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La estadía de las pequeñas habitaciones en donde se situaban los clientes del lugar; consistían en un espacio totalmente privado, con una pared a su alrededor que podía absorber el sonido del exterior y sólo mantener el Interior sin sonido alguno, con un teléfono para poder llamar a los meseros por si se les ocurría querer algo para tomar u o comer. Hablando más a detalle, el cuarto era de color gris oscuro con luces led con tonos suaves para no lastimar los ojos, una pequeña pantalla con un equipo de sonido para reproducir música, un pequeño sofá bastante cómodo color negro y una mesa de vidrio al frente para poner las bebidas.
Los espacios se rentaban por horas, pero para la Ayase no era un problema ni mucho menos. Era cierto que el bar se costeaba a un alto precio, aún así gracias a su estatus social y el dinero que manejaba, los dueños del lugar no le cobraban la gran cosa cuando se trataba de empresarios de ese nivel.
Era como quitarle un pelo a un león, resumiendo el asunto.
Eli atendió al mesero, las bebidas deseadas las dejó en la mesa junto a los vasos de cristal. Después de ello cerró la puerta y la privacidad provino justo después.
— Frecuentas mucho estos lugares.— Fué lo primero que dijo Nozomi cuando miró a la rubia sentarse a su lado.
— A pesar de ello tengo que cuidar mi identidad.— Le respondió sirviendo las bebidas.
— Me he de imaginar que no es fácil manejar una empresa de ese nivel, tú papá fué algo cruel dejándote ahí.—
Eli derramó un poco de alcohol por accidente al recordar la sola existencia de su progenitor y limpió con cuidado.
— ¿Cómo es que sabes tanto de mi?, no lo sé...— Tomó el vaso que llenó al límite y le dió un sorbo para disminuir la cantidad, girando su rostro para verla directamente.— Me sorprende que me hayas reconocido aquí.
— Eso es porque ya sabía sobre la familia 'ayase'.— La astróloga se retiró al antifaz que traía puesto para estar más cómoda y la dejó de lado.— El instituto de astrología ya ha colaborado con tu padre un par de veces. Se nos avisó que la nueva dueña vendría, y no es que no supiera de tu existencia. Porque tú familia es reconocida por ser extranjera.
— Eso tiene mucho más sentido.— Eli terminó por sentirse mucho más en confianza y recargó su espalda en el respaldo del sofá.— Tenía la sospecha de que sabías más allá de sólo saber mi nombre.
— ¿Cómo te va siendo jefa de 'Muse'?.— Nozomi planeaba conocer un poco más a la rubia. Más de lo que leía en revistas.
El suspiro que dejó escapar la de ojos azules y el sorbo que volvió a darle a su bebida respondió muchas dudas.
— Es como si...En mi mente sólo procesara el trabajo sin parar, como una máquina.— Explicó sin un indicio de sonrisa en su rostro.
La acción de la pelimorada ante la situación fué tomar el vaso que le había servido Eli. Bebió de el y luego volteó su cuerpo en dirección a ella para seguir la conversación, mirando con determinación la mirada azul que no expresaba emoción alguna más que cansancio.
— Conocí a tu padre en una visita a la institución hace mucho cuando era una estudiante.— Comenzó a capturar la atención de la rubia.— Es un tipo bastante frío y duro, me he de imaginar lo complicado que ha sido para ti el seguir sus órdenes.
— ¿Supones que el hacerme cargo de la empresa es una orden?.— Dudó de lo que estaba escuchando la rusa.
En ningún momento Nozomi retractó lo que dijo y se quedó en silencio, esperando la respuesta.
— E-es mi deber, y estudié para eso... Así que no te hagas ideas erroneas.— Su tono de voz se escuchó un poco hostil a oídos de la Tojō, dedujo inmediatamente que esa pregunta era peligrosa.
Eli intentó desviar la mirada seguido de que bebió un trago de su vaso, disminuyendo lo que quedaba.
— Espero que pronto encuentres una puerta que no esté cerrada a tus deseos más anhelados, Ayase-san.— La pelimorada no le dió importancia a la hostilidad que Eli había tomado en el momento, pero era obvio que esos temas no los tocaba para nada.
La rubia se impresionaba con las palabras tan acertadas de la recién conocida mujer. Parecía que Nozomi tenía algún propósito en particular, era clara en lo que decía. Se calmó un poco y dejó de lado su enojo, rara vez mantenía una conversación así con una mujer antes de relacionarse sexualmente con ellas.
— ¿Qué hay de ti?, yo no sé nada de ti.— Se rindió ante su inquietud y volvió a dirigirse a la astróloga.
— Hmm...— Nozomi hizo una mueca juguetona, tenía que aprovechar al máximo la ocasión.— ¿Qué tal si intercambiamos preguntas?.
Eli asintió rápidamente.
— Tengo veintiséis años, soy una docente de astrología pero en un tiempo me volveré parte de los investigadores de la planta alta.— Platicó con una felicidad genuina, Eli ladeó su cabeza.
— ¿No te gusta ser maestra?.— Preguntó con sorpresa.
— No es que no me guste,sólo no es lo que quiero. Siempre quise ser investigadora, así que no quiero estancarme pero tampoco es malo aprender sobre áreas diferentes.—
La rubia quedó sumergida en el tema, ahora quería saber más sobre Nozomi. Es como si hablara con una persona sin atadura, en lugar de sentir envidia como lo que sintió con su vecino (Evans). Era más como una extraña admiración.
— Bueno, continuemos. ¿La mayor parte de tu vida la has pasado aquí o en Rusia?—
— Toda mi niñez y parte de mi adolescencia la viví en Rusia, cada cierto tiempo venía a Japón para aprender del idioma y convivir con mi padre, que se la pasaba trabajando en la empresa.— Recordó con exactitud las etapas de su vida con melancolía.
— ¿Y tú familia a qué se dedica?.— Siguió con el juego de preguntas la rusa. Parecía ser que ya se estaba divirtiendo y logrando sentirse segura.
— Mis padres también son empresarios, ellos se dedican a los negocios que tienen fuera del país. Son muy buenos administradores, algo muy contrario a lo mío.—
— ¿Eres hija única?.— Eli se extrañó de no escuchar gran parte de la familia de la astróloga.
— No te adelantes, sigo yo.— Le sonrió coqueteandole con toda la intención de hacerla sonrojar, lo cual logró. — ¿No tienes novia?, leí que tenías algo así como un escándalo amoroso.
—¿Ah?.— Fué la reacción que hizo la rusa con un fruncido de cejas. Aunque segundos después hizo un clik en su cabeza entendiendo a lo que se refería.— Ya lo recordé, eso fué hace meses. Es sobre Umi y yo, somos mejores amigas y nos molestamos mucho con esa estupidez que publicaron sólo porque solíamos salir bastante juntas. No perdimos el tiempo y metimos una demanda para que no volvieran a esparcir noticias amarillistas.
— Supongo que te refieres a la chica que te acompañaba en la mañana.— Mencionó Nozomi.
— ¡si!, ella. Trabaja conmigo, e incluso hemos vivido juntas. Realmente somos como hermanas.—
Eli no lo notó, pero la expresión de la Tojō se aligeró. Parecía que esa duda la inquietaba mucho.
— ¿Tienes alguna afición o hobbie?.— Llamó la atención de la pelimorada con una simple pregunta.
La presente se dió cuenta de que la mujer de cabellos rubios estaba más cómoda en comparación a unos instantes atrás, era obvio que el alcohol estaba surgiendo efecto en ella.
La Tojō tomó una mejor postura y cruzó su pierna de derecha, se detuvo unos segundos y sonrió.
— Creo que desde siempre me ha llamado la atención todo lo que tenga que ver con la astrología, me fascina el tema en general.— Asintió emocionada, hasta que un pequeño brillo resaltó en sus orbes verdes.— Bueno, también me encanta el tarot, sé leer las cartas.
Escuchando aquellos dos datos; Eli abrió un poco la boca en signo de sorpresa. La persona frente a ella tenía el aspecto que no se podía imaginar, eran aspectos y pasatiempos que no aparentaba su imágen personal
— Eres bastante interesante, Tojō-san. No puedo negarlo.— Dijo con un tono galante y lleno de confianza, dedicándole una sonrisa de lado.
— ¿Tú tienes algo parecido?.— Se atrevió a preguntar.
Gracias a que el alcohol comenzó a aligerar el ambiente, la rusa no reprimió ningún sentir suyo. Al contrario, parecía ser que su personalidad sobresalía de ella misma, Nozomi reía y era atenta ante esos detalles.
— Hace unos años dediqué parte de mi tiempo al ballet.— Contó con una expresión entre emoción y añoro.
— ¿De verdad?.— La astróloga elevó sus cejas impactada, aunque la extranjera si tenía la finta de ser ese tipo de chica.
— Si, fuí bastante reconocida, no quiero sonar presumida...— Soltó una suave carcajada e hizo contacto visual con la contraria.— Estuve apunto de firmar para varias marcas que me representarían, e incluso iba a formar parte de un estudio de ballet... De los mejores en Rusia.
— ¿Y por qué no seguiste con ello?, sinceramente se nota que te apasionaba.— Opinó con curiosidad, intentando indagar en la vida de la rusa, ya que parecía que era la oportunidad perfecta por la honestidad que empezó a desarrollar con ella.
— Mi tiempo en Rusia estaba contado.— Suspiró resignada, dándole otro trago al restante que tenía en su vaso de cristal y dejándolo en la mesa.— Tenía que venir a Japón para hacerme cargo de la empresa de mi padre, así que me ví en la necesidad de obstruir ese camino.
El silencio se hizo presente como una linea delgada entre ambas mujeres. Nozomi mirándola con preocupación, y Eli desviando sus ojos azules a otro punto de la habitación para no afrontar su realidad.
— Pero era algo tonto hahah... No era adecuado pensar que podría vivir de ello, suena patético, ¿no?.— Cortó esa línea y regresó su sonrisa, pero mucho más radiante. Como si hubiera soltado una gran pesadez.
— Claro que no lo es... ¿Si quiera sabes lo que podría ganar una maestra de ballet profesional y de alto rango?.— Cuestionó incredulada.
— No tuve otra opción, no pude elegir. Fuí la primer hija de los Ayase's, así que no puedo pensar en otra cosa.— Inmediatamente paró los intentos de ánimos de la recién llegada. Un momento crucial de alto riesgo, pues Nozomi sabía que si daba otro paso podría hacer que la rusa retrocediera e incluso regresara a su actitud hostil.
Decidió parar con las preguntas.
— No te creo que hayas sido bailarina de ballet, tienes toda la actitud de una mujer de empresa.— La Tojō se acercó más, quedando a pocos centímetros de la rubia.
Por sorpresa Eli se sorprendió del movimiento tan repentino pero estaba feliz. Era una mentira si decía que no se estaba comiendo con la mirada a la astróloga.
— De verdad lo fuí.— Aseguró mirándola a los ojos.
— Demuéstralo, ¿qué postura se toma al inicio?.— Retó con una mirada desafiante, colocando su brazo detrás de su cabeza para recargar su peso.
Por un momento Nozomi dudó de que la rusa le hiciese caso, sólo intentaba destraerla del incómodo momento. Se percató que la mencionada se puso de pie.
— Advierto, no he practicado en años. Probablemente me veré oxidada.— Dijo con naturalidad y posando frente a la astróloga que la siguió con la mirada concentrada, se sentía feliz de que Eli pudiese mostrarle algo así.
— ¿Qué importa?, sólo hazlo.— Terminó por decir con inquietud.
— Bien, espero no verme tan ridícula haciendo esto por unos cuántos vasos de vodka. — Comentó con un rubor en sus mejillas. Agradecía que el alcohol le hacía perder la pena por completo.
La hermosa mujer de descendencia extranjera de cabello rubio y ojos azules. Acto seguido: Eli cambió su semblante a uno serio y concentrado. Poniendo el cuerpo totalmente erguido con el pecho pronunciado, resaltando su porte, elevando la cabeza y echando sus hombros hacía atrás sin hacer quejas. Elevó una de sus brazos con delicadeza hacia arriba para extender con fluidez su cuerpo, el que quedó libre lo dejó cerca de su cintura pero marcando el área a su alrededor.
Y como toda una profesional, se puso de puntillas, levantando su pierna izquierda para luego flexionarla hacia su pierna contraria pero a una altura considerable. La siguiente postura fué bajar la pierna y con detenimiento hacer una pose de agradecimiento por tener una expectora al frente.
Esta vez hizo una reverencia; moviendo sus manos a un sólo lado como si dirigiera las olas del mar con total plenitud, se agachó flexionando sus rodillas y bajando la cabeza. Todo esto sin quitar el contacto visual que estaba haciendo con los ojos esmeraldas de Nozomi.
Un sonoro aplauso retumbó en los oidos de la rusa.
— ¡De verdad, eso fué hermoso!.— Halagó maravillada.— Creí que estabas jugando, pero me dejaste sin palabras.
—Pfff, temí por perder el equilibrio. Creí que me terminaría cayendo.— Suspiró aliviada, sonriendo y respirando con libertad, se acercó lentamente con pasos cortos a la ojiverde.
— Para nada, ni si quiera se notó. Te veías muy segura, transmites mucha emoción con tu interpretación.— Agregó.
— Gracias, no le digas a nadie de esto. Ya me está empezando a dar vergüenza.— Apartó sus ojos y se sonrojó hasta las orejas.
— ¿Qué veo?. ¿A la gran Ayase avergonzada?, esto no se ve todos los días.— Jugueteó entre coqueteo y risas.
Por supuesto Eli hizo una mueca, así que tomó el brazo de Nozomi y la puso de pie con cuidado, apegandola a ella.
— ¿No te parece que siempre te estás burlando de mi?.— Atacó con una voz ronca, la rusa ya estaba a nada de irse encima de la Tojō.
Ante tal cambio de actitud; la astróloga sólo quería juguetear más con la encargada de la empresa 'Muse". Le era adictivo verla actuar de esa manera.
— No es mi culpa que seas tan linda.— Confesó entre encanto y atrevimiento, mirando directamente a los ojos azules.—
Eli en ningún momento dudó de lo que quería hacer, pues sabía a la perfección que la pelimorada parecía darle bastante señales positivas. Sonrió de lado y se acercó lentamente al rostro de la Tojō.
No contó con que la astróloga perdería la paciencia y terminaría por cerrar la distancia pasando sus brazos por el cuello de la rusa, dándole un beso lento y delicado. Sólo alcanzó a dejar sus manos en la cintura de esta. Los besos eran largos y a la vez cortos, la intensidad subía cada que intentaban acercarse más. Nozomi pasó a colocar sus manos en el rostro de la rubia; extrañamente la de raíces extranjeras sintió un acercamiento más íntimo, pues provocó que los nervios aumentarán.
Aunque ya estaba más que claro, las intenciones de ambas eran llegar un poco más lejos de lo que pensaban por la fluidez en lo que estaba ocurriendo todo.
—* Bzzz Bzzz Bzzz*—
La parejita se detuvo con el aliento entre cortado y cansado. Parecía ser que el teléfono de la ojiverde comenzó a timbrar en la mesa donde lo había dejado.
— Espera.— Pidió con las mejillas rojas,retirando sus manos del rostro de Eli.
— Oh, claro.— Asintió tímidamente y se hizo a un lado, dejando que Nozomi tomará el teléfono para atender la llamada.
La rusa se distrajo un poco viendo también la pantalla del celular, frunció las cejas al notar que ya era algo tarde. Había perdido la noción del tiempo y debía irse o no podría descansar lo suficiente para el día de mañana.
— Tengo que irme.— Dijeron las dos al unisono apenas se miraron. Se dieron cuenta y soltaron una risita silenciosa.
— ¿Te irás sola?, ¿quieres que te lleve?.— Eli se ofreció con educación.
— Me iré junto con mi amiga, tenemos que irnos juntas. No te preocupes.— Le contestó en un tono suave, tomando sus cosas y acercándose a la puerta.— Muchas gracias, Ayase-san, fué bueno verte.
— No agradezcas, yo encantada.— Le dijo.
Nozomi estaba decidida a irse puesto que ya estaba tomando el pomo de la puerta para girarla.
— Creo que tenemos algo en común.— Se detuvo en seco, llamando la atención de Eli.
— ¿Uhm?.—
— Mis padres también me hicieron estudiar una carrera que yo no quería, y ellos tenían la idea de que podría volverme una profesionista como ellos.— Reveló con claridad y seriedad, dando la media vuelta para verla por última vez.— Pero fuí muy insistente, gracias a eso no tuvieron más opción que dejarme hacer lo que quería.
Dicho eso, sonrió dulcemente y le dedicó una mirada llena de comprensión. La rubia se quedó atónita con lo que había escuchado, lo único que vió después; fué a Nozomi irse por la puerta y cerrarla.
Sólo quedó ella, una pantalla que iluminaba la habitación junto a las luces led, una botella de vodka que estaba medio vacía y la extraña necesidad de indagar más allá en aquella mujer que tenía un imán increíble sobre ella. La atracción que jamás había sentido con ninguna otra, la estaba sintiendo.
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El día siguiente no transcurrió como Eli hubiese querido. Gracias al desvelo de la noche anterior y el insomnio que le dió al llegar a casa; consiguió despertarse bastante tarde.
Caminaba por los pasillos de la oficina a la sala de juntas con desesperación y estrés, era su primera junta desde que su padre se había ido. No podía permitir que alguna queja le llegase.
— ¿Por qué parece que estás corriendo?. Relájate un momento.— Los oídos de la rubia alcanzaron a escuchar a sus espaldas, por supuesto se dió cuenta de que era Umi.
— ¿Eh? ¿Ah?.— Miró de pies a cabeza a la escritora que estaba viéndola extrañada.— ¿Qué haces aquí?, se supone que descansarías hoy.
— Tuve el presentimiento de que podrías llegar tarde, así que llegué mucho antes y dí la junta.— Le respondió con tranquilidad, tomándole a su taza de café que había preparado hace unos minutos.
— ¿No crees que se enteré mi padre?.—
— Les dije que llegarías tarde por asuntos de trabajo, no tienes que preocuparte.—
— ¿Podemos ir a mi oficina?, necesito contarte algo.— Dijo entre cansancio y sueño. Instintivamente Umi asintió, siguiendo por detrás a las rusa.
La mayoría del personal miraba con curiosidad al dúo que caminaba al ascensor. Gracias a que aquellas dos chicas eran anormalmente densas antes estas situaciones, les era muy fácil ignorar la atención pública. No se daban cuenta de nada y a la vez les era un enorme favor.
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— Agradezco que te hayas preocupado, jamás podré pagartelo.— Fué lo primero que salió de la boca de la Ayase, pasó primero y dejó sus cosas en su gran escritorio. Tomó asiento con pesadez.
— No me debes nada, también haz estado ahí para mí.— Respondió con seriedad, imitando el mismo acto de sentarse pero frente a ella, y poniendo su taza en la mesa.
— Sé que quieres preguntarme, hazlo de una vez.— Comentó entre juego y preocupación, recargando su cabeza en el respaldo de su silla.— Desde que me viste llegar lo noté.
La escritora elevó la ceja.
— ¿De verdad se me notó?, bueno.— Pensó con detenimiento.— ¿Qué rayos pasó ayer?, te ves muy diferente a como sales normalmente en las noches.
Suspiró la rubia, ni si quiera ella tenía cabeza para dar una explicación concreta sobre aquello.
— Me encontré con Tojō-san. La chica que vimos en las instalaciones de astrología.— Platicó un poco extrañada de su situación.
— ¿Al lugar al que fuiste?, ¿o en la calle?.— Umi inició su guerra de preguntas constantes.
— Al lugar, creo que ambas sentimos atracción o algo por el estilo.—
— Pero Eli... ¿No es peligroso que ella sepa de tu identidad y de que visitas esos lugares?.—
— De eso no hay problema en absoluto...— Aclaró con seguridad y luego divagó.— No ocurrió nada entre nosotras, más que un beso.
Terminando sus palabras, la Sonoda se quedó fría por lo que Eli había contado.
— ¿Qué?.— Abrió sus ojos sorpresivamente.— ¿Tú, Eli?. ¿La rusa más ninfómana que he conocido en mi vida, no teniendo sexo?.—
— Olvídalo, lárgate a tu oficina y regresa a lo tuyo.— Rodó los ojos y con el rostro rojo de la vergüenza.— No me voy a morir si no lo hago un día, ¿si?.
— ¿No te parece eterno un día?.— Siguió usando un tono burlón y sarcástico.
— Umi...— Mencionó el nombre de su compañera de terapia entre dientes.
— Lo siento, tenía que aprovechar. Pero, ¿entonces cómo es que parece que no dormiste en toda la noche?.— Ignoró lo ocurrido y prosiguió con lo que estaba pasando.
— Me hizo pensar en muchas cosas. Nunca me había topado con una chica que le interesara conocerme tal cual y no sólo tener relaciones sexuales.— Eli terminó por cambiar su postura y recargar su mentón en su mano.
— Por una parte me alegra que hayas encontrado a alguien que se interese por ti personalmente y no sólo para tener sexo o por tú descendencia.— Ánimo con una sonrisa de lado.— Pero también me preocupa que te guste.
— ¿A qué te refieres?.— Se sintió curiosa por la observación de la escritora.
— Nunca te he visto enamorada y si pudiera definirte, creo que te gusta ser una persona libre sin ataduras.—
Los ojos azules se quedaron mirando por segundos a la persona frente a ella, pensando en lo mencionado. Una de las cuantas verdades que Umi siempre decía, Eli jamás tuvo una pareja estable ni mucho menos alguien a quién se le pudiera llamar "pareja".
— No me quiero agobiar con eso.¿Ok?. No creo que me guste, simplemente llama mi atención y tal vez el hecho de que no hubiéramos tenido sexo hace que me sienta más atraída.— Intentó darle una razón a su sentir.
— ¿Me estás diciendo que sólo porque Tojō-san no se metió contigo, te hace desearla más?.— Cuestionó dudosa.
— Creo que sí...— Afirmó dudando también.
Umi se puso de pie y agarró su taza con una sonrisa.
— Ya quiero ver la estúpida cara que tendrás cuando me digas que te enamoraste como una idiota.— Se burló irónicamente moviendo sus hombros.
— ¿Qué?.— Fué lo único que dijo.
— Dios... Si que eres una idiota.— Palmeó su frente con la mano libre que tenía.— No es que 'Tojō-san' te atraega sólo porque no tuviste sexo la primera vez que convivieron así. Es porque tiene cerebro y es mucho mas interesante que todas las mujeres a las que has conocido.—
Eli terminó por quedarse en silencio, no sabía si tomar en cuenta lo que dijo Umi o ignorarlo. No darle importancia para no comerse la cabeza.
— No voy a decir nada.— Cortó la conversación, dando a entender que el tema había llegado a su fin.
Umi sonrió, sabía que había dado en el clavo.
— Acuérdate de lo que te dije, es imposible ignorar lo obvio.— Volvió a recalcar.
— Hhmmmm... ¿Qué no tenías trabajo?, es más. De una vez toma el día libre, te lo mereces. Muchas gracias por la ayuda de verdad, te lo pagaré con unos tragos o algo así.— Eli se apresuró a tomar unos papales que tenía por ahí para ya no hacerle caso a la escritora.
— Te haré caso, sólo porque necesito descansar. Pero tómalo en cuenta, Elichika. No te hagas la tonta.— Advirtió con seriedad y finalizó con una sonrisa, yéndose por la puerta con pasos cortos y sin apresurarse. Estaba feliz de sembrar la duda del amor en la cabeza necia de su jefa. Pues sabía que Eli merecía encontrar a alguien.
Pero en el fondo de la oficina la mente de la Ayase quedó casi al borde del precipicio. Maldecía internamente por pedir consejos o hablar de lo que le preocupaba con Umi, esa chica sólo la hacía pensar y pensar.
La rubia sólo mantuvo su mirada en los papeles de su escritorio, y en cuestión de segundos recordó a la hermosa mujer de cabellos púrpura y ojos verdes que le miraban con intensidad por la noche.
— Sólo será cosa de una noche, ¿qué puede pasar?.— Se convenció orgullosa y agarró la pluma que tenía en su estuche para iniciar su jornada de trabajo.
Ignorando todo lo acontecido.
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Saludos, estoy feliz de que les haya llamado la atención el inicio. Sinceramente hasta yo me sorprendí de lo bien que inició, creo que será mi favorito de la trilogía jaja. Bueno, gracias por leerlo.
