Celos
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De vez en cuando le daba por recordar momentos bellos que nunca en su vida quisiera olvidar, pero ¿cómo los iba a olvidar si ellos marcaron su alma de una forma extremadamente especial?
Akane se encontraba sentada en el sofá de su habitación descansando unos minutos; mientras observaba el álbum de fotografías que contenía lo que más amaba: la historia de amor que escribió con su esposo, su querido y adorado Ranma.
La mujer sonrió cuando apreció una fotografía de una situación que ella y él inventaron para no develar la verdad de lo que pasó el día que ellos se comprometieron. La pareja pactó que Ranma la invitaría a un campo rodeado de flores, en un vasto bosque en el que me pediría matrimonio delante de su familia. Sin embargo, la realidad fue que él le propuso unir sus vidas, luego de una noche de pasión en la que descontrolados hicieron el amor.
Ambos se entregaron a la pasión que sus cuerpos desnudos desbordaron, después de que él le hiciera la petición. Tierna confesión que ella aceptó y guardó para sí misma en lo más profundo de su corazón.
—Papá es un romántico —susurró, acariciando su redondo y abultado vientre, el cual dejaba en evidencia que ya estaba avanzado su período de gestación—. Seguro contigo será más cursi que conmigo.
Akane sonrió cuando desde la barriga su bebé pateó. La pequeña niña que aún se encontraba segura en su interior se formaba con muchísimo amor. Con demasiado amor.
Tendō había entrado al tercer trimestre de embarazo y como era evidente sus cuidados habían aumentado. Bueno, realmente los cuidados de su esposo se habían incrementado, ya que el doctor un par de cosas le había recomendado. Sin embargo, Ranma las aplicó como si fuese un mandato sagrado que debía respetar y acatar.
Por ello, sola no la quería dejar, pero él debía trabajar, ya que en este momento era el único proveedor del hogar. Y; aunque, gracias a un reciente contrato que realizó su situación financiera se disparó, eso no significaba que iba a dejar de trabajar y de esforzarse cada día más.
Ellos habían construido más de lo que pudieron soñar, alcanzando todas las metas que un día juraron lograr. Así que, por esa razón más iban a jurar que el sacrificio y el trabajo duro se iban a recompensar cuando el tiempo de la cosecha fuese a llegar.
Una cosecha que como familia iban a disfrutar.
—Ve, mi amor —le habló a su vientre sin dejarlo de acariciar—. Ve esto, esta fotografía fue del día en el que papá me llevó al altar. Ese día juramos que formaríamos un bonito hogar en el que íbamos a criar y a educar a nuestros hijos. A nuestra hija, porque tú eres la primogénita. Nuestra niña soñada.
La pequeña se movió rápidamente en su interior, generando cosquillas que le hicieron vibrar cada parte de su ser. Sensación que aprovechó para agradecer al cielo por la bendición que le dio. Por la dicha de tener un hogar y una familia a la cual amar.
Akane siguió viendo detenidamente el álbum de «momentos» como ella solía llamarle. Recuerdos memorables que siempre iban a acompañarle.
Rememorando situaciones que fueron excitantes; como la luna de miel que fue inolvidable.
Tendō sonrió fuertemente cuando encontró una fotografía graciosa. Una antigua imagen de su marido en una situación deplorable con su mejor amigo. Situación que recordó la dejó muerta de risa como en esta ocasión.
—Eres único, Ryōga —espetó a carcajadas. Diciendo el comentario sin ninguna intención particular. Sin embargo, ella no se percató que alguien invadió su habitación—. Ojalá pronto nos puedas venir a visitar.
—¿Y se puede saber por qué tanto interés en que Ryōga venga de visita, Akane? —inquirió Ranma desde el umbral. Él acababa de llegar, pues la reunión a la que asistió terminó antes de lo acordado. Así que, entusiasmado corrió hasta su hogar para disfrutar de la compañía de su mujer; quien, al parecer, no lo extrañaba a él sino a alguien más—. Me lo podrías explicar, por favor.
—Ranma, por favor, ¿en verdad me vas a hacer una escena de celos?
—Pues no creo que escuchar de la boca de mi mujer que extraña a mi "mejor amigo" —Saotome utilizó sus dedos para expresar cómo consideró, luego de esto, a su supuesto mejor amigo— sea para un premio.
—Algunas veces te comportas como un tonto —musitó sin prestarle importancia. Él parecía un pequeño haciendo una pataleta para llamar la atención. Sin embargo, ella no iba a caer en un juego que no tenía ningún sentido—. Mira, mi amor, sigamos viendo las fotografías.
Ranma se molestó, ya que su mujer lo ignoró. Él ni siquiera se percató de que ella tenía en sus manos el álbum de sus recuerdos. Sus memorias más importantes desde que se reencontraron y nunca más se separaron. Así que, furioso por ser ignorado se le acercó para que de una vez le diera una explicación.
Saotome se paró enfrente del sillón donde descansaba su mujer. Él tomó una fuerte bocanada de aire para continuar con su discusión cuando fugazmente se percató de lo que su esposa llevaba en sus manos. Ella se encontraba observando el álbum que él mismo le había obsequiado, en el que juntos lo llenaron con fotografías y detalles de sus momentos más importantes.
Ranma, en ese momento, sintió que le regresó el alma al cuerpo junto a un enorme balde de agua fría que le cayó en el rostro. Él en verdad había sido un tarado, un estúpido que se había puesto celoso de una fotografía que él mismo había guardado; ya que capturó un momento divertido entre él y su mejor amigo.
Mejor amigo que, por cierto, estaba casado y tenía una hermosa familia. En verdad los celos lo habían trastornado.
—Akane, yo… —susurró, mientras se rascaba el cuello con una de sus manos. La vergüenza lo estaba matando—. Perdóname, por favor. Fui un imbécil que se enfadó sin sentido.
—Por una tontería, querrás decir —espetó, dejando a un lado el álbum de fotografías—. Una completa bobería.
—Lo sé, fui un idiota, pero escuché el nombre de alguien más y me enfadé. Soy patético, cómo te pude hacer sentir tan mal. Discúlpame, por favor.
Akane comprendió, ya que él siempre fue así con ella desde que se conocieron, ya que él siempre la protegió desde que era una pequeña. Luego cuando se volvieron a encontrar ratificó que lo que recordó de sus pocos momentos de la infancia no fue producto de su imaginación, pues él en verdad la protegió y desde ese instante no dejó que nadie la volviese a molestar. Insinuándole proposiciones de amor cuando ya él era su novio.
Saotome la amaba, así como ella lo hacía. Así que, sin problema comprendía. No obstante, esa escena la hizo un niño berrinchudo, un hombre con el alma de niño que no quería compartir ni en palabras a su ser más querido.
Tendō sonrió y después extendió sus manos para que él se le acercara. Ella se hizo a un lado invitándolo a que se sentara. Él no se negó; así que, rápidamente se sentó a su lado. Teniendo el cuidado de no lastimarla. Por lo tanto, mejor la acomodó en medio de él para que se recostara.
—Descuida, no tengo nada que disculparte. Simplemente para la próxima vez, cerciorarte primero de lo que estoy haciendo para evitar enfados innecesarios —le pidió, acariciando con sutileza el rostro de su esposo—. Puedes prometerme eso.
—Te lo prometo, mi amor. Te lo prometo —juró, besando la mano de la mujer que le quitó la razón. Ella con sus hermosos ojos lo contempló, mientras él se perdía en el brillo que estos mismos le obsequió—. Nunca más volveré a hacerte sin sentido una escena de celos.
—Eso espero. —Akane apoyó el rostro en el fornido pecho de su esposo, embriagándose con el aroma de su colonia. Una mezcla de cítricos que la volvían loca—. Ranma, ¿quieres ver con nosotras las fotografías de nuestra boda? Justo iba a enseñárselas a nuestra pequeña.
—Por supuesto que las quiero ver. Además, nuestra niña no ha escuchado las anécdotas de papá de todo lo que pasó ese día antes de llegar al altar donde se casó con mamá.
—Oye, ¿cuáles son esas anécdotas? —inquirió con curiosidad, pues ella no recordaba que él le hubiese comentado nada de lo que sucedió ese día—. Creo que alguien no me las ha contado tampoco a mí.
—Es que es una larga historia —susurró, abrazando a su mujer para acariciarle la hermosa barriga que albergaba lo que más amaba su corazón—. Verán, ese día…
Ranma develó detalle a detalle lo que pasó, bajo la atenta mirada de su mujer, y de su bebé que pateaba gustosa en su interior. Él esa y otras anécdotas les contó, hasta que, el sol se ocultó y la luna salió.
La hermosa luna que los acompañó en esa acogedora noche familiar que era solo de ellos. Solo de una hermosa familia que se amaría hasta la eternidad.
Fin.
Llegamos al final de la week y lo único que les quiero decir es gracias, gracias a los que me acompañaron leyendo, votando, comentando, siguiendo o marcando como favorita la historia.
Esta semana fue hermosa y eso fue porque hubo mucho amor para esta pareja. Un amor al que me quise sumar con esta pequeña historia que fue escrita con todo mi corazón.
En verdad espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado.
Los quiero y nos leemos en una nueva aventura para Ranma y Akane.
Con amor.
GabyJaeger
