Emil
Jean Jacques Leroy creyó no haber sido idiota en confiarse una batalla a solas. De tal modo separó a su compañía en dos: un grupo de cinco tras Katsuki y otro de tres tras Plisetsky, este último conformado por nada más ni nada menos que su pieza de marfil más trabajada, Emil. Por supuesto, en aquel segundo objetivo también se hallaba incluido el niño omega que al parecer cuidaba Yuri. A Jean le vino como anillo al dedo que esos dos anduvieran juntos, serían fácil de derribar.
El tigre era astuto, veloz, con un olfato muy desarrollado y lo mejor: era jodidamente fiel a Leroy, tanto que ni se atrevería a volver sin lo que se le había encomendado, tal como había sucedido el día en que por fin halló al clan Nikiforov ocultándose en Ýplison y sus patas sangrando no se detuvieron hasta llegar devuelta con su líder y contarle las buenas nuevas.
Jean supo que Otabek se sacrificaría por aquel omega, era tan estúpidamente predecible que incluso se dio el tiempo de reírse de él mientras aguardaba su llegada.
Sus lacayos no tocarían a ninguno de los omegas, mucho menos a Yuri Plisetsky, eso estaba claro sin necesidad de palabras. Sus seguidores sabían que serían torturados hasta la muerte si no entregaban ileso al chico dejando que su líder tuviera la primera degustación de aquella carne dulce y tierna.
Emil se alejó lo suficiente como para no ser percibido desde del sendero donde había olfateado a Plisetsky. A veces, la sangre limpia traía muy buenos atributos. El chico podía manejar y jugar con los terrenos a gusto, su olfato funcionaba a distancias mucho más largas que las de un híbrido con ascendencia mixta. A diferencia de ellos, los sentidos de Emil eran casi perfectos.
Sin embargo, su mente era un cuento aparte.
Percibió ligero cuando Altin se devolvió tal como lo había previsto Leroy y, enseguida, el tigre dio la señal a los otros dos de correr con todo lo que tenían puesto el objetivo yacía libre. Según su breve estudio, solo dos canes jóvenes acompañaban al omega, pero no era nada de lo que no pudieran deshacerse.
Emil Nekola pensó que Altin estaba siendo un idiota al haberse devuelto para detener a Jean. Recordaba la emoción brutal en los ojos de Jean antes de que ellos se marcharan y no le halló muchas esperanzas de éxito a Otabek.
Su mente procesaba todos esos pensamientos, cuando de pronto un nuevo aroma interrumpió su ritmo. Nekola se detuvo algo confundido y sus otros dos compañeros se detuvieron un metro más adelante de él, preguntándole qué sucedía.
El felino puro lo percibió fuerte y claro. Ligeramente dulce, agradable, pero terriblemente agitado. En paralelo a su carrera, Yuri Plisetsky corría devolviéndose a toda velocidad.
¿Por qué?
Sus otros dos compañeros, si bien podían percibir el rastro del omega, su olfato no fue preciso en avisarles que el aroma se volvía más fuerte; sus cerebros lo interpretaron como que eran ellos los que se acercaban al omega, cuando la realidad era opuesta, era Yuri quien corría de vuelta. El leopardo nevado rodeó la montaña y siguió en dirección hacia donde ellos mismos habían dejado a Jean. Emil se sintió, por unos segundos, muy incrédulo.
¡Ese omega estaba buscando su propia muerte!
Emil en serio creía que ninguno de esos dos tontos estaba consciente de que corrían hacia sus muertes.
Pero, de pronto, el sobresalto vino a su corazón. El aroma que quedó se despejó del de Yuri Plisetsky y dos esencias sumamente familiares inundaron su mente en el más alto frenesí. Los reconoció. Y, además, también percibió al más pequeño de los omegas con ellos.
¡Emil! ¿qué te sucede?, maulló uno del grupo, ¡tenemos que movernos!
Sin embargo, Nekola dudó seriamente. Sus patas hicieron el ademán de seguir, pero se volvieron a detener y miró hacia atrás.
Yuri ya se devolvía, ¿no? Y el omega pequeño no era tan importante, ¿cierto?... ¿o tal vez sí?
Su mente, de por sí inestable, de pronto se halló en el dilema más conflictivo. Sala y Michelle corrían frente a él con un niño omega y Yuri Plisetsky al parecer había caído solo en la trampa. ¿Debía decírselo a sus compañeros? ¿Debía seguir al niño omega? ¿Debía, de verdad, encontrarse con Michelle y Sala?
Un miedo y una emoción irrazonable alumbró desde el rincón más profundo de su corazón.
Sus compañeros volvieron a presionarlo.
Emil vacilaba y se hallaba perdido entre el afecto y la lealtad que no podían ir de la mano en su mundo.
¡La lealtad es lo primero!, gritó su mente, ¡la lealtad al clan, la lealtad al líder!
Si hacía bien su trabajo al fin sería recompensado, ¿no? Al fin tendría un descanso, ¿no es así? En cambio, si erraba en su labor, sería seriamente castigado y el líder se enfadaría con él, no habría cese para el dolor, ni recompensas ni descansos. Debía obedecer, ¡debía obedecer, obedecer y obedecer! ¡Ese era su único sentido en ese mundo: obedecer a Jean Jacques Leroy!
Soy leal a Leroy, soy leal a Leroy, Leroy es mi líder, él es mi clan, él es mi líder.
Comenzó poco a poco a cobrar mayor seguridad, sus patas comenzaron a tomar la delantera nuevamente.
Si traía al omega pequeño, entonces el rebaño tras el cual corrían estaría completamente liquidado. Jean le había dicho que no debía pensar en cosas innecesarias, el pasado ya estaba atrás, el futuro era el clan Leroy. Él debía servir bien a su líder. ¡Debía olvidar el afecto y los recuerdos, de ellos no podría vivir!
...
...
Anna no había dejado de llorar desde que su nariz ya no percibía ni a Otabek ni a Yuri. La bebé se deshacía en gritos y llantos pidiendo que brazos específicos la tomaran y pocos segundos se calmaba cuando Sala la mecía contra su pecho sin momento para descansos, solo temiendo que Anna de pronto dejara de respirar por lo ahogada que estaba. Era una adolescente, nunca había tenido en brazos a un bebé, era lógico que no supiera que hacer, mucho menos Mickey. El único niño más pequeño que conocían y sabían tratar era Luka, quien también iba con ellos, mirando angustiado a su hermana envuelta en mantas y aterrorizado mientras Michelle tiraba de su mano para intentar que corriera más rápido.
— Vamos, vamos — susurraba con rapidez. Luka asentía, pero parecía estar apunto del colapso físico.
Sala no detenía sus pies. Veía el perfil de su hermano en un estado de impacto y sufrimiento. Y a ratos, su propia mente decaía en un chocante, oh, ¿cómo es que todo ha llegado hasta este punto? ¿cómo es que seguimos vivos?
¿Acaso seguirán vivos a la mañana siguiente? O peor, ¿siquiera pasarían la noche? ¿Qué hora sería?
¿Por qué piensas en la hora, Sala? Quería pestañear y que al volver a abrir los ojos todo estuviera tal como debería estar: ellos en la mansión Nikiforov, sus padres unidos, la calma en el ambiente, el patio con cielo despejado, las rejas del lugar separándolos a todos del peligro allá afuera.
Sus propios sollozos comenzaron a mezclarse con los de Anna y Michelle solo estiró su mano para empujarla desde la espalda, dándole ánimos para seguir subiendo esa cuesta a pesar de que sus propios ojos se aguaron y tuviera que pestañear varias veces para deshacerse del pesado miedo que él también sentía.
Pensó en Otabek y Yuri, ¿cómo estaban? ¿por qué se habían ido? Aunque conocía la respuesta a esa última pregunta, no dejaba de hacérsela, incrédula a todavía creer en toda esa situación.
Pensó en el clan, en todas las personas que servían a Nikiforov, los fieles que juraron protegerlos a todos. Oh, ¿cuántos de ellos, inocentes, tuvieron que morir? ¿Cuántos? ¿Por qué?
Pensó en Yuuri y Viktor, sus padres, ¿dónde estarían a este punto? ¿estarían bien? ¿Viktor habrá podido proteger a Yuuri? Miró hacia las montañas vecinas con la vista nublada en lágrimas, ¿qué tan allá habrán ido todos? ¿lo habrán logrado? Ellos debieron haber corrido con sus padres, moría en la incertidumbre de no saber de ellos, de no tenerlos cerca a ninguno de los dos.
Pensó en que ella y su hermano eran todavía niños, en que no estaban preparados para esto, era muy duro. Dolía tanto. ¿Podrían proteger a Luka y a Anna?
Debía ser, a lo menos, mediodía.
Todavía quedaba mucho antes de que la luz se extinguiera. El blanco hacía doler los ojos.
Michelle tomó en brazos a Luka quien ya no hacía más que caer y derrapar.
Sala continuó caminando entre llanto y tortura.
No debían detenerse. No ellos. No ahora. Habían prometido proteger a los niños, los hijos de sus amigos.
Michelle miró hacia atrás y vio el bosque que abandonaban por ir en subida; mas no el campo de Xi donde estaba la batalla, solo la punta de la torre y las montañas imponentes que lo rodeaban.
Cuando llegaron a uno de los picos planos de donde escalaban, Sala se derrumbó y destapó el rostro de Anna para que el aire frío calmara sus mejillas rechonchas rojas y bañadas en lágrimas. La meció mientras se enjugaba sus propias lágrimas y, poco a poco, para su suerte, la niña se fue callando, hecha una bola de cansancio por todas las emociones y lágrimas derramadas.
Luka sintió algo de alivio en su corazón al ver que su hermana se dormía y descansó su cabeza en el brazo de Michelle. El alfa le acarició la mejilla.
— ¿Te duele algo?
Luka negó con la cabeza aunque fuera una mentira. Sentía los pies entumecidos y su cabeza ligeramente mareada, le faltaba oxígeno.
— ¿Aquí es suficiente? — preguntó Sala al cabo de un rato.
Michelle, un poco aturdido, dio un escueto asentimiento antes de arrepentirse.
— No...
Los ojos de Sala se ensancharon en alerta y a Michelle se le crispó el cuero cabelludo. No era posible. ¿En qué momento? Se suponía que había ido lo suficientemente lejos como para alejarse de todos los demás. Al costado de la subida solo les esperaba un acantilado antes de proseguir a la cadena montañosa siguiente y si bien había todavía más terreno para seguir escalando, era inútil, ya habían sido pillados.
Sin haber palabras de por medio, ambos lobos jóvenes sabían que ya no quedaba otra opción. Aunque estaban muriendo de miedo, no dejarían entrever nada al enemigo porque habían hecho una promesa. Ninguno sabía lo que en verdad pasaba en sus propias mentes, pero el sentido de la protección y el compromiso estaba insertado en ellos como algo inherente. Sala temblaba y hacía poco había dejado de llorar, pero si de cumplir su palabra se trataba, pues su cuerpo se movió solo y lo hizo.
Pero a medio camino ambos lobos se desarmaron cuando vieron quién había subido hasta su escondite.
Sala sintió que el corazón se le caía al piso y Michelle sintió su respiración congelarse.
No era posible... de todas las personas, ¿por qué él? ¿por qué en ese momento?
A quien menos esperaban ver, era ese quien estaba frente a ellos.
Emil Nekola en su forma de tigre escaló hasta la planicie, aterradoramente impávido y, al ver a ambos antiguos conocidos, un brillo brusco cruzó por su mirada.
El peso del pasado cayó sobre sus hombros y dolió tremendamente cuando vieron a dos alfas más subiendo junto a Emil Nekola a la cabeza. El cerebro de Michelle fue el primero en ponerse a trabajar.
Es un enemigo. Y está aquí por nosotros.
No estaba nada lejano a la realidad.
Pero cuando Emil gruñó a los demás canes para que se mantuvieran en su retaguardia y tomó su forma humana, el pensamiento coherente volvió a abandonar a Michelle. Sala estaba en un estado de impacto al ver al que alguna vez consideraron un amigo, ahora vuelto un hombre grande y devastado. Las huellas de la desnutrición y la locura surcaban en sus pómulos alzados y las ojeras bajo sus inestables ojos que vagaban de Michelle a Sala y de Sala a Michelle con una tenebrosa calma.
— ¿Emil? — Sala intentó tantear terreno, pero en cuanto intentó dar un paso, Michelle la detuvo.
El chico lo supo en cuanto lo olfateó. Sala simplemente aún no caía en ello. Emil ya no era ese Emil.
La mano temblorosa y cautelosa apretó la muñeca de su hermana y, sin quitarle la vista de encima a Emil y acompañantes, le hizo una señal hacia atrás con la cabeza.
— Deja a Anna con Luka — susurró.
El cielo pronosticado no era uno bonito.
Sala vaciló, hecha una maraña de sentimientos encontrados, pero dio suaves pasos hacia atrás donde Luka respiraba todavía agitado y con el miedo sudando por su sien.
De pronto, muy súbitamente, Emil Nekola sonrió.
— Tienen algo que mi líder quiere.
— ¿Y el otro? ¿el rubio? — preguntó otro alfa a su lado. Emil no contestó.
Michelle los vio olfateando como condenados. De seguro buscaban huellas de Yuri y una pequeñísima luz de esperanza se abrió en el pecho del lobo asumiendo que no habían dado con él cuando el omega se devolvió en busca de Otabek.
— Emil — pronunció como quien no quiere guerra. El nombre le dejó un sabor extraño en la boca. La sonrisa de Emil fue, por un segundo, dulce. — No sé qué buscas.
— Está detrás de ti.
A Michelle y a Sala se les apretó el corazón. Mientras recibía a su hermana menor entre sus brazos delgados y amables, Luka miraba sin entender.
Era tan pequeño. Una garra sobre su brazo y se haría añicos. Sala lo miró desorbitada, capturando la figura menuda de Luka en su memoria. Anna lucía aún más insignificante, un montón de telas capaz de desgarrarse ante la más mínima brisa.
— No puedo dártelo — Michelle respondió, su voz un hilillo doloroso. — den la vuelta y váyanse.
Mareado por el peligro, Michelle supo que las palabras que salían de su boca eran un pedido en vano, pero no pudo evitarlo, era por lo que realmente rogaba. Sala tomó su brazo con fuerza, apretando con firmeza, su pecho subiendo y bajando, temblorosa. Lucía como si quisiera fusionarse con su hermano y ambos armar anchos y altos pilares protectores.
Emil no cambió en ningún momento su expresión. Aunque sus palabras fueron crueles.
— Solo es un pedazo de carne hoy, también lo será mañana, ¿por qué lo protegen?
— ¡Es solo un niño! — gritó Michelle, su desesperación fue palpable.
— ¡Es mejor que se lo lleven antes y muera antes! no tendrá que llevar una vida de desgracia, huyendo siempre, porque eso hará el clan Leroy, lo perseguirá por siempre, no hay ningún futuro para él, déjalo ir mientras es un niño, no ha vivido tanto-
— ¡¿Escuchas lo que dices, lo crees siquiera?!
— ¿No me digan que se han encariñado de él? — Emil preguntó con sorna, aunque algo como la incredulidad rozó su tono.
Michelle respiraba con dificultad, ¿qué diablos estaba hablando Emil? ¿dejar que se llevaran a Luka para acabar con su sufrimiento? ¿Su vida era un sufrimiento? ¿como si las manos de Leroy fueran un santo verdugo que acaba rápidamente su trabajo? ¡pura mierda! ¡Lo tomarían a la fuerza, lo harían pedazos, lo quebrarían por dentro y por fuera, estirarían su vida lo más posible hasta quebrar sus huesos y prolongar su respiración para el deleite ajeno!
Por supuesto que querían a Luka, por supuesto que se habían encariñado de él. Era un niño dulce, amable, tan puro y entrañable, ¿cómo podrían no quererlo? el tiempo de conocerse era solo una cuestión ordinaria, quererlo y querer que viviera no dependía de eso. Incluso si era una vida huyendo, ¿qué hay de desgracia en ello? era duro, sí, pero los breves tiempo de paz eran hermosos. Yuri era una prueba de que vivir huyendo no era una desgracia, sino una fortaleza, se requería de muchas agallas y decisión para perseverar en una vida errante, siempre buscando un lugar al que pertenecer, siempre atesorando cada instante de tranquilidad y felicidad.
Luka era joven, tenía muy poca experiencia en este mundo y por la misma razón tenía demasiado por vivir y experimentar. Las personas que lo amaban querían que él disfrutara momentos plenos, momentos libres, momentos para respirar y embellecer el alma.
Michelle quería que Luka viviera todo eso. Sin importar qué.
Sin importar el precio.
Luka debía sobrevivir.
Los labios del muchacho, temblorosos, se abrieron para hablar.
— No te daremos al niño, déjanos entregarte otra cosa.
Sara miró atentamente a su hermano, curiosa por lo que pasaba por su cabeza.
— Es-es pequeña — su voz empezó a temblar — pero es valiosa…
Los compañeros alfa de Emil miraron interesados, también se habían percatado de una cuarta persona en este peculiar grupo.
— ¿Mickey, qué…?
— ¡Es una leoparda nevada y es una omega! — exclamó con la voz quebrada — a cambio de Luka, ¡llévatela a ella!
La mirada en Emil cambió.
Sala sintió su cuerpo frío y paralizado cuando sintió cómo su hermano zafaba su brazo con brusquedad de su agarre. Trastabilló hacia atrás, con estupor.
¿Qué?
— ¿Mickey? ¡M-Mickey!
— ¿Una bebé omega? ¿cómo puedes saberlo…?
— ¿Jean no nos avisó sobre esto? — preguntó uno de los alfas a Emil, este lo miró igual de confundido.
Para ser pequeño y no entender la palabra traición, Luka sintió el desolador vacío cuando Anna fue arrancada sin compasión de su pecho. Exclamó asustado por la poca delicadeza con la que nunca antes Michelle lo había tratado.
— ¡A-Anna! — sollozó, estirando sus brazos hacia Michelle, solo recibiendo un frío empujón que lo hizo caer de trasero a la nieve — ¡Mi hermanita!
— ¡Quédate ahí! — comandó Michelle, notando cómo el corazón de Luka se rompía cuando le enseñó los dientes de forma amenazante. Sus ojos cristalinos se llenaron de lágrimas aterrorizadas y sus labios hicieron un puchero.
— ¿Quién es ella? ¿acaso…?
Michelle asintió hacia Emil.
— De Yuri Plisetsky y Otabek Altin. Yuri dio a luz hace unas semanas en la base, su embarazo era un secreto de pocos. Es pequeña, pero es muy valiosa.
Sala miró todo de manera incrédula. Su hermano no podía decirlo en serio, simplemente no podía . Michelle era bueno, era de corazón torpe, pero noble. Tirar a las fauces a un hermano para salvar a otro… Sala se abalanzó sobre él.
— ¡Qué haces! ¡Es de Yuri! — pidió como si fuera lo más lógico de decir. Y es que Anna no era de ellos, ¡ellos habían prometido a Yuri proteger a sus hijos! ¡ambos!
Michelle la miró tan duro como pudo durante unos segundos, advirtiéndole que soltara su brazo, advirtiéndole algo más profundo también. Sala lo miró desorientada, soltándolo poco a poco con una mirada desgarradora.
El llanto de Luka era desolador y difícil de no escuchar. Sollozaba tan alto que las montañas bien pudieron haberse derrumbado con su dolor. Pedía el nombre de su hermana pequeña, pedía el nombre de Michelle y cuando ninguno funcionó, llamó a Sala estirándole los brazos, esperando a que lo vinieran a recoger.
Los labios delgados de Sala temblaron al escuchar al niño llorar, sus propios ojos se llenaron de lágrimas, pero no podía correr hacia Luka y tomarlo en sus brazos como ella y su hermano estaban acostumbrados a hacer. Solo podía mantenerse en su lugar para asegurar otra pared protectiva sobre él. Y al verse ignorado por la chica también, Luka lloró con más ahínco, desgarrando su garganta, desacostumbrado al trato frío y estoico de Michelle y Sala.
Uno de los alfas hizo una mueca de asco ante las lágrimas y los mocos del infante. Su olor era ciertamente agradable para la nariz, pero su voz rota y su expresión sucia le resultó desagradable.
— Maldito mocoso malcriado — maldijo al verlo rogar por alguien que lo sostuviera.
Michelle apretó la mandíbula, pero no dijo nada.
— ¿Cómo puedo creerte? — preguntó de pronto Emil, sin quitar los ojos del bulto entre mantas azules.
El joven lobo rodeó a su hermana por el lado del acantilado y se detuvo a una distancia prudente del enemigo. Con manos temblorosas destapó la cara de Anna quien empezaba a despertar de su sueño post llanto.
Su quejido tierno al interrumpir su breve lapso de paz hizo una grieta en el corazón de los hermanos Nikiforov. Michelle descubrió su cabeza y entonces dos algodones apenas manchados se asomaron entre la pelusa de sus cabellos azabaches.
— Huele extraño — dijo uno de los alfas con total asombro, nunca antes había olido a un híbrido como este.
— ¡Las encías! — exclamó el compañero de Emil, este lo miró, sorprendido — ¡la forma de las encías dan pistas del segundo género!
Emil volteó hacia Michelle con los ojos brillantes.
— ¡Muestra las encías! — ordenó extasiado por el descubrimiento, oh, cuando Jean se enterara de esto no cabría de satisfacción. Emil se sintió mareado de felicidad.
Oh, divinidades, una leoparda de las nieves omega, Yuri Plisetsky realmente sabía cómo trabajar bien.
Michelle lo miró confundido. No entendía del todo cómo funcionaban esas cosas, no sabía de anatomía, ni medicina, ni nada de eso. Sin embargo, cuando el alfa se acercó hacia él, se tensó.
— ¡N-No te acerques! — advirtió Sala, pero fue ignorada.
Michelle intentó componer su respiración.
— ¡T-Te mostraré, pero- alto ahí! — apretó a Anna contra su pecho cuando el hombre desconocido estuvo a un brazo de distancia de él.
Emil observó todo con grandes ojos, expectante. Michelle le dirigió una mirada angustiada.
El llanto de Luka podía poner los pelos de punta y en esta situación, no ayudaba demasiado. Los Nikiforov se sentían demasiado inquietos e incómodos, amenazados y angustiados a partes iguales.
Anna soltó un quejido, queriendo corear a su hermano. Michelle aprovechó ese instante para empujar torpemente su labio superior para mostrar su encía.
El alfa enemigo se inclinó intrigado, intentando obtener una mejor vista. Sin embargo, el hombre empezó poco a poco a fruncir su ceño dándose cuenta de la verdad.
Michelle tragó en seco y no perdió movimiento alguno del alfa frente a él. Cada marca en su rostro, cada pestañeo, su nariz aguileña, el lunar en su pómulo izquierdo, los labios separados con la concentración, la arruga entre sus cejas.
Michelle notó cuando lo supo, cuando supo que él mentía, cuando se percató de que Anna no era una omega.
Elevó los ojos hacia él e hicieron contacto visual. Michelle aguantó la respiración.
Y se movió. Tan rápido como si jamás hubiera estado temblando.
— ¡Ugh!
La patada en la entrepierna del hombre no solo fue dolorosa, sino que fue con impulso. Michelle lanzó al hombre por el acantilado en un pestañeo sin un último grito por parte del muerto, sin siquiera un último sonido reventado al enterrarse al final de la caída.
— ¡SALA!
Emil rugió con ira cuando la atmósfera fue rota con tal brutalidad.
Las negociaciones habían acabado.
Sala tomó a su híbrido con una destreza natural y cubrió a su hermano como pudo, lanzándose directamente hacia Emil. Michelle aprovechó esos segundos para correr hacia Luka. El niño estaba hecho trizas y ni siquiera cuando su hermana fue devuelta a su pecho pudo recuperarse. El corazón de Michelle dolió al verlo en ese estado, pero debía apoyar a su hermana
Sala fue empujada rápidamente a un lado. Era una loba joven sin mucha experiencia directa en pelea, pero tanto ella como su hermano estaban dispuestos a dejar todo en este lugar con tal de proteger lo que les fue confiado.
Apenas Emil quiso dar zancadas hacia Luka, Michelle volvió a entorpecer sus planes y le cerró el paso. Sala se puso de pie rápidamente y se sacudió, corrió hacia el otro alfa restante, un chacal con el mismo tamaño que el de ella que intentó adelantar por un costado hacia Luka. Se lanzó sobre su espalda y le mordió ferozmente una oreja, rasgándosela en dos con sus colmillos.
El alfa aulló de dolor e intentó sacársela de encima. Sala no lo soltó, terca, sus garras clavadas en sus omóplatos. Abrió sus fauces y volvió a morder su oreja restante, triturándolo con dolor hasta sentir la sangre nauseabunda en su boca.
Emil, por otra parte, miró fijamente a Michelle cuando defendió el espacio del niño omega con tanta agresividad. El tigre siberiano lució un poco confundido cuando el lobo lanzó dos tarascones amenazantes hacia él para hacerlo retroceder. Y aunque no fueron efectivos, Emil levantó una pata con duda.
El aullido adolorido de Sala llamó la atención de ambos y voltearon hacia la chica que había sido azotada contra el piso. Emil hizo un atisbo de moverse hacia ellos, pero aulló por el ardiente dolor que le provocó unas mandíbulas encajándose al costado de su cuello. Ese ataque lo hizo salir de su trance. Ese ataque lo hizo entrar en razón.
Dio zarpazos hacia el lobo para que lo soltara y se paró en dos patas para que la diferencia de tamaños hiciera que Michelle se soltara por quedar flotando en el aire.
¡Michelle! rugió furioso.
Michelle se plantó firmemente para lo que viniera a continuación, no sin un peso en el pecho. Vio lo que su mordida provocó en el cuello de Emil y la sangre espesa manchando su pelaje. No era una herida letal, pero sí lo suficientemente dolorosa. Los ojos de Emil se volvieron locos, hundiéndose nuevamente en una bruma de lealtad claramente no hacia ellos.
Emil atacó con sus patas, intentando agarrarlo por el pescuezo desde el frente. Un ataque bastante osado y confiado. Michelle temió. Intentó esquivarlo, pero una de las patas le hirió el costado de las costillas y chilló.
¡Es inútil luchar, le llevaré el mocoso a Jean sea como sea!
Michelle se puso de pie cojeando por el dolor. Escuchar ese nombre en boca del que fue un antiguo amigo, lo espantó. Ver en lo que Emil creía y servía, dolió aún más. Lucía dispuesto a todo con tal de llegar con Jean, con tal de contentarlo. Sin embargo, no se veía del todo cuerdo. ¿Era este el tan hablado devoción por miedo al clan Leroy? Michelle deseó poder haberlo visto en cualquiera, menos en Emil. Deseó poder desmentir las palabras de su padre cuando les dijo que Emil ya no era más el Emil que conocieron. Ahora podía entender completamente a lo que se refería.
Cuando Emil lo cogió nuevamente, lo hizo sin compasión y por el lomo. Enterró sus dientes como si jugara con un peluche de felpa y lo lanzó a un lado.
Michelle lloró y sintió su espalda arder, un calor atroz que hizo a sus extremidades temblar. Pero sus sentidos se dispararon cuando escuchó a su hermana llorar desesperadamente, atrapada bajo el chacal que intentaba romperle el cuello. Sala pataleaba intentando huir con una oreja menos. Michelle se horrorizó con la vista y reaccionó como pudo, corriendo para ayudarla.
Emil lo siguió rápidamente, Cuando Michelle embistió por un costado y mordió el cuello del chacal desprevenido, él también sintió que un gran felino se le lanzaba por la espalda.
Sala se retorció hasta salir de su vulnerable posición y sin pensarlo dos veces se volvió para morder bajo el brazo de Emil, el primer lugar que tuvo al alcance, esa piel elástica y movible que fue fácil de triturar con sus colmillos. El tigre se sacudió por el dolor y soltó por unos segundos a Michelle para hacerse cargo del molesto obstáculo que representaba Sala.
Michelle no soltó el cuello de chacal incluso cuando ambos cayeron jadeando de dolor en la nieve. Apretó y apretó más fuerte hasta que tragó sangre y la carne memorizó su mordida. Se mantuvo ahí como un cocodrilo aguardando que su presa estuviera lo suficientemente inmóvil como para dejarla sumergirse en aguas nevadas.
¡No lo toques! ¡Emil, no lo toques!
Michelle, mareado, levantó la cabeza una vez más.
Sala ladró desconsolada, el pelaje negro de su cabeza estaba bañado en sangre espesa y caliente que brotaba de su oreja faltante.
Emil se acercaba a Luka y volteó a mirarla, jadeando. Tomó su forma humana y suspiró.
— Les dije que me lo llevaría — dijo aclarándose la voz, tomando de un brazo a Luka y empezando a arrastrarlo por el piso — les dije que lo haría, ¿por qué se sorprenden?
Su voz dulce y tranquila fue un paralelo abismante contra sus ojos cansados y muertos.
Luka no soltó a Anna y jamás dejó de gritar y llorar. Mientras era arrastrado, pedía una vez más ayuda hacia Sala y Michelle.
Sala intentó detenerlo, pero estaba cansada por la hemorragia que recibió una patada en las costillas fácilmente.
Emil la miró hacia abajo con una mirada compleja.
— Por favor, déjenme ir.
Si no llegaba con el niño, Jean no estaría feliz. Si Jean no estaba feliz… Emil sabía las repercusiones.
Aún así, su voz sonó lamentable. Se quedó mirando a Sala unos segundos, viendo cómo ella tomaba su forma humana y volvía a caminar tras él. Fue como si eso fuera exactamente lo que había pedido: no deben detenerme, pero por favor, deténganme.
Las lágrimas cayeron por las mejillas de muchacha. Todo su cuerpo dolía. Se agarró al brazo libre de Emil y lo jaló hacia atrás. Intentó tocar a Luka, pero Emil se lo arrebató de su alcance, mangonéandolo como si fuera un muñeco de trapo insignificante.
— Por favor, no te lo lleves — rogó Sala — no te lo lleves, Emil, por favor, es pequeño, está asustado, su familia lo está esperando, no te lo lleves.
— Mi familia también lo está esperando — refutó Emil con frialdad.
— ¡Ellos no son tu familia! — gritó Sala, histérica — ¡son un montón de salvajes, ellos no saben lo que es ser familia, no son tu familia, Emil abre los ojos, maldición!
Pero el tigre de bengala no dijo nada y solo miró cuando notó que algo se había arrastrado hasta sus pies. Michelle tomó con ambas manos su tobillo, un agarre inútil.
Emil no dijo nada por unos segundos. Su mano clavada en el brazo de Luka, creando un feo hematoma en la piel pálida del niño.
— ¡Sala, Sala! — sollozaba el niño con su hermana gritando entre las mantas.
El tigre miró el cielo nublado, distraído, como un niño buscando formas en las nubes o faisanes gordos y deliciosos. Pero este desolador paisaje no le ofreció más que pabellones grises sin luz ni esperanza.
— Es inútil — dijo desesperanzado — creo que siempre me seguirá a todos lados.
Emil bajó los ojos, pero no miró a ningún lobo de los que alguna vez le ofreció amistad y calidez en el corazón. Esos tiempos le parecieron, de pronto, muy lejanos, vistos a través de una cortina que no lo dejaba recordar con demasiada claridad.
Emil jaló su brazo para quitarse a Sala y pateó para deshacerse de Michelle quien empezaba a recomponerse. Empezó a alejarse a paso lento.
— ¡Emil! — gritó Michelle — ¡Emil! — más fuerte.
Pero él no volteó, olvidando lo querida que alguna vez fueron las voces a su espalda, haciendo oídos sordos al inocente que arrastraba.
Debía volver con Jean.
La nieve se hundía con cada pisada que daba y volvió a mirar al cielo, pero las nubes no cambiaban. Solo un punto blanco se movía curiosamente, descendiendo rápidamente en picada.
Emil no comprendió lo que era en un inicio, pero de pronto, abrió grande los ojos. Era su idea ¿o esa cosa venía hacia él?
— ¡Maka!
Maka sobrevoló los cielos hasta hallar caras conocidas. Cuando las halló, bajó hecho una furia y cargó contra el enemigo desconocido.
— ¡Agh, qué- mierda! — Emil intentó protegerse con sus brazos de los salvajes picotazos.
Las garras de Maka se clavaron en su cabeza y rasgó su cara. Se alejó para esquivar los manotazos y luego volvió a la carga.
Fue entonces cuando Emil fue embestido desde su retaguardia. Un peso lo empujó hasta caer de costado e intentó desesperadamente y a ciegas agarrar a cualquiera a su alcance, fuera pájaro o perro.
Con sus últimas fuerzas, Michelle volvió a empujarlo más fuerte, allá donde el acantilado estaba.
— ¡Lo siento! — gritó con voz adolorida — ¡lo siento!
— ¿Qué? — Emil intentó ponerse de pie, pero Maka le había rasgado un ojo y era doloroso abrirlo.
Recibió otro empujón, sin embargo, antes de perder el equilibrio y derrapar, Emil tomó fuerte el brazo de alguien y ambos empezaron a resbalar por la orilla.
El grito histérico de Sala fue aterrador. La chica se lanzó al suelo desesperada al ver cómo Emil intentaba llevarse a su hermano semi moribundo con él hacia la caída del acantilado. Manoteó la nieve hasta que lo único que pudo agarrar firmemente fue la muñeca del enemigo.
La loba empezó a gritar desesperada por el peso de los cuerpos resbalando y cuando ambos quedaron en el aire, empezó a ser presa del pánico, ¡sus brazos no tenían demasiada fuerza para resistir a los dos, pero era Emil quien sostenía el cuerpo de su hermano!
— ¡Mickey! ¡Mickey! — gritaba raspando su garganta.
— ¡No lo voy a soltar! — gritó de pronto Emil, jadeando asustado, intentando calmar a Sala — ¡No lo voy a soltar, Sala!
La cara de Sala se puso roja rápidamente, sus manos frías se apretaban como dos grilletes a la muñeca de Emil y si no fuera porque sus pies se arrastraron lo suficiente como para quedar anclados a la nieve, ella también estaría resbalando a su caída.
— ¡Mickey! ¡Mickey! ¡Emil, sube a Mickey! — gritaba horrorizada.
Michelle estaba demasiado cansado como para hablar, en un estado de letargo, solo elevó la cabeza y miró a Emil y a su hermana hacia arriba.
— ¡Intenta escalar sobre mí! — le dijo Emil.
Michelle creyó eso un gran esfuerzo. Tragó pesado, sentía la cabeza afiebrada.
— ¡Mickey escala! — exclamó Sala.
— Eso intento — murmuró Michelle.
Subió su otro brazo para afianzarlo al agarre de Emil. Empezó a intentar trepar por su brazo, el tigre de bengala parecía realmente angustiado por verlo ser tan lento y torpe en sus movimientos.
Con demasiado esfuerzo y con la herida de su espalda ardiendo, Michelle subió con una mueca dolorosa. Cuando alcanzó su cuello, Emil lo sostuvo con un brazo por la cintura y el muchacho descansó un poco por el sobreesfuerzo. Tenía una mueca dolorosa en su rostro y el ceño fruncido, a ratos arrugaba la nariz, preso por el dolor físico.
— ¡Más rápido! — pidió Sala — ¡no puedo soportarlo mucho más!
Michelle apretó los dientes y Emil lo ayudó a impulsarse hacia arriba.
Sala ahogó un quejido cuando su hermano -pisando los hombros de Emil- escaló por su cuerpo malherido también. Cuando Michelle estuvo a salvo, se recostó a un lado de su hermana, obligándose a no cerrar los ojos porque temía desmayarse.
Emil lució sumamente relajado cuando solo fue él colgando en el acantilado. Miró hacia abajo, las varias decenas de metros que le aguardaban, y de alguna manera se sintió confortado. Tan ligero como ahora flotaba, sintió la brisa fría atravesar su cuerpo y un alivio fresco se cernió sobre él.
Pero de pronto, sintió otro par de manos en su muñeca y miró hacia arriba. El tigre de bengala los miró confundido y quiso sonreír por la dulzura que le provocaba Sala y Michelle.
— ¡Emil, ahora tú! — avisó Sala.
Sin embargo, la chica dio un grito cuando Emil retorció su muñeca de entre el agarre de los hermanos.
— ¡Emil qué haces!
El alfa preguntó de vuelta.
— ¿Qué están haciendo ustedes?
Sala frunció el ceño. Ahora que solo era un cuerpo, podía soportarlo mucho mejor, más si su hermano era quien ayudaba.
— ¡Espera, te jalaremos!
Emil negó con la cabeza.
— No — dijo, balanceándose para hacerles la tarea más difícil a los hermanos — el yo de ahora es solo un momento de lucidez, no confíen en mí.
Michelle tragó y supo a lo que se refería. Sala no.
— ¡Podemos solucionarlo, ven con nosotros! ¡Deja a Leroy, solo ven con nosotros! — dijo Sala.
Emil la miró con grandes ojos por tal ofrecimiento, por una resolución de paz y redención. Pero qué ridículo sonaba, ¿acaso sería aceptado en el clan Nikiforov? la sola idea lo hizo reír secamente. Viktor Nikiforov lo odiaba ¿Y qué pasaba con todo el daño que acababa de provocar a los hermanos y a esos niños? ¿el daño a Yuri Plisetsky? E incluso si hubiera una mínima posibilidad de huir, de ser aceptado…
— No, Sala, no puedo ir — dijo negando con la cabeza, explicando dulcemente como quien enseña con paciencia y vocación a un niño duro de cabeza.
— Emil… Mickey y yo podemos ayudarte a huir — sollozó la chica, sus mejillas aún rojas por el esfuerzo — si quieres hacer las cosas de nuevo, ¡podemos empezar de nuevo! ¡en un lugar seguro!
Michelle empezó a llorar nuevamente, sabiendo que lo que decía su hermana era imposible, pero no teniendo el corazón para decírselo.
Emil sonrió, una sonrisa tan suave como siempre.
— Volvería con él — admitió lo peor, lo sabido — si voy con ustedes, yo sé que en algún momento volveré hacia él, o él me encontrará o yo volveré con él, nunca podré deshacerme de él, mi mente… mi mente no está bien, Sala, yo siempre sentiré la necesidad de volver hacia Jean.
Porque Emil estaba tan condicionado a una vida dependiente de un líder tirano que le daba comida, techo y valor a su vida; tan condicionado que no sabía pertenecer a sí mismo, no sabía no seguir a Jean. Estaba en su sangre, en sus ancestros, lo hicieron aceptar que estaba en su naturaleza, Jean era la sombra de su mente y Leroy era el fantasma que lo perseguiría siempre.
— No… — lloró Sala — por favor no, quédate…
— Lo siento — dijo Michelle nuevamente — lo siento, Emil.
Emil los miró con cariño, con los ojos claros y sin nubes borrascosas y sintió que una parte de su corazón que creyó haber matado hace mucho tiempo, volvía a florecer. Podía florecer ahora, un último instante, sin ser juzgado. Sintió con amor que, de un momento a otro, este par y él volvían a ser niños, Michelle y Sala con sus corazones heridos y él un mocoso entrometido listo para intentar salvarlos.
— Lo siento, lo siento.
— No, lo que hiciste fue lo correcto.
Emil sintió sus ojos picar.
— No puedo… no quiero quedarme — admitió en un susurro herido — discúlpenme a mí.
Pero esta vez los papeles se intercambiaban. Eran Sala y Michelle intentando salvar su corazón maltratado, pero eso no estaba bien, no era lo correcto, no era lo posible. La mente de Emil estaba dañada y su alma perturbada desde la raíz. Recaería en cualquier momento en su neblina, su mente le fallaría y su miedo le ganaría.
A diferencia de la candidez de Sala y Michelle para sanar, Emil no tenía salvación ni perdón en este mundo.
— Vamos, déjenme ir.
Mucho menos tenía voluntad, la había perdido hace mucho tiempo.
Marcharse para siempre era su única manera de liberación. Dejando vivir a Michelle, Sala y esos dos infantes inocentes podría ser su única redención y solo podría cumplirla a través de la muerte.
Sala sollozó más fuerte, sus manos temblorosas, todavía no pudiendo dejarlo partir. Michelle se disculpó una vez más.
Emil sintió las lágrimas bajando por sus mejillas frías, aunque intentó reír. El rostro risueño y el llanto feo. Las mismas caras, las mismas muecas. Algunas cosas realmente no cambiaban, pero eran igual de entrañables y amadas que en el pasado.
Michelle y Sala escucharon de pronto el grito de Anna a sus espaldas y algo súbito los jaló hacia la realidad.
Un recuerdo lejano, otra voz amada:
Tenemos que escoger a qué lado pertenecemos, escoger a quién o quiénes queremos proteger.
Las palabras de su padre salieron a brote y los caló hondo.
— Luka…
Sala miró con sus ojos idos a los pequeños hermanos a su espalda.
Todos en el clan, quedamos pocos, pero somos una familia y estamos cuidando a personas muy frágiles.
Michelle vio a Luka y a Anna llorando. El rostro del niño estaba enrojecido y completamente mojado. Abrazaba a su hermana como si fuera lo último que le quedara en el mundo.
Se han hecho muy amigos de Luka por lo que he visto, ¿no? él es pequeño, no entiende sobre la mayoría de las cosas que están sucediendo a su alrededor.
Oh, él debía estar tan aterrado. Tan solo.
— Deben irse ustedes también — dijo Emil — corran a las montañas, iban bien encaminados, allá abajo es un infierno, no vuelvan.
Michelle volvió su mirada hacia él. Sala apretó los ojos un par de segundos, intentando respirar, intentando hacer lo correcto.
No estoy queriendo decir que reemplacen a Emil ni olviden lo que alguna vez significó para ustedes, solo quiero que no olviden que el tiempo pasa... y las personas cambian y se van, pero siempre llegan otras más.
— Denme coraje — pidió Sala en un susurro herido, quién sabe a quién, quién sabe hacia dónde. Sus manos empezaban a resbalar.
— Ustedes son tan buenos, por favor huyan lejos.
Michelle apoyó su frente contra la cabeza de su hermana y frotó para confortarla.
Vamos, ahora. Hay que irnos. Todos.
Sala ahogó un grito y sus manos finalmente cedieron. Las manos de Michelle resbalaron también por las ropas y la sensación caliente se quedó en la punta de sus dedos.
Las manos frías de Sala dolieron por la fricción liberada y Michelle ya no pudo flexionar sus dedos agarrotados.
El último pedazo que representó su infancia, cayó hasta lo profundo del acantilado con ojos agradecidos y amorosos. Ese, sin duda, fue el Emil que conocieron.
Hola, volví (después de mil años y una pandemia)!!
Hace varios años que había dejado este fanfic en hiatus :( solo porque aunque siempre supe cómo terminaría, escribirlo era muy difícillllll, disculpen, hasta a mí me abrumaba la cantidad de personajes, la cantidad de pov, la cantidad de hechos que ocurren simultáneamente, etc, etc. De hecho, para volver a escribirlo tuve que leerlo tooodo de nuevo porque habían demasiadas cosas de las que no me acordaba.
Y no les voy a mentir jsjsj empecé esta historia teniendo 16 o 17 años Y AHORA TENGO CASI 24- AAA imagínense tener que leer algo suyo que escribieron siendo adolescentes, fue vergonzoso leerme porque recordaba esta historia tediosa y con muchas inconsistencias... imaginen mi sorpresa cuando empecé a leerla de nuevo y, girl??? no era tan mala?????!!!!! me demoré tres días en leerla toda y qué? solo encontré dos o tres inconsistencias pero muy mínimas!! solo era yo autosaboteándome!!
Y claro, revisando esta cuenta después de largo tiempo, descubrí que hay gente que continuó leyéndola y dejaba comentarios, o la marcaban en favoritos o siguiéndola, eso me dio muchísima pena así queeee decidí retomarla.
Seré sincera, no sé cuánto demore en terminarla, pero quiero hacerlo, sacando cuentas solo quedan unos 10 capítulos o quizá unos 15 (a lo mucho) para terminarla. Si mi yo de 17 años pudo ponerle amor y empeño a esta historia, por qué mi yo de 23 no va a poder acabarla?
A quienes sigan leyendo esto, deséenme suerte!
Muchas gracias por leer!!
