Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, lamentablemente no es mío (sería rica o pasarían cosas muy diferentes).


Epílogo


Naoki era tachado de arrogante, pero él simplemente se catalogaba como alguien que tenía seguridad en determinadas cosas, una de las cuales era dominar el arte de hacer discursos. Sabía que era bueno para atrapar a su público y transmitir el tema con la brevedad y corrección posibles, sin sudar en la preparación del asunto, razón de sobra para que Yuuki siempre le diese la tarea de hacerlos —cuando se la podía quitar de encima.

Agradecía esa habilidad, pues en los momentos importantes de su vida había podido transmitir lo necesario a sus oyentes. El que se preparaba para dar era uno de esos.

Makoto acababa de graduarse en su especialidad de Enfermería Oncológica y no podía estar más orgulloso del rumbo que había tomado la vida de su hijo mayor. A su corta edad había decidido que el área de la Salud sería la suya, rechazando educadamente el futuro fácil en la empresa de la familia; pero al cabo de un año en la escuela de Medicina, en el que gracias a su memoria eidética —igual a la de su padre— era el mejor de su generación, había optado por cambiarse a Enfermería. Su pasión, había decidido, era estar al lado de la gente, y con el corazón heredado de su madre, no había quien lo negara. La parte de frialdad ganada de su padre lo ayudaría a enfrentar la delicada área de su interés; se había enfrentado a los cuestionamientos de muchos por la Enfermería, mas sabía que lo haría bien. Naoki, que se había negado a ser presidente de Pandai por seguir su sueño, solo podría estar satisfecho; la persona que le había enseñado ser padre demostraba que Kotoko y él no habían cometido demasiados errores al criarlo.

Con él, ambos habían tomado mejores decisiones que en sus juventudes tempranas, así como con su hija menor, Naomi, a través de la cual pronto serían abuelos (ya comprendería a Kinnosuke, emparentado por su nieto a los Oizumi. El único problema era soportar a Funatsu presumiendo que su apellido quedaría en su nieto en común —y no el Irie).

A punto de comenzar, se detuvo notando un movimiento de Yuuki con su teléfono, al lado de donde sus padres y suegro platicaban. Su hermano le hizo una señal cuando se paró a resolver el tema urgente en una llamada y Naoki rio entre dientes dándole a "su jefe" la oportunidad de irse unos minutos. Konomi, su cuñada, se cubrió el rostro teatralmente para entretener a la menor de sus sobrinas, quien lucía impaciente por disfrutar del pastel prometido. De los cuatro hijos de la pareja, ella era la más parecida a su hermano a cuando era un pequeño, ansioso de obtener lo que quería.

O ciertamente lo había sacado de su cuñada. Konomi podía ser la historia inspiradora si reescribían un romance entre Kotoko y él. Ella había estado enamorada de su hermano y pertenecido a la clase F, pero Kotoko la había conocido antes del examen de ingreso a la preparatoria —impulsada por Yuuki—. Había platicado con la chica de un modo que no sabía hasta ese día, y Konomi había estudiado para pasar el examen y entrar en la clase C, manteniendo buenas calificaciones durante la preparatoria, sin volver a aspirar visiblemente por su hermano, anonadado y no tan discreto interesado por el progreso de la pelinegra. En su último año, después del examen para universidad, ella había escrito una confesión en carta a Yuuki, pero un día antes de entregarla él se había acercado a declararse. Desde entonces estaban juntos.

Kotoko lo sacó de sus pensamientos al concluir la charla con el mentor de su hijo, un enfermero intensivista llamado Kagamori Kenta, y Naoki le sonrió cuando le cogió la mano al regresar junto a él a la mesa. Casi treinta años juntos y todavía no podía negar el dominio en su vida. En su delicada mano tenía la llave de la felicidad que le había hecho falta en sus años universitarios, que con las décadas había ido en aumento, con tantas experiencias vividas. Dirigían la ahora Gerencia creativa regional y no podían estar más satisfechos con lo que hacían, en ese sueño compartido de ver nacer piezas fundamentales en las emociones de otros, intermitentemente contribuyendo en la Fundación que habían inspirado a realizar y con la que Yuuki se había reencontrado con un antiguo compañero de hospital.

—Tenemos otro nombre en la lista de voluntarios para visitar al grupo de duelo —le susurró ella acercándose a su hombro, sonriendo beatíficamente al alejarse de este.

—Estoy seguro que trabajará muy bien con mi prima Rika. —Si alguien sabía de perder y avanzar, era ella, que había sufrido por tener que cambiar su vida por completo al mudarse de chica a América y más adelante perder a su familia allí por una pandemia.

No le contaría la "pérdida" de él, ya que nunca había sido suyo y en una visita corta en el comienzo de su relación con Kotoko había sido muy molesta con ella.

—Buena decisión, eh.

—Tomas las mejores —puntualizó él sonriendo socarrón.

En ocasiones recordaban el pasado que los llevaba hasta su día actual y más de una vez habían admitido que no todas sus decisiones eran equivocadas, con las buenas cosas que habían salido de ellas. Nunca sabrían qué habría ocurrido de tomar elecciones diferentes, pero apostaban en que cualquiera los destinaría a estar juntos. Un temblor minúsculo los había unido, no era algo que fácilmente fuera a dividirse, más que por ellos mismos.

Lo que predominaba de su parte era que, si regresara a esa tarde en la que Kotoko le había preguntado sobre su primer beso, él habría pedido tiempo y paciencia. Para sortear sus sentimientos y convertirse en un hombre merecedor de su amor, y para que ella consiguiera explotar todo el potencial que se le había negado mostrar.

Le habría pedido un nuevo beso y la oportunidad descubrir las muchas perspectivas que podría haber de la vida, el significado de soñar y alcanzar las aspiraciones planeadas.

Pero ya no tenía oportunidad de tomar esas decisiones y estaba contento con las consecuencias de las que había tomado. Pletórico gracias a la más grande lección que había aprendido:

Vivir.


NA: Se acabó.

Como prometí, la historia fue corta y directa a lo que interesaba. Subí el epílogo pronto por lo cortito que era el último capítulo y porque quería que rieran al imaginarse a Naoki emparentando con Funatsu, quien estaría feliz de finalmente ganar (¿no se lo imaginan diciéndole a sus descendientes que tenía que ganar a un Irie y lo que terminó ganando fue el corazón de una?).

Me gusta escribir epílogos de años después, con Naoki maduro, porque siento que ya estaría con una perspectiva mucho más diferente a su juventud, o simplemente estoy envejeciendo y me siento identificada XD.

En fin, gracias por haber leído otra de mis historias. No sé cuál sea la próxima actualización, porque conté mis ideas sin escribir y son muchas ja,ja. Espero sí sea este año, por lo menos un OS. Hasta entonces, cuídense mucho.

Besos, Karo.