Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, lamentablemente no es mío (sería rica o pasarían cosas muy diferentes).
Capítulo 12
Sentada frente a su padre, Kotoko sujetó tranquila la taza de café, usando ambas manos. Le había pedido un tiempo para conversar antes del sábado a las diez y, a raíz de su restaurante, el momento más idóneo era previo a la hora mencionada.
(Le había dicho que no era tan relevante para ausentarse un día de trabajo.)
Creía necesario exponerle el asunto con Irie-kun, para prevenirle sobre lo que podía pasar. Aunque no había indagado a fondo sobre la ruptura de su persecución, él era bueno para intuir que algo había sucedido, y no quería que si se desarrollaba una relación importante entre Irie-kun y ella, se enfrentara a la desilusión u oposición de su padre. Los últimos meses no habría visto mucho de su batalla interna, porque sus horas juntos habían sido escasas.
—¿De qué querías hablar, hija? —preguntó amablemente su padre, con una postura tan invitadora que agradecía haber sido dichosa con que su progenitor fuese un hombre abierto y sereno, bastante alejado del típico machista japonés. La viudez y tener una mujer debían haber servido.
Dio un sorbo a su bebida y suspiró.
—Hoy saldré con Irie-kun —manifestó lentamente, mirando su taza para no atisbar su reacción e influirse—. Es muy probable que comencemos a vernos fuera del trabajo y de la familia, como algo más.
—Entiendo. Quieres saber mi opinión.
Asintió.
—A mí me importa cómo te sientas tú.
Alzó el rostro, para ver su sonrisa comprensiva.
—Creo que es tiempo de una oportunidad con él… estoy lista, me gusta, pero estoy centrada. —Y era lo que hacía triunfar relaciones, no como sus caóticos encuentros con él.
—Hace años… sé que tú vivías en las nubes por Nao-kun, aunque él no parecía sentir lo mismo, y si lo hacía, no creo que el entusiasmo de Noriko-san ni el arreglo de vivienda ayudaran… y eso pudo poner en detrimento hasta una amistad entre los dos, como sucedió. Si hubiera detectado algo mucho mayor, no me habría mantenido al margen, pero cada uno tomó su camino y yo te vi florecer en más de un aspecto por ello. Un padre no debe meterse a menos que sea estrictamente necesario, podemos dar consejos que nos pidan o no, pero también debemos dar libertad para cometer errores y obtener aprendizajes. —Él suspiró y miró hacia el altar de la persona que todavía mandaba en su corazón. —Siempre temí que él fuera para ti lo que tu madre era para mí, y parece que no me equivoqué. Si tú aceptas una relación con Naoki con sus defectos y él con los tuyos y veo que no te marchitas por tenerlo en tu vida de nuevo, puede hablar conmigo, si esas son sus intenciones. Que lo esperaría, no estoy del todo adaptado a las costumbres actuales de aventuras pasajeras.
—¡Papá! —exclamó agitada.
Se había adelantado al agradecer que fuese distinto a la mayoría.
Él rio entre dientes.
—No, hija, estoy bromeando. —Se inclinó sobre la mesa y despeinó sus cabellos. —Cualquier clase de relación que tengan, si no te convence o si te rompe el corazón constantemente, no olvides que estoy aquí para ti y se puede vivir sin el amor de tu vida. Etsuko, a quien te pareces tanto, lo habría hecho mucho mejor que yo.
Los ojos de ambos se humedecieron y ella asintió conmovida.
—Pero no podríamos estar más orgullosas de tu propia lucha.
ooOOoo
Su padre había decidido no importunar con su presencia, aunque Irie-kun y ella no planeaban estar en casa, de manera que se había retirado a su habitación a dormir un par de horas.
Había resultado una buena decisión, porque los saludos le habrían quitado importancia a las flores que acababa de recibir, una sorpresa mayúscula para Kotoko. De adolescente había devorado la abundante información romántica y sabía que nueve rosas era un deseo de eternidad, entregar su amor para siempre sin tener que expresarlo en palabras.
Él no podía conocer el dato sin haberlo buscado o preguntado en la florería y le resultó más importante que el mismo ramo. Las olió, escondiendo su rostro sonrojado y sonriente mientras en su interior estallaban fuegos artificiales de miles de colores.
Espió entre los pétalos rojos y en la relajación de su rostro y sus ojos brillantes vio el anhelo en Irie-kun.
—Gra… cias —susurró por todo el gesto, con la voz entrecortada.
Era necesario oír lo que tenía por decir, pero se sentía un paso adelante en la dirección adecuada. Saldría bien sin que saltara impulsivamente.
—Las pondré en agua —murmuró.
Él asintió y su mirada le quemó en los minutos que tardó en llenar un jarrón vacío. Ni al saberse atrapado Irie-kun había volcado su atención a las fotografías en la sala, sino interesado por los movimientos que ella tenía en la cocina. Simplemente había sonreído al cruzarse sus miradas.
—Podemos irnos.
En el trayecto hasta su coche y el destino de su cita, ninguno de los dos habló, estableciendo un silencio lleno de expectativas sin dejar de ser cómodo. Ella aprovechó para repasar su diálogo de perdón y apreciar la vestimenta de él, cuyos deportivos, jeans y camisa de cuadros azul cuadraban con el mono largo colorido que ella usaba con tenis.
Distraerse así servía para no ir brincando en su asiento por lo que prometían los próximos momentos.
El lugar escogido por él resultó ser el parque Yoyogi y al dirigirse hacia una banca libre rieron después de evitar el balón de un niño pequeño. Encontraron un buen sitio frente al estanque, donde la naturaleza y el recreo los envolvió un tiempo.
—Escogí venir aquí porque me recuerda a ti, lleno de vida…
La manera de él de romper el silencio provocó mariposas en su interior. Los años habían sido causa de transformación para Irie-kun, capaz de explicar sus motivaciones más sentimentales en voz alta, tras haber dado un arreglo de rosas.
Estar enamorada de ese él no era complicado, más bien exigible.
—No es un mal sitio. —Se giró hacia él, que ladeó la cara en respuesta. —Y antes de que sigas, si me lo permites, quiero decirte algo. Te pido perdón por la brusca manera que actué después de que estuvimos juntos. No supe manejar mis sentimientos y fui desconsiderada con los tuyos, no te di la posibilidad de exponer tu lado de las cosas hasta hoy.
Él rio en voz baja.
—No habíamos hablado antes si era encuentro de una noche o no. Lo que pasó me lo merecía, era de esperarse después de hace años. Soy tan culpable como tú. —Aguardó unos momentos antes de continuar: —También te pido perdón por nuestro primer día de universidad, fue grosera de mi parte la manera que te hice creer una mentira. Intencionalmente te quise apartar de mí… Tenía… miedo de lo que me hacías sentir.
El sollozo por el pasado no tardó en aparecer. Había interpretado bien su primer beso y no se había ilusionado por ser una patética adolescente… pero también había sufrido una parte, como él, y una historia juntos no se había vivido por inseguridades mutuas.
—No estaba enamorado de ti entonces —admitió él—, mas quería tenerte y luego mi necesidad de control emocional no me convenció de dejarte a mi lado. El impulso de besarte cuando habías hablado de olvidarte de mí me había horrorizado y opté por apartarte lo más posible; aunque no me duró, seguí queriendo información tuya sin demasiado esfuerzo, pero no me aproximé para disimular ante los demás y ante mí. Pensé que te olvidaría y no lo hice. Traté dos veces con mujeres que cumplieran con lo que esperaba de chico y que no me produjeran algo tan fuerte como tú, y finalmente acepté que no eran tú, la única para mí.
Se llevó una mano a la boca y él asintió con una mirada más insinuante, corroborando la realidad del sexo entre ambos, el primero para los dos.
—Estaba arrepentido de haberlo echado a perder, pero estabas tan afianzada en tus estudios, tus amistades y tu club que no te busqué. Tendría paciencia para cuando llegara el momento indicado. Te veía y aumenté mi interés por ti. No pensé en desistir cuando creí que ya no sentías ni un poco por mí, lo había provocado. Pretendía hacer que te enamoraras de mí de nuevo, no tenía intención de que fuera tan extremo como sucedió, pero no me arrepiento de lo que pude conseguir. —Él inspiró. —Sin embargo, no es suficiente.
Embelesada, ella se alzó y unió sus bocas en un beso casto que transmitió una parte de lo mucho que también sentía por él. Quería dejar en claro de mil maneras que le entregaba su corazón y aceptaba aquel fervor que veía en sus ojos violeta.
—Ya no tienes que intentar que me enamore de ti —dijo meliflua.
Él bajó su frente para descansarla en la suya.
—Por años guardé en un rincón lo que sentía por ti y habría encontrado una vida cómoda con alguien más, pero no con esas emociones que solo tú me provocas, Ir… —Se detuvo ante un sonido de su garganta de advertencia—. Naoki-kun —corrigió sonrojada, cerrando los ojos—. Y ahora son más fuertes, porque hemos crecido y estoy más fascinada con lo que he descubierto de ti, y me muero de ganas por aprender todavía más.
Lo abrazó, recompensada por sus brazos envolviéndole y el sonido de su corazón que latía al mismo ritmo que el suyo. Aún más que en sus encuentros íntimos, se sintió una con él y tuvo la certeza que nunca dejaría de serlo.
Estarían juntos toda su vida, se casarían, tendrían hijos y envejecerían al lado del otro, porque se pertenecían. Era un amor sin otro igual, que había soportado el tiempo, la distancia y los errores.
—Fuiste mi inspiración para que encontrara un sueño, Kotoko, pero no estaba completo.
Él no lo dijo, pero lo comprendió… hasta ella.
Naoki, sabiendo que abrir su corazón era mejor que todos los planes que hiciera, no dudó que el resultado perduraría hasta su muerte.
Ya la tenía y no la dejaría ir de nuevo.
NA: Y solo queda el epílogo, cortesía del Naoki POV.
Besos, Karo.
