Último adiós

Disclaimer: Todo pertenece a Suzanne Collins.

Esta historia participa en el Multifandom 5.0 del foro Alas negras, palabras negras con la tabla escénica y el prompt fetiche.

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Mags se deja caer pesadamente en un sillón tan decorado que más parece un adorno que un mueble. No es muy cómodo, pero a su edad es mejor estar sentada en cualquier sitio que permanecer de pie. El rato que ha tenido que estar esperando en la plaza durante la cosecha le ha pasado factura. Le duele todo y sabe que en los próximos días el dolor irá a peor. Le pasa todos los años. El clima seco del Capitolio acentúa los dolores de la edad. Beetee le ha explicado el motivo científico de que le pase eso, pero ella prefiere pensar que lleva el mar en las venas y que su cuerpo no soporta estar alejado de él.

Mientras espera a que la puerta se abra, contempla la sala. Hace mucho que no entraba allí. Le da vértigo pensar cuánto: 65 años, una vida entera. La niña que se sentó en ese mismo lugar hace tantos años era una persona totalmente diferente a la que es ahora, aunque no se atreve a decir si era mejor o peor. era más ingenua, eso sí. Los primeros profesionales eran bastante inocentes en su mayoría. Se habían tragado todo el cuento de las academias sobre ayudar al distrito y proteger a los niños. Los de ahora no son así. Saben perfectamente que van a matar gente y les da igual si con eso consiguen un poco de fama, de gloria o de esa versión tan retorcida del honor que se considera patriótica. Le dan miedo, al menos hasta que vuelven de la arena tan rotos como volvían los de su época. Puede que el país entero se haya acostumbrado a ver la muerte, pero pocas son las personas que se acostumbran a provocarla.

Finalmente la puerta se abre y la gente va entrando: amigos, compañeros instructores en la academia, antiguos alumnos o simples conocidos que quieren dedicarle una muestra de respeto. Mags los recibe a todos digna y serena. Ha tenido tiempo para prepararse ante esta despedida.

No va a volver. Todos lo saben, ella la que más. En el peor de los casos los juegos los ganará uno de esos vencedores a los que el gobierno considera patriotas. En el mejor de los casos los rebeldes conseguirán llevar a cabo su plan e interrumpir el vasallaje, pero Mags es consciente de que ella no llegará a verlo. Su misión es proteger a Katniss Everdeen y eso incluye sacrificarse si su muerte contribuye a su supervivencia, lo que es más que probable teniendo en cuenta su estado de salud.

Cuando todo acaba dos agentes de la paz la conducen al coche que la llevará al tren. Finick ya está sentado esperándola y ambos comparten una mirada con la que pretenden animarse mutuamente. Finnick fue el último tributo que consiguió sacar de la arena. El distrito cuatro ha tenido dos vencedoras más después de él, pero no fue Mags quien las trajo de vuelta. Las quiere, pero el vínculo que un mentor comparte con un antiguo tributo es un nivel de amor distinto.

Se pregunta si su cosecha ha sido amañada o si se trata simplemente de una casualidad. Si lo han mandado a la arena a propósito hay dos posibilidades. La primera es que sea uno de essos vencedores bien considerados que podría quedar como un buen ganador de cara al gobierno y a los ciudadanos de a pie. Al fin y al cabo, Finnick es el chico dorado del Capitolio. La segunda es que lo quieran muerto, que Snow haya descubierto que es uno de ellos, un rebelde como la propia Mags, y que mientras va de cama en cama satisfaciendo los deseos y fetiches de cualquier persona que compre su cuerpo también va obteniendo secretos tan valiosos que podrían hacer tambalearse el país.

Mags no sabe qué pensar, pero no importa. Tiene fe en el plan y Finnick es un chico listo y bien preparado. Sabrá sobrevivir. Tiene fe en sus probabilidades. Está preparada para su propia muerte, pero ni por asomo lo está para la muerte de él.

–Mags, quería darte las gracias por lo que has hecho por Annie.

Su voz es suave y cálida y sus ojos expresan la misma gratitud que sus palabras. Mags está a punto de decirle que no lo ha hecho por ella, que se ha presentado voluntaria para cumplir con el plan porque Annie nunca habría podido hacerlo. No obstante, no lo hace. En lugar de eso asiente con la cabeza en señal de reconocimiento.

Claro que lo hace por ella, por Annie y por todos los demás: por los niños que murieron y por los que dejaron de ser niños al volver; por los que vieron a sus seres queridos agonizar en pantalla y por los que intentaron hacer algo para evitarlo y sufrieron las consecuencias; por los tributos que han sido y por los que si todo sale bien nunca serán. Lo hace para que en el futuro no haya otra Annie rota por el dolor, otro Finnick tratado como un esclavo, para que no haya otros chicos olvidados volviendo a casa en un ataúd.

Ella nunca llegará a ver ese mundo en el que los niños crecerán sin saber lo que es el miedo y los juegos del hambre serán un acontecimiento histórico cada vez más lejano, pero el hecho de estar ayudando a hacerlo posible hace que Mags se despida de su distrito sonriendo y en paz.

Morirá unos días más tarde. No lo hará sonriendo. Solo los idiotas sonríen cuando caminan hacia la muerte y ella fue una idiota una vez, pero ya no lo es. No obstante, sí que lo hará en paz y satisfecha porque la primera vez se presentó voluntaria para matar por un sueño estúpido, pero esta vez se ha presentado para morir por una causa justa.

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Sé que Katniss y Peeta no tuvieron despedidas para el vasallaje, pero quería que Mags sí que tuviera, así que pongamos que solo se lo hicieron a los tributos del distrito doce como tortura psicológica adicional.