A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.
Salmo 28:7 Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.
Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.
Cuando te dije adiós y te deseé felicidad con otro.
-No volveré a ser maestra. Lo he pensado mucho Kakashi kun y no quiero.
Me confesó en un chequeo durante aquellos días cuando aún estaba bajo sus cuidados, poco después de que Rin muriera y yo empezara a ir de misión.
-¿Por qué?
-Es…muy doloroso- y sus ojos aún temblaron y yo leí el recuerdo de Rin y Obito en ellos.
-Hum…tal vez con el tiempo lo revalore y…
-No- dijo de lo más segura, interrumpiéndome rápidamente -. No lo haré. Por el momento seguiré en el hospital hasta que se normalice todo, después quizá comparta equipo, tal vez incluso contigo- y me sonrió y yo le correspondí asintiendo igualmente esperanzado -; pero…no volveré a ser sensei, ¿qué opinas?
-Hum, si así lo desea, creo que está bien. Al menos seré único por eso.
-Kakashi kun, tú ya eres único y no es solo porque sea tu maestra- y me tocó la nariz con la punta del dedo, justo como el día cuando la conocí. -. Siempre lo has sido sin necesidad de que nadie intervenga.
Ella río, y pensé que al menos su sonrisa ya estaba un poco más similar a la que era antes.
-Tu sharingan aparentemente está bien (ya puedes cubrirlo), pero debes seguir teniendo los cuidados que te he mandado (por favor hazlos, no solo digas que los haces); lo mejor sería que descansaras un poco más de tiempo para ultimar detalles con tu ojo y otras cosas, pero en vista de que ya no puedo tenerte más tiempo aquí sin que me regañen, puedo autorizar que sigas con tu trabajo, no habrá casi ningún contratiempo.
-Hum- asentí feliz.
Konoha no podía darse el lujo de permanecer mucho tiempo sin actividad. De esa forma, recién podíamos regresar a combate se nos llamaba para reiniciar nuestras labores. La encargada de formar alianzas y "proteger" nuestra aldea fue la concejal Tsunade, a quien gracias a su gran trabajo fue llamada Hokage.
-Pero debes prometerme que harás todo para cuidar de tu integridad física y vendrás a revisión en tiempo y forma.
-Hum- asentí de nuevo.
-Y claro, venir a verme apenas llegues de tus misiones y ser un buen compañero de la gente con la que te toque trabajar.
-Sensei…
-Tienes que hacerlo. Es parte de…pues…de seguir adelante, por decirlo de alguna forma- me tomó el rostro entre sus bellas manos, mirándome con aquella mezcla de ternura y tristeza -; prométeme que cuidaras de ti.
-Ya lo he hecho- dije tratando de no sonrojarme mucho y agradecí haberme colocado la máscara.
Así estuve varios meses, participando en toda clase de misiones, sea en solitario o con mi nuevo amigo-rival Gai, quien resultó ser extraña y sorpresivamente más eficiente y apto de lo que yo imaginaba; él era de los pocos que lograba "aceptar" como compañero de equipo.
-Sí, lo sé, pero quería escucharlo de nuevo-, dijo con una prudente sonrisa, me palmeó el rostro y, a diferencia de otras ocasiones, me dio un beso en la mejilla, o al menos eso pensaba hacer, porque en el último instante me moví incomodo por su acción, provocando que me besara los labios sobre la máscara.
El corazón se me aceleró y estuve seguro de que ella lo notó, pero no dijo nada.
–Lo siento, no...- argumentó ruborizada.
De alguna manera aquello me aceleró el ritmo cardiaco, hacía mucho que deseaba besarla nuevamente, más aún, provocar su rubor. Afortunadamente se alejó de mí y evite dar el profundo suspiro de alivio que deseaba.
-Bien, eso fue…incomodo- dijo entre risas bajas, mientras se golpeaba la cabeza ligeramente con el puño -; fue un accidente. Espero y me disculpes.
Asentí -¿Cómo puede disculparse por besarme?- pensé con diversión.
-Afortunadamente traías tu mascara. –siguió incomoda, yendo a guardar su equipo en el estuche -Espero y no haber sido un mal primer beso- bromeó.
-Hum…no lo fue y en realidad tampoco fue el primero.
-¿Qué?- dijo sin girar.
-Que en realidad no fue mi primer beso- confesé con un extraño valor. Tal vez era que desde muchos meses atrás no era tan feliz.
-¿De verdad?- dijo extrañada –Bueno, es un poco decepcionante, pero también reconfortante- bromeó, o eso pareció, se acercó con jeringa en mano y me inyectó sin siquiera avisarme, o al menos no recuerdo que lo hiciera, fue demasiado rápido -; no me gustaría haberte "robado" tan bonita y tierna experiencia.
De alguna manera logré evitar sonreír al pensar que se equivocaba, pues realmente ella si fue la primera persona que besé y que me besaba. Se lo confesé años después.
-Seré más cuidadosa la próxima vez- me dijo sonriéndome a la par que el doloroso liquido atravesaba mi piel -. No volverá a pasar.
Seguía evadiendo su cara, aun con el corazón latiendo fuertemente ante el recuerdo efímero de su beso. Pedí que no se cumpliera lo que me prometía, afortunadamente no se cumplió, desafortunadamente tardó algunos años más de lo que hubiera querido.
-Listo, esto es todo por hoy, puedes irte. Por favor Kakashi kun, prométeme que vendrás a verme apenas llegues de misión- me pidió repetidamente apenas terminó con su trabajo.
-Hum, si, Haruno sensei.
Cada vez que salía a misión me pedía lo mismo, con su misma cara cansada y angustiada, yo asentía o decía un sí, entonces ella se inclinaba un poco y me abrazaba, lo que me recordaba aquel agridulce momento que compartimos en el funeral de Rin.
-Cuídate mucho, y recuerda la promesa que me hiciste.
-La recuerdo, Haruno sensei.
-"Prométeme que estarás bien ¡Promételo! ¡Por favor!"
Así eran nuestras despedidas. Cuando finalmente volvía, no podía evitar regresar con ella, era una promesa, además claro de que moría de ganas de verla y saber que estaba bien. Sabía dónde encontrarla: en el hospital. Rara vez salía, decía que tenía mucho trabajo y que ya tendría tiempo de descansar. A pesar de eso, siempre se daba un tiempo para estar conmigo.
Cada vez que regresaba era la misma historia a pesar de que pasaran semanas o meses desde que la veía por última vez.
-¿Cómo te fue?, ¿estás herido? ¡Cómo te hiciste esto! No es posible que te manden a misiones de alto rango, hablaré con Tsunade shishuo. ¿Seguiste mis recomendaciones?, ¿has tomado tus medicamentos? ¡Por qué nunca me haces caso!
Preguntas y diálogos como esos era con los que me recibía a mi llegada, o los que me daba mientras me revisaba. Se volvió exageradamente cuidadosa con mi salud, al menos así lo sentía; siempre fue estricta con eso, y yo siempre solo he sido…normal para esa clase de cuidados, no "irresponsable", "tonto", "descuidado" y un largo etcétera de adjetivos que usaba, y aun usa, para describirme.
-Supongo que es por lo de Obito y Rin- pensaba mientras la veía en un ir y venir sobre mí al analizarme. Todavía creo que la muerte de ellos dos es la razón por la cual se volvió estrambóticamente exigente conmigo.
En otra ocasión se molestó tremendamente solo porque no acudí "inmediatamente" a tratarme una herida algo "seria"; sus exagerados y maternales cuidados esa ocasión provocaron volver a nuestras rencillas.
-¡No vuelvas a cometer semejante barbaridad!, ¡eres solo un niño!
-Tenía que seguir el protocolo de la misión y…
-¡Misión y una mierda!- gritó enfurecida, suspiró -, perdona Kakashi kun, no quise ser grosera (no vayas a copiarme), es que…yo…- negó con la cabeza y reinició su labor de sanarme la herida del pecho -, debiste atenderte antes. Cierto que te he pedido que vengas conmigo apenas llegues de misión (algo que debes hacer sea cual sea tu estado), pero eso no quiere decir que tienes que esperarme a mí para curarte heridas como estas.
-Sensei, estoy bien.
-No, no lo estás.
-Perdone, pero sabía que no era tan grave, al menos no lo suficiente como para evitarme cumplir con el objetivo, sabía que podía esperar hasta llegar con usted.
-A eso me refiero con decirte que no estás bien- me miró enojada de tal manera que tuve que retirarme un poco hacia atrás –. Mira, yo no creo en ese "protocolo" que dices, está bien que uno tenga deberes y normas y todo eso que te enseñan en la academia de ser un buen ninja y bla bla bla, pero…- sus ojos se suavizaron y me miró con esa ternura de siempre, esa que me daba un desasosiego incomodo, casi como si sintiera lastima por mí, seguía sin gustarme -, pero, nada vale más que tu vida. ¿Entiendes?, nada vale más que una vida; recuerda que si algo te pasa no solo sufrirías tú, también personas que te aprecian, personas que te necesitan- sus ojos se entristecieron y su voz bajó -, tu familia y…
-No tengo familia ni amigos, sensei- murmuré.
-Tal vez, pero Kakashi kun, me tienes a mí. ¿Crees que no me dolería perderte?
-Sensei…
-Por favor, cuídate. No deseo volver a pasar por…- se incorporó y sus manos temblaron, tomó unas vendas y empezó a envolverme en ellas -. Sólo cuídate, sino lo haces por la gente que te espera, entonces hazlo por ti, regálate eso mínimamente. Eso de que la gente que interpone su integridad o los suyos antes del cumplimiento de una misión o romper las reglas son personas sin honor no es del todo cierto, de hecho, creo que suelen ser más valientes que el resto, como tu padre, por ejemplo, todos creen que él…
Calló repentinamente y se incorporó caminando dos pasos atrás. Se quedó mirando un punto indeterminado, quizá sintiendo el tenso ambiente que se instaló apenas comenzó hablar de honor, muerte y mi padre, todo en una sola conversación.
-No todos piensan como usted-, murmuré finalmente rompiendo con su inusual silencio, ella me miró con ese gesto incómodo y bochornoso que uno tiene cuando sabe que ha metido la pata.
-Kakashi kun…lo siento, yo…
-Ni siquiera yo pienso como usted-, le dije incorporándome, sintiendo esa ira dolorosa que me daba cualquier cosa relacionada con colmillo blanco.
-No quise…
-Vendré cada vez que pueda después de las misiones, trataré de cuidarme lo necesario, pero eso no cambiará lo que pienso de…- me encaminé a la puerta, con el sudor corriendo por mis manos tensas y blancas -. Usted también cuídese.
-Tu padre fue un héroe- me dijo cuando salía -, quizá muchos no lo crean, tal vez ni aún tú, pero yo si…
Apenas dije el "cuídese" salí del cuarto, escuché su voz y palabras, pero tenía tan mal humor que no esperé a que terminara, había pocos temas que no le permitía tocar a nadie, ni aún a ella, y uno de ellos era papá.
Los días, las semanas y los meses avanzaron, y en un abrir y cerrar de ojos ya había pasado un año desde la invasión. Cumplí casi al cien por ciento mi promesa con Haruno sensei, la primera vez que volví después de lo de mi padre suspiró profundamente, pero no dijo más.
Así pasó el tiempo, hasta que cierta mañana se me llamó donde la quinta Hokage.
-Buenos días, Hokage sama.
-Kakashi, llegas tarde.
-Lo siento- mentí, desde hacía unos meses que ser puntual me importaba menos que nada.
-Bien, bien, estoy muy ocupada como para perder tiempo con un sermón de la puntualidad, iré directo al grano: te necesito en anbu.
-Anbu…
-Sí. Seré clara; sabes de sobra, como todos aquí, que necesitamos más shinobis, hubo muchas bajas y nos falta personal en todos lados, anbu no es la excepción. Debido a lo… "especial" de las características de anbu, se hace más difícil encontrar gente ideal. No todos los ninjas están calificados para ser uno, es una decisión importante y una enorme, enorme, responsabilidad y carga. En lo personal creo que tienes ciertas cualidades que te permitirán entrar, además de que sé que no te has sentido cómodo con tus nuevos compañeros de equipo.
Movió los papeles de lado a lado, leyéndolos intermitentemente.
-Minato, Jiraiya y yo habíamos hablado de eso apenas te ascendieron, pero decidimos que eras muy joven, así que esperaríamos a que tuvieses un poco más de…experiencia, por decirlo así. Sigues siendo muy joven, pero lamentablemente no puedo esperar más, así que he decidido pedirte que ingreses cuanto antes.
-Gracias.
-Espera, espera. Aun no termino, no decidas todavía. No cualquiera puede con esto, por eso deseo darte la oportunidad de decidirlo. Tómate unas horas, piensa bien.
-Cuando quiere respuesta.
-Tienes hasta mañana a medio día, si decides que sí, ve al centro de reclutamiento, preséntate, ya tienen órdenes de recibir a ciertos candidatos, ellos te dirán que hacer y te darán lo necesario. Si es un no, no tendré opción más que asignarte a un nuevo equipo de trabajo, sea lo que sea que elijas, tendrás mucho trabajo en mucho tiempo y nuevos compañeros que enfrentar.
-Hum…- asentí y tomé los papeles que me extendía.
-Puedes retirarte, sólo una cosa más. Hazme el favor de no decirle a Sakura.
-¿Haruno sensei?
Ella asintió -, no quiero que ella influya en tu decisión, sé lo importante que ella es para ti, y tú para ella, pero no quiero que hables de esto con ella hasta que decidas por ti mismo.
Estaba apenado por eso de "importante para ti", pero igualmente confundido por las indicaciones de no decirle nada.
-Sakura es capaz de quebrarte un buen par de huesos con tal de que no ingreses- dijo en una sonrisa que me puso nervioso. –. Ve a casa y piensa bien.
La nueva Hokage tenía razón, Haruno sensei no se tomó la idea muy bien.
-Kakashi kun, aquí ¡Aquí estoy! - me dijo desde el segundo piso del hospital.
No tenía ganas de escucharla o hablar, pero deseaba verla, fui al nosocomio con la intención de verla desde la distancia, pero me descubrió y no quedó de otra más que acercarme a ella.
-Qué bueno que viniste, me da tanta alegría, tenía ya mucho que no te veía.
-Sí.
-Te examinaré y…
-No, no es necesario, no he ido a misión.
-¿En serio?
-Sí. Tengo unos días libres.
-¿Y has venido a verme a pesar de que hace mucho no tenías un día libre?- y me sonrió apenándome, como casi siempre -. Soy una mujer afortunada. Vamos a comer un poco, ven, yo invito.
No contesté nada ante la mirada contenta y tierna que me dio. Pasé un tiempo con ella en la cafetería a pesar de que las enfermeras iban y venían diciéndole tal o cual cosa, aparentaba estar muy ocupada.
-Perdona Kakashi kun. Sigo teniendo mucho trabajo, no tanto como antes, pero ya sabes- me sonrió y me ofreció un poco de su comida, no acepté -. Como Tsunade shishuo es Hokage, no tiene tiempo de darse una vuelta por aquí, su importante puesto y el pequeño Naruto le traen de cabeza, así que dedo ayudarla con la parte del hospital, soy una de las principales encargadas y por eso no tengo tiempo para algo más.
Desde rescataron al bebé la Hokage y Jiraiya san le tomaron cariño y se hicieron cargo de él, turnándose continuamente; puede decirse que fueron los padres del niño, de hecho, con el paso de los años formarían una familia.
Justo cuando Haruno sensei terminaba de hablar apareció otra enfermera con noticias sobre tal o cual paciente.
-¿No te digo?, no puedo ni comer tranquila- y volvió a sonreírme, parecía muy feliz, dio unas indicaciones y siguió hablando de lo más tranquila y relajada (algo distinto a los días anteriores) -. Me alegro de que vinieras, tengo algo importante que decirte: estoy comprometida, voy a casarme con Sasuke ¡Al fin!
El mundo entero se detuvo.
-Teníamos tiempo comprometidos, pero la verdad es que no se había formalizado lo de nuestra boda, ahora es oficial y ¡por fin tengo una fecha! Estoy tan contenta. Falta tan poco.
Ella siguió hablando y sonriendo, contándome los detalles de su bien planeada boda, bullendo en ilusiones y suspiros; entendí que su reciente compromiso era el motivo de su felicidad.
-Mamá no estará- dijo quedito, borrándose por un momento su sonrisa -, sé que será difícil sin ella, pero…estará contenta de que al fin nos casemos. Por eso quiero que todas las personas importantes estén conmigo ese día. Tal vez papá causará problemas, pero lo arreglaré, quiero que seas parte del cortejo, ¿qué dices?
Sentía como si todo girara muy rápido, solo veía como movía los labios y sonreía a la espera de mi respuesta. ¿Cómo podía preguntarme eso?, solo saberlo dolía, ¿cómo siquiera pensaba que estaría dispuesto a estar ese día y verla casarse?
Claramente ella no sabía lo que yo sentía por ella, y de haberlo sabido no creo que cambiaría mucho, después de todo yo sólo era su pequeño alumno, aún demasiado joven como para siquiera pensar en mí de otra forma.
-No.
-¿No?, ¿por qué no?- dijo contrariada.
-Tengo mucho trabajo.
-Pero, podrás darte un espacio y…
-Lo siento, no podré.
Mis motivos no le eran convincentes, eso era claro al ver su rostro desconcertado e incrédulo. Quizá le quedaron más claros aquel día, años después, cuando volví a besarla, sólo que, sin esa ternura, timidez y duda de las dos anteriores ocasiones, después de confesarme que se divorciaba. Aquella vez tiré de lleno cualquier promesa interna de olvidarla o afirmación de no amarla; sorprendiéndola ante mi reacción febril y sorpresiva, ganándome un buen golpe, regaños y por supuesto el agradable recuerdo de sentir de nuevo sus labios, lo cual hizo que valiera la pena todo lo anterior y lo enojada que siguió conmigo por algo de tiempo.
Ajeno a ese futuro prometedor y esperanzador, en aquel momento, mientras me preguntaba el porqué de no ir a su boda, y tratar de convencerme de asistir, su dicha me irritó, estaba triste, celoso y furioso. Dolía demasiado y no podía soportarlo, así que solo me desquité por la sola egoísta idea de quitarle la alegría que irradiaba.
-Yo también tengo algo que decirle: me han pedido entrar a anbu.
-¿Qué?- me preguntó perdiendo cualquier rastro de felicidad, lo que me hizo sentir momentáneamente bien.
-Me han pedido entrar…
-¡Si escuché bien! ¡Lo que pasa es que no puedo creerlo!
Se incorporó ya sin la sonrisa fresca y sincera, con los puños temblando y el ceño junto, se le veía furiosa.
-No, no, debe ser un error, ¿estás bromeando? ¿Verdad?
-No. - negué -, ¿por qué bromearía con anbu? Nadie bromea con anbu.
-Esto no puede ser. Simplemente no puede ser- negó una y otra vez -. Hablaré con Tsunade shishuo para…
-Hokage sama personalmente me lo ha pedido.
-¿Qué?
-Hablé con ella y…
-¡Un momento!, ¿dices que ella es la de la idea?- asentí - ¡Que está pensando! ¿Cómo rayos se le ocurre reclutarte? No, no, ¡no! Jamás lo permitiré, anbu es lo peor que hay para un ninja…
-Perdone, pero no estoy de acuerdo.
-¿Qué? ¿Acaso estás pensando en aceptar?
-¿Por qué no?
Ante esa pregunta se me vino encima.
-¿Por qué no? ¿Por qué no? ¡Qué no me escuchaste! Anbu es lo peor para un ninja y…además eres menor de edad y…y…- estaba por replicar, pero me tomó del brazo, me dolió, al parecer no controlaba la fuerza con que lo hacía -, vamos a ir con Tsunade shishuo en este preciso momento.
-¿Qué?
-Sakura sama— llegó una pobre enfermera —, necesito que…
-¡No estoy para nada ni nadie!- gritó enfurecida, la pobre enfermera palideció, asintió y dio media vuelta. No la culpaba, realmente daba miedo. - ¡Vamos! ¡Cuanto antes mejor! - y me jaló del brazo, casi arrastrándome, eso me hizo enfurecer más -¡Pedir reclutarte! ¡Eres un niño, como se le ocurre!
-Sensei…no quiero ir.
-¿Qué? ¿Por qué? - gritó molesta, jalándome de nuevo -; me vas a disculpar Kakashi kun, pero me vale un cuerno lo que pienses, iremos donde Tsunade shishuo y le pediremos que desista de esa…esa… ¡Estúpida idea!
-Hum- negué enojado, tirando en sentido contrario a pesar del dolor.
Se detuvo y me miró bastante enojada, pero no titubeé, yo también estaba molesto con su actitud.
-Irás te guste o no. Seguro piensas cosas como "qué le importa", "ni que fuera mi madre", y hasta has de estar apenado por tratarte así, pero sabes ¡Me vale! ¡Soy tu sensei! Y citándote: un sensei siempre es un sensei. Anbu no es para personas de tu edad, ni siquiera para adultos ¡No estoy de acuerdo! Eres muy joven y… ¡Vendrás te guste o no!
Volví a negar, forcejeando un poco, ella apuró el paso, llevándole casi a rastras. Las enfermeras, pacientes y doctores nos venían de soslayo, sin siquiera atreverse a murmurar, seguramente conocían el temperamento de Haruno sensei y lo mejor era no meterse con ella.
-¿Sabías que puedo reconstruir huesos con mi chacra?- dijo con un tono que no me gustó nada, su sonrisa extraña y retorcida no auguraba nada bueno, acabamos de salir del hospital -, puedo hacerlo, ya lo he hecho; eso sí, es extremadamente doloroso para el paciente. ¿Entiendes porque te lo digo? Vas a ir conmigo por las buenas o por las malas, así te tenga que romper el brazo vendrás conmigo.
-No iré- dije ronco y bajo, terriblemente molesto y avergonzado ante su actitud y el espectáculo que dábamos, afortunadamente ya estábamos una cuadra lejos del sanatorio.
-Pareces un niño berrinchudo, tú no eres así- me dijo tirándome del brazo dolorosamente.
Un ligero crujido en mi muñeca, no pude evitar lanzar un breve y bajo quejido.
Ella se detuvo, suspiró –no es nada grave- me dijo al revisarme sin el tono habitual de ternura y tranquilidad, seguía iracunda -, sí que eres terco, pero no te arrastraré, mi intención no es lastimarte- por un momento me dejó, me sentí un poco mejor, pero repentinamente apareció a un costado y me tomó de la cintura, cargándome como un costal de papas a la altura de su cadera.
Aquello me enfureció.
-Pero vendrás te guste o no.
Intenté forcejear y patalear, pero no venía al caso, además de que parecía un pequeño niño berrinchudo cargado por su madre, y la situación ya era demasiado vergonzosa.
-Maldita sea- gruñí internamente, completamente avergonzado por el rumbo que tomaron las cosas.
No se podía negociar con ella en una situación como esa. En un abrir de ojos ya me cargaba rumbo a la torre y en un pestañeo entrabamos a la oficina a pesar de que se le pedía esperar su turno.
-¡Quiero entrar ahora mismo!
-Pero, Sakura san, usted sabe que…- el secretario tembló, mi mentora irradiaba energía amenazante.
-¿Está en reunión?
-No…no, pero…
-¿Está sola?
-Sí, sí, pero…
Sin siquiera tomar en consideración al pequeño hombrecillo tembloroso abrió la puerta y entró.
-Buenos días Sakura, veo que ya te enteraste. - dijo la Hokage lanzando un profundo suspiro pero sin dejar de hojear la interminable torre de documentos.
-Tsunade shishuo, lamento la interrupción, pero... ¡Cómo se le ocurre! - gritó repentinamente acabando con la tranquilidad de la oficina – ¡Llevarlo a anbu! Vengo a pedirle que desista de su idea y…
-¿Quieres soltar al pobre Kakashi antes de que empieces?
Haruno sensei me soltó sin tacto alguno y di contra el piso. Me enojé aún más.
-No desistiré Sakura, quizá no te has enterado del todo, pero ahora soy la que manda aquí…
-¡Pero…!
-A menos de que me traigas noticias importantes y/o urgentes del hospital no te quiero aquí en dos semanas.
-¿Qué?
-¡Crees que puedes entrar cuando te dé la gana y cómo mejor te parezca!- gritó perdiendo cualquier rastro de paciencia -¡Casi tirarme la puerta, presentarte y venir a ordenarme!
-¡Pero shishuo!
-¡Kakashi no es tu responsabilidad!- le soltó más fuerte que antes, levantándose de su asiento y colocando las manos sobre el montón de papeles, arrugándolos y desordenándolos.
-¡Pero…él!
-¡Él decide si entrar o no! ¡No tú! ¡Con que derecho vienes aquí con él cargándolo como si fuera una cría de dos años! ¡No eres su madre!
-¡Soy su maestra! ¡Tengo derecho a preocuparme por él! Él…él es lo único que me queda, ¿no entiende eso? - sus ojos temblaron y por un momento pensé que lloraría.
-Lamento mucho lo de tus alumnos, pero todos hemos perdimos a alguien en la guerra y aun así debemos seguir adelante.
-¡Pero anbu! ¿Anbu? ¿Cómo puede pedirle eso? Es tan joven aún ¡No tiene la madurez para tomar una decisión tan fuerte como esa!
-A pesar de su edad Kakashi es de los mejores ninjas que tengo. –Suspiró tratando de modular su voz -, ¿entiendes porque te dije que no le contaras aún?
Asentí.
-¿Qué?, ¿no contarme?, pero…
-Sabía que te pondrías como energúmeno; y Kakashi, pensé que serías más sensato. Espero que se te quite lo boca floja, o si no, no sobrevivirás mucho en anbu.
-Lo siento- baje los hombros, avergonzado.
Haruno sensei negó con la cabeza –él no debe ir ahí, ¿no lo ve? - se revolvió el cabello y acomodó las mangas de la enorme bata blanca -¿Por qué no me lo dirían? ¿Mi opinión no importa?
-No eres el centro del universo para que tengamos que consultarte. Déjame contarte que desde antes de que fuera tu alumno pensábamos en esto.
-¿Pensábamos?
-Minato, Jiraiya y yo- mi maestra suspiró apuñando las manos.
-¿Por qué?
-Me disculpas, pero no tengo porque explicarte nada; la aldea necesita de gente capacitada, yo necesito anbus de confianza y eficientes, siento mucho si no estás de acuerdo, pero la verdad no me importa tu opinión. Además, no somos los únicos, hubo incluso un anbu activo que me lo insinuó.
-¿Quién? ¿Sai? ¡Fue el tonto de Sai, verdad! - pareció recuperar su enojo, sus manos temblaron de rabia.
-No tengo porque contestarte ni una mierda, y más vale que bajes el volumen de tus gritos ¡con quien rayos crees que hablas! Que se te meta bien en la cabeza dura que tienes que esto solo le concierne a tu alumno, él es el único que puede decidir, ¿acaso lo has dejado siquiera hablar? - Haruno sensei titubeó - ¿Crees que no lo has avergonzado lo suficiente ya al tratarlo como una cría de dos años cargando con él desde el hospital hasta aquí?
-Yo…yo…estaba preocupada y…
-Me vale un cuerno, solo vete antes de que piense en darte tu merecido por malcriada, egoísta e irrespetuosa. Y te lo vuelvo a repetir, a ver si lo entiendes de una vez: el único que decide es Kakashi.
-Perdone shishuo, pero es que no considero que…
-¡No entendiste ya! ¡Me importa un demonio tu opinión! ¡Hazme el favor de irte y no volver a menos que sea estrictamente necesario, no quiero verte en un buen tiempo!
-¡Shishuo!
-¡Vete! Por cierto, Kakashi ¿ya has tomado tu decisión?
-Hum- asentí.
Haruno sensei apretó los dientes al mirarme asentir y notar la sonrisa retorcida y satisfactoria en el rostro de la nueva Hokage.
-Vámonos Kakashi kun.
Caminamos a la salida, avanzamos varias cuadras y ella aún seguía refunfuñado por lo bajo. En ningún momento dejo de temblar de rabia contenida y frustración. Sorpresivamente se detuvo.
-Así que ya tomaste tu decisión; por la cara de Tsunade shishuo supongo que te has enlistado en anbu.
-Sí.
-¿Desde cuándo?
-Ayer.
-¿Por qué no me lo dijiste?
-Hum…-me alcé de hombros.
-Sí, supongo que por orden de Tsunade shishuo. Pero soy tu maestra…esperaba que…
-Traté.
-¿Trataste?
-Hum, de no enojarse tanto y arrastrarme por el piso del hospital quizá habría podido ser más explícito.
-No tienes que hablarme con ese tono. Pero no, no exagere- gruñó yendo y viniendo delante de mí, suspiró y repentinamente sonrió -. Bien, igual no hace tanto, creo que podremos ir al centro de reclutamiento y decir que te retractas…y…
-No iré.
-¿Por qué eres tan…? ¡ARG! ¿Acaso no entiendes lo que significa que entres ahí? Todos los que conozco que han entrado terminan locos o muertos, o mueren locos, no quiero eso para ti.
-Hum…todo shinobi arriesga su vida día a día. ¿Qué diferencia hay?
-¡Que diferencia! ¡Cómo puedes siquiera preguntarlo! Con eso me doy cuenta de que no tienes idea de lo que esta decisión significa Kakashi kun.
-¿No cree que soy lo suficiente apto para anbu?
-No he dicho eso. No dudo de tus habilidades, pero anbu son palabras mayores.
-¿Entonces cree que no pueda soportar la presión?
-Eres inteligente y muy capaz para casi cualquier cosa, pero anbu no es "casi cualquier cosa". No todos pueden ser uno y seguir siendo el mismo, no quiero que cambies.
-No tengo porque hacerlo, además pedir eso es muy (si me perdona) estúpido e ingenuo, todas las personas cambian (o la mayoría lo hace). El sólo hecho de que usted le tema a anbu no significa que sea igual para todos.
-Yo no le temo…bien, si, le temo, ¿quién no? Suceden muchas cosas horribles ahí.
-Suceden cosas horribles en todos lados Haruno sensei- dije con desprecio e intenté no mirar mis manos, tenía miedo de verlas nuevamente embebidas en el rojo sangre.
-Por favor Kakashi kun. - me tomó de la mano, suavizando su voz y su semblante - Anda, vamos, aún estamos a tiempo y…
-No sensei.
-Pero… ¡Arg! - pateó el suelo y varias grietas aparecieron. ¿Qué es lo que quieres que haga para convencerte de desistir?, haré lo que sea para que no vayas.
-No tiene por qué hacerlo- dije despacio, ya más tranquilo.
Ella sonrió –pero lo haré. –yo seguí negando no muy seguro, ella sonrió aún más entusiasmada ante mi duda -. Dime, ¿qué es lo que quieres? - y me tomó de ambas manos esperando por mi respuesta.
-Hay algo.
-¿De verdad?- dijo esperanzada, asentí provocándole una gran sonrisa -, ¿qué?
-No se case.
-¿Qué?- casi se cae, me soltó aun con los ojos como plato.
-Cancele la boda.
-Pero… ¿Qué? ¿Por qué? ¿Estás bromeando?
-No.
-No entiendo, por qué me pides eso Kakashi kun.
-Usted dijo que podría ser cualquier cosa, y eso es lo que quiero.
-¿Cómo puedes pedirme eso?
-Hum- me alcé de hombros.
Fue una petición tonta y egoísta, realmente lo hice solo para darle un mal rato y que dejara de insistir, además de poder decir aquello que deseaba desde que me confesó lo de su boda.
-¿Lo dices en serio?
-Por qué bromearía.
-No, no entiendo – se incorporó y se pasó las manos por el cabello, parecía muy sorprendida -. Pide algo más.
-Es eso o nada.
-Yo haría cualquier cosa para que no lo hagas…pero eso… ¿Por qué eso?
-¿Qué diferencia hay de lo que usted me pide?
-¿Qué?- dio un paso atrás.
-Usted viene a pedirme, exigirme, que renuncie a algo solo porque usted lo quiere, no importa si ya he tomado la decisión y es algo importante, ¿por qué yo no puedo hacerle lo mismo?
-¿Estás comparando mi matrimonio a reclutarte en anbu?
-¿Por qué no? Solo porque a usted no le gusta debe ser menos importante para mí…
-¿Cómo puedes hablarme de esta forma?, tú nunca…
-Las personas cambian sensei.
Haruno sensei me miró fijamente y yo le correspondí de igual forma, la sangre bullía de arriba abajo velozmente, sentía mi cuerpo ardiendo presa de la adrenalina de la discusión, seguía enojado por su actitud, avergonzado por el espectáculo que dábamos desde que le dije que me enlistaría, celoso y triste, muy triste, por su boda.
-Has hecho todo esto solo para pedirme que no me entrometa en tus asuntos- dijo despacio, ya sin rastro de enojo, no contesté, solo seguí mirándola detenidamente -, no tenías por qué hacerlo de esta forma. No, es mentira, tienes razón- dijo en una sonrisa forzada -; tal vez no hubiera entendido de otra forma- se acercó a mí y me jaló del cabello -, eres un niño muy listo y muy terco, espero que no te arrepientas de lo que acabas de hacer- estaba por replicar, pero me abrazó -, perdona todo esto, trataré de no meterme tanto en tus cosas de ahora en adelante, pero…no prometo mucho. Entiéndeme un poco también a mí: eres lo único que me queda de mi equipo. - Me soltó y dio media vuelta -. Te enviaré la invitación, intenta asistir, habrá una silla para ti. Cuídate.
Y se marchó.
Después de nuestra pequeña discusión no volví a verla en un buen tiempo, seguía molesto y dolido, ¿para qué verla? Para que me contara los detalles de su ceremonia, claro que no.
Supe de ella meses después, cuando su amigo Sai me asesoraba como un "curso" introductorio. Ya había hecho misiones de rutina, pero el verdadero trabajo estaba empezando.
Fuimos a una parte cercana al bosque prohibido, estaba entrenándome para pasar desapercibido no solo ante ninjas promedio (como ya sabía hacer) sino ante shinobis certeros y asesinos. El ejercicio había acabado y debía acercarme a él para recibir las indicaciones, pero sentí que no estaba solo.
Miré desde los arbustos y decidí seguir de incognito, por si era una prueba. Me sorprendí: era Haruno sensei y Sasuke.
-¿Qué quieres? —preguntó sin tacto Sai.
-¿Así es como recibes a tus amigos? —preguntó ella.
-Sabes que sí.
-Solo entrégale las invitaciones, tengo mucho trabajo- murmuró Sasuke.
-Bien, bien- le extendió un sobre rosado.
-¡Vaya!, la fea al fin te convenció.
-Sai…- mi maestra rodó los ojos y sonrió.
-No me gusta el diseño, debiste usar los míos- murmuró Sai observando el papel.
-Sí, debí, pero debiste tenerlos a tiempo, ¡te esperé más de un mes! Ya no podía esperarte más.
-Lo siento, estaba muy ocupado.
-Sí, no importa- dijo el Uchiha, acercándose al anbu y palmeándole el hombro.
-¿Qué haces en este sitio? Estas en medio de la nada.
-No es cierto, es el bosque…
-¡Es un decir!- gruñó con ese gesto gracioso que pone cuando está molesta. Sonreí, hacía mucho que la extrañaba.
-¿Entrenabas o algo así?- dedujo el Uchiha –Hubiera sido muy difícil encontrarte para Sakura si viniera sola, con su sentido de la orientación.
Ella sonrió asintiendo –sí, que bueno que viniste.
-Es una sesión de…entrenamiento o acondicionamiento, por decirlo así, para los nuevos reclutas.
Haruno sensei se removió nerviosa -¿está Kakashi kun contigo?- un calor tibio me recorrió al verla preocupada por mí, parecía no estar molesta y eso me alivió un poco.
-Lo siento, pero no puedo darte información, es confidencial.
-Oh…- susurró suspirando.
-Hablando de él, seguramente tú lo ves más que yo. ¿Podrías entregarle la suya?
-¿Por qué yo?, es tu boda, no la mía.
-Por favor Sai. Es que…está enojado conmigo y…sólo dile que habrá espacio para él.
-¿Enojado? ¿Por qué?
-Nada, solo tuvimos unas diferencias y…
-Ella le pidió renunciar a anbu, él a casarse. - dijo Uchiha, de alguna manera me desagrado que supiera eso.
-¿En serio te pidió no casarte?- dijo sorprendido, tomando la invitación.
Haruno sensei asintió en un suspiro –solo era para darme una lección y que…
-¿Qué no anduvieras de metiche?- complementó Sai.
-Sí, supongo- murmuró incomoda.
-Pues creo que hizo bien y…
-Mira Sai, mejor será que cierres tu boca, sino quieres que te le la tunda que me he venido tragando desde que Tsunade shishuo me dijo que un anbu activo le recomendó reclutarlo. Sé que fuiste tú.
-Claro que fui yo- dijo él muy sosegado y sonriente -, yo mismo te lo dije cuando los buscamos ¿No recuerdas?
Haruno sensei rabió, pero suspiró tranquilizándose, o intentándolo.
-Bueno, ya no importa. Solo te pido algo: cuídalo.
-No entiendo.
-¡Cómo no vas a entender, por Dios! ¡Que otro significado puede tener la palabra "cuidar"! - vociferó, y de alguna manera reí al saber que efectivamente, aun se interesaba por mí.
-Si fuera necesario cuidarlo, Kakashi no estaría en anbu.
-Es un buen punto.
-¡Sasuke!
-Lo es.
-Arg…si, lo sé, sé que él puede cuidarse por sí solo mejor que muchos, pero…por favor.
-Trataré. Al menos como trato de ayudarte a ti.
-Gracias Sai.
Cuando se marcharon salí, Sai me dio el recado de mi sensei, no deje mucho, sin embargo, él entre sus clásicas sonrisas trató de ayudarme a comprenderla.
-La fea suele ser muy entrometida algunas veces, pero no actúa de mala fe. Odia anbu. No siempre fuimos solo tres amigos, hubo otros dos; se enlistaron junto conmigo- se sentó cruzándose de piernas, dibujando en los lienzos de siempre -; ella murió los primeros meses y él nunca fue el mismo al verla morir y no ayudarla porque corría riesgo la misión, poco después lo encontraron en su departamento con algunos días en estado de descomposición. ¿Sabes quién lo encontró?
-Haruno sensei.
-Sí. Sakura dice que los que entramos a anbu o terminan muertos o dementes…
-…o mueren locos.
-Sí, veo que ya te la ha dicho. Tal vez tenga razón. Son ellos- y me mostró dos jóvenes, una linda kunoichi y un joven shinobi de rasgos fuertes. Y sonrió y cerró en un parpadeo el lienzo -; claro que yo soy la excepción a la regla. Piensa un poco en lo que dijo Sakura. Por hoy ha terminado la sesión.
No asistí a la ceremonia, lo intenté, pero decidí permanecer lejos, no quería tener rencillas con su padre ni entristecerle la fiesta. Pero me aseguré que supiera que ese anbu que la observaba desde los tejados a varios metros de distancia era yo.
No fue necesario acercarme más, o siquiera hacer una señal para que me mirara. No sé cómo, pero ella logró encontrarme en la distancia, verme y sonreírme.
Y entonces, de una triste y amarga forma, yo también le sonreí, lo hice a pesar de que no era necesario, a pesar de que ella ni siquiera lograría verme corresponderle por la distancia y las máscaras que portaba. Pero lo hice.
Y supe que ella me perdonaba, y que ella, de alguna manera, igualmente sabía que yo le perdonaba. Yo asentí, avancé unos metros y le dejé un pequeño obsequio en el suelo.
Ella se veía hermosa, radiante, completamente feliz, ¿Quién era yo para robarle ese instante de alegría que se dibujaba en su rostro después de pasar por cosas tan difíciles apenas meses atrás?
Lo comprendí ese día que dejó la invitación con Sai. Supe que estaba siendo egoísta, no dejaba de doler, no dejaba de sentirme mal, celoso, frustrado, pero no había nada que hacer, solo aceptarlo, aceptarlo y seguir.
-Que seas muy feliz, Haruno sensei- di media vuelta y partí.
Fue cuando me propuse nuevamente olvidarla, dejarla atrás como solo lo que era: mi maestra, sólo eso. Ella estaba haciendo su vida, yo haría la mía.
Pero no era tan fácil.
Pocos días después estaba más que convencido de llevar a cabo mis propósitos para olvidarme. El plan era sencillo, obviamente debía alejarme un tiempo, no quería verla, mucho menos como esposa de alguien más, dolía mucho, era muy desagradable.
Un día como cualquier otro se me informó ir donde la Hokage, para la asignación de una misión.
-¡Hey! ¡Kakashi! ¡Que gusto verte!
-¿Jiraiya san?
-¿A quién esperabas, a Tsunade?
-Hum…Sí
Y rio –verás, ella te llamó, pero Naruto ha tenido fiebre y fue a cuidarlo, por el momento la cubriré hasta que mejore.
-¿Está bien?
-Claro, no hay quien se queje de mi trabajo y ambos nos tenemos suficiente confianza para…
-No, el bebé de Minato sensei.
-Ah…ah, pues está un poco enfermo- dijo con el tono claro de preocupación -, pero Tsunade dice que está mejorando.
-Me alegro.
-¿Te ha gustado el nombre que le elegimos? ¿Verdad que le va perfecto?
-Ah…hum- asentí -, ¿cuál es mi misión?
-Dios, sí que llevas prisa. Bien, en este documento viene los detalles, es una situación delicada, es una misión larga, fastidiosa y hasta aburrida (diría yo), pero es importante, eso sí. ¿Tienes alguna pregunta?
-Por el momento no- murmuré releyendo los pormenores de la misión.
-Tu máscara, ¿qué es: un perro, lobo o qué tipo de canino?
-Un lobo, se supone.
-Oh…te va bien. Así que eres todo un anbu. Mírate, cuanto has crecido. Minato estaría orgulloso. He escuchado muy buenos comentarios sobre ti.
-Exageran.
-No lo creo.
-Solo hago mi trabajo- murmuré y doblé la información guardándola -; si no hay más que pormenorizar, me retiro para partir cuanto antes y…
-¡Aguarda! ¡Por qué tanta prisa! Creo que ahí dice que la salida es en dos días más.
—Hum- asentí -, pero, cuanto antes mejor.
-Mira…la verdad es que me siento un poco nervioso por Naruto, es la primera vez que se enferma y no estoy con él. Me haría bien tu compañía – traté que no se escuchará mucho el suspiro cansado que di, pero de alguna manera me convenció mirarlo como a cualquier padre primerizo que nervioso va y viene por la sala de espera del hospital.
-Está bien.
-Ah, qué bueno. No siempre es bueno llevar tanta prisa. Uno también debe tomarse tiempo para descansar, holgazanear y disfrutar de otros placeres. Hablando de eso, no te vi en la boda de Sakura.
-No fui- dije seco, queriendo irme.
-¿Por qué?
-Hum- me alcé de hombros -, no tuve tiempo.
-¿Ves?, a eso me refiero. No ir con ella en un día tan importante (creí que la estimabas mucho).
-Tenía trabajo- solté rápido, acomodándome la bufanda deseando salir del bochornoso tema.
-¿No es esa la bufanda que te dio por tu acenso?
-Sí.
-Cierto que hace fresco, pero no tanto como para bufandas, bueno, eso pienso yo.
-Hum…- me alcé de hombros restándole importancia.
-O eres muy friolento o hay otro motivo- soltó con suspicacia. Traté de ignorar su tono y su mirada inquisitiva.
-Es solo una bufanda- murmuré -, no es tan importante- solté cansino -, de saber que me iba a hablar solo de cosas tan mundanas y aburridas…
-Tienes razón, es irrelevante, hablemos de cosas más importantes. ¿Cuántos años tienes?
-¿Hum…?- por poco y caigo ante su pregunta.
-¿Trece, catorce? No más de eso, ni menos tampoco, ¿verdad? –asentí. –Minato tenía tu edad cuando lo inicié.
-¿Inicié?
-¡No me digas que no te inició! –negué sorprendido, el rostro del ermitaño pasó por varias expresiones: sorpresa, desanimo, tristeza, decepción hasta quedar en un gesto de alegría extraña que supe que no llevaría a nada bueno –Bueno, es cierto que estabas muy pequeño, pero… No sé cómo se le pudo pasar, pero no importa, si él no lo hizo, aquí estoy yo para hacerlo y enseñarte lo que significa empezar a ser un verdadero hombre.
-¿Cómo dice?
-Ah, muchacho- dijo en un suspiro –Sólo sígueme y lo sabrás. Ven, vamos -. Saltó del escritorio, se paró a un costado y me palmeaba la espalda con entusiasmo, obligándome a salir de la oficina.
-Pero… ¿Naruto?
-El pequeño Naruto estará bien, ¿qué médico mejor que Tsunade?
-Pero…la oficina.
-Ah, a estas horas no hay nadie más, de hecho, Tsunade me pidió esperarte solo a ti, así que no hay problema con eso. Deja de preocuparte tanto, pareces más viejo que yo.
En un abrir y cerrar de ojos ya me arrastraba calle abajo, saliendo de la aldea invocó a uno de sus sapos, subimos en él, el ermitaño le pidió trasportarnos a un lugar cercano. El anuro obedeció apareciendo en un parpadeo en un extraño paraje de un pueblo cercano a la villa; era un lugar reconocido como hervidero de asesinos, exiliados y traidores; así como de infiltrados y aliados.
-No es posible que un joven como tu aún no se haga hombre.
-¿Hum?- cuestioné al bajar de la invocación, desapareció apenas nos apeamos.
-Supongo que no debe sorprenderme tanto. Eras muy pequeño cuando Sakumo…y Minato, bien, también eras joven (aunque yo a esa edad), en fin, Minato siempre fue muy tímido para estas cosas- rio -, al menos eso le gustaba aparentar, pero yo sé que no lo era tanto- rio de nuevo y se palmeó el pecho orgulloso -, ¡si lo sabré yo que fui quién lo forjó!
-¿A dónde vamos?
-Oh, no te preocupes por eso- me dijo muy tranquilo, tomando un sorbo de una botella que salió de saber dónde.
-Jiraiya san, si me perdona, pero aun no entiendo el motivo de todo esto.
Era bastante tarde, la noche estaba muy avanzada, no había buena iluminación, las personas parecían brotar de entre las rocas o los rincones oscuros. Había una pesadez en el ambiente que provocaba que me mantuviera al cien por ciento alerta, caso distinto era el ermitaño, que se paseaba como "Pedro por su casa".
-¿Eres virgen, casto?
-¿Qué?- fue todo lo que solté, y agradecí traer mis máscaras y no enrojecer de vergüenza ante los personajes que había por las calles y los locales de la villa que nos miraban desconfiados.
-Hum, ya veo que sí. ¡Que desperdicio! ¡Yo a tu edad!
-¿A qué viene todo esto?
Él se echó a reír a carcajadas –oh, quien lo diría, todavía hay un indicio de inocencia en ti. Muchacho, muchacho, ¿acaso no lees mis historias? ¿A qué más crees que te he traído hasta aquí?
Entonces comprendí. –Al menos me hubiera llevado a un mejor lugar- pensé tratando de concentrarme en algo más que lo que acaba de decirme. Seguí caminando a un lado de él hasta que llegamos a una pequeña casa, tocó la puerta y una mujer abrió.
-Jiraiya el legendario, justo ayer estaba pensando en ti. Pasa. —pero puso el píe en la puerta cuando me vio —¿Quién es él?
-Oh, viene conmigo. No te preocupes.
-Un anbu… ¿Seguro que debo confiar en ti?
-Vamos Ayaka, ¿todos estos años de conocernos y dudas de mí?
-De ti no (no mucho al menos), pero de él… anbu nunca me dejó buenos recuerdos.
-Oh, vamos…
-Bien, bien, pasen.
Encendió una vela y logré apreciarla mejor, era mucho más joven de lo que pensaba, sólo sus ojos parecían tener más años de los que tenía, eran castaños profundos e invariablemente estaban siempre cansados y tristes; su cabello, entre rojizo y café, estaba tan largo como su espalda; era bonita y de buena figura.
-¿Y a que debo tu visita? Sinceramente tenías mucho de no venir, pensé que te olvidaste de mí -. Se sentó frente a nosotros mostrando sus bellas piernas sin el más mínimo de pudor.
-Jamás me olvidaría de ti. Digamos que…bueno…
-¿No has necesitado de mí?- subió una ceja incrédula. El ermitaño sonrió -. ¡Vaya! ¿Quién lo diría? El viejo rabo verde por fin lo ha logrado- sonrió -. Bien, bien, me alegro por ti. Entonces, ¿a qué debo el honor? Si es algo de shinobis, no estoy dispuesta a participar, me he retirado de esa parte desde hace mucho y…
-Tranquila, deja que te explique. No vengo por nada de ese tipo del trabajo, sino por el otro.
Suspiró con pesadumbre y asintió indicando que continuara.
-Es por él- me señaló -, es joven, recién egresado, sería una pena que muriera en batalla sin saber lo que es estar con una verdadera mujer. Es mi regalo de iniciación.
-Regalo de iniciación- dijo bajito, pero sin el tono molesto que esperaba escuchar. Se incorporó y se acercó a mí — ¿Cuántos años tienes?
-Los suficientes- contestó rápidamente el ermitaño.
Ella suspiró y solo dijo -Sígueme.
-Anda, ve, no te va a comer- dijo el ermitaño dando un sorbo más a la botella -, al menos no de la forma que no es divertida.
Ignorando las risas del ermitaño seguí a la mujer, iba callada y por un momento me olvidé de lo que estábamos por hacer. Algo dentro de mí bullía presa de la emoción, era extraño, tenía miedo, pero no podía salir, era como una pequeña presa que quiere huir, pero no puede ante la mirada del predador.
Me parecía buena idea para olvidar a mi maestra, pues aún temblaba de celos, rabia y tristeza al imaginarla en brazos de alguien más, mucho más inalcanzable que antes.
-Jamás será mía- me dijo mi propia voz instantáneamente, como una dura verdad que te aplasta tan rápido como llega.
La mujer me llevó a una recamara, que admirablemente contrastaba terriblemente con la modestia, pobreza y mal gusto del resto de la casa, incluso del resto de esa villa.
-Es mi habitación- dijo ella con su voz más dulce que antes -. No cualquiera viene aquí, solo por ser amigo de Jiraiya.
-Gracias.
Se sentó en un hermoso sillón y me miró largamente, haciéndome sentir nervioso. La luz era más clara e intensa en su cuarto y me maravillé al notar que aún era más joven con esa iluminación.
-¿Qué edad tendrá?
-Quítate la máscara. Sé que muchos anbu no están de acuerdo, pero si yo te he traído a mi habitación, al menos espero que me correspondas-. Dudé, no sabía nada de esa mujer, ¿cómo podía confiar en ella? -. No desconfíes tanto de mí, ¿crees que alguien como el gran sannin de Konoha te dejaría en manos enemigas sin ninguna advertencia.
Me retiré la máscara, la capucha, miré el lugar y encontré decoración propia de un ninja.
-¿Te sorprende? Soy kunoichi. De Konoha. Pero hace mucho que no vivo ahí, seguramente no hablan mucho de mí. -Negué. –Vaya, nunca vi un anbu con dos máscaras- rio -, retírate la bufanda ¿no tienes calor? -Lo hice, ella sonrió y me senté a su lado, justo como me pedía -, con bufandas en este día, debe ser algo especial, quizá una mujer te la dio. –Sonrió y me tocó el rostro con dulzura con ambas manos.
-"Sé que no es invierno, ni es mucho, pero quería darte algo especial…"- era la voz de Haruno sensei, recordé su sonrisa cuando me la obsequió y comprendí que esa era la razón por la cual no podía evitar llevarla siempre desde que me recluté.
-Jiraiya tiene razón, eres muy joven. ¿Cuántos años tienes? - seguí sin contestar -. Eres de los que no hablan mucho, está bien, no importa. Eres alto para tu edad.
Y recordé la voz de Haruno sensei -¡Cuánto has crecido!, a este paso estarás más grande que yo en pocos años…
Un reconfortante calor me invadió desde sus manos, provocándome un sopor agradable que me alertó, tomé sus manos con brusquedad y la miré con desdén al apreciar el chacra rosado que irradiaban.
-Tranquilo- murmuró suavemente -, es parte de mi trabajo, te estoy conociendo.
-¿Para qué?
Sonrió –es parte de mi trabajo. Seré buena contigo por ser tu primera vez- su sonrisa dulce y coqueta logró sonrojarme y convencerme, cerré los ojos.
Pensando en lo que estaba por hacer no pude evitar evocar nuevamente a mi maestra, había algo en la mujer que me la recordaba. Era raro. Trataba de concentrarme en otra cosa, pero por una u otra razón siempre volvía a la imagen de Haruno sensei, a escuchar su voz, a apreciar su sonrisa y a rememorar cada gesto amable, que me daba.
–Tenía tiempo que no hacia esto con alguien como tú -, hasta su voz sonaba igual -, me has hecho recordar cuando empecé, Kakashi kun.
Abrí los ojos, admirado, no le había dicho mi nombre y su voz era igual a la de Haruno sensei. Quedé completamente estupefacto al ver como sus ojos castaños eran verdes y su cabello era rosa.
-Haruno sensei.
-¿Es tu maestra? Que dulce- dijo ella, sonriendo tan igual que hubiera jurado que se trataba de mi mentora.
Me alejé completamente admirado, sin saber cómo tomarme lo que pasaba. Ella se incorporó sonriendo, hablando, moviéndose incluso suspirando como ella lo hacía. Era como si Haruno sensei estuviera conmigo, o al menos algo como su clon.
-No te sorprendas. ¿Jiraiya no te habló de mi habilidad especial? He hecho esto tantas veces que en ocasiones olvido quien soy, o cuanto se sorprenden la primera vez.
Se sentó en la orilla de la cama, justo como lo hacía ella cuando compartimos habitación en los exámenes, incluso vestía igual.
-Deja de pensar tanto, Kakashi kun. Ven…acércate.
Hipnotizado ante su parecido me acerqué, sus ojos verdes me sonrieron, sus mejillas se sonrojaron y sus labios se curvaron en esa sonrisa tierna y tímida que me daba, entonces me tomó el rostro nuevamente.
-Kakashi kun- me dijo suavemente, justo como en aquel primer sueño que tuve con ella, sólo faltaban los pétalos rosas de cerezo flotando, todo era muy extraño, pero excitante, envolvente y fantástico -. Por favor- me susurró en el oído recostándome en el confortante colchón, con su tono dulce, amable y sugerente, pidiéndome con necesidad empezar con aquello que deseaba tanto que dijera.
Sabía que no era ella, pero no me importaba. Al menos cumpliría mi deseo de estar con ella, de una extraña y falsa forma, pero lo haría. Esa fue la primera vez que la vi en otra mujer (no siendo necesario lucir exactamente como ella), tampoco fue la última, aunque deseara con todas mis fuerzas que no fuera de esa forma, a pesar de esforzarme para que no fuera así, algunas veces lo logré, muchas no.
A pesar de decirme una y otra vez que ella jamás sería mía. Algo en lo que afortunadamente también estaba equivocado, desafortunadamente tardé más de lo que hubiera deseado.
&&&/&&&/&&&
Saludos desde Sinaloa, México.
Hola:
Pues aquí tratando de actualizar la historia lo mas que se pueda. Gracias por leer aunque los capitulos cada vez sean mas largos, de verdad deseo que no sean muy aburridos. Gracias por su apoyo y por favor dejenme un comentario, me he portado bien actualizando tan seguido.
Nota original:
Hola:
Escribiendo desde el cómodo sofá de un cuarto de hospital, es de madrugada y aproveché que no dormiría cuidando a mi bebé para finalizar el capítulo y editarlo.
¿Qué les pareció? Espero y les gustara. Sé que lo van a preguntar, como han venido haciéndolo, ¿habrá lemon?, pues… No soy buena escribiendo escenas de ese tipo y no me interesan mucho, la verdad, sé que si en realidad Kakashi lo narrara lo haría con detalles y más que feliz de hacerlo, pero como no soy Kakashi ni lo tengo por un lado dictándome lo que le venga en gana pues no esperen mucho de eso.
Finalmente ha entrado en escena el anbu, aún está muy peque, pero ya se me está poniendo rebelde (las hormonas y la adolescencia nos afectan a todos xD).
Nos vemos-leemos, espero sus comentarios y Dios me los cuide.
Hasta pronto.
