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[Una mañana...Temprano con aire frío.]

El primer día de trabajo para una persona tendría que ser sencillo, ¿no es así?. Todo forma parte de un proceso y desarrollo personal para crecer y tomar experiencias requeridas.

Bueno... Es lo que creía Elichika Ayase al regresar de su viaje a Rusia. Imaginó que las cosas serían mucho más sencillas de lo que esperaba, pero tenía una cierta razón que pareciese que no se irían por ese lado.

- ¿De verdad es necesario que vaya?.- Preguntó con bajo ánimo la hija mayor de la familia.

- Claro que sí Elichika, ¿acaso piensas seguir evadiendo las juntas directivas?.- Le respondió en un tono serio; su señor padre. Un rubio de tez clara y ojos azules claros. La pequeña familia conformada por dos hijas y el par de padres, estaban tomando el desayuno.

- Pero ya he ido a unas cuantas.-Susurró desanimada.

- No sé, qué parte no entiendes...- El mayor dejó de lado el periódico que estaba leyendo para después ponerse de pie y terminar de abotonarse su saco negro.- Hoy se te dará el cargo más importante, y no puedes poner más excusas. ¿Escuchaste?.-

- Si, lo comprendo. Haré mi mayor esfuerzo.-A la de ojos azules no le quedó más remedio que asentír para no generar otro conflicto más con su padre.

- Te irá muy bien Onee-chan, siempre logras hacer lo mejor.- La menor de los Ayase's se interpuso en el ambiente tenso, intentando animar a su querida hermana.

-Querido, recuerda que debes de irte temprano. Elichika llegará allá poco después.- Avisó la mujer mayor con una sonrisa.

- Tienes razón.-Se dió cuenta de la hora y tomó sus cosas, acercándose a su esposa para darle un beso de despedida con una sonrisa relajada. Pero volteó a ver a su honorable hija, enviándole una mirada amenazadora.-Te veré allá.-

- S-si...-Atragantó temerosa.

-Que tengas un buen día, papá.-Arisa despidió a su papá, luego de unos minutos la casa se llenó de silencio. Las tres mujeres se miraron entre si.

- No puedo creer que a ustedes dos las trate bien y a mí me hable de esa forma.- Dejó salir con toda sinceridad la rusa.

Su madre soltó un suspiro y finalizó con una sonrisa de lado.

- Sabes que tú padre quiere lo mejor para ti hija, recuerda que le prometiste hacerte cargo de la empresa cuando estuvieras de vuelta. Él sólo quiere prepararte.-

- Lo sé, es sólo que...-Intentó desahogarse, sintió la necesidad de quedarse callada sin decir nada más.- Olvidenlo, es mejor que me preparé o se me hará tarde.-

La próxima encargada de la empresa de los Ayase's, se puso de pie y llevó su plato al fregadero. Inmediatamente se dirigió a su habitación al subir de las escaleras, dejando ahora sí. Un silencio mucho más tortuoso entre la hija menor y su amada madre.

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(pov Eli).

-Sé que hicimos un estúpido trato, pero es difícil para mí hacerme la idea...-Me quejé conmigo misma mientras me miraba al espejo. Dejé que mi mirada divagara y me topé con el trofeo que había ganado recientemente.

Mi padre me había puesto la condición de patrocinar todos mis gastos en el viaje y en la competencia de ballet a cambio de que cuando regresará, tomaría el puesto por el cuál había estudiado y preparado tanto.

- Me voy a morir de aburrimiento... Podría estar viajando, inscribiendome en otra competencia o tal vez haciendo otra cosa que no tenga que ver con encerrarme en una estúpida oficina.- Seguí desahogandome. Pero, ¿qué más podía hacer?, técnicamente había vendido mi alma.

Busqué el uniforme de la empresa; una camisa de vestir blanca que portaba las iniciales de la marca que teníamos y un pantalón de vestir negro, terminé por ponerme un blazer gris oscuro y tomé mis cosas.

No tenía los ánimos necesarios, así que sólo me cepille el cabello y lavé la cara. Llevaba el cabello suelto para no perder más el tiempo.

(Fin Pov Eli) (Pov normal)

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La rubia salió de la habitación con otro tipo de semblante, incluso se sentía más que diferente.

Caminó a la sala para encontrarse con su madre y hermana con la intención de despedirse.

-¿Ya te tienes que ir?.-La menor le sonrió curiosa.

- Si, no quiero atrasarme. - Le contestó relajada.- Lamento mucho mi comportamiento, créanme que todo estará bien y haré que todo salga bien.

Su madre elevó la ceja al igual que su hermana. Eli era muy extraña con respecto a sus decisiones, parecía que cuando se lo proponía todo a su alrededor cambiaba en absoluto.

- ¿Está todo bien?.- Algo preocupada, su madre se acercó.

-Claro que si. ¡Ah!, tengo que irme. Nos veremos después.- Dijo con una sonrisa y se fué por la puerta.

- ¿Qué le picó?.- Volvió a sorprenderse la mayor.

- Onee-chan es así, parece que ya se resignó.- Le respondió decepcionada Arisa.

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Ya se encontraba el personal de la empresa en la oficina para juntas. Eran unas cuantas recepcionistas, secretarias y personal; tanto hombres como mujeres en la sala.

-Mi gran noticia aquí es, que como ya les había avisado con tiempo. El cambio de jefe directo de Muse.-Anunció el mayor de los Ayase's frente a todos.-

-Mi trabajo aquí ha terminado por un tiempo indefinido en lo que sigo con mis demás proyectos, y para no afectar el rendimiento actual. Mi hija se hará cargo a partir de hoy.-

Terminó de decir con seriedad. Todos los presentes se sorprendieron, miraron que la mencionada abrió la puerta y dió pasos seguros al centro de atención. Ya sabían sobre la hija, pero no tenían idea de que era la próxima jefa en cuestión.

- Es un placer, sé que parte de esta empresa sabe mi nombre. De igual manera, mi nombre es Elichika Ayase y será un gusto formar parte de esto, daré mi mejor esfuerzo, por favor tratenme bien.- Hizo una reverencia con el debido respeto. El personal dió un aplauso y un saludo de bienvenida.

Su padre miró de reojo la actitud de Eli, parecía que su hija había entendido el punto y tomaría el cargo con la seriedad requerida. Sonrió orgulloso y se acercó a la menor.

- Necesito llevarte a tu oficina, te entregaré los archivos y las llaves.-Le pidió a la rubia que lo siguiera, ambos salieron de la sala y los trabajadores regresaron a sus respectivos lugares de trabajo.

La ojiazul echó un par de miradas hacía los lados, aún miraba con curiosidad el lugar. Aunque ya había estado un par de veces en la empresa, no era mucho como para saber lo suficiente de la zona.

Padre e hija tomaron el elevador principal para subir al cuarto piso, evidentemente la estructura del lugar era muy elegante y a ojos de los demás; costoso. Bajaron del ascensor y caminaron por un pasillo color blanco con decoraciónes y muros de cristal. Llegaron a la gran puerta del dueño y el mayor abrió la entrada para que su hija pasará primero.

- Remodelaron bastante bien... Todo se ve muy bonito.- Halagó Eli apenas dió un paso dentro.

- Aproveché el tiempo que te fuiste a Rusia para hacerlo, quería dejarte esto en excelentes condiciones y un poco más a tu gusto.-Confesó con tranquilidad. Por el cambio de voz y actitud, Eli pudo deducir que su padre se puso feliz por la postura que había tomado.

-Lo siento por haberme comportado así... Asumiré el cargo, no tienes que preocuparte.-

-Sé que puede ser difícil para ti, el sólo imaginar que tendrás un cargo así de importante. Pero haz estudiado bastante y sé que lo harás bien.-

La rubia se quedó de espaldas cuando escuchó los pesados pasos de su padre al salir por la puerta y dejarla completamente sola.

Giró su cuerpo, él ya no estaba ahí. Con sólo veinte años y sin experiencia, tenía que sentar cabeza y volver a mirarse en el espejo. Era la cruel realidad de ser la primera sucesora de los Ayase's, abandonar sus anhelados sueños ya formaba parte su obligación.

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[5 años después, Eli Ayase.]

En la vida habitual de la aclamada y prestigiada mujer; Ayase Eli, se tenía en cuenta de una manera muy estricta tres de sus reglas más importantes y que para nada podían romperse.

Empezando por :

1. Esforzarse siempre para todo y por todo.

2. Ser un orgullo para su familia.

3. No enamorarse ni meterse en asuntos que puedan estropear su desempeño en la empresa.

Esos principios se imponía ella misma día con día, aunque claramente la última no la seguía al pie de la letra. Pero no se enamoraba ni se permitía conocer a una chica más allá de tener sexo.

A ojos de su mejor amiga (Umi Sonoda), no era extraño que las mujeres buscarán a su jefa en la misma oficina, o que cada que visitará a Eli hubiera una de sus amantes con ella.

-¿De verdad no quieres regresar al apartamento?.-

-No, creo que es mejor que esté sola por un tiempo en lo que me recupero... Y frecuentar más la terapia para no caer en una posible depresión.-

La Ayase suspiró preocupada. Un día antes ella misma había ido por su mejor amiga a su apartamento por una pelea que ocurrió entre la Sonoda y su esposa.

- Si me lo dices así, tendré que meterte a rehabilitación. De verdad me preocupas.- Le dijo con seriedad.

- Estaré bien, confía en mi. Además, prefiero estar lejos de tu apartamento, no quiero saber ni ver qué pasa ahí otra vez.-Se expresó con desagrado entre risas. La rubia se sonrojó fuertemente, agradeció que estaba en su oficina y tenían la puerta cerrada.

- Sólo fueron dos ocasiones, no sé que te parece extraño. No es nada que no hayas hecho antes.- Intentó defenderse.

-Bueno, no fué agradable verte con dos mujeres diferentes y de esa manera...- Fué tan honesta que no le molestó volver a repetirlo.

-¡Bien, bien, bien!. Ya entendí, no vuelvas a mencionarlo.-Pidió resignada.

- Eli...-

-Si?...-

Umi miró seriamente por un par de segundos a la rubia de ojos azules, Eli no puedo aguantar la duda y no se esperó a escuchar respuesta.

-¿Qué sucede?, me voy a volver loca.-

- Quiero divorciarme y no volver a saber nada de Saya, ¿crees que eso me sea posible?.- Las palabras salieron con un tono lleno de dolor y ansiedad, dejó caer su cabeza, mirando con detenimiento el suelo.

La dueña de la empresa atragantó.

- Claro... Te conseguiré un abogado para que atienda tu asunto, podrías poner una orden de alejamiento por un periodo de tiempo, para que el asunto no escale a más gravedad.- Le propuso con toda la amabilidad del mundo, Umi era y formaba parte de una de las personas más importantes en su vida, esa mujer con cierta personalidad parecida a la suya era algo así como su compañera de vida.

Verla ahí sentada sin ninguna emoción en su mirada le destrozaba el corazón. Se podría decir que la Ayase odiaba demasiado a Saya, no la podía ver ni en pintura.

-Gracias en verdad...-Se puso de pie a la misma vez que tomó sus cosas. -Me iré de una vez, tengo que regresar a casa.-

- ¿No quieres simplemente descansar?, puedes tomarte el día libre, Umi. Esto fué demasiado para ti.-Intentó arduamente de animarla, pero sus intentos fueron más que fallidos

-Me gustaría tener la mente ocupada. Además, mañana debemos ir a realizar un artículo sobre la instalación A.- Le recordó ya con una sonrisa, la peliazul de ojos ámbar se veía ligeramente calmada, provocó que la Ayase sintiera un alivio en el pecho.

- Hacerte entender es como hablar con una pared.-

-¿Vengo directamente para acá?.-Preguntó ignorando los sermones de su jefa.

-Pasaré por ti a la hora de siempre.-Le contestó derrotada, volviendo a tomar su teléfono para agendar y checar el asunto.- No recordaba esa cita.

- Te veré mañana, descansa.- Se despidió con las típicas palabras cortas y frías. Los orbes azules vieron desaparecer a Umi al abrir la puerta y cerrarla. Dejándola en su solitaria oficina de siempre.

La sensación de soledad y dolor comenzaba a esparcirse desde las expresiones de su rostro hasta el interior de su cuerpo. Le era difícil demostrar y canalizar sus emociones, era difícil decirle a Umi que quería que regresará porque se sentía terriblemente sola en su apartamento.

Se dejó caer en su escritorio, cubriendo su rostro con sus brazos en una posición de descanso.

Agradecía que lo único bueno de sus terapias con el endocrinólogo; le había dado la suerte de conocer a la escritora. Ya que al verla no dudó en acercarse a ella y ofrecerle trabajo, sabiendo en la condición que vivían y lo difícil que era lidiar con el tema, quien diría que nacer con un órgano extra del genero contrario le complicaría tanto la vida, por lo mismo pensó en hacer cosas buenas por los demás desde que obtuvo razonamiento común.

Porque Eli era así, siempre hacia cosas buenas sin esperar nada a cambio.

La rusa tenía todo tan limitado a su alcance, la gente podría creer una imagen totalmente errónea de ella. Tal vez creían que tenía una vida llena de amigos, excesos y experiencias con cualquier tipo de situaciones, pero no. No era así. Lamentablemente no podía tener tantos amigos porque su padre se lo prohibía, no tenía la oportunidad de viajar y conocer más allá de lo que le habían impuesto.

- No entiendo qué es lo bueno de tener todo y a la vez nada.- Balbuceó sin elevar su cabeza, decepcionada de todo y de todos.

- Tic- Tic-

En seguida se puso en una postura correcta buscando el causante del timbre en la puerta.

-Adelante.- Dió el permiso.

No era nada más ni nada menos que su hermana menor que caminaba con una sonrisa al verla.

-Arisa, ¿que haces por acá?.-No dudó en pararse para ir a saludarla.

-Pasaba por estos rumbos y quería verte, Onee-chan.-Le contó con entusiasmo al separarse.

- ¿Qué no tomarías el vuelo a Rusia hoy?.- Cuestionó dudosa.

- Sólo quería venir a despedirme, no planeaba irme sin decirte un adiós.-Tomó las manos de su hermana mayor.- ¿Sigues con tu decisión?.

-¿De quedarme aquí?.- Intentó adivinar para ver si la menor se refería a eso en voz baja.

- ¡Claro!. No tienes que obedecer a nuestro padre siempre, sé que te gustaría volver a casa.-

-No tengo opción Arisa.-Eli se alejó, deshaciendo su agarré de manos.-Estoy bien aquí, no tienes que preocuparte.-

-Siempre dices que no debo hacerlo, pero tu cara parece querer llorar con desesperación. - Atacó con molestia.

-Ahh...-Sacó el aire de sus pulmones con un largo suspiro y caminó a su escritorio para tomar sus cosas junto con las llaves de su coche.- No quiero hablar de esto, de verdad...-

Arisa cambió su sonrisa a una mueca de tristeza y decepción, sentía que cada vez perdía más a su hermana con el paso del tiempo. Eli ya no se sentía igual, ni tenía algún brillo.

- Perdón.-

- No es tu culpa, algún día encontraré la respuesta.-Dió unos cuantos pasos para acercarse a la menor.- Te llevaré a cenar y de ahí, te dejaré en el aeropuerto, ¿está bien...?.-

La menor de los Ayase's no tuvo otra opción más que aceptar, no deseaba causar ni terminar las cosas con una pelea innecesaria, mucho menos antes de irse por un tiempo.

Al final del día Eli cumplió con su deber de llevar a su hermana al aeropuerto sin problema alguno. Manejaba su auto con tranquilidad y bloqueando todo pensamiento que le hiciese bajar al ánimo. Estaba tan concentrada en el camino que no se dió cuenta de que su teléfono estaba sonando, hasta el segundo timbrido.

-Ayase Eli. ¿Quién habla?.- Respondió.

- Ayase-san. ¿Estás libre ahora? ¿Estás en tu apartamento?.-La voz femenina que sonaba al otro lado de la llamada, tomó por sorpresa a la rubia.

-L-lo lamento, ¿podrías decirme tu nombre?.- Atinó a preguntar entre nervios, la rubia no recordaba el nombre de ese número.

-Supondría que olvidarías mi nombre, lo cuál es de menos. Sólo quería invitarte un trago y pasarla bien de nuevo.-

-Realmente lo siento mucho, necesito llegar a casa y descansar, tengo bastante trabajo por la mañana.- Intentó responder lo más suave posible, no recordaba que le había dado su número a una de las chicas con las que salía ocasionalmente.

- Está bien, llámame cuando puedas.-

Y el pequeño sonido al colgar la llamada la hizo atragantar.

-Maldita sea, esto sería muy peligroso si llegase a suceder frente a mi padre, tengo que ser más cuidadosa.-Se decía a si misma, bloqueando el número y cerrando su móvil para después guardarlo en su bolsillo.

La Ayase no quería problemas en dónde no los había, técnicamente. Se alivió internamente y continúo con su camino hasta llegar a un condominio de apartamentos que con sólo verlos podría deducirse que olía a dinero. Dejó aparcado su auto en su lugar asignado y se dirigió al elevador de la planta del estacionamiento.

Ya estaban apunto de cerrarse las puertas cuando vió como una mano entró de la nada para detener el movimiento y que permitiera subir a alguien más.

-Ayase-san, es extraño verte por aquí.- Un chico que se veía un poco mayor que Eli, le saludó con una sonrisa; de ojos grises y cabello cenizo, tenía la postura de ser un hombre de negocios por el maletín y el traje que portaba.

- Lo sé, todos me dicen que no salgo de la oficina.- Jugueteó tranquila la rubia, haciéndose a un lado para darle espacio.-Hace mucho que no te veía también, Evans.

- Tú sabes, todo esto se trata de viajar, conocer personas y eso... Supongo que vivimos cada día como si fuera el último.- Le comentó con una alegría y ánimo indescriptible. La Ayase lo miraba incrédula por la actitud del mayor.

¿A esa edad podré verme así de positiva? pensó.

- Supongo, yo no he salido de Japón desde hace algunos años.-

- Me imagino que ser la cara y la encargada de la empresa de tu padre debe ser un martirio.-Evans intuyó que Eli no se sentía bien, así que disimuló su ánimo para no incomodarla.

- Es como si hubiera vendido mi alma...- Respondió inconscientemente.-Debo irme, necesito descansar. Ten una linda noche.-

La rubia sólo le dió una sonrisa de lado y salió del elevador, retirándose del lugar justo en el quinto piso. El jóven ejecutivo sonrió también de lado y suspiro encantado por la presencia de la rusa; su pequeño amor imposible.

Mientras que volviendo al reloj de Eli, esta misma le tenía un poco de celos a su vecino. Llevaba algo de tiempo conociendo a Evans, y siempre se le veía contento llegando y yendo de un lado a otro. Muy pocas veces se encontraban en el edificio, pero nunca le era mala idea saludarlo o hablarle.

La Ayase abrió su apartamento con cautela, era algo noche y no quería hacer tanto ruido. No esperó mucho para quitarse las zapatillas y deshacerse del abrigo que cargaba, dejando de lado sus cosas y encendiendo la luz que iluminó su solitario apartamento. No consideró comer algo antes de irse a bañar y luego a dormir; porque ya había cenado junto a su hermana. Sólo fué por un vaso de agua y de un cajón de la cocina sacó las irreconocibles tiras azules de cápsulas que debía tomar una vez al mes.

Por poco y se le olvidaba, un grandísimo detalle, o estaría como una loca por un par de días.

- Me pregunto cuántos hijos tendría si no fueran por estas benditas pastillas.- Balbuceó. Ignoró su pensamiento e ingirió una, yéndose a cambiar para después dejarse caer en un profundo sueño.

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Por la mañana siguiente despertó gracias a su alarma. La señorita Ayase tomó un baño, algo ligero de desayunar y sumándole a todo eso una taza de café para mantenerse activa. Su día comenzó tranquilo, no esperaba nada más que su trabajo habitual de siempre.

- ¿Te hice esperar?, lo siento.-

- Acabo de llegar, es justo la hora para irnos.-Le respondió Eli a Umi quien ya subía a su coche.

La institución que mencionaba la escritora no estaba lejos realmente, aunque estuviera cerca de una zona rural, al tomar un atajo se acercaron inmediatamente.

- ¿Cuál es el objetivo?.-

- Entrevistar al encargado del instituto y hacer un artículo de publicidad para atraer estudiantes o personas interesadas en el tema.-

- Vaya, si sabes de lo que estás hablando.-La ojiazul se sorprendió de la certeza de la Sonoda, aunque era común en ella.

- ¿Es mi imaginación?, ¿o ayer no hiciste nada de tus cosas?.-Preguntó curiosa.

- Cuando te fuiste, Arisa vino a despedirse de mi. Así que sólo la llevé a cenar y la dejé en el aeropuerto, no tuve tiempo.-

- Me sorprende tu sinceridad...- Umi hizo una mueca incrédula.- Casi nunca me hablas de Rusia, ¿por qué no acompañaste a tu hermana?.

-Oh mira, ya estamos cerca.-Eli intentó huir de las preguntas de su mejor amiga.- Cierto, mi hermana te mandó saludos.

- ¿De verdad?, debí de esperar un poco para haberme despedido de ella.- La escritora tomó su maletín cuando vió que su jefa ya había detenido el auto para salir.

-No te preocupes por eso, sólo se va por ciertos periodos de tiempo. Ya después la podrás saludar.- La rubia al igual que su trabajadora, sólo tomó sus cosas y salió de su auto para cerrarlo y seguir a Umi.

Las dos externas y desconocidas del lugar, se quedaron mirando el gran edificio que se veía un poco viejo pero lucía bastante bien por las decoraciones a su al rededor.

Eli suspiró cansada, otro día de trabajo.

-Bien, entremos y acabemos con esto.-La rusa tomó autoridad entrando por las grandes puertas de vidrio. Llamando la atención de inmediato por los estudiantes y personal del instituto.

La mayoría de la gente susurraba asombrada, pues una de las personas más famosas e imponentes de Japón con descendencia extranjera se encontraba caminando por los pasillos.

-¿Está bien que entremos así como así?.-Le preguntó Umi al llegar a su lado.

- No planeo quedarme ahí perdiendo el tiempo, vayamos directo a la recepción y preguntemos.-

- Es lo que yo hubiera hecho...-Susurró Umi.

- ¿Qué dijiste?.-Eli se detuvo.

-N-nada, vayamos para allá.- La peliazul empujó levemente a la mayor para acercarse con prisa a la recepción en dónde ya estaba una señorita esperándolas.

- Buen día, tenemos agendada una cita para una entrevista.-La Ayase habló por la Sonoda.

La mujer del área comenzó a teclear con una sonrisa en su computadora.

- ¿Tienen algún asunto?.-

- Cuestiones de trabajo.- Asintió la rubia.

- Muy bien, por favor pasen al pasillo a la derecha. La primera puerta.-Indicó con amabilidad.

-Gracias.-Las dos mujeres acataron. Y caminaron a la dirección ya dicha.

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- Es un placer Ayase-san, Sonoda-san. Me disculpo si les hice esperar.-

El dueño de la instalación les tomó por sorpresa, puesto que el par de mujeres esperaban pacientemente sentadas frente a un gran escritorio.

- No tenemos mucho, no hay problema.- Eli fué la primera en ponerse de pie para saludarlo.-Un placer.-

- Es un honor conocerlo, he leído mucho sobre usted.- Umi acompañó el saludo también imitando la acción de la rubia.

- Agradezco los halagos y la espera. ¿Está bien si comenzamos?.-Sonrió el mayor y tomó asiento frente a ellas. Las dos presentes asintieron con amabilidad, y el trabajo comenzó para la jóven escritora. La Ayase se mantuvo algo alejada, a la par que atendía mensajes y llamadas importantes de diferentes socios.

Extrañamente la señal comenzó a fallar, y los mensajes que mandaba no podían entregarse.

- Saldré un momento, enseguida vuelvo.- Avisó antes de salir por la puerta y dirigirse a un ventanal que se hayaba abierto al fondo del pasillo.

Intentó moverse de un lugar a otro para conseguir aunque sea una barra de señal pero el intento era poco eficaz.

- ¿No tienes señal?.-Preguntó una suave voz detrás de ella.

Eli se asustó, dió la vuelta algo espantada con el rostro ligeramente sonrojado por la vergüenza. Sus ojos se abrieron pasmados. Ante ella se apareció una chica que muy seguramente tendría su misma edad; de ojos verdes brillantes y cabello morado oscuro. Lo que le dejó maravillada era esa sonrisa no tan marcada con una belleza increíble poco posible a perspectiva de ella, mostrando en su mirada entre preocupación y diversión.

La rubia se sintió nerviosa.

-S-si, eso parece. Necesito enviar unos cuantos email's, pero no logran enviarse.- Respondió con una sonrisa recuperando su postura y evadiendo los orbes esmeraldas que la miraban con curiosidad.

-Esta zona está algo alejada de la ciudad, así que es habitual que la señal no sea tan buena.- Explicó con calma, dió un giró y elevó su dedo índice mostrándole una dirección en específico.- Si te diriges a ese lado, podrás recuperarla sin problema.-

La rusa por supuesto observó con detenimiento a la mujer que apareció de la nada. Vestía una camisa de vestir de manga larga de un color blanco con las iniciales de la instalación de astronomía. Eli solamente tenía la duda de si aquella persona podría ser una estudiante, maestra o trabajadora del lugar.

- Muchísimas gracias, lamento la molestia.- Agradeció con una sincera sonrisa y caminó a ese lugar.

-No hay cuidado, Ayase-san.- Respondió inmediatamente. Dejando a la rusa atónita.

¿Cómo sabe mi nombre? Inconscientemente se preguntó.

Dió media vuelta para hacer contacto visual.

- ¿Cómo sabes mi nombre?.-

La pelimorada arqueó una ceja, ahora ella se veía más que confundida.

- ¿No eres la dueña de la empresa 'Muse', e hija de los Ayase's?.-Dudó de su pregunta.

Claramente la cara de Eli fué un poema. Se sintió tonta de sólo recordar su pregunta.

-A veces se me olvida que soy famosa.- Golpeó su frente de la tremenda pena, ganándose una risa de la presente.- ¿Puedo saber tú nombre?.-

-Claro. Soy Tojō Nozomi.-Sonrió divertida.

-Un placer, y agradezco tu amabilidad.- Dijo con un suspiro pesado.

-De verdad que no fué nada.-Nozomi terminó despidiéndose con un saludo sin decir más e yéndose por otro pasillo, los ojos azules de Eli la siguieron hasta perderse.

Se quedó observando algunos minutos, hasta que sintió un peso, una mano descansó en su hombro.

- ¡Basta de asustarme!, ¡proklyatiye!.-Gritó instintivamente.

- ¿Acabas de maldecirme?.-

La silueta de Umi emanaba miedo y unas increíbles ganas de golpear a Eli. La rusa atragantó, no se esperó encontrarse así con su mejor amiga.

- ¡N-n-no!, no es eso.-Negó desesperadamente para después quedarse en shock.- ¿Cómo sabes qué dije?.-

- Si no estoy mal, fué algo así como "maldita sea". O eso entendí, a veces leo cosas en ruso, que no te sorprenda.-Explicó con una paciencia inimaginable.-Da igual, eso no es importante. Ya terminé de escribir. El señor Yū se fué hace unos minutos apenas acabamos, le surgió una junta y me encargó que te mandará su saludo.

- ¿Ehhh?, ¿de verdad tardé tanto en regresar?.-

- Bueno, parece que aquella chica te distrajo, lucías idiota viéndola tanto. Dabas la misma vibra que un acosador.- Cruzó los brazos la Sonoda y comenzó a reírse en voz baja por la burla.

-¡Heeeeey!, cállate de una buena vez.-Cerró los ojos e hizo una mueca de molestia y vergüenza.

- ¿Acaso te gustó?.-

- No te interesa, Umi. Vámonos de una buena vez, necesito llegar a la oficina y continuar con el trabajo.- Gruñó enojada e inmediatamente y con todo la prisa del mundo, se fué por el pasillo.

- Vaya... Parece que si...-Suspiró cansada. La escritora sintió una mirada sobre ella, disimuladamente miró de reojo. Topandose con la misma mujer con la que estaba Eli unos minutos antes; se hayaba conversando con unos jóvenes. Umi intuyó que buscaba a su jóven jefa, sonrió de lado y se fué detrás de la rusa.

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La Sonoda llegó al auto de la rubia, la Ayase parecía estar recargada en este, logrando conseguir enviar aquellos mensajes.

-¡Por fin!.- Sonrió victoriosa, vió a centímetros una sombra que se acercó a ella, los ojos azules se elevaron. Viendo que Umi la miraba seriamente.- ¿Qué pasa?, ¿no te sientes bien?.

- ¿De verdad te llamó tanto la atención ella?, no había visto antes que mirarás así a una chica.- Ante la clara curiosidad, era más la incógnita que sentía la escritora por su amiga. Puesto que la rubia no era una persona que dejaba robar su mirada, y en momentos antes parecía obvio lo que sucedió.

- Pfff...-Hizo un bufido incrédulo y movió la palma de su mano para darse aire.- No es nada importante Umi, sé que no la volveré a ver.

- ¿Entonces eso es un sí?.-

Eli movió sus hombros despreocupada y subió al auto sin dar importancia.

- ¡Hey!, ¿qué fué eso?-

- Que subas al auto o dejaré que vuelvas a la empresa caminando.-Le respondió con una sonrisa.

La Sonoda no le quedó otra opción más que subir y pasar de largo el tema.

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El dúo regresó a la empresa, cada una en su respectiva oficina. La primogénita de los Ayase's estaba hecha un desastre, moviendo de un lado a otro papeles y archivos, bastantes carpetas apiladas, firmando hojas de reportes y administrando con todo el detenimiento posible. Eli era increíblemente dedicada a su trabajo.

- Vaya, parece que hoy estás bastante ocupada.-

La rubia se percató de cierta presencia masculina con esa irreconocible voz.

- ¿Papá?, ¿por qué no me avisaste que vendrías?.- Dejó de lado su trabajo para intentar ponerse de pie.

- No hay necesidad de que te levantes, sólo vine a avisarte que regresaré a Rusia junto a tu hermana y tu madre.- Anunció con seriedad, elevando la palma de su mano para que Eli volviera a sentarse, lo cual hizo.

- ¿Todos se irán?.- Más que molesta, la mirada de ojos azules se tornaron oscuros y sin brillo alguno.

- No tengo idea de cuándo regresemos, tal vez en seis meses cuando tu hermana termine sus eventos de natación y los exámenes.- Le explicó sin si quiera mirarla, dando su atención a el reloj de mano.

- Entiendo...- Rodó los ojos, dándole un vistazo a todo el trabajo que tenía en su misma mesa.

- Confío en que todo estará bien, Elichika. No cometas ninguna tontería. ¿De acuerdo?.-

- Claro, te mandaré reportes de actividad cada semana.- La mayor de los Ayase's recargó su rostro en la palma de su mano.

- Cualquier cosa, no dudes en llamarme. Nos vemos después, tu madre también te mandó saludos.- Con aquellas palabras frías y cortantes fué que su mismo padre se retiró del lugar sin dar un paso atrás. Dejando a Eli con otro vacío inexplicable.

La puerta se cerró con prisa y el silencio en la oficina abrazó a la rubia. Extrañamente comenzó a ver algo borroso, tocó sus mejillas consiguiendo limpiar las pequeñas lágrimas que rodaban por su rostro.

- Usualmente nunca digo nada pero... Ahhh, que buen día.- Sin más, decidió continuar con lo que tenía pendiente, intentando distraerse de lo que había escuchado para conseguir irse temprano del lugar, y tal vez beber algo y olvidarse de lo que había pasado.

De esa clara preferencia que tenían sus padres con su hermana menor, y el obligado peso que le hacían cargar en sus hombros.

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- ¿Mañana firmaremos?, de acuerdo. Estaré ahí.-

La dueña caminaba con el celular en la mano respondiendo una importante llamada, mientras que con la otra cargaba su saco y un pequeño maletín que solía portar siempre.

Colgó la llamada y se acercó a su auto que estaba en el estacionamiento.

- Parece que te irás temprano.- La voz de Umi llamó su atención.

- Me olvidé de tu existencia por un momento.- Sonrió burlona dándole un abrazo a la peliazul para retirarse.

- Que dulce.- Le correspondió y luego dió un paso atrás.- Ví a tu padre irse.

- Ah si, quedaré totalmente a cargo por un tiempo.- Le dió la noticia con una sonrisa de lado.

- ¿Eso no es mucho trabajo?.-

- Creo que eso es lo menos importante, sabes que siempre lo termino.-

- Siempre te sobre-exiges, querrás decir.- Regañó con una mueca a la rubia.

- Si me disculpas, iré a beber algo. ¿Vienes?.- Eli abrió la puerta de su auto para subir sus cosas.

- Tengo que ir a visitar a mis padres, no les he contado lo que sucedió.-

- Saludalos de mi parte.- Subió a su auto y cerró la puerta.-

- Eso haré, ten cuidado.- Asintió y se dió la vuelta para irse por otro lado.

El coche de la Ayase se encendió y tomó camino para salir de ese tal condominio que amaba y odiaba a la vez.

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La única intención de Eli era beber algo, pero no embriagarse tanto como para regresar a su hogar sin daño alguno. Decidía entre buscar algún bar simple o irse a uno con temática alguna. Al final de cuentas, terminó yéndose al centro de su ciudad, no sin antes ir por una máscara para ocultar su identidad. Ya que era peligroso ir por aquellos lugares con el rostro descubierto, aunque eran privados y la confidencialidad de los locales era requerida, no quería rumores que pudieran expandirse.

Eligió un lugar con esa temática, todas las personas llevaban máscaras o antifaces. La rubia eligió una bonita máscara de zorro, color blanca que solamente cubria la mitad de su cara; sólo dejaba ver sus ojos azules que buscaban distraerse por un rato.

Aunque a veces odiaba la música fuerte, y estar en grandes multitudes de gente, agradecía enormemente que el ambiente de la fiesta fuese tranquilo y que hubiese espacio para poder caminar sin tener que chocar con la gente.

- ¿Qué le sirvo señorita?.- Un camarero se acercó inmediatamente a la rubia quien apenas había tomado asiento en la barra.

- Uno trago de vodka me vendría bien, por favor.- Sonrió con esa actitud característica que tenía Eli cuando visitaba ese lugar.

- Permítame, en seguida se lo traego.- Asintió con amabilidad y se retiró para ir por un vaso y buscar la botella indicada.

La Ayase sacó su teléfono para mirar la pantalla y revisar si tenía alguna llamada o mensaje pendiente, notó que alguien tomó asiento a lado de ella y se puso de frente al estar de reojo.

- Hace mucho que no te veía por aquí.- Escuchó aquellas palabras de una voz suave que provenía de una mujer de esbelto cuerpo; cabello blanco y ojos rosas.

- Tenía mucho trabajo en realidad.- Guardó el celular y procedió a darle la cara para poder conversar con educación.

- Tú siempre tan ocupada.¿Cómo van las cosas?-

El mesero dejó el vaso de vodka con dos cubos de hielo en la barra para Eli, la rubia le dió las gracias y el muchacho se retiró.

Antes de responderle, le dió un gran sorbo.

- Bien... Todo está bien.- Dijo con poco expresividad, claramente no tenía ganas de hablarlo.

La recién llegada se desconcertó de la actitud de la rusa, pero no dejaría que el ambiente se apagara así de repente. Comenzó a sacarle plática a la rubia para distraerla, lo cuál consiguió con éxito, puesto que las dos reían y hablaban divertidas, la cercanía les tomó alrededor de una hora, bastante gente comenzó a llegar por el horario que era muy concurrido.

- ¿Quieres beber algo más?.- La peliblanca le preguntó sonriente.

- No, creo que he bebido lo suficiente haha.- Le dió una sonrisa gustosa.- Mañana tengo una junta y no quiero sentirme mal.

- Muy bien, entonces yo pagaré la cuenta, permíteme.- La extraña mujer se puso de pie y fué a la caja para pagar las cuentas.

Los orbes azules la siguieron entre la multitud, hasta que se dió cuenta de que una cabellera morada se movía también y a causa de ello, perdió de vista a su acompañante.

Evidentemente la pelimorada captó su atención por completo, más que nada porque sentía una sensación familiar. La Ayase se puso de pie, cálculo que estaba a menos de diez metros de ella; portaba también un antifaz que parecía ser de un mapache, los ojos verdes hicieron su esperado contacto visual.

- ¿Uh?.- Fué lo único que salió de la boca de la rusa al notar aquella acción, pero su curiosidad decayó al ver que la ojiverde parecía estar acompañada de otra persona.

Eli se quedó viendo por un par de segundos la escena con intenciones de irse también, pero vió que la mujer le volvió a hacer contacto visual y se dió la vuelta yéndose a cierto lugar del bar que parecía ser el sanitario de damas.

La Ayase no era tonta, con la experiencia que tenía sabía perfectamente que esa era una obvia luz verde. No lo pensó dos veces e intentó irse a esa dirección, pero un brazo la detuvo de golpe.

- ¿A dónde vas, cariño?.- Preguntó la anterior chica con la que estaba hablando.

- Lo siento, me iré ahora. Alguien me está esperando.- Se deshizo del agarré y le dió un coqueto beso en la mejilla para irse libremente.

Dejó atrás a la presente para sumergirse entre la multitud que bailaba con comodidad y más que confianza, en varias ocasiones diferentes personas intentaban hablarle. Pero Eli tenía un sólo objetivo, llegar a aquél lugar en dónde estaba esa mujer misteriosa.

Sin mucho fuerza logró acercarse a la puerta, colocó su mano en la perilla de la puerta para darle vuelta.

- ¿A dónde vas?.- Le preguntó.

Giró su rostro y se topó con la ojiverde que estaba recargada a un lado de la puerta con los brazos cruzados; luciendo un vestido negro, resaltando su dotado cuerpo.

- ¿Tojō-san?.- Dudó sobre mencionar el nombre de la posible mujer de la cuál ya sospechaba.

- Entonces no me equivoqué, Ayase-san.- Le sonrió con malicia.-

- ¿Qué haces por estos rumbos?.- La rubia mantuvo el contacto visual con los ojos verdes que la miraban con intensidad.

- Haces muchas preguntas Ayase-san. Yo sólo estoy aquí para divertirme.- Nozomi puso el dedo índice en los labios de Eli, intentando silenciarla. Un movimiento evidentemente provocador, la rusa quitó la mano de la ojiverde para poner uno de sus brazos en la cintura de la presente.

- Sólo tengo una pregunta más, por favor responde.- Cambió su tono de voz a uno más fuerte y serio, acatando toda atención de la pelimorada, quién estaba sorprendida por la acción de la rusa.

- Dime...- Obedeció sin poner objeción, agarrándose del brazo de la ojiazul para poder mantener su equilibrio.

- ¿Vienes con alguien?.- Le acercó un poco más a su cuerpo.

- En realidad no, es sólo una amiga mía quien me acompaña.- Respondió sin rodeos.

Eso hizo sentir más seguridad a la Ayase, así que deshizo el acercamiento y miró a ambos lados. Nozomi se le quedó viendo confundida, hasta que Eli la tomó de la mano y la llevó a uno de los pasillos que tenía poca luz del bar, eran lugares privados en dónde podías ir a pasar el rato con acompañantes sin ser molestado. De eso se trataba el local.

Pero la rubia dudó unos escasos segundos por su decisión, no quería obligar o pensar que la Tojō no sentía la misma atracción. Pero, como misma respuesta, sintió un apretón de manos, haciendo más fuerte el agarre.

- No te pongas nerviosa, Ayase-san.- Dijo Nozomi con un tono juguetón. Eli soltó una suave risa, parecía ser que la Tojō había leído su mente en el momento preciso.

- ¿Quién está nerviosa?.- Preguntó con un vibra desafiante. Volviendo a marcar una sonrisa mucho más segura y alegre, parecía ser que se iba a divertir bastante por esa noche.

Continuará...

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Damas y caballeros, el NozoEli comienza. Es lo único que puedo decir jaja... Espero que la historia sea de su agrado, "por las noches" de Eli da inicio.

Los leo.