Informe 2
Al cabo de un par de horas, habían logrado montar un campamento no muy lejos del camino principal. Por fortuna para ellos, el atacante y el artillero habían quedado tan agotados de su actividad conjunta, que no opusieron resistencia alguna para ir a descansar, aunque por supuesto, eligieron descansar tendiéndose uno al lado del otro.
El deseo de permanecer juntos era tal que buscaban cualquier momento o excusa para estar unidos. Las miradas, las caricias de mano, las sonrisas, todo lo sentían como si siempre hubiera estado así. Charlaban tan cerca el uno del otro, que al resto les era difícil interrumpirlos. Pero ya que no había ninguna otra actividad de tipo sexual, No.21 les propuso escanearlos. Ninguno de los dos opuso resistencia. No obstante, cuando les dijeron el porqué, se mostraron inseguros de que su más reciente afecto, fuera a causa de un virus. ¿Cómo era posible que un virus causara una sensación tan placentera y dulce?
No.22 se había ido a sentar con No.21, para vigilar. Por si se diera la situación que hubiera un virus y este los descontrolara. Lo último que quería, era que pusieran en peligro a su hermano.
Del otro lado del campamento, No.2 y No.9 estaban charlando de todo y nada a la vez.
— No.2, mira lo que encontré — se acercó No.9 sin su visor, llevaba consigo un trozo mineral, parecía una pequeña torre un poco irregular, era de color blanco semitranslucido.
— ¿Qué es? — comentó tomando aquella roca.
— Algún tipo de mineral, cuando No.21 termine podemos preguntarle.
— ¿Y por qué no traes el visor?
— Inténtalo tú también, quiero que veas algo.
Después de pensarlo un momento, No.2 se quitó el visor y notó que No.9 había sacado una pequeña linterna. Permaneció viendo el rostro de No.9 esperando poder guardarlo en su memoria, después de todo, por fin había podido ver su cara completa. Era un rostro agradable, con unos ojos vibrantes y resolutos. No.9 sintió esa mirada fija y no hizo más que devolvérsela con una sonrisa, él también llevaba un tiempo queriendo ver a No.2 sin el visor y descubrió una mirada profunda, tierna y al mismo tiempo, triste.
No supieron cuánto tiempo pasaron viéndose directamente, hasta que un pequeño crujido y un grito del otro lado del campamento, proveniente de No.3 los había hecho volver al presente. Pero cuando lo hicieron, lograron romper el contacto visual del que parecían hipnotizados.
— E-esto es lo que quería mostrarte — dijo atropellándose con las palabras.
Colocó la fuente de luz bajo aquel mineral y pronto, este se iluminó. La luz era similar a la que había visto alguna vez en uno archivo que No.21 les había enseñado de una flor que se llamaba lagrima lunar.
Ambos sonrieron. No.2 estaba fascinado, más que por el mineral, por lo detallista que No.9 se mostraba.
— Es tan radiante — comentó sin pensarlo mucho.
— ¿Verdad? Es como si tuviéramos un pedazo de la luna en las manos.
— Hablo de tu sonrisa — agregó casi queriendo darse un golpe ¿cómo se le había ocurrido decir eso? Y más aún ¿cómo se le había ocurrido que tenía derecho alguno de decirlo.
— ¿Eh? G-gracias — volvió a trabarse — La verdad es que a mí también me gusta mucho tu sonrisa, No.2. Aunque hay veces en las que luces algo triste y muy seguido pienso en cómo hacerte sonreír. Creo que, entre todos los miembros del equipo, tú eres el más amable de todos. Así que…lo que quiero decir…es…que me gustaría verte sonreír más a menudo.
No.2 sintió el calor acumularse en sus mejillas y sintió un cosquilleo en todo su torso.
— No.9… — estuvo a punto de decir algo que sentía que, si decía, no habría vuelta atrás, así que, aunque abrió la boca, no salió sonido por varios segundos.
— ¿No.2?
— Gracias — dijo al fin con una sonrisa leve.
Quizá no podría evitar el destino trágico que les deparaba, pero al menos, podría hacer de esos días, algo tan cálido como la sonrisa del muchacho frente a él. Sintió como si algo en su corazón (si es que podía atreverse a decir que poseía uno) se derritiera.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Del otro lado del campamento, No.6 se encontraba de pie jugueteando con su espada y observando desde lejos a todos sus compañeros. Por el contrario de los demás, él estaba tan consciente como No.21 de que estaban siendo atacados por un virus, pero su aburrimiento crónico era tal, que inicialmente le hizo querer ver hacia donde los empujaría dicho virus.
Aunque, ahora que había pasado tiempo observando a No.3 y No.4 aceptando sus sentimientos y veía a No.2 acercarse a No.9, comenzaba a arrepentirse. Al inicio le pareció divertido ver a sus compañeros actuar diferente, pero ahora le era monótono. ¿Por qué todo se volvía aburrido tan rápido? Simplemente no podía soportarlo a veces.
De repente, se sintió extraño. Estaba consciente que el virus les estaba haciendo actuar diferente, pero no se imaginó que extrañaría tanto de sí mismo la única forma que tenía para divertirse: imaginar.
Por lo general, cuando no estaban en combate, la pasaba imaginando cómo torturaría a sus compañeros. Fantaseaba con su dolor y dominio. No obstante, ahora no podía evocar esas imágenes, o más bien, podía hacerlo si se concentraba en eso, más no sentía emoción por las mismas. Solo vacío, como si hubiesen cercenado su identidad.
Bufó.
No tenía remedio. Y no paraba de preguntarse ¿por qué habrían creado un modelo como él? ¿Qué utilidad podría tener alguien que actúa justo como el enemigo? ¿El alto mando tenía planes extra para él? ¿O simplemente le buscaba sentido a algo que no lo tenía?
Suspiró.
Estaba consciente que, en otro momento, el grado de aburrimiento que sentía lo llevaría a que dejara de importarle todo y comenzara algún combate con quien fuera o buscara a algún ser vivo qué torturar. Pero, raramente, no tenía ganas de hacerlo.
Sintió una mano grande y fuerte en su hombro que interrumpió sus pensamientos, el pulgar le rosaba la nuca y el cuello, justo en el límite del crecimiento de su cabello. Conocía muy bien esa mano. Era la mano de Black. Que ahora disimulaba, pero sabía que estaba intentando acariciarle el cabello.
— ¿Señor?
Por supuesto, había notado que Black también se había infectado, desde la tarde que había empezado a establecer más contacto físico, algo que antes no hacía con él, los tratos de "princesa" se limitaba a dárselos a No.9 y admitía, le molestaba. Además, él mismo sintió justo el momento en el que el virus se activó en ambos, fue justo cuando se miraron a los ojos. Ese era el detonante de su activación. No estaba seguro si No.21 ya lo sabría o no, pero confiaba en que llegaría a la misma conclusión pronto.
— ¿Has observado algo? — inquirió el instructor.
Black intentó retirar su mano de manera lenta, pero sin dejar de tocarlo, generando otra caricia. Lo cierto era que, en lugar de quitar su mano, la mantenía conectada al cuerpo más pequeño.
No.6 lo notó, por supuesto, así que guardó su espada y tomó la mano de Black entre las suyas. Si no podía divertirse de una manera, tal vez lo lograría de otra. Se permitiría participar. Lo importante en ese momento no era el medio, simplemente quería que algo fuera placentero.
Black no retiró la mano que el atacante sostenía. Le permitió alargar el contacto, sin perderlo de vista. Le permitió explorar.
No.6 extendió su propia mano y la contrapuso con la de Black, midiendo ambas para compararlas. Sin duda, las manos de Black pertenecían a un cuerpo adulto. Con su mano diestra, no dejó de sujetar la muñeca izquierda de Black, quería a toda costa evitar que llegara a retirarla. En cambio, con sus dientes y una mirada intensa, retiró su guante y el de Black en dos movimientos lentos y sugerentes. Logrando que ambas palmas desnudas se tocaran.
El instructor aun no mostraba lo que sentía en su rostro, pero él mismo estaba seguro de que No.6 podía leerlo, leía sus deseos. Desde la tarde, le había quedado más que claro que No.6 parecía un genio cuando se trataba de desnudar los deseos de los demás. Así que pensó que, debía dejarlo sentir que tenía el control. No.6 era así, le gustaba dominar, tanto como le gustaba ser dominado.
Para el atacante, si bien, le divertía más cuando el instructor era un desafío. Su rudeza y su indiferencia eran por sí mismas encantadoras. Sin embargo, ahora que tenía su disposición, tampoco le era totalmente aburrido, por supuesto, en otro momento tal vez se habría desanimado a seducirle si estuviera tan dispuesto. Pero ahora, en su mente generaron preguntas fabulosas: ¿cómo actuaría Black si hacían algo ahora? ¿Hasta dónde llegaría? Y mejor aún… ¿cómo actuaría cuando No.21 finalmente lograra quitarles el virus?
Black acercó su otra mano y le quitó una hoja de árbol atrapada en su cabello, y mientras lo hacía, deslizó uno de sus dedos, como dibujando la línea de su quijada. Para sorpresa del atacante, notó que, de hecho, Black parecía estar calculando sus reacciones. Fue entonces que se dio cuenta, él no estaba seduciendo a Black, era Black quien en ese momento lo estaba seduciendo.
Sintió un cosquilleo agradable en su abdomen. Y quiso sentir más.
Cuando Black estaba por romper el contacto entre su dedo y su barbilla, No.6 liberó la muñeca de Black y sujetó con su diestra, la de Black que estaba por irse, después, la colocó en su mejilla, recargándose un poco en ella en el proceso. El contacto entre sus otras manos continuaba. Sus movimientos eran parsimoniosos, tanto así que el pasar del tiempo era un misterio.
— Se siente bien — murmuró mimosamente.
Instintivamente, Black movió su pulgar, acariciando la mejilla de No.6, quien casi pareció ronronear ante el acto. Al instructor le pareció una imagen tierna y al mismo tiempo excitante. Era como acariciar un caracal, pequeño en comparación a otros carnívoros, de apariencia estética y tan letal como su mirada.
Deslizó su mano, haciéndola bajar por su cuello, su hombro, el costado de su torso, hasta que paseó por detrás de él y rodeó su cintura. El caracal pasó su mano por detrás del cuello del instructor. Ambos atrajeron al otro hacia sí, hasta unir sus labios.
El acto se sintió tan natural como extraño.
No.6 quiso saciar su primera duda, sobre de qué sería capaz Black estando bajo la influencia del virus, así que le invitó a seguirlo, sin palabras, simplemente con la mirada y una sonrisa, comenzó a caminar. Casi hechizado, Black lo siguió.
