Gracias a Li por su lectura previa.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 24
Bella
El pánico me abordó al llegar a la presentación.
Mis nervios se dispararon cuando sentí las luces sobre mí y las miradas confundidas de la mayoría de los presentes.
Sabía que seguramente se preguntaban si era yo la novia de Edward, ¿y cómo dudarlo? Cuando me tenía tomada de la mano. La intensidad de mi nerviosismo aumentó cuando se centraron en mi oruga y los flashes de las cámaras estuvieron sobre ella.
Sentí cómo los dedos de Edward se envolvieron suavemente en los míos, dándome un ligero apretón. Levanté la mirada a sus ojos verdes y no comprendí qué vio en mí porque lo escuché articular:
― Tranquila, nena, nuestra hija no aparecerá en ninguna revista.
Mis hombros se relajaron por completo.
Sonreí ampliamente al notar orgullo en su semblante. Edward mostraba una soberbia muy propia mientras cargaba en brazos a mi oruga y sostenía mi mano, se volteó a conversar con Nicole y le sonrió cómplice a Christopher.
Retuve mi labio inferior entre mis dientes cuando los reporteros se acercaron y le hicieron preguntas acerca de su trabajo.
Edward nunca titubeaba. Tampoco lo había escuchado equivocarse ni vacilar al hablar, tan solo respondía con firmeza y parecía nunca dudar de sus palabras, era sorprendente la capacidad innata que tenía para desenvolverse ante las cámaras.
Suspiré hondo al seguir caminando por la alfombra roja. Cargué a mi oruga, dejando que Edward fuera fotografiado él solo, era su momento y me sentía orgullosa al verlo triunfador.
― Bella, tenemos que ingresar ―me dijo Kate al oído.
Asentí y caminé a su lado. Podía escuchar los cuchicheos de Christopher y Elina quienes caminaban detrás de nosotros.
― ¿Sabes dónde es tu lugar? ―Indagó Kate.
― No ―negué con la cabeza.
― Es el área familiar ―respondió―. Edward pidió que su familia y socios estuviéramos cerca.
No era nada distinto, simplemente estaríamos al lado de Edward, un poco apartados del resto. Así que al llegar tomé mi lugar en la butaca junto a los hijos de mi chico, dejando a mi oruga en mi regazo.
― Mamá… ―empezó a repetir molesta, intentando quitar de nuevo el bonito lazo que llevaba en la cabeza.
― No bebé, no hagas eso ―la cargué dejando que apoyara sus pies en mis muslos. Nicole arrugó la nariz y empezó a disgustarse.
Intenté de todo para lograr calmarla. La arrulle, le hice mimos y le hablé suave para que dejara de estar inquieta, pero nada funcionó.
El show empezó, las luces bajaron a quedar casi en penumbra.
Miré hacia todos lados en busca de Edward. El estómago se revolvió, fue imposible no sentir celos al verlo conversar con tantas mujeres a la vez, compartiendo risas nerviosas con cada una ―suspiré hondo, me prometí que debía ser paciente y posiblemente acostumbrarme a que mi hombre tenía una vida muy distinta a la mía
― ¡Ahí está mamá! ―oí que exclamó Elina―. ¡Mami, aquí estamos!
Probablemente ella era la más feliz al ver a la mujer que le dio la vida luciendo como toda una diosa y caminando hacia nosotros con tanta determinación. Porque reconocía que Irina era una mujer sofisticada y con unas ínfulas de superioridad que nadie podría soportar.
La mujer de silueta esbelta y cuello alargado pasó frente a mí, por supuesto que no dudó en fulminarme con la mirada y verme con tanto desprecio que pudiera guardar en su interior.
― Te ves preciosa ―le dijo su hija.
Irina sonrió complacida y ocupó su lugar cerca de nosotros.
Me empecé a impacientar al sentirme fuera de lugar. Los chicos era normal que estuvieran conversando en susurros con su madre mientras yo mantenía a mi oruga conmigo.
Mi pequeña niña volteó justamente a donde estaba esa mujer. La señaló con el dedo y le daba los brazos, intando dar pasos hacia ella.
Era tan surreal y vergonzoso que mi oruga quisera sus brazos. Aunque si lo meditaba era completamente normal, mi bebé no sabía de personas, tan solo necesitaba que la cargaran en el momento que lo exigía.
Empezó a quejarse. Extendiendo los cortos brazos hacia Irina.
― Mira, mamá ―Christopher dijo―. Ella es la oruga, nuestra hermanita.
Sentí que mi corazón palpitaba a ritmo acelerado.
― ¿Puedo cargarla? ―pidió permiso Christopher, siempre siendo tan educado.
Mordí mi labio. No quería ser grosera y negarme con ese chico dulce. Suspiré muy hondo y le sonreí aceptando.
No sin antes echarle una mirada rápida a Irina. Ella me miraba de igual manera que yo. Ambas viéndonos con aprehensión.
No pasé desapercibido que fijó sus ojos en mi bebé y por muy arrogante que fuera, no pudo resistirse a mi niña y terminó sonriéndole.
― ¿Verdad que es muy hermosa? ―Elina inquirió a su madre.
Esperé que respondiera. No lo hizo, al menos fue amable y tomó la pequeña mano de mi oruga.
Solo quería comprobar que no le hiciera un desplante y no lo hizo.
Los chicos se deshicieron en hablar maravillas de mi bebé, contándole a su madre cada nueva aventura que Nicole era capaz de emprender. Todo, mientras Irina esbozaba una sonrisa forzada y abría mucho los ojos, luciendo asombrada.
No pude seguir observando porque la música empezó, dando paso al evento.
Edward vino hacia mí y me dejó un beso en mis labios. Antes de sentarse echó una rápida mirada a nuestra bebé qué seguía en brazos de su hermano.
No alejó su mano de mi muslo mientras el desfile de presentación iniciaba.
― Me gusta cómo te luce este vestido ―murmuró en mi oído al tiempo que sus ágiles dedos apretaban la piel de mi muslo―. Creo que esta noche te robaré para mí.
― No creo que sea posible ―respondí, recordando que era el día libre de mi madre y no podía quitarle su descanso.
― Soy el único yerno de Renée, ella siempre está a mi favor ―comentó entre dientes, apoyando su frente en la mía.
Me distrajeron las voces que anunciaban el desfile.
La pasarela inició con las modelos portando con sensualidad y elegancia cada zapato diseñado por Bluebonnet.
Llegaron una salva de aplausos cuando de momento presentaron el nuevo comercial que realizó Irina.
No podía negar que lucía demasiado hermosa. Tenía el porte nato de una mujer nacida para modelar hasta una bolsa de basura, en ella se vería espectacular, no había duda.
Irina no perdió el tiempo y se puso de pie, agradeciendo todos los aplausos. Se notaba que estaba acostumbrada a ser el centro de atención, ella disfrutaba tener las miradas y cámaras posadas en su persona.
― Papá ―mi oruga protestó fuertemente, extendiendo sus brazos ahora hacia su padre. Su tiempo con su hermano había sido suficiente―. Papá.
Observé a Edward. El hombre elegante, la estrella de la noche tenía que dejar su papel de diseñador y cargar a su chica que pedía por sus brazos.
Él no la hizo esperar.
La cargó en brazos y se volcó por completo en ella y sus necesidades. Nicole no quería seguir usando ese hermoso vestido ampon, tampoco necesitaba un gran lazo en la cabeza, no, nada de eso. Mi preciosa hija necesita vestir su ropa sencilla, probablemente un enterizo de algodón.
Recordé que en su maleta había elegido un vestido de algodón que sabía necesitaría para cuando quisiera acabar con su glamour.
― Dámela ―murmuré a Edward― la llevaré a cambiar de ropa, está muy incómoda y por eso está enfadada.
― Te acompañaré.
Miré más allá de su hombro. Reporteros estaban intentando obtener un poco más información de él.
― No hace falta ―pronuncié―. Es preferible que te hagas cargo de la prensa, es tu noche, Edward.
― Gracias por entender ―musitó, mientras deslizaba sus nudillos en mi pómulo derecho―. El evento está por terminar y podemos ir a descansar ―prometió.
― ¿No asistirás a la fiesta?
― Mmm ―gruñó en mi oído, logrando que mis vellos se erizaran― antes iremos a dejar a Nicole con tu madre, después veremos hacia dónde nos lleva la noche, ¿si?
Negué con la cabeza. Y sin quitar mi sonrisa me escabullí hacia el tocador.
.
― No te gusta usar tantas capas de tela ―dije, al ver a mi niña lista con su vestido de algodón.
Sacudió la cabeza, acompañado de un audible "no". Eran pocas las palabras que pronunciaba, no era nada que pudiera alarmarnos porque su pediatra había dicho que era perfecto para sus once meses.
Empezaba a dar pasitos cuando sus ganas de caminar la abordaban, aunque aún no se animaba a caminar por sí sola. Todo ha su tiempo decía Renée, así que no había prisa por hacerla caminar, mi oruga lo haría cuando estuviera lista y no cuando nosotros tuviéramos ganas.
― No creas que te saliste con la tuya.
Puse los ojos en blanco al escuchar la voz de Irina. Era de esperarse que me buscara para reclamar, probablemente creía que con amedrentar terminaría por cumplir sus caprichos.
Tomé una gran bocanada de aire, tratando de ser paciente.
― Qué tengas una hija con Edward, no hará que yo desaparezca de su vida ―continuó―. Seguiré teniendo un espacio importante en cada evento que realice, así cómo nuestra unión seguirá existiendo gracias a nuestros hijos. No eres más que yo.
Anclé las piernas de mi oruga en mi cadera y miré con desdén a la mujer frente a mí.
― La inseguridad que tienes al verme se nota a distancia ―pronuncié―. Me gusta ―admití, regocijándome con su mueca de enfado― es bueno saber que cada vez que me ves se retuercen las tripas en tu estómago, gracias a mí.
Caminé a la puerta dejando el pañal sucio en su mano.
― Anda, llévalo al cesto de basura ―murmuré, mirando sus ojos que parecían echar fuego―. Buenas noches, Irina.
Salí con mi ego más allá de las nubes. Con la seguridad enfundada en mi piel anduve de vuelta hacia mi lugar, mi sonrisa aún jugando en mis labios se desvaneció al ver el rostro preocupante de Edward caminando a paso firme a encontrarme.
El nerviosismo se apoderó de mí.
― Debemos irnos.
― ¿Por qué? ―pregunté alarmada― ¿qué pasa?
Frotó los dedos en su frente y casi de inmediato me arrebató a mi oruga, cargándola en brazos.
― Renée ―pronunció― se puso mal, necesitamos irnos.
El lugar entero dio vueltas, mi madre era mi roca, no podía estar mal...
Hola, estoy de vuelta después de unos días complicados, ya saben que Beryl hizo de las suyas en mi pequeña comunidad, así que apenas está volviendo todo a la normalidad.
De corazón espero que puedan leer, sé lo difícil que estuvo la situación con la website, así que de antemano gracias si decides quedarte a leer y participar con algunas palabras.
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Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior:
Gracias totales por leer🌿
