Las palabras que debieron ser confesadas

[Capítulo 7x20, "Touched", tras el emotivo discurso de Spike en la casa abandonada]

Profundamente conmovida por sus palabras y siguiendo su instinto, sin meditar demasiado en lo que iba a hacer, Buffy se inclinó despacio hacia él y depositó un delicado beso en sus labios, despacio. Tras el primer contacto, se retiró solo unos centímetros, pero después continuó besándolo con una suavidad y dulzura a la que él no estaba acostumbrado.

Spike se entregó al beso instintivamente, pero después se separó mínimamente de su cara para preguntar, profundamente desorientado y asustado:

—Buffy… Qu-qué está pasando? ¿Es… agradecimiento? ¿Consuelo? ¿Es… desahogo?

Ella, con una sinceridad y seguridad inauditas en ella, contestó con suavidad y temple:

—Es amor.

Y sus labios se curvaron en una triste sonrisa antes de inclinarse para volver a besarle. Aunque no entraba en las intenciones de ninguno de ellos, no pudieron evitar que el beso se tornara apasionado.

Minutos después, Spike se inclinó hacia atrás, separándose abruptamente de ella.

—Buffy… ¿Qué estamos haciendo? No debemos…

—Tranquilo, te prometo que no llegará a más.

Él no pudo evitar exhalar aire con sorna.

—Bueno, puede que tú seas de piedra, pero desde luego yo no, y si sigues besándome así creo que no podré parar y…—una nube de preocupación ensombreció su expresión— al recordar acontecimientos pasados… Me perderé.

—No te perderás. Yo te mantendré aquí, atado a la realidad… A mí.

Las dudas y el temor aún tenían el rostro de Spike. Buffy, comprendiendo que le estaba pidiendo demasiado teniendo en cuenta el cariz que tomó su historia compartida pasada, continuó:

—Me basta con que no me abandones esta noche. ¿Podrías quedarte conmigo?

[…]

[Capítulo 7x21, "End of the days", durante el reencuentro de ambos en casa de Buffy al regresar ella de conseguir la guadaña]

[…]

—Lo de anoche fue… —Se detuvo, incapaz de continuar, pero al ver la expresión expectante de ella reunió el valor necesario y finalizó la frase— Dios, qué estúpido soy, no puedo explicarlo —Apartó otra vez la vista de ella y se removió incómodo en el sitio.

Ella le instó a continuar:

—Spike.

—Fue la mejor noche de mi vida —Al constatar la indescifrable expresión de ella, sintió miedo a ser humillado de nuevo—. Si te vas a reír de mí, utiliza esa guadaña, no podría soportarlo. Puede que para ti no signifique tanto...

—Ya te he dicho que sí.

Él hizo una mueca de desdén e incredulidad, negándose a creerla.

—Sí... oigo tus palabras, pero... —Negó con la cabeza, restándoles valor, y apartó la vista mientras reunía fuerzas para tratar de hacerse entender por ella— He vivido un montón de años, Buffy. He hecho de todo. He hecho contigo cosas innombrables, pero... nunca me había... sentido tan cercano... a alguien. Y menos aún a ti. —Ella tragó saliva incómoda por el rumbo que estaba tomando la conversación— Hasta anoche. Lo único que hice fue... abrazarte, y ver cómo dormías. Y ha sido la mejor noche de mi vida— Las palabras ya habían salido de su boca, era demasiado tarde para retirarlas—. Osea que sí... estoy... aterrorizado.

—No tienes por qué estarlo.

Entonces, tomando una resolución nada fácil para ella, Buffy se acercó y le abrazó. Los ojos de Spike se abrieron de par en par por la sorpresa, pero instintivamente la envolvió con sus brazos. Tras un segundo de vacilación, respondió verdaderamente al abrazo y la estrechó con fuerza. Buffy, con la cabeza girada contra su pecho, susurró, con la voz temblorosa por la emoción:

—Gracias por todo. Y no solo por lo de anoche, que me dio las fuerzas y el valor que necesitaba para seguir adelante, sino por todo lo que has hecho por mí y que nunca te he agradecido. Lamento muchísimo cómo te he tratado y espero que puedas perdonarme, aunque lo entenderé si no lo haces. Tus palabras de ayer significaron un mundo para mí.

Spike, aún poco convencido, preguntó con un hilillo de voz, temeroso de conocer la respuesta: — ¿Estuviste allí conmigo?

—Lo estuve.

— ¿Qué significa eso?

Buffy suspiró y se separó de él, pero tomó su mano izquierda en su derecha.

—Creo que por fin empiezo a comprenderlo. La noche pasada lo ha cambiado todo para mí. Ahora veo las cosas de forma diferente y comprendo mejor que nunca por qué no puedo dejarte marchar. Tú me lo dijiste, por supuesto, pero yo no quise escucharte —La sorpresa e incredulidad iban tiñendo el rostro de él según comprendía lo que intentaba confesarle—. Lo que quiero decirte es que… Yo estoy dispuesta a intentarlo si tú aún quieres. Pero si debido a todo lo que ha pasado, no quieres o sencillamente ya no me quieres como antes, lo comprenderé y lo aceptaré —su fortaleza empezó a flaquear y sus ojos se tornaron acuosos—, porque ya te he pedido demasiado todo este tiempo como para además pedirte que aún me quieras. Así que piénsalo y cuando lo tengas claro, dímelo, sin ningún compromiso, yo lo aceptaré.

Acto seguido, se dispuso a darse la vuelta, pero él la detuvo agarrándola del brazo y la acercó a él, frente con frente. Ambos temblaban visiblemente.

—No necesito pensar nada. Porque, aunque la cabeza y los resquicios de dignidad que me quedan me digan que no reabramos viejas heridas y no nos hagamos más daño el uno al otro, el corazón me dice: "A la mierda todo eso". Yo aún te amo y siempre te amaré y mi felicitad consiste en estar a tu lado y procurar la tuya y no voy a ser tan estúpido como para renunciar ahora a la oportunidad que te llevo suplicando tanto tiempo. Yo ya había renunciado a ti y asumido que nunca podrías corresponderme y, llámame egoísta, pero ahora se está abriendo ante mí el más deseado de mis sueños y no voy a dejarlo escapar, siempre y cuando sea cierto que tú deseas estar conmigo y no se trate de compasión ni de un juego.

Entonces ella susurró, cerca de su rostro mientras le miraba firmemente a los ojos:

—Te quiero. Te quiero de verdad. Y siento muchísimo haber tardado tanto en darme cuenta.

—Eso es todo lo que necesitaba oír.

Entonces él se inclinó hacia ella y la besó. Fue un beso firme, decidido, aunque aún encubría atisbos de dudas pasadas e inseguridad. Buffy respondió de buen grado, con una buena disposición y una dulzura que él nunca había visto en ella antes. Sus besos ya no eran reticentes, agónicos, rabiosos, ni desesperados, sino suaves, dulces, cuidadosos y seguros, y eso le permitió redescubrir a la Cazadora de una manera en la que nunca creyó llegar a hacerlo.

En ese momento, una de las cazadoras potenciales les sorprendió. Sus pasos, aunque ligeros y muy disimulados, habían sido finalmente oídos por los sensibles oídos de ambos a pesar de hallarse tan inmersos y entregados en su apasionada tarea. Por si no fuera suficiente, ella carraspeó con sorna, reclamando la atención de la pareja.

Spike trató de separarse, obedeciendo al instinto de huída que había cultivado tras años de desarrollar su amor a escondidas de la vista de todos debido a la vergüenza que ella antes sentía hacia lo que ambos compartían. Él aún velaba más por ella y sus deseos antes que por sí mismo y su orgullo, pero Buffy no estaba dispuesta a permitírselo. Haciendo gala de esa nueva seguridad hacia sus redescubiertos sentimientos y a su intención de no tomar el rumbo incorrecto de nuevo, le agarró de la mano y lo retuvo a su lado.

—No.

Spike se mostraba visiblemente aterrorizado por la que aún consideraba que podía ser la posible reacción de ella al haber sido sorprendidos en semejante situación comprometida.

La cazadora potencial habló finalmente:

—Pero bueno, ¿Qué significa esto? ¿Entonces vosotros dos estáis realmente juntos después de todo?

Reuniendo más valor del que había necesitado nunca para enfrentarse a cualquier demonio, Buffy miró fijamente a los ojos a Spike para trasmitirle la seguridad que él necesitaba mientras le respondía a ella con gran aplomo y firmeza:

—Sí, lo estamos.

El rostro de él era un todo un poema. Su carita de niño asustado pillado en una falta se iluminó por la enorme sorpresa y, después, por un absoluto alivio, agradecimiento y, ante todo, la más genuina felicidad. Su expresión fue más que suficiente para hacerla comprender que había tomado la decisión correcta.

Habían compartido una historia complicada, llena de baches y tropiezos, de dudas y arrepentimientos, de daños y rencores, de maltratos y de odio. Pero con la acción del tiempo y el trabajo diario en su empeño por enmendar las cosas y reconducir su relación a un buen camino —uno saludable y justo para ambos—, finalmente habían logrado confluir en un punto desde el que podrían avanzar juntos en la dirección correcta, por fin sin miedo a amar con franqueza y sin ser heridos mutuamente en el proceso. Y este sería solo el primer capítulo de una larga historia juntos.