Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Hidden Truths" de la Saga "Perfectly Imperfect" de Neva Altaj, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.


Capítulo 12

Jane

Recorro el gran salón con los ojos muy abiertos, admirando las gigantescas lámparas de cristal y los adornos dorados de las paredes, y luego me enderezo el vestido cohibida. Me siento completamente fuera de lugar. Me vuelvo hacia mi lado y miro a Felix, quien está de pie junto a mí, observando a la multitud.

Normalmente lo veo con jeans y camiseta, pero ahora lleva una camisa de vestir gris y un traje negro hecho a medida que le sienta como un guante. Está devastadoramente apuesto.

—Dejemos el dinero y perdámonos —murmura.

Caminamos hacia la mesa cubierta con un mantel de seda blanco y arreglos florales. Dos hombres con trajes caros están de pie junto a ella, hablando con un grupo de mujeres risueñas con vestidos elegantes. Cuando nos acercamos, decido quedarme unos pasos atrás y observar a Felix mientras estrecha la mano de los hombres. Intercambian algunas palabras y luego Felix saca un sobre, supongo que, con un cheque, y lo coloca en la mesa delante de una mujer que recoge los donativos. El hombre de su izquierda, un calvo de baja estatura con un traje demasiado ceñido a la cintura, sonríe y toca a Felix en el hombro. Felix asiente, agacha la cabeza y le susurra algo al oído, y el tipo sonríe.

—¿Qué le has dicho? —pregunto cuando Felix vuelve.

—La cantidad escrita en el cheque

—Basado en su sonrisa, asumo que fue una muy agradable.

—Un millón.

Mis ojos se abren de par en par.

—Guau.

—Sí. Jugar limpio con las autoridades suele salir caro. —Asiente hacia la salida—. Vamos. Los políticos siempre me dan escalofríos. Cuando lleguemos a casa, podemos agarrar la moto y dar un paseo.

Según cruzamos el vestíbulo, mis ojos se posan en un hombre hablando con una mujer en un rincón. Me resulta vagamente familiar, pero no consigo situarlo. No debería conocer a nadie aquí. En su mayoría son funcionarios de alto nivel, no son personas con las que yo habría entrado en contacto. Sacudo la cabeza. Tal vez me recuerda a alguien. Estamos en la puerta cuando me doy cuenta y me detengo en seco.

—Mierda —murmuro.

—¿Qué pasa?

—¿Estaba Jacob Swan en la habitación?

—Sí. ¿Por qué?

—Visitó a mi padre unos días antes que llegara Diego. Era algo relacionado con los negocios. Estaba en el complejo y me vio de pasada. ¿Qué está haciendo aquí?

Felix me coge del antebrazo y me hace girar hacia él—. ¿Te ha reconocido?

—No lo creo. Estaba hablando con alguien.

Me observa durante unos segundos, luego saca las llaves del coche de su bolsillo y me las entrega—. Espérame en el coche.

—¿Por qué?

—Necesito tener una pequeña charla con Swan.

Por la mirada asesina que tiene, no creo que piense limitarse a hablar.

—No es necesario. Si me hubiera visto, probablemente habría dicho algo.

—No voy a arriesgarme.

—¿Vas a hablar con él?

—Sí.

—Bien. —Asiento y lo observo mientras vuelve a entrar en el vestíbulo, y luego me dirijo al exterior.

Dentro del coche, paso unos veinte minutos configurando el teléfono que me dio Felix antes de ir a la fiesta. Me lo puso en la mano y me dijo que había programado sus números y los de Sirius. Me sorprendió muchísimo. Supongo que ya no cree que haya riesgo de fuga.

Estoy respondiendo al correo electrónico de Regina, el undécimo consecutivo, para asegurarle que estoy bien, cuando la puerta del conductor se abre y Felix entra.

—Swan no te ha visto —dice y arranca el coche.

—¿Estás seguro?

—Ahora sí. —Felix sonríe.

Al dar marcha atrás, observo que una figura masculina se tambalea por la salida de servicio, sujetando su brazo por el centro, y se dirige a uno de los coches aparcados. Se sostiene de la puerta del coche y luego mira en nuestra dirección.

—Jesús, Felix —suelto—. Dijiste que solo ibas a hablar con él.

—Hemos hablado. Dijo que le resultabas familiar. —Se encoge de hombros—. Lo convencí que estaba equivocado. Ahora está absolutamente seguro que nunca te vio.

—¿Es este tu modus operandi habitual?

Gira la cabeza para mirarme, se acerca a mí con la mano y me traza una línea a lo largo de la barbilla—. No. Si fuera cualquier otro, me habría deshecho de él. La única razón por la que aún respira es porque es el cuñado de Ben.

—¿No crees que es un poco extremo?

Felix detiene el coche frente a un lavadero cerrado, luego me agarra por la nuca y se inclina hacia mi—. Eliminaré a cualquiera que pueda suponer la más mínima amenaza para ti, Jane. Si, aunque sea por un segundo, sospechara que te ha reconocido, estaría muerto.

—Felix ...

—Nadie. Amenaza. Tu. Seguridad —muerde—. ¿Entendido, Jane?

Parpadeo, luego asiento.

—Bien —dice, apretándome el cuello y pegando su boca a la mía.

Respiro. Vuelve a llevar esa fragancia, la que perturba mi cabeza. Agarrándome a sus hombros, me subo a su regazo y aprieto mi núcleo contra la protuberancia de sus pantalones. En el momento en que siento su dura polla contra mi coño, que ya cosquillea, un escalofrío recorre mi cuerpo.


Felix

Mi polla está tan dura que siento que va a explotar, y el hecho que Jane la roce con su coño lo hace cien veces peor. Deslizo las manos por su cuerpo, recojo la tela de su vestido en ambas manos y se lo subo hasta la cintura. Agarrando su nuca con una mano, deslizo la otra entre nosotros y presiono con mis dedos sus bragas, encontrándolas completamente empapadas.

—Tan jodidamente húmeda para mí. —Muevo sus bragas a un lado e introduzco mi dedo en su interior.

—Nos van a arrestar. —Jane jadea y gime cuando añado otro dedo. Entonces, empieza a mover sus caderas, montando mi mano.

—Mi zorrita codiciosa... —susurro en su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja—. ¿Es suficiente mi dedo, o quieres más?

—Más. —Respira y luego gime cuando le pellizco el clítoris.

—No tengo un condón aquí, nena. Pero, me hago la prueba regularmente. Estoy limpio.

—Estoy tomando anticonceptivos. Me puse la inyección el mes pasado. —Jane me asegura, y luego vuelve a gemir.

Entierro mi cara en su cuello, inhalando su aroma, y busco el botón de mis pantalones justo cuando mi teléfono empieza a vibrar en el salpicadero. Luego suena. Es la melodía de 'Gangsta's Paradise' de Coolio, el tono de llamada específico para las llamadas de Jasper.

Joder. Levanto la cabeza del cuello de Jane y busco el teléfono, manteniendo mi mano ocupada con su coño.

—Ahora no, Jasper —digo y corto la llamada. Empieza a sonar de nuevo.

Empujo mis dedos más profundamente dentro de Jane y tomo la llamada.

—Es la primera y la última vez que me cuelgas —ladra Jasper—. ¿Lo has entendido?

—¿Qué pasa? —Coloco el teléfono entre mi hombro y mi barbilla, y procedo a masajear el clítoris de Jane con el pulgar, mientras deslizo los dedos de la otra mano hacia dentro y hacia fuera.

—O'Neil acaba de llamar —dice Jasper.

—Interesante. —Pellizco ligeramente el clítoris de Jane y sonrío cuando gime—. ¿Qué quería el irlandés?

—Quiere reunirse. Esta noche. Tienen un acuerdo con los rumanos para un cargamento de armas que ha acabado siendo mayor de lo esperado, y querían ver si estamos interesados en participar en el trato.

Las manos de Jane encuentran la cremallera de mis pantalones. Se da cuenta que no llevo bóxers esta noche y libera fácilmente mi polla. Cuando la presiona, apenas consigo no correrme. Me inclino hacia delante y lamo el arco de su hombro desnudo.

—Sabe que les quitamos las armas a los albaneses —digo y deslizo mi dedo fuera del coño de Jane, cambio la llamada a altavoz y tiro el cacharro al asiento del copiloto. Agarrando sus bragas, rasgo el material y tiro el encaje negro en el asiento trasero. La agarro por debajo del culo, la levanto y me sitúo en su entrada. Jane se inclina, aplasta sus labios contra los míos y baja lentamente sobre mi polla, gimiendo mientras me toma por

completo. Sus jadeos son cada vez más fuertes a medida que empieza a cabalgar sobre mí, así que introduzco en su boca el dedo que hace un momento estaba enterrado con dos nudillos en su coño. Sus perfectos labios se cierran en torno a él y empieza a chupar. Mi polla salta dentro de ella. Tengo que dejar el puto teléfono. Pronto.

Escucho a Jasper decir algo más, pero ignoro sus divagaciones. Retiro la mano de la boca de Jane y coloco un dedo sobre mis labios en señal de silencio. Cuando ella asiente, la tomo por la cintura, la levanto y la hago caer sobre mi polla. Grita un poco y mueve las caderas, con las manos enredadas en mi cabello.

—¡Felix! —Los gritos de Jasper provienen del teléfono. Reposiciono ligeramente a Jane y vuelvo a embestirla, jadeando.

—¿Qué? —ladro y vuelvo a penetrarla, disfrutando de sus pequeños gemidos.

—¿Dónde coño estás?

—En mi coche. Con Jane. —Deslizo mi mano entre nuestros cuerpos y pellizco su clítoris, y ella gime con fuerza.

Hay unos segundos de silencio, y entonces la voz gruesa de Jasper llena el coche.

—¿Estás teniendo sexo mientras hablas por teléfono conmigo?

—Tal vez. —Sonrío, agarro a Jane por la nuca y aplasto mi boca contra la suya, sin dejar de embestirla.

—Jesús, Felix —suelta Jasper y cuelga.

El cuerpo de Jane empieza a estremecerse y sus paredes aprietan mi polla. Está tan seductora con su cabello enredado y cayendo sobre su rostro azorado. Agarro un puñado de los mechones negros y empujo dentro de ella, con fuerza. Un ligero sonido, como el ronroneo de un gatito, sale de sus labios. Oírlo, junto con la forma en que su apretado coño se aferra a mi polla cuando se corre, me lleva al límite. Me abalanzo sobre ella como un loco hasta que mi semilla explota en su interior.

Murmura algo incoherente, suspira y se deja caer sobre mí, enterrando su cara en el hueco de mi cuello.

—¿Estás bien, nena? —pregunto.

—Sí —susurra y acaricia mi cuello.

Sonrío, le doy un beso en la cabeza y marco a Jasper.

—¿Ya has acabado?

—Que te den, Jasper. —Me inclino hacia atrás y acaricio con mi mano la espalda de Jane—. ¿Por qué los irlandeses nos ofrecerían una participación en ese envío?

—Así que, ¿también crees que esto apesta?

No tenemos buenas relaciones con los irlandeses. Ellos no vienen a nuestro territorio, nosotros no pisamos el suyo. Se podría decir que aguantamos la presencia del otro, pero cada uno estaría muy feliz si el otro dejara de existir. Que O'Neil llame a Jasper solo dos semanas después que prácticamente declarara que intentarían meter las manos en nuestros negocios es alarmante.

—Sí. A lo grande. ¿Llamaste a Dushku para hacérselo saber?

—Sí. He quedado con él esta noche —dice Jasper—. Le dije a O'Neil que tengo otro compromiso, y que tú irás en mi lugar.

—¿Cuándo?

—En cuatro horas. Eligió un lugar en el distrito industrial. Te enviaré la ubicación.

—Bien.

—Ten cuidado, y llámame en el momento en que hayas terminado. No me gusta esto.

—De acuerdo. —Corto la comunicación y miro a Jane, que sigue pegada a mi pecho, con la respiración agitada. Sus piernas siguen temblando. Mi teléfono suena. Debe ser el mensaje de Jasper. Lo miro brevemente y se lo reenvío a Sirius.

—Tengo que llamar a Albert. Nos iremos a casa justo después.

—Bien —susurra en mi pecho.

Sigo acariciando su espalda mientras aprieto en marcación rápida a Sirius. Me encanta esto, cómo se siente en mis brazos.

—¿Qué? —ladra Sirius en el momento en que la línea se conecta.

—Estás de buen humor.

—Me he peleado con Marlene.

¿Otra vez? Esos dos necesitan terapia de pareja.

—He quedado con Liam O'Neil dentro de cuatro horas —digo mientras sigo acariciando la parte superior de la cabeza de Jane —. Necesito que accedas a las cámaras que rodean el lugar de la reunión y compruebes si hay algo sospechoso. Te he remitido la ubicación que envió Jasper.

—¿Qué estoy buscando?

—No estoy seguro. Dijeron que querían hablar de negocios, pero la historia no se sostiene. ¿Tienes a alguien en la vecindad que pueda hacer un recorrido antes de la hora de la reunión?

—Déjame ver primero la ubicación. —Pasan unos segundos de silencio—. Hmm. Creo que la panadería de Little Sam está en la siguiente manzana. Podría echar un vistazo.

—Bien. Pronto estaremos en casa.


Jane

El trayecto hasta la casa de Felix dura media hora, pero todavía siento que me tiemblan las piernas durante todo el camino de vuelta. No puedo creer que hayamos tenido sexo en el coche. Que yo haya tenido sexo en un coche. Solo he tenido un novio, y las dos veces que nos acostamos, fue en una cama, con las luces apagadas, en la posición del misionero. No fue exactamente una experiencia alucinante, pero me pareció bien. Impulsiva es la palabra más lejana para describirme, pero cuando sentí las manos de Felix en mi coño, me encendí. No pude pensar en ninguna otra cosa que no fuera tenerlo dentro de mí, de inmediato.

La locura se intensificó cuando le oí hablar con su Pakhan por teléfono. Me pareció algo prohibida, pero también seductora, que yo lo cabalgara en su coche, donde cualquiera pudiera vernos. Pero cuando me puso el dedo en la boca para silenciarme y que Hale no nos oyera, me llevó al límite.

Le robo una mirada a Felix. Ha dicho que tiene que ir a una reunión esta noche, pero sigo sintiendo ese cosquilleo de deseo entre las piernas. ¿Se opondría a la segunda ronda?

Felix aparca en la entrada, pero no hace ningún movimiento para dejar el coche.

—¿Te arrepientes? —pregunta, apretando el volante—. No pasa nada si lo haces. Dímelo y no volveré a tocarte.

Me quedo mirándolo fijamente. ¿De qué coño está hablando?

—No has dicho una palabra en todo el viaje, Jane.

—Estaba... procesando. —No soy muy buena con las relaciones, o con la gente en general. Suelo tardar un tiempo en acercarme a una persona. El hecho que me atraiga tanto alguien que apenas conozco me asusta.

—¿Procesando? —Suspira y entierra las manos en su cabello—. Solo dime honestamente si no quieres tener nada con una persona mentalmente inestable y...

Me abalanzo sobre él. No hay una palabra mejor para describir la forma en que salto de mi asiento, me pongo a horcajadas sobre él y rodeo el cuello con mis brazos.

—¿Jane?

—Solo cállate —muerde y pega mis labios a los suyos.

Mi vestido termina de nuevo alrededor de mis caderas, de modo que mi núcleo desnudo presiona directamente sobre su entrepierna, con la tela de sus pantalones como única barrera entre mi coño y su endurecida polla. Sin retirar mi boca de la suya, dejo que mis manos se deslicen por su cuerpo, llego a la cintura de sus pantalones y libero su polla a toda prisa. Felix sonríe en mi boca y, metiendo sus manos entre nuestros cuerpos, entierra su dedo dentro de mí. Pero con la misma rapidez con la que estaba ahí, desaparece.

—Tendremos que ser rápidos. —Me agarra por la cintura, me levanta y me lanza contra su dura polla.

En el momento en que lo siento dentro, mis paredes empiezan a apretarse y lo cabalgo como una loca, agarrando la tela de su camisa entre mis dedos. Felix gime y se echa un poco hacia atrás, lo que hace que su polla penetre aún más en mi coño y me llene por completo.

—¿Llegarás tarde a la reunión?

—Que le den a la reunión. —Sus manos suben por mi cuerpo hasta llegar a mi cabello, ya enmarañado, agarrando mechones entre sus dedos. Agacho la cabeza y muerdo un lado de su cuello fuerte y siento su polla hinchándose dentro de mí. La presión entre mis piernas se acentúa, y cuando su empuje ascendente se intensifica a un ritmo brutal, siento que mi orgasmo me golpea más fuerte que nunca, justo cuando Felix termina conmigo.

Intento arreglarme el cabello y el vestido en el coche para estar más presentable, pero sigo sintiendo que cualquiera que me mire sabrá lo que acabamos de hacer. Mientras subimos los escalones de la puerta principal, miro mi mano entrelazada con la de Felix.

—Necesito ducharme y cambiarme antes de la reunión con los irlandeses —dice mientras entramos.

—Bien. —Asiento.

Felix se inclina y me levanta la cabeza con su dedo bajo la barbilla—. ¿Procesando de nuevo?

—Más o menos.

—Haz lo tuyo, entonces. —Asiente—. Y, cuando vuelva, podemos discutir el tema un poco más. Darte más material para procesar.

Lo miro fijamente.

—Dudo que mi coño sea capaz de soportar otra discusión hoy.

—Ya veremos. —Me da un rápido beso en los labios y se dirige hacia arriba.


Cuando entro en la cocina, Sirius está sentado en la mesa del comedor con un portátil de aspecto imponente frente a él. Me aliso rápidamente la parte delantera del vestido y me paso una mano por mi cabello una vez más. Me siento como si llevara tatuado en la frente 'acabo de tener sexo en el coche dos veces'. El hecho de no llevar bragas tampoco ayuda.

—¿Vas a quedarte ahí toda la noche, con cara de culpable? — pregunta Sirius sin levantar la vista del portátil.

Inclino la barbilla hacia arriba y me dirijo a la nevera para coger algo de beber.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

—Ambos deberían haber estado aquí hace media hora.

—Hubo un atasco.

—¿Oh? —Me mira por encima del borde de sus gafas—. ¿Así es como lo llaman los chicos de hoy en día?

—¿Qué quieres decir?

Pone los ojos en blanco. —No estoy ciego, y aún no estoy senil.

Ignoro su comentario y me acerco para situarme detrás de él. La pantalla de su portátil muestra una cámara con diferentes ángulos de una calle.

—¿Esas son... cámaras de tráfico?

Asiente.

—Cuatro cámaras de tráfico y una cámara de cajero automático.

—¿Cómo has accedido a ellas?

—Es lo que hago, o hacía cuando Felix y yo trabajábamos juntos. Él iba al trabajo de campo, y yo le daba apoyo desde la base.

—¿Y las otras personas del equipo? ¿Cuál era su trabajo?

Sirius me mira.

—Nunca hubo otras personas. Siempre era un operativo y un controlador

—¿Se le enviaba a las misiones solo? ¿Y los refuerzos? ¿Y si pasaba algo y necesitaba ayuda?

—Felix rara vez necesitaba ayuda, Jane. —Sonríe y mira la pantalla—. Me he perdido esto.

Oigo los pasos detrás de mí y me giro para encontrar a Felix entrando. Lleva otro traje, esta vez con una camisa de vestir negra.

—¿Alguna cosa? —pregunta, coge las pistolas del mostrador y las coloca en una funda de hombro escondida bajo su chaqueta. Antes no las tenía.

—Nada hasta ahora. —Sirius hace un gesto hacia el portátil—. El pequeño Sam hará una pasada en media hora.

—Bien. —Felix asiente, toma una gran caja rectangular de la silla y la pone sobre la mesa.

Cuando abre la tapa para comprobar el contenido, me muevo a un lado para echar un vistazo y vacilo. Es un rifle de francotirador—. ¿Pensé que ibas a una reunión de negocios?

—Algo de esta reunión no me gusta. —Coge el auricular que le pasa Sirius y se lo pone—. Voy a hacer un barrido cuando llegue. Avísame apenas veas llegar a los irlandeses

Cierra la caja con el rifle, la recoge y me mira—. Volveré en un par de horas. —Sonríe, y al momento siguiente se va.

Espero a que se cierre la puerta principal y me siento en la silla junto a Sirius.

—¿Cómo es que Hale deja que Felix maneje los negocios? Teniendo en cuenta su estado mental.

—Porque incluso el mentalmente inestable Felix hace un gran trabajo. Y, de todos modos, ninguna de las personas con las que se asocian está totalmente cuerda.

—¿Nunca se desconecta mientras está en una reunión?

—No. No en una reunión. Y nunca en el terreño —dice—. Aunque de vez en cuando se pasa de la raya.

—Sí, lo he oído. Casi mata a cuatro hombres de mi padre cuando se reunieron para hablar de la asociación el año pasado.

—Lo recuerdo. Probablemente estaba de buen humor ese día.

—¿Buen humor?

Sirius baja sus gafas y me mira fijamente.

—Eran cinco, cuatro guardaespaldas y tu padre. Todos armados. Felix estaba solo. Intentaron desarmarlo. Fue muy descortés por su parte. Me sorprendió gratamente que no los matara a todos, incluido tu padre.

—¿Cómo logró dominar a los cuatro si todos estaban armados?

—Con una facilidad aterradora. Los hombres de tu padre eran solo unos matones contratados sin entrenamiento real.

Sube sus gafas y vuelve a mirar la pantalla.

—Esto va a llevar un rato. Duerme.

Desde luego, no pienso dormir hasta que vuelva Felix. Subo las escaleras para ducharme y cambiarme, y vuelvo a sentarme junto a Sirius.