Una pequeña historia que tenía ya mucho tiempo en mi cabeza. Una escena escondida en Rogue One, if you will. Los personajes de Star Wars no me pertenecen.

Dos corazones, un destino

Luego de tener una breve conversación acerca del destino de la misión que les habían encomendado poco después de la destrucción de Jedha, Jyn Erso se apartó del grupo y se instaló en uno de los camastros que se encontraban en el piso inferior de la nave.

No era un grupo ruidoso, tenía que admitirlo, pero de alguna forma el murmullo ocasional del resto de los tripulantes no la dejaba estar a solas con sus pensamientos. El constante sonido de los controles de la nave, los comentarios semi automáticos de K2 cuando hablaba de las probabilidades de éxito de la misión, el repiqueteo de las armas de Malbus y el tic nervioso del zapato de Bodhi era suficiente para volverla loca, para hacer que quisiera saltar de la nave hacia el espacio exterior y desaparecer.

Sólo Cassian la miraba de reojo de vez en cuando, como evaluándola, sus reacciones y movimientos, como si quisiera leer su mente y descifrar el enigma que era Jyn Erso, la hija del hombre más odiado por la galaxia después del Emperador.

Lo peor para Jyn era que sabía que la mirada de Cassian era diferente. Podía soportar el recelo, el odio y la desconfianza que había en los ojos de los demás; con Cassian era algo a lo que no estaba acostumbrada. Era una genuina curiosidad y un poco de compasión. Curiosidad, lo suponía, por saber qué había sacado de su breve conversación con Saw Gerrera, pero también probablemente por saber cuál sería su siguiente movimiento.

Cassian, por su parte, no terminaba de confiar en ella. K2 le había dicho que las probabilidades de que usara el blaster contra él eran altas. Aunque dentro de todo, le parecía que Jyn era como una niña abandonada, hasta cierto punto recelosa gracias al trato que había recibido de la gente y sobre todo del Imperio. Era la hija de Galen Erso, pero era más una hija de la Rebelión y su carácter bien podía ser tan cambiante como las estaciones y tan impredecible como un rancor.

Cassian fue el primero en notar su ausencia. Todavía faltaba un rato más de viaje y no había mucho que hacer por el momento. Pensó en revisar una vez más las mirillas de los rifles blaster, cuidadosamente calibrados por K2, pero con todo el peso de su conciencia moral lo último que quería era volver a tocar un arma, al menos por el resto del viaje y hasta que fuera completamente necesario. No quería pensar en la misión secreta que le habían encargado. Quería postergarlo tanto como fuera posible. Nunca antes había sentido culpa ni remordimiento al deshacerse de un oficial imperial y no entendía por qué ahora era diferente. Por lo general veía a sus víctimas como un uniforme sin rostro y sin nombre, cuya muerte era sólo un paso más cerca de la libertad.

Y ahora no podía dejar de pensar en Galen Erso como el padre de Jyn. Agradeció internamente que todavía faltaban unas horas hasta que tuviera que completar su misión, pero el tictac del reloj retumbaba en su pecho sin darle tregua. Sentía una turbación general y un rápido vistazo en dirección a Chirrut le hizo saber que él también la percibía. No terminaba de gustarle el ex guardián del templo de Jedha. Lo miraba con esos ojos sin iris, sin verlo en realidad, pero leyéndolo con tanta claridad como si fuera un libro abierto.


Jyn se había acomodado en el camastro que estaba pegado a la pared, pero no se había acostado, aunque su cuerpo le pedía a gritos el descanso.

Ser parte de la Rebelión significaba pasar las noches en vela vigilando por si el lugar donde se encontraba de pronto se convertía en el sitio de una nueva redada de los soldados imperiales. Significaba mirar siempre por encima de su hombro para velar por su propia seguridad. Hacer del miedo su compañero más fiel y usarlo a su favor para sobrevivir.

Había aprendido a la mala a no confiar ni en su propia sombra. La poca gente con la que se relacionaba le había enseñado esa lección. Sí, la lucha contra el Imperio era el común denominador, pero era precisamente esa causa mayor la que no permitía que las relaciones interpersonales fueran demasiado estrechas. Hoy podías llamar aliado a alguien y al día siguiente esa misma persona te entregaba si eso significaba una oportunidad de vivir. Lo peor de todo era cuando los mismos rebeldes se vendían al Imperio, no por el hecho en sí, sino porque Jyn entendía perfectamente que a veces no había más opción. Su padre era el vivo ejemplo de ello.

Así que no, estar en una nave rebelde, rodeada de rebeldes, en una misión rebelde no era garantía de nada.

Recordó a Saw Gerrera, el extremista. Sus hazañas eran memorables y sus logros significativos. Cada paso que había dado debilitó al Imperio en más de una ocasión, incluso desde la era de los separatistas, pero a un precio altísimo que no cualquiera estaba dispuesto a pagar. Sus amigos, su familia, incluso su cuerpo.

Su mejor compañía era ella misma y esa forma de pensar era lo que la había mantenido viva hasta el momento.

Se llevó la mano al cuello y agarró el cristal Kyber que llevaba colgado, el único recuerdo material que tenía de su padre. ¿Qué haría cuando lo viera? Por más que lo pensaba no lograba tener una respuesta concreta. Quería simplemente correr a abrazarlo, sentirse envuelta y segura en sus brazos como cuando era una niña. Pero nada nunca era así de sencillo. Mucho menos en la Rebelión.

Cerró los ojos aún sujetando el collar, sin querer enfrascarse demasiado en esos pensamientos. La voz de su padre resonó en su cabeza como una suave caricia. "La Fuerza estará siempre contigo, Estrellita".


Si algo tenía que concederle era que se tomaba sus precauciones. Jyn Erso estaba recargada en la pared, abrazando sus rodillas en una posición por demás incómoda, pero con el blaster firmemente sujeto en su mano derecha y apuntando hacia la puerta.

Cassian no pudo evitar sonreír al notarlo y se preguntó si alguna vez alguien había tenido la mala suerte de recibir un disparo de esa forma. Por como Jyn actuaba, le recordaba a uno de esos cazarrecompensas que aún se movían por la Galaxia. Tenía esa aura distante y sigilosa y no pudo más que sentir una secreta admiración.

Por su parte, también se consideraba una persona cautelosa a causa de incontables misiones de incógnito que había realizado y el estilo de vida que había llevado.

Entró a la habitación sin hacer ruido y se sentó del lado opuesto, viéndola de frente. Su presencia era algo curioso porque había algo en ella que no le permitía relajarse, tal vez su instinto de supervivencia porque sabía de lo que era capaz, pero al mismo tiempo su aura tenía un efecto tranquilizador en él. No alcanzaba a entender por completo sus motivaciones. Además, tendría que lidiar con ella cuando la misión terminara. La "verdadera" misión, se recordó. ¿Lo odiaría entonces por lo que estaba a punto de hacer? No podía decir que era cercano a ella, pero la idea de convertirse en el objeto de su desprecio se le antojó insoportable.

Suspiró lo más silenciosamente que pudo y se dedicó un momento a observarla. Su cabello castaño brillante recogido en la parte de atrás, los mechones de su flequillo cayendo por su frente y enmarcando su rostro ligeramente redondo. Los ojos cerrados, la respiración acompasada. Su pequeña nariz respingada y esos labios carnosos y rosados presionados firmemente en una mueca molesta.

Ahora que lo pensaba, no la había visto sonreír ni una vez desde que la conoció. En realidad, no recordaba a nadie de la Alianza que hubiera sonreído últimamente. La felicidad era un lujo que no podían permitirse, al menos no por ahora.

Y con todo, Jyn Erso era realmente hermosa. Si la hubiera conocido en otras circunstancias, ¿intentaría algo con ella? Cassian sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. Estaban en guerra en ese momento y en lo único que podía pensar era en una chica que acababa de conocer. Era patético y se sintió aliviado de que nadie más lo supiera,

-Si vas a matarme tendrás que ser más rápido que yo.

Cassian se enderezó al escuchar la voz de Jyn que se dirigía a él. Todavía tenía los ojos cerrados y no se había movido ni un ápice.

-¿Por qué crees que quiero matarte?

-Ya tienes lo que querías, ¿no? El mensaje de Saw Gerrera, el piloto desertor, las coordenadas…

-No es tan simple.

-¿Para qué me necesitas?

Cassian lo pensó un momento.

-Eres parte de la Rebelión.

Jyn dejó escapar un bufido.

-¿Ese es el motivo? Dime que tienes algo mejor que eso, una razón más convincente o estaré decepcionada.

-Si quisiera matarte, ya lo habría hecho -replicó Cassian sin poder creer que lo estuviera retando de esa manera.

-La que lleva el blaster en la mano soy yo, por si no lo has notado.

-¿Por qué no jalas el gatillo, entonces?

Jyn bajó el arma y cruzó los brazos sobre sus rodillas para después recargar su rostro.

-Tengo muchos enemigos, pero tú no eres uno de ellos.

Cassian reajustó su postura, incómodo.

No dirías eso si supieras que me han ordenado matar a tu padre, pensó.

-¿Qué es lo que vas a hacer cuando esto termine? -preguntó Jyn, ajena a su dilema.

-No me gusta hacer planes para el futuro. Soy un hombre que prefiere vivir el presente.

-¿Qué hay de tu pasado? -preguntó Jyn sin poder aguantarse su curiosidad.

-¿Qué hay con él?

Jyn no respondió. Probablemente lo mejo era que no supiera. Hubo unos minutos de silencio en los que Jyn y Cassian se observaron mutuamente. No era una mirada amenazante, ni siquiera retadora. Era simple abnegación.

-Cuando era una niña, mi padre solía llevarme a las montañas. Me contaba historias del pasado, en especial de los Jedi.

Cassian la escuchaba atento.

-Una buena parte todavía me parece ficción, ya sabes, la vieja religión y todo eso, pero hay cosas de su filosofía que se quedaron conmigo y que hasta la fecha comparto.

-¿Como qué?

-Como los lazos afectivos que tenemos con otras personas. Los vínculos sólo terminan haciéndonos más daño.

-No creo que se refirieran a eso -por su parte, Cassian había escuchado un poco sobre su estilo de vida austero, célibe y ascético.

-Los lazos con otros desatan sentimientos tan profundos que no llegamos a comprender y que al final nos destruyen. Amar a alguien conlleva al miedo de perderlo, y ese miedo se convierte inevitablemente en celos, ira y rencor.

-¿No es eso lo que nos hace humanos?

-Tal vez. Aunque el dolor que viene después es prevenible. El sufrimiento es opcional.

-¿Entonces eliges no sentir nada por nadie sólo por no sufrir?

-Sólo me tengo a mí misma. No necesito a nadie más.

Cassian apretó los puños inconscientemente. La mirada de Jyn, perdida en el piso de la nave, era un enigma. Sus ojos habían perdido el brillo por un momento, como si se hubiera entregado por completo a la resignación.

Cassian se levantó y se acercó a ella. Jyn afianzó el agarre del blaster en acto reflejo.

- Cobarde.

-¿Qué?

-Estás asustada, o mejor dicho aterrada. Lo entiendo, pero es una estupidez -espetó Cassian.

-La verdadera estupidez es elegir sufrir cuando bien podrías evitarlo y tener una vida plena.

-Y solitaria.

-¿Qué más da? Las personas en tu vida son pasajeras. Van y vienen todo el tiempo.

-Tal vez, pero es parte de vivir. Es parte de mi lucha.

-A lo mejor deberías replantearte tu lucha.

-Yo no soy el que se esconde detrás de una mentira.

-¿Y qué mentira es esa?

-Que el sufrimiento es opcional. La verdad es que tú ya lo escogiste desde hace mucho tiempo. Te aferras a la esperanza de volver con tu padre, de que las cosas vuelvan a ser como eran antes.

-Hablas como si me conocieras, pero no sabes nada de mí -escupió Jyn con saña, sus ojos penetrantes perforándolo hasta la médula, como analizando su interior.

-No necesito conocerte. Basta con observarte. Ver cómo te aferras a ese collar y usas esa filosofía como una excusa para apartarte de todo lo demás. Tienes miedo de perder a tu padre por segunda vez.

El puño de Jyn pasó rozando la mejilla de Cassian, pero este alcanzó a apartarse y le hizo un bloqueo con los brazos para inmovilizarla. Jyn intentó darle una patada, pero la posición la hizo caer hacia el frente con Cassian a su espalda, que rápidamente se posicionó sobre ella y le sostuvo ambos brazos a la espalda.

La joven peleó contra las lágrimas de frustración que derramaban sus ojos. Le dolía la caída, la humillación, pero más le dolía la verdad en las palabras de Cassian.

Cuando lo sintió relajar su agarre se incorporó y se sentó en el suelo, recargada en el camastro. Cassian estaba de rodillas frente a ella, su mirada cautelosa, como previniendo el siguiente ataque. Pasados unos minutos de silencio, se sentó también frente a ella y le puso una mano en el hombro. No sabía qué decir, nunca había sido bueno con las palabras, pero esperaba que ese gesto fuera suficiente, al menos por el momento.

-Lo siento -dijo al fin.

Jyn lo evitaba, demasiado avergonzada como para encararlo. Con todo, Cassian buscaba su mirada. Se había ido acercando poco a poco hasta estar junto a ella. Su mano sobre su hombro ahora la envolvía en un abrazo. La calidez de su cuerpo fue bien recibida.

Jyn se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y asintió, permitiéndose relajarse entre sus brazos, por muy breve que fuera el momento y sabiendo que dentro de poco tenían que separarse y volver a la normalidad. No podía decir que confiaba en él, no del todo, al menos. Era un mundo cruel y despiadado y se había acostumbrado tanto a la soledad que cualquier muestra de afecto era una señal de alerta para ella.

Pero extrañamente no se sentía a la defensiva con Cassian, y eso era justo lo que más la asustaba. No podía permitirse bajar la guardia, era una lección que había aprendido a la mala. Y aun así…

Cassian la sintió acercarse más hacia su cuerpo, presionando su torso contra el suyo. No sabía qué lo había impulsado a actuar así con ella, como si la protegiera. De haber sido cualquier otra persona le habría dicho que así era la vida y que lo mejor era acostumbrarse de una vez por todas. Pero había algo en Jyn que no terminaba de entender y que lo impulsaba a querer acercase más.

Cuando sintió su rostro en su cuello se tensó y su primer instinto fue apartarla. Sabía que Jyn era peligrosa, mas no en ese momento. Se estaba mostrando vulnerable, había bajado la guardia por completo para entregarse a sus impulsos que le pedían el contacto físico con otro ser humano.

La respiración de Jyn se volvió tan errática como los latidos de Cassian. Estaba librando una lucha interna que ya estaba prácticamente perdida y no quería seguir resistiéndose. Quería entregarse por completo.

La mano de Jyn se envolvió en su nuca y entrelazó sus delgados dedos en su cabello, girando así su rostro hacia el de ella, con una petición implícita.

Cassian le puso la mano en la mejilla, casi lamentando que sus ásperos y curtidos dedos se atrevieran a rozar esa hermosa piel de porcelana, como si no fuera digno de ella. Jyn cerró los ojos y se impulsó hacia adelante, a punto de entrar en contacto con sus labios.

El sonido de la puerta deslizándose los sobresaltó y los hizo separarse. Era K2.

-Cassian, hemos llegado a Eadu -anunció.

El droide los miró por unos segundos. La postura era clara, se trataba de un momento íntimo entre humanos.

Antes de que pudiera decir algo y terminara de arruinar todo aquello, Cassian se levantó de un salto. Jyn lo imitó y se agarró de su mano como apoyo.

-¿Estás bien? -preguntó Cassian.

-Sí.

Jyn se adelantó y salió primero de la habitación, pasando al lado de K2 por la estrecha puerta.

K2 la siguió con la mirada hasta que subió por la escotilla; entonces se giró hacia Cassian.

-No lo digas -exclamó el joven a la defensiva, anticipándose al comentario soez del droide que sabía que diría. No necesitaba escuchar lo mala que era la idea de involucrarse con ella, sobre todo sentimentalmente. No tenía tiempo para esas cosas, la misión era más importante.

K2 levantó las manos en señal de tregua y lo siguió por el pasillo, pero el silencio estaba cargado de implicaciones.

-¿Quieres saber cuáles son las probabilidades de que te corresponda?

-No.

-Son bajas, Cassian. Son bajas.

Cassian suspiró y subió por la escotilla. Dentro de muy poco aterrizarían en Eadu y tenían que estar alerta, no podía dejarse distraer por sus ideas sobre Jyn. Lo único que importaba en ese momento era encargarse de Galen Erso.

Sintió una punzada en el pecho por lo que estaba a punto de hacer. Se repitió que lo hacía por una buena causa, por la Rebelión. Aunque en el fondo no estaba muy convencido de que así fuera. ¿Podía quitarle a Jyn lo único que le importaba? ¿Podía terminar de destrozar la vida de esa muchacha, ser el autor de la mayor de sus desgracias? Pensó en sus ojos, viendo más allá de sus pupilas, directo a su interior.

Debo estar volviéndome loco.

FIN