Hola.

(Un tomate es aventado desde el publico)

Ah, pero llego a ser George R. R. Martin y no me dicen nada Verdad?

Me gradue de medico, por si alguien le interesa, y en mi país hubo fraude electoral y se estan violando los derechos humanos.


Capitulo veintidós: Ella quería que fuera grande, pero no en Japón.

Crear, destruir. Dijo un guatemalteco en una canción que el vientre ensaya para cuna, que el humor depende de la luna, y un español que la mujer crea; es creación, pero en ese mismo hilar de ideas le pide que vaya a romperlo de deseo, que él vive de ilusiones. El hombre vive de ilusiones. Sumergidos en su fantasía femenina de fuerza, belleza y heroicidad. Eso sí, solo hay fuerza para sostenerlos, belleza para complacerlos, y la heroica tarea de crear.

El pop en español se convirtió en una afición desde que compartía su vida con alguien de raíces latinas, era más único y diferente; la adolescencia en todo su esplendor.

─¡Funciona! ¡Sí! ─exclamó Karen metiendo los codos en señal de victoria.

─No puedo creer que lo hayas reparado ─dijo su madre impresionada.

Pero era cierto, la taza con agua estaba dando vueltas dentro de aquel aparato que Karen había traído a la casa.

─Ni crea la Sra. Jenkings que se lo voy a devolver ─manifestó viendo a su madre como si esta tuviera algo que decir al respecto.

─La mujer desecho el microondas, no creo que lo este esperando de vuelta. ─resolvió sin mayor problema ─Pero no quiero que se te haga costumbre hurgar en la basura de los vecinos.

─No estaba hurgando mamá, solo pasaba por ahí con las chicas y vi que lo dejó en la acera con unas cajas ─Se defendió, ni que fuera una recoge latas.

─Primero el televisor y ahora esto, te estas volviendo toda una experta ─mencionó orgullosa ─¿Y estas piezas?

─Ni idea.

La mujer por todo comentario levantó una ceja suspicaz alternando su mirada entre su hija y el electrodoméstico que ahora le parecía más una bomba nuclear.

─Bah, es divertido ─dijo Karen sin darle importancia mientras sacaba la taza para asegurarse de que el agua estuviera caliente ─Y ahora tengo donde hacer palomitas. Tal vez así podría ganar dinero extra este verano ¿No crees? ─preguntó ilusionada.

─No bebé, ya te he dicho que no necesitas trabajar, hasta ahora me las he apañado bien sola, disfruta tus vacaciones nena ─La desairó su madre nuevamente. ─Por haber desarmado un par de cacharros no te vas a comprometer a reparar los electrodomésticos de la cuadra, le puedes dañar algo a alguien y les conozco la lengua perfectamente.

Karen se desplomó en la mesa de la cocina, donde se apreciaban algunas herramientas, y poso su mejilla en la mano en señal de aburrimiento.

─Bueno cariño, ya me voy al trabajo ─anunció Samanta Beecher registrando su bolso para asegurarse de no dejar nada. ─Sabes que al Señor García no le hace gracia que me tome largas horas de almuerzo.

─Ay sí, cuidado se roban los periódicos y las Cosmos ─sancionó Karen con una simple torcida de ojos.

─Te sorprendería lo mano larga que es la gente ─comentó acariciando su cabeza como despedida.

Karen clavó la vista en el ventilador de techo, de fondo se escuchaba la radio, pasaban el programa favorito de Kory "La Dimensión Latina"; Shakira, Enrique Iglesias, Ricky Martin, le ayudaban a sobrellevar los cólicos; otro regalo de aquel verano.

─¿Por qué no te puedes quedar conmigo? ─lloriqueó tomando la mano que su madre le posaba en la cabeza.

─Ay, la bebecita ─Se burló.

─Es que me siento mal ─La chantajeó un poco.

─Eso es normal, Abejita ─dijo depositando un beso en su cabeza ─Ojala pudiera quedarme, pero yo sí tengo que trabajar, esa nevera esta como para rifarla y te acabaste las compresas.

─No compres unas muy grandes, que luego siento que cargo puesto un pañal.

─Las que pueda comprar, Karen.

─Tráeme chocolate ─pidió en un quejido lastimero.

Por toda respuesta recibió un portazo. Resopló para retirarse del rostro un par de rizos que le fastidiaban; todo le fastidiaba en esos días, al menos reparar el microondas había sido entretenido, no como el resto de las tardes de aquel verano; sin nada que hacer. Rachel asistía a la iglesia frecuentemente con su madre, y Kory tenía que estudiar para presentar los últimos exámenes que la nivelarían y podría volver a la secundaria con ella y Rachel. Habían hecho todo lo posible para ayudarla con todo el contenido, y veces el estrés la volvía un mar de lágrimas.

«Estamos mezclando números, letras, logaritmos, cosas ¡Ah! O sea, yo no voy por la calle y me preguntan cuál es el logaritmo de 2 a la -1 de 9, de 5, 43 y hazme el grafico ¡Nadie pregunta eso! Y yo acá como una hija de la chingada estudiando algo que me vale 10 hectáreas de verga».

Pero le tenían fe a su Zanahorias, saldría adelante.

Sería el mejor año de todos, las tres juntas otra vez.

Había sido un verano lento y caluroso, Karen veía como sus vecinos se las ingeniaban para ganar unos dólares, sin embargo, a su madre no le agradaba nada la idea, y tampoco le gustaba que se juntara con otros chicos del barrio fuera de sus amigas.

Era contradictorio porque no le gustaba que hiciera cosas normales entre chicos de su edad, pero tampoco había dinero para aquel curso vacacional de computación para el que la había recomendado el Profesor Patrick, y ni siquiera era costoso, pero implicaba estar unos días fuera de casa y eso ya para su madre era una afrenta. «Tú tienes casa, no tienes que dormir en la calle, ni en casa ajena».

Con una computadora en casa el encierro hubiera sido mil veces más soportable. Al menos en la escuela podía usar las de la biblioteca, justo después de una pelea a muerte con sus compañeros, pero eso era parte de la diversión.

Se levantó a buscar algo de comer al refrigerador, entonces comprobó que su madre no exageraba al decir que estaba vacío, aderezos y pepinillos en su vinagreta no parecían una merienda atractiva. Agarró una botella de Coca cola y tomó directo de ella para terminar los tres dedos que le quedaban y así pasar un analgésico. En la sala la emisora la complacía poniendo La Tortura.

Oye mi negra, no me castigues más porque allá afuera sin ti no tengo paz, yo solo soy un hombre arrepentido, soy como el ave que vuelve a su nido ─cantaba atando un nudito a su camisa para dejar la barriga al aire y ejecutar los pasos de Shakira en el video. ─YO SÉ QUE NO HE SIDO UN SANTO ─Saltó dando una palmada al aire ─ y es que no estoy hecho de cartón. NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE Y NO DE EXCUSAS VIVO YO.

Beneficios de estar sola en casa: Poder cantar a todo pulmón. Estaba inspirada dando una demostración de danza del vientre frente al espejo en la sala, hasta que se percato de un ruido en la ventana.

─¡Hey! ¡Hey! Tengan cuidado, si la rompen, la pagan ─amenazó asomándose a ver de quien se trataba.

─Te dije que estaba en casa.

─¿Qué hay, Bee? ─Saludó Pete, vecino y compañero de clases. A veces jugaba beisbol con él y los otros chicos del barrio.

─Nada que te importe ─canturreo para molestarlo luego de mostrarle la lengua.

─Aron y yo tenemos un negocio para proponerte, me dijiste el otro día que andabas corta de plata, algo sobre un teléfono nuevo ─expuso rascándose la cabeza.

─¿Y se lo tienes que decir a todo el vecindario? ─inquirió la chica levantando una ceja.

─Oye no… No fue así… Escúchame… ─tartamudeó Pete.

─Creo que debiste escoger mejor tus palabras, viejo.

─¡Cállate, Aron! ─Lo golpeó en el brazo por bocón ─¿Karen?

─Te escuchó con los oídos, no con los ojos, Pete, desembucha ─Lo apuró mientras examinaba con atención su cabello, le pareció el momento ideal para buscar horquetillas.

Aron le dio un codazo guasón a Pete, sabía que su amigo se moría por esa niña, pero era demasiado cobarde para decírselo.

─¿Recuerdas a mi hermana Simone? ─continuó, ella asintió aun sin mirarlo ─Encontró trabajo de sirvienta en la casa de unos ricachones, y me dijo que necesitaban más personal y podíamos ir a ganarnos algo bueno.

─¿Ricachones? ─repitió ahora sí regalándole su atención ─¿Quiere decir que esta lejos?

─Anda, solo será un viaje en metro ─La animó Pete.

─Nosotros apoyaremos al jardinero, y tú podrás estar en la casa grande con Simone ─explicó Aron como si fuera el mejor negocio de su vida. ─Regresaremos antes que tu madre, es más, ella estará feliz de que traigas dinero a la casa, a la mía eso siempre la contenta.

─¿Seguros que la paga es buena?

Ambos chicos asintieron fervientemente mostrando enormes sonrisas, Karen insegura mordió su labio inferior, su madre siempre protestaba categóricamente cada vez ella le mencionaba algo sobre trabajar.

─Te dije que no iría ─escuchó murmurar a Aron en un tonito que no le agradaba para nada y que le picaba en su osadía.

─No, ella ira ¿Verdad, Karen? ─insistió Pete ilusionado.

─Espérenme un momento ─Sonrió traviesa al escuchar a los chicos celebrar chocando las manos.

Se hizo con un cargo pants verde militar y zapatillas, cuando estuvo segura de dejar todo en orden, salió al ruedo con el par de malandrines. Que para empezar; le mintieron con la distancia, tuvieron que tomar un autobús luego del viaje en tren, y además caminar un buen pedazo cuando llegaron a la zona residencial donde trabajaba Simone.

─Llegamos ─anunció Pete aliviado al sentir las miradas enojadas de sus amigos.

─¡Por fin! ─resopló Karen exhausta.

Justamente había dos hombres en la parte de afuera encargándose de darle forma a unos arbustos. Pete se acercó a uno de ellos, él que se veía más joven, y le informó que eran referidos de Simone. El hombre se limpio el sudor de la cara y los guió al interior de la casa, qué casa, imponente mansión, Karen en su vida había visto una casa tan grande y hermosa. Atravesaron el jardín el cual estaba más que frondoso, deslumbrante, y llegaron a la lavandería de la casa en donde se encontraba la hermana de Pete doblando sabanas del blanco más impoluto.

─Simone, tu hermano ─avisó el jardinero.

─Gracias por traerlos, Ernesto ─agradeció con una sonrisa coqueta. ─La Señora dijo que podía traer ayuda ─explico guiñándole un ojo ─Llévate a los chicos, y déjame con Karen.

─Vengan muchachos.

Obedientes lo acompañaron.

─Ey Simone ¿Qué onda? ─Saludó Karen distraída tocando la linda y suave ropa de cama que había en la mesa.

─Hola Karen ¿Cómo estas, nena?

Simone tenía casi 17 años, y a Karen le parecía una chica mega cool, de esas con mechones coloridos en el cabello, más de un arete en las orejas, y un piercing en la nariz. Aunque en ese momento tenía la cara lavada; sin su típico delineado negro desprolijo, cero joyería y el cabello negro atado en una cola de caballo, una imagen sosegada acorde con el vestido turquesa suave que usaba de uniforme junto con un mandil blanco.

─Todo bien, tú dime.

─¿Alguna vez has trabajado en casa de familia? ─investigo Simone buscando otro uniforme en unas gavetas.

─Sí, claro que sí ¿Para que soy buena? –respondió de forma resuelta, qué tan difícil podía ser.

Simone le mostró una sonrisa fraternal; sabía que mentía, más no la pondría en evidencia. Samanta Beecher era una mujer respetable, que incluso llegaba a caer pesada por sus maneras un tanto arrogantes, y protegía como fiera a esa niña. Karencita a pesar de ser muy lista y bonita, le gustaba hablar con todos, y ayudaba a su hermano y los demás con las tareas escolares. Estaba verdaderamente sorprendida de que Pete la hubiera convencido de ir hasta allá, casi nunca estaba fuera de su casa, o sin la monjita amargada o la hermanita de Katia "La Terrible".

─No quiero problemas con tu madre, pequeña.

─Para nada, no te preocupes ─La tranquilizo, no quería que Simone pensará que era una sometida, casi tenía 14, era prácticamente una adulta.

Ella suspiró ─Bueno, entonces primero ponte el uniforme ─indicó llevándosela a una habitación para que se cambiara.

─Vas a subir y recoger la ropa sucia, toallas, también la ropa de cama, y la traes para acá, agarra el carrito de allá y esta cesta ─instruyó entregándole una gran canasta plástica ─Asegúrate de que nadie te vea.

─¿Por qué? ─replicó frunciendo el ceño cuando sintió a Simone ajustarle el delantal.

─A los jefes no les gusta, si ves a alguien no entres en la habitación, regresas acá y haces otra cosa –Le explicó en un tono que le sugería a Karen que no tenía tiempo de responder sus preguntas tontas.

Luego de memorizar las normas, Karen subió al ascensor que utilizaba el servicio. Le parecía una locura que tuvieran un ascensor solo para ellas. Las puertas se abrieron y salió al piso de las habitaciones donde empezó su labor. Eran cuartos tan bellos como los de las películas, con ventanales que dejaban pasar mucha luz, camas gigantes llenas de cojines aterciopelados que hacían juego con los edredones (Karen se tomó el atrevimiento de arrojarse en una por unos segundos), los baños hasta tenían secador de cabello junto a los espejos, no lo podía creer.

Varios cuartos después, que tenían pinta de no ser ocupados por nadie, entró a uno que parecía el sueño cualquier chica. Era igualito al de Regina George. Si bien ella no era muy apasionada por el rosado, le llegaban a regalar un cuarto así y podían ponerle todo el rosa que quisieran. El tocador era una chulería, con luces y toda clase de cosméticos, destapo una crema para olerla, era de coco; amaba el olor a coco, memorizó el nombre para buscarla después en la tienda. Sus ojos se iluminaron al ver un iPod envuelto en el cable de los audífonos, cubierto por pedrería fucsia, simplemente alucinante, pero una voz femenina y el ruido de pasos la devolvieron a la realidad de golpe, dándole suficiente tiempo de ordenar y salir de la habitación sin ser vista.

Entró al ultimo cuarto que le correspondía por la jornada, era el más desordenado de todos, en ese parecía que genuinamente habitaba una persona y no era una exhibición inmobiliaria. Empezó a recoger la ropa tirada en el suelo. Deshizo la cama, por fortuna era la ultima, la canasta estaba bastante pesada. Había una toalla enganchada en la puerta del closet, Karen resopló fastidiada, la puerta era más alta que ella, no alcanzaba. Buscó una silla en la cual subirse y dio con la de un escritorio, no pudo evitar distraerse con lo que había sobre este. Eran planos, a un lado había un cuaderno abierto que exhibía cálculos y anotaciones, también había piezas y herramientas, el dueño de aquel proyecto estaba intentando maquetear algo, aunque no terminaba de entender qué, parecía una lavadora, se reprendió a sí misma por su ignorancia, obviamente no era una lavadora. Podía estar ante la maquina que cambiara el curso de la humanidad, y ella ni idea… O quizás una lavadora y ya.

"El mundo es de los que se preparan" solía decirle su madre, suspiró, y quién no iba a prepararse teniendo aquel confort para pensar. Vio que una piecita de la maqueta estaba apunto de caerse, la tomó con cuidado antes de que se desprendiera y le colocó más pegamento para devolverla a su lugar, la sostuvo unos segundos hasta sentirla segura, sonrió conforme, luego cerró la libreta y apurada llevo la silla hasta la puerta subiéndose en ella para agarrar la toalla, ahogó un gritito del susto cuando sintió una manos tomarla por la cadera firmemente y la ayudaba a bajar de la silla.

Cuando estuvo en el suelo se volteó con brusquedad quitándose de encima las manos del atrevido.

─Pensé que eras Simone ─habló el sujeto con zalamería levantando las manos como si estuviera ante la policía. Era rubio, alto y buenmozo. No llevaba camisa, ni zapatos, solo un pantalón de pijama largo, el borde de sus ojos exhibían algunas ojeras.

«Simone» pensó la morena recriminándose que la encontrara ese tipo, no quería que regañaran a Simone por su culpa.

─¿Eres su hermanita? ─preguntó sacando un par de paletas de una bombonera llena de estas en la repisa tras de él, la abrió y se la metió en la boca. ─Toma ─Le convidó la otra ─¿Te gustan de fresa? Son las favoritas de ella.

Karen no respondió, él le extendía el dulce y ella pensaba en el mejor de modo de salir corriendo.

─¿Qué paso, bonita? ¿Te comió la lengua el gato? ─fanfarroneó mirándola con morbo solapado, ostentando aires de superioridad varonil.

─Mi lengua esta bien puesta en su lugar al igual que mi nombre ─Le dijo dejándolo con la mano extendida, copiando sus maneras prepotentes, ese mequetrefe no le iba a meter miedo.

─Uy, que brava ¿Y cómo te llamas… bonita? ─La molestó entre tanto devolvía los dulces a la repisa.

─No es de su incumbencia, y si me permite tengo que irme ─zanjó tratando de mantener la compostura, aunque por dentro estuviera hirviendo de rabia. Pero ya la había cagado lo suficiente.

Se dirigió a recoger las cosas para irse.

─Anda, anda ─Continuo usando aquel tono burlón que a Karen no le hacia nada de gracia.

─Ya voy.

Cuando estuvo lista para irse, al darse la vuelta con aquel montón de cosas a cuestas el chico le dio senda nalgada que le hizo dar un respingón que casi la hace tirar todo.

─Quiero comer en mi habitación ─Le informó.

─Ya mando a que le suban la comida ─respondió antes de morderse la lengua.

─No, no, tráemela tú ─exigió clavando la mirada en la espalda de Karen, detallando su figura.

Ante eso Karen salió como una exhalación de la habitación, como si pudiera sentir sus ojos atravesarla, empujó el carrito con las cosas de vuelta al ascensor lo más rápido que pudo, no le gustaba para nada la forma en que la había tratado ese tipo, pero no quería meterse en problemas, ni a Simone. Cuando llego a la lavandería ella se encontraba planchando, sonrió al verla.

─Ya volviste, que rápida ─La felicitó.

─Un hombre allá arriba ha sido muy grosero, me ha agarrado y me ha nalgueado, y no estaba haciendo nada malo ─Se quejó al instante.

─¡¿Qué qué?!

─Que…

─Por Dios, debido ser James, habrá regresado antes del gimnasio ─dijo bastante alterada. ─Ni una palabra de esto a tu madre, Karen ¿Entiendes? ─habló tomándola firmemente de los hombros.

Karen asintió sin vacilar.

─Promételo.

Ella asintió aun con más vehemencia.

─Pero él no puede…

─Él puede hacer lo que quiera, niña ─La atajó Simone para que se callara. ─Quédate aquí, seguramente esta esperando su comida.

─Dijo que yo debía llevársela.

Simone se detuvo en seco, más seria que antes.

─No.

─Pero dijiste…

─¡Dije que te quedaras aquí!

─¿Qué está ocurriendo, Simone?

Una elegante mujer entró al cuarto de lavado, hablaba con voz apagada y lenta, se movía con discreción, la chica adquirió una pose respetuosa y la reverencio al instante.

─Nada Señora.

─James me ha dicho que encontró a una desconocida en su habitación ─De inmediato la vista de la mujer fue a parar en Karen, quien imitó a Simone.

─Dijo que podía traer a alguien para que me ayudara.

─Es muy pequeña ─dictaminó sin alterar su expresión ─ ¿Cuántos años tienes?

─14 ─mintió Karen.

Simone le mandó una mirada asesina indicando que guardara silencio.

─Es mi hermanita, es madurita, Señora, no dará problemas.

─No la quiero aquí, ya nos estamos arriesgando mucho contigo, trae a alguien más para la próxima vez.

La Señora buscó en su bolso y sacó varios billetes.

─Dale eso y que se vaya ─Zanjó el asunto sin mediar más palabras antes de darse la vuelta e irse por donde había venido.

─¿Estas en problemas, Simone? ─Se atrevió a preguntar Karen una vez que se fue la mujer.

─No, pero será mejor que tomes el dinero y te vayas a casa.

Karen con algo de temor cogió los billetes de la mesada y los hizo rollito ─Tengo que esperar a los muchachos ¿No necesitas más ayuda? ─insistió por el remordimiento.

─No, ve a cambiarte y acompaña a los chicos en el jardín ─respondió Simone con el buen animo mermado siguiendo con la preparación de la charola con comida.

Karen obedeció, no quería ocasionar más inconvenientes. Tuvo que esperar a que Aron y Pete terminaran sus tareas, se sentó en uno de los bancos de la rosaleda, admirando lo magnifico de sus flores rodeadas de mariposas y abejas.

─Mira Karen, son tus primas ─bromeó Pete para llamar su atención.

─Cuidado te pican, no nos gusta que nos molesten ─Le advirtió divertida, haciendo girar una enorme flor entre sus dedos, pensando que a sus amigas les encantaría ese lugar.

Aron le reclamó a Pete que dejara de hacerse el tonto y trabajara. Después de casi una hora esperándolos estos por fin, resoplando y apestosos, le dijeron para irse.

─¡Ay no!

─¿Ahora qué, Beecher? ─preguntó Aron impaciente.

─Olvide mi bolso en el cuarto de Simone ─Con la prisa que le metió la chica por sacarla de la casa, había olvidado su mochila en aquel cuarto.

─¿Y hasta ahora te das cuenta?

─Oye, vuelve hablarme así y le agregare un poco más de dolor a tu jornada ─Lo amenazó blandiendo el puño en sus narices.

─Cálmate, viejo, deja que vaya a buscar sus cosas ─dijo Pete con pereza ofreciéndole a su amigo un vaso de agua.

Aron lo tomó y guardó silencio.

─Tengo una hora esperándolos, no se van a morir por aguardar cinco minutos.

Simone no estaba en la lavandería, pero Karen sabía el camino. En lo que abrió la puerta vio su bolsito tirado a los pies de la cama, entró rápidamente a recogerlo, y ya que estaba ahí aprovecho de usar el sanitario porque el viaje sería largo. En cuanto salió del baño, procurando ser silenciosa una mano grande le cubrió la boca y fue acorralada contra la pared, instintivamente gritó, pero James aplastó su mano más fuerte contra su rostro y la cubrió con todo su cuerpo.

─¿Te vas sin despedirte? ─susurró.

Karen luchaba por zafarse.

─No hiciste lo que te ordene, pésimo servicio ─comentó como si nada ─Pero todavía puedes remediarlo ─expuso echando una miradita vigilante a la puerta. ─Ve ─Le mostró unos cuantos billetes percibiendo como Karen dejaba de moverse y prestaba atención ─Ahora sí nos vamos entendiendo, todo esto es tuyo, solo tienes que hacerme feliz, bonita.

Él retiró la mano de su boca con cuidado, ella lo observaba expectante; iba a gritar con todas sus fuerzas, pero sin previo aviso este atrapó sus labios en un acalorado beso. Una ola de confusión paralizante invadió a Karen, él buscaba deseoso una respuesta de ella, pero Karen nunca había besado a nadie en la boca, aunque contrario a lo que ella pensaba que debía sentir en esa situación, no le resultaba desagradable. Orillada por su lengua abrió la boca y le dio acceso a enredarla con la suya, él la agarró por la nuca de forma posesiva robando todo su aliento, Karen cerró los ojos y también lo tomó del cuello acoplándose a su ritmo.

De repente sintió la mano de James apretarle los senos por encima de la blusa, y trasladar el beso de su boca a la curva de su cuello.

Suéltame ─alcanzó a decir con el poco aire que le quedaba, pero hizo caso omiso.

Él no se detendría por nada del mundo, sin embargo, la posición en la que estaban le permitió a Karen hincarle la rodilla con todas sus fuerzas en la entrepierna. Movido por el dolor liberó a Karen y se tumbo en la cama del cuartito del servicio propinando maldiciones.

─¿Y bien, guapo? ¿Ya eres feliz? ─preguntó en un tono sugestivo limpiándose los labios.

─Pequeña perra ─escupió junto con una risa mordaz.

─Lo siento, seguir ordenes no es lo mío ─aseveró guardando el dinero en su bolsillo derecho, se echo el bolso al hombro y salió corriendo antes de que el loco se recuperara.

En su huida se encontró con Simone, quien se dirigía a la habitación

─¿Qué haces aquí, Karen? ─interrogó nerviosa llevando sus ojos de la puerta a Karen repetidas veces.

─Nada ─respondió, pero su mirada le decía otra cosa ─Ya me voy.

Y se echo a correr nuevamente, dejando a Simone con la palabra en la boca.


─¿Qué tienes, Bee? ¿No te gusto el helado? ─preguntó Pete en el tren devuelta a sus casas.

─Esta rico ─dijo dándole otra probada, saliendo de su ensimismamiento ─Solo estoy cansada.

─Ni que lo digas, yo estoy es muerto ─mencionó Aron estirándose ruidosamente.

─¿Por qué Simone no volvió con nosotros?

─Ella se queda a dormir allá, prácticamente se mudo, pero como le pagan bien ─respondió en plan de "todos ganamos". ─Entonces ¿Si te gusto el helado?

─¡Que sí! ─contestó con la boca embarrada de helado golpeando a Pete por fastidioso.

Él le dijo que comía como una bebé, y ella lo golpeó de nuevo por burlarse. El cansancio de Karen era real, había sido un día estresante más que todo, llego a pestañear un momento durante el viaje, los chicos charlaban junto a ella pensando que no los escuchaba.

─Mejor tómale una foto, te durara más ─molestó Aron a Pete sobre la forma en la que miraba a la chica.

Karen sonrió en su fuero interno.

─Estábamos en el metro, aquí no se puede dormir, debo estar pendiente.

─Entonces despiértala.

─¿Y si se molesta?

Aron hizo un odioso quejido parecido al de un gato ─Entonces ya no te dará tus besitos.

─¡Cállate, estúpido!

─Oye relájate, fue un buen día, todos ganamos: Pasaste tiempo con la niña que te gusta, la llevamos hasta allá como nos pidió tu hermana y la mejor parte es que todos ganamos plata ─concluyó sin poder creer que todo saliera tan bien.

Pete abriendo mucho los ojos, le hizo señas para que dejara de hablar.

─Hermano, tiene la boca abierta como mi abuelita cuando pasan Casos de Familia.

Y honestamente hizo reír a Pete.

Aron y él fueron a dejar a Karen a su casa, ya había caído la noche, pero seguía siendo temprano, se habían distraído un poco hablando con los demás chicos del vecindario, pero Pete notó que Karen estaba particularmente ensimismada desde que bajaron del tren, e insistía que irse a casa por su cuenta. Aron se quedo con los demás chicos, para que Pete pudiera tener un momento a solas con Karen llevándola a casa, no obstante, Karen no hablo casi nada en el trayecto, siempre escudándose en el cansancio, una vez que estuviera frente a su casa no se dilato mucho en despedirse, un simple y seco adiós fue todo lo que Pete recibió.

─Te veo luego?

Su respuesta fue un portazo.

─¡¿Dónde demonios estabas?! ─Saltó su madre preocupada a recibirla en lo que entro por la puerta.

─Salí ma ─respondió sin más pasándole llave a la puerta, quizás en otras condiciones hubiera determinado que esa no era una buena respuesta para su madre.

─Es obvio que saliste, Karen, pero ¿A donde? ¡Ve la hora que es! ni siquiera dejaste una nota, hasta fui donde los Anders a ver si estabas allá ─vociferó alterada ─Quede como una estúpida con esa gente.

─Estaba con Pete y Aron ─continuó ella con calma, pensando que si no le daba importancia su madre lo dejaría pasar.

─Karen sabes que no me gustan esos chicos.

─Por favor mamá, son mis amigos, son nuestros vecinos.

─No, tus amigas son Kory y Rachel, no me gusta el aspecto de esos chicos, son unos vagos.

─¡Claro que no! No los conoces ─Los defendió siendo contagiada finalmente por el enojo ─Hoy los acompañe a trabajar y gane dinero, quería sorprenderte, pero lo arruinaste.

─¿Qué hiciste qué? ─inquirió deseando haber escuchado mal, dándole la oportunidad de retractarse.

─Fuimos a la casa donde trabaja la hermana de Pete, me gane todo esto por solo recoger ropa sucia ─expuso extendiéndole el dinero a su madre.

Samanta vio los billetes enrollados en la mesita como si fueran basura, y no les dio ninguna importancia, lo que enervo más a su hija.

─Karen ¿como que te metiste a limpiar en una casa? ¿Por qué hiciste eso? ─interrogó alterada por su delibera desobediencia.

─Solo quería ayudarte ─chilló.

─¡¿Te falta algo?! ¿Te falta comida, un techo sobre tu cabeza, ropa decente? ¡Me parto el lomo día y noche para que no te falte nada! ¡No tienes que limpiar el inodoro de nadie!

─¡No hice eso! ─exclamó sin comprender el enojo de su madre. ─Siempre te quejas de que falta dinero, nunca estas, siempre estas cansada, ya van a empezar las clases y no me has comprado nada, te dije que quería tomar un curso durante el verano y me dijiste que no ¡QUIERO COSAS Y SIEMPRE DICES NO!

Recibió una fuerte cachetada de parte de su madre, volteó a verla sorprendida sosteniéndose la mejilla.

La rutina de Samanta era una ciudad sitiada, construida a pulso. Su hija, su trabajo y aquella piecita de la cual se sentía orgullosa. Muy tarde para arrepentirse se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

─No te permito que me levantes la voz Karen ─Le dijo con firmeza, ya no tenía caso flaquear ─¿Te parece bien que yo te deje ser una sirvienta de blancos? ¿Alguna vez te he dicho que las cuentas de esta casa son tu responsabilidad? Tú responsabilidad es estudiar.

─ESO HAGO, MAMÁ, ES LO UNICO QUE HAGO, SOLO QUERIA AYUDARTE ─repitió sin bajar la voz y sin poder quitar la mano de su rostro.

─Me ayudas cuando no me causas problemas, cuando tengo la confianza de que te dejó en la casa y permaneces resguardada, no realenga como la mayoría de las niñas de este barrio, expuestas a todo ¿Te parece muy digno andar con un mandil, haciendo cosas que en tu casa jamás has tenido que hacer? Como si te estuvieras muriendo de hambre.

─No ─respondió con la voz trancada, estaba furiosa por la bofetada, impotente ─Pero ¿No ique el trabajo dignifica? Tú eres vendedora en un quiosco no Doctora.

Y para su verdadera sorpresa eso le sacó un boleto valido para otra bofetada. Lo sorprendente de aquello, era que su madre nunca le había pegado antes. Era increíble, el mismo día que tenía su primer beso también tenía su primera jodida. Salió corriendo escaleras arriba hasta llegar a su habitación y azotar la puerta con todas sus fuerzas.

Se tiró en el piso, abrazando sus rodillas con la espalda pegada a la puerta. Las lágrimas salían sin control, lo cual le causaba aun más rabia, no poder demostrarle que no tenía la capacidad de influir en ella, que ella era más fuerte; como si fuera una competencia. No sentía ninguna tristeza, lo que estaba era rabiosa de que su madre la tratara así por una cosa tan estúpida. Vio que sobre su cama estaba un paquete de compresas y un chocolate, y eso lo que hizo fue ponerla aun más furiosa. Se levantó, agarró el paquete con fuerza y lo tiró contra la pared, también el dulce, pero al ver que no les pasaba nada, continuo arrancando las sabanas de su cama arrojándolas al suelo, tomó la almohada y se tapó la cara con ella para gritar, gritar hasta que no le quedara voz.

─¡Karen abre la puerta! Deja la malcriadez ─escuchó que su madre le decía del otro lado del portal mientras intentaba abrirla y se encontraba con el obstáculo del seguro.

─¡DEJA DE TRATARME COMO UNA NIÑA!

Sacó el colchón de la cama y lo puso sobre la puerta, de un manotazo tiró al suelo las cosas que tenía sobre su gavetero, y lo empujó para ponerlo frente al colchón. Sus pensamientos iban a toda prisa, entre el cólera y la impotencia, escuchándose parecido a una canción de los 90.

Ojerosa, flaca, fea desgreñada, torpe, tonta, lenta, necia, desquiciada.

Completamente descontrolada. Tú te das cuenta y no me dices nada.

─¡Karen!

─¡DEJAME EN PAZ! QUIERO ESTAR SOLA.

Se me ha vuelto la cabeza un nido, donde solamente tú tienes asilo.

Y no me escuchas lo que te digo, mira bien lo que vas a hacer conmigo.

Pateó su mochila y desordenó la ropa, arrancó los posters con los que había forrado la pared hasta caer tendida en el piso derrotada, con el pecho subiendo y bajando por la respiración acelerada, y la vista puesta en el techo que había decorado con estrellas que brillaban en la oscuridad; esas constelaciones falsas tenían algo que le daba cierta tranquilidad. Era como un número irracional; sin poder expresarse de manera exacta, quería una explicación para todo, quizás de ahí venían sus preferencias, pero no podía tratar a su madre con una teoría donde había poquísimas excepciones a la regla, con ella no podía saber lo que iba a ocurrir. Ella no veía a ninguno de sus amigos matándose mucho en la escuela, ni mucho menos interesados en cómo funcionaba el mundo, o su futuro. A veces creía que estaba perdiéndose de algo, pero no sabía a ciencia cierta de qué. Y lo que más rabia le daba, es que muy en el fondo sabía que su vieja tenía razón, y ella tenía que morderse la lengua, más no tenía derecho a pegarle, que alguien más lo hiciera era motivo para detestarlo pensó pasando las manos por sus caderas recordando lo sucedido, pero no podía detestar a su madre.


«La heroica tarea de crear, esa la había tenido mi madre; y creo un monstruo».

La chica inteligente, así me llamaban, la de los dieces, la que nunca fallaba, siempre con un diploma de reconocimiento en la mano y la disciplina en su mente. La nena de Doña Huevos, Samanta Beecher. Ella siempre decía que yo estaba hecha para grandes cosas, que con el tiempo lo vería, pero… como madre era lo que le tocaba decir ¿No? Es lo que todas dicen; que estudies, que emprendas, pero la realidad era que la fortuna se concentraba en poquitas manos, el juego estaba amañado y siempre estaríamos en desventaja, a veces creía que mamá se refería a que en la escalera de privilegios no había empezado tan abajo por el lugar que ocupaba dentro del mercado femenino. Sin embargo, después de un tiempo la chica inteligente empezó a derrumbarse, sin dieces ni la disciplina referente, ni esa dulce sonrisa con hoyuelos. El "bajo tu rendimiento" se convirtió en el comentario de moda, porque hacer leña del árbol caído era tan atractivo como una tienda con rebajas. Matarme estudiando fue la solución corriente, sin importar el daño que me hiciera, igual estaba pasando por cosas peores que esa y yo solo quiera volver a ser la chica de los dieces. La niña de mama.

Aquel día entendí que las niñas vivían algo que los chicos nunca iban a vivir de pequeños, algo que nos separaba en mundos distintos y nunca iban a comprender. El pecho y las caderas imponían la brecha, donde nosotras nos desdibujábamos como seres humanos y nos convertíamos en objetos. Objetos de deseo. Y lo peor es que sucedía mientras aun jugábamos Barbies y ni siquiera sabemos lo que eso significa.

Y creo que es un sentimiento hasta tierno a esa edad admirar a "la chica cool", aquellas que tenían el poder de hacer lo que quisieran, yo quería ser leída así, sin realmente entender lo que implicaba "despertar el deseo". Nada tenía que ver con mis talentos o intelecto, que tanto se había esforzado mi madre en que cultivara, y se lo agradezco, porque hoy puedo ver las cosas con claridad; porque el mundo es de los listos, y el sexo es más cabeza que otra cosa. Sin embargo las decisiones que me llevaron hasta acá no eran precisamente dignas de un premio Nobel. Aunque en su momento sí lo creía fervientemente, creo que fue demasiada confianza, ma.

No creo que ninguna niña quisiera ser como yo, tampoco quisiera que tuviera que ver las cosas que he visto para poder serlo. Ser Carmen, brillar como un relámpago en la noche y confiar en la amabilidad de los extraños. Silbidos y obscenidades en la calle, es su forma implícita de decirte "Puedo hacer lo que quiera", y todos empiezan a culpabilizarte por despertar el deseo ajeno. A los chicos nunca les pasa, descubres entonces que eres "mujer".

Ya no sentía culpa, el problema ahora lo tenían ellos.

Tratábamos de vernos a nosotras mismas como esas especiales chicas de la noche que estudiaban en la universidad con la ayuda de sus ganancias. Noble objetivo, para alivio del alma. Ubicadas en esa mínima parte del gremio, de la que solo una mínima parte, de esa mínima parte, terminaba graduándose, y como se decía en el ambiente "se retiraba". Pero eso era solo un guion de telenovela. Queríamos ser unicornios entre un mix de madres jóvenes, hijas salva familias, extranjeras endeudadas, en fin, mujeres desesperadas. Todas parte de La Colmena, subordinadas a un único fin.

Yo no bailaba por billetes de un dólar en mi tanga, esa era solo la punta del iceberg, y ya hacia tiempo que había pasado esa etapa. Una vez que aprendías la regla de oro, todo era más fácil: Ellos te ven como un objeto y los objetos no tienen sentimientos, no tienen remordimientos. Él que tenía la audacia de solicitarme sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo… ¿O no?

Era una droga cara. Todas las noches un performance de mí misma. Bailaba, cantaba, hacia lo que me pedían, siempre había alguien que me cuidaba desde arriba. Sangre sabía todo lo que hacia, por qué, y con quien, yo discurría en sus pensamientos cada minuto del día, y en sus propias palabras era como una maldición. Podría decirse que el sentimiento era mutuo.

Había noches especiales, como en los museos; exhibiciones privadas, para los mejores clientes y los nuevos talentos. Humillante. Prestaba mi voz y con mi propia melodía les estaba diciendo a todos en ese lugar que era cómplice de aquel juego macabro, que estábamos todas de acuerdo y podíamos ser tomadas sin culpa. Aquel deslumbrante espectáculo de bienvenida no podía ser el preámbulo de una violación masiva cada noche, y así se exculpaban todos esos pecadores de sus infamias.

El llamarme a mí misma ilusa sería no ser compasiva con esa niña desesperada de 16 años, sería burlarme de la chica inteligente. Como iba a saber que alguien había estado manifestándome, porque el amor y la obsesión eran caras de una misma moneda, las que me había mantenido con vida todo este tiempo. Chicas iban y venían, a veces me preocupaba no ser más la novedad, perder mi salvoconducto, pero, aunque nadie me lo dijera, me había vuelto necesaria.

El llanto y el pánico de las nuevas me irritaban, las entendía por completo, pero era la peor del mundo dando consuelo. Kory, mi estrella, era más compasiva, las contenía, les hablaba para que no se sintieran tan mal con su suerte. Nadie hizo eso por nosotras. Yo les hablaba claro desde un principio, sin tapujos, e incluso era más de lo que Rachel hacía, prefería no encariñarse con nadie. Me odiaban, así como yo odie a Jinx, a Rouge, no me lo tomaba personal, era solitario estar en la cima, consagrada a ser la reina del país de las mentiras, casada con la noche.

I'm gonna marry the night, I won't give up on my life ─La verdad es que hacia años me había dado por vencida.

La potente voz de la mujer en lo alto del escenario embargo aquel recinto de los señores de la droga y la maldad inaugurando su capacidad de seducción y corruptela, sonreía, portaba su mascara como única armadura.

I'm a warrior queen, Live passionately tonight.

Sangre quería un espectáculo de Broadway pero al estilo de la ciudad de la niebla para sus invitados, con su muñeca preferida a la cabeza de todo, era como los niños egoístas con muchos juguetes, bien dispuesto a presumirlos, pero jamás prestarlos… Mucho menos ese que se veía tan bien en lo alto de la repisa.

I'm gonna marry the dark, gonna make love to the stark.

«Tienes que ser más femenina» Todo un encanto las preocupaciones de mamá, como la extraño. Detesto cantar.

Las luces sobre ella, de colores embriagadores, atmosfera seductora, rojos, purpuras, ella enfundada en un leotardo de transparencia negra y cubierta de escarcha, melena en combinación con la noche, oscura y profunda.

I'm a soldier to my own emptiness, I am a winner. ─Este era mi territorio y siempre tenía que ganar aunque estuviera perdiendo.

I'm gonna marry the night

I'm gonna marry the night

De rodillas llevo su espalda lentamente hasta atras deslizarla por el suelo, satisfaciendo a los ojos en el cielo, sin importar el ángulo, las miradas siempre estaban sobre ella. No había donde ocultarse; como un animal de circo.

De la escalinata por la cual había descendido, salieron a gatas, como el resto de la manada, las chicas nuevas lideradas por Star y Raven. En un inicio esa salida se había concebido como un desfile, pero a Sebastian no le parecía, Karen supuso que no era lo suficientemente humillante.

Las chicas iban de encaje blanco, cual primera comunión. Al llegar al final de la escalera se podían levantar para darle la cara al público, políticos destacados, jueces, conocidos sacerdotes para darles la bendición, militares, policías, lo más representativo de la institucionalidad y la sociedad en donde yacía la avasallante fascinación del dinero a manos llenas.

Y cabría la duda de qué hacían tan respetadas figuras en una fiesta buscando mujeres perversas como nosotras; putas, que palabra hiriente repleta de carga de moral. A Sebastián tampoco le agradaba el "Prostitutas" porque implicaba un matiz de corrupción (Irónico ¿Cierto?) El nombre edulcorado de escorts no removía asuntos morales, y es que a la gente rica le encantaba ponerle nombres especiales a todas sus cochinadas para diferenciarlas del común denominador. El negocio no sabía de títulos y apellidos, solo entendía de carteras, y los distinguidos se mezclaban con los neobarones de la droga y la plata de todos valía por igual, esto no era ninguna empresa formalizada de citas que operaba sin rubores, era un hoyo de dinero sucio donde solo pululan los bandidos, no habían identidades, podían venir hacernos lo que quisiera y luego regresar a su ajetreada vida formal.

De por sí las mujeres importabamos poco, peor si eras prostituta (Perdón, olvide restarme carga moral) Si eras una de La Colmena todavía menos. Como habíamos llegado ahí era algo que a los clientes les importaba 10 hectáreas de verga, como a Kory las matemáticas. Como el asesino de Rio Verde después de años, el bastardo fue condenado por casi 50 asesinatos de prostitutas y tuvo las santas de decir "Pensé que habían sido más", es que las investigaciones policiales son mas dejadas en esos casos, o inexistentes.

I'm gonna marry the night, I'm not gonna cry anymore.

"Quien nunca dice que no a nada desata una guerra dentro de sí mismo" es por completo cierto, sin embargo entre las muchas razones que hay para dar un no por respuesta, por no quedar mal, por miedo a ser juzgada o por conformar a otros, a mí ninguna de esas cosas me han interesado jamás, bueno, me importaba ver a mamá feliz, pero del resto. Aquí nunca podía decir que no, aquí no existía nada prohibido, ni intocable, la autoestima es profanada hasta llevarla a lo más bajo; a lo más detestable, un ser sin control de su propia vida, pero hay que sonreír, es una fiesta.

Bee dio un salto mortal tomándose de las telas brumosas que desplegaron del techo llegando a rozar las cabezas de los espectadores, Star y Raven la siguieron con maestría haciéndose a las telas. En el aire. Fantaseando que burlaban la ley de gravedad. Un breve momento creado para el éxtasis de ellas; la parte favorita de Karen, la tela deslizándose por ella como una segunda piel, el vacío en sus oídos, las haces de luz atravesándola, haciéndola resplandecer. Con un movimiento en falso todo podría acabar en un segundo. Kory tomaba su mano y se iba el vértigo, se columpiaban como cuando eran niñas en los pasamanos del parque, sujetaban a Rachel entre las dos, y la bruja hacia un hechizo donde se desvanecían las telas y verdaderamente parecían volar.

Los aplausos sustituían al vacío, por un momento parecía verse una luz en la boca del pozo sin fondo en el que habían caído, casi siempre, mayoritariamente, oscuro y tenebroso.

Y quizás era la raya que se había metido antes, pero la sonrisa de euforia que se expandía en sus labios era tan genuina que nadie pensaría que estaban en el infierno; era una puta fiesta.

Nunca quise renunciar a nada de lo que amaba y me hacía feliz, no hubiera soportado perderlas, y me pesa el egoísmo cuando las veo. Sin embargo, aquí en la cima somos las reinas, volamos, nada se siente como una herida abierta y por un breve momento la vida parece más bella que miserable, como solía decir Sangre en sus momentos más pedagógicos ¿Qué ha contribuido más a la felicidad humana, lo real o lo imaginario?

I'm gonna marry the night, leave nothing on these streets to explore.

M-m-m-marry m-m-m-marry m-m-m-marry the night, Oh m-m-marry m-m-m-marry m-m-m-marry the night.

Todas se unieron, una al lado de la otra, tomadas por los hombros, estirando las piernas en perfecta sincronía con la canción como las bailarinas antiguas de can can.

Al abrir la formación las chicas se fueron hacia el filo del escenario donde Star y Raven le colocaban cada una, una bota de caña alta echa de cuero a Lady Bee, subieron para ambas darle un beso en la mejilla, Raven la adornó con un crucifijo, Kory le sirvió una copa de champaña y ella tomó sus rostros acunandolos con cariño, viéndolas como si quisiera probar sus bocas, haciendo agua las de la multitud, pero solo juntaron tiernamente sus cabezas para despedirse y cada una volver con su grupo.

I'm gonna lace up my boots, throw on some leather and cruise down the street that I love in my fishnet gloves, I'm a sinner. Then I'll go down to the bar, but I won't cry anymore, I'll hold my whiskey up high, Kiss the bartender twice, I'm a loser.

«Me odio» era su pensamiento durante todo el show, pero había que sonreír era una fiesta.

Las nuevas se preguntaban quien era ella, su presencia les causaba temor e intriga, ¿Por qué debían servirle de beber durante el acto? ¿Por qué ella levantaba su copa y hacia brindar a todos? ¿Ella también disfrutaba de su miseria? entonces por eso tenían que odiarla. Las más agalludas solía decir que le bajarían esos humos en un dos por tres, que serian las nuevas reinas del lugar, Karen genuinamente quería verlas intentarlo, en cambio solo había visto desfilar una tras otra por el camino de la vergüenza. Partes del mobiliario, reemplazables sino combinaban bien o pasaban de moda. O si jodian mucho.

Nothing's too cool, To take me from you, New York is not Just a tan that you'll never loose, Love is the new Denim or black, Skeleton guns, Or wedding bells in the attic. Get Ginger ready Climb to El Camino front Won't poke holes in the seats with my heels 'Cause that's where we make love, come on and run, Turn the car on and ruuuuuuuun…

─Es magnifica ─manifestó envilecido el invitado especial de Sangre aquella noche. El Sr. Gobernador.

Sebastián lo miró de reojo, y pensó en matarlo ahí mismo, sin embargo había que sonreír, era una fiesta.

Detrás de escena se formaba un remuelo una vez que terminaba el espectáculo, las chicas debían cambiarse rápidamente para salir al salón a entretener a los señores.

─Rápido, rápido, los invitados esperan ─Mammoth y Bane vigilaban que saliera de acuerdo a lo estipulado.

Jinx observaba todo desde un rincón del lugar, desparramada en un diván rosa de estilo rococó. Le gustaba imaginarse como la pintura de Jean-Honoré Fragonard de la amante del Barón de Saint-Julien, con la distinción de estar fumando un cigarrillo ultra delgado con aburrimiento, sintiéndose demasiado débil como para intervenir en algo. Solo seguía con la mirada el corre-corre de las chicas, estaba echo un gallinero el lugar.

─¿En serio piensas ponerte ese vestido con esas horribles pantaletas? ─dijo amenazante a la que tuvo más cerca. Con la sangre hirviendo de desdén.

Ella solo se quedo viendo paralizada así como estaba con un pie adentro de la prenda.

─Mammoth.

─Dime ─secreteó inclinándose un poco hacia ella sin despegar la vista de las chicas.

Ella señaló a "bragas curtidas" con expresión reprobatoria.

─No te pongas nada ─ordenó el guardia fastidiado.

─Pero…

─¡¿Acaso no ves la tela de ese vestido?! ─Levantando la voz hizo espabilar a la muchacha ─Esa aberración se te va marcar toda cuando te lo pongas, estúpida. Ten un poco de delicadeza ─concluyó agitando su mano en el aire para que desapareciera de su espacio vital.

─Además no las necesitas ─añadió severo el pelirrojo viendo como salía corriendo la chiquilla al borde del llanto.

─Llévame a mi cuarto ─Le pidió Jinx enojada.

─Estoy trabajando, su majestad ─Le recordó con sarcasmo ─¿Para qué saliste en primer lugar?

─Estoy obstinada de estar todo el día encerrada ─dijo añadiéndose un acceso de tos al final de la frase. ─Y no voy a permitir que se me trate como un cero a la izquierda.

Mammoth puso los ojos en blanco, se acercó a Bane y discretamente le pidió que llevara a Jinx a su cuarto, él solo podía ocuparse del rebaño unos minutos, Bane asintió y fue hasta ella para tomarla como a una muñeca de trapo y alejarla de aquel alboroto. Mientras se alejaba diviso a las tres protagonistas de la noche saliendo por la puerta grande, luciendo inalcanzables; magnificas. Con ellas veía irse todas sus esperanzas de alguna vez volver hacer así de importante, de que su vida volviera a tener algún sentido.

─Buenas noches, caballeros ─saludó Bee usando una voz profunda y seductora al llegar a la mesa con los honorables invitados.

Envuelta en un largo vestido negro que surcaba sus curvas de sirena con una cantidad incontable de cristales que le daban un brillo singular a su ya imponente presencia, escote de corazón que daba la bienvenida inmediatamente después de ella, y el cabello en un semirecogido con ondas de dulce aroma.

Sangre la llamó con la mano a sentarse en sus piernas, ella obedeció con gracilidad sintiendo todas las miradas lascivas sobre ella, el jefe inhaló el perfumo del ángulo de su cuello y lo besó de forma casi imperceptible.

Para ese momento Star debía estar guiando a un buen grupo de nuevas a un baño caliente en el sauna del hotel para los visitantes del barrio chino, Chang amaba su estilo festivo y vivaracho. Mientras por su lado, Raven en su peluca platinada era guiada escaleras arriba por Lord De Nol.

─¿Le gusta lo que ve, Sr. Gobernador? ─inquirió Sangre acariciando el brazo de Bee, quien veía ascender a su amiga mientras el Lord le bajaba lentamente el cierro del vestido.

─Por supuesto ─afirmó el hombre prácticamente al borde del babeo.

El rostro de Lady Bee siempre era ilegible; la repulsión no debía quedar al descubierto.

─Mi Lady, acompaña al Gobernador a su habitación.

Ella se levantó y extendió su mano para tomar de la corbata al mandatario, de un jalón lo puso en pie.

─Trátalo como es debido.

Asintió apacible ─Sígame Gobernador.

Lo introdujo en un pasadizo oculto que daba a otras escaleras de escalones negros pulidos.

─Y… ¿Siempre usan mascaras? ─preguntó de repente el hombre, se le veía algo nervioso.

─No ¿Y usted? ─inquirió con una cínica sonrisa.

Lo llevo hasta el interior de una habitación, cerró la puerta tras de ella y se recostó de esta dirigiéndole una mirada inentendible.

─Debo decir… que eres demasiado Diosa… este preciosa.

Su balbuceo le provocaba una incomodidad nefasta a Bee, y ella era buena diciéndole a los hombres lo que querían escuchar, pero como este no era el caso, desfilo junto a aquel Señor viendolo de arriba abajo como a una cucaracha mientras se despojaba de su vestido lentamente, este la seguía con los ojos, primero viendo caer la prenda al suelo y ser dejada de lado, y luego la dirección de sus manos que fueron a tomar un látigo que colgaba junto a otro portal.

─Ahora al suelo, asqueroso adefesio ─Le ordenó al Mandatario.

La vio sorprendido por unos segundos.

─¡A MIS PIES! ─exigió dando un latigazo al aire.

Al instante el hombre se tiró al piso y se arrastró hacia ella, aferrándose como una garrapata a sus botas y les pasó la lengua sin pudor. Ella lo examinó conteniendo la arcada antes de patearlo en la cabeza para quitarlo de su camino.

─Mi señora… ─suplicó arrepentido por su comportamiento tan deplorable.

─¿Te he dicho que puedes hablarme?

A ese hombre le "iba ese rollo", iba a gatas tras ella dando una pena ajena complicada de disimular, Bee se preguntaba qué tan mal de la cabeza se debía estar para disfrutar ser la perra de alguien más, y pagar por ello.

─Sácate todo, mierda ─Le ordenó levantando el látigo.

Con vacilación él desabotono su camisa y bajó sus pantalones, tardó un poco más para quitarse la ropa interior. Ella podía leer su semblante como si tuviera subtítulos: "Maldición ¿qué estoy haciendo?", sus ojos llegaron tan atrás que le echaron un vistazo a su cerebro y volvió a ver la patética escena con rabia por su papel. Pero así era el juego, él buscaba sentirse juzgado, denigrado, comiendo mierda mientras su Señora se paseaba a su alrededor torturándolo con la frialdad que la sociedad lo haría.

Al estar frente a frente, paso sus labios casi al ras de los suyos, absorbiendo su temor, hipnotizandolo con su vaho de serpiente antes de, sin delicadeza alguna, estampar su mano contra sus testículos, este se crispó, no podía mantenerle la mirada a esa mujer que ahora lo buscaba para recordarle lo repulsivo que era, pero estaba bien porque al menos la tenía ahí con él que de otra forma no hubiera sido posible.

−Bien invertido el dinero de los contribuyentes ¿verdad, papito?

Karen estrujó sus huevos, luego pasó a medir su extensión, pero el Gobernador no tenía una respuesta muy rápida, supuso que era cosa de políticos gestionar lo importante con lentitud.

Le susurró al oído ─Es como tener la verga putrefacta de un cadáver entre mis manos, ni siquiera para eso sirves ¿Te la mataste a pajas? ─preguntó muriendo de la risa.

─Quizás usted no está haciendo un buen trabajo.

─¿Qué dijiste, impotente? ─Lo increpó clavándole las uñas.

─Nada.

─¡Repítelo! ─exigió apretando el miembro con fuerza.

Él flaqueó, haciendo sonidos inentendibles por el dolor.

─QUE LO REPITAS, MALDITO.

Acto seguido le clavó un rodillazo que lo dejó sin aire tirado en el suelo, imaginando que era otro personaje. Esos eran los clientes que todas querían. Aquellos con quiénes desquitar toda su ira, cagarse en su humanidad de un plumazo como hacían con ellas. Lo cayó al colocarle un bozal de correas de cuero que le cubría la boca con una bola, también le amarró un collar de púas que tenía cadena para jalarlo a la cama como una sucia bestia. Creían que podían descargar toda la rabia ahí, volcando toda su miseria, sin embargo la realidad era otra, porque la mierda no tenía fin, era un vertedero inagotable de basura a la que estaban destinadas, donde se daban cuenta la monstruosidad en la que se habían convertido, y que al final él estaba obteniendo lo que quería, y ella seguía siendo abusada.

Las chicas nuevas siempre preguntaban qué cosas tenían que hacer. La respuesta era clara: Todo. Karen se había vuelto difícil de sorprender, difícil, más no imposible, porque cuando pensaba que ya lo había visto todo llegaba un loco nuevo, más podrido que los anteriores con una idea genial pero al mismo tiempo incómoda de plantearle a la esposa o la novia. Las nuevas pronto empezarían a preguntar por lo que les tocaría hacer, y al llegar al punto de a los que les iba ser victimizados, a todas se les iluminaba un poco la cara al pensar en poder desquitarse con alguien.

─ !GRITA MALDITO HIJO DE PERRA! ─golpeó su espalda como una tabla de madera.

Los gritos eran ahogados por el bozal, y él ya estaba duro como esa tabla.

─Solo atiende después de una paliza, patético. De seguro eras un mocoso malcriado en la escuela, al que siempre la maestra enviaba a un rincón ¿7x9? ─volvió a golpearlo ─¿No sabes? ¿8x5? ¿Tampoco? Que estúpido eres ─Se divertía hablando cualquiera basura que le venía a la mente.

Al hombre ya se le salían las lágrimas.

─¿En serio vas a llorar? yo te voy a dar una buena razón para llorar.

Este asintió fervientemente "sí, sí quiero todo el castigo", era lo que se leía en sus ojos surcados de arrugas. Fue entonces cuando Bee abrió un maletín enorme junto a la cama y luego de analizar su contenido un momento extrajo lo que al Sr Gobernador le haría llorar de alegría.

Como pudo el hombre se sentó a la orilla de la cama, y ella montó en su regazo, sintiendo toda su erección.

─Vamos, pon tus manos sobre mí ─demandó, este poso sus manos tratando de recoger todo su culo─ Jhon F. Kennedy ─Se burló de su vano intento. ─Hare que te corras, bebé… ─le susurro al oído y luego lo hizo observar como pasaba su lengua parsimoniosamente por toda la extensión de la enorme verga negra como si fuera un dulce delicioso.

Presumió una pequeña botellita que sacó de su escote, la abrió y colocó en el dorso de su mano un poco del polvo rosado que contenía y luego procedió a pegarlo a su nariz e inhalar, repitió en proceso una vez más y luego le compartió al gobernador.

Él admiraba fascinado cada uno de sus movimientos.

─De rodillas ─ordenó luego de desmontarlo.

Se puso boca abajo con las piernas fuera de la cama, se arrodillo sintiendo la alfombra en sus espinillas. Bee aseguró el arnés a su pelvis. Aplaudió al aire provocando que las luces empezaran parpadear y una música instrumental bastante pesada se oyera cada vez más, ahogando cualquier otro sonido.

Se posicionó detrás del cliente y empezó a sodomizarlo, agarrando la cadena de su collar de perro para llevarlo hacia atrás hasta casi desnucarlo, y cada tanto viendo hacia el busto de Orfeo que los veía en la cama con ojos brillantes desde la pared.

Al terminar con lo suyo, el hombre, ya sin poder valerse por sí mismo, quedó tendido boca abajo en la cama y ella se cubrió con un kimono de seda dorado estampado con la silueta de flores negras, y antes de buscar para encender un cigarrillo le echó un vistazo al hombre para asegurándose no haber cometido un magnicidio. Las luces se volvieron de lo más tenues, y en silencio fue hacia el armario. Al descorrer las puertas, de entrada, parecía un closet ordinario, pero Bee entró en este y cerró tras de ella dejando solo al Gobernador. Salió en secreto por aquel portal al fondo del armario que daba a un pasillo completo detrás de la habitación, por el cual a través de un ventanal se podía ver todo lo que sucedía en el interior de esta, mas no ocurrió lo mismo al contrario.

Caminó rápidamente escuchando el fuerte eco de sus tacones, y el retumbar de un bajo a lo lejos. Se topó con Mammoth bufando y enervado llevando una bolsa negra en el hombro, calándose las quejas de una de sus compañeras, Rita, una caribeña veterana algo deschavetada.

─Él disque no le gustan las mujeres operadas ¡¿Entonces para qué coño me solicita?! A mí tampoco me gustan los hombres con ese barrigón ¿Tú sabes lo fuerte que es pilonía encima de todo ese reguero e manteca?

─Rita, tienes años atendiendo a ese viejo ¡Regresa ahí e invéntate lo que te de tu perra gana para que te suelte el veneno rápido!

─Que fácil pal que hace pipí sentado.

─Mira malpa…

─Oigan, oigan ¿Cuál es el problema? ─Se metió Karen en la escena al ver que el escolta ya tenía la mano en alto.

─Ay mami, una tragedia que me tiene seca, con este tigre en el cuarto que ni a tres pulgas le llega el asunto ─relató mostrándole la punta de su dedo a Karen ─Lleno de grasa y con una lista de quejas que disque estoy ancha y llena e plástico, y yo paniqueada porque arriba o abajo es lo mismo, uno no se puede mover porque esa mierda se sale, y ahora yo digo ¿Pero la culpa es mía?

─Tenerlo en la boca es como sacarse un pedacito de carne de los dientes ─Estalló Bee en una carcajada a la que Rita se unió.

─Tú sí sabes, reina.

─Obvio no es tu culpa, pero anda y te pones creativa, métele un poquito de gasolina ─Le sugirió guiñándole el ojo con picardía. ─Y entonces ¿Qué paso contigo, sucio animal? ¿Ya hubo bajas? La noche aún es joven ─dirigió su atención a Mammoth, echándole un vistazo a la bolsa. ─Anda mami, mételo a bañar, y tú sabes, dale dulce, cositas ─incentivo a Rita nuevamente para ayudar un poco al guardia a salir de ese apuro.

─Coño, pobre, que en paz descanse ─agregó la mujer por cumplir con Dios ─Veré qué hago, mi bella, ya que este ripio maleducado no me resuelve ─dictaminó lazándole una mirada asesina al pelirrojo antes de desaparecer por otro pasillo.

El escolta resopló.

─Todas están de psiquiátrico ─Se quejó acomodándose el saco ─Esta de aquí se la dio de muy lista y robó una navaja del bolsillo del cliente y se cortó el cuello frente a él. Ahora el tipo está teniendo el peor viaje de su maldita vida bañado en sangre ─relató encabronado, como si hubiera derramado café en sus pantalones otro martes cualquiera en la oficina.

─Mete a otra a que se la chupe, no notara la diferencia, y luego me dices el nombre de la chica, se merece una estatua.

─Deja las bromas de mierda, Bee, el jefe va a matarme.

─Ve… ripio maleducado ─habló riéndose de Rita, le dio una buena pitada a su cigarro y exhaló el humo junto con sus palabras ─Y bien merecido que lo vas a tener, o sea, aquí nadie puede entrar con esas cosas, solo una simple tarea tienes: Cuidar la mercancía. Eres grande, no es tan complicado. Oye, pero piensa que el otro no la va tener tan lindo tampoco, el que rompe nuevo… ─Y ahí se la dejó levantando sus manos con socarronería continuando su camino.

Más cuando supo que estaba lejos de los ojos de Mammoth, los de ella se oscurecieron, entraban en juego muchas culpas, cosas que solo se podían resolver con Dios, y es que en lugar de ver una luz al final el túnel este solo se hacia más largo. Sin ternura ni afecto necesitas un cortocircuito interior para soportarlo.

Entró al despacho de Sebastian sin anunciarse, este al verla le indicó que se acercara. Se encontraba concentrado observando el video de ella y el Gobernador mientras campaneaba su religioso whisky en las rocas.

─Jefe, los prostíbulos en Las Vegas acaban de decir que los pilotos de Formula 1 van a tener servicio gratis ¿Usted que opina? ─averiguó Gizmo hablando por el manos libres.

─Sino van a pagar por coger, que nuestra gente allá se asegure de que consuman lo suficiente. Es buena publicidad ¿No crees? ─preguntó a Karen sin despegar la vista de la pantalla, como por crear mera conversación.

─Sí ─contestó en automático.

─Sí, sí, nosotros también. No lo sé pedazo de imbécil, ya ese es tu problema ─replicó Gizmo dando por concluida la conversación.

─Cuánta magnificencia puede albergar una mujer ─declaró Sangre tomando con ligereza la mano de su Lady para besarla. ─Y aun así hay quienes hacen lo que sea por… ─se mostró confundido enrollando un hilo imaginario con su dedo tratando de atraer una palabra que no llegaba debido a lo difícil que le resultaba el concepto ─esto.

Gizmo estaba sentado frente a varias pantallas, monitoreando la que indicaba el Señor por el video de Karen.

─Lo haces muy bien ─aprobó regalándole una leve sonrisa de suficiencia. ─El público quedó encantado.

─Dicen que quieren más de los juegos de Lady Bee ─añadió Gizmo leyendo un chat en otra pantalla ─Tienen peticiones ─volteó a verlos exhibiendo una sonrisa sádica.

─Se quedarán esperando porque fue una función única. ─resopló mientras se acomodaba la bata para cerrarla.

─¿Qué te he dicho sobre protestar?

Karen le sostuvo la mirada por unos segundos.

─Pero es cierto, ya tengo lo que necesito ─resolvió cortando la punta de un habano y extendiéndolo hacia Karen para que lo encendiera ─Ya sabes que hacer, Gizmo.

─Sí jefe.

─Vamos cariño, Chang nos espera ─Se puso de pie, dio la primera calada a su puro y se marcho junto con ella a la habitación contigua.

El Doctor se encontraba inspeccionando a cinco de las chicas nuevas. De espaldas con las manos en la pared soportaban tragando grueso la pesquisa ginecológica del médico, en su mano llevaba puestos varios guantes, salía de una y se despojaba de un guante antes de entrar en la siguiente.

─Sé un poco más sutil, Chang ─dijo Sangre al verlo.

─Ninguna de estas es núbil ─respondió imperturbable sin dejar de hacer su trabajo. ─A esas ya las he revisado y separado del resto.

─¿Has escogido alguna? ─indagó jovial el mafioso tomando asiento.

Karen se quedó parada junto a él. Este buscó que le diera su mano y ella la cedió para que pudiera pasarla por sus labios apreciando su suavidad, provocando que se le pusiera la piel de gallina.

─Por supuesto, Star la prepara, se ve prometedora ─anunció como si aquella fuera cualquier conversación trivial mientras marcaba la piel de las chicas ignorando las reticencias de estas. Sin embargo, contrario a verlas con morbo por su desnudes, las examinaba de forma minuciosa cual vacas.

─¿Qué te paso ahí? ─interrogó Sangre seriamente a la mujer que Chang marcaba el rostro.

─Asimetría facial ─señaló el médico terminado de delimitar la depresión de su pómulo derecho.

─Lo puedo notar, Chang, no soy oligofrénico, pero quiero que ella me explique.

La chica con la mirada clavada en el suelo tardó un poco en responder ─Fue en una pelea.

Karen se acarició la mandíbula inconscientemente siendo observada por Sangre por el rabillo del ojo.

─¿Como que una pelea?

─Puedo arreglarlo ─intervino Chang antes de que la chica pudiera responder ─Pero la recuperación será lenta, la nariz también se vio un poco afectada. Vale la pena porque tiene potencial, ha dado buenas ganancias.

Ella no parecía asustada, mantenía la mirada gacha sin emitir sonido.

─No volverá a suceder, Señor.

─Por supuesto que no volverá a suceder, cariño, no sé qué irás hacer, pero desde el momento de la operación no saldrás de nuestra custodia hasta que me devuelvas mi inversión ─esclareció con el seño fruncido botando la ceniza de su tabaco en el piso.

"─La libertad es un valioso privilegio, querida, y es algo que se gana, y se cuida, afuera no sabrán donde estoy, pero siempre estaré cerca, un paso en falso y lo sabré." retumbaba en la cabeza de Karen.

─Espero que entiendas el gran sacrificio que estoy haciendo por ti, Ignacia, todo lo que has hecho es sacarme dinero desde que te conocí, esto será lo último que me debas. Pago la educación de tus hijos, la casa en la que vives con tu encantador marido al que obviamente debo agradecer por ese retoque que te hizo ¿No es así? ─averiguó engrosando la voz.

─Seré buena, Señor, seré perfecta ─prometió Ignacia con un hilo de voz.

─Claro, saldrás mejorada de mi quirófano ─La animó Chang.

─Pero no me sirve de nada si sale y vuelve en estas condiciones.

─Pero los niños, Señor…

─Ignacia, por Dios ¿De verdad así vas a pagarme tantas atenciones? Con objeciones, que abusadora eres, pero para que te quedes tranquila, mientras estés aquí ellos seguirán recibiendo su dinero y estarán con su padre, tú tienes que enfocarte en trabajar, y en ser más agradecida.

─Es un pequeño precio a pagar por recuperar el esplendor ─canturreo el médico ─Por lo demás está bien, pero esto ─caminó y ralló con el marcador negro el pecho de las tres chicas siguientes ─Nada, simplemente no hay nada.

─Aprovecharemos las operaciones para que hagan unos viajes ─comentó instantáneamente para luego chasquear los dedos frente a Karen ─Quítate la bata, bonita, si eres tan amable.

Karen se descubrió los senos.

─Estas son unas tetas. Son sus herramientas de trabajo… ─empezó a explicar con gracilidad.

Una de las chicas gimoteaba y arrugaba la cara.

─No por favor, yo no me quiero operar… no quiero.

─¡¿Sabes cuantas matarían por estar en tu posición?! ─gritó Chang clavándole una mirada llena de repulsión.

Karen recordó a Kory, tuvo recuperaciones dolorosas y malas reacciones. Siempre le había resultado irónico como Chang, un viejo más feo que el hambre, estaba tan obsesionado con la apariencia de las mujeres.

Sangre con sus manos le indicó a Chang que mantuviera la calma.

─Dios está a favor del mejoramiento del ser humano ─predicó abriendo los brazos ─La belleza solo sirve para marear un par de ojos, cosa inmensamente necesaria en este medio, pero para estremecer un alma, se necesita más que eso, querida ─expuso con un aire misterioso, agregando luego cínicamente ─Pero no podemos ir al paso 2 sin pasar por el 1, porque nadie nos asegura que ustedes tengan algo más que ofrecer.

─Trabajaré incansablemente, haré lo que me pida, seré buena; seré perfecta, Señor, pero no me operen ¡Se lo suplico!

─Entiende que es por tu bien, para que tengas éxito ─vislumbro con alegría, cegándose en la suplica de la muchacha ─Recuerden que hay una fijación primaria por ciertos rasgos del cuerpo femenino en la cultura humana, como las Venus ─informó ─¿Como piensan hacer una rusa? A todo hombre les gusta verlas con un hermoso collar de perlas ─dijo exhibiendo aún más los dientes ─Además…

Entonces el tono jovial desapareció y el semblante de Sangre se transformó en rígido y funesto.

─Todas ustedes tienen algo en común, han sido devueltas. Entonces explíquenme si nada de esto les parece ¿Qué debo hacer con ustedes?

─¿Qué capital erótico puede tener una mujer con menos tetas que Mammoth? ─dijo Chang echándole más leña al fuego.

Las chicas se miraron con temor entre ellas.

─No me interesa la mercancía defectuosa ─sentenció Sangre acomendase en la silla ─He sido tolerante, pero no admito más berrinches. No pienso perder mi dinero, fallen nuevamente y será su fin ¿He sido claro?

─Sí Señor ─dijeron al unísono.

─Por favor, haré cualquier cosa que me pida ─repitió la chica a la cual parecía estarle dando un ataque de nervios ─Pero no me abra como un pescado, seré buena ─suplicó nuevamente esta vez arrojándose a los pies de Sangre.

─Levántate.

─Por favor, seré buena, seré perfecta.

─Que te pongas de pie y vuelvas a la pared.

─No, por favor, no…

El llanto fue sofocado por la explosión proveniente de la pistola que acaba de sacar el jefe del interior de su chaqueta para arremeter contra Ignacia, justo en la cabeza, en eso la chica entre atónita y aterrorizada se echó para atrás, empezando a gritar histérica.

─Me dispensan, me molestaba demasiado su cara ─dijo sin guardar el arma ─Y en retrospectiva era como un ojo de vidrio esa mujer, estaba ahí pero no servía para nada. Dios sabe que soy un buen cristiano, trato de ayudarlas en todo lo que puedo, y se aprovechan ─Apuntó a la cabeza de la gritona haciéndola callar al instante.

─Será útil de una forma u otra, no hay que desperdiciar nada ─dijo el Doctor colocándose el celular en la oreja, se alejó para hablar sorteando el cuerpo de Ignacia.

Las tres chicas se apiñaron, con la piel de gallina y los ojos vidriosos.

Sangre apartó su mirada de Chang y volvió su atención de nuevo a ellas.

─¿Les gusta el cine, chicas?

Solo una de ellas afirmó enérgicamente, aunque parecía más un acto de supervivencia.

─Es bueno que se cultiven, que tengan tema de conversación, anoche vi una de mis favoritas "Johnny tomó su fusil", se las recomiendo, te hace pensar mucho en las consecuencias de tus decisiones ─hizo una pausa para mirar el hilo de sangre que corría a través del suelo ─Vayan a trabajar ─ordenó harto de tanta palabrería ─Y por favor: Sonrían, es una fiesta.

La que lloraba retrocedió sobre su trasero y se paró a trastabillazos.

─Recuerden que esta es una relación bilateral, ustedes dan para recibir ─manifestó a manera de aliciente.

─Síganme ─Les exigió Karen y se las llevó a los vestuarios.

"─¿Qué quiere de mí?

Lo que importa no es lo que quiero yo, es lo que tú quieres y yo puedo dártelo.

Haré cualquier cosa que me pidas."

Condujó a las muchachas junto con Mammoth al camerino, escuchando sus desesperadas palabras solo podía dar vueltas a sus propios recuerdos, y antes de entrar la ultima al camerino le escupió al rostro deliberadamente, no obstante, ella se echo para atrás a tiempo evitando la saliva, al buscar los ojos de la muchacha no encontró más que odio y resentimiento en sus pupilas. Fue como verse en un viejo espejo.

─¡PUTA MALNACIDA! LO DISFRUTAS ¿VERDAD? SABES QUE NOS MATARAN A TODAS.

─¡Oye, te vas calmando y respetando a tus mayores! ─La zarandeo el corpulento pelirrojo. Karen igual sabía que eso de respetar a sus mayores iba cargado de una pulla para ella. ─¡Vamos holgazanas, hay clientes esperando! ─vociferó y cerró la puerta en las narices de Karen.

Ella se quedo viendo la saliva en el suelo unos segundos. Miró a su alrededor sintiendo como su corazón se aceleraba, desprotegida, sola, impotente y quebrantada, era como tener un golpe en la cabeza que nunca paraba de sangrar. A ella que le dijeron que jamás agachara la cabeza ante nadie. Con manos temblorosas buscó en los bolsillos de su bata el polvo rosa para inhalar más, se estrujó la nariz varias veces sintiendo el cartílago traquetear. Así pasaría todo.

Las sombras se desvanecieron, el reloj se fue junto con ellas, los colores perdieron su brillo. Volando sin sentido en medio de la pista del club, dando vueltas en el tubo con el ritmo de la música distorsionado, más rico, más fluido.

El perro se espanta antes de que se cague ─respondió Sangre cuando lo interpelo por su cruel proceder.

Le clavó el seguro de la correa bajo la mandíbula, reclinándola lentamente sobre su escritorio despojado de cualquier artículo de un manotazo, antes de quitarlo se lo enterró un poco más fuerte dejándola con esa sensación, ella quiso toser, pero se contuvo.

En un parpadeo ya tenía el cinturón envolviendo su cuello, cada vez más apretado.

Suplícame ─Le dijo al oído.

Ella trago saliva.

Más fuerte.

¿Qué?

Más… ─No pudo terminar la frase.

La sonrisa macabra de Sebastian se extendida más y más conforme apretaba la correa y veía su rostro sofocado, la agonía en esos ojos que lo volvían loco, se preguntaba cuando empezaría a luchar con el entre sus piernas.

Quizás su actitud lo desesperara, pero no tenía fuerzas, el techo daba vueltas ante su expresión boquiabierta. Y su mente divagaba en quizás un día, si se arruinaba lo suficiente en el proceso, entonces dejaría de ser su juguete favorito.


Según Lombroso la mujer normal era incapaz de delinquir, y hablaba algo de basura sobre el instinto maternal y la compasión. Según que cuando llegabamos a cometer un crimen éramos arrastradas por un hombre a eso, punto positivo por ahí. Sin embargo, el Señor no era tan tonto para echarle ese balde de mierda a su género así no más. Él hace una aclaratoria: La forma pura de criminalidad femenina es la prostitución, decía que la falta de pudor que iba de la mano con ejercer este trabajo tenía mucho que ver con la locura.

─Uno se encuentra con cada estupidez en internet ─comentó Karen deslizando hacia arriba la imagen en la pantalla de su celular.

─Yo necesito un detox urgente de redes sociales ─comentó Aldo mientras conducía ─Lastimosamente tengo que trabajar.

─Voy a quitar Tik Tok, pierdo mucho tiempo en él para lo que me entretiene ─expresó determinada. ─Me dices si haces ese detox para unirme.

─Mi principal incentivo: No ver más el culo de Atlas en ninguna parte ─respondió hastiado al cruzar en un recodo.

Karen puso la frente en su dedo índice conteniendo la risa.

─Y no entiendo si es premio o castigo, porque tanta atención en realidad no creo que le moleste.

─Seh, quizás fue un error de cálculo ─dijo ella rodando los ojos.

─Con ese abdomen yo tampoco me molestaría.

─Yo creo que el tuyo es lindo.

─Lindo no es un adjetivo muy masculino.

─Pensé que no sufrías de esos problemas ─bromeó colocándole la mano en el cuello para acariciarlo.

Aldo dejó a Karen en casa de Sarah aquel lunes en la mañana. Ella le agradeció con un beso antes de bajar del auto y quedaron en que lo llamara si necesitaba que la recogiera al terminar. Ella reprimía las ganas de fumar desde hace dos días, y había dado muchas vueltas para escoger su ropa y dar buena impresión en su reunión.

Como lo imaginaba, la casa de Sarah era una propiedad asombrosa, no esperaba menos tratándose de ella. Un carro de golf la llevó desde la reja donde la dejó Aldo hasta la entrada de la mansión atravesando un jardín más que frondoso, deslumbrante, tal y como los recordaba.

─Invitada de la Srta Sarah ─anunció el chofer a la empleado domestica que la esperaba en la puerta.

─Sígame por favor ─habló cuando Karen llego junto a ella.

─Acabo de enviarle un mensaje a Sarah.

─Por favor sígame ─indicó invitándola a pasar.

─Siéntese, iré por la Srta.

Karen miró a la empleada retirarse, al perderse de vista el resto de la silenciosa estancia tomó más interés para ella. Apenas se escuchaba un lejano trinar de aves proveniente del jardín, la luz natural entraba desde todas partes destacando los inmaculados muebles y piezas decorativas, en una mesa se encontraba el responsable del agradable aroma que perfumaba la sala, un gran ramo de flores blancas (No las conocía, no era muy ducha en el tema de las plantas, pero eso no quitaba que le gustaran mucho). Se levantó y fue hasta ellas para admirarlas mejor.

Por la ventana vio como un hombre delgado, de cabello blanco a pesar de no parecer tan viejo, era recogido por una camioneta último modelo, se dio la vuelta aun con la flor en la mano, y se fijó en los retratos que colgaban de la pared, el hombre que acababa de ver estaba en una de las fotografías abrazando a la que sin duda era Sarah usando un hermoso vestido rosa.

─¿Te gustan las gardenias?

Se dio la vuelta para encontrarse con la dueña de esa voz.

─Son las favoritas de mi hija ─dijo la mujer extendiéndole la mano.

─Mucho gusto, Señora…

─Sena, Sena Johnson.

─Sra. Johnson, un gran placer conocerla, soy Karen ─dijo estrechándole la mano ─Beecher. No conocía las gardenias, son definitivamente deliciosas.

─Al igual que tú, linda ─mencionó, Karen podía sentir como aquella mujer la escaneaba de arriba abajo ─¿Te has desempeñado en el mundo del modelaje?

─No, para nada, no es lo mío.

─Ya veo, pero no deberías descartarlo ─alentó mostrando una sonrisa de aprobación ─Aunque después de verte actuar con la banda de Heraldo, entiendo que tienes otras inclinaciones.

─Oh bueno, eso fue solo por diversión.

─Pero te desenvuelves muy bien, se nota que tienes preparación.

─Algo sí, algunas clases cuando era joven.

«─Ven acá.

Ella se acercó sentándose frente a él en el escritorio.

¿Cómo va todo? ─preguntó acariciando sus muslos desnudos.

Creo que ya he encontrado la manera de entrar, solo estoy dando un poco de tiempo, para que no parezca sospechoso.

¿Y ese showcito en el hotel qué?

Karen tragó saliva componiendo un gesto incomodo.

¿Crees que no lo vi? Esta por todos lados ─indicó viendo su celular. ─Ese tal Heraldo ha sabido sacar provecho.

Dicho eso Sangre la jaló bruscamente hacia él haciéndola aterrizar en su entrepierna, acordando la distancia entre sus caras.

Todos deben verte llegar ¿No? ─Respiró sobre sus labios, puro tabaco y ron. Con ese susurró indicador de que no tenía escapatoria.

Y ni sentir cuando me vaya ─dijo para luego arrojarse a besarlo con frenesí, ahogarse y embriagarse de él, estaba demasiado puesta para andar con rodeos.»

Sarah se encontraba escondida dentro de su bañera vacía comiendo Nutella directamente del frasco, solía acudir ahí cuando necesitaba algo de silencio y tranquilidad.

«─Hija te falta malicia, por eso la gente se aprovecha de tu bondad ─dijo su madre.

Mamá creo que soy perfectamente capaz de escoger una asistente por mi cuenta.

Pero ve lo que te paso con esta… estúpida, te vio la cara, nos vio la cara.

¡Ya lo sé, mamá! No me lo tienes que recordar, pero dame un poco crédito ¿A quien se lo ocurre que alguien pida trabajo para sabotearte o lo que sea que Laura pretendía?

Por eso debes ver muy bien a quien pones a trabajar hija, a tener acceso a tus cosas personales. Cuando yo estaba a cargo de tu agenda no pasaban esas cosas.

Y te lo agradezco, pero ya, yo puedo hacerme cargo de mi trabajo.

Ve todo el tiempo que perdiste en Paris, tres meses lejos de tu casa ¿Para qué? Una irrelevante casa de modas ¿Dónde salió el contrato? No sabemos ¿Dónde se metió esa mujer después de semejante sabotaje? Tampoco ¿Quién la mando? ¿Quién querría dañarte?

Es verdad, era algo que no tenía planeado, pero cuando me di cuenta ya estaba montada en un avión con un contrato.

¡¿Qué más íbamos hacer?! Habías firmado, de ahora en adelante por favor lee todo lo que vayas a firmas, o en su defecto muéstramelo, no quiero más mentiras, Sarah. Y quiero conocer a esa nueva chica que va trabajar contigo.»

Sarah comió otra cucharada de chocolate. Como si fuera poco tener que lidiar con su madre y problemas personales que le robaban el sueño, como mantener el celular apagado y lejos por temor a que Christoffer intentara comunicarse de alguna forma, también tenía debía ocuparse de las cagadas del trabajo.

Tocaron la puerta.

─Señorita.

─¿Sí? ─respondió cerrando rápidamente el frasco.

─Llego la Srta Karen.

─Muy bien, gracias, enseguida bajo.

─¿Se encuentra bien?

─Sí, sí, salgo en un momento ─dijo guardado la Nutella en el gabinete bajo el lavabo.


─Karen, hola bella, gracias por venir ─saludó Sarah entrando a la sala usando un vestido túnica largo y amplio que dejaba ver su hombro izquierdo, descalza, con el cabello en una cebollita malhecha y sin maquillaje, un look inesperado para Karen que estaba acostumbrada a verla siempre muy prolija, no obstante, con la carita lavada se asomaban un par ojeras que le daban un aire realista y su sonrisa seguía siendo encantadora a labios desnudos.

─No pensaste que te librarías de mí tan fácilmente ¿Cómo estas? He conocido a tu madre, estábamos hablando, pero tuvo que irse a atender una llamada.

─Eso es habitual en ella ─comentó con cierto desazón ─Espero que no te incomodara, mamá puede ser un poco invasiva.

─No te preocupes por mí, ha sido muy amable.

─Mi papá hoy salió de viaje, hubiera preferido que se fueran juntos, pero esta muy pendiente del asunto de la asistente ─suspiró ─¿Realmente te interesa este trabajo? ─indagó con la inseguridad plasmada en el rostro.

─Oye, de no estar interesada no te lo habría mencionado, me quedo sonando la idea desde que mencionaste lo de tu asistente en el hotel, lo de la tienda de novias no es lo mío realmente ─bromeó para aligerar la tensión.

Sarah respondió con una sonrisa cansada.

─Por cierto, ayer me llamaron para la primera prueba de mi vestido ─Le comentó empezando a subir las escaleras.

─Que rápido ─dijo siguiéndola.

─Debemos hacer un espacio en mi agenda para la prueba.

─Llegando y controlando, que excelente ambiente laboral ─volvió a bromear.

─Si te soy sincera Karen, siento que todo es un desastre desde que volví de Paris, de veras necesito ayuda –confesó dejando salir un gran suspiro.

─Debo hacerlo, Krall está furioso y no quiero que te lleve por el medio en nuestra pelea… en la que batalla solo. No ha puesto ninguna queja a la policía del campus, creo que es mas inteligente de lo que aparenta y sabe que es una mala idea decir algo.

─Creo que tendría que dar muchas explicaciones.

─Vamos a mi cuarto ¿Ya viste el video de Atlas? ─dijo guiando a Karen escaleras arriba.

─Sí, que rabia, todos los ángulos de su culo son buenos ─repudió.

Sarah soltó la carcajada.

─Pero Vic ya me contó que la rectora lo sancionó por exhibicionista e inmoral ─contó Sarah en voz baja cerrando la puerta en cuanto llegaron a su habitación ─Algo sobre mala publicidad para la universidad, por ende no jugará en el primer partido de la temporada y quien sabe hasta cuando. Un mal día en el mundo de Los Narcisos.

Karen moría de risa en su fuero interno, pero disfrazó de indiferencia su malsana emoción.

«Bien decía mamá que la lengua era castigo del cuerpo» pensó.

─Quien quiera que le haya hecho eso deberá cuidarse, Atlas lo arruinó con la carrera, el fútbol es lo que le queda.

─De me digas ¿Qué paso?

Sarah se sentó en su cama e invitó a Karen a acompañarla dando golpecitos al edredón.

─Hacía trampa ─dijo como si le estuviera diciendo un enorme secreto, a Karen se le hacia Sarah muy aniñada ─Pero no cualquier trampa, le pagaba a un tipo para que le hiciera todo, nunca presentó un solo proyecto propio, y llegó tan lejos con la farsa que lo aceptaron en el Proyecto Tecnológico USS, y una vez ahí no doy para más su farsa. Algunos dicen que ya no pudo seguirle pagando al sujeto, y Vic acabo humillándolo por completo en la exhibición de hace dos años, se sabía la presentación de memoria, pero al momento de las preguntas y el debate se le comieron vivo, no sabía nada. Insiste en odiar a Victor porque cree que lo delató.

─Yo lo hubiera hecho ─combinó Karen poniéndose cómoda en los almohadones de la cama.

─Vic no es así ─Lo defendió Sarah ─Pero… ─Sarah se tapo la boca toda risueña ─La versión que no quiere que sepan es que en realidad el misterioso mecánico estaba enamorado de Atlas, y el mismo fue quien lo delató ─volvió a decir en voz bajita.

─Uy que rico, se la come doblada el Atlas ─soltó Karen esta vez sin poder contener la risa.

─Ay Karen, loca ─dijo lanzándole una almohada.

─Pero ¿Cuál es el problema? Si a él le gustaba y le sacaba provecho.

Sin anunciarse siquiera la madre de Sarah entró en la habitación.

─Con que aquí están ─dijo animadamente ─He mandado a preparar algo para ofrecerle a Karen, linda.

─Esta bien, mamá.

─Mira esas ojeras. Hija sabes que no me gusta que recibas así a las visitas, y con esa bata, pareces una viejita ─La reviso ─Y sin sostén ─le dijo entre dientes abriendo mucho los ojos.

─Ay mamá, estoy en mi casa ─reclamó Sarah pasándose las manos por el cabello y la ropa como si con eso lograra hacer algo por su aspecto.

El celular de la mujer volvió a repicar.

─Hola Marge ¿Qué tal? Oh, claro que sí, ahí estaremos, Sarah esta encantada con tu proyecto.

Al escuchar eso Sarah rodo los ojos componiendo un gesto cansado al no tener idea de lo que hablaba su madre.

─Por supuesto, Victor ira con ella ─dijo y esta vez miró a su hija.

Sarah hizo aspavientos con los brazos y gesticulaba enojada "Que no estuviera comprometiendo a Vic sin avisarle", su madre le resto importancia tumbando la mano. Karen notó que Sarah quería arrancarse el cabello mientras tamborileaba el piso con el pie en señal de estrés.

─Listo, chao, saludos a todos ─colgó su madre.

─¿Con qué se supone que estoy encantada? ─preguntó Sarah cruzada de brazos.

─No es nada, princesa, solo una beneficencia que está organizando Margaret Chapman para el oncológico, ya sabes, lo de siempre, vamos, charlamos, dices unas lindas palabras…

─Mamá… ─La detuvo colocándose las manos en la cabeza, pero luego respiró y pensó mejor lo que iba a decir ─Ya nos comprometiste, le avisare a Victor e iremos, pero por favor, no vuelvas a involucrarme en esas cosas sin mi permiso.

─Ay amor, solo es una cena ¿Verdad, Karen?

Karen levantó una ceja al verse involucrada en aquella trifulca.

─Déjala mamá, no la atosigues.

─Ha decir verdad Sra. Jonson, nunca me han generado confianza las personas que trabajan de ser buenas ─respondió Karen con franqueza mostrando media sonrisa.

Sarah por dentro moría de la risa ante la expresión de su madre con esa respuesta, pero se mantuvo estoica.

─La caridad es muy importante para Sarah, Karen, para nuestra familia ¿Te parecemos malas personas? –devolvió seriamente.

−Sarah me parece una excelente persona, de alguien debió haberlo sacado. Lo digo en general.

−Aprecio mucho tu honestidad, Karen –remató Sarah antes de que su madre dijera algo más.

El celular de esta volvió a sonar y al ver la identificación en la pantalla tuvo que salir como una exhalación de la habitación. Sarah presentia que sería salvada por la campana en cualquier momento.

−Me cae bien tu mamá, se ve que es una mujer tenaz –dijo con la vista puesta por donde había pasado la mujer.

−No juegues.

−No lo hago –aclaró con toda sinceridad ladeando la cabeza.

−A veces siendo que me asfixia ¿Tú qué tal te llevas con tu madre?

−Hace mucho que vivo por mi cuenta, Sarah…

−Sí, pero igual, en general como dijiste ¿Qué tal es? No me dejes aquí sintiéndome la peor hija del mundo –Le sonrió nerviosa quitándose un cuerito del pulgar.

Karen se tomó un momento para pensar antes de responderle viéndose las manos, luego se volvió afable hacia ella y le dijo –Mi mamá era genial…

Sarah rodo los ojos en un claro "Oh no", y estaba por fastidiarla con un choro de que no le saliera con esas, más un segundo después se dio cuenta y se quedó con la exaltación pasmada.