Disclaimer
Ranma y ninguno de los personajes de Ranma 1/2 me pertenecen, todos son propiedad y autoría de Rumiko Tahakashi. Este fanfic es realizado sin fines de lucro
Celos
La luz bañaba todo a su paso, dando un aire de tranquilidad y un toque de ensoñación, el sol brillaba en lo alto del cielo, no había casi ninguna nube en él, el calor se sentía algo sofocante y húmedo, las cigarras emitían su clásico sonido en un intento de atraer a las hembras, una suave brisa movió la campanilla de viento, el suave sonido de la misma llenó el aire, sin embargo, no otorgó ningún alivio al intenso clima que se sentía.
El lugar se encontraba vacío y tranquilo, los caóticos días habían sido dejados en el pasado, o al menos el tipo de caos a los que había estado acostumbrado en su juventud, unas suaves pisadas por el lugar fueron las que rompieron aquél ambiente, Ranma caminaba con paso sereno, llevaba su gi y una toalla en el cuello con la cual secaba el sudor, había recién terminado una clase y se había dirigido ahí para buscar un vaso con agua para refrescarse, ante la calma, gritó el nombre de su esposa un par de veces, pero no recibió ninguna respuesta, pensó que se encontraba dormida, por lo cual fue a la habitación que ambos compartían, sin embargo, ésta se encontraba vacía, contrariado comenzó a buscarla por todos lados, pero pronto se dio cuenta de que se encontraba sólo, chasqueó la lengua en señal de molestia, otra vez se había ido.
Últimamente había notado una actitud un tanto extraña en la chica, si bien en un principio no le había sido evidente, con el paso del tiempo y el aumento de frecuencias, hasta él, que era un despistado, lo notó. Las primeras veces eran una vez cada dos semanas, y se aseguraba de dejarle una nota, pero pronto, pasó a ser una vez por semana, luego dos veces, y ahora todos los días, y las notas que solía dejarle ya no existían, ella sólo desaparecía, no era tonto, sabía lo que pasaba. Arrojó la toalla al piso en señal de su furia y, seguidamente, salió del lugar en busca de la peliazul surcando los techos.
Mientras saltaba entre los tejados, se preguntó porqué les había pasado eso, pensó que todo iba bien entre ellos, que su matrimonio se había vuelto lo que ellos siempre quisieron, que al fin habían logrado un amor maduro, al parecer él era el único que lo veía así, apretó los puños en señal de enojo. Pronto llegó a dónde quería, Akane era una chica de costumbres, y algo como aquello no la haría cambiarlos, por eso le fue fácil encontrarla.
Se aseguró de colocarse en un lugar en el que no pudiera ser visto pero que él pudiera ver con claridad, ella estaba con él, ella se reía de no sabía qué cosa que el chico había dicho mientras disfrutaban de un helado juntos, no podía creer la osadía que tenía la chica como para que fueran al mismo lugar que acudía con él, o mejor dicho ella, aún le costaba trabajo aceptar que le gustaban los helados y disfrutarlos en su forma de hombre, y él estaba ahí, sonriente, sin preocuparle lo que podrían decir de él por estar comiendo algo que usualmente era para las mujeres, no sabía si lo envidiaba o lo admiraba, o tal vez se debía a que era muy ingenuo, no estaba seguro.
Su furia creció cuando ella limpió de una forma tan delicada su boca, eso solía hacer con él, pero hacía ya tiempo que no, y cuando le miró tomarlo de la mano se sintió a morir, se preguntó cuándo había cambiado todo, cuándo se habían alejado o el por qué, sólo sabía que con él se veía tan feliz, tan llena, tan completa… él, por el contrario, se sentía tan lleno de dudas sin respuesta. Mientras él cavilaba ellos habían terminado su postre y ahora salían del lugar, instintivamente los siguió.
Vio como ambos iban aún agarrados de la mano, su corazón dolió, antes era a él a quien se la tomaba, ahora su mano se encontraba vacía, se sonreían mutuamente mientras platicaban de forma amena, por donde pasaran causaban admiración y miradas llenas de ternura, y aunque le dolía admitirlo, hasta él pensaba que se veían muy bien juntos, era como si se complementaran.
Detuvieron su camino en un pequeño puesto de dangos y compraron uno, compartían el dulce, verlos le hizo sentir como si una daga fuera apuñalada en su corazón. Continuaron caminando disfrutando el paisaje, en momentos él la abrazaba, en momentos ella lo hacía, no tenían miedos, incertidumbres o vergüenza, hacían lo que les nacía en el corazón.
Poco a poco el sol se iba poniendo, y el sol se comenzó a teñir de un hermoso color rojizo, ambos sabían que su tiempo a solas iba terminando, y eso le alegró, fue feliz saber de que ella tendría que volver a su hogar y convivir con él, de saber que no podría a estar a solas con el otro hasta el día siguiente y de que en la noche ella volvería a ser sólo suya, era feliz porque la tendría y él no podía hacer nada al respecto para detenerlo, porque ella era su esposa, y no importaba el qué, siempre lo sería.
Tuvo que pasar por muchos problemas para que lo fuera, tuvo que soportar peleas, compromisos, tuvo que descubrirse a sí mismo, pelear contra sus demonios internos, entender lo que le pasaba, cambiar su forma de ser, admitir que no era malo tener miedo y por el contrario que estaba bien abrirse y demostrar lo que sentía, pasó por una relación llena de gente que, si no se metía en su relación para obligarlos a estar juntos, los quería separar y tuvo que descubrir cómo transformar su amor infantil a uno maduro todo para poder estar juntos, y él venía, así, sin más, sin problemas, y le daba todo a ella lo que a él le tomó años formar.
- Ya sal de ahí Ranma – dijó la voz de la chica – Sabemos que nos has estado siguiendo desde hace rato
El azabache podría decir que estaba asombrado por el haber sido descubierto, pero su esposa había avanzado tanto en sus técnicas que realmente no era tan sorprendente, estaba orgulloso de ella y de lo que había logrado.
- Ranma… - Le llamó por segunda vez, esta vez inyectando un tono de advertencia al nombre
El chico no los hizo esperar e hizo su aparición frente a ellos con un semblante tan serio que podría asustar a cualquiera, pero no a Akane, no a él
- Akane… - fue la palabra dicha con algo de frialdad
- ¿Por qué haces esto, Ranma? – preguntó suavemente
- Como si no lo supieras
- Por favor, no estamos haciendo nada malo
- ¿Nada malo? – reiteró – Sales con él – señaló al chico – todos los días, le invitas dulces y helados, lo abrazas y besas como si nada y todavía tienes el descaro de decir que no es nada malo
- Pero… - la chica comenzó a reír a carcajadas de forma honesta - ¿De qué hablas, Ranma?
- De él – lo señaló
- Por favor, Ranma ¿Seguirás con esto?
- ¿Y tú?
- Ranma, no puedes ser tan infantil, él…
- Tú no entiendes, Akane, él se regodea de esto, de nuestra situación, de que tu y yo nos estemos distanciando – lo dijo mirando directamente al chico que se mantenía fuertemente agarrado de la mano de la peliazul y le sonreía de forma burlona - ¿Ves?
- No puedes pensar seriamente eso – le sonrió de forma tierna
Ranma parpadeó un par de veces de forma incrédula, el acompañante de la chica le sacó la lengua mientras le veía con superioridad, pegándosele cada vez más a ella y presumiéndole de ello, expresión que cambió en un segundo cuando la peliazul volteó a verle, para con ella sólo tenía una mirada llena de amor y admiración, Akane le acarició la mejilla de forma suave y tierna
- Akane, por favor… - dijo en súplica – En serio tirarás todo lo que hemos vivido, sólo por él
- Él, Ranma… – le dijo mientras lo alzaba en brazos
- ¡Espera un poco! – se alarmó - ¡No puedes hacer eso!
- ¿A sí? Y según tu ¿Por qué no puedo?
- Pues es que tú… tú…- pensó en sus palabras, no sabía bien cómo expresarlo y no quería alterar más a la chica
- Yo, yo…
- Tú… - suspiró – sabes a lo que me refiero – mencionó en tono de derrota
- No puedo creer que pienses que soy tan débil
- Sabes que no lo pienso, sólo… - sus palabras murieron en su boca cuando notó cómo su esposa le daba un fuerte y cálido beso al otro - ¡Akane!
- Ranma, por favor, esto tiene que parar
- Parará el día que te des cuenta que ese te tiene completamente en su poder
- Ese, Ranma, es tu hijo, un pequeño apenas de tres años y con el cual te pasas peleando sin motivo alguno – le sonrió al pequeño de ojos cafés mientras tocaba suavemente su nariz jugando con él
- Por favor, Akane – suplicó – no puedes ser tan ciega
La peliazul miró detenidamente a su esposo, él sabía que odiaba cuando le decía cosas como esas, pero se lo dejaría pasar por esa ocasión, la chica no fue consciente de como el pequeño pelinegro le sacó nuevamente la lengua a su padre burlándose de él, Ranma pasó las manos por su cara y cabello en señal de desesperación, nunca imaginó que una versión más pequeña de él pudiera ser tan malvada, en ocasiones se preguntaba si acaso sería alguna especie de castigo divino por burlarse tanto de Ryoga, seguramente sí. Miró a Akane a los ojos con una expresión de "míralo" pero era imposible, el pequeño, cada vez que su madre le miraba tenía una cara de ángel, se juró a si mismo que, cuando ese niño tuviera la edad suficiente, se lo haría pagar con los más arduos y pesados entrenamientos, no al nivel que su propio padre lo expuso, eso jamás.
- Ranma, este niño es fruto de nuestro amor, él será una de las personas que más te amen en el mundo y de forma incondicional, no puedes sentir celos de alguien tan hermoso y adorable como él
- ¿Quieres apostar? – extendió sus brazos en una petición tácita de que le pasara a su primogénito, más el pequeño se negó rotundamente acurrucándose en los brazos de su madre
- Vamos, amor, ve con papá – el pelinegro negó con la cabeza en el pecho de su madre ante lo cual la mujer sonrió – Qué tímido eres – le dijo con ternura
Akane acariciaba tiernamente el cabello de su hijo mientras le veía llena de amor, si antes creía que amaba a Ranma con locura, jamás pensó que pudiera llegar a amar a otra persona de una forma tan similar y tan diferente hasta que lo tuvo en sus brazos.
- Ya dámelo Akane – exigió el ojiazul – Aunque ese niño no me quiera me niego a dejarle a hacer todo cuanto se le antoje, y menos contigo en ese estado
- Vamos, no es como si no pudiera cargar a mi propio hijo – le dijo mientras le entregaba al pequeño quien renegó
- Estoy bastante seguro de que puedes, pero yo soy el que no quiere que te sobreesfuerces, sobre todo en un estado tan avanzado – tomó a su hijo quien se removió y hacía todo lo posible por soltarse, por lo cual al final optó en contenerlo bajo el brazo – Vamos adentro, ya es tarde y tienes que descansar – le dio su mano para que se apoyara en ella, la chica aceptó
- No estoy tan cansada, todavía tengo mucha energía
- Sí, sí, lo que digas, pero desde ahora te advierto, ya no habrá más salidas a diario y menos si no me dicen a dónde se dirigen, y, por sobre todo, no sin mí ¿Qué pasará si me llegas a necesitar?
- Todos en el pueblo me conocen estoy segura que cualquiera me ayudaría
- No me convencerás en esto, Akane – le dijo mientras ponía al niño en el piso en la puerta de entrada
- De acuerdo, de acuerdo – le dijo con una enorme sonrisa – En serio eres un padre muy sobre protector – veía a su hijo correr por su hogar de forma feliz
- Más bien, un esposo – corregía viendo el desastre que su pequeño creaba por el lugar
- Lo que digas
Akane caminó lentamente hasta la cocina haciendo un leve movimiento de vaivén que parecía el andar de un pingüino, le encantaba esa imagen de ella, la hacía lucir radiante y tierna, sin embargo, estaba completamente seguro de que, si se lo mencionaba, terminaría durmiendo en la sala al menos un par de días, mejor no meterse con el humor de una embarazada, era muy peligroso. Al ver a aquellos dos disfrutando tanto de la calidez de su hogar sonrió, le hacía sentir lleno y satisfecho verlo de ese modo, pese a que sus celos lo estuvieran carcomiendo por dentro, y no importaba lo que su esposa dijera, ese niño sabía muy bien lo que debía hacer para hacerle sentir unos celos enormes, jamás se imaginó que su mayor enemigo estuviera en su casa, y que llevara su propia sangre.
Ranma suspiró, no importaba, aún así los amaba, y amaría a ese pequeño ser que ahora mismo se encontraba dentro del vientre de su amada mujer y del cual cada día faltaba menos para conocer, y aunque le había dicho a la peliazul que no importaba qué fuera, mientras fuera de ellos, por dentro a veces pedía que por favor fuera una niña, no creía que pudiera aguantar el compartir con otro hombre su tiempo, vida, amor y atención de su esposa, ya había sorteado demasiados en su vida como para que el destino le castigara de esa forma, pero no importaba, aún así le amaría, o moriría de celos por el resto de su vida.
Notas del autor
Este fanfic fue realizado como parte de la dinámica de la página de facebook #MundoFanficsInuyashayRanma para su #Rankane_week_2024 en su dinámica #por_amor_al_fandom
Para el sexto día, y recta final, tenemos #dia_7_celos, agradezco mucho la invitación por parte de #MFFIYR para participar en esta divertida dinámica.
Con este fanfic doy por concluido el #rankaneweek2024, me divertí mucho con los temas y, espero, habrán notado que todos los fanfics de la semana, en conjunto, forman una historia grande, la cual espero hayan disfrutado, posiblemente hubiera sido mejor un tema de Ranma teniendo celos de otros chicos o Akane de las prometidas de Ranma, pero me pareció ideal cerrar este ciclo con esta idea.
Como siempre, agradezco a todos los que leen mis fanfics, porque sin ustedes, estos no tendrían vida, y también agradezco a todos los que pueden y quieren dejarme un review, siempre son bienvenidos
