Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra está escrita sin fines de lucro. One-shot para participar en la dinámica #RanKaneWeek de la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma con el tema "Celos."
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Solo yo puedo.
Día 7, Tema: Celos.
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Un chupito más yacía dentro de su boca. Llevaba alrededor de nueve de esos chupitos de sake y dos latas de cerveza. Aún no sentía un gran aturdimiento, así que no tenía de que preocuparse, pues además, su resistencia al alcohol estaba aumentando desde hacia ya mucho. Observó de reojo a su prometida, sentada al lado de él. Lucía adorable con aquél vestido corto de color blanco, se le ceñía bastante bien a su trabajada figura. Sonrió cariñoso, admirando lo bella que era.
Llevaban una relación secreta, nadie de la bola de locos ni de su familia lo sabía. Exactamente seis meses después de lo ocurrido en Jusenkyo, Ranma había tomado la decisión de sincerarse con Akane, exponiendo torpemente sus sentimientos hacia ella. Les tomó alrededor de un mes aclararlo todo, pues ambos eran tan pero tan tímidos, que el orgullo les ganaba y terminaban a veces contradiciéndose.
Después de ese mes, la relación comenzó a formarse, aunque todo lo empezaron a hacer ocultándose de su familia y de los demás. La primera cita que tuvieron había sido un desastre. De alguna forma todos se enteraron y armaron un revuelo en la sala del cine. Por fortuna lograron escapar y escabullirse a otro lugar más solitario. Luego, durante la segunda cita los habían retado a una competencia, algo ya muy usual para ellos. El resultado fue Ranma siendo transformado en chica y Akane con el vestuario maltratado y roto. Pasó un mes para que tuvieran otra salida, y al menos esa había ido mejor.
Con el tiempo las citas continuaron, solo que perfeccionaron su técnica y, por la misma cuestión, lograban despistar a medio mundo de tarados de Nerima. Habiendo pasado el tercer año de preparatoria hablaron sobre su futuro. Akane sugirió que ambos realizaran el examen de ingreso a la universidad. Esa fue su meta, y al menos por todo ese año, sus citas se acabaron para cumplir con la responsabilidad de estudiar arduamente. Pero claro, nunca dejaron de estar juntos. Cuando rindieron el examen y lo pasaron, respiraron tranquilos.
Ahora tenían veinte años de edad, y los cambios en su relación ya eran bastante notorios para los dos. Los abrazos, los besos y el tomarse de las manos ya formaban una constante en su vida, o por lo menos a la vista de los universitarios como ellos, porque seguían manteniendo las apariencias con su familia y demás. No querían perder lo maravilloso de su relación, y es por eso que pactaron tener un bajo perfil en casa. Aún así, se permitían ser libres en lugares como la universidad, o en este caso, las salidas con sus amigos del colegio.
Ranma y Akane habían aceptado una cita cuádruple con parejas amigas de la universidad. Fue más la insistencia de Akane que iniciativa propia de él, sin embargo, estaba disfrutando del tiempo, aunque el ambiente no fuera uno usual que ambos solían experimentar. Estaban en un bar-karaoke, donde las bebidas alcohólicas reinaban bastante. Siempre que habían salido con sus amigos solían beber un poco. Pero, en esta ocasión pidieron más bebidas debido a que estaban festejando el haber pasado los exámenes sin reprobar.
—¡Cuéntame más, Akane!— Insistió Hana, una de las dos chicas que era amiga de la peliazul.
—Bueno, veras...
El ojiazul la escuchaba, pero no lo hacía realmente. La miraba embelesado, intensamente atraído por la belleza que ella emanaba en esa noche. Ese vestido blanco había sido uno de sus favoritos. Desde que se lo compró, él no dejaba de admirarla cada vez que lo usaba. Y no sabía si era por el alcohol, pero la encontraba mucho más hipnótica durante ese momento.
Otra de las cosas que más había cambiado en su dinámica entre ellos, era la cuestión del tipo... sexual. Sí, ya lo habían hecho un par de veces. Recordar la primera vez que intimaron le causaba un extremo burbujeo en su vientre. Aún no olvidaba lo dulce que fue, como ambos se pusieron tan tímidos, pero a la vez, tan calientes. La segunda ocasión fue más mágica aún, y aunque en los dos encuentros el deseo los había superado, aún seguían siendo bastante tiernos a la hora de hacerlo. De nuevo, parecía que el alcohol si estaba haciendo estragos en su mente, porque ahora sentía sus mejillas ardiendo. Se fijó en sus labios, mientras hablaba y reía, y luego, la vio tomar de su bebida, posando los labios en aquél recipiente de vidrio. De repente, quiso saber si su boca sabía a ese maravilloso mojito de frutos rojos que había pedido.
—Ya me aburrieron, yo creo que mejor salimos a fumar un poco.— Declaró uno de los tres chicos del grupo.
—¿Vienes, Ranma?— Preguntó otro de ellos.
Para empezar, lo habían interrumpido mientras fantaseaba despierto, y le molestaba eso. En segunda, fumar. Que asco le daba. Él era un artista marcial que cuidaba mucho su cuerpo porque era su herramienta más preciada, si acaso lo único malo que se metía eran las chucherías chatarras que le encantaba comer en casa, o el alcohol. Y en tercer lugar, eran unos sujetos pésimos porque en algunas salidas a veces dejaban solas a sus novias por un buen rato. Él ni de chiste dejaba a Akane sola, prefería quedarse como un gran perrito fiel a vigilarla, y por que no, contemplarla.
—No, gracias.
—Como quieras.
Aunque los tres siempre le pusieran cara de asco cada vez que él rechazaba fumar con ellos, lo cierto es que no le interesaba. Lo único que su atención siempre captaba era a Akane. Volvió a su tarea de mirarla. Las otras dos amigas de ella estaban cantando quien sabe que canción del karaoke. No sabía de música, y para ser sincero, no es que le interesara realmente.
Se concentró en esos ojos tan vivaces, en las mejillas suaves y tersas, en la naricita respingada y en esos labios tan maravillosos que no solo le besaban bastante bien, sino que también le dedicaban las palabras más dulces del mundo. Luego, bajó su vista por ese cuello tan divino que tantas veces ha besado. Y por más que lo intentó, no pudo evitar que su mirada enfocara el escote de Akane, que si bien era recatado, aún le seguía provocando una revolución entera en él. Mordió sus labios y tragó duro. Ojalá que esa noche pudiera convencerla de no volver a casa hasta la mañana siguiente. Y hubiese seguido fantaseando, de no ser porque escuchó una palabra clave salir de la boca de Akane.
"Ryugenzawa"
Cuando logró dilucidar de que palabra se trataba, paró en seco de admirar la belleza de su prometida. Es entonces que, descubriendo que la palabra era ese bosque que en tiempos pasados lo hizo temer, disimuladamente se acercó más para poder escuchar mejor la anécdota que su prometida estaba narrando. Parecía que Akane no se dio cuenta de que él estuviera escuchando todo, porque respondía muy natural a todas las preguntas.
—Entonces nos enfrentamos a un gran monstruo, el Yamata no Orochi. Logramos sacar el musgo de su cabeza y así salvar la vida de Shinnosuke.
Escuchar el nombre de ese chico ya no producía un efecto en él. O bueno, ya no uno tan grande, después de todo había visto como trató a Akane con tanta familiaridad que por un momento ella si podría haber sido capaz de romper el compromiso con el. Pero, después le agradeció por salvarle la vida a su prometida cuando era una niña. Si, era un buen muchacho, aunque le dejó marcas a Ranma que tardó un poco en quitarse por completo.
—Y, ¿Cómo era ese tal Shinnosuke?
—Oh, era un chico muy lindo. Alguien realmente amable y que además fue muy considerado conmigo. Hasta alabó mi comida y me pidió que le hiciera de cenar.
Debía admitir que eso si le dio un poco en el ego. Solo un poco. Sí, había sido un patán al no querer comer su comida, pero ya era totalmente distinto. Ella había mejorado sus habilidades, y él ya no huía a cada rato.
Hana rio con ganas. —No, no. Me refiero a si era guapo.
Esperaba que ella no mencionara nada sobre eso. Si, Shinnosuke si era guapo en ese entonces, pero nadie le ganaba en belleza a él, el más codiciado por las chicas.
—Uhm, pues si, era guapo.— Dijo Akane mientras posaba un dedo en su barbilla, recordando el rostro de ese chico.
Guapo había dicho. Guapo. GUAPO. ¿Y él? ¿Acaso no lo era? ¿Estaba ciega la boba o qué?
—¿Más que Ranma?
—Oh, no creo que pueda contestar a eso exactamente.— Dijo Akane, sonriendo un poco nerviosa. —Estaban igual de guapos.
Más le valía que dijera la verdad, porque si no era así la boba se las vería con él. Por los nervios, tomó otra lata de cerveza que estaba en la mesa y comenzó a beberla compulsivamente.
—¿Tenía músculos?
Que no respondiera, por favor, que no respondiera eso.
—Ahm... s-si...
—¿Más que tu novio?
—No... pero... ¡¿Por qué quieres saber tanto detalle?!
—Porque es divertido.
Ante eso, respiró un poco aliviado. Nadie tenía los mejores músculos en todo Japón salvo él, y Akane podía comprobarlo a la perfección.
—Oh, y dime... ¿No llegaste a verlo desnudo?
La pregunta más interesante que había salido de aquella chica. Aunque sabía que la respuesta sería negativa. Después de todo, confiaba tanto en que su sentido de rudeza y cautela hacia los hombres haya causado que nunca se le haya acercado con sucias intenciones, tal como solía hacer frenando los avances de Kuno y Happosai.
La observó pensar un poco. Y luego, notó que su cara se puso colorada. Akane tomó un enorme trago de su mojito y, finalmente, con la cabeza agachada asintió suavemente.
¡¿Que mierda?!
—S-si...b-bueno... es que...
Su amiga Hana estaba tan emocionada que comenzó a mecer suavemente a su amiga, conteniendo un grito eufórico. —¡Ya! ¡Dime! ¡No te quedes callada!
—¡Está bien! ¡Si, ambos nos vimos desnudos por accidente! Él olvidó que yo estaba duchándome y cuando decidió hacer lo mismo me encontró saliendo del agua.— Lo dijo a la velocidad de la luz, pero se escuchó claramente.
Hana iba a contestar algo, pero un ruido captó la atención de todas las presentes en esa sala.
Ranma estaba ahí, con la lata de cerveza en la mano, totalmente magullada. Sus ojos transmitían una gran y enorme furia, su rostro colorado del enojo y su cuerpo tenso. Akane entendió que él la escuchó. Y, con justa razón, no le había agradado eso.
—Voy al puto sanitario.— Dijo Ranma, tan seco y helado que las dos chicas que cantaban alegremente se quedaron tiesas. Y luego, se retiró a pasos agigantados hacia el servicio.
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Akane se había disculpado con sus amigas, y decidió seguir a su prometido. Entendía lo enojado que debía estar, pero eso ya había pasado hace mucho tiempo. No podía seguir sintiendo celos por algo que, evidentemente, ya había pasado hace años. Entendía que a veces recordar eso fuera un poco pesado para el chico, pero ellos ya eran una pareja, ya no debía temer que ella se fuera de su lado.
Miró hacia los lados, comprobando que no viniera nadie más, y abrió la puerta del servicio. Cuando entro, vio a Ranma caminando de un lado a otro, apretando fuertemente los puños y con la mandíbula tensa, tanto que temía se lastimara. El muchacho paró de caminar al verla entrar, y frunció aún más su ceño.
—Ya sé que escuchaste todo, pero...
—¡¿Por que carajos no me lo contaste antes?!
Ah no. No iba a tolerar que le hablara en ese tono. —Para empezar, no me contestes así. En segundo lugar, no lo recordaba hasta ahora. Y en tercero, aún si lo hubiese recordado no era el momento de decírtelo, ¿O acaso olvidas que por poco rompemos el compromiso?
Río irónico. —¿Cómo sé que no mientes?
—¡No lo hago! Además, ¡¿Que sentido tiene que te enteres de eso?! Ya pasaron años, ya no tiene importancia.
—¡¿Cómo fue que sucedió?!
Se encontraba totalmente atónita. No podía creer que Ranma fuera tan celoso como para querer saber los detalles. —Ranma... ¡Entiende! No tiene sentido.
¿Qué no tenía sentido? ¡Al carajo! Si que lo tenía, es decir, solo él podía ver desnuda a su prometida. Solo él tenía el derecho de poder contemplar las curvas tan deliciosas de su cuerpo, de admirarla así. Su tozudez y el alcohol le estaban nublando un poco el juicio, porque aún sabiendo que la respuesta no le gustaría, necesitaba desesperadamente saber que había pasado.
—Dime.
—¡Que no!
—¡Dime, maldición!
—¡¿Para que quieres saberlo?!
—¡Porque me estoy muriendo de putos y enfermos celos!
La frase más directa que había escuchado de parte de él. Si, ya sabía que él era celoso, se lo confesó hacia mucho tiempo, pero escuchar esa frase tan demandante y con la voz más desesperada de lo normal le había parecido...¿Sensual?
Se fijó mejor en el ojiazul. No iba a negar que se veía muy guapo con aquella camisa sin mangas de color azul. Le ajustaba bien a su trabajado pecho, y sus brazos, tan fuertes y fornidos se marcaban exquisitamente. Relamió discretamente sus labios, y luego, recobró la consciencia. Estaban a la mitad de una discusión un tanto infantil y ella comenzaba a fantasear con la forma en la que quisiera que la besara. ¡No! Debía controlarse.
—Si te lo digo... ¿Prometes calmarte?
Ranma respiró hondamente. Puso ambas manos a los lados de su cadera, y miró por un momento hacia el techo. —Si.
—Bien.— Akane, con cierta cautela y nerviosismo en la voz, comenzó a narrar todo. —Shinnosuke era demasiado olvidadizo, si lo recuerdas. Durante la noche, él me preparó la ducha, así que me metí a bañar. Lo necesitaba, después de todo había sido un largo viaje.
—Ajá, ¿Y luego?
—¡Ya voy! No seas desesperado.— Suspiró. —Cuando terminé de ducharme, tomé la toalla para salir del agua. Me levanté con seguridad, creyendo que nadie me vería.
—Estabas en un puto bosque, con dos hombres. Y uno era joven, ¡¿Cómo carajos se te ocurre salir así de confiada?!— No podía evitar soltar su desesperación así, con esas palabras tan poco sensibles.
—¡En ese momento me preocupaba más la salud de Shinnosuke! ¿Me dejas terminar?
—Si, ya, habla.
La muchacha rascó su sien. Era demasiado infantil en ese momento. —Puse un pie afuera del tambo de metal, y cuando voltee ahí estaba él, parado frente a mi.
—Desnudo.
Akane se quedó en silencio por un momento, y luego, asintió. Cuando lo hizo, observó como el aura de Ranma se encendía por completo. —¡Prometiste que te calmarías!
—¡Seguramente no hiciste el mínimo esfuerzo para reclamarle por ello!— Soltó ácidamente, sonriendo sardónico.
Abrió la boca, sumamente molesta. —¡Claro que si! ¡Le di una cachetada! Y luego salió corriendo.
Para Ranma, todo estaba siendo irritante. Al menos escuchar que le dio una bofetada por ese atrevimiento le calmó la insistente furia que sentía. Se cruzó de brazos, y se recargó en una de las paredes, sintiendo como lo fresco de la superficie calmaba un poco su incendiado cuerpo, lleno de rabia. —¿Hay algo más de lo que deba enterarme?
Akane comenzó a recordar, y si que obtuvo algo que podía desencadenar otra vez la ira de Ranma.— ¡No!
—Dímelo. Ahora.— Reclamó, frio.
—¡Que no, idiota! ¡Ya no hay nada!
—¡Mierda, tonta! ¡Suéltalo ya, no puede ser peor que lo que me contaste!
Akane ya estaba harta de su actitud demasiado infantil. Ya estaba llegando hasta la coronilla, y de repente, el alcohol en ella hizo combustión en su raciocinio. —Esta bien. Esta bien. ¡Me confesó que le gustaba y que comería el desayuno, comida y cena que preparara para él durante toda la vida! ¡¿Contento?! ¡¿Ah?!
Esa fue la gota que había derramado el vaso.
—¡Vamos a ir a Ryugenzawa!
Los ojos de Akane se desorbitaron por completo. —¡¿Q-que?!
—Tengo que ir a cobrarle unas cuantas cosas al idiota ese...
No terminó la frase, porque unos suaves y exquisitos labios se apoderaron de los suyos. Akane había decidido adelantarse, tomándolo del cuello de la camiseta y estampando sus bocas. En parte, ella lo había hecho para detener toda la locura infantil que estaba emanando su prometido, pero, en el fondo, debía admitir que verlo tan celoso la puso un poco excitada.
Ranma, ni bien la tuvo frente a él, la estrujó entre sus brazos, tomando su cadera de forma demandante y ahondando un poco más el beso. Sus labios sabían demasiado bien, pudo notar la nota de alcohol y de fresas del mojito que ella consumía. Y, por dios, estaba resultando tan exquisito, como el mejor de los manjares. Para Akane, era la misma sensación. La cerveza en el aliento de Ranma no le resultaba nada asquerosa, más bien, le encendía más, como si fuera un mechero al que le añadían más alcohol para encenderse.
El ojiazul mordió esa pequeña boquita tan adictiva, y luego, metió su lengua en ella. Sus alientos eran demasiado cálidos, se mezclaban a la perfección, dejando que descendieran a la locura directa. Cuando se les agotó el aire, se separaron bruscamente. Jadearon intenso, sentían sus corazones agitados como si hubiesen realizado el más arduo entrenamiento. Y sus orbes, llenas de deseo, se admiraron.
—S-solo yo puedo...
—¿Eh?
El movimiento más osado y atrevido que jamás haya hecho, ni siquiera las dos veces que intimaron sus ánimos se habían encendido tanto como en ese preciso momento. Era una locura, pero, tenía tantas ganas de tener sexo en el baño de ese karaoke-bar, que no pensaba con cordura. Tomó a Akane, la hizo girar junto con su propio cuerpo y la arrinconó en la pared, empujándola bruscamente. Y antes de que ella se quejara, volvió a pescar sus labios, tomando con una de sus manos la nuca de su prometida, impidiéndole despegarse de él. La otra mano bajó y levantó brevemente el vestido, tocando la suave piel de los muslos que tanto le fascinaban.
—Ran...— Akane musitaba, sin embargo, no quería que parara. Vale, admitía que estaban arriesgándose demasiado a ser descubiertos por alguien, pero para ella, también resultaba una experiencia que quería probar.
—Solo yo puedo tocarte.— Gruñó en su boca, pasando la mano varonil hacia el trasero de ella, pellizcando la redondez y palpando cada centímetro de piel que pudiera.
—Ah... Ranma...— El primer gemido de Akane salió de una forma muy peculiar. Si bien durante las veces que intimaron si gemía, en esta ocasión, la combinación de las palabras del pelinegro, en conjunto con sus celos y el alcohol le provocaron el mayor estremecimiento que jamás pudo soñar. Sentía la humedad en su zona intima, y aquella parte ya empezaba a palpitar, presa de la situación tan sensual en la que se encontraban.
—Solo yo puedo...— Jadeó antes de continuar. —Solo yo puedo verte desnuda...
Bajó posesivo hacia el cuello de Akane, mordiendo con fiereza la superficie, queriendo demostrarle que él, y solo él tenían el placer de generarle estremecimientos. Akane, incendiada, no se quedó atrás. Atrevidamente metió su mano en el pantalón de Ranma, tocando urgentemente la virilidad que comenzaba a hincharse. Lo sintió temblar ante el avance, y sin miramientos, metió la mano por debajo del bóxer, esta vez haciendo contacto directo con la intimidad de su prometido.
—Demonios, Akane...— Gimió el ojiazul.
—Me encanta cuando estás celoso...— Confesó en un suave susurro cargado del más puro erotismo. Retiró su mano de él y la posicionó en su pecho.
—Akane...
—Pero estamos en un baño público...— Se interrumpió levemente al sentir como su prometido retiraba la mano de su trasero, tocando esta vez el pecho de ella, demandante. —Ah...
—A la mierda... eso...— Dejó de besarla, y la miró fijamente. —Te quiero ahora mismo.
Ella lo tomó de la nuca, salvaje. —Entonces hagámoslo.
De nuevo comenzaron la sesión de besos candentes, mientras que sus manos jugueteaban por encima de la ropa nuevamente. Serían lo más rápidos que pudieran, después de todo, estaban completamente encendidos. Ranma tomó los tirantes del vestido y del sostén, bajándolos sin miramientos y dejando descubiertos los firmes y dulces pechos de Akane. Descendió su cabeza y comenzó a lamerlos y morderlos, como si fuesen dos dulces chocolates que esperaban por ser devorados.
—Ranma... ah...— Akane se arqueó ligeramente, permitiendo el paso a la boca de su prometido. Una de sus manos tocó la cabeza del muchacho, acariciando suavemente la cabeza, tratando de calmar ese incendio que sentía.
Después de juguetear un poco con el pecho de ella, se dispuso a atacar los labios una vez más. Akane se dejaba hacer, encantada de poder disfrutar de esa faceta tan oscura de su prometido. Esta sería la tercera vez que intimarían, y estaban siendo bastante osados al hacerlo así, con salvajez en sus gestos. Pero ella no quería quedarse atrás. Con urgencia y mientras se besaban, comenzó a desabotonar la camisa china del joven. Lo hizo con la mayor rapidez posible, y en cuanto el torso masculino había sido liberado de la prisión, ella comenzó a tocar la piel firme y los trabajados abdominales con devoción. Esto provocó que él soltara bufidos cada vez más fuertes. Ambos comenzaban a marearse, la niebla mental que les rodeaba era tanta, que poco les importaba ya si alguien llegaba a entrar a ese sanitario. La chica soltó un quejido cuando sintió como Ranma la acercaba más hacia el, pegando sus pechos contra los pectorales y estrujando el trasero por encima de la tela del vestido.
—Akane... eres tan... dulce...
Lo era. Vaya que si, no por nada era una flor que atraía a las abejas hacia ella. Si, Akane llamaba la atención de una gran parte de la comunidad varonil. Se enorgullecía de tener una prometida tan hermosa como ella, pero a la vez, recordar como era tan codiciada le hervía la sangre nuevamente. Era celoso solo por ella. Y solo el podía amarla de esa forma en la que lo hacía. Solo él podía escucharla gemir su nombre una y otra vez. Solo él.
Ranma no se iba a ir con rodeos. Así que, metió los dedos por las orillas de las bragas de Akane y las bajó rápidamente al suelo. Su prometida pudo notar el frescor después de haber liberado su zona intima, y eso lo agradecía bastante. Entonces, el ojiazul dirigió sus dedos hacia esa zona erógena que tanto deseaba sentir. Tocó los labios, y luego, comenzó a pasear las yemas por encima de aquel punto que volvía loca a su prometida.
Akane temblaba al sentir el tacto tan caliente de su prometido. Soltó un gemido ahogado, deseando que no parara en su acción. —Ranma...
El de trenza sintió aquello como la confirmación de lo que quería comprobar. El idiota de Shinnosuke jamás tendría la dicha de colocar a Akane en ese estado de placer, nunca sentiría lo que era amarla de esa forma tan sublime, tan arrebatadora. En su cara.
Introdujo dos dedos de golpe en la cavidad de Akane, comprobando que estaba demasiado húmeda. Comenzó a moverlos, simulando que la penetraba, mientras que con el pulgar tocaba su clítoris.
—¡Ah!— Gimió Akane más fuerte. Sentía su cara arder y su vientre bajo completamente incendiado.
—Solo yo puedo hacerte esto, Akane.— Susurró en sus labios de ella, mirándola con extrema pasión nublando sus iris zafiros.
Decidiendo que era suficiente, detuvo las caricias. Sacó de su pantalón un condón que llevaba siempre, solo por las dudas. Bajó sus pantalones y los bóxer, liberando la erección de su prisión, abrió el empaque plateado y rápidamente colocó el preservativo en toda su extensión, gimiendo por su propio toque. Akane lo observó, relamiendo sus labios. La imagen de Ranma rojo, con el cabello algo revuelto, la ropa desacomodada y excitado le estaba provocando los más dulces estragos en su febril mente.
De pronto, escucharon ruidos. Parecía que dos personas se acercaban al servicio.
—Demonios...— Susurró Ranma.
—¿Qué hacemos?— Preguntó Akane con total terror.
El de trenza, sin perder el tiempo, levantó un poco sus pantalones para no caerse, tomó las bragas de Akane y la condujo hacia uno de los cubículos del baño, precisamente, al último. Akane guardó silencio, tratando de cubrir fallidamente sus pechos descubiertos y calmando un poco su ansiedad de ser poseída por su prometido. Ranma se encontraba frente a ella, acorralándola entre la pared y él. Al menos ese cubículo destinado para discapacitados les servía para pasar más desapercibidos. Aún así, prefería estar frente a Akane para evitar que la vieran en caso de que quien entrara decidiera abrir ese cubículo. Escucharon como la puerta del sanitario se abría, descubriendo que eran dos de sus amigos que los habían acompañado durante esa noche.
—Ranma es muy afortunado.
—Si, mira que tener a una novia como Akane.
Esas simples palabras volvieron a encender la furia del de trenza. Ambos prometidos pararon el oído para saber que es lo que estaban platicando ese par de idiotas.
—Te confesaré algo, amigo. Tengo novia, es linda y todo, pero no puedo hacer la vista gorda cuando una chica como Akane existe.
—Imagina como será en la cama.
Akane pudo sentir la tensión en los músculos de Ranma. Aquí vamos otra vez, se estaba poniendo celoso nuevamente.
—Ya quisiera yo acostarme con ella, es linda, y, ¡Joder! Su cuerpo es muy sexy.
—Se nota que sus pechos son muy firmes.
—Ha de moverse bastante bien en la cama.
—Quisiera follármela.
Ranma apretó los puños que tenía recargados en la pared. ¡¿Cómo demonios se atrevían a hablar de SU PROMETIDA a espaldas de él?! Ya estaba considerando salir a molerlos a golpes por ese atrevimiento que estaban demostrando.
Akane comenzó a ponerse nerviosa. No le importaba lo que esos dos imbéciles decían, pero le estaba preocupando que a Ranma le ganara el impulso y cometiera una locura. Entonces, un chispazo se le vino a la mente. Era un movimiento arriesgado, y tal vez lo lamentaría después, pero debía intentarlo. Con las manos, tomó la nuca de Ranma, volteando su cabeza hacia ella, y estampó nuevamente los labios de ambos.
Okay, si lo estaba lamentando. Porque sintió como volvía a profundizar el beso, y eso le estaba fascinando a ella. Trataron de no hacer ruido, mientras que Ranma levantaba el vestido de Akane. Estaban a nada de cometer una locura, pero a la mierda la razón.
—Ranma...— Murmuró con la voz cargada de deseo.
—Te necesito...
No lo esperó más. Al tener a Ranma con la virilidad aún expuesta, decidió dar un saltito y enroscarse sus piernas en el cuerpo fornido de su prometido. Ranma la tomó del trasero, y con una mano guio su miembro, metiendo la extremidad en la zona intima aún bastante húmeda de Akane.
Las palabras que los chicos intercambiaban afuera dejaron de sonar en sus oídos. Ahora estaban ahí, metidos en un cubículo del baño, teniendo el sexo más salvaje que jamás habían experimentado. Ranma no dejaba de embestir a Akane, una y otra vez, tratando de saciar la sed que tenía por ella. Para evitar que su prometida soltara gemidos, besaba furiosamente la boquita tan adictiva de ella, mientras que mordía los labios una y otra vez.
Akane no dejaba de soltar el cuello de Ranma, sintiendo un delicioso placer, producto de la adrenalina de ser descubiertos. La ventaja que tenían a su favor era que ambos, al ser artistas marciales experimentados tenían la agilidad para poder pasar desapercibidos ante los extraños.
Cada vez profundizaba las embestidas, sintiendo los pechos de ella rebotar en sus pectorales. Esos idiotas que hablaban afuera solo soñarían con ello, más nunca serían capaces de experimentar lo que él estaba haciendo con Akane. Jamás probarían el sexo con ella, solo él podía.
Akane comenzó a experimentar la contracción de sus paredes internas, y el fuego en su vientre se estaba acrecentando. La virilidad de Ranma era tan deliciosa, que la estaba mandando a la locura. Ranma estaba empezando a sentir el delicioso orgasmo acercándose, y por ello, aumentó aún mas si era posible las embestidas, como si fuera el animal más salvaje que jamás haya existido.
Y justo cuando el par de muchachos salieron del baño, ya no lo pudieron contener más.
—Akane...
—Ranma...
Ranma se derramó en el condón, llenándolo por completo de su liquido seminal y sintiendo su cuerpo temblando como una gelatina. Akane experimentó el más intenso orgasmo, su vientre bajo explotó como si hubiera fuegos artificiales, y su respiración se agitó. Ahí estaban los dos, jadeando después de aquél encuentro tan candente, sucumbiendo ante los estragos del placer.
—¿Estás bien?— Preguntó el, jadeando.
—S-si...— Respondió ella, con los ojos entrecerrados, aún ida por la experiencia tan arrebatadora que tuvo el placer de experimentar.
El silencio invadió el baño. Akane seguía enroscada a Ranma, con él dentro de ella. No se sentía incómoda, más bien, estaba muy feliz. Había logrado calmar a Ranma y sus increíbles celos, y aparte, obtuvo una recompensa bastante intensa.
—L-lamento ser tan celoso.
Esa simple frase le resultó tan tierna, que le sonrió. —A veces tus celos me parecen muy tiernos.
—¿De verdad?
—Si.
La observó, embelesado por lo bella que era. Aún si tenia sus cabellos despeinados, la cara roja y llena de un poco de sudor, seguía siendo linda. Akane seguía siendo la persona que más amaba en ese mundo.
—Perdona si perdí el control. Es solo que... tú sabes lo mucho que me impactó esa vez que fuiste a Ryugenzawa. Tenía miedo de que me dejaras, y hay ocasiones en las que no puedo evitar pensar ello.
—Bobo.— Le besó tiernamente en los labios. —Tienes razón. Solo tú puedes tener mi corazón.
Ranma salió de ella con extremo cuidado, la tomo de la cadera y la beso suavemente. —Hay que limpiarnos, y después nos vamos, ¿Te parece?
—¿Ya nos vamos a casa?
Sonrió enigmático. —Creo que hay un love hotel cerca de aquí.
Akane mordió sus labios juguetonamente. —¿Qué estamos esperando?
Benditos celos.
¡Hola a todos!
El último día de la RanKane Week finaliza. ¡Yei!
Y el tema 7, Celos. Ah, benditos celos. El otro día leí junto con mi hermana el arco de Ryugenzawa, y en el panel en qué Akane sale de bañarse y ve a Shinnosuke nos preguntamos, ¿Que diría Ranma si se entera de eso? Y pues mi imaginación sacó este lemon.
Shinnosuke fue quien le hizo perder el control a Ranma, y era lógico que al enterarse del hecho de que la vio desnuda lo volvería a perder. Me encantó como Akane lo calmó en este lemon, creo que solo ella puede hacerlo porque es la debilidad de nuestro trenzudo.
Quiero agradecer a las personas por su apoyo constante a mis historias, espero que este lemon haya sido de su agrado.
Y, para finalizar, darle las gracias a la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma por su iniciativa con este semana para nuestra pareja favorita. Espero con ansias los próximos proyectos que tienen en mente para nosotros.
Antes de despedirme, les prometo que trabajaré arduamente para poder traer una actualización de los dos AU que tengo pendientes.
Espero que este sea un gran día para ustedes.
Con amor, Sandy.
