió también sin control.

—¿Osea que ahora me tengo que acostar con Derek? ¿O contigo? –dijo Valerie y las dos volvieron a explotar en risas.

Cuando se calmaron después de varios minutos, Valerie se acomodó en el sofá y en cuestión de minutos cayó dormida. Ginny sintió que la borrachera comenzaba a bajársele un poco. Así que se se dispuso a irse. Estaba envalentonada. Sabía lo que tenía que hacer. Era ahora o nunca. Buscó su teléfono móvil en su bolso. Este tenía llamadas y mensaje de Harry buscándola. Le marcó y él enseguida contestó.

—Ginny, por favor déjame verte —le dijo de inmediato al contestar.

—¿Dónde estás? —sus palabras salieron ahogadas de su garganta, por el alcohol, el llanto y la risa.

—¿Estás bien? — le preguntó preocupado

—Dime dónde estás —repitió con voz enérgica

—En las tres rosas. Pero dime dónde estás tu y yo puedo-

—Voy para allá —le dijo y entonces le colgó.


Se apareció fuera del bar favorito de Harry, aquel en el que había compartido tantos momentos con él. Su primera borrachera a los dieciocho había sido ahí. Era como una vida atrás. El bar se encontraba del lado norte del río Támesis en Londres. Cruzando la calle justo en frente del bar sólo se encontraba el balcón que daba al río. Había pasado tantos atardeceres allí mismo platicando con su mejor amigo a quien ahora sentía tan lejano.

Harry la estaba esperando afuera del bar. Ginny caminó con paso decidido hacia él, intentando ignorar las mariposas en el estómago y los nervios, bloquéando los recuerdos de sus besos y caricias, aferrándose al sentimiento de coraje que hervía en su interior.

—Gin —ella pudo ver cómo él la analizaba, tal vez dándose cuenta que no estaba en sus cinco sentidos —¿Estás bien? —trató de tomarla de los brazos, pero ella se hizo a un lado

—Claro que no estoy bien... —resopló molesta— ¿qué clase de estúpida pregunta es esa?

—¿Estás borracha? —le preguntó casi incrédulo. Ginny se sintió juzgada.

—Porque tu no estás tomando, ¿no? —le preguntó señalando el bar a su lado con la cabeza. Se dio cuenta que estaba perdiendo el hilo de lo que había planeado decirle.

—No. Gin, necesitamos hablar.

—No tengo nada de qué hablar contigo.

—Ginny...

—Sólo vengo a decirte que eres una mierda de persona

Ginny pudo ver el rostro de Harry pasar del desconcierto al enojo.

—¿Por qué? ¿Por responder a lo que tú también querías que pasara? ¿Por qué me tratas como si te hubiera obligado a acostarte conmigo? —Ginny se quedó en silencio, como petrificada, sintiendo su piel hervir de vergüenza —Si tu me besaste ¿por qué soy yo la mierda de persona?

—Porque te acostaste con mi amiga —soltó de prisa antes de que él siguiera trayendo recuerdos a su mente —O más bien "amiga" –dijo haciendo la seña de comillas con las manos

—¿Qué?

—¿O me vas a negar que te acostaste con Marie la semana pasada?

Harry suspiró, pasándose una mano por el cabello.

—N... no. No lo voy a negar

Ginny sintió que se le rompía el corazón. Se sintió mareada. Sintió ganas de vomitar. Necesitaba irse de allí. Cruzó la calle corriendo, apenas haciéndose un lado de un auto que pasaba. Harry tuvo que esperar del otro lado por el tráfico unos segundos. Ginny se había detenido y tomándose de una lámpara con una mano, no pudo evitar doblarse y vomitar todo el vino que había consumido. Harry la alcanzó y le ayudó quitándole el cabello de la cara mientras vomitaba. No podía dejar de sentir la mano de Harry sobre su espalda. Ginny lloraba entre arcadas. Al final, Harry le ayudó a limpiar su vómito del suelo con la varita de forma discreta, le pasó un pañuelo y ella se limpió la cara, sintiéndose muy avergonzada. Queriendo salir de allí.

—Vamos al departamento, Ginny. —Ella negó con la cabeza, no podía confiar en mantener la cordura si estaba en el mismo lugar que Harry y a solas. Al menos allí pasaban coches y gente caminando. Aunque la gente los viera con aprehensión y estuviera haciendo el ridículo. Al menos ahí había aire fresco y podía evitar perder la cordura y la sensatez. Caminó junto al río unos pasos, Harry la seguía —Necesitamos hablar

—Ya te dije que no hay nada de qué hablar

—¿Pero qué hay de nosotros?

—¡No hay nosotros, Harry! —Se detuvo y se volteó gritándole —Tu te encargaste de eso cuando te metiste con Marie-

—No, claro que no—la interrumpió él —Lo que pasó entre nosotros no tiene nada que ver con quién he estado antes. Tú sabes muy bien que me he acostado con medio mundo.

—Pero-

—Y nunca te ha importado. Nunca te ha importado lo que hago o dejo de hacer. Incluso siempre me has celebrado mis acostones—Harry la vió como con tristeza. Ginny se sintió mareada y molesta, aguantándose las ganas de gritarle que nunca le había gustado verlo con nadie más. Que eso siempre la había lastimado —Nunca te importó que Marie me coqueteara. —Ginny desvió la mirada —No quieras usar esto como excusa para ignorar que estuvimos juntos.

Los recuerdos la asaltaron al escuchar esas palabras. Ella negó con la cabeza y se abrazó a sí misma. Las lágrimas comenzaron a salir.

—Estuve tanto tiempo aquí frente a tí y nunca me quisiste, nunca me has querido —dijo Ginny sin poder contenerse más— Sólo he estado aquí esperando un milagro y sufriendo como estúpida, tratando de seguir con mi vida –sollozó—Te di varias oportunidades... para... para que habláramos, para que algo pasara... perdí la vergüenza tantas veces —soltó una risa entre las lágrimas. Harry intentó tocarla, pero ella se hizo a un lado— esperé tanto por ti pero nunca hiciste nada... incluso esta vez —Ginny se llevó la mano a la boca, entendiendo la situación —Tu no hiciste nada. Fui yo... fui yo quien me ofrecí a ti y tú sólo... no te negaste...

—Gin...

—Sólo contéstame esto. Si yo no te hubiera besado ¿tu habrías hecho algo? —Harry le dedicaba una expresión triste —¿Me habrías besado, Harry? ¿Hubieras intentado acostarte conmigo?

Harry negó con la cabeza, suspirando una vez más.

—Es diferente. Yo no puedo actuar si tu no me das señales.

—¿Señales? —ella soltó enojada —¿Qué malditas señales quieres? Tu sabes lo que siento por ti...

—¡No lo sé! O bueno... no... no quería saber... —se pasó las manos por el cabello una vez más, muy preocupado.

—Siempre lo has sabido — susurró dolida. Harry negó con la cabeza, lo que la hizo sentirse furiosa —Todo el mundo lo sabe... todos sienten lástima por mí.

Se limpió las lágrimas.

—Gin...

—Gin, Gin, Gin... ¿es lo único que sabes decir? —rió, esta vez casi divertida —para estarme molestando días enteros para hablar conmigo, debiste haber venido más preparado

—Lo sé, soy un idiota –dijo tomándose la cabeza abatido— Mira, lo que quiero decir es que te quiero —se acercó a ella pero Ginny dio un paso atrás casi como instinto. Ginny sabía que aquel cariño no era el tipo de cariño que ella añoraba —Sabes que te quiero... y lo que pasó, fue lo más increíble que me ha pasado en la vida.

—¿Pero?

Harry frunció el ceño contrariado.

—No hay pero.

—Suena a que hay un pero.

Harry suspiró negando.

—Pero nada, Ginny.

—¿Pero...? —insistió ella

—¡Pero no sé que hacer ahora! —soltó casi exasperado— Pero tengo miedo — dijo bajando la voz —Pero no quiero perderte...

El corazón de Ginny desapareció. Fue como si el vacío lo hubiera absorbido. Sintió que las piernas le fallaban. Se abrazó aún más fuerte.

—Pero fue un error –dijo ella

—No pongas palabras en mi boca. —Una vez más él intentó tocarla, y ella se echó para atrás.

—Te diré mis 'peros' entonces. Estar contigo fue lo más hermoso del mundo —los ojos de Harry brillaron por un segundo —Pero sé en el fondo de mi corazón que tu no me quieres como yo te quiero.

—No digas eso...

—Pero no puedo dejar de pensar que le rompí el corazón al hombre más dulce del mundo. —Harry suspiró abatido —Pero ahora mi vida es un desastre.

—¿Tan horrible fue haber estado conmigo?

—No lo entiendes, Harry. Esto va más allá que tu y yo. ¿Qué crees que va a pasar mañana que llegue a entrenar con mi equipo? ¿Cuando todos noten que Derek no me quiere ni ver? Y eso, si es que Derek se aparece... Tenemos el partido más importante de nuestras carreras el fin de semana y esto pone en riesgo todo lo que hemos logrado hasta ahora. Siento que si perdemos va a ser todo por mi culpa. —Harry la vió fijamente —Sé que nada de esto es importante para ti, pero lo es para mí. Mi carrera de quidditch es lo único que he logrado en la vida. Tengo miedo de perderlo todo por un momento de debilidad.

—Seguramente habrá más para tu carrera que sólo este partido... —le dijo visiblemente herido por sus palabras– te aseguro que este momento de debilidad no va a arruinarte nada

Ambos se quedaron en silencio. Con tantas cosas que decirse, pero sin manera de expresarlas. Ginny había olvidado todo lo que había pensado decirle. Se sentía con las emociones y sentimientos muy revueltos. Y sobre todas las cosas, sentía que nada de lo que le había dicho Harry la había hecho sentirse más tranquila. Más bien se sentía más desolada. Ahora sólo sabía que Harry sentía mucha incertidumbre. Una vez más, Harry no le había confesado su amor. Una vez más Harry simplemente se quedaba estoico. Era claro que Harry no estaba involucrado con ella de la misma forma que ella lo estaba. Estúpida y profundamente enamorada de él.

—No tengo nada más que decirte, Harry.

—Ginny...

Ella comenzó a reír.

—Vaya que eres un inepto social– Harry no contestó —Necesito algo de tiempo y espacio —él sólo asintió.

Ginny quería gritarle que hiciera algo, que dijera algo más. Que la detuviera. Que la besara. Que le confesara su amor. Pero él no hizo nada. Su corazón continuó haciéndose pedazos.

—Yo... regresaré a Grimmauld Place...—le dijo él de repente —para que puedas volver al departamento y no tengas que quedarte con Ron y Hermione. La renovación sigue en progreso, pero ya está habitable.

Ginny sintió que le estaba clavando un cuchillo en el pecho. Todos esos planes de ayudarle con las decoraciones de su casa, ya nunca pasarían. Sólo asintió.

—Lo pensaré.

Se dió la vuelta para buscar un lugar donde desaparecer, cuando Harry la llamó.

—Ginny...

Ella volteó sin poder evitar sonreírle

—¿Sí?

—Buena suerte en el partido.

Su sonrisa desapareció. Ginny asintió y luego dio la vuelta y caminó lentamente. Quería voltear y ver si él seguía ahí. Quería que él la siguiera y caminara a su lado. Quería que la detuviera. Simplemente quería que él actuara, pero nada pasó. Ginny caminó hasta llegar a un callejón, donde desapareció. Ni una sola vez volteó hacia atrás.


Un par de semanas después, Ginny aún seguía quedándose con Ron y Hermione. Había intentado volver al departamento, pero los recuerdos la asaltaban. Simplemente ya no podía vivir en ese lugar. Al menos no por el momento. Sabía que estaba haciendo las cosas un poco difíciles para su hermano y su cuñada, ya que no podían recibir a Harry en su hogar como antes. Pero a Ginny no le importaba mucho. Además, no tenía ningún otro lugar a dónde ir.

Aquel día se jugaba la final de quidditch. Y era el cumpleaños de Ginny. Había rechazado todas las propuestas y planes de su familia de festejarle. Simplemente quería pasar ese día como cualquier otro. Además había evitado con todas sus fuerzas ir a la madriguera. No iba a poder soportar regresar a aquel lugar dónde se había entregado a Harry.

Su hermano Ron estaba en una misión aquella noche, por lo que Hermione tenía que hacer como que le interesaba sentarse con Ginny a escuchar el partido de quidditch por la radio. Los tornados de Tutshill se enfrentaban a las flechas de Appleby. Ginny tuvo que escuchar como los comentaristas hacían mención de la aplastante forma en que los tornados derrotaron a las avispas en la semifinal. Se lamentaron mucho que las avispas dieron el peor partido de la temporada. Los hombres dijeron que habían perdido una buena suma de dinero. Hermione hizo un comentario desaprobando las apuestas, intentando hacerla sentir mejor, pero no funcionó.

Ginny pensaba en ese partido todos los días y se lamentaba aún más que cualquier persona que hubiera apostado por su equipo. Derek sí había aparecido, pero se rehusaba a hablarle o a siquiera mirarla. Los rumores no se hicieron esperar. El equipo estaba desconcentrado. Para colmo a medio partido, uno de sus golpeadores quedó gravemente lesionado y Marie lo reemplazó. A Ginny le hervía la sangre al verla. La química dentro del equipo estaba rota. A pesar de los intentos de los entrenadores de levantar los ánimos, dieron un partido horrendo. La única que había hecho una actuación decente había sido Valerie, anotando la mayoría de puntos de su equipo. Ginny la ayudó lo más que pudo, la asistió y también marcó algunos, pero estaba muy lejos de su mejor nivel. Después de aquel día, Ginny había perdido la esperanza de ser aceptada en las arpías. Había en su lugar, felicitado a Valerie, muy segura de que ella sería elegida para el equipo.

Después de aquella ocasión en que se emborracharon juntas en su departamento, Ginny y Valerie habían desarrollado cierta empatía por la otra. Valerie le había confesado que no iba a dejar a Marie para irse a otro equipo en otra ciudad. Ginny no podía creerle y tampoco convencerla. Y por alguna razón, Ginny no había querido enfrentar a Marie. Ni siquiera sabía que iba a decirle. No se sentía en su mejor estado anímico para aquello. No sabía si algún día sería capaz de hacerlo.

Los tornados estaban aplastando ahora a las flechas. Ginny se sintió un poco reconfortada por no ser los únicos que perdían de forma vergonzosa.

A medio partido una lechuza las sorprendió.

—Es para ti... —le dijo Hermione pasándole la carta que la lechuza había entregado —¿Mark Bagman?

—Oh...

—¿Cómo Ludo Bagman?

—Su primo... —dijo ella de forma automática, rompiendo el sobre de papel. Sabiendo que aquella carta era un rechazo, pero apresurándose a encontrar ese sabor agrio. Como una herida que causa placer molestar. No pudo evitar recordar el momento en que recibió su carta donde la invitaban a audicionar para las arpías, cuando corrió hacia Harry sin siquiera pensarlo. Pero esa vida ya no existía.

"Srita. Ginny Weasley,

Me complace informarle que ha sido seleccionada para ingresar al equipo principal de las arpías de Holyhead en la temporada siguiente, que comienza en Septiembre de este año... "

Ginny leyó y releyó. No podía ser. Simplemente no podía ser.

—¿Ginny?

—Me aceptaron —le dijo en un susurro mirándola estupefacta.

—¿Eh?

—Las arpías de Holyhead. —Se llevó las manos a la boca, soltándo la carta que Hermione tomó y leyó como para comprobar que Ginny no estaba loca.

Las dos comenzaron a gritar y vitorear emocionadas. Su cuñada la abrazó y Ginny no cupo de felicidad.

—Oh, hay otra nota en el sobre —le dijo Hermione y se la pasó.

"Un partido no define tu carrera. Aún sigo apostando por tu talento. Mark"

Hermione leyó la nota por encima de su hombro.

—¿Quién es este tal Mark?

—Un reclutador de quidditch.

Ginny se olvidó por completo del partido en la radio. Tomó su carta y su chaqueta.

—¿A dónde vas?

—Tengo algo importante que hacer.

—¿Vas a ver a Mark?

—No

—Mmm

Ginny abrazó a Hermione y salió de la casa antes de que pudiera interrogarla.


Harry respiró profundamente para darse valor. Llevaba un ramo de flores en la mano y una caja de chocolates. Eran sus favoritos. Tocó la puerta, sabiendo que no necesitaba hacerlo, pero sintió que eran parte del ritual. Hermione abrió la puerta, y al verlo de inmediato sus comisuras de la boca se doblaron hacia abajo en una expresión triste.

—Ginny se fue hace un rato.

—¿A dónde?

Harry entró a la casa. Hermione se sentó en la sala. Harry la imitó. El partido de quidditch era narrado en la radio, de fondo.

—Esperaba que hubiera ido a buscarte.

Harry negó con la cabeza, abatido.

—¿Hasta cuándo crees que seguirá evadiéndome?

—No lo sé, Harry.

Harry enterró la cara en las palmas de sus manos, recargando los codos en sus piernas.

—Si tan sólo pudiera regresar el tiempo...

—¿Y hacer qué? ¿No acostarte con ella? –Harry se quedó en silencio. Hermione suspiró frustrada. —Simplemente no lo entiendes ¿eh? —Harry la miró confundido —Eres igual de idiota que Ron.

Se levantó del sofá molesta.

—Lo sé... —suspiró derrotado —No sé que hacer, Hermione...

—Sólo tienes que decirle lo que sientes.

—Ella sabe que la quiero

—Pero no de qué forma

Harry se quedó en silencio.

—No sé cómo decirle lo que siento...

—No entiendo cómo eres el auror más intrépido y aún así eres un cobarde.

Harry sólo suspiró, dándole razón a su amiga

—Soy un idiota...

—¿Te acuerdas cuántas veces te dije que Ginny se iba a cansar de esperarte y por fin irse?

—Parece que no las suficientes —dijo él abatido. Hermione nunca se cansaría de decírselo.

—Creo que ahora es definitivo... y más literal que nunca

Harry la miró preocupado.

—¿De qué hablas?

—La aceptaron en las arpías. Le llegó la carta de aceptación hace un rato, y uno de los requisitos es que tiene que vivir en Holyhead.

Las emociones le voltearon el estómago. Emoción, orgullo, tristeza, soledad.

—¿Se va a ir a Gales?

—Empiezan los entrenamientos la próxima semana.

—Se va a ir —dijo él por primera vez comprendiéndolo. Ginny se iba a seguir su sueño. Habiendo sólo metas y emoción por delante. Dejando el pasado y el dolor, dejando a Harry, detrás.

Harry se levantó en automático.

—¿A dónde vas?

—Tengo que buscarla

Hermione suspiró abatida.

—Ay, Harry. Si tan sólo le hubieras confesado tus sentimientos antes de todo esto. —Harry le dedicó una mirada furibunda. No necesitaba que le recriminara lo que él en el fondo sabía. —Harry— lo llamó antes de que llegara a la puerta —Sólo no le pidas que elija entre sus sueños y tu.

Harry salió. Se metió en un callejón y desapareció. La buscó por todos lados donde se imaginó que estaría, pero no la encontró. Finalmente se apareció de vuelta en el departamento que habían habitado juntos por varios meses. Los recuerdos lo torturaban. Los momentos juntos frente a la televisión. Las cenas juntos. La rutina por las mañanas. Los domingos enteros en pijama. El toque colorido y divertido de Ginny decorando aquel espacio que era de ambos. Las inumerables veces que tocó la puerta de su habitación. Las risas y los juegos, la sonrisa de buenas noches. Incluso cuando Derek apareció en sus vidas, la constante presencia de Ginny le daba sabor a su vida. Ahora entendía por qué Ginny no había querido regresar a vivir ahí. Se dio cuenta que ese capítulo de su historia había terminado, aunque él se rehusara. Había terminado y no se había dado cuenta. Se tocó la pulsera en la mano. Se asomó por la ventana pensando en aquella estrella en el cielo que llevaba sus iniciales. Sabía que Ginny ya se había ido. En el fondo sabía que Ginny ya había dado vuelta a la página. Ella ya vivía en el capítulo siguiente. Harry se había aferrado a seguir siendo parte de su historia hasta ahora, escurriéndose entre cada pasaje, a veces de forma orgánica, a veces a la fuerza. Pero finalmente, se había acabado el espacio para él.


Ginny tocó la puerta.

Había en su corazón tantas emociones. Tanto que había vivido en los últimos meses. Que no sabía quien era ahora. Habían cosas que habían cambiado tantísimo, pero en el fondo, había cosas que seguían siendo las mismas. Quería creer que seguía siendo la misma Ginny Weasley de siempre. En su centro, aún lo era.

A través del dolor, de la incertidumbre y del miedo, aún había esperanza.

La puerta se abrió. Valerie la veía con confusión.

—¿Estás sola?—Ella asintió. Ginny le enseñó la carta de Mark —Estoy segura que te llegó una de estas ¿no?

—Me aceptaron —le dijo con una sonrisa triste —¿A ti también?

Ginny asintió sonriendo como no lo había hecho en tanto tiempo.

—Dime que vas a tomar la oferta

Valerie se mordió el labio.

—No lo sé...

—Que se vaya a la mierda Marie. No puedes seguir deteniendo tu vida por alguien que no te merece.

—Tal vez con esto, ella recapacite...

—Sabes que no lo hará.

—Ginny...

—¿Sabes? Por varios días sentí que yo era la peor persona del mundo, pero nada de lo que yo haya hecho se compara con lo basura que es Marie. No te rebajes a querer a alguien que te trata de esa forma.

Valerie estaba llorando.

—No puedo dejarla.

—Sí puedes. Tienes qué.

—No sé cómo... —se limpió las lágrimas y sorbió la nariz

—Esta es la señal que nos está dando la vida. Tu fuiste mi señal y ahora yo quiero ser la tuya. Es hora de seguir adelante.

—No puedo Ginny —se negó ella.

—Sólo ven conmigo

—¿A dónde?

—Vamos a Holyhead, ahora mismo.

Valerie rió nerviosa.

—¿Hablas en serio?

—Necesitamos buscar un lugar donde vivir.

Valerie lo meditó por un par de segundos, pero asintió de pronto, aunque no muy decidida. Cerró la puerta detrás de ella con lentitud. Juntas salieron del edificio y luego se dirigieron a la ciudad que sería su nuevo hogar.


Fin de la parte dos.