Capítulo 23: Otoño 1997

Percy se sentía en las nubes cuando salió del Ministerio ese día, todos estaban con miedo, pero él, a pesar de la culpa que afligía su corazón, se sentía demasiado satisfecho de sí mismo.

El último mes de su vida había sido el más atribulado de su vida, desde el Gran Error todo había sido un infierno para todos, aún más para él. Sentía culpa cada vez que pensaba que él había provocado todo, había grabado la conversación y los expuso a todos. Cada noticia nueva lo enfermaba más y más, toda su vida había querido hacer lo correcto y había provocado tal desastre.

Sin embargo… a pesar de su culpa, cuando Ginny lo llamó por la moneda que le había entregado para comunicarse, él fue de inmediato a verla.

Cuando llegó, se sorprendió de ver a su hermana en esa escena tan extraña. No la había visto desde su boda, hacía tres meses, cuando le informaron que él sería nombrado ministro cuando llegara la ocasión adecuada, pero no le habían dicho nada más, sólo que manejara un perfil bajo y no destacara en el Ministerio.

Estaba su hermana en la sala de estar privada de la familia Malfoy, con Quien-no-de… con Voldemort, su cuñado al lado de ella en una mesa grande, con 12 sillas más. tres sillas estaban vacías, dos al lado de donde estaba sentado Lord Voldemort y la otra al lado de su hermana, ella le hizo señas y le indicó que se sentara junto a ella, él se dirigió hacia ella, incómodo. Reconocía a algunos compañeros del Ministerio quienes lo veían con evidente sorpresa, Lucius Malfoy, el profesor Snape, y otras personas que no reconocía.

–Bienvenido Percy, me alegra verte, – Dijo Ginny mientras le acariciaba la mejilla y le sonreía con calidez y él la veía con sorpresa ante su condición, era evidente su estado, no en vano había visto a su propia madre embarazada en tres ocasiones. –Cariño, saluda a mi hermano.

–Buenas tardes señor Weasley. – Dijo él tras unos segundos en silencio, Percy asintió con la cabeza hacia él.

–Buenas tardes, señor. – Dijo con educación cumpliendo con las convenciones sociales, por el rabillo del ojo miró a su atento público, unos lo veían con indiferencia, la mayoría con ira e indignación. No entendió por qué hasta que llegaron los últimos integrantes de la reunión; Rodolphus Lestrange a quien reconocía por los carteles de Se busca, y a Arif Sikander, a quien reconoció con sorpresa a su antiguo profesor de estudios muggles.

Ambos hombres llegaron y se arrodillaron ante Voldemort y besaron su túnica, posteriormente, tras haberles dado permiso, hicieron lo mismo con Ginny. ¿esperaban todos ellos que él hiciera lo mismo? No se veía haciendo esa estupidez.

Después se sentaron, la puerta se cerró y la reunión comenzó. Voldemort se levantó de la mesa y se dirigió a sus seguidores, todos en silencio, expectantes.

–Mis fieles, hoy concluimos el inicio de la guerra contra los muggles, es gracias a la cooperación de cada persona en esta mesa por lo que hemos avanzado tanto. El dia de hoy, Arif, ayudado con Rodolphus, concluyeron una investigación encomendada hace semanas. – Comenzó mientras iba señalando a cada persona que nombraba. –Ahora, no es necesario que ustedes sepan todo, ya que probablemente no lo entiendan, pero hicimos investigaciones sobre algo llamado energía nuclear, es el arma más poderosa de los muggles, y, según nuestras investigaciones, los efectos que tienen en ellos no suceden en el código genético de ningún ser mágico, ni siquiera en un squib.

Todos en la mesa permanecieron en silencio, desconcertados por lo que decía su amo, pero claramente aceptándolo como cierto. Arif se puso de pie y continuó.

–Retomando las palabras de nuestro amo, la energía nuclear es la energía contenida en el núcleo de un átomo. Los átomos son las partículas más pequeñas en que se puede dividirse un elemento químico manteniendo sus propiedades. En el núcleo de cada átomo hay dos tipos de partículas que se mantienen unidas. La energía nuclear es la energía que mantiene unidos neutrones y protones. Los muggles la usan para producir electricidad, también como arma. Las centrales nucleares utilizan esto para producir energía que los muggles utilizan como nosotros la magia. En nuestro Reino Unido existen actualmente 35 plantas nuclear, sólo con inhabilitarlas bastará para hacer que los muggles se reúnan en un punto específico y podremos eliminarlos.

Eso dejó aún más confundidos a todos, incluyendo a Percy, quien no sabía de que diantres estaban hablando, pero al ver a su hermana y su esposo asintiendo, todos sólo hicieron lo mismo.

Percy prosiguió escuchando cómo avanzaron los planes.

–Eso será parte de un plan futuro que mi cariño ha ideado, así que hasta que él lo diga no actuaremos con esta información. Seguiremos con la siguiente fase planeada, como habíamos discutido, esta mañana entregamos a los muggles esos detectores de magia que aún no han podido desarrollar ellos, se han entregado en América y Asia, en los países más peligrosos para nosotros, si no provocamos que los muggles ataquen primero ellos no nos apoyarán. Los magos estadounidenses (esos que se creen tan progresistas y están demasiado unidos al mundo muggle) tiene que probar sobre sí mismos las consecuencias si los apoyan a ellos. – Dijo su hermana con una frialdad y decisión que le provocó escalofríos. –En cuanto India, Tailandia, Irán, Arabia, en fin, todo el norte de África, dejaremos que se destruyan solos por ahora, como aliados tendríamos que atacar Estados Unidos de América y sería demasiado problemático, es una de las últimas opciones que tenemos. A China la necesitaremos de nuestro lado, su comunidad es una de las más grandes, todos los otros países que mencioné juntos igualan la población ellos. Lo más importante por ahora, nuestra meta es lograr la cooperación de toda Europa.

Percy carraspeó y levantó la mano inconscientemente, pidiendo permiso para hablar, Ginny asintió hacia él.

–El conflicto se ha extendido a todos los países, incluso el día de hoy Rusia ha comenzado con turbas en los pueblos campesinos, de alguna manera se enteraron de dónde están las muchas aldeas exclusivamente mágicas, su representante pidió ayuda hoy a la Confederación Internacional. Ayer sin más escuché que alguien reveló en dónde estaba Ilvermony al ejército estadounidense, y acudieron y se llevaron a los estudiantes que no pudieron escapar, no saben a donde los llevaron, una filtración así de grande no había ocurrido desde que Dorcus Twelvetrees le reveló las ubicaciones de Ilvermony y MACUSA a Bartholomew Barebone quien intentó organizar una revelación a los muggles, y aún así, nada nuca fue tan grave como esto. Nadie tiene soluciones, las ataques muggles son la norma y no excepción, pareciera que se están destruyendo entre ellos. – Dijo Percy, alargando la última frase viendo a su hermana con fijeza y arqueando una ceja.

–Sí Percy, hemos provocado todo eso, de hecho, a mi esposo se le han agregado muchos seguidores que han buscado refugio con nosotros. Tal vez te preguntes cómo logramos escalar esto, lo provocamos, fue demasiado fácil, los muggles tienen tanto miedo a los que son como nosotros, que apenas necesitan una excusa para atacar y matar, ni siquiera su policía, ni su ejército que ha salido las calles, han podido contener las revueltas, pero nosotros les estamos dando el combustible. – Dijo Ginny, tras un leve silencio en la mesa. Percy se quedó boquiabierto, ya lo sospechaba, no podría haber avanzado esto tan rápido sin un poco de ayuda. Le sorprendía lo pragmática que era su hermana, lo cruel que podía ser. –De hecho, el día de hoy pasó una nueva fase, algo que hará que Europa se una con nosotros y nos compadezca y no nos culpe.

Antes de poder decir otra palabra, se oyeron toquidos en la puerta del comedor y apenas le dieron permiso de entrar, se abrieron con rapidez, era Pius Thicknesse, quien parecía exaltado, eufórico y asustado, todo al mismo tiempo. Avanzó hacia Lord Voldemort y se arrojó a sus pies y besó su túnica, haciendo lo mismo con su hermanita, cuando terminó con esas formalidades, finalmente dio las noticias impactantes.

–Mi señor, mi señora, ha pasado, se avisó de la muerte de Rufus Scrimgeour, de Babajide Akingbade y el Ministro muggle, estaban en una reunión para intentar resolver esto cuando fueron atacados por una bomba, destruyeron el edificio de Downing Street con todos los funcionarios del gobierno muggle dentro, se han quedado sin gobierno. – Dijo de prisa, exaltado y emocionado, no era para menos, sólo el asesinato del Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magia era causa de impacto en todo el mundo de la magia, no sólo en el Reino Unido. –El ministerio está vuelto loco, es momento, si usted lo considera mi señor, para que tomemos el control.

–No, aún no. – Dijo Voldemort después de un momento y vio hacia Ginny. –Necesitamos que oficialmente pidan nuestra ayuda, querida…

–Sí, amor, tienes razón. – A Percy ya le estaban provocando nauseas esas palabras tan melosas entre ellos, era bastante repugnante, incluso aunque Voldemort ya no aparentara su verdadera edad, un anciano de 70 años, y ahora parecía un joven hombre en la flor de la juventud a mediados de sus 30, su hermana seguía siendo y pareciendo una pequeña niña de 16 años. –Debemos dejar que ellos te pidan ayuda ¿quién será un buen ministro provisional? Antes de que Percy pueda serlo.

–Si me permite dar mi opinión. – Dijo Lucius Malfoy con tono interrogativo, y ante el asentimiento, continuó. –Kingsley Shacklebolt sería una buena opción para nuestros planes, un fiel seguidor de Dumbledore a pesar de su muerte, por lo que nos ha dicho Lady Voldemort, es un miembro de la Orden del Fénix que difícilmente tomará acciones contra los muggles y no protegerá a quien debe hacerlo.

–Es una buena opción, no podría nombrar a alguien mejor, querido. –Dijo Ginny con una sonrisa hacia su esposo, y asintió hacia Lucius. –Serán por lo menos dos meses, cuando comiencen las vacaciones de navid…Yule, debemos hacer que los muggles ataquen a gran escala, es importante que la mayoría de los niños se queden en Hogwarts. Cuando sea el gran ataque será el momento de que nos apoderemos del gobierno.

La reunión pronto terminó y Ginny, cuando despidió a los demás se llevó a Percy a parte para hablar con él. Percy la vio lanzar miradas amenazadoras a su esposo, cuando el llevó a Bellatrix a al comedor anexo, pero ella sólo suspiró y lo guio hasta llegar a lo que parecían los aposentos principales de la mansión, entraron a una lujosa sala, evidentemente una pre-recamara.

–Hermano, tengo que hablar contigo, me di cuenta cómo me miraste así que probablemente ya te diste cuenta de mi embarazo. –Dijo Ginny con una sonrisa casi cariñosa, mientras tocaba su vientre plano aún.

–Sí, hermana, brillas mucho por el embarazo, ¿cómo lo tomó tu esposo? – Preguntó Percy forzando una sonrisa, no quería hablar de ese tema en específico, era un recordatorio constante de que él había entregado a su hermana a ese hombre quien le había hecho asquerosidades a una niña.

–No se lo he dicho, no quiero ponerme en riesgo con la situación en la estoy, esa perra Lestrange está embarazada. – Dijo Ginny con el veneno derramado en su voz.

–Me di cuenta, está a punto de aliviarse por lo que vi, ya debe estar en su último mes ¿pero por qué ese es un problema? – Dijo Percy, observándola con atención, se sorprendió por el desprecio con el que hablaba, Bellatrix Lestrange era un monstruoso ser, pero la ira de su hermana parecía ser personal.

–Ese bastardo es hijo de Tom. – Dijo ella llena de ira, con las mejillas sonrojadas y las manos apretadas en puños. –Y tiene la estúpida idea de que darle un bastardo la pondrá por encima de mí, no me da miedo que planeé algo contra mí, es hábil, pero no astuta como para poder hacerme daño, lo que no podría evitar, es que en un ataque de ira me empuje por las escaleras o me tiré o haga algo físico que me haga perder a mi bebé, quise esperar para decírselo, pero lo haré hoy mismo.

–¿La crees tan tonta como para atreverse? – Le preguntó con sorpresa, sólo un ciego podía ignorar lo satisfecho y feliz que parecía ese hombre con las atenciones de su hermana. Y él no le extrañaba, incluso siendo su familia a él mismo le subía el ego un poco cuando estaba a su lado, la forma de ser de ella, tan afectuosa y cariñosa, llena de elogios y preocupación por las personas que amaba podía ablandar a cualquiera, Percy podía imaginar que nadie antes había tratado a Voldemort así. Voldemort estaba satisfecho con ella, y él no era de los que toleraban que le hicieran daño a lo que consideraban suyo.

–La creo lo suficientemente impulsiva y enamorada como para perder su inteligencia. – Dijo Ginny con una sonrisa tensa. –Y temo que no pueda protegerme si actúa así, no me importa qué pueda hacerme, pero si daña a mi bebé no lo soportaría.

–¿ya sabes la fecha de parto? – Preguntó Percy mientras le tomaba una mano y la apretaba para darle confort.

–No, como no he acudido con algún sanador no lo sé. – Dijo con expresión triste.

–Bueno, eso se puede resolver, ¿Cuándo fue tu último periodo? – Percy le preguntó en tono oficialista, le habría gustado ser sanador después de todo, pero al final, el trabajo administrativo lo había llamado más.

–No recuerdo exactamente hermano, pero creo fue unas dos semanas antes de mi boda. – Dijo ella sonrojada.

–Bueno, es un poco inexacto, pero podemos calcularlo que nazca a finales de marzo, tal vez en la última semana. – Dijo él haciendo cuentas en su cabeza. –No puedo creer que mi hermanita vaya a tener un hijo, fuiste la última en nacer y serás la primera en tener un hijo.

–Bill no tardará en alcanzarme, ¿ya se casó? – Preguntó con tristeza, y Percy asintió, sin atreverse a pronunciar palabra, sentía un nudo en la garganta y ganas de llorar, habría querido ir a la boda, incluso el mes pasado, cuando sucedió el Gran Error había ido a la Madriguera para comprobar que ellos estuvieran bien, pero allí lo rechazaron con ira. Bill lo había golpeado y su madre había subido a su recámara gritando y llorando, su padre simplemente lo había mirado con tristeza y le había dicho que lo mejor era que se fuera.

No podían perdonarlo por entregar a Ginny a Voldemort, ellos sabían que sólo Percy lo pudo haber hecho, sólo el padre o los hermanos conocían el ritual con las runas Weasley, y sin eso Ginny no se habría casado, lo que sabían al haber revisado los registro y ver el nombre de Ginny cambiar en automático.

–Perdóname Percy, hermano, sabes que te quiero mucho ¿no? Y lamento de veras que por mí estés separado de papá y mamá y de nuestros hermanos, me imagino que te culparon por las decisiones que yo tomé y lo lamento. – Dijo Ginny mientras lo abrazaba. –Anímate, pronto pasará, ellos te perdonarán.

–Gracias hermana, me das un consuelo al decirme esto. – Le contestó él devolviéndole el abrazo y besando su cabeza con afecto fraternal.

–Y ahora, ¿Cómo vas con Audrey? ¿ya le pediste matrimonio? – Le dijo separándose de él y sonriendo con picardía. –Sabes bien que debes casarte con ella ya, no te aceptarán como ministro si no eres un hombre de familia.

–Lo sé hermana, ya se lo pedí, ella y yo estamos de acuerdo en que sea una ceremonia sencilla, sólo invitaremos a la familia cercana de ella, y pues por mi lado…invitaré a mamá y papá, pero no creo que vayan, y en cuanto a ti, espero que nos acompañes. – Le dijo mientras le extendía una invitación formal y la ponía en su mano. Audrey quería a Ginny de su tiempo en Hogwarts, habían tenido un trato amable, y como ella misma tenía una relación parecida con su difunto hermano mayor, le parecía entrañable y enternecedor la relación entre ellos.

Pronto, demasiado rápido para gusto de ambos, una elfina entró y les anunció que Voldemort había solicitado la presencia de Ginny. Percy se levantó y se despidió de su hermana, esperando verla para su boda.

o-o-o-o

Lord Voldemort estaba cada vez más hastiado de su seguidora más leal, lo seguía para todos lados como un molesto perro. Siempre hablando sobre su bastardo, y lo malo que era que Rodolphus tuviera tan excelente salud, como si alguna vez él se hubiera casado con ella.

Se acercó a él y lo besó con veneración, ansiosa por su contacto, él sintió desagrado, pero lo permitió, seguía sintiendo afecto por Bella, después de todo. Así que permitió que ella bajara sus besos por su cuello y que sus manos lo tocaran por todo el cuerpo, después, bajó con ansias su pantalón y su ropa interior, tocando su pene con sensualidad.

Se dejó llevar, después de todo la mujer era buena para chupárselo, algo que hasta ese momento su esposa se había negado a hacer, por mucho que le insistiera. Era una de sus actividades favoritas, lo hacía sentir poderoso. Con control absoluto sobre la persona que se arrodillaba ante él.

–Híncate. – Bella casi se arrojó de rodillas frente a él, como si corriera el peligro de que él se arrepintiera, después el mismo tomó su pene y lo sacó de entre su ropa. –Chúpamela.

Sin más, ella abrió la boca y empezó lamerlo, llenándolo de saliva, él dejó escapar un pequeño suspiro y se mordió los labios para ocultar el sonido, la tomó por el cabello y la movió como una muñeca de trapo, golpeando su pubis contra su cara. Esos ruidos que ella hacía le desagradaban, ese ruido de tragar, las saliva, el roce de sus dientes en el glande, desearía que fuera su esposa quien estuviera en esa posición con él.

Tras un par minutos, y al pensar en su esposa, sintió que se iba a correr, comenzó a mover la cadera más fuerte, con la ayuda de ambas manos le sujetó la cabeza con fuerza y precisión para follarle la boca.

Sus ojos llorosos, la cara colorada, y ella sonriendo, por un momento vio la cara de su esposa con esos brillantes y afectuosos ojos cafés, la piel alabastrada, el cabello rojo como el fuego, casi estuvo a punto de correrse, sin avisarle la empujó para que se la tragara más y casi la hizo vomitar, pero ella sin queja alguna aceptó todo, y de golpe comenzó a descargar su simiente en su garganta, ella tragaba con un poco de dificultad, le apretaba las nalgas, y clavaba sus uñas porque se ahogaba. Por un momento lo miró con suplica, en ese instante sacó su pene y la soltó, ella cayó al suelo.

Se colocó los pantalones con indiferencia, y llamó a la elfina para pedir té. Bella inmediatamente se sentó a su lado y comenzó una charla que a él no le podía interesar menos, ya le había sido de utilidad y no deseaba verla. Para lo único que le servía ya, era para chupársela cada vez que tenía ganas, habían sido sólo un par de veces, ya que su esposa siempre lo dejaba saciado.

Estaban sentados, con Bella intentado mostrar su utilidad ladrando con una chillona voz desagradable órdenes a la elfina que los Malfoy le habían regalado a su esposa. Pronto, les trajeron el té, y ella siguió ladrando y chillando hasta que la temblorosa elfina les sirvió y preparó el té a ambos.

Si hubiera sido otro, Voldemort habría soltado un profundo suspiro, pero eso era poco digno de su parte, así que se contuvo. Su esposa nunca les gritaba a otras personas con voz chillona, no necesitaba elevar su tono de voz para ser escuchada y respetada, y sabía lo que a él gustaba sin tener que pedirlo.

Las noches que compartían en la cama matrimonial lo llenaban de vitalidad y energía, y sabía que ella no era falsa, le decía siempre lo que pensaba y quería, y aunque había tenido un ataque de mal genio fue demasiado cómico y él la había ofendido realmente.

–…Espero que esté de acuerdo Amo. – La desagradable voz interrumpió su pensamiento, su esposa tenía una voz fina y melodiosa, ese último pensamiento lo hizo sonreír inconscientemente. Lo que al parecer fue tomado como consentimiento para algo por Bella. –Gracias Amo, estoy segura que nuestro hijo agradecerá su presencia con nosotros esta noche. ¿debería ir yo a sus aposentos o usted irá a los míos?

–¿de qué hablas? – Preguntó Voldemort, ya harto de ella ¿Por qué abandonaría la cama de su joven y hermosa esposa? ¡y para ir a la de esa mujer!

–Amo, usted no me ha tocado en mucho tiempo, lo extraño, desde que a usted se le metió por los ojos esa puta …

–¡No te atreverás a referirte así a la esposa de Lord Voldemort nunca más! No si quieres conservar tu miserable vida. – Dijo él arrojándole la taza de té que sostenían sus manos hacia la cabeza, en donde se estrelló, le sangró la cabeza y el líquido caliente quemó su cara y su escote, ella se arrojó al piso y sollozó por su perdón. –¡Lárgate! Odio verte, no vuelvas a mostrar tu cara enfrente de mí sin permiso.

Bella salió aterrada del lugar, llorando, aferrada a su vientre. Él se obligó a calmarse. ¿por qué se había exaltado tanto por esa palabra? Recordó lo herida que su esposa se mostró cuando él uso esa palabra para referirse a ella y la ira lo volvió a invadir.

–¡Tilly! – La elfina se apareció en un instante, aterrada al verlo así, y él sólo le ordenó que trajera a su esposa ante él. Ella se desapareció de inmediato, llena de miedo, y tras un par de minutos, que a él le parecieron horas, su esposa entró al comedor anexo.

Ella le sonrió con esa encantadora boca pequeña con labios delineados y pequeños dientes blancos, pero ese gesto se convirtió en un rictus de horror y disgusto, en ese momento Lord Voldemort se dio cuenta del olor que había en el ambiente. Apestaba a sexo.

–Ya fue castigada querida, – Dijo en un impulso mientras se acercaba a ella y tomaba su mano, posando sus labios en la palma de su mano izquierda, en donde estaba la vieja cicatriz que él le había hecho con su antigua forma juvenil. –Se atrevió a contrariar mis órdenes y obtuvo su castigo, aunque debo de decir que es astuta y pudo… acercarse de más antes de que me diera cuenta.

Su esposa se quedó en silencio por unos segundos largos, mientras él la veía sin cambiar de expresión, pero por dentro sentía algo raro ¿Qué podía ser? Era como miedo a decepcionarla. Era una tontería, se dijo a sí mismo, Lord Voldemort no sentía miedo, simplemente era conveniente tenerla de buenas. Ella bajó la mirada y vio la alfombra mojada y la taza de té rota y manchada de sangre, entonces, sintió como el fragmento de alma que poseía le regresaba al cuerpo cuando ella le sonrió de nuevo.

–La señora Lestrange merece un castigo ejemplar amor, – Dijo mientras tomaba su mano y lo guiaba a su sillón de costumbre, él se sentó y colocó sus manos en su cintura, sentándola en su regazo. –Y tengo algo que decirte y algo que pedirte.

–¿Qué pasa gatita? – Dijo Lord Voldemort mientras rozaba sus labios, satisfecho de que no le cuestionara su pequeño escarceo con Bella, después de todo eso no había sido importante.

–Estoy embarazada. – Dijo ella y se tocó el vientre con los ojos brillando de la emoción.

Para Voldemort fue la experiencia más rara que había vivido, cuando Bella le había informado de su embarazo sólo sintió una leve satisfacción por quitarse de encima a su amante, (y lo cierto es que le daba curiosidad saber cómo sería un descendiente del gran Lord Voldemort), pero no sintió interés más allá de eso. Él no necesitaba un hijo, ser inmortal significaba que nunca heredaría su puesto, título o posesiones, y aún menos a un bastardo.

Pero esto se sentía diferente, era un hijo de ella, un ser que iniciaría una nueva dinastía que dirigiría el mundo mágico. Y aunque ese embarazo no produciría el hijo de la profecía de Ginevra, (ese hijo nacería en más de dos años), sentía algo raro al pensar en un hijo de ellos dos, alguien que lo apoyaría para controlar con mano de hierro todo.

Tenían un mundo completo y Lord Voldemort, a pesar de ser sumamente capaz, no podía dividirse en pedazos para dirigir cada región.

Así que fue capaz de darle a su esposa una sonrisa torcida, y casi ríe al ver que ella se sonrojaba al verlo.

–Es una buena noticia gatita. – Dijo él, mientras besaba la punta de su nariz y tocaba sus pechos dándoles un apretón. –Pensé que te estaban creciendo los pechos, pero creí que lo imaginaba

–Tom basta, – Dijo ella riéndose y separando las manos de su cuerpo, se puso de pie y lo miró con seriedad, poniendo sus brazos en jarras. –Tengo que hablar contigo sobre lo que quiero.

–Asumo que se trata de Bella. – Dijo él con indiferencia, más concentrado en descubrir los pechos de su esposa para comprobar sus sospechas. –Puedes hacer lo que desees con ella, no me ha sido de utilidad en estos últimos meses, se le han acabado las ideas y estrategias, y ni siquiera puede ir a la batalla estando embarazada.

–Entrégame a tu hija cuando nazca, yo la nombraré y la criaré, me servirá de práctica para cuando nazca nuestro hijo. – Dijo ella con seriedad, alzando una ceja, como para advertirle que no aceptaría un no como respuesta.

–Haz lo que desees. – Voldemort dijo sacudiendo una mano con indiferencia, para después verla con los rasgos ablandados. –¿será niño entonces?

–Tengo la impresión de que tú sólo podrás producir hombres cariño, – Dijo ella con una sonrisa llena de diversión. –Por supuesto, por lo menos estamos seguros que una hija nacerá cuando inicie el milenio.

–¿Una hija? – Voldemort se sorprendió por un momento, no esperaba que fuera una bruja de quien hablara la profecía, pero rápidamente pensó con claridad, sólo las brujas podían ser adivinas, y ¿no era esa habilidad la que los haría triunfar? –Por supuesto, una hija que herede tu don y mi nombre será perfecta.

Después, tomó su mano y la volvió a sentar en su regazo.

La vida nunca había sido tan buena con él.