Gracias a Li por su lectura previa.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 8
Bella
Me quedé inmóvil. Paralizada y sintiendo que mi torrente sanguíneo corría por completo hacía mis pies en lo que mi garganta quedaba seca.
― Ángela, dejamos solos ―pidió él con ese tono severo― que no nos interrumpan.
Ángela abrió mucho los ojos, mirándome con cierta compasión antes de asentir con la cabeza y salir, cerrando la puerta tras de ella.
Edward no dejó de mirarme. No lo hizo cuando rodeó el escritorio y se sentó en el borde de la superficie de cristal.
Se aclaró la garganta.
― ¿Por qué mientes. Bella?
Su pregunta me desencajó. No sabía con exactitud a qué se refería, no tenía idea de qué parte había empezado a escuchar o qué ideas se estaban formando en su cabeza.
Estreché los ojos mirando mis bonitos zapatos altos.
Eleve lentamente mi vista cuando escuché un resoplido por parte de Edward.
― Diste una dirección y resulta que no vives ahí, ¿por qué mentir?
Abrí la boca, me sentía confundida. ¿Cómo sabía?
― Me mudé hace un par de días ―respondí sin entender su coraje.
― ¿Y por qué no corregiste?
― No recordé que debía cambiar mi nueva dirección ―exhalé.
― Una vez me acusaste de tener mala memoria ―dijo―. Yo nunca he ocultado que tengo dos hijos.
Ah, él hablaba de mi oruga. Lo que indicaba que escuchó mi conversación con Ángela. No sabía cuánto debería preocuparme al respecto, pero sin duda que echara en cara que ocultaba a mi niña me enfureció ¿qué sabía él?
― ¿También olvidaste que tenías un hijo? ―increpó.
Levanté mi barbilla, mirándolo furiosa.
― Es una niña ―corregí―. Mis razones tuve para mantener en privado mi vida personal y no exponer a mi hija ―respondí en el mismo tono que me hablaba. Si algo tenía a favor o en contra, era que no sabía quedarme callada.
No modulaba nunca mi voz y reaccionaba dependiendo del trato que me daban.
― ¿Razones? ―cuestionó y el filo de sus palabras seguían sin gustarme―. ¿Qué tipo de razones existen en la vida de una mujer para ocultar que es madre?
― ¡Las mismas razones para que el hombre que me embarazó se haya olvidado de mí!
El semblante de Edward se endureció; fui testigo cómo su mandíbula se tensó y sus ojos parecían echar fuego. Él quería calcinarme.
― Es tu culpa por no saber con qué tipo de hombres te metes ―me acusó.
Apreté mis puños a tal punto que mis uñas se encajaron en la piel de mi palma. Era un idiota.
― Sí, tal vez fui una imbécil por haber creído en las palabras de un estúpido borracho que me ilusionó diciendo que volvería por mí y lo primero que hizo fue desaparecer.
Edward se levantó de golpe. Tal como si algo hubiera picado en su trasero, caminó hacia mí con una mueca de desagrado, pero no tuvo valor para posarse de frente, sino que empezó a caminar dando vueltas de un lado a otro.
― Tus relaciones son algo que no me interesa ―escupió con cierta prepotencia, suspiró hondamente, enfocandóme―. Nos estamos desviando del tema, señorita Swan ―volvió con formalidades― usted está obligada a informar sobre cambios que sucedan en su entorno, así podemos brindarle mejores resultados.
― Bueno, ya que lo dice ―usé la misma formalidad―. No existe un lugar apropiado para poder extraer mi leche. Lo hago en el baño y sé que es el lugar menos apropiado.
Edward tragó. Aprecié como la nuez en su garganta subió y bajó con dificultad.
― Está bien ―murmuró―, puede hacerlo aquí mismo.
Mi vista viajó hacia todo el lugar, dejando mis ojos en el cristal de las paredes y vi como mis compañeros nos miraban desde sus cubículos.
― No hay suficiente discreción ―externé.
― ¿Acaso quiere que se construya una habitación especial para usted?
Junté las cejas.
― No quiero dar molestias. Además, estoy tratando de quitar el pecho a mi bebé porque sé qué el proceso de extracción muchas veces es lento y usted odia que perdamos el tiempo.
Una mueca de culpa se pintó en su rostro.
― Señorita Swan, en Bluebonnet nunca hemos tenido ninguna mujer que requiera la privacidad que usted necesita, así que no si este lugar no es cómodo mandaré poner persianas o puede usar mi oficina.
Abrí la boca.
― Me refiero que en mi oficina hay un pequeño espacio privado ―añadió― es un closet que bien pueden acondicionar para usted. ¿Alguna otra cosa?
― Le agradezco por la nevera, mas que nada la pedí porque ahí guardo la leche que extraigo.
― No hay nada qué agradecer. ―El tono de su voz se había suavizado nuevamente.
Ambos nos seguimos mirando. Podía intuir que sus ojos verdes tenía tantas preguntas qué hacerme, así cómo yo tenía tanto qué decirle y parecía que no podíamos animarnos.
No seas cobarde.
― Edward… ―volví a la informalidad, me gustaba tutearlo― yo… necesito hablar…
― Cullen, necesitamos que veamos juntos los nuevos diseños ―Kate entró ladrando órdenes, me miró con una sonrisa mientras ocupaba su lugar en la sala de juntas, sacó algunos bocetos y los expuso en la mesa―. Hola, Bella ―me saludó de forma agradable― nos permites trabajar.
― Con permiso ―articulé por lo bajo.
― Señorita Swan ―Edward volvió a dirigirse a mí en ese tono profesional, pero no amargo― cualquier cosa que necesite hablalo con Ángela, igual mandaré pedir otra nevera más grande.
― Gracias.
Cuando cerré la puerta detrás de mí, apoyé mi espalda y elevé mi vista hacia el techo, donde las luces iluminaban cada rincón.
No podía creer que nuevamente me había quedado callada.
Regresé a mi escritorio con la mirada de todos sobre mí; les brindé mi mejor sonrisa y guardé para mí lo que ocultaba. Ángela fue la primera en acercarse, quería asegurarse que no me habían echado y fue una grata impresión darme cuenta que se alegró por la decisión de Edward.
Lo que restó del día busqué en todo momento hablar con él, necesitaba contarle que era padre de una bebé, que si él quería estar presente en la vida de Nicole por mí no habría problema porque estaba dispuesta a que así fuera.
Lo intenté en más de una ocasión. Esa primera vez que nos interrumpió Kate, mi intención era decirle la verdad, ser honesta como debía serlo desde el primer momento.
Mi segundo intento fue cuando él tuvo que salir a una comida ejecutiva junto a Kate y ambos no volvieron el resto del día.
En la mañana siguiente llegué puntual.
Estuve esperando que Edward hiciera acto de presencia, mas no lo hizo.
Empecé a trabajar y traté de concentrar mis pensamientos en mis diseños y olvidando el tema.
Faltaban veinte minutos para la hora de salida. Cuando se voz me hizo levantar la mirada.
― ¿Has estado cómoda?
Mordisquee mi labio entre mis dientes. Había llegado la hora.
― Necesito hablar contigo ―mi voz fue solo un hilo, me estaba acobardando.
― ¿No te gustaron las persianas de la sala de juntas?
Asentí. Quería decirle que no era necesario elegir un color oscuro, ni que pusieran un sofá reclinable, tampoco era que tendría a mi hija en la oficina para amamantarla.
― Sí. El tema que quiero tratar es personal.
Edward asintió y me dijo que fuéramos a su oficina, me ponía nerviosa la pelota en su mano derecha. Él ya tenía suficiente estrés para añadir más a su vida.
Caminé junto a él y el simple sonido de la puerta cerrando detrás de mí me puso más nerviosa de lo que estaba.
Edward con su entereza tomó su lugar detrás del escritorio.
― ¿Sucede algo, Bella?
Me daba gusto que hubiera vuelto la parte informal entre nosotros.
― Hace más de dieciocho meses te conocí ―fue lo primero que solté mientras mis manos sudaban. La vena de su frente se marcó, sobresaliendo al momento de fruncir el ceño―. Ambos coincidimos en el club nocturno The Royal Room ―su rostro se distorcionó quizá recordando― estuve coqueteando contigo, reconozco que estaba ebria. Fui a buscarte hacia la esquina donde estabas, me presenté contigo y dije que me llamaba Bree.
Se puso de pie. Lo hizo tan brusco que la silla golpeó contra la pared.
Su dura mirada, dolió.
― ¿Qué dices? ―siseó.
― Ambos estábamos ebrios ―farfulle― conversamos un poco mientras bebíamos, una cosa llevo a otra y… ―tomé una bocanada de aire― terminamos pasando la noche.
Empezó a pasar con desesperación las manos por su pelo, tirando con enfado las hebras cobrizas.
De tres zancadas quedó frente a mí, mirándome de una manera distinta: había rabia, angustia, sorpresa. Tantas emociones en un solo instante.
― No puede ser ―gruñó― no eres tú, ¡no puedes ser tú!
― Tenía cabello rubio ―conté con voz temblorosa― usaba contactos de color azul y mi cuerpo no era precisamente este ―cerré los ojos un segundo antes de mirarlo fijamente― yo era esa persona.
― ¿Te disfrazaste para engañarme?
― ¡Nooo! Era un viernes y debía volver a casa ―intenté explicar― se me hizo fácil mentirle a mi madre, le di una excusa barata para no hacerlo e irme de fiesta. Mi madre tiene conocidos en Seattle, gente que si me veía le diría y yo… ―encogí mis hombros― fui estúpida.
Edward sacudió la cabeza mientras negaba. Sus ojos irradiaban tanta furia que pensé me sacaría a empujones lejos de su presencia.
― No te creo nada.
Él seguía reacio. Podía entenderlo, no era fácil aceptar que la espectacular Bree y yo éramos la misma persona ―suspiré―. Digamos que había un mundo de diferencia y no porque yo fuera menos atractiva.
― Te juro que mi intención nunca fue llegar a más ―susurré.
― ¿Y vas por la vida haciendo lo mismo?
Su ofensa me dolía y al mismo tiempo me llenaba de tanto coraje. ¿Con qué derecho opinaba sin conocerme?
― Te exijo respeto.
― No fui yo quién mintió y se comportó de modo infantil.
― Estaba pasando una velada con amigas ―me defendí― en mis planes no iría más allá, pero sucedió y no hay marcha atrás.
― Qué juego más estúpido ―masculló― ¿Y qué viniste hacer aquí? ¿A seguirte burlando como si fueras adolescente?
Caminó hacia los ventanales, quedándose ahí, posiblemente con la vista perdida, tal vez recordando esa noche y lo que pasó entre nosotros. O bien podría estar planeando cómo echarme sin contemplaciones.
― Era necesario buscarte ―exhalé, tomando una profunda bocanada.
Edward volteó lentamente, enfrentándome y era cómo sí él lo supiera. La perplejidad de su rostro me lo decía. Él lo sabía, mas…
― Dime que no es verdad ―gruñó, caminando hacia mí.
Mi barbilla se mantuvo en alto, no era tiempo de flaquezas. Mientras mi corazón sonaba como tambor dentro de mi pecho, me exigí a mover los labios.
― Nicole es tuya ―confesé.
Estaba en él si quería formar parte de su vida…
Hola, feliz sábado. Aquí tenemos otro capítulo, ya saben un poco más de lo que ocurrió, obvio aún queda mucho sobre ese acontecimiento, pero vamos a pausar, ya en los capítulos siguientes vamos a saber con exactitud. Por lo pronto díganme ¿se imaginan la reacción de Edward? ¿Qué opinan?
Agradecida con su apoyo y entusiasmo para la historia, les dije que conforme avance se volverá ligera, así que disfruten el drama antes de la calma y felicidad.
Les prometo que quiero venir más pronto con capítulos, solo que no he tenido el tiempo suficiente para lograr sacar las actualizaciones.
Para imágenes alusivas respecto a cada capítulo pueden unirse al grupo de Facebook, ahí acabo de anunciar lo que viene para el verano*
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: mrs puff, yasmin-cullen, Pepita GY, Daniela Masen, Diannita Robles, Isis Janet, Ary Cullen 85, Cary, Rosemarie28, Flor McCarty-Cullen, Dulce Carolina, Valeria Sinai Cullen, ALBANIDIA, Jade HSos, LOQUIBELL, Smedina, miop, rociolujan, Maryluna, Sofia(gracias de verdad), Sol(estoy yendo lenta y me desepero), Adriu, Cassandra Cantu, Mapi13, indii93, krisr0405, Vodkakalhua(gracias), wendy andino, whit cullen, Noriitha, Marianacs, Patty, Car Cullen Stewart Pattinson, Marbelli, kasslpz, may jhonson D., marisolpattinson, Antonella Masen, Lili Cullen-Swan, Jimena, patito feo, Mabelli Masen Grey, quequeta2007, Dess Cullen, The Vampire Goddess, saraipineda44, y comentarios Guest
Gracias totales por leer 🌿
