- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ½", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.

Strangers on a train

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Capítulo VIII

"No soltaré tu mano"

Tres semanas y unos días habían pasado desde que habían realizado ese pacto en su cita del parque; tres semanas y para ella, "el inicio de una relación" como él le había llamado esa vez estaba resultando maravillosamente satisfactorio.

La relación con el artista marcial de la trenza había fluido de forma tan natural que le parecía casi irreal todo lo que estaba viviendo. Las cosas buenas no le sucedían a ella, porque estaba acostumbrada a que de un momento a otro algo pasara y derribara todo lo bonito que tenía. Por ese motivo, aunque ya llevaban tiempo de conocerse y de haberse embarcado en esa aventura juntos, ella todavía sentía temor a que algo ocurriera y reventara esa burbuja en la cual parecía encontrarse cuando estaba junto a él.

Y es que simplemente él la hacía feliz como nadie nunca lo había hecho antes, por eso esperaba con ansias los días y momentos en que podían verse, por eso sonreía espontáneamente cada vez que recibía un mensaje aunque fuera para decir un simple "hola", por eso se emocionaba cada vez que escuchaba su voz a través del teléfono y por eso no podía evitar el sonrojarse cuando alguien le hablaba o le preguntaba por él.

Sí, Akane Tendo ahora podía decir con toda seguridad que lo que había empezado como una atracción por un desconocido en un vagón de metro se había transformado rápidamente en algo de mayor envergadura. No quería darle un nombre a ese sentimiento porque le aterraba reconocer que ella, quien hacía tiempo se había desilusionado del amor y no soñaba con el príncipe azul con el que toda chica alguna vez había soñado, ahora se encontraba ilusionada con la perspectiva de querer a alguien y sentirse querida por ese alguien.

Suspiró llevándose a los labios el vaso de jugo que estaba degustando sin percatarse que sus dos acompañantes la observaban detenidamente para luego intercambiar una mirada traviesa entre ellas.

-Es definitivo, Yuka –escuchó a su amiga de pronto-, ese chico la ha embrujado.

-Sí, al parecer está demasiado deslumbrada por él –contestó la aludida asintiendo con un movimiento de cabeza.

-¿Qué? –dijo Akane mirando sorprendida a las dos muchachas que la acompañaban en la cafetería a la que habían decido pasar a compartir un rato antes de irse a sus respectivas casas aprovechando que ese día y por motivos que desconocían, la tienda en la que trabajaban había vuelto a cerrar antes de la hora habitual.

-Te estábamos hablando de lo que sucedió hoy con mademoiselle citrón y tú estabas en cualquier parte menos escuchándonos, Akane. Eso sólo significa que estabas pensando en él –sonrió triunfalmente su amiga Sayuri.

-No, se equivocan, yo no estaba…

-Akane –le interrumpió esta vez Yuka-, no es nada malo reconocer que el chico con el que sales te hace soñar despierta, al contrario, es algo bastante normal.

-Pero no es eso, yo sólo estaba… estaba…

-Pensando en él –completó Sayuri sorbiendo de su vaso de jugo.

-No estaba pensando en él… es decir, no en él precisamente, sino en cómo presentárselo a mi padre porque ya saben, el jueves irá a mi casa y no sé cómo reaccionará papá.

-¿No le has dicho a tu padre que estás en una relación con él? –preguntó Yuka. Akane negó con un movimiento de cabeza.

-No es que no se lo haya comentado, de hecho, sabe que tengo un amigo con quien nos hemos juntado de vez en cuando, pero… no le he dicho que él es más que mi amigo –reconoció.

-Primero –intervino Sayuri alzando su dedo índice-, "él" tiene un nombre, no es como si se tratase de "el que no debe ser nombrado" como el personaje malvado de los libros del mago de la cicatriz –continuó, haciendo sonreír a sus dos acompañantes-, y segundo, ¿crees que tu padre lo rechazará?

-Al contrario –afirmó Akane-. Creo que Ranma es todo lo que mi padre querría para mí, pero…

-Pero.

-Aún no le ponemos nombre a esta relación, formalmente no es mi novio y no sé cómo presentárselo –dijo un tanto acongojada-. Conocen a mi padre, él es bastante tradicionalista para algunas cosas y no sé cómo reaccionará al saber que llevo a casa a un "amigo" que conocí en un vagón de metro.

-Técnicamente ustedes ya no son amigos –acotó Yuka tomando con su cuchara una porción de su pastel de fresas-. Se conocen hace más de dos meses, entablaron ese "inicio de relación" hace poco más de un mes, te hace feliz y tú lo haces feliz a él, y el otro día te quedaste en su apartamento, ¿qué te impide pedirle que sea tu novio?

-¿Qué yo le pida…

-¡Esperen un momento! –exclamó Sayuri dando un golpe en superficie de la mesa-, ¿cómo que te quedaste en su casa?, ¿y yo no lo sabía?

-Olvidé contártelo –se defendió Akane ante la mirada acusadora de su chismosa amiga-. No esperes que te cuente todo lo que pasa con mi vida amorosa.

-Pero Yuka sí lo sabía –le reclamó.

-Me enteré por casualidad –dijo la otra chica encogiéndose de hombros.

-Como sea, cuéntanos que pasó entre ustedes, ¿hicieron travesuras?

-No pasó nada –reconoció cada vez más incómoda por el rumbo que estaba tomando aquella conversación.

-¿Cómo así? –inquirió Yuka ladeando su rostro-. Ese día estabas muy ilusionada, era la primera vez que irías a su casa supuestamente a ver una película y…

-¡Me quedé dormida! –exclamó en un tono demasiado alto que logró alertar a una pareja que conversaba en la mesa contigua-. Lo siento –se disculpó con ellos totalmente sonrojada.

-A ver si entiendo –dijo Sayuri cuando todo había vuelto a la calma-. Saliste con Ranma, te invitó a su casa y tú, teniendo a tu entera disposición a tu atractivo "no novio" ¿te quedaste dormida?

-Fue el miércoles pasado, tú te reportaste enferma, Sayuri, y Yuka puede decirte lo caótico que fue ese día para nosotras dos. Ni siquiera tuvimos tiempo para almorzar decentemente.

-Es verdad –corroboró su amiga-. Ese día la tienda estuvo repleta de gente desde temprano y mademoiselle citrón se esforzó por hacernos trabajar el triple. Apenas nos dio autorización para comer un sándwich en quince minutos.

-Sí, así que comprenderán que cuando Ranma pasó por mí yo estaba exhausta. Llegamos a su apartamento, preparó la cena, comimos y luego nos sentamos en el sillón a ver la dichosa película… creo que ni siquiera alcancé a ver la cuarta parte cuando me dormí acurrucada a él –contó abatida-. Cuando me desperté ya eran las nueve de la mañana, estaba en su cama, arropada con un suave y abrigador cobertor.

-¿Desnuda? –bromeó Sayuri.

-No –contestó su amiga indignada por la pregunta-. Me levanté y lo encontré en la cocina preparando el desayuno. Ranma había dormido en el incómodo sillón porque me cedió su cama cuando vio que me dormí, eso fue todo.

-Vaya –comentó Yuka-, o el chico es un verdadero caballero o simplemente no quiso exponerse a la tentación de hacerte compañía en esa cama.

-¡Yuka! –le amonestó Akane.

-Bueno, quedémonos con que es un caballero. Ahora volvamos al punto en discordia, tus hermanas han insistido en conocerlo de una manera más formal y él está de acuerdo, así que el problema es tu padre porque tus hermanas saben qué tipo de relación mantienes con Ranma, así que yo estoy de acuerdo con Yuka.

-¿En qué?

-Pídele a Ranma que sea tu novio, formalicen eso tan lindo que tienen y así se lo presentas a tu padre de una forma en la que todos queden conformes.

-Pero yo no puedo… además no sé si él quiera…

-Akane –la detuvo Sayuri una vez más-, nos contaste que prácticamente le pediste que fueran con calma porque tenías miedo y él estuvo de acuerdo, e incluso te dijo que quería que su relación se transformara en algo serio. ¿No te has puesto a pensar que esos mismos temores que tú le manifestaste sean los que le detienen para pedirte que formalicen su relación?

-¿Crees que sea eso?

-Por supuesto –contestó su amiga-, te ha dado tu espacio, ha ido a tu ritmo y según yo lo veo, no ha querido apresurar las cosas porque debe temer que en cualquier momento tú escapes de su lado.

-Pero si yo no…

-Él no tiene cómo saberlo y debe tener los mismos temores tuyos de pedirte que seas su novia, porque se nota que te quiere mucho y no está dispuesto a arriesgarse a perderte por apresurase, así que yo creo que lo que tienes que hacer es hablar mañana con él y preguntarle abiertamente si quiere ser tu novio antes de presentárselo a tu padre. Es eso o presentarlo con tu padre como tu amigo, aunque no sé si eso sea lo que Ranma querría.

-Sayuri tiene razón, deberías hablarlo con Ranma. Yo creo que él estará encantado de aceptar ser tu novio... A menos que seas tú la que no quiere…

-Sí quiero –dijo cortando la frase de su amiga-, es sólo que… nunca había sentido algo tan intenso por nadie y me asusta. ¿Se puede querer tanto a alguien en tan poco tiempo?

-Sí, si ese alguien es lo bastante especial para ganarse tú cariño y al parecer Ranma lo es para ti –declaró Sayuri-. Bueno, resuelto el problema, ahora sigamos en lo que estábamos, ¡detesto a esa arpía!, ¿les conté que quería hacerme trabajar el día de mi cumpleaños? ¡Esa maldita mademoiselle citrón! Hace un mes que negocié ese día para cambiarlo por mi día libre y ahora quiere desconocer nuestro acuerdo.

-Deberías hablar con el dueño.

-No creas que no lo he pensado pero justo hoy que iba a hablar con él, ella nos envía a casa temprano y…

Las chicas siguieron conversando y quejándose de su supervisora, pero ella ya no las escuchaba, se había vuelto a perder en sus pensamientos. Sus amigas tenían razón, debía hablar con Ranma y aclarar su situación porque si de algo estaba segura era que ya no sólo gustaba de él, ahora le quería y estaba dispuesta a arriesgarse a pesar de todos sus miedos.

El día siguiente pasó tan rápido para la chica de azulados cabellos que cuando llegó la hora de la salida, ella todavía se encontraba separando unas cajas dentro de la bodega de la tienda, por lo que se sorprendió cuando escuchó a una de sus amigas indicarle que ya era hora de irse a casa. No pudo evitar sonreír cuando también le dijo que había alguien esperándola a la salida de la tienda. Y es que con el paso de los días, Ranma había tomado por costumbre el ir a buscarla de vez en cuando a la salida de su trabajo para luego de compartir un rato, acompañarla hasta su casa. No era que todos los días él pudiera pasar por ella a la tienda, pero cuando el tiempo le favorecía y veía que podía alcanzar a llegar antes que ella se fuera a su casa, se esforzaba sólo para permanecer un rato juntos y luego la acompañaba a su casa.

Akane se apresuró y salió junto a sus amigas, encontrándose de frente con el artista marcial de la trenza quien la esperaba de pie, con una mano en su bolsillo y la otra tras su espalda sosteniendo su bolso de deportes.

-Hola, chicas –saludó sonriendo de medio lado.

-Hola –contestaron las amigas de Akane devolviéndole la sonrisa al joven.

Ella avanzó dubitativamente un par de pasos y de pronto se sintió empujada por una mano hacia el joven, quien en una rápida reacción logró atrapar el cuerpo de la chica y envolverla en un abrazo. Akane sólo pudo levantar su rostro sonrojado hacia el joven que la miraba de forma divertida, luego volteó el rostro frunciendo el ceño.

-¡Sayuri! –exclamó molesta.

-Sólo te di un empujoncito para que saludaras a tu novio –dijo con intención para así recordarle que debía hablar con Ranma-. ¿Nos vamos Yuka? –terminó de decir mirando a su amiga.

-Sí –contestó la aludida haciendo un gesto de despedida con una de sus manos-. Nos vemos el viernes, Akane. Adiós, Ranma.

-Nos vemos, chicos –se despidió la otra muchacha sonriéndole a la chica de azules cabellos con complicidad.

-Nos vemos –contestó Ranma separándose de Akane.

-Esa Sayuri me las pagará –declaró Akane viendo cómo sus amigas se alejaban riendo alegremente.

-¿Por qué? –preguntó su acompañante mirándola con curiosidad-, ¿no tenías intenciones de saludar a tu novio?

En ese momento ella sintió cómo toda su sangre parecía agolparse en su rostro, por lo que esquivando los ojos de Ranma comenzó a caminar en silencio. Él la siguió sin atreverse a dirigirle la palabra hasta que la escuchó hablar muy bajito.

-¿Eso es lo que somos?

-¿No quieres ser mi novia? –le escuchó preguntar en un susurro.

Ella detuvo inmediatamente su andar pausado y le observó directamente a los ojos, sin embargo, él se encontraba mirando hacia un costado, esquivando el contacto visual. Notó la inquietud reflejada en ese rostro que ella ya conocía tan bien y no pudo evitar recordar las palabras que Sayuri le dijera el día anterior.

-Tiene miedo a mi reacción –reflexionó-. Mis propios temores le impiden avanzar y se siente inseguro.

Se acercó a él y tomó su mano entre las suyas. Él la observó y ella le regaló una dulce sonrisa.

-No me lo habías pedido –dijo finalmente acariciando con su pulgar el dorso de la mano de él.

-¿Quieres que yo…

-No es necesario –le interrumpió negando con un suave movimiento de cabeza-. Sé que lo que sientes por mí es tan intenso como lo que yo siento por ti y si tenemos que ponerle un nombre para que todos se enteren qué tipo de relación nos une, entonces sí, quiero ser tu novia, Ranma.

Lo vio sonreír y luego elevar su mano con las de ella entrelazadas para posteriormente depositar un leve roce de sus labios en el dorso de la suave mano de ella.

-Vamos, te acompaño a tu casa –dijo avanzando con sus manos entrelazadas.

-¿No piensas soltarme la mano? –cuestionó esbozando una tierna sonrisa.

-Nunca –contestó mirándola de soslayo-. Aunque estemos separados físicamente, ten la seguridad que nunca te soltaré, Akane, a menos que tu así lo quieras.

-No quiero –confesó afianzando el agarre de sus manos-. Yo tampoco quiero soltarte nunca, Ranma.

Lo vio sonreír, sin embargo, siguió guiándola en silencio hacia la estación de metro. Ella fue consciente de las miradas un tanto reprobadoras de algunos transeúntes que se cruzaban en su camino, la mayoría personas mayores, pero eso no le importó, siguió caminando tomada de la mano de su novio… "su novio", que agradable se escuchaba eso. Sonrió ampliamente y se reprendió mentalmente, porque después de todo había resultado tan fácil el formalizar aquella relación que la tenía en las nubes, que ahora ella pensaba que había exagerado en sus recelos, porque para él había resultado tan sencillo solucionar ese problema… una simple pregunta, eso era todo y ella no se había atrevido a hacerla, pero él sí y con ello le había ayudado a solucionar el gran conflicto que se había instalado en su cabeza.

Cuando llegaron a la estación de metro ella no podía dejar de sonreír; era como si todo a su alrededor hubiera adquirido nuevos y brillantes colores, ¿era eso la felicidad? No, para ella la felicidad se componía de pequeños momentos gratos que le daban una sensación de bienestar, pero con Ranma, ella podía decir que su existencia se estaba llenando de esos pequeños momentos, por lo tanto, podía afirmar que estar a su lado estaba contribuyendo a que ella se sintiera feliz.

Dio un paso para bajar la escalera y se sintió un poco culpable al ver el rostro desencajado del guardia que siempre la saludaba en el metro y que ella sabía se sentía atraído por su persona. Él joven la había visto un par de veces ingresar a la estación acompañada por el artista marcial de la trenza, pero era la primera vez que ellos iban juntos de verdad y encima, tomados de la mano. Lo vio fruncir el ceño y regalarle una mirada furibunda a su acompañante quien sólo afianzó su agarre, acercándola aún más a su lado.

-¿A qué hora sería prudente estar en tu casa mañana?

Akane parpadeó sorprendida ante el movimiento y la pregunta imprevista de su acompañante, y, cuando pudo apreciar parte de su rostro, vio que se encontraba mirando fijamente al guardia del metro y sus ojos habían adquirido la frialdad del acero.

-A las cinco sería una buena hora –contestó un tanto desconcertada por la extraña situación.

Confundida, se apresuró en bajar las escaleras para llegar al nivel del andén lo más rápido posible. ¿Existía la probabilidad que el artista marcial se hubiera percatado del interés que por ella demostraba el guardia del metro?, seguramente sí porque de lo contrario no hubiera demostrado esa posesividad ante un completo desconocido. Quizá sus amigas tenían razón y ella era más despistada de lo que pensaba. No fue hasta que estuvieron dentro del vagón del metro que Akane volvió a sentir que Ranma se relajaba y comenzaba una distendida y alegre conversación. Ella también pudo calmarse y reír con cada anécdota que él le relataba, hasta que llegaron a la estación en donde debían bajar. Una vez salieron del metro, ella nuevamente sintió cómo él se apoderaba de su mano y caminaba sin prisa en dirección a la casona, conversando de todo y de nada a la vez, hasta que estuvieron a escasos metros del gran portón de su casa.

-Entonces, ¿me presentarás ante tu padre como tu novio o debo pedir su autorización formalmente? -preguntó de pronto.

-No seas bobo –dijo riendo-, por supuesto que te presentaré como mi novio, de hecho, era una de las cosas que me preocupaba pero tú mismo resolviste ese problema hace un rato –terminó de decir mirándolo de soslayo.

-No fue nada romántico ¿no?

-No me interesa si fue romántico o no lo fue, lo que me importa es que esta relación es tan importante para ti como para mí.

-Para mí siempre ha sido importante, Akane –le dijo deteniéndose justo unos pasos antes de llegar a las puertas de la casona de la chica.

Lo vio acercar sus dedos a sus cabellos para acariciarlos y le sonrió enternecida al percatarse de la sincera y profunda mirada que él le dedicaba.

-Qué bueno porque yo… creo que ya puedo decir que no sólo me gustas, Ranma.

Su confesión encubierta pareció sorprender por unos segundos al artista marcial, pero luego le regaló una espontánea sonrisa y sus ojos brillaron con intensidad, volviéndose aún más azules.

-El sentimiento es mutuo, yo… descubrí que hace semanas yo te…

Se puso de puntillas y rápidamente sorprendió al muchacho con un imprevisto roce en los labios. Akane no se pudo explicar si su reacción fue por temor a escuchar sus palabras o porque realmente quería que esa declaración se produjera en un momento especial y no en medio de la calle, afuera de su casa. Lo cierto es que las palabras murieron en los labios del chico y se sintió triunfadora cuando se percató que él se abrazaba a su cintura y correspondía a su demandante beso.

-Debo entrar a casa –dijo apenas separándose de él.

-¿Y si yo no te dejo? –susurró acariciándole la mejilla con su nariz.

-¿Qué harás para impedírmelo?

-Esto –contestó atrapándola nuevamente entre sus brazos para arrebatarle un nuevo beso, esta vez mucho más apasionado que el anterior.

-Deberías dejarme ir porque de lo contrario, alguien puede salir de mi casa y mañana sí tendrás que darle una explicación formal a mi padre.

-Está bien –le escuchó decir no muy convencido-. Sólo porque sé que mañana podré verte de nuevo.

-Hasta mañana -dijo soltándose lentamente de su abrazo para retroceder un par de pasos.

-Hasta mañana –contestó esperando hasta que ella desapareciera tras el portón para reanudar el camino hacia su casa.

Akane permaneció un par de minutos apoyada sobre la madera del gran portón de entrada a su casa, sonriendo ante cada recuerdo reciente que venía a su mente y tratando de convencerse a sí misma de que todo lo que estaba viviendo era real, que ese nivel de amor existía y que ella tenía tanto derecho como cualquier otra chica a compartir una relación casi perfecta con el chico a quien debía reconocer, quería intensamente.

Exhalando un suspiro comenzó a avanzar por el camino de piedras hacia la puerta de su hogar, debían estar esperándola y ella también quería aprovechar la instancia para afinar un par de detalles con su familia antes de que al día siguiente se presentara Ranma en su casa, por lo que con esa resolución ingresó a su hogar anunciando su llegada en la entrada.

El siguiente día llegó tan rápido que a media mañana ella ya se encontraba bastante inquieta. Cierto que sería una reunión distendida, pero sabía que su hermana mayor, en su afán de ser una buena anfitriona, haría todo lo posible por agasajar a su invitado. Ella había insistido en que no se esforzara y que con una taza de té y algunos bocadillos bastaría para atender a Ranma, pero comprobó que Kasumi no acataría su petición cuando la vio llegar del mercado cargada de bolsas y comenzar a preparar alegremente platillos que no le veía preparar hacía años, por lo que resignada, esperó que sus palabras hubieran sido mejor recibidas por su hermana Nabiki y por su padre, aunque de su hermana podía esperar cualquier cosa. Sólo confiaba que no se le ocurriera atosigar a Ranma con preguntas y tampoco lo hiciera pasar un mal rato con sus ácidos comentarios pero… Nabiki era Nabiki y no cambiaría su forma de comportarse sólo porque ella se lo solicitara.

No fue hasta cuando vio a su padre que una mezcla de alegría y angustia se apoderó de ella, puesto que el veterano artista marcial puso toda su energía en limpiar el viejo dojo de su propiedad sólo para exhibirlo ante Ranma con el orgullo propio que un experimentado maestro en las artes ostentaría. Si bien para la menor de las hijas de Soun Tendo resultaba un tanto incomodo el comprobar el entusiasmo que había generado en su padre la confesión de su verdadera relación con Ranma, lo cierto es que ver ese entusiasmo también le transmitía seguridad porque intuía que su padre aceptaría de inmediato a su novio. Su padre se había ilusionado muy rápidamente cuando ella le había contado que había estado viéndose con un amigo que posteriormente se había transformado en su novio y que era un extraordinario exponente de las artes marciales; el hombre prácticamente había saltado, reído y llorado a la vez ante la perspectiva de contar por fin con un sucesor que fuera capaz de hacerse cargo de su alicaído dojo y eso fue lo que encendió todas las alarmas en el cerebro de su hija menor. Fue necesario solicitar la ayuda de sus dos hermanas para calmar a su padre y hacerle entender que el que ella estuviera saliendo con Ranma no quería decir que se fueran a casar en un futuro próximo, por lo que confiar en que el joven se transformaría en su sucesor inminente no sería una buena idea para nadie, porque quizás incluso terminaría ahuyentando al posible candidato. Su padre pareció entenderlo, pero el que estuviera poniendo tanto empeño en dejar reluciente ese viejo salón de entrenamiento sólo con el pretexto de mostrarle el lugar a Ranma mantenía a Akane en un permanente estado de alerta y nerviosismo.

Mientras más se acercaba la hora en la que había citado a Ranma a su casa, los nervios más la dominaban porque veía cómo su familia no hacía nada por comprenderla y mucho menos comportarse de una forma medianamente normal. Su padre, siempre sereno, ahora se había comenzado a pasear como un condenado a muerte por el espacioso jardín de su casa. Su hermana Nabiki, en vez de haber permanecido estudiando en su habitación como era habitual o viendo algún programa frente al televisor, había decidido sentarse muy a gusto en la veranda que daba al jardín comiendo unos snacks mientras contemplaba divertida el paseo incesante de su padre. Y su hermana Kasumi iba y venía de la cocina a la sala observando como una posesa si todo estaba ordenado y limpio, si debía cambiar algo en el orden de las cosas o si era suficiente con los bocadillos que había preparado para agasajar a Ranma.

Akane simplemente se preguntó por enésima vez en ese día si había sido una buena idea el invitar a Ranma a su casa, porque si su familia se seguía comportando de aquella forma, estaba segura de que su novio pensaría que en esa casa estaban todos locos o lo que era mucho peor, desesperados por encontrarle un esposo. Exhaló un suspiro cansino justo en el momento en que su teléfono repiqueteaba en la mesita del comedor, llamado la atención no sólo de ella, sino de sus tres acompañantes quienes la miraban como si fueran bestias acechando a su presa. Ella se puso de pie sin decir una palabra y con el aparato en la mano salió corriendo a toda velocidad hacia la entrada de la casa en donde cerró el portón tras de sí con un fuerte golpe.

-¡Acompáñame! –le dijo al sorprendido chico que esperaba afuera de la casona, mientras ella tomaba una de sus manos y comenzaba a correr guiándolo hacia la calle más próxima.

-¿Qué ocurre? –le escuchó preguntar.

-Sólo sígueme –contestó.

Cuando estuvo segura que nadie de su familia la había seguido se detuvo a la vuelta de la esquina.

-¿Tienes algún problema? –inquirió Ranma mirándola con preocupación.

-No, sí… es mi familia –reconoció finalmente-. Están todos vueltos locos por conocerte, por hablar contigo y creo que más de alguno cometerá una indiscreción. No quiero que te lleves una mala impresión de ellos, pero desde que saben que estamos saliendo y que van a conocerte ellos simplemente… ¡enloquecieron!

-¿Cómo?, ¿por qué?

-Te hablé sobre Nabiki y su odiosa manía de enterarse de todo; bien, sé que ella está planeando acribillarte a preguntas para satisfacer su curiosidad, lo sé porque durante todos estos días ha estado asechándome y no es la primera vez que hace algo así cuando conoce a alguien, lo hizo cuando mi hermana mayor trajo al que será su esposo.

-Puedo soportar un cuestionario de tu hermana, Akane, no te preocupes por eso.

-No es todo, Kasumi es una persona muy dulce, pero hace tanto que no me ve tan feliz con alguien, que está exagerando en sus atenciones y te hará probar todo, absolutamente todo lo que preparó para demostrar que eres bien recibido en nuestra casa y que está agradecida porque estemos juntos y créeme, preparó comida como para un regimiento y…

-¿De verdad eres feliz conmigo, Akane? –le interrumpió sonriendo de medio lado, ella asintió con un suave movimiento de cabeza y totalmente sonrojada-. Entonces no hay problema, sabes que vengo de dar clases todo el día y estoy hambriento, así que no me importará comerme toda la comida que preparó tu hermana.

Akane permaneció mirándolo en silencio unos segundos; los ojos azules brillaban y sonreían tal y como lo hacían sus labios. Le devolvió una tímida sonrisa y bajó la mirada.

-Papá es el peor –afirmó-. Está tan ilusionado con conocerte, que me da miedo que cometa una imprudencia.

-¿Imprudencia?

-Sí, te conté que es un artista marcial ya retirado pero cuando se enteró que mi novio practicaba las artes marciales, fue como si le hubiese dicho que me había ganado la lotería. Generalmente es un hombre serio pero se puso como un loco porque piensa que su deseo se hará realidad y que pronto, tú te convertirás en su… no quiero que salgas corriendo espantado y quizá… quizá ya no quieras volver a verme porque él puede pedirte que…

-Akane, cálmate –le interrumpió posando sus manos suavemente sobre sus hombros-. Sea lo que sea que tu padre diga o haga no conseguirá alejarme de tu lado.

-Ese es el problema –confesó angustiada-. Él haría cualquier cosa por conseguir que permanezcas a mi lado… para siempre –dijo esquivando sus ojos azules-. No quiero que te sientas comprometido conmigo y créeme que él hará de todo para que tú…

-Espera un momento, con eso de permanecer a tu lado para siempre quieres decir que… ¿quiere que nos casemos?

-¡Eso es precisamente lo que quiero evitar! ¡No quiero que pienses que quiero que nos casemos! –explotó casi llorando-, pero seguramente ellos te lanzarán indirectas y sacarán el tema a colación y te acosarán con ese asunto porque piensan, piensan que…

-Cálmate –volvió a interrumpirle, esta vez envolviéndola en un abrazo-. Por todo lo que me cuentas tu familia no es muy distinta de la mía –sonrió acariciando sus sedosos y azulados cabellos-. No sabemos qué pasará más adelante entre nosotros, pero cualquier cosa que diga tu padre o tus hermanas no será motivo para que yo huya de tu lado porque yo también soy muy feliz contigo y creo que te dije que nunca te soltaría. El que tu familia se comporte de esa forma contigo sólo me confirma lo mucho que te quieren, Akane.

-Entonces, ¿no te asusta el que en tu primera visita a mi casa ya te empiecen a molestar con bromas y comentarios inoportunos?

-No, porque te aseguro que mi madre y mi padre harían lo mismo contigo si te conocieran –contestó sonriéndole al hacer contacto con la acongojada mirada que le devolvía ella-. Además, quién te dice que más adelante no podamos cumplir el deseo de tu padre.

Ella abrió mucho los ojos al entender lo que significaban sus últimas palabras, pero no pudo decir nada puesto que él había acortado la distancia mínima que los separaba robándole un beso que la hizo callar.

-Ahora, te propongo que volvamos a tu casa o ellos pensarán que me escapé contigo para no conocerlos y eso sí que me asusta porque seguramente no me dejarían verte nunca más –dijo tomándola de la mano para hacerla avanzar.

Akane suspiró y se dejó conducir en silencio sin poder evitar que una soñadora sonrisa adornara sus labios. ¿Realmente todo eso le estaba sucediendo a ella o era una ilusión y el maravilloso chico que iba a su lado desaparecería en cualquier momento, rompiendo ese hechizo y dejándola desamparada una vez más? Esperaba que no, esperaba compartir por mucho tiempo ese cariño que había nacido entre los dos, esperaba que sus palabras algún día se hicieran realidad y se veía junto a él forjando un futuro repleto de amor y felicidad. De momento no le quedaba otra cosa que hacer más que volver a su casa y esperar que aquella reunión no se transformara en un desastre, aunque confiaba en que su novio no permitiría que eso ocurriera, porque se lo había dado a entender y porque, aunque ella no le hubiera permitido expresárselo el día anterior, sabía que él la quería, tal y como ella lo quería a él.

Cuando finalmente Akane presentó formalmente a Ranma a la familia, sus dos hermanas y su padre se comportaron de una forma que ella jamás se imaginó, dejando de lado los interrogatorios, los comentarios incómodos y las bromas pesadas. Lo que no sabía la chica de azulados cabellos, pero se enteraría después, es que luego de que ella saliera disparada de su casa cuando había llegado su novio, ellos habían conversado y había sido Kasumi quien había puesto algo de cordura, haciéndoles prometer a su hermana menor y a su padre que no harían nada que pudiera avergonzar a Akane frente a su novio, puesto que si hacían algo así, probablemente el chico no quisiera volver nunca más a esa casa y todos terminarían perdiendo, empezando por Akane. Así que cuando Ranma se presentó ante la familia, todos se comportaron amables con él y llevaron una conversación fluida y amena que tranquilizó a Akane y le dio confianza a Ranma.

Luego de degustar los deliciosos platillos que había preparado Kasumi y de conversar animadamente con Nabiki, fue el padre de Akane quien junto a su hija menor le hizo un recorrido a Ranma por todo el primer piso de la gran casona, mostrándole el cuidado jardín y el tesoro más preciado para Soun Tendo, el dojo.

-Este es mi orgullo, Ranma –dijo el señor Tendo abriendo de par en par las puertas del gran salón de entrenamientos-. Akane te debe haber contado que yo ya no lo utilizo para dar clases y actualmente no tengo ningún discípulo, pero me gustaría que algún día este salón volviera a ver acción.

-Es un lugar espectacular –contestó Ranma mirando verdaderamente admirado y dichoso el lugar-. Yo doy un par de clases en dos dojos de la ciudad, pero ninguno se compara a lo magnífico que es este, señor Tendo.

-Quizás algún día te interese dar clases aquí también –dijo el hombre sin pensar, ganándose una mirada furibunda por parte de su hija que lo hizo retroceder un paso-. Digo, como te dedicas a enseñar, podrías ejercer como sensei en este lugar… sin ningún compromiso, claro está.

-¿Lo dice en serio?

-Claro, eres el novio de mi hija menor y yo… no te estoy obligando a nada… nada de nada y no pienses en una unión o un compromiso o algo que tenga que ver con…

-¡Papá! –le amonestó su hija.

-No estoy hablando de nada que te comprometa, hija, yo sólo…

-Tendría que pensarlo y acomodar mis horarios –dijo de pronto Ranma sacando a padre e hija de su incipiente discusión-. Es decir, si usted realmente quisiera que este dojo tenga alumnos y me deja ayudarle con las clases, yo no tendría inconvenientes en hacerlo.

-¿Quieres decir, algo así como una asociación?

-Claro. Usted pone el recinto y yo pongo mi experiencia como maestro. Ambos ganamos y quién sabe, quizás es lo que falta para que usted vuelva a practicar y a enseñar. Ver este fabuloso recinto cobrar vida una vez más le daría energía, ¿no lo cree, señor?

-Sí -contestó el padre de Akane alargando la sílaba-. ¡Eso es justo lo que necesita este lugar! Ranma, prepararé todo, tú sólo tienes que avisarme desde cuándo podrías empezar a enseñar y yo me haré cargo de correr la voz y conseguirte discípulos y…

-Papá, creo que te estás apresurando -interrumpió Akane observando a su padre con reprobación.

-No, está bien, Akane -dijo Ranma-. Yo puedo arreglármelas para dar algunas clases aquí y así, con el tiempo, tu padre podrá dar otras y este lugar renacerá. Confía en mí.

-Pero Ranma, esto es demasiado compromiso, para ti y para mi padre, además, es muy apresurado y…

-No será a partir de mañana, si es lo que te preocupa -rebatió el joven-. Como dije, antes tendría que arreglar mis horarios y también, solucionar unos cuantos asuntos. No te lo había dicho, pero pronto tengo que realizar un viaje a China junto a mi padre y eso implicaría una dificultad. Si todo sale bien, yo diría que en un mes más podríamos concretar nuestra asociación, ¿está de acuerdo señor Tendo?

-Por supuesto, cuando tú digas -expresó el hombre sonriendo tan alegremente como su hija no recordaba haberlo visto sonreír en años-. Ahora los dejo porque entre mis hijas y yo ya los hemos acosado bastante. Akane, no pudiste haber escogido un mejor novio que Ranma -terminó de decir dándole un golpecito amistoso al joven en la espalda cuando pasó por su lado.

Lo vieron avanzar por la veranda silbando una alegre melodía y dando pequeños saltitos de vez en cuando. Akane exhaló un suspiro y miró a sus pies totalmente turbada por lo que había sucedido momentos antes. Cuando sintió que él la rodeaba por los hombros con uno de sus brazos, dio un respingo y levantó inmediatamente el rostro para enfrentarlo.

-No debiste hacer eso.

-¿Qué cosa?

-Ilusionar a mi padre con una posible reapertura del dojo.

-Yo no lo ilusioné, sólo le propuse un trato que estoy dispuesto a cumplir, Akane.

-¿Hablas en serio?, ¿de verdad pretendes dar clases en este dojo?

-No se lo hubiera sugerido si no hubiera estado dispuesto a hacerlo.

-Pero eso de una u otra forma te compromete -dijo alejándose unos pasos para detenerse al centro del recinto-. Ranma, si lo nuestro no funciona, si en algún momento dejamos de estar juntos, el que trabajes aquí será un problema y yo no quiero ver a mi padre decepcionado.

-¿Todavía tienes miedo… a pesar de todo lo que hemos avanzado en esta relación, Akane? -preguntó acercándose a ella hasta quedar de frente.

-No es eso, es sólo que… las parejas discuten, tienen problemas y muchas veces se separan -dijo mirando directamente al piso-. ¿Qué pasa si nosotros…?

-Piensas demasiado en todo -sentenció acunando el rostro femenino entre sus manos-. Akane, es sólo cuestión de separar las cosas. Una cosa es la relación que mantengo contigo y otra muy distinta es el trabajo que realizaré junto a tu padre. Ahora, lo que me preocupa de verdad es saber que tú estés pensando constantemente que en cualquier momento nuestra relación se puede romper.

-Eso es porque nunca había vivido algo tan lindo… con nadie y me da miedo perderlo, es todo -reconoció en un susurro tratando de esquivar la mirada de él.

Ranma no dijo nada, sólo bajó sus manos y la envolvió en un abrazo apretado que ella no tardó en corresponder.

-Escucha, tienes razón, las relaciones de pareja no pueden ser siempre felicidad, eso es un hecho; seguro que algunas veces tendremos dificultades, pero al menos yo te prometo que si surge algún problema en el futuro, pondré todo de mi parte para solucionarlo, porque yo me niego a perder esto tan lindo que tenemos y que me hace tan feliz. No soltaré tu mano, Akane, recuérdalo.

-Yo tampoco soltaré la tuya -dijo separándose para verlo a los ojos-. ¿Esto es un nuevo trato?

-Creo que sí -contestó acariciándole la mejilla con una de sus manos-. ¿Y lo sellaremos?

-Por supuesto -contestó sonriendo para dejar que él cubriera sus labios con los suyos.

No hubo más palabras por el momento, sólo la promesa de cuidar de ese sentimiento que ambos estaban descubriendo juntos y al que ninguno estaba dispuesto a renunciar.

Un par de horas después, cuando Ranma se retiró de la casa después de haber pasado una agradable velada en compañía de la familia de Akane, la chica de azulados cabellos se retiró a su habitación no sin antes agradecerle a los integrantes de su impredecible y atolondrada familia por comportarse de tan buena forma con su novio.

En la soledad de su cuarto y con la tranquilidad que le daba el que Ranma no hubiera salido arrancando despavorido después de haber conocido a su familia se dedicó a repasar en su mente todo lo que había vivido aquel día y sonrió al recordar el nuevo pacto que habían hecho al interior del dojo de su familia.

Metafóricamente ambos habían prometido que pasara lo que pasara en un futuro, ellos lucharían por defender aquella relación, así tuvieran que enfrentar muchas dificultades… porque ninguno de los dos estaba dispuesto a soltar la mano del otro. Sólo el tiempo diría si ese lazo que había nacido entre ellos era tan fuerte como para no romperse. De momento, ella se dedicaría a soñar con ese idilio que cada día la hacía más y más feliz.


Notas finales:

1.- Hola, otro capítulo de esta historia para quien siga interesado en ella. No me extenderé mucho esta vez, sólo quiero agradecer a quienes dejaron algunas palabras con anterioridad, de verdad muchísimas gracias. A: James Birdsong, nancyriny y a Benani0125, muchas, muchas gracias por comentar.

Será hasta una próxima actualización.

Un abrazo, que estén muy bien.

Madame…