¿Están saliendo?
Capítulo seis: No puede ser.
Había sido un impulso, el resultado de su ego herido pero…
¿Por qué no podía apartarse después de un ligero rose de labios?
¿Por qué él la abrazó de vuelta?
¿Por qué estar con él había sido indescriptiblemente cómodo? Incluso ahora.
Perdida momentáneamente en el contacto se dejó llevar hasta que el final de los fuegos artificiales rompió la burbuja donde se hallaba. Con prisa se apartó de Okumura sintiendo calor bochornoso en toda la cara, sin dar crédito a sus acciones delante de tanta gente.
Las personas aplaudiendo a su alrededor brindaron otra ronda de suspiros celosos por la audacia de la pareja dándole un poco de valor para hacer de cuenta que nada estaba mal. Posteriormente se adelantó hacia sus compañeros de forma casual, instándoles a irse. No se atrevió a echar una mirada al muchacho detrás de ella, probablemente pensaba que estaba loca.
La espera por el transporte se había vuelto demasiado densa para Izumo, sintiendo las miradas pícaras de los demás convertía la situación en algo difícil de manejar, por eso, en cuanto tuvo oportunidad arrastró a Rin en el primer autobús que los dejaría cerca de la Academia. Despidiéndose con palabras escuetas, salió corriendo de ahí mientras arrastraba al muchacho con ella.
Al no ser el autobús que los dejaba justo en la entrada, ningún compañero los siguió.
Solo cuando estuvo dentro del transporte se sintió lo suficientemente libre como para dejar ir un suspiro, aunque de inmediato notó su propia mano que sujetaba con fuerza la de Rin. Un poco avergonzada la soltó con ligera fuerza, arrepintiéndose al segundo siguiente.
No había sido su intención ser brusca.
Insegura sobre qué decir, abrió la boca emitiendo algunas palabras inarticuladas hasta que él la interrumpió— ¿Qué te parece si nos sentamos? —ofreció señalando un par de asientos vacíos. El autobús se había puesto en marcha y no era prudente permanecer de pie.
—Ah, seguro.
Ambos tomaron asiento sin mencionar otra palabra, ella permaneció mirando hacia sus manos sobre las rodillas como si por algún motivo tuvieran algo increíblemente interesante justo en ese momento. Por su parte, el muchacho se dedicó a contemplar el trayecto a través de la ventana.
Y aunque Izumo robó algunas miradas de su vista lateral, le era imposible adivinar qué estaba pensando.
Quería tirar de sus cabellos por lo imprudente que fue. Olvídate de lo audaz que había sido besarse con alguien ¡y en público! Lo que más le preocupaba era la impresión que podría haber dejado en el de ojos azules. Sobre todo porque ella fue la que insistió en mantener distancia con respecto al PDA.
¿Estaba enojado? ¿Decepcionado?
Al verlo tan distante, se dio cuenta por primera vez que él nunca la ignoró o la trató tan fríamente como ahora. Era extraño, pero en todo este tiempo que habían fingido ser pareja, si bien no compartían momentos íntimos o dulces, todavía se formó un vínculo entre ellos. Uno que por muchos intentos de ignorar a estas alturas, apreciaba a su retorcida manera.
Suspiró.
Cuando el autobús estuvo en la parada más cercana a True Cross, ambos descendieron en silencio. Rin había bajado primero en vista de que ella no parecía querer avanzar ahora. Al ver la espalda masculina mientras se alejaba, Izumo olvidó poner cuidado a sus pasos siendo presa de la gravedad cuando su pie se encontró con el vacío en lugar de un último escalón.
—¡Ah! —su gritó resonó mientras amortiguaba el golpe con las palmas de las manos.
Si hace un momento se sentía avergonzada delante de su compañero, ahora se sentía aún peor delante de tantas personas. Izumo sintió las mejillas calientes mientras se levantaba como si nada hubiera pasado, sin embargo, su tobillo que había sufrido el primer impacto, se doblegó impidiéndole avanzar. Sin otra opción se agachó sujetando la articulación con dolor.
Rin había regresado sobre sus paso al haberla oído gritar mirando como acunaba la lesión entre sus manos— ¿Te encuentras bien? —la mirada que Izumo le lanzó era un claro «¿A ti qué te parece?».
El muchacho también se agachó a su altura intentando ayudarla para levantarse, recibiendo el apoyo a regañadientes, Kamiki consiguió ponerse de pie—. Ya estoy bien —dijo de forma obstinada dando algunos pasos experimentales. No podía ni verlo a la cara después de haberlo besado sin su consentimiento.
La había ayudado suficiente al no apartarla en ese momento.
—Vamos —exclamó sujetando con fuerza la correa de su pequeño bolso. Era muy incómodo caminar con el dolor de tobillo pero no tenía otra opción. Apretó los dientes sintiendo como sus pasos se volvían cada vez más difíciles de realizar.
Desde atrás, Rin observó su persistencia pero no pudo continuar haciendo que no pasaba nada. Él conocía de lesiones y suponía lo verdaderamente difícil que era mantenerse en pie después de una lesión como la de ella. Así que sin avisar, sujetó sus hombros y pasó uno de sus brazos por detrás de las rodillas femeninas para cargarla como una princesa.
Ante la pérdida del suelo, Izumo se sujetó a la primera fuente de seguridad que encontró. El cuello de Rin—. Okumura ¿Qué haces? —se exaltó sintiendo que el calor acudía a sus mejillas.
—No deberías forzarlo o no podrás caminar durante días —fue su conclusión. Entonces la llevó de esa forma hasta la tienda de conveniencia que pudieron encontrar y compró un par de vasos con hielo.
Mirando sus acciones, Izumo se dio cuenta de que iba a tratarle la herida. Preparándose para el contacto, sintió como levantaban su pierna para dejarla sobre los muslos masculinos y como retiraron su zapato. Quiso retirarlo por instinto pero él la sujetó comenzando a masajearlo con delicadeza— ¿Duele si hago esto? —le cuestionó aplicando más fuerza. Por supuesto que dolía, pero era tolerable.
Rin continuó masajeando por un momento antes de determinar que no necesitaban ir al hospital. Luego con cuidado colocó uno de los vasos de hielo sobre la articulación de la chica, enviando una ola de relajante frío.
Izumo contempló la concentración de su rostro y se encontró incapaz de mirar hacia otro lado. Este lado de Rin Okumura era inesperadamente masculino y protector. Mordiéndose el labio inferior, la de cabello púrpura dejó de prestarle atención al mundo a su alrededor.
Ninguno de los dos habló mientras él la ayudaba, sin embargo toda la incomodidad que sentían fue desapareciendo igual que el hielo del vaso que se derretía. Al sentir que la media de Izumo se había humedecido demasiado, Rin decidió que era momento de irse.
La burbuja donde se encontraba ella, estalló al verlo poner su pie sobre su zapato ¿Se había cansado? Un poco avergonzada por sus acciones, quiso colocarse la prenda, no obstante, fue detenida antes de siquiera sujetarlo—. Será incómodo que lo lleves puesto.
—¿Pretendes que camine descalza?
—¿Perdón? ¡No! —se apresuró el a aclarar en vista del malentendido—. Me refiero a que no necesitas ponértelo —hablando, se quitó la chaqueta para entregársela, luego se agachó dándole la espalda en clara invitación a que se sujetara de él—. Sujeta la chaqueta a tu cintura. Ah, también asegúrate de llevar el vaso.
Sintiéndose cada vez más avergonzada, Izumo comenzó a negar—. No hace falta puedo caminar perfectamente. —Quiso levantarse pero la incomodidad se lo impidió.
—No podemos quedarnos aquí toda la noche. Así que sube, solo queda una cuadra para llegar a la Academia.
Izumo lo consideró antes de colocar las mangas alrededor de su cintura y deslizar las palmas por los hombros de Rin. Él esperó pacientemente hasta que ella lo abrazó de forma segura, sujetó el zapato de Izumo y se levantó.
La chica se sintió impresionada por la facilidad con la que la levantó y comenzó a andar. Aunque tenía un overol y las medias, ciertamente sintió menor bochorno con la prenda que colgaba detrás de ella, cubriéndola. Lentamente fue apoyándose con mayor comodidad sobre la espalda de Rin tratando de no posar el vaso en él; sin notar la pequeña sonrisa que se deslizó en sus labios.
Cuando llegaron a la Academia, no había nadie con quien se pudieran encontrar, primero, porque entraron por una puerta lateral poco concurrida y porque al ser el viernes después de los exámenes, muchos seguían fuera para celebrar.
Sin ningún mirón a lo largo de toda su trayectoria, él se dirigió hacia el los dormitorios de chicas. Justo cuando Izumo estaba preparándose para bajar, él sujetó con más fuerza sus piernas echando los pasos hacia arriba.
—O-Okumura, no hace falta que me lleves arriba. Puedo hacerlo yo misma —intentó objetar mientras sus mejillas aplacadas nuevamente estallaban con calor. Temía que alguien de su dormitorio los viera hacer algo como eso.
—Solo son unos cuantos escalones —respondió Rin con un poco de dificultad. El peso de Izumo no era un problema, pero subir escaleras era a veces de por si agotador.
—Es hasta el tercer piso —ella rebatió intentando que la pusiera en el suelo. Sin embargo él no pareció escuchar o mejor dicho, la ignoró, continuando hacia arriba. Resignada ella sintió nerviosismo con cada paso que daba.
Sin embargo, diferente a sus pensamientos, nadie salió a verlos o se cruzaron con alguien fuera de las alcobas. Algunas tenían luz escapando de sus rendijas pero no hubo movimientos. Cuando llegaron a la puerta de Izumo, ella finalmente pudo poner los pies en el suelo para buscar la llave. Al no ver luz de la rendija asumió que Moriyama aún no volvía.
Cuando abrió, miró al joven sintiendo la necesidad de agradecerle aunque sin poder pronunciar algo más que un grito ahogado cuando la levantó del suelo, diciéndole "disculpa la intromisión" para ingresar sin pedir permiso. Rin la acercó a la pared para que encendiera las luces y luego la depositó con suavidad en la cama.
Debido a la larga caminata con ella a cuestas, el sudor comenzaba a resbalar por las sienes del joven. Sin querer dejar gotas en la alfombra, sujetó el dobladillo de su remera y se secó la frente. Al ver esto, Izumo abrió demasiado los ojos cuando los abdominales ligeramente marcados del muchacho quedaron en su campo de visión.
Fue entonces cuando volvió a la realidad.
Un hombre estaba en su habitación.
Si alguien viera eso, se haría la idea equivocada. Quiso gritarle algo por su falta de modales pero por alguna razón las palabras permanecían atascadas en su garganta. Rin terminó de remover el sudor luego buscando con la mirada en el escritorio y credenza— ¿Tienes alguna toalla?
—En el cajón —señaló con un hilo de voz.
Él extrajo lo que buscaba, vaciando los hielos restantes en la bolsa de la tienda de conveniencia para improvisar una compresa fría, envolvió la toalla dejándole indicaciones—. Déjalo sobre tu tobillo cuando vayas a dormirte y trata de no moverte demasiado.
Izumo lo contempló dejar la compresa en el buró mientras un cosquilleo se expandía por su estómago. Cuando lo vio a punto de partir no pudo evitar sujetarlo de la mano intentando sobreponerse a su timidez—. Gracias, por lo de hoy.
Rin sonrió suavemente devolviendo un poco el apretón de manos—. Nos vemos el lunes —respondió él yéndose finalmente.
Aunque tan pronto había salido y cerrado la puerta, esta nuevamente se abrió dejando al muchacho entrar otra vez, él se acercó a ella y la tomaba del mentón para robarle un beso tan delicado como prolongado, después le quitó algunos mechones de la cara repartiendo suaves besos por sus mejillas, párpados y nariz. Entre los besos se acercó a su oreja exhalando aliento tibio.
—Izumo…
Al oír su nombre, ella se despertó de un sobresalto encontrándose con Moriyama cerca de su cama. Si no se hubiera controlado, habría preguntado por Okumura. Fue un alivio darse cuenta de que esos besos habían sido un sueño.
No. No puede ser.
Ella no pudo haber soñado con besos de Okumura Rin.
La vergüenza de sus sueños la invadió sin poder borrar las imágenes que se empezaban a repetir en su cabeza. Se cubrió la cabeza pero un olor familiar la saludó al hacerlo. Aquello que arrojó sobre su cara, era la chaqueta que su compañero le dejó, que estaba impregnada con su perfume.
Continuará...
