Epílogo.

— debería ser yo quien te de las gracias, mi amor. – reconoció la rubia, después de todo ella estaba perdida. – yo no tenia nada antes de ti, cuando entraste en mi vida, me devolviste todo.

— lamento interrumpir señoras Kuga, pero debo llevarme a la niña a la incubadora lo antes posible. – interrumpió la enfermera con una sonrisa y un poco de pena en la voz.

— ¿ella esta bien? – no quería separarse de hija, era muy pequeña y frágil.

— su hija a nacido antes de tiempo señora Kuga, debe de estar en la incubadora por un periodo de tiempo para mantenerla en observación. – explicaba la enfermera. – ahora si me permiten. – dijo mientras se acercaba a la pareja para tomar a la niña en sus brazos.

— ve con ella Haruka. – pidió la aguamarina. – no la dejes sola.

— esta bien mi amor. – acepto la rubia viendo a Youko quien le asintió indicando que todo estaba bien.

La rubia siguió a la enfermera hasta que vio que puso a su hija en la incubadora, una vez que se aseguró que su hija estaba bien, fue a ver a su familia.

— es una niña. – anunció con una sonrisa.

La sala estalló en felicitaciones y vítores al saber que la primogénita de la familia Kuga—Kaiō habia nacido.

— ¿podemos verla? – cuestionó Saeko a su hija con emoción.

— claro, solo que deberán esperar para cargarla, esta en la incubadora ahora, la única que la ha cargado ha sido Michiru y solo por un momento. – explicó la rubia con un poco de preocupación, pues no quería que nada malo le pasara a su hija.

— aunque sea a través del cristal quiero conocer a mi sobrina. – declaró Natsuki, para eso estaban ahí, sabia que su hermana estaba preocupada, pero no tenía porque, los Kuga eran duros. – Shizuru jamás me perdonaría que no le llevara fotos.

Todos asintieron a lo dicho por la peliazul y la rubia no pudo más que sonreír y a agradecer por su familia; sin decir mas la rubia les indicó el camino hacia la zona de prematuros, aunque Saeko sabia muy bien donde se ubicaba, cuando estuvieron ahí Haruka les señaló la incubadora donde estaba su hija y su familia no hizo otra cosa que no fuera morir de ternura, la pequeña rubia dormía plácidamente en la incubadora sin hacer ningún movimiento, pero por la reacción de su familia sabia que ya los habia enamorado.

— aquí estas. – dijo una voz a espaldas de ellos con un ligero tono de reproche en la voz.

— Youko. – dijo la rubia al voltear y ver a la doctora. – ¿Cómo esta Michiru? ¿hubo al problema? ¿ella está bien? – no pudo evitar ponerse nerviosa por su esposa.

— tranquila, Michiru esta bien. – aclaró Youko con una sonrisa. – te buscaba para decirte que Michiru ya está en una habitación y el pediatra ya a revisado a tu hija.

— ¿y? ¿Cómo esta? – el mantener el suspenso ¿era cosa de doctores? Odiaba que hicieran eso.

— esta sana, es fuerte, sus pulmones casi están en termino. – comenzó a explicar la doctora. – el pediatra quiere ver si es capaz de comer por si sola, así que en unas horas la llevaran a la habitación para que Michiru trate de alimentarla. – informaba Youko con una sonrisa.

— ¿Cuál es el pronostico Youko? – intervino Saeko viendo a su colega.

— si la pequeña puede alimentarse por sí sola, solo necesitaría estar una semana en la incubadora. – lo cual era fantástico, según el pediatra, ya que la mayoría de los bebés se quedan mucho mas tiempo y presentan muchos problemas, pero la pequeña Kuga no.

— eso es… maravilloso, gracias Youko. – agradeció la rubia viendo a su doctora. — ¿Michiru ya lo sabe? – cuestionó sabia que su esposa se pondría muy contenta.

—si, ya lo sabe, el pediatra quería decirles a ambas, pero no llegabas, así que Michiru pidió que le informara a ella y que viniera a buscarte. – informó con una sonrisa al ver le pánico en el rostro de la rubia.

— ¿Youko podemos pasar a ver a Michiru? – cuestionó Kain, ya habían visto a su nieta, ahora era momento de ir a ver a la feliz mamá.

— claro. – accedió la doctora. – pueden pasar todos, pero solo por quince minutos, debe de descansar. – informó con seriedad, pues Michiru necesitaba recuperar sus fuerzas. – la habitación es la doscientos uno.

Todos asintieron ante la indicación de la doctora y fueron a ver a Michiru a su habitación con una sonrisa, las herederas Kuga habían nacido, la heredera de los Kaiō, la hija de Darien y Serena estaba sana y fuerte, por el momento decían no querer agrandar la familia, Rei y Nicolás seguían intentando tener a su primer bebé, habían tenido unos problemas cuando recién lo intentaban, así que tuvieron que ir a ver a un profesional y seguían ahora bajo tratamiento, Mina no tenia planes de casarse y mucho menos de ser mamá, Ami seguía con sus estudios y por el momento no se le habia conocido algún novio o novia; por el lado de las HiMEs, Nao se habia ido a recorrer el mundo junto a su novia hacia unas pocas semanas, Sakura y Yukino seguían disfrutando de su bebé, estaban muy felices, Mai y Mikoto seguían juntas pero por el momento no tenían planes de nada, ellas solo disfrutaban de su relación, Youko y Midori seguían juntas de igual manera sin planes a futuro, si bien se habían casado, no se habia tocado el tema de los hijos, así que con ellas también seguía todo como hasta ahora; la vida era buena y hermosa para las HiMEs y las sailors, por fin el destino les estaba dando lo que siempre habían querido y que siempre se les habia negado… un final feliz.

Un mes después…

Un llanto se escuchaba por toda la mansión Kuga—Kaiō, los pulmones que habia desarrollado la primogénita de la familia eran sin duda alguna de admirar y eso que no habían llegado a término, no se querían ni imaginar que hubiera pasado de ser el caso; a un mes después de su nacimiento la pequeña Sora estaba muy saludable y con bastantes energías, si bien tenia su habitación que habia sido decorada y preparada por sus madres, ellas habían decidido el mover su cuna a su habitación para tenerla mas cerca y poder ver si algo andaba mal con ella; las noches y madrugadas eran todo menos un descanso para sus madres, pues podían dormir a la pequeña pero solo unas horas después al no percibirlas despertaba y hacia uso de su buena capacidad pulmonar.

— ¿Qué pasa mi pequeña Sora? – habló la rubia acercándose a la cuna y viendo a su hermosa bebé que no paraba de llorar. – no estas mojada, no necesitas cambio de pañal y acabas de comer hace solo dos horas, así que hambre tampoco tienes. – enumeraba la rubia las cosas que podían molestar a su hija.

— alza la, mi amor. – pidió Michiru viendo a su esposa hablar con su hija, quien seguía llorando.

— de acuerdo. – Haruka hizo lo que su esposa le pidió y alzó a su pequeña que cuando quedo quedó en los brazos de su rubia madre dejó de llorar. – ¿así que esto era lo que querías pequeña tramposa?

— creo que percibe cuando la dejamos en la cuna y estamos con ella y por eso llora. – explicaba la aguamarina que ya habia notado la tendencia de su hija. – quiere tenernos a una cerca siempre.

— eres una pequeña consentida mi princesa. – decía la rubia viendo a su hija que se veía que no tardaría en dormir otra vez. – dormirá con nosotros en ese caso. – necesitaba mas de cuatro horas de sueño y su hija no estaba cooperando.

— tu madre dijo que no hiciéramos eso porque después no querría dormir en su cuna amor. – agradecía a Saeko que siempre buscaba un tiempo para ir a verlas, tanto a ellas como a Natsuki y Shizuru para ver como lo estaban llevando.

— será solo esta noche mi amor. – informó la rubia con su pequeña dormida en sus brazos. – mañana prometo mover la cuna mas cerca de nuestra cama para ver si eso puede ayudarla a dormir mejor. – porque si su madre se enteraba que no seguía sus consejos no se quería ni imaginar.

— esta bien. – accedió con una sonrisa, pues no tenia caso negarle nada a su esposa. – tráela para poder dormir.

Haruka no demoró mas y se aceró a la cama con su hija dormida en sus brazos, la dejo en medio de la cama mientras ella y Michiru la veían dormir tranquilamente, su hija era hermosa y tenia a sus amigos y familia enamorados justo como la pequeña Shizuki.

Mientras miraba a su hija dormir, Michiru no pudo evitar pensar en si sería la única hija que tendrían, en el pasado, solo tenían una… Hotaru, pero en esta reencarnación sabían que Hotaru no vendría y eso la entristecía, le hubiera gustado que Hotaru también tuviera un final feliz…

— ¿en que piensas mi sirena? – cuestionó la rubia al ver a su esposa que, si bien veía a su hija, su mente estaba en otro lado.

— ¿no te gustaría tener otro bebé? – no quería entristecer a su esposa con lo de Hotaru, además su pregunta no estaba alejada de su realidad.

— ¿ahora? – cuestionó la rubia alarmada ante la pregunta de su esposa.

— no mi amor. – tranquilizó la aguamarina con una sonrisa. – hablo de en un futuro ¿te gustaría? – volvió a cuestionar.

— claro que me gustaría mi amor. – respondió con una sonrisa la rubia. – nada me haría mas feliz que tener más hijos contigo amor. – y eso era verdad, ella nuca tuvo hermanos, pero ahora sabía de Natsuki y se sentía bien tener una hermana, quería su pequeña Sora sintiera lo mismo.

Michiru no dijo más, solo sonrió y se acercó a su viento para depositar un delicado beso en los labios; su vida había dado un giro enorme ese día en Italia cuando había chocado con una joven rubia, jamás se imaginó que terminaría casada y con una hija de esa misma rubia, el destino si que tenía un raro sentido del humor.

Un año después…

Después de que aquella noche, como había prometido Haruka había movido la cuna de Sora un poco más cerca de su cama y eso había resultado de maravilla, pues la bebé comenzó a dormir mejor; por otro lado después de su conversión con Michiru acerca de tener más hijos no se había vuelto a tocar el tema, nuevamente; así que ahora estaban ahí, celebrando el primer año de vida de las herederas de la familia Kuga, habían decidido hacerlo juntos para que sus amigos y familia no tuvieran que organizarse en dos fechas distintas.

— entonces Haruka ¿No han pensado en tener otro bebé? – comenzó la conversación Darien con una sonrisa.

— Michiru y yo lo hablamos hace como un año. – comenzó la rubia con una sonrisa. – pero no hemos vuelto a tocar el tema, además Sora aún es muy pequeña.

— amor, quieres venir y decirle a tu hija que no puede quitarse la ropa solo por que si. – la aguamarina no sabía de dónde había sacado esa costumbre, pero podía apostar que no era suya.

la rubia sonrió con culpabilidad y se levantó de dónde estaba para seguir a su esposa. – mi dulce cielo ¿Por qué te quitas la ropa? ¿Te molesta? – cuestionó con un tono bastante cariñoso, entonces dirigió su mirada hacia la ropa, un vestido, comenzaba a pensar que esa era la manera de su hija de decirle a su otra madre que los vestidos no eran lo suyo.

— hablaré con mamá, lo prometo. – la rubia había comenzado a notar un patrón con respecto a su hija cada que se quitaba la ropa, siempre eran vestidos.

Tomo a su hija en brazos y camino hacia la casa, fue con ella escaleras arriba y la vistió con un pequeño short y una playera, regreso con ella y la dejo para que siguiera jugando, aún no entendía como una niña de apenas un año lograba quitarse los vestidos que Michiru le ponía.

— ¿Hablaste con ella? – cuestionó Michiru acercándose a su viento con una sonrisa.

— si mi amor y la volví a vestir. – dijo mientras señalaba el lugar donde había dejado a su hija.

— pero amor, eso no es lo que traía puesto antes. – reclamó la aguamarina con el ceño fruncido.

— lo sé mi amor, pero creo que el quitarse los vestidos es la manera en la que nuestra te dice que no le gustan. – aclaro la rubia con una sonrisa, pera ella eso no tenia importancia, siempre y cuando su hija estuviera bien.

— tiene un año Haruka, ella se pondrá lo que yo le ponga y no habrá discusión al respecto, no puede ponerse quisquillosa con la ropa a esa edad. – decía Michiru molesta por lo que había dicho la rubia.

— Michiru, si a nuestra hija no les gustan los vestidos va a seguir quitándose los, no importa cuanto hablemos con ella, además tú lo has dicho solo tiene un año. – para este punto ella también se sentía molesta, era como si Michiru no la considerara con la otra madre de Sora.

— exactamente tiene un año, aún no se puede corregir su comportamiento. – ¿Por qué Haruka no la apoyaba en eso? Solo era un vestido por todos lo cielos.

— ¿exactamente qué comportamiento quieres corregir en nuestra hija? – estaba apretando los puños, no podía creer que Michiru estuviera haciendo eso.

— ese comportamiento de usar ropa de hombre y parecer marimacho. – y justo en el momento en el que lo dijo se arrepintió, se había molestado por nada, Haruka tenía razón, no tenía nada de malo que la niña usará la ropa con la que se sentía cómoda. – Haruka yo… – pero ya no pudo continuar, la rubia la rubia interrumpido.

sonrió sin ganas, sabía que Michiru diría algo así, ella quería una princesita para vestir y darle concejos de maquillaje pero Sora se parecía más a ella. – lamento que nuestra hija sea una marimacho. – dijo con pesar. – creo que debiste pensarlo mejor antes de casarte con una. – soltó alejándose de ahí, no quería escuchar más, necesitaba un momento a solas.

En su intento de escape se había topado con su madre y con su hermana, pero había logrado salir ilesa de su interrogatorio, solo necesitaba estar a solas, se alejó lo suficiente y silbó, Horus no demoró nada en llegar a su lado, había crecido bastante, no por nada su especie era llamada gigante, le pidió que le llevará al bosque y Horus obedeció con un ladrido, lamentaba no estar en la fiesta de su pequeña pero solo necesitaba diez minutos para calmarse.

Cuando Horus la dejo en un claro, comenzó a llorar, no lo pudo evitar, las palabras de Michiru la habían lastimado y el hecho de que no aceptará a su hija le había dolido a un más, ella pensaba que todo estaba bien entre ellas, pero tal vez no era así, tal vez también era por eso que Michiru ni había tocado el tema de los hijos de nuevo.

— demonios, es mi culpa. – dijo a nadie en particular.

Estuvo el tiempo que había planeado, Horus la llevo de regreso mientras ella se limpia las lágrimas, sabía que más de alguno se daría cuenta, pero podía decir que era de felicidad por ver a su hija tan grande.

Como lo predijo, si hubo más de alguno que le pregunto por su estado, pero la respuesta era la misma, se dedico a evitar a Michiru, pues no quería hablar con ella y que se pudieran decir más cosas hirientes, lo mejor sería hablar por la mañana y que su esposa decidiera si se divorciaban, pero ella se quedaría con Sora, si o si; la fiesta termino y no pasó desapercibido para ella que su familia sabía que algo había pasado entre ella y Michiru, pero decidió ignorarlos por ahora, primero tenía que hablar con Michiru y llegar a un acuerdo; despidieron a todos los invitados con una sonrisa y como si todo estuviera bien, pero cuando cerraron las puertas, Haruka se quito su careta.

— iré a acostar a mi hija. – dijo con seriedad y comenzó a caminar hacia las escaleras.

Para Michiru no había pasado desapercibido el como había dicho su hija y no nuestra como solía hacerlo, tenía que hablar con su viento y pedirle disculpas, decirle que se había equivocado, así que sin más la siguió escaleras arriba y la vio salir del cuarto de su hija con una sonrisa, misma que se borró al verla.

— ¿Ya se durmió? – cuestionó con tristeza.

— si, estaba muy cansada al parecer. – respondió pasando por su lado, solo requería sacar su pijama y un cambio de ropa para mañana.

Michiru solo asintió y dejo que su viento se fuera a su habitación, ya tendría tiempo de hablar con ella; entro al cuarto de su hija y le beso la frente y le pidió disculpas prometiéndole que estaría más pendiente de lo que le gustará y de lo que no, no supo cuanto tiempo estuvo en el cuarto de su bebé, pero cuando salió y se dirigió al suyo, este estaba demasiado silencioso, entro tratando de no hacer ruido, pero al entrar y ver que su esposa no estaba ahí, su corazón se encogió, la había lastimado mucho, tenían que hablar ahora mismo.

Salió del cuarto y bajo las escaleras, no estaba en el sofá, tenía que estar en una de las habitaciones de huéspedes, tendría que buscarla.

Cuando por fin la encontró ya estaba dormida, podía ver restos de lágrimas en su rostro, se sentía miserable y una idiota por hacerle eso a su esposa, acarició su cara y está abrió lo ojos.

— ¿Qué haces aquí? – cuestionó la rubia con la voz rasposa debido al llanto.

— amor, tenemos que hablar, lo que dije por la tarde no… – pero nuevamente la rubia la había interrumpido.

— hablaremos mañana no te preocupes. – no tenía caso postergar lo inevitable.

Michiru se fue de ahí con un mal sabor de boca y llorando, había herido a una de las personas que más amaba en el mundo y justo ahora no sabía si lo podía arreglar, por la forma en la que Haruka le hablo, parecía como si ella ya tuviera una decisión y la misma no le gustaría; ambas pasaron la noche en vela pensado en que hacer, pensando que decir y una de ellas pensando en como disculparse; de esa manera las había encontrado la mañana; Haruka se había levantado más temprano para ir al pequeño gimnasio que había acondicionado en uno de los cuartos de abajo, para después bañarse e ir por su hija, para cambiarla y bajar con ella a desayunar, grande fue su sorpresa al encontrar la cuna vacía, bajo a toda prisa las escaleras y encontró a su hija en la cocina siendo alimentada por Michiru. No dijo nada y tomo su lugar en la mesa.

— Haruka. – llamó Michiru, después de lo ayer parecía como su viento no quisiera dejarle a su hija para nada y hacerse cargo ella. – sobre lo de ayer… yo…

— ¿Cómo haremos esto? – interrumpió la rubia y al ver la cara de confusión de la aguamarina aclaro. – el divorcio ¿Cómo lo quieres hacer? – aclaro con seriedad. – solo te advierto que la custodia de mi hija será mía.

— ¿Divorcio? – cuestionó incrédula, de un momento a otro sintió como si cayera a un gran abismo ¿Por qué Haruka hablaba de divorcio? – ¿Quieres… quieres el divorcio? – cuestionó con temor, esperaba de todo menos eso, realmente la había lastimado, pero ¿En serio no había nada que hacer ya?

— ni siquiera había pasado por mi cabeza algo así. – comenzó la rubia. – pero al escucharte ayer es obvio que por la tuya si, pero no te preocupes, te librarás de una esposa marimacho y de hija que sigue sus pasos, podrás casarte con quieras y tener una hija que sea normal. – termino apretando los puños con dolor.

— ¡mi hija es normal! ¡No quiero escuchar que digas algo así de nuevo! – gritó con lágrimas en los ojos. – no quiero el divorcio, ayer… no se qué me pasó, ni de dónde salió eso, solo me enoje y solté lo primero que se me vino a la mente, pero amo a mi hija y te amo a ti, se qué te lastime y no sabes cómo me arrepiento de haberlo hecho, pero por favor, Haruka no nos hagas esto, luchamos bastante para llegar hasta aquí, no dejes que mi estupidez lo arruine. – termino llorando y saliendo del comedor, tenía plena confianza de que Haruka cuidaría de Sora, ella solo necesitaba un momento a solas para asimilar lo que le pasaba justo ahora.

Divorcio, cuando esas palabras salieron de la boca de su esposa, sintió que algo dentro de ella se rompió, había lastimado a Haruka, ya debería de saber, a estas alturas del partido, que su viento es muy sensible al momento de que alguien califica algo como bueno o malo debido a que su crianza no fue la mejor y el tipo que la tenía no paraba de decirle que sus padres no la amaban por ser rara y diferente y por eso la habían abandonado, debido de haber pensado eso antes de soltar esa estupidez de ayer.

Llegó a su habitación y se puso a llorar, si no lo podían arreglar, si Haruka no cambiaba de parecer… bueno adiós a su final feliz después de tantas reencarnaciones. No supo cuánto tiempo pasó, pero unos golpes en su puerta la sacaron de sus horribles pensamientos.

—¿puedo pasar? —Escuchó la voz de su esposa al otro lado de la puerta.

—Claro, pasa —, tal vez venia a decirle que ya habia hablado con un abogado y todo estaría terminado para mañana.

Nuevas lagrimas vinieron a sus ojos, pero fue capaz de limpiarlas antes de que Haruka las viera o eso pensó ella.

—Lo siento —, dijo en un susurro mientras se sentaba en la cama, no tenia que ser un genio para saber que Michiru habia estado llorando y claramente era culpa suya.

—¿Qué? No Haruka, fui yo quien se equivocó, yo no debí de haber dicho eso, no debí de haber reaccionado así —. Kami si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y no decir lo que dijo ayer.

—Yo tampoco debí de haberme ido a los extremos —, confesó con pesar —, amor, creo que al final si va a hacer necesario ver a un psicólogo —, admitió con pena —, he de confesar que aun no supero lo que pasó en mi niñez y lo de ayer fue un reflejo de eso —, dijo abatida —, oh y no pienses por un momento que he llegado a esto por mi cuenta, tuve que hablar con mi madre quien me dijo que me daría una paliza apenas viniera a casa y que también quiere hablar contigo.

—Oh cariño —, dijo con dolor, la habia lastimado mucho —. También yo lo siento mi amor y te juro que superaremos esto juntas ¿esta bien? Iremos al psicólogo juntas, no estás sola amor.

Cinco años después…

La pequeña sora ya tenia seis años de edad, las cosas habían cambiado un poco en los últimos años, Serena y Darien aún no se decidían a tener más descendencia, mientras Rei junto con Nicolás ya tenían a su primer bebé, el cual cumpliría dos años, Mina seguía soltera y sin intención de casarse, otras que dieron la sorpresa con un hijo fueron Youko y Midori, además de que Nao por fin se habia casado, tanto las HiMEs como las sailors estaban disfrutando plenamente de esta segunda oportunidad que les habían dado.

Por otro lado, Haruka y Michiru habían terminado su terapia y estaban en su mejor momento, les habia costado un poco al principio, pero ambas habían puesto de su parte para que todo saliera bien, no querían desaprovechar esa nueva oportunidad por algún comentario o una mala mal interpretación de este, pero tampoco querían andar siempre con pies de plomo, así que lo hablaron nuevamente y se comprometieron con la terapia para que esta en verdad les ayudara.

Otra cosa que cambió fue que la pequeña Sora ya tenia a su lobo, se habia efectuado el ritual y la niña ya era la compañera de un lobezno gris que la seguía a todos lados, además de que Saeko habia cumplido su promesa y habia pateado el trasero de su hija y de su nuera, aunque no literalmente, sino que habia tenido una muy larga y acalorada charla con ellas dos; estos cinco años habían sido de crecimiento, aprendizaje y amor para el grupo, pero si le preguntaban a cualquiera de ellos, sin duda la respuesta seria que habia valido la pena.

Diez años después…

La pequeña Sora ya no era tan pequeña, pues ya tenía dieciséis años y siendo la primogénita de la familia Kuga-Kaiō se sentía orgullosa y agradecida, sus madres eran amorosas y siempre tenían tiempo para ella y sus hermanas, oh porque no habia sido hija única, no, sus madres habían decidido agrandar la familia y habían tenido otro embarazo que derivó en mellizas, Yuki una hermosa niña de cabellos aguamarina y ojos verdes y Yuri rubia como su madre Haruka pero con los ojos de su madre Michiru, Sora esta encantada con sus hermanas menores, la siguen a todos lados y ella no podría estar más feliz por ese hecho.

En este tiempo todos habían consolidado sus carreras, sus vidas, sus matrimonios, sus familias y se podría decir que estaban disfrutando de la vida; Rei y Nicolas tenían ahora dos pequeños, otro niño los habían bendecido con su llegada algunos años después de su primer hijo, Serena y Darien no tuvieron mas hijos, suficientes dolores de cabeza les daba la no tan pequeña Rini ahora, Shizuru y Natsuki también habían ampliado la familia con dos niñas más, no mellizas como su hermana pero, digamos que por un bonito descuido ahora le hacia la competencia a su hermana, Saeko y Kain no podían estar más felices por sus nietas; las HiMEs iban a visitar los de vez en cuando y lo agradecían, ya que así no se perdía el contacto.

Sakura y Yukino tenían cuatro niñas que adoraban con locura, mientras que Mai y Mikoto habían tenido a su primer niña hacia poco mas de tres años y no estaba en sus planes tener otra por el momento, Nao, pese a sus muchas negativas habia terminado con una hermosa bebé con el mismo color de ojos que ella; Mina por otro lado habia quedado embarazada y ahora era madre soltera, el padre de su pequeña no habia querido saber de ambas y las habia abandonado, fue un duro golpe para la rubia, pero con la ayuda de sus amigas y de Saeko habia superado ese bache y seguir con su carrera y amar a su hija.

—¿Alguna vez pensaste que llegaríamos hasta aquí? —Cuestionó la aguamarina viendo la imagen frente a ella.

Su familia y amigos, riendo, bailando y disfrutando de la compañía de unos y otros en la fiesta de cumpleaños de sus mellizas.

—No, siendo sincera contigo, jamás pensé que llegaría tan lejos —, confesó —, siempre pensé que no tenia una familia y que no era merecedora de una.

—Pero lo eres mi amor, esta es tu familia —, mostró la aguamarina con su mano extendida hacia el lugar donde estaban todos disfrutando.

—Ahora lo sé y todo te lo debo a ti mi amor, sin ti, esto —, dijo también señalando hacia sus amigos y familia con su mano —, jamás hubiera sido posible.

—Haruka ¿crees en el destino? — Cuestionó con una sonrisa, pues ya sabia la respuesta de su viento.

—Antes, sin duda te habría respondido que no, que uno crea su propio destino, pero ahora… con todo lo que he visto, con todo lo que he vivido, debo decir que si, creo en el destino, creo que estábamos destinadas a encontrarnos desde un inicio como lo hicimos para llegar a esto, para llegar a tener lo que tenemos ahora —, le habia costado un mundo entender eso, pero al final lo habia comprendido, ese era su destino desde un inicio.

—Oh mi amor —, fue lo único que pudo decir a las palabras de su esposa.

—No ha sido fácil, el camino que nos tocó nos llevó a perdidas, amores, desamores, lagrimas, pero hemos logrado superar todo eso juntas, tu nunca me has dejado, siempre estuviste para mi en los momentos más difíciles, tu has sido mi constante y por eso estoy agradecida —, amaba a su esposa y a sus hijas mas que a nada y siempre le daba gracias a Kami por tenerlas.

—No hay nada que agradecer mi amor, siempre estaré para ti, así como tú siempre estarás para mi —, Kami amaba esos momentos con Haruka.

—Siempre —, respondió sin dudar.

—Te amo —, confesó, posando sus manos en el cuello de su viento.

—Yo también te amo —, correspondió posando sus manos en la cintura de su sirena.

El beso llegó sin demora, un beso cargado de amor y de promesas, de un futuro brillante y de vivirlo al máximo.

FIN.